I UNA FRASE Y UN ENFOQUE QUE HAN HECHO ESTRAGOS
"...el valor de uso como tal, se halla fuera de la esfera de investigación de la economía política. Entra en ella solamente cuando él mismo es determinación de forma económica. Directamente es la base material con que se manifiesta una determinada relación económica: el valor de cambio." (Marx, 1974, p. 22)Esta frase de Marx, aunque poco citada en los estudios sobre el valor, es bastante conocida y, sin lugar a dudas, ha influido enormemente en la actitud de muchos pensadores de tradición marxista, quienes siguiendo al pie de la letra al maestro; han reducido, parcializado y unilateralizado el objeto de estudio de la Crítica de la Economía Política, al no someter a un estudio sistemático "la base material del valor de cambio"1. Las consecuencias de este grave error metodológico no pueden subestimarse, pues ha convertido buena parte del discurso de la economía política en una especie de sociología pura o "sociologismo" y además, ha contribuido a fortalecer la creencia de que un buen manual "moderno" de economía marxista puede limitarse a esclarecer, sistematizar, actualizar y resumir los principales resultados de la investigación sobre el capitalismo expuestos hace más de cien años por Marx en El Capital2. Podemos agregar, que esta posición es un regreso a Ricardo, para quien el valor de uso o "utilidad" es simplemente una condición, indispensable en todo caso, del valor de cambio. Al respecto declara acertadamente Jean Cartelier:
"Decir, como Ricardo, que el carácter útil de las mercancías es lógicamente anterior a su valor intercambiable es expresar, no se puede con más claridad, lo que Marx llamará el fetichismo de la mercancía...no hay valores de uso útiles independientemente de las relaciones sociales en el seno de las cuales son producidos." (Cartelier, 1981, pp. 254-255)3Ricardo, al igual que la mayoría de los pensadores de la escuela clásica, hizo un análisis profundo pero unilateral del capitalismo y de las relaciones mercantiles. Bajo la influencia del cuantitativismo y del deduccionismo, centró su atención en el problema del valor, y más específicamente en la magnitud de valor, pero sin llegar a descubrir la forma histórica especial del trabajo creador de valor.
Regresando a la cita de Marx con que comenzamos este ensayo cabe preguntarse en primera instancia, ¿ cuándo es y cuándo no es, el valor de uso, objeto de estudio de la economía política? Esta pregunta es pertinente, y en sí misma advierte que el valor de uso puede ser, según se lo trate, una categoría mercantil y no simplemente (como en Ricardo), una precondición lógica para el análisis y la fundamentación del valor. Aunque la forma en que expuso Marx este problema, al menos en algunos pasajes de sus trabajos económicos ha sido en buena medida causante de esta lamentable confusión, no hay ninguna duda de que la dialéctica valor/valor de uso cruza toda su obra en El Capital, tal como insistió Rosdolsky y como lo ha venido a confirmar una importante obra de dos autores de la antigua Unión soviética; V. Afanásiev y V. Lantsov4.
El propio Marx nos da una importante pista para abordar adecuadamente la pregunta que nos hicimos anteriormente, cuando en las "Glosas marginales a Wagner" escribió:
"Para producir mercancías no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para otros, valores de uso sociales. Con esto el valor de uso -como valor de uso de la "mercancía"- adquiere por sí mismo un carácter histórico específico". (Marx, 1973, p.719, subrayado nuestro, H.M.)Lo anterior sugiere entonces, que podemos distinguir claramente dos aspectos del valor de uso, los cuales, sin embargo, el propio Marx no diferenció explícitamente con términos específicos y precisos, pero que aquí llamaremos:
El primero es una categoría históricamente indeterminada, perteneciente al nivel de abstracción que acostumbramos llamar "proceso simple (abstracto, general) de trabajo". En el siguiente pasaje que recordamos, creemos que Marx hace alusión a esta noción abstracta de valor de uso:
Cualquiera que sea la forma social de la riqueza, los valores de uso constituyen siempre su contenido, que queda en primer lugar, indiferente a esta forma. Al probar el trigo no se conoce quién lo ha cultivado: siervo ruso, campesino parcelario francés o capitalista inglés. Aunque el valor de uso sea objeto de necesidades sociales y se enlace, por consiguiente, a la sociedad, no expresa, sin embargo, una relación de producción social. (Marx, 1974, p.22)El segundo aspecto del valor de uso, sin embargo, y al que también podemos denotar como el "valor de uso de la mercancía", es la forma social (histórica) que adquiere el valor de uso en una economía mercantil, y es por tanto, en sí misma, categoría mercantil y objeto de estudio de la crítica de la economía política5. La teoría del doble carácter del trabajo despejará cualquier duda al respecto de esta importante distinción, por eso pasamos a analizarla.
II EL CARÁCTER DUAL DEL TRABAJO EN LA PRODUCCIÓN MERCANTIL
Considerada por el propio Marx como el "eje sobre el cual gira toda la comprensión de la Economía política", la teoría de la naturaleza dual del trabajo productor de mercancías, ha sido escasamente aplicada por los estudiosos marxistas; y siendo a la vez el punto de partida y el principio metodológico fundamental para la explicación científica del capitalismo, resulta explicable y hasta necesaria, la pobre originalidad del pensamiento económico marxista, que aunque la conoce en sus aspectos más elementales (apartado 2 del capítulo I de El Capital), no la ha utilizado sistemáticamente y menos aún la ha desarrollado más allá de sus implicaciones básicas, por ejemplo, en torno a la teoría del valor o en su vinculación con la "teoría de la enajenación". No se pretende en estas pocas páginas repetir el "abc" del carácter dual del trabajo, por lo que directamente pasamos a proponer algunas tesis que consideramos de importancia para nuestra reflexión.
PRIMERA TESIS: La naturaleza dual del trabajo no es exclusiva de una economía de productores mercantiles; pues esta diferenciación es válida independientemente de la forma social histórica de que se trate. ¿ Por qué? El trabajo es la condición natural de la existencia humana, la condición, independientemente de la forma social, del intercambio entre el hombre y la naturaleza.
En todas las sociedades el trabajo se presenta, por una parte, como una forma de trabajo útil y orientada hacia fines concretos, lo cual halla su expresión en toda la diversidad de objetos que se producen, en la inmensa cantidad de operaciones particulares necesarias para su producción, y en la existencia de muy diversas profesiones y oficios. El concepto de "división social del trabajo", el cual desde luego no es propio de la producción mercantil, alude a esta especificidad del trabajo. Por otra parte, también en todas las sociedades humanas, además de esta forma útil y orientada a un fin del trabajo, el mismo se presenta como gasto de fuerzas físicas e intelectuales del hombre, gasto de energía humana, trabajo "en sentido fisiológico" (Marx), trabajo humano en general.
En efecto, dentro de la "producción en general" podemos afirmar que,
Para un sujeto-productor las cosas aparecen como instrumentos para producir a partir de la naturaleza los objetos-satisfactores que se necesitan: que faltan. La producción es así negación (gasto de energía...) para negar la negación (...la necesidad). La producción es actualidad de la vida para reproducción y subsistencia de la vida...". (Dussel, 1991, p. 36).El trabajo "en sentido fisiológico" es una categoría indudablemente relevante, pero es una categoría propia de "la producción en general", no una categoría específicamente mercantil6.
SEGUNDA TESIS: El trabajo concreto es la forma histórica específica (mercantil) del trabajo útil; mientras que el trabajo abstracto es la forma mercantil del trabajo en general7. Ambos, trabajo concreto y trabajo abstracto, son categorías mercantiles y, por tanto, objeto de estudio de la economía política.
Hemos empleado dos categorías que pueden pertenecer tanto al análisis del proceso simple -o abstracto- de trabajo, como al análisis de la producción mercantil propiamente dicha. Nos referimos a los conceptos de "trabajo orientado a un fin" y de "trabajo humano en general" (o simplemente, "trabajo en general"). El problema es que Marx no distinguió cuidadosamente las distintas derivaciones de estas dos categorías, según se las relacionara con el proceso simple de trabajo, o con el proceso de producción de mercancías; ni tampoco distinguió los resultados de estas diversas formas de trabajo. Nuestra tesis -tal como también lo plantean Afanásiev y Lantsov- es que el trabajo concreto y el trabajo abstracto son categorías exclusivamente mercantiles, lo cual no sucede con el trabajo útil y el trabajo humano en general, que son categorías más generales o universales.
TERCERA TESIS: El trabajo útil en sentido general, tiene como resultado de su funcionamiento, no necesariamente un valor de uso mercantil, sino un "producto" o un "bien" (en el sentido que le asigna la economía neoclásica). Preferimos reservar el término "valor de uso", para indicar con él el resultado del funcionamiento del trabajo concreto. Por tanto, cuando Marx advierte que el valor de uso no es objeto de estudio de la economía política (por no ser "determinación de forma económica"), debe referirse -si no queremos caer en un contrasentido- al "trabajo útil en sentido general" y a los "productos", en el sentido ahistórico en que los hemos definido. El valor de uso, como valor de uso de la mercancía, al igual que el trabajo concreto, es categoría mercantil y objeto de estudio de la economía política; es esta nuestra tesis central.
El siguiente cuadro puntualiza las distinciones que proponemos:
| Valor de Uso | Utilidad | Trabajo orientado a un fin | Trabajo en general | |
| Producción en general | Producto, bien | Utilidad abstracta | Trabajo útil | Trabajo en sentido fisiológico |
| Producción mercantil | Valor de uso social | Utilidad concreta | Trabajo concreto | Trabajo abstracto |
| Riqueza natural | valor ecológico8 | Dignidad humana9 | ||
Después de todo, si la mercancía es "unidad dialéctica" de valor de uso y valor, es tautológico que ambos, "los dos factores de la mercancía" (Marx) sean considerados categorías mercantiles; aunque obviamente, su papel en el análisis de la mercancía y de la reproducción capitalista no puede ser el mismo. El valor de uso caracteriza a la mercancía en su aspecto cualitativo; mientras que el valor (magnitud de valor especialmente) lo hace ante todo en su aspecto cuantitativo. Por eso -creemos- Marx evita utilizar el término "teoría del valor" en El Capital, a pesar de que el mismo ya era de uso común por parte de sus contemporáneos:
"El señor Wagner olvida...que para mi no son sujetos ni el "valor" ni el "valor de cambio", sino que lo es solamente la mercancía". ("Glosas marginales a Wagner", Marx, 1973, p.714)En efecto, recordemos que la exposición marxiana del "modo capitalista de producción" se inicia, no con el valor ni con el valor de cambio, sino con el "análisis de la mercancía".
III. ARTICULACIÓN ENTRE NATURALEZA Y SOCIEDAD: ¿HACIA UNA SEGUNDA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA BASADA EN EL VALOR-ENERGÍA?
Una recuperación crítica del pensamiento económico de Marx, de su CRITICA DE LA ECONOMIA POLITICA, no puede limitarse a un desarrollo exclusivamente en continuidad con sus principales aportes científicos; debe también, con seguridad, incorporar elementos de ruptura: debe ser un punto de apoyo para una "Segunda Crítica de la Economía Política", no solamente de aquella a la que podemos seguir denominando "burguesa" (tradición neoclásica-keynesiana); sino también de la vinculada con Marx y con el "marxismo histórico". En este último caso, es obvio que la "economía política marxista" no ha logrado incorporar de forma satisfactoria a su núcleo teórico, algunas de las más importantes problemáticas actuales, tales como aquellas representadas por ciencias de reciente formulación como la Ecología y la Etnología, o por movimientos sociales como los feministas, los indígenas o los campesinos10.
Pero el debate sobre la posibilidad de que la Primera Crítica de la Economía Política sea o no sustancialmente incorporada en la Segunda, no está aún resuelto, por lo que solo queremos indicar aquí un importante elemento de renovación que nos parece crucial incorporar y desarrollar, el cual se vincula directamente, como veremos, con el problema de reincorporar plenamente el valor de uso como objeto de estudio de la crítica de la economía política.
El principio metodológico fundamental de la (primera) crítica de la economía política, derivado de la naturaleza dual del trabajo en sociedades mercantiles, consiste en comprender que todos los fenómenos económicos de la sociedad capitalista adquieren también una naturaleza dual: por una parte son expresiones de los procesos del trabajo concreto y, por otra, manifestaciones de los procesos del trabajo abstracto; son por tanto, también, unidad del contenido material (o natural) y de la forma directamente social que reviste el proceso de trabajo en condiciones mercantiles de producción y reproducción. Pero el "marxismo histórico", incluso en sus mejores intérpretes, ha entendido y aplicado solo parcial y unilateralmente este principio metodológico fundamental. Así por ejemplo, podemos mencionar las siguientes afirmaciones del destacado economista soviético Isaac I. Rubin:
La economía capitalista representa la unión del proceso técnico material y sus formas sociales, vale decir, la totalidad de las relaciones de producción entre las personas. [Por tanto]...la ciencia [de la economía política] debe ante todo distinguir, mediante la abstracción, dos aspectos diferentes de la economía capitalista: el aspecto técnico y el aspecto socioeconómico, el proceso técnico-material de la producción y su forma social, las fuerzas productivas materiales y las relaciones de producción. Cada uno de estos dos aspectos del proceso económico es objeto de una ciencia distinta. (Rubin 1982, pp. 47-48, subrayado nuestro)Según Rubin, la "ingeniería social" se ocuparía del estudio de los procesos técnicos materiales de la producción, mientras que la economía política teórica (¿pura?) trataría de las relaciones de producción específicas de la economía capitalista; y aunque reconoce que debe existir una fuerte interacción entre ambas ciencias, lo importante es reconocer la separación que él propone, a mi juicio infundada. Por este camino convertimos fácilmente a la economía política en una sociología pura (sociologismo), cuando en realidad -como sistemáticamente lo intentó Marx-, contenido material y forma social deben estar siempre unidos en el intento de reconstrucción intelectual de la realidad. Los podemos separar para propósitos analíticos, tal como sucede en la distinción valor de cambio/valor de uso, pero deben ser integrados en el proceso de síntesis, tal como efectivamente hace Marx en su análisis de la mercancía, y en todo su esfuerzo teórico por exponer las regularidades estructurales de la producción capitalista.
Los resultados expuestos en el apartado anterior, nos obligan a insistir en que el "contenido material" a que hace referencia Rubin, no representa necesariamente una categoría abstracta, suprahistórica, sino el contenido material de la mercancía y del capital. El error de Rubin se fundamenta, precisamente, en que no distingue el valor de uso general (abstracto) del valor de uso social (de la mercancía), y esto lo lleva a asegurar que el análisis del proceso técnico-material de la producción le corresponde a la ingeniería, mientras que solo al proceso socioeconómico le corresponde una determinada forma social. De aquí solo hay un paso para la siguiente aberración: !el valor de uso se ubica fuera del ámbito de la economía política!. Así, se confunden y desprecian a la vez tres categorías relacionadas con el resultado de funcionamiento del trabajo humano y de la naturaleza misma: el valor ecológico, el valor de uso general y el valor de uso de la mercancía.
Aunque podemos estar de acuerdo con economistas como Rubin y Rosenberg, de que la "teoría del valor" es, ante todo, una teoría de las relaciones sociales de producción entre productores-consumidores mercantiles, debemos tener muy presente que tal "teoría del valor" es solo una parte constitutiva del análisis de la mercancía y del capitalismo, el cual, como ocurre con todo fenómeno de la economía mercantil, abarca tanto el estudio de la forma directamente social como del contenido material, es decir, de los procesos del trabajo abstracto y de los procesos del trabajo concreto.
Pero aunque no hay duda de que existe en Marx una dialéctica del valor y del valor de uso (categorías mercantiles) o, en general, de la forma social y del contenido material, persiste la duda de cómo estas deben integrarse o articularse en el proceso de elaboración teórica, pues muchos pasajes de su obra -como la cita con que iniciamos este trabajo- indican que el propio Marx colocó en un lugar subordinado el análisis de las "formas naturales", a pesar de que su concepto de naturaleza en diversos sentidos presagia tesis importantes del pensamiento ecologista moderno. En todo caso, una Segunda Crítica de la Economía Política no puede contentarse con considerar el valor de uso como una simple condición ontológica del valor; y debe radicalizar la tesis del doble carácter del trabajo. Al hacerlo, existe la posibilidad -creemos- de incorporar adecuadamente en su discurso una reformulación del tratamiento dado hasta ahora de los procesos ecológicos -excluidos en el "marxismo histórico"-, lo mismo que una reconsideración del concepto de progreso económico y humano en general. Como sostiene Enrique Leff:
El conocimiento científico de las relaciones entre naturaleza y sociedad implica la necesidad de aprehender sus mutuas dependencias y sus diferentes formas de indeterminación a partir de los objetos de conocimiento específicos de las ciencias constituidas en los campos respectivos de las ciencias naturales y de las ciencias histórico socialesy criticando los intentos del estructuralismo genético y de la sociobiología de fundar lo social y lo cultural en un reduccionismo biologista continua:
...la articulación entre lo natural y lo histórico no puede fundarse en una categoría ontológica de naturaleza que englobara a ambos niveles de materialidad. La materialidad de lo social no puede reducirse a las leyes físico biológicas de lo real, ni siquiera como un nivel epigenético superior de la evolución humana. (Leff, 1986, p.17)Pero no basta con reconocer que el proceso económico capitalista convierte a la naturaleza en objetos y medios mercantiles, en valores de uso primarios capaces de ser incorporados al proceso de producción de valor y plusvalor. El modo de producción capitalista no se articula con el ambiente solo por medio de la apropiación de los recursos naturales (medio biótico y abiótico en general), ni tampoco, por el efecto de los procesos físico-biológicos en la productividad de los recursos naturales:
Todo el proceso de reproducción capitalista (producción, intercambio, distribución y consumo) introduce esta mediación con la naturaleza, todo el proceso de trabajo es puesto al servicio del proceso de valorización. Por tanto, no es suficiente considerar los efectos de la actividad social sobre el medio ambiente, ni los determinantes externos que la naturaleza puede imponer sobre las condiciones de valorización y reproducción del capital. Se requiere de un principio metodológico unificador que de cuenta de esta articulación. La teoría del doble carácter del trabajo -creemos- puede servir como punto de partida para esta impostergable tarea, o al menos debemos intentar un desarrollo por esta dirección.
En efecto, el mismo Leff -citando a Marx- demuestra de manera convincente, la forma en que los "procesos naturales" participan en la reproducción ampliada del capital:
Pero el principal defecto de esta argumentación reside, no tanto en que no se demuestra explícitamente que las condiciones así creadas provocan una ruptura irremediable en el metabolismo determinado por las leyes de la vida, que produce el despilfarro de los recursos de la tierra; como más bien, en el hecho de que no ofrece el recurso epistemológico a partir del cual podamos unificar el tratamiento de todos los fenómenos de la economía capitalista en términos de una articulación de lo social con lo natural. Teniendo claro este "principio metodológico unificador", es posible analizar la dialéctica Historia-Naturaleza en el capitalismo, a partir del mismo. Se trata, como hemos visto, de la teoría del carácter dual del trabajo; la cual proscribe aprehender los procesos de la reproducción capitalista, ya sea, solo en términos de valor (forma social), o solo en términos de valor de uso (forma material). Lo anterior en el entendido de que "valor de uso" no designa aquí una categoría ahistórica, como valor de uso natural, sino la forma mercantil y capitalista (y por tanto histórica) del trabajo útil, y de la apropiación mercantil de la naturaleza. En esto consiste -creemos- la enorme potencialidad de la teoría dual del trabajo para abordar el tema ecológico, a partir de un enfoque teórico que en sí mismo no excluye dicha problemática y, más aún, se trata de un requisito del mismo, pues obliga a tratar todos los fenómenos de la economía capitalista desde este doble punto de vista: forma social y contenido natural.
También queda claro el error fundamental de pretender sustituir el análisis de la mercancía por una teoría del valor-energia: aunque puede ser una generalización relevante y pertinente del concepto marxiano de "trabajo en sentido fisiológico" (gasto de energía humana), tanto uno como el otro se ubican en un plano de generalidad propio del proceso abstracto de trabajo, esto es, del trabajo humano en general, no del trabajo abstracto (mercantil-capitalista).
IV. PERO EL VALOR DE USO NO ES EL VALOR
Conviene en este momento hacer una breve digresión. Hemos insistido en que el estudio de la mercancía debe ser enteramente consecuente -tanto en el análisis como en la síntesis- con el punto de vista de que la misma está compuesta de dos factores básicos que deben interrelacionarse dialécticamente (el valor de uso y el valor). También hemos criticado lo que consideramos es un serio defecto presente en las tendencias principales de la economía política de tradición marxista: considerar al valor de uso como una simple condición del valor de cambio, relegando su estudio a áreas ajenas de la economía. Pero esto no significa que el valor de uso deba ser confundido con el valor de la mercancía.
En su máxima abstracción (generalización), las mercancías son, ante todo, valores; y esto es más cierto conforme se desarrolle el sistema de producción mercantil. Las mercancías son al sistema de producción y de cambio lo que las palabras son al lenguaje, así, habrá algunas mercancías muy concretas (como un par de zapatos, una camisa, un libro), y otras más abstractas (como un cheque respaldado por un depósito bancario, o un certificado de inversión a plazo fijo)11. El sistema de intercambio moderno sería imposible sin este tipo de abstracciones; por ello, el trueque directo nos parece hoy primitivo, engorroso e ineficiente. Mientras más desarrollado esté el sistema de producción mercantil, más se desarrolla también este tipo de abstracciones, de forma similar a como una persona madura y culta emplea con mayor abundancia términos abstractos en su lenguaje.
Una ley del desarrollo del proceso de intercambio parece ser esta: en cuanto valores de uso, las mercancías son cada vez más y más concretas, pues la profundización de la división social del trabajo especializa cada vez más sus posibles usos, y por tanto, también su utilidad para el ser humano. No se vende simplemente "jabón", sino jabón para la ropa, jabón para los platos, jabón para el baño diario, jabón para el auto, jabón para los niños, etc. Incluso no se vende simplemente jabón de tocador, sino jabón para tal o cual tipo de piel, con diferentes presentaciones de aroma, características y propiedades químicas, tamaño, ingredientes, etc.
La "utilidad abstracta" que pregonaron los utilitaristas y marginalistas como base para su teoría subjetiva del valor ya no ostenta ningún sentido12, menos aun para los propósitos prácticos del empresario, quien necesita vender su mercancía convenciendo al consumidor y luchando contra su competencia: no vende un valor de uso abstracto, no vende un objeto con utilidad a secas, vende un valor de uso concreto, un objeto con una utilidad muy específica, con cualidades muy específicas y para un cliente también específico. Así lo postulan los nuevos enfoques mercadotecnios de la calidad y del servicio al cliente: la utilidad abstracta de los primeros neoclásicos choca de frente con la realidad contemporánea del capitalismo13.
Por lo anterior, el valor de uso -cada vez más concreto, más particular, más específico- no es una base adecuada para fundar una "teoría del valor", es decir, una base de abstracciones y generalizaciones que permita explicar el fenómeno del desarrollo mercantil y del mundo de las mercancías y el intercambio. En cuanto valores de uso, las mercancías son cada vez más y más concretas14, pero lo que ocupamos para el análisis de la mercancía es un concepto o característica que nos permita abstraer, generalizar. Ni el valor de uso ni la utilidad pueden ser este punto de partida.
Al contrario, como valores de cambio las mercancías se hacen cada vez más y más abstractas15, y como advirtió Marx, su generalidad consiste en que, como valores, son simplemente resultado del trabajo humano, sujetos del intercambio. No del trabajo en sentido fisiológico (ni del valor-energía), pues éste es propio de cualquier sociedad humana, y no de la sociedad mercantil en particular; sino del trabajo general específicamente capitalista: el trabajo abstracto. De nuevo aquí llama la atención las nuevas ideas sobre el trabajo plurifuncional y flexible que pregonan las nuevas corrientes empresariales (flexibilidad del trabajo), que no es otra cosa que un regreso al concepto de trabajo general (abstracto)16 en el sentido marxiano, ! productor de valor y plusvalor !.
V. CONCLUSIONES
Afanásiev, V. y Lantsov, V.(1986); El Gran Descubrimiento de Carlos Marx, Editorial Progreso, Moscú.
Cartelier, Jean (1981); Excedente y Reproducción, F.C.E., México.
Dussel, Enrique (1991); La Producción Teórica de Marx.Un comentario a los grundirsse, Siglo XXi Editores, México.
Dussel, Enrique (1993); "Hacia una Etica de la Liberación ecológica", Economía Informa No. 219, Facultad de Economía, UNAM, México.
Fernández, Xavier Simón (1997); Ecología ecológica. Un nuevo paradigma para el desarrollo, Revista Realidad Económica 147, Buenos Aires.
Hinkelammert, Franz (1996); El mapa del Emperador, Editorial DEI, San José.
Leff, Enrique (1986); Ecología y Capital Hacia una perspectiva ambiental del desarrollo, UNAM, México.
Marx, Karl (1973); El Capital, F.C.E., Tomo I, México.
Marx, Karl (1974); Contribución a la crítica de la economía política, Ediciones de Cultura Popular,México.
Marx, Karl (1981); El Capital, Siglo XXI Editores, México.
Mires, Fernando (1990) El Discurso de la Naturaleza.Ecología y Política en América Latina, Editorial DEI, San José, Costa Rica.
Rosdolsky, Roman (1983); Génesis y estructura de El capital de Marx (estudios sobre los Grundrisse), Siglo XXI Editores, México.
Rubin, Isaac (1982 ); Ensayo sobre la teoría marxista del valor, Cuadernos de Pasado y Presente, México.
[1] Un claro representante de esta posición ha sido Paul Sweezy, quien en su conocido manual de economía marxista escribió: "El valor de uso no da a una mercancía ningún carácter peculiar. Los objetos de consumo humano en todas las épocas y bajo cualquier forma de sociedad poseen igualmente valor de uso. El valor de uso expresa cierta relación entre el consumidor y el objeto consumido". Resulta hoy claro que esta posición de Sweezy estuvo influenciada por la noción neoclásica de utilidad, al grado de que el neo-marxista estadounidense los considera equivalentes. Uno de los pocos marxistas que se ha ocupado correctamente de este tema es Roman Rosdolsky, en su conocido estudio sobre los grundrisse (capítulo 3 de la parte I).
[2] El Manual de Economía Marxista, de E. Mandel representa una excepción, pero incluso en esta obra -como fue reconocido por el propio Mandel- el material histórico-empírico es introducido de forma sustancialmente descriptiva.
3 En efecto, recordemos el comentario que hace Marx al concepto de valor de uso en Nicholas Barbon, según el cual, en todas partes las cosas tienen siempre la misma "virtud intrínseca" (valor de uso): "La propiedad del imán de atraer el hierro sólo se volvió útil cuando, por medio de ella, se descubrió la polaridad magnética" (Marx, 1981, Vol 1, T. I, p. 44, subrayado nuestro)
[4] Cfr. El Gran Descubrimiento de Carlos Marx, Editorial Progreso, Moscú, 1986.
[5] "El valor así es una "relación social subsistente" con dos polos constitutivos: es "relación social" en su productualidad, en cuanto el trabajo vivo crea un plus-valor; es "relación social" en su intercambiabilidad, en cuanto el producto ha sido producido para otro, para ser vendido, para realizarse como dinero. Y aún, es "relación social" en su propia potencial material consuntividad, en cuanto dice relación al consumo del otro..."(E. Dussel, 1991, pp. 326-327).
[6] Así, Marx atestigua que el "trabajo general" es muy antiguo, es decir, no es propio de las condiciones capitalistas de producción: "El trabajo es una categoría del todo simple. Y también la concepción del trabajo en este sentido general -como trabajo en general- es muy antigua". (Marx, 1976, p. 262).
[7] Marx prosigue el párrafo transcrito en la nota al pie previa de la siguiente manera: "Sin embargo, concebido económicamente bajo esta simplicidad, el "trabajo" es una categoría tan moderna como lo son las condiciones que engendran esta abstracción simple". idem.
8 "...podríamos decir que "valor ecológico" )o lo que tadicionalmente se denominaba "valor ontológico", el honum trascendental medieval) es una determinación que se corresponde a la cosa como tal, por ser real, natural, momento del cosmos" (Dussel, pp. 56,57)
9 "Para Marx, tanto la naturaleza (la tierra) como el trabajo vivo (la persona) no pueden tener ningún valor "de cambio" (lo llamaremos valor "económico"), porque son la "fuente" tanto del valor "de uso" (la naturaleza y el trabajo vivo) como del valor "de cambio" (solo la persona humana del trabajador). Dussel, 1993, p. 56
[10] CFR: Fernando Mires, 1990, pp.41-44.
[11] La época moderna está inmersa en un mundo pleno de abstracciones basadas en el lenguaje y expresadas en símbolos escritos o impresos. Pero existen palabras concretas como casa, árbol, martillo o lápiz; y existen otras más abstractas, como democracia, libertad, justicia o verdad. Mientras mayores sean nuestros conocimientos, más grande es el uso que hacemos de las abstracciones al razonar, mientras que un niño -y lo mismo podemos decir de la infancia de la humanidad- emplea y comprende básicamente palabras concretas en sus razonamientos.
12 Cfr. Hinkelanmert, 1996, pp. 192-193
13 Cfr: idem.
[14] Por esto precisamente, la astucia e inteligencia de "MacGyver", el personaje de la popular serie de televisión, consiste en inventar usos desconocidos u originales para los más diversos objetos: una pistola le sirve como llave de cañería, un telescopio como base de un lanzacohetes, un producto farmaceútico inofensivo para preparar un material explosivo, etc. En un mundo de valores de uso super especializados, se requiere en verdad de gran inventiva para darle a tales objetos usos prácticos distintos de aquellos patentados desde la fábrica.
[15] Se trata del mismo proceso de generalización y abstracción de la mercancía que estudia Marx en el apartado 3 del capítulo I de El Capital: forma simple, forma total, forma general y forma de dinero del valor; a las que podríamos agregar la "forma fiduciaria" del valor.
16 No en vano, el mayor "descubrimiento" de las ciencias gerenciales de la década de los 90 ha consistido en reconocer que "el mayor factor de costo de cualquier empresa es la duración (esto es, la extensión de tiempo, H.M.) de sus procesos y que la manera de minimizarlos es la organización por procesos". José Leñero, El Financiero, 20-26 de abril de 1998. En efecto, el análisis del valor que se encuentra más o menos implícito en enfoque s como el Justo a Tiempo o la Reingeniería, se basa en teorías pre-marxistas del valor, como la de Petty o la de Smith./Ricardo.
[17] "Si el valor de cambio no es otra cosa que el tiempo de trabajo contenido en una mercancia, ¿cómo pueden poseer valor de cambio las mercancías que no contienen trabajo? O en otros términos: ¿De dónde procede el valor de cambio de las simples fuerzas de la naturaleza? Este problema se halla resuelto en la teoría de la renta del suelo". (Marx, 1976, p. 68)