A. FAMILIA Y ORGANIZACION SOCIOPOLITICA.
Cuando se escucha sobre los permanentes problemas del país, que parecen originarse en el ámbito del parentesco, suele concluirse: "Aquí no hay familia". Se pretende así cerrar el asunto, cuando éste pudiera plantearse en toda su manifestación crítica. Como hemos escrito ya refiriéndonos al tema específico de la política sobre la familia:
Antes de hablar a la ligera de la crisis (deterioro) de la familia en el país, es necesario entender el funcionamiento estructural de la misma; de lo contrario, siempre las políticas sobre la familia detentarán el papel del lado bueno, el del favor o beneficencia, mientras que la familia como objeto ostentará el papel del lado malo, incapaz de moldeamiento social, además de que la 'familia' tendrá un precinto de clase: será la familia del sector popular o marginal (Hurtado 1991b, 18).El problema de la crisis de la familia puede desviarse hacia los problemas económicos como tales o hacia las políticas del Estado con respecto a la educación, salud, alimentación, etc., desconociendo en sí los problemas de su organización social, de su estructura simbólica, de sus prácticas y de sus ideologías.
Pensamos que éstos últimos problemas son medulares, en primer lugar, para explicar la crisis de la familia venezolana y pulsar la dinámica sociohistórica del problema, y, en segundo lugar, para sustentar el peso relativo de los problemas económicos y de las políticas sociales del Estado con relación a la familia. Nuestro enfoque está referido hacia el interior de la familia, y no tanto, a no ser en sus proyecciones supuestas, hacia el exterior social. En el estudio de la familia venezolana, nuestro interés está signado por la búsqueda y fundamentación de la organización social venezolana desde su orden societal primario. Por diversas investigaciones nos hemos aproximado a la familia venezolana ya sea como el sujeto de la organización popular urbana (Hurtado, 1994), ya sea como el sujeto de la estrategia socioeconómica del hogar campesino (Hurtado y Gruson, 1993) o del hogar popular urbano (Hurtado, 1984), ya como el escenario de la producción del sentido en la foto, radio, y telenovela (Hurtado,1991 c). Siempre hemos procurado detectar las relaciones `auténticas', en el sentido levistraussiano, que soporten como fundamentos la dinámica de la acción política local, del `trabajo doméstico' familiar, o del sentido profundo en la producción del parentesco. Tal enfoque y su interés no se sitúan dentro de una implicación teórica que cualificaría el orden societal primario como de retraso cultural, ni de una esquizofrenia social; sino dentro de un planteamiento socioantropológico que asume el ámbito de la organización familiar como uno de los niveles de la estructura de la organización social compleja, quedando para una investigación particular comprobar el peso de dicho orden social primario en el orden social segundo o propiamente social.2
Hacia el futuro nos planteamos cómo es tan débil la consistencia de la organización de la sociedad y tan fuerte la de la organización familiar. ¿Se soportan o se oponen? En el presente, nos preguntamos cómo la consistencia de la organización familiar se muestra estructuralmente crítica; sin embargo, dicha crisis nosotros la detectamos a partir del sistema étnico o modelo cultural familiar. La respuesta a este problema creemos que reside en un proceso analítico referido al estudio de la estructura familiar venezolana. Caracterizamos a dicha estructura como matrisocial.3 Según esto, proponemos que en un primer momento la crisis de la familia en Venezuela se origina fundamentalmente a partir de la estructura de su ethos matrilineal. Dicha estructura revela de entradas a la familia venezolana como un grupo social esencialmente emergente o en crisis respecto del sistema de reciprocidad de los bienes sexuales femeninos.
Nuestra búsqueda del fundamento simbólico del orden primario de la organización social venezolana, al ser referido a la familia como campo de la ideología y de la política (Pitt-Rivers, 1979), no se inscribe en las vejas y grandes categorías de interpretación general de la sociedad y de la cultura. Estas categorías se insertan en los marcos del evolucionismo historicista y de sus tipologías dicotómicas o de los polos del continuo metodológico. Una categoría en estos modelos, tipológicos en Tonnies o analíticos en Durkheim, Weber y Redfield (Nisbet, 1969, 100 y 115) significa el retraso, lo primitivo, lo prehistórico, lo prelógico; la otra categoría implica el progreso, el orden civilizatorio, lo histórico, lo lógico racional, etc. En nuestro planteamiento descartamos la vieja hipótesis evolucionista en torno al modelo del matriarcado y el patriarcado (derechos materno y paterno) para significar tanto una tipología del retraso y del avance culturales, como un instrumento analítico para el estudio de la estructura matrisocial venezolana. Emplear hoy día la categoría del matriarcado o de un 'complejo matrilineal' para delimitar épocas, etapas o áreas socioculturales, ya superadas, ya retrasadas, indica un problema de concepción actual completamente erróneo e ineficaz para el análisis y ya ni siquiera sin ingenio para el porvenir de la ciencia, como concederá Weber, no obstante, al planteamiento de la teoría del matriarcado de Engels para su tiempo.4
Es necesario operar desde categorías más `modestas y precisas' (Pitt-Rivers, 1979, 112) como las acuñadas en los conceptos, para el ego materno, de matrilineal, matrifocal, matrilocal, matrilateral, matrisocial, para analizar las relaciones etnológicas de problemas reducidos. Se trata de apuntalar una categoría de análisis explicativa desde nuestra pregunta sobre el cómo de la crisis de la familia venezolana y no ya sobre el porqué. El cómo pide un análisis; el porqué, en cambio, tiende a desviar la búsqueda hacia la identificación de culpabilidades en el pasado sociohistórico o hacia la satisfacción de curiosidades sobre los orígenes conjetúrales del fenómeno. Uno y otro cometido resultan científicamente ineficaces. Si permanece la familia como una realidad general en todas las sociedades y como un fundamento principal del orden societal primario, su existencia tiene, sin embargo, variaciones que identifican el grado de consistencia específico detentado en cada sociedad, así como su alcance o impacto en el orden social mismo.
Los conceptos aludidos no tienen la misma eficacia o cubren áreas de significación apropiada, para responder a un análisis suficiente de los símbolos de las relaciones del parentesco; esto es, para interpretar psicodinámicamente la estructura de la familia venezolana con miras a develar la crisis de la misma. Un procedimiento teórico-metodológico para la selección del concepto adecuado a la interpretación simbólica se refiere al símil psicológico que se adopta en los estudios de `Cultura y Personalidad', y específicamente en su vertiente etnopsicoanalítica. La cultura no es, ni tiene, una personalidad, pues aquélla no está pensada como un fenómeno individual. La utilidad que proporciona el símil psicológico se desprende al tomar la personalidad como un esquema conceptual para la explicación unitaria de un comportamiento previsible (Devereux, 1975), que debe articularse con un modo de entender y operar la cultura dentro de una estructura demostrativa de un sistema social.
La categoría etnológica más explicativa para responder sobre el cómo de la crisis de la familia venezolana, es el concepto de matrisocialidad, elaborado figurativamente desde el de matrilinealidad. Este núcleo conceptual contiene una mayor capacidad de simbolismo social en cuanto al universo de las relaciones del parentesco y al mismo tiempo un recio eje expresivo para articular la globalidad del sistema simbólico parental con el símil de la estructura psicodinámica básica. Este símil psíquico como campo de inspiración conceptual y de comprobación explicativa, dinamiza con alto tenor (psico)analítico el concepto de matrisocialidad; los mapas y relaciones de los valores del parentesco se tornan instrumentos o fuerzas productivas de lo sociofamiliar observados desde la técnica psicoanalítica, así como la teoría de esta técnica permite detectar el efecto de amplificación estructural de lo real etnológico.
Aunque coincide esta proposición conceptual con nuestra hipótesis de trabajo (la familia venezolana es matrisocial), no justificamos de entrada por la hipótesis la decisión de nuestro procedimiento metodológico para no caer en un círculo vicioso, sino por la teoría de la técnica psicoanalítica o el presupuesto del símil psicológico adoptado; posteriormente se realiza la coincidencia del principio o concepto explicativo (la estructura básica de personalidad) y la hipótesis de trabajo (matrisocialidad) por argumentación comprobatoria.
B. MATRISOCIALIDAD:
EL CONCEPTO ETNOLÓGICO PSICOANALITICO
Una breve definición de los conceptos aludidos ayudará a diferenciar y a subrayar la mayor densidad simbólica operativa del concepto de matrisocialidad y de su figurado de matrilinealidad.
El matricentrismo tal como lo utiliza Vethencourt (1974 y 1983) es un concepto psicológico; se refiere a la estructuración de una familia, donde la madre es la figura primordial que preside los procesos afectivos al ejercer el rol del centro de las relaciones del parentesco; asume el cargo fundamental de socializara los niños y de identificarse fuertemente con los hijos, especialmente con las hijas; como alternativa establece una confrontación negativa con el hombre, padre de sus hijos e hijas, y con la mujer, es decir, con su otro yo femenino, cargado de elementos amatorios.
La matrilocalidad y la matrilateralidad son conceptos etnológicos referidos a aspectos restringidos; el primero expresa que la residencia de la madre orienta en torno a sí la estructuración de las pautas de residencia de los grupos familiares, originados desde hijos e hijas: estas familias conyugales viven en la casa de la madre, en las cercanías o en un lugar de acceso fácil a la misma. Si esto no refleja los hechos, empero, tal sería al menos el deseo; es decir, tal serían los espacios deseados. El segundo concepto describe el ámbito del parentesco donde la parte de la familia de la madre tiene un peso principal en la estructuración familiar, mientras que la parte de la familia por el lado del padre es secundarlo, únicamente reconocido cognoscitivamente y/o sostenido por relaciones afectivas; para conceptualizar esta realidad secundaria y distinguir entre descendencia y filiación, Fortes construye el concepto de 'filiación complementaria' y Mailnowski alude a la noción del 'padre sociológico' (Leach 1971, 16-25; Fox, 1972, 123); aquél es el genitoro paternidad física, frente a éste, el pater o paternidad social, según los latinos (Pitt·Rivers, 1973, 23).
La matrifocalidad es un concepto sociológico elaborado por la Antropología cultural para el análisis de la familia caribeña. En dicho Concepto la madre mayor o abuela se convierte en el núcleo de funcionamiento de la reciprocidad familiar, en la medida en que el hombre está 'ausente' o se 'le ausenta' de la dinámica familiar en cuanto padre. La abuela Impulsa la integración y continuidad de la familia (extensa) o familia de orientación (materna), y hace así posible la gestión y distribución a todo el grupo familiar de los recursos sociofamiliares respecto a la crianza y socialización de los nietos, a las ayudas económicas y morales (consejos) y sobre todo al desempeño de la autoridad con relación específicamente de las hijas o madres menores. A pesar de esta focalización de la familia en torno a la madre, Erikson encuentra que este concepto con su cariz sociológico no logra expresar todo el simbolismo del parentesco, contenido en "el grandioso rol de la figura todopoderosa de la abuela" (Erikson, 1971, 233), rol que transciende el ámbito de la reciprocidad familiar y su administración, y que caracteriza a la maternidad como norma, fin y realización de la vida de la familia y de la sociedad misma: en éstas,
... madres y abuelas tuvieron que convertirse en padres y abuelos en el sentido de que ejercieron la única influencia continua que resultó en un conjunto de normas siempre nuevamente improvisado para las obligaciones económicas de los hombres que habían engendrando a los niños. Ellas respaldaron las reglas para evitar el incesto. Sobre todo, me parece, proporcionaron la única superidentidad que quedaba después de la esclavitud de los hombres, a saber, la del valor de un infante humano prescindiendo de su origen (Ibid.).
Creemos que las inquietudes de Vethencourt y de Erikson pueden expresarse plenamente a través de conceptos más amplios como el de matrilinealidad y específicamente de matrisocialidad El primero se refiere al proceso de configuración del linaje, según el cual es la madre la que detenta, transfiere y conforma el linaje familiar al establecerla línea uterina del parentesco a través de las hijas. Según esto, la figura de la madre (y en este sentido la mujer que alcanza el estatuto pleno de la madre que es la abuela) organiza la jerarquía de filiación como uterina y fija prescriptivamente el orden de las relaciones de parentesco, así como el de los símbolos políticos en una sociedad de linajes o de segmentos o sociedad tribal (Schneidery Gough, 1961 ). Este concepto en su acepción general como nosotros lo explicamos aquí, puede aplicarse figurativamente a la simbólica psicodinámica de las relaciones sociales del parentesco.
Por su parte, el concepto de matrisocialidad, que construimos para las sociedades complejas latinoamericanas como la de Venezuela, intenta expresar no ya la prescripción de las líneas uterinas expresadas en lo manifiesto del sistema de parentesco de una sociedad tribal, sino para indicar un orden similar que mostraría la prescripción inscrita en lo simbólico-moral y reflejada en modelos como 'el buen tono' de una sociedad o `el estilo, talante o ethos' de una cultura, en los que los esquemas de los comportamientos están definidos por las orientaciones originadas en el supersímbolo de la madre; esto es, no sólo la familiación (la producción del sistema del parentesco), sino también la socialidad (la producción de la sociedad) se encuentran configuradas por la imago de la madre, y por lo tanto su centralidad pauta las normas de la vida familiar, así como las leyes de las relaciones sociales o vida de la sociedad. Ya no se trata de lo prescriptivo de la sociedad de linajes, sino de lo prescriptivo de las vivencias o pautas culturales, que también definen aún con más inmediatez y hondura, hasta el nivel etnopsiquiátrico, las relaciones simbólico-reales de una sociedad o cultura.
En la matrisocialidad, la jerarquía de filiación como uterina ya no consiste en establecer el juego simbólico para el intellígere (científico) de los diagramas de parentesco, juego terminológico que en sí mismo ya despreciaba Malinowski al calificarlo como `álgebra del parentesco' (Fox, 1972, 226), sino en estudiar los 'comportamientos' y sus vivencias, tal como nosotros lo hemos hecho unas veces a través de la semiótica estilística (Hurtado, 1994), y otras veces a través de la antropología psicoanalítica (Ibid. 1991 b). "La maternidad se convirtió en la vida de la comunidad" (Erikson, 233; subrayado nuestro), refiriéndose a la familia caribeña, así como resulta arquetípicamente que esta América deviene una sociedad "cada vez más matriarcal"(Devereux, 1973, 278; subrayado nuestro), término permitido como categoría para el uso psicoanalítico. El maternalismo caribeño que subraya Erikson y el matricentrismo venezolano que asume Vethencourt se entienden mejor etnológicamente, si se les reformula como dos variantes de talante matrilineal, es decir, de matrisocialidad, término conceptual que pretende resumir todo un mapa de valores sociales nucleadores de una socioantropología latinoamericana, que está por hacerse.6
Por su parte, nosotros sabemos de la utilidad científica del concepto de matrifocalidad en la medida que se le reduzca a sus límites explicativos. De esta suerte, hemos comprobado su alta rentabilidad cuando hemos categorizado la estrategia y la gerencia sociales de la familia venezolana, y lo logramos además al vincular dicho concepto con el de `estructura de familia extensa modificada', concepto construido por Sussman y especialmente por Litwak, en un esfuerzo por diferenciarse de la sociología de Parsons sobre la dinámica familiar en Estados Unidos (L,Itwak, 1968). Con dichos instrumentos logramos el análisis de la dinámica sociopolítica de la organización popular urbana (Hurtado, 1991 a), de la dinámica económica tanto de la familia popular urbana (Ibid., 1984) como del hogar campesino (Hurtado y Gruson, 1993), todo ello referido a realidades venezolanas.
Como infraestructura de sentido, una dinámica matrifocal pudiera soportar una estructura simbólica, no sólo formal (sociológica, en nociones de la sociología tradicional), sino también etnopsicoanalítica, que como nosotros hemos sugerido, Erikson pretende montar a partir del maternalismo caribeño; nosotros avanzamos conceptualmente y reunimos en el término, con vocación conceptual, de matrisocialidad ambos niveles estructurales, y así podemos en nuestro enfoque psicoanalítico vincular dicho término con un principio generador, la estructura básica de personalidad, para analizar la estructura de la familia venezolana. La posibilidad de entender esa convergencia de estructura matrifocal y estructura etnopsicoanalítica, permite observar que en la matrisocialidad puede y de hecho existe una virtual dosis de matricentrismo y de matrifocalidad adherida, pero no revuelta conceptualmente; es decir, que ello no significa que todo lo matricéntrico, matrifocal, matrilocal, matrilateral, sea matrisocial; aunque estos ámbitos pueden ser campos de realización matrisocial.
El análisis explicativo de la crisis de la familia venezolana se ubica primeramente en el fenómeno conceptuado como matrisocialidad, Incluyendo en el núcleo de éste la estructura matrilineal general7 como elemento infraestructural que definirá la dinámica del talante sociovivencial; en segundo lugar, se observa también en el proceso de urbanización, que representa la coyuntura sociohistórica, con el objeto de denegar todo supuesto de carácter evolucionista en el análisis de la estructura matrisocial.
C. ESTRUCTURA MATRISOCIAL:
PRIMER NIVEL EXPLICATIVO DE LA CRISIS FAMILIAR
Si desplegamos los elementos del parentesco de la familia venezolana en toda su resonancia simbólica, tendremos un esbozo de la estructura básica de personalidad matrisocial en el país; esto es, un conjunto simbólico de carácter matrisocial, que incorpora los segmentos de dinámica matrilineal general, tal como la describe Alan Marie (1972) como modelo universal y que por sí permitirá de entrada fundar el primer nivel analítico de la crisis familiar de la sociedad nacional venezolana.
1 ) La sobresignificación de la figura materna (abuela) frente a una figura paterna 'insignificante' y a una figura femenina 'negada' o disminuida (nuera); en la vertiente de la filiación, tiene una fuerte conexión, aunque jerarquizada, con los hijos e hijas, con quienes se identifica diversamente a través de su diferente tipo de subordinación; con los varones, la identificación es débil, trágicamente transitoria, pues será afectada además por el 'rechazo' de la madre a los varones al iniciarse su pubertad; la meta de éstos será integrarse tanto al mundo masculino en la primera juventud (serán los hombres de la calle), como a otra familia a través de la unión conyugal; con las hembras, la identificación de la madre es sumamente fuerte, sobre todo con las hijas mayores, que se sitúan mejor ante el 'llamado' de la madre; uno de sus efectos es constituirlas ya desde la adolescencia, a veces en la segunda niñez, en madres sustitutas de sus propios hermanos, y otro efecto será la de definirlas como honradas (vírgenes) a su propia semejanza (serán las mujeres de la casa o familia).
2) Del niño consentido al adolescente rechazado por la madre se produce la oposición de los espacios sexuales, respectivamente bueno el espacio asexuado de la casa, o espacio de las mujeres (honradas de la familia), y malo el espacio sexuado de la calle, o espacio de los hombres (picaflores). El esquema de valores de este sistema matrisocial impulsa el rompimiento permanente del intercambio recíproco de los bienes sexuales femeninos, a favor del más fuerte, pícaro, vivo o picaflor. A nivel etnológico, Marie (1972) prueba que en los sistemas matrilineales -por oposición a los patrilineales- el intercambio de los bienes sexuales femeninos se halla desequilibrado en su reciprocidad, pues se pretende capitalizar esposas, amas de casa (ménagéres), compañeras sexuales, queridas, etc., pero sin entregar hermanas, que representan al propio parentesco como portadoras del linaje o representan a la propia familia como otorgadoras de la filiación. Al minusvalorizar a la esposa frente a la hermana, la matrilinealidad se opone al intercambio matrimonial y a buscar alianzas con los extraños8. A nivel etnopsiquiátrico, el mismo sistema "el inconsciente no es especialista en sistemas de parentesco" (Devereux, 1976, 192)- puede observarse por un lado, dotado con un dispositivo amplificador, organizado y detonado a partir de la fuerte egolatría de que está impregnado dicho sistema, y, por otro lado, definido según la norma de esta psicodinamia narcisista en cuyos términos sólo participan en el intercambio los débiles, los tontos. Es más glorioso seducir -o, mejor aún, violar- a una mujer que obtenerla mediante trueque". (Ibid., 185).
En el contexto matrisocial, el hombre gana muy poco con el intercambio matrimonial; más bien pierde: entrega una hermana, factor esencial de su parentesco familiar, y a cambio no recibe sino una esposa, una mujer disminuida o negada dentro de su familia de orientación; la esposa no pertenece a la familia, y además los hijos procreados no tienen la consideración uterina que tienen los hijos de la hermana. Por principio matrisocial, el matrimonio en la tradición cultural venezolana se encuentra con dificultades estructurales; la pareja se une, pero no se casa. Mientras las relaciones consanguíneas son prescriptivas, denotando el peso y obligación principales, las relaciones de alianza son electivas, donde la libertad indica la obligación secundaria y transitoria; en ello se incluye la posibilidad fácil -porque no existe el compromiso del amor fiel, único y para siempre- del vínculo conyugal indisoluble. Por lo tanto el sistema matrisocial lleva en sí la configuración de un desorden étnico que se proyecta esencialmente en la emergencia de conflictos permanentes, sobre todo dentro de las relaciones de la alianza.
El desorden étnico incoado genera como producto terminal la crisis en el grupo familiar. Para el caso venezolano, ésta puede observarse a partir de cuatro ejes principales:
1 ) El padre y la mujer del hijo (nuera) son desplazados por fa madre y por la jerarquía matrisocial de las hijas o alianza sororal. El hombre es sólo la ocasión para que la mujer tenga hijos y se convierta en madre; como complemento, el hombre adquiere la obligación de proteger a la madre y al niño con un aporte económico. Este papel obligatorio de la economía masculina tiene un sentido compensatorio con respecto a los dones sexuales femeninos que se otorgaron; esta obligación compensatoria o contraprestación es la que justifica su relación de padre en la filiación: es el `padre económico' (un aspecto débil del pater propicio), después de `ocasionalmente' ser el `padre biológico' o genitor. Por su parte, la economía femenina (los ingresos de la madre) tiene otras funciones relacionadas con los asuntos personales de la mujer, que van desde la satisfacción del consumo o gasto personal, donde se incluyen muchas veces sus objetivos de colaboración con la familia de procreación (hijos, casa), hasta la ayuda sustancial a su familia de orientación o materna. Nunca puede sustituir la función principal de la economía masculina, o base económica del hogar; sí ello ocurriera sería la liquidación del padre en el esquema de la filiación, donde no importa ya si esta figura es o está ausente. Este eje se halla dominado por la compulsión de la madre fálica y absoluta, frente a lo masculino y lo femenino diferenciados.
2) El hijo no puede, le está prohibido, amar a otra mujer que no sea la madre; se puede unir (acostarse) con aquélla, pero no casarse. Ya en la socialización del niño, desde el largo y consentido amamantamiento (complejo del destete) hasta su aprendizaje del status social, desde el rechazo del varón púber por la madre (rito de paso) hasta su abandono en el mundo de la calle, se le conforma para que sea macho, esto es, se le priva de la facultad erótica, base del amor personal, y se le imprime una carga obsesiva por lo femenino (complejo de la vajina dentada ). Los eternos conflictos de la madre con la nuera, así como por otro motivo con el yerno, configuran en el sistema matrisocial venezolano un especial complejo del odio a la suegra. La compulsión del cuidado en torno a la homosexualidad del hijo preside este eje.
3) El adolescente rechazado proyecta su rebeldía no hacia su casa o familia, donde puede ser un príncipe con trono pero recogido, sino hacia la calle o sociedad. La calle es el espacio de los hombres vagabundos y de las mujeres desvergonzadas; en medio de estos peligros es como el hijo aprende a ser varón, lo que le es obligatorio además demostrarlo bajo sospecha de que siempre la hombría puede estar disminuida o intervenida por las mujeres de la casa. En los peligros de la calle, el joven puede desde perder la hombría hasta morir; cualquier desventura del hijo atañe a lo profundo de la madre que expresará su dolor inconsolablemente. Aunque lo rechace como parte del ritual de separación absoluta del mundo femenino, el hijo vuelve a su madre y la madre nunca pierde a su hijo; en esto no importa la edad: el hombre, aunque sea un gran padrote (genitor), nunca deja de ser hijo en el sentido de que nunca llega a ser padre, es decir, la figura que representa la autoridad y la norma. Las compulsiones que presiden este eje son
2) la gran tragedia de la madre por la perdida del hijo al unirse éste con una mujer.
D. FAMILIA MATRISOCIAL Y SU PROFUNDIZACIÓN EN LA COYUNTURA URBANA
Las situaciones urbanas permiten la ocasión de profundizar ciertas polarizaciones que configuran críticamente la estructura matrisocial de la familia venezolana. Enumeramos varios ámbitos para ilustrar la crisis estructural en la que se produce la configuración de la familia en la ciudad;
1) El trabajo de la madre en la calle origina la economía femenina, que o compite con la masculina o puede ser una referencia crítica de ésta. Pero el resultado más conspicuo es que puede reforzar la independencia de la mujer no sólo económica sino también socialmente. No siendo confiable el hombre, la mujer puede con más capacidad expulsarlo (botarlo) de la casa y seleccionar otro marido; esto es, la mujer puede tomar con más facilidad la iniciativa de cambiar de marido. Esta compulsión subyace en el problema de la preparación profesional de la mujer y el boom exitoso que tiene en Venezuela.
2) La concentración de las relaciones sociales en la ciudad favorece que el hombre tenga múltiples oportunidades para realizarse como macho; la de generar múltiples núcleos familiares o rastros de éstos en diversas mujeres. Con ello se profundiza visiblemente el rompimiento de la reciprocidad con relación a los bienes sexuales femeninos, germen Inmediato de situaciones críticas familiares. La coyuntura urbana generaliza este proceso a toda la sociedad, mientras en el campo se tornaba más visiblemente social en las notabilidades, debido a una política de los sexos, donde la mujer del sector bajo no sólo era explotada laboralmente sino también expoliada sexualmente, como parte del sistema de dominación social. Etnopsiquiátricamente, empero, domina la compulsión de la madre de engendrar y educar hombres completos (machos), cuyo efecto es la práctica polígama.
3) El complejo de odio a la suegra puede resultar más profundo o más superficial de acuerdo a cómo en cada familia se manejen las relaciones de aislamiento, independencia e individualidad que proporciona la vida urbana. La suegra puede ahondar su lucha contra nuera y yerno, porque están ausentes, y éstos pueden ejercitar la distancia de la familia de procreación y crear las condiciones de que el hombre haga un poco más de caso a su mujer que a su madre, así como la mujer sea un poco más dada al marido que a su madre. Sin embargo, la suegra manipulará la dinámica de la familia de orientación para aprovechar a su favor la 'estructura de familia extensa modificada' 9 con su psicodinámica propia que adopta la misma en Venezuela (Hurtado, 1991 b).
4) El proceso de urbanización favorece las estrategias de las jovencitas que logran burlar el sometimiento a la madre y aún la intervención de los padres en el caso de unirse con un hombre. La joven les amenaza con la fuga de la casa. Los padres no tienen alternativa; de todas formas `pierden' a su hija; ésta del modo que sea se `va' con el hombre para hacerse madre. Por oposición al hijo, a ella no se la rechaza nunca; además, mientras el varón que se une a una mujer, se `va' para siempre de la familia, la madre pierde definitivamente a su hijo -la gran tragedia primordial de la familia venezolana-, la fuga de la hija no se resuelve si no en comedia; ésta no tarda en volver y eso además lo saben sus padres: 'aún se case, la hija siempre está en la casa'. Mientras las películas rosas enfatizan la alegría del retorno por el bebé que trae en brazos la hija, en Venezuela la alegría consiste en el rescate de la hija, aunque vuelva sin el bebé. Esta es miembro principal o uterino, mientras el bebé es secundario. En la ciudad se profundiza el modo de ser matrisocial, pues la coyuntura urbana desencadena una amplificación del desorden matrilineal subyacente y, por lo tanto, un mayor proceso de crisis que afecta a la existencia de la familia, ideologizada al ser vivenciada desde el Código Civil.
En suma, la familia venezolana se proyecta fenoménicamente como crisis de la sociedad; pero profundamente se visualiza que la estructura de matrisocialidad, que caracteriza a aquélla, es la condición esencial, productora de la crisis familiar tanto hacia adentro de la familia misma como hacia la sociedad después. Que el hombre es un irresponsable, según el modelo cultural, no se refiere a su práctica sexual, sino a su condición económica de proveedor familiar. Aunque en Venezuela se destina proporcionalmente muy poco a la alimentación (Hurtado, 1989a), el sueldo o economía masculina no suele alcanzar con suficiencia. Las `familias' del hombre consisten en varios grupos diferenciados entre los que se redistribuye.10 Los subsidios de las políticas del Estado tienen que completar la función alimenticia en los sectores empobrecidos, para `vergüenza' de los hombres, que debido a sus bajos ingresos profundizan negativamente la situación. Como desquite, pueden hasta apropiarse de diversos modos de los efectos del bono alimenticio o de las becas educativas manteniendo artificialmente el mismo aporte proveedor. Como el hombre es un irresponsable, el estado entra en componendas con la madre como mejor interlocutora y ejecutora de las políticas sociales. La virtual crisis económica de cualquier familia venezolana no sólo tendrá su origen en las economías societales; también se producirá a partir de la economía doméstica, menguada por la dispersión redistributiva en que está comprometida la economía masculina de acuerdo a las pautas del talante matrisocial analizado.
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Vethencourt, José Luis (1974). "La estructura familiar atípica y el fracaso histórico cultural en Venezuela". Revista SIC, Caracas, No 362, feb., 67-69.
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Después determinado este estudio, he releído textos donde antropólogos tan notables como Eric Wolf y Carmelo Lisón Tolosana utilizan el concepto y el término de matrilinealidad con ocasión del análisis de sociedades complejas. E. R. Wolf y otros (1966), antropología social de las sociedades complejas, Alianza, Madrid, 1990, 26-27; C. Lisón T. Invitación a la antropología cultural de España, Akal, Madrid, 1980, 109; "Estrategias matrimoniales, individuación y ethos lucense", en Varios Autores. Temas de antropología española, Akal, Madrid,1976, 168. Por consiguiente, mi primera formulación (Hurtado, 1991 b) no desdice de los alumnos de Oxford como Lison Tolosana. Hoy día, sin embargo, prefiero diferenciar los conceptos de matrilinealidad (etnológico) de la matrisocialidad (etnopsiquiátrico) en aras de la claridad y de la identificación de nuestro propio camino de investigación y reflexión.
RESUMEN
La 'matrisocialidad' es el concepto paradigmático que caracteriza el ethos cultural venezolano. La posibilidad de construir éste, proviene del análisis de la estructura psicodinámica básica de la familia venezolana. Si el `matricentrismo' es una consideración psicosocial y la `matrifocalidad' es socioantropológica, la 'matrisocialidad' se halla a nivel etnopsiquiátrico, al que se incorpora la lógica matrilineal o nivel etnológico del sistema de parentesco. Según ello, algunas compulsiones psíquicas y su correlativa matriz estructural son desarrolladas para mostrar las problemáticas de la familia y de la sociedad venezolanas.
ABSTRACT
The concept of 'matrisociality' is of key importance for an understanding of the Venezuelan cultural ethos. Indeed, it is argued that the fundamental characteristics of this ethos sre deeply rooted in the psicodinamics of basic family structures which, in Venezuela, have certain specific features. While the concept of `matricentrism' is derived from psicosociology and that of 'matrifocality' puts the emphasis on socioanthropological considerations, 'matrisociality' is preferred by the author in orderto emphasize a dimension considered ethnopsiquiatric. On this basis, various of the particularities of Venezuelan society are considered a product of profound impulses rooted in the psicodinamics of the family.
2. Si formulamos nuestro diseño hipotético, tenemos que en la micro-organización social, la dinámica familiar se muestra ya en la superficie de los grupos, de suerte que éstos son una prolongación familiar; en la macro-organización social, la dinámica familiar, aunque soterrada, suele definir el núcleo de la dirigencia, y a veces identifica el precinto de la organización misma: el Grupo Cisneros, los Mendoza, etc. Los parientes significan los leales o aliados (Dumont, 17) o los aliados se van a convertir en parientes de acuerdo a una estrategia de fidelidad y confianza sociales. Es posible que desde el acceso de la organización familiar y del parentesco pueda darse respuesta al problema que, ya en los años 40, estableciera el norteamericano Kingsley Davis: "América del Sur es el continente negro, sociológicamente hablando. Su organización social es más ininteligible para nosotros que la de los mismos nativos de Africa", en "Changing modes of marriage" en Beckery Hill, eds., Marriage and he Family (Boston: Health, 1942, 1000) citado por Stycos, 1958, 13.
3. Véase nuestra tesis doctoral (Hurtado, 1991 b). En el fondo, dicha matriasocialidad tiene como infraestructura un andamiaje o lógica que evoca una configuración matrilineal, en la cual ya no se trata de buscar linajes en sociedades tribales, sino vivencias o ethos matrilineales, a los cuales definimos nosotros con el término de matrisocialidad (Deversux, 1 973).
4. El planteamiento de Engels, a partir de Bachofen y Morgan, que integra esencialmente el derecho materno (matriarcado) y la Iínea femenina (matrilinealidad (Engels, 505-513) -correspondiente al tipo de familia sindiásmica- es rechazado por Weber y la Socio antropología del siglo XX (Fox, 197í, 105 y t13). Weber argumenta desde el mismo nivel económico que Engels : "La ulterior investigación de la teoría matriarcal socialista da por resultado que ninguno de los pretendidos estadios de la vida sexual puede corroborarse como una etapa general de transición... Respecto al derecho matriarcal, precisa reconocer que la historia de la religiosidad animista revela cómo en los tiempos primitivos no se advirtió la relación existente entre el acto de la procreación y el nacimiento. Por añadidura, el lazo de sangre entre padre e hijos no tuvo en un principio importancia alguna, del mismo modo que todavía hoy los hijos ilegítimos viven conforme al derecho materno . Pero los grupos matriarcales puros, en los que los niños viven exclusivamente con la madre, sin el padre, no son un fenómeno general , sino que sólo lo hallamos cuando se dan determinadas premisas" (Weber, 1974, 47). En consecuencia la teoría del matriarcado y la doctrina socialista basada en ella no tienen soporte válido. Sin embargo, concluye Weber: "A pesar de que es insostenible en, detalle, considerada en su conjunto constituye una valiosa contribución al esclarecimiento del problema; una vez más se evidencia la antigua verdad de que un error ingenioso es mucho más útil para la ciencia que una tesis exacta desprovista de ingenio" (Ibid., 44).
La polémica se fue zanjando a principios del siglo XX desde la Antropología Cultural, eliminando, en primer lugar, el 'complejo matrilineal' por Lowie en 1919 "al negar que todo rasgo de apariencia matrilineal deba ser interpretado como una supervivencia o un vestigio del 'complejo'" (Lévi-Strauss, 1973, í80; Martin, 1984, 85; ya antes los lingüistas habían desestimado el argumento: Levi-Strauss, 29 y 38), y, en segundo lugar, desechando el concepto de matriarcado como excesivo (Pitt-Rivers, 1979, 112). Como etapa de paso obligatoria y de experiencia acumulativa para todas las sociedades no se halla comprobada por las especulaciones historicistas y evolucionistas; así como que ocupara el polo de primitiva, simple, más atrasada en el sistema conformado por la civilización (Fox, 1972, 18), ni tampoco que en los sistemas matrilineales o de vivencia matrisocial tuvieran el contenido del derecho materno o matriarcal (Ibid., 105). Finalmente "en ningún caso, la matrilinealidad supone un cuestionamiento a la dominación masculina. Antes por el contrario, esta dominación es mantenida y reforzada por una serie de creencias y prácticas culturales" (Martín, 1984, 80). Esto lo ratificamos para las sociedades latinoamericanas, interpretadas por nosotros desde la matrisocialidad.
5. En nuestra tesis doctoral optamos por explicar la matrisocialidad a partir del instrumento conceptual de `estructura básica de personalidad' de Kardiner, `revisitado', como alternativa a otros conceptos de carácter organicista: el de personalidad típica (Fromm), la personalidad modal (Devereux),la personalidad básica (Dufrenne). En nuestra revisitación contaron de un modo central, los puntos de vista del Psicoanálisis freudiano. la Antropología alemana, la Sociolingüística, y la Sociología Performativa.
6. Con relación a la familia caribeña, Solien de González establece dos criterios para describir sus variaciones: la mujer-cabeza de familia y la mujer-ceniro de familia ( Blumberg, 1975, 565), cuyos índices son la ausencia y la no necesaria presencia del marido, respectivamente. En la precisión de estos criterios, se encuentra una nueva especificación conceptual inclusiva. La familia matricéntrica (Jemale-centered ) contiene dos formas: la consanguínea y la matrifocal. La consanguínea significa que las relaciones consistentes y efectivas son las que existen entre los parientes consanguíneos, mientras que la matrifocal se refiere a la tendencia a enfatizar a la madre como la figura estable (Hurtado, 1984, 80) y gerencial (decision-maker) y a privilegiar la preferencia de los parientes masculinos de ésta frente a los del esposo. Este tipo de conceptualización por inclusión y de baja discriminación tipológica no ayuda mucho al análisis explicativo; Leach (1971 ) nos pone en guardia sobre ello. No todo rasgo maternal es matricéntrico o matrifocal, ni lo matrifocal implica lo matrilineal o lo matrisocial; como tampoco lo matrifocal establece una coincidencia operativa con lo matricéntrico. La 'confusión' conceptual llega cuando las categorías tipológicas no se discriminan con claridad. Así no se observa suficiente diferencia conceptual entre familia matricéntrica consanguínea y familia matricéntrica matrifocal, cuando se subraya la consistencia de las relaciones consanguíneas maternas y el énfasis en los parientes maternos, así como no se presienten las consecuencias teóricas entre la consistencia de la relación materna y la figura estable de la madre. Pareciera que el tipo consanguíneo se aproximara al concepto de matrilinealidad y el tipo matrifocal, al de matrisocialidad; lo cierto es que el concepto de matrifocalidad ha sido construido sesgadamente para explicar la familia, pues este concepto solo se refiere a un aspecto sociológico y además únicamente a la familia de los sectores bajos de América Latina y el Caribe.
7. Para poder definir analíticamente el concepto de matrisocialidad, distinguimos, por un lado, el concepto de matrilinealidad en cuanto específico para referirnos al estudio de sociedades de linajes y establecer la prescripción de la línea del parentesco en el sistema de linajes, tal como lo hace la antropología tradicional, y, por otro lado, el concepto de matrilinealidad en cuanto genérico para aplicarlo a un proceso presciptivo de los valores o estilos de comportamiento que contienen una dosis de ethos cultural matrilineal, según un nuevo quehacer antropológico inspirado en la psicodinámica y con ocasión de elementos de talante matrilineal, persistentes en sociedades de estructura compleja, como son la ruptura del sistema de reciprocidad de los bienes femeninos, la alianza fraterna y específicamente la alianza sororal, las relaciones de filiación fuertes entre madre (abuela) e hijas e hijas de las hijas (nietas). la tendencia a la endogamia, etc., como hemos demostrado para la sociedad venezolana (Hurtado. 1 991 b). Este aspecto define una lógica matrilineal que se halla incorporada al concepto de Matrisocialidad.
8. "El sistema baulé lleva en sí una lógica de capitalización de mujeres a expensas de otro; o lo que es lo mismo, una lógica de no-reciprocidad. En este sentido, todo sistema matrilineal es tendencialmente endogámico, en la medida en que las mujeres del grupo, que son otorgadoras de linaje, serían también las mejores esposas posibles, si no estuvieran prohibidas precisamente por el hecho de la prohibición del incesto. En el régimen matrilineal, la organización matrimonial está signada por una contradicción estructural profunda: contradicción entre la matrilinealidad que asigna a las hermanas el estatuto de otorgadoras de linaje, y la exogamia que obliga ~ tomar por esposas las hermanas de otros, Así, la matrilinealidad, que minusvaloriza a la esposa con relación a la hermana, se opone al principio mismo del intercambio matrimonial que implica siempre... Ia reciprocidad fundamental, al mismo tiempo que le funda como tal" (Marie, no 4, 14-15; traducción nuestra).
9 "Por estructura de familia extensa modificada se significa una relación familiar que consiste en una serie de familias nucleares reunidas sobre una base igualitaria para la ayuda mutua. Además, al reunirse, estas familias nucleares no se vinculan por requerimientos de cercanía geográfica o semejanza ocupacional. Difiere de la clásica en que no tiene un jefe autoritario, ni cercan la geográfica, ni dependencia ocupacional; y de la familia nuclear se distingue porque entre los miembros de la familia extensa modificada existe una ayuda mutua considerable, y, en consecuencia, la familia nuclear no se enfrenta al mundo como una unidad aislada" (Litwak, 83; traducción nuestra).
10. Distinguimos en este caso el sistema de redistribucción `exterior' a las familias y cuyo centro de poder económico se ubica en el padre (economía masculina), y el sistema de reciprocidad 'interior' y cuyo centro de administración de los recursos para ayuda mutua entre los iguales o recíprocos es la madre (o abuela), como gerente de la economía femenina.