COMEXT, 09/01/95, BOSQUES Y SUELOS EN MÉXICO: EL ASALTO DE LA TIERRA

Comercio Exterior

País/Country: México

Banco Nacional de Comercio Exterior

Volúmen/Volume: 45

Número/Number: 9

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 09/01/95

sección nacional

La degradación de los recursos naturales es un problema grave que exige una atención prioritaria. Con el ahondamiento de los problemas ecológicos se ha multiplicado la importancia del aspecto ambiental en los esfuerzos de planeación económica. Cada día resulta más imperioso revertir el deterioro del entorno que, a pesar del creciente interés del gobierno y la sociedad, continúa su trágico avance. Con base en un reciente trabajo de la CEPAL,1 en esta nota se ofrece una imagen general de la desforestación y el deterioro del suelo en México, se refieren las principales causas y se apunta una reflexión final sobre los procesos socioeconómicos subyacentes.

PRODIGALIDAD DE LOS RECURSOS FORESTALES

México encierra un vasto mosaico ambiental, con importantes diferencias en precipitación fluvial, humedad y clima que suscitan hondas asimetrías regionales. Tal variedad se distribuye en cuatro zonas ecológicas (árida, templada, de trópico húmedo y de trópico seco), donde existen nueve grandes tipos de vegetación entre las que sobresalen la de matorral xerófita y desértico, los bosques de coníferas y encinos, el bosque tropical caducifolio y el bosque tropical perennifolio.2

De acuerdo con el Inventario Nacional Forestal de Gran Visión 1991-1992,3 en 141.5 millones de hectáreas (72% del territorio nacional) existe algún tipo de vegetación. Alrededor de 25% de la superficie del país corresponde a áreas arboladas, 36% a superficies no arboladas y 11% a zonas de vegetación perturbada. Las existencias maderables en los bosques templados y selvas tropicales mexicanos se estiman en unos 2 800 millones de metros cúbicos. El deficiente aprovechamiento de ese patrimonio natural ha coexistido, paradójicamente, con una intensa explotación irracional y drásticos cambios en el uso del suelo que han arrasado vastas extensiones forestales en perjuicio del equilibrio ecológico, la propia silvicultura, las industrias derivadas y otras ramas económicas.

La falta de sistemas de aprovechamiento forestal que consideren la recuperación ecológica del recurso, junto con la frecuente disociación entre los propietarios de los bosques y los beneficios económicos, propicia que en las áreas explotadas se cambie a un uso del suelo agropecuario y surjan fuertes procesos de desforestación. Se estima que en el período 1970-1990 el área agrícola cultivada creció cerca de 39%, el hato ganadero aumentó 15% y el área forestal se redujo 13 por ciento.

Además de la producción de maderables, la actividad forestal incluye el aprovechamiento de productos no maderables. En este renglón, sin embargo, se aprecian los mayores rezagos, pues en sólo tres decenios su participación en el valor de la producción forestal descendió de 20.7 a 7.6 por ciento. Entre las principales causas figuran la debilidad de los mercados respectivos, la persistencia de los precios bajos y el desplazamiento de los productos naturales por los de origen sintético. Como resultado, la actividad no forestal ha sido muy selectiva y suelen desaprovecharse vastos recursos, sobre todo en los bosques tropicales donde se explotan apenas unas cuantas especies maderables con atractivo comercial y se desdeñan cuantiosos recursos potenciales.

Por otra parte, la producción maderable se concentra en algunas especies de pino que representan alrededor de 80% del volumen total. Las demás especies templadas y tropicales, pese a su rico potencial, permanecen en un plano secundario. Esta tendencia sectorial se explica en parte por la importación mecánica de tecnología de los países desarrollados, especializada en bosques templados. A menudo se transfiere tecnología y se capacita a los operarios, pero no se realiza un esfuerzo similar para adaptarla a las condiciones particulares del país.4

Una actividad importante es la obtención de leña y carbón, cuyo volumen puede ser hasta 140% mayor que la producción maderera, lo cual significaría que 65% de la extracción forestal corresponde a leña y carbón.5

Las existencias maderables en los bosques templados y selvas tropicales mexicanos se estiman en unos 2 800 millones de metros cúbicos. El deficiente aprovechamiento de ese patrimonio natural ha coexistido, paradójicamente, con una intensa explotación irracional y drásticos cambios en el uso del suelo que han arrasado vastas extensiones forestales en perjuicio del equilibrio ecológico.

Según los datos censales más recientes, alrededor de 20 millones de mexicanos utilizan leña como combustible. Por ello se ha considerado que esta práctica es una de las principales causas de la desforestación e, incluso, se ha buscado contrarrestarla con programas de estufas ahorradoras de leña y de reforestación. Sin embargo, no se puede afirmar que el corte de leña sea la principal causa de la pérdida de bosques, pues ni siquiera existen suficientes estudios al respecto. Lo que sí se puede asegurar es que sus efectos son diferenciales y dependen de varios factores, como los métodos de apropiación del recurso leñero, la disponibilidad de abasto del recurso, el tamaño de la población usuaria y la preferencia por ciertas especies en función del uso.

Más que por su desarrollo, en suma, la actividad forestal afecta al ambiente por la persistencia de vicios y rezagos que orillan a los dueños del bosque a cambiar sus predios a agropecuarios, y a los concesionarios de la explotación forestal a optar por un uso del recurso forestal ajeno al desarrollo sustentable. Las tasas estimadas de la desforestación aún son imprecisas, entre otras razones por las distintas definiciones sobre los tipos de bosques;6 algunas sólo toman en cuenta a los tropicales, otras a los bosques en general y la mayoría a los perennifolios. De los caducifolios, en cambio, hay poca información.

Algunos especialistas coinciden en que la desforestación influye de manera diferencial en los ecosistemas del país y en que los más afectados son los bosques tropicales (con una tasa anual de 2%, mientras que la de los templados se estima en 1.3%). Las entidades federativas que pierden sus árboles más rápidamente son Campeche, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Durante los últimos lustros la desforestación se ha intensificado, sobre todo en los ecosistemas tropicales. En el ámbito local ello merma la biodiversidad y altera las interrelaciones de los diversos componentes de los ecosistemas cuya destrucción gradual se manifiesta en su fragmentación y en el deterioro del suelo como resultado de la pérdida de la cubierta vegetal. En el ámbito regional la desforestación altera el ciclo hidrológico y las condiciones microclimáticas, al disminuir el intercambio de agua suelo-atmósfera y aumentar la capacidad reflectiva de la superficie terrestre. La desforestación también contribuye al calentamiento del planeta (el efecto de invernadero).

DEGRADACION DEL SUELO

Los suelos son el resultado de la interacción de varios factores ambientales, entre los cuales figuran el geológico, el fisiográfico, el climático y el edafológico. La gran diversidad ambiental en México se manifiesta en la enorme variedad de suelos. De las 25 categorías que se han clasificado en el sistema FAO-UNESCO, 21 existen en el país.7 Aunque subsisten discrepancias en cuanto a la superficie que cada una ocupa, se estima que 10 de esas categorías conforman 74% del territorio nacional.

Ante la presión de la frontera agropecuaria y urbano-industrial, vastas superficies se han alterado de modo irreversible y resulta más que evidente la degradación de los suelos del país. Los factores que favorecen este proceso ominoso son el crecimiento demográfico, la sobrexplotación, los cambios inadecuados de uso del suelo, la tecnología inapropiada, las presiones socioeconómicas y políticas, y la pérdida de tradiciones culturales.8

Entre las causas antropogénicas del proceso degradatorio sobresalen las relacionadas con la pobreza y el subdesarrollo, como el cultivo forzoso en suelos frágiles, la reducción del tiempo de descanso de la tierra, la falta de prácticas de fertilización orgánica, el sobrepastoreo y la explotación inmoderada de los recursos. La aplicación de tecnologías modernas para la producción agropecuaria, animada por la búsqueda de altas tasas de rentabilidad en el corto plazo, origina otro tipo de efectos como la propagación de los cultivos comerciales, el mal manejo del riego y el uso excesivo de la maquinaria agrícola.

La degradación del suelo involucra aspectos sociales, económicos, físicos, biológicos y climáticos. Se trata de un fenómeno complejo que no sólo se manifiesta en la baja de la productividad primaria, sino también en la invasión de especies menos deseables, la pérdida de la diversidad y aun el cambio en la estructura de las comunidades locales.9 La Universidad Autónoma Chapingo y el Colegio de Posgraduados han emprendido diversos estudios para determinar el estado actual de los suelos del país, así como la velocidad y el riesgo de los procesos de degradación. En particular se han analizado la erosión hídrica y eólica, la salinización y la degradación biológica, química y física. A continuación se describen cada uno de esos fenómenos presentes en el territorio nacional.

Erosión hídrica

La erosión hídrica es la remoción del suelo en tierras en declive ocasionada por el agua. Los estudios más recientes, con base en la metodología provisional para evaluar la desertización de la tierra de la FAO, muestran que al menos 60% del territorio nacional presenta erosión hídrica en diferentes grados. Se estima que 36.4% de esa superficie presenta erosión ligera, 34% moderada, 20.5% severa y sólo 8.7% muy severa. El Eje Neovolcánico, la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre Oriental son las áreas con mayor erosión en el país, sobre todo la primera.10

Las entidades que sufren la erosión hídrica más intensa son Chihuahua, Durango, Guanajuato, Michoacán, Jalisco y Sonora, pero tres estados tienen más de 90% de su superficie erosionada: Baja California Sur, Coahuila y Guanajuato. Los estudios también muestran que México es un país con moderada erosividad por lluvia; ésta es severa sólo en tres áreas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, aunque en Veracruz se detectó un área en situación extrema. En cuanto al riesgo de erosión del suelo, los mayores índices se encontraron en el altiplano mexicano.

Erosión eólica

La erosión eólica se define como el desprendimiento y arrastre de las partículas del suelo originados por el viento; ocurre en una gran variedad de ambientes naturales que presentan escasa cubierta vegetal. Se trata de un problema importante, ya que alrededor de 60% del territorio nacional es árido y semiárido. Pese a ello, en el país se le ha prestado poca importancia por el desconocimiento de los efectos del fenómeno en los cultivos. Los principales factores involucrados en la erosión eólica son el clima, el suelo, la vegetación y la topografía, cuya conjunción bajo ciertas condiciones propicia o restringe ese tipo de degradación.

Si bien en distintos grados, la erosión eólica se encuentra presente en 85% del suelo mexicano. Este fenómeno es de magnitud ligera en 6.2% de la superficie afectada; moderada en 33.3%; severa en 43% y muy severa en 17.5%. De acuerdo con la proporción de la superficie en los dos últimos casos, las entidades con mayores problemas de erosión son San Luis Potosí, Hidalgo, Nuevo León, Baja California, Querétaro, Zacatecas y Tlaxcala.

Respecto al riesgo de erosión eólica, se considera que es escaso en 1.2% del territorio nacional; moderado en 8.7%; severo en 45.6%, y muy severo en 44.5%. Las áreas con mayor riesgo de pérdida de suelo a causa del viento se localizan en el oeste y sur de Sonora, parte de Chihuahua, el puerto de Veracruz, el centro de Michoacán, el noreste de Yucatán, en Oaxaca, y el sur de Coahuila.

Salinización

La salinización se refiere al deterioro de los suelos por el incremento en el nivel de sales solubles que merman la capacidad productiva del suelo. En este flagelo se incluyen otros procesos secundarios, como la sodificación y la concentración de sustancias tóxicas. En México existen extensas áreas naturalmente salinas, como las costas con influencia marina y ciertas cuencas de las zonas áridas; las causas principales de la salinización inducida son el riego excesivo sin drenaje adecuado, la irrigación con agua de mala calidad, la deficiente nivelación del terreno y la extracción desmedida de los acuíferos.

En los distritos de riego más de medio millón de hectáreas sufre problemas de ensalitramiento, es decir, alrededor de 10% de la superficie irrigada total del país. La salinización disminuye la fertilidad y productividad de los suelos. En la actualidad afecta a 15% del territorio nacional.11 Los estados más afectados en su superficie son Campeche (40%), Sonora (35%), Quintana Roo (25%), Tabasco (15%) y Yucatán (15%).12

Degradación biológica

La degradación biológica es el segundo proceso empobrecedor de los suelos mexicanos más importante, al presentarse en 80% del territorio nacional. Consiste en el aumento de la velocidad de mineralización de la materia orgánica. En este proceso influyen el clima, la reducción del manto vegetal, el cultivo excesivo y la remoción de partículas finas de la capa arable. El deterioro de la materia orgánica favorece la degradación física, lo que a su vez propicia la erosión. Las entidades que experimentan la degradación biológica más rápida son Colima, Morelos, Tabasco, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Nayarit y Sinaloa.

Degradación química

La degradación química del suelo consiste en la pérdida de nutrimentos. El clima, la topografía y la remoción de la cubierta vegetal figuran entre los factores principales del deterioro de bases químicas que suscitan reacciones más ácidas y en ocasiones originan toxicidad por aluminio.13 Al aplicar la metodología de la FAO para evaluar la velocidad del fenómeno, se encontró que 15% del territorio nacional resulta afectado. Los estados con mayor superficie relativa mermada por la degradación química son Tabasco (67%), Veracruz (27%), Nayarit (20%), y Oaxaca (20%).

Degradación física

La degradación física incluye el encostramiento y la compactación del suelo. El primero proviene de la degradación de la cubierta vegetal y la erosión hídrica. El segundo se refiere a los cambios desfavorables en las propiedades físicas de los suelos (porosidad, permeabilidad, densidad aparente y estabilidad estructural, entre otras). Ambas resultan de factores como el paso continuo de maquinaria pesada o ganado en el terreno, la erosión hídrica y la falta de materia orgánica en los suelos.

Entre las causas antropogénicas del proceso degradatorio sobresalen las relacionadas con la pobreza y el subdesarrollo, como el cultivo forzoso en suelos frágiles, la reducción del tiempo de descanso de la tierra, la falta de prácticas de fertilización orgánica, el sobrepastoreo y la explotación inmoderada de los recursos

Con base en la metodología de la FAO, se determinó que este proceso afecta a 20% del territorio nacional. Los estados que resienten más la degradación física son Colima (en 90% de su superficie), Veracruz (40%), Hidalgo (40%), Tamaulipas (30%), y Sinaloa (15%).14 El Atlas Nacional de México muestra que la degradación física se presenta también en una extensa superficie del altiplano potosino-zacatecano, así como en porciones de Baja California Sur, Durango, Puebla, Tlaxcala, Chihuahua, Hidalgo, Guanajuato y el Estado de México.15

Habida cuenta de los diferentes procesos de degradación en marcha, se puede afirmar que alrededor de 97% del suelo mexicano resiente en distintos grados algún tipo de deterioro del suelo. Cerca de 60% del territorio nacional presenta una degradación por lo menos severa. Los procesos más importantes que originan la desertización de la tierra son la erosión eólica que afecta de manera diversa a 85% de la superficie total del país, la disminución de la materia orgánica (a 80%) y la erosión hídrica (a 60%). Las entidades que presentan la degradación general más rápida en el mayor número de procesos (seis de siete) son Chihuahua, Colima, Jalisco, México, Sinaloa y Sonora.

APUNTES FINALES

La revisión de los procesos socioeconómicos que dan pábulo al deterioro ambiental debe iniciarse con la desforestación. El cambio de uso de suelo al agropecuario constituye el factor directo más importante de la pérdida de cubierta vegetal natural, aunque también inciden con fuerza el mal aprovechamiento forestal, el avance urbano y la ampliación general de la infraestructura física. El crecimiento demográfico es un elemento de presión sobre la naturaleza al demandar mayores cantidades de bienes y servicios, aunque la disponibilidad de éstos puede incrementarse en la medida en que se haga un uso adecuado de los recursos. Si bien el dinamismo demográfico muestra una tendencia descendente, el crecimiento de la población mexicana todavía es intenso y cerca de la mitad de ella son personas menores de 18 años.

Sin duda, el predominio de modelos extensivos determina que el crecimiento demográfico afecte con exceso las zonas forestales. La rápida expansión de la ganadería, sobre todo en el trópico húmedo, ha sido la principal causa de la destrucción de las selvas y su remplazo por pastizales ineficientes ecológicamente, pero con alta rentabilidad. Además de recibir el impulso de créditos internacionales, la ganaderización extensiva ha sido favorecida por el régimen de propiedad ganadera que permaneció sin cambio alguno en la reforma reciente del artículo 27 constitucional y propicia el crecimiento horizontal de la actividad pecuaria.

Con menor intensidad, el cultivo de maíz de temporal también contribuye al desplazamiento de la vegetación. La agricultura campesina debe mantener una población en aumento constante, pero sufre un hondo estancamiento tecnológico y la desestabilización de los sistemas productivos tradicionales. Sin apoyo suficiente de las instituciones sectoriales, más interesadas en los cultivos comerciales y especializados, la expansión horizontal de la agricultura maicera entraña serios quebrantos relacionados con la erosión de los suelos.

Al causar el deterioro del suelo, la desforestación limita las posibilidades regenerativas de la vegetación natural y afecta a la biodiversidad. La pérdida de vegetación y el debilitamiento del suelo, asimismo, originan desequilibrios en los escurrimientos y la dinámica hídrica. La biodiversidad también resiente la sobreexplotación de ciertas especies por la caza o la explotación forestal irracional. De igual modo, la contaminación de los cuerpos de agua influye en la pérdida de riqueza genética.

Los dos principales procesos de deterioro del agua, la contaminación y el agotamiento, se vinculan con cuatro factores directos: el desarrollo urbano; el crecimiento de industrias sin sistemas de tratamiento ni tecnologías limpias; el uso agrícola intensivo y especializado, y la ganadería intensiva con fuertes descargas orgánicas. En todos los casos se trata de actividades de gran dinamismo económico, aunque se debe buscar la forma de incluir los aspectos ambientales con más responsabilidad y eficiencia.


1. CEPAL, Los procesos de deterioro de bosques, suelos, biodiversidad y aguas continentales en México, LC/R. 1541, México, 30 de mayo de 1995.

2. J. Rzedowsky, "Diversidad del universo vegetal: perspectivas de un conocimiento sólido", en J. Sarukhán y R. Dirzo (comps.), Informe de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México, 1992, pp. 251-258.

3. SARH, Inventario Nacional Forestal Periódico, México, 1994, 81 páginas.

4. V. Arriaga, J. Carabias y V. Cervantes, "Los recursos naturales de México y el desarrollo", en P. Pascual y J. Woldenberg (coords.), Desarrollo, desigualdad y medio ambiente, Editorial Cal y Arena, México, 1994, pp. 303-345.

5. J. Carabias, C. González Pacheco, C. Toledo y V. M. Toledo, La producción rural en México; alternativas ecológicas, Fundación Universo XXI, México, p. 402.

6. R. Dirzo, O. Masera y M. Ordóñez, "Carbon Emissions from Deforestation in Mexico: Current Situation and Long-term Scenarios", en W. Makundi y J. Sathaye (eds.), Carbon Emissions and Sequestration in Forest: Case Studies from Seven Developing Countries: Summary, Universidad de California, Berkeley, agosto de 1992, pp. 1-26.

7. Instituto de Geografía, Atlas Nacional de México, vol. II, UNAM, México, 1990.

8. G. Anaya, J. Estrada Berg y S. Ortiz, Evaluación cartográfica y políticas preventivas de la degradación de la tierra, Colegio de Posgraduados, Universidad Autónoma Chapingo y Comisión Nacional de Zonas Aridas, México, 1994.

9. Ibid.

10. B. Estrada y C. Ortiz, "Plano de erosión hídrica del suelo en México", Revista de Geografía Aplicada, núm. 3, Universidad Autónoma Chapingo, México, 1982, pp. 23-28.

11. Comisión Nacional de Zonas Aridas, Plan de acción nacional para combatir la desertificación en México, Secretaría de Desarrollo Social, México, 1993.

12. B. Estrada, "Diagnóstico y perspectivas sobre el suelo en México", ponencia presentada en el seminario Transformaciones del Agro Mexicano en los Noventa, Universidad Autónoma Chapingo, México, 1991.

13. Comisión Nacional de Zonas Aridas, op. cit.

14. Ibid., y B. Estrada, op. cit.

15. Instituto de Geografía, Atlas Nacional..., op. cit.