La metodología ha sido una temática manejada y aplicada generalmente por técnicos que se arrogaban o se les atribuía autoridad para determinar lo que era correcto o indebido en los procesos investigativos y de evaluación de las acciones en el medio social. En el presente se comienza a cuestionar de manera sistemática y cada vez en mayor medida la importancia otorgada a las metodologías o técnicas que se emplean en la investigación y en la evaluación.
Esta vertiente crítica, no se puede decir, en sentido estricto, que es totalmente nueva, por el contrario es la continuidad de perspectivas que ya se habían planteado en el pasado. Lo nuevo son las circunstancias que promueven que esos cuestionamientos se aprecien como evidentes y pertinentes en el actual desarrollo científico. La revaloración de posiciones ha implicado también relativos cambios en la concepción de la ciencia y la labor científica, así como también en las aplicaciones de la producción tecnológica. De una idea que suponía que la ciencia proporcionaba los conocimientos absolutos de la realidad y nos daba las fórmulas y recetas de cómo hacer las cosas para obtener determinado resultado, se ha pasado a postular que los conocimientos científicos son relativos, no absolutos, inmutables ni universales. Relatividad fundada en que los conocimientos científicos son históricos, esto es, condicionados por los conocimientos, prejuicios y necesidades sociales existentes en un momento determinado a los que el investigador no se puede abstraer y por lo tanto presentes en sus descubrimientos. Esta modificación ha implicado también una transformación en la concepción de la realidad, de una visión cotidiana de la existencia de leyes universales aplicables a los cuerpos celestes y la sociedad, se ha pasado a postular que las pretendidas leyes, también deberán ser cuestionadas, dado que no existen en el mundo de lo real fenómenos que puedan ser idénticos a otros. La peculiaridad de las realidades sociales, individuales, tecnológicas y naturales, ha dado una dimensión adicional a la relatividad de los conocimientos científicos1.
El redescubrir la presencia de la sociedad, los científicos y el propio dinamismo de la realidad que ya había sido enunciado por Heráclito, en sentido estricto no es una novedad, pero ha sido negada con frecuencia en la práctica académica e investigativa y de manera particular en los procesos de evaluación.
LA TÉCNICA EN LAS RELACIONES ECONÓMICAS
El aumento de la capacidad productiva del trabajo, efectuado básicamente por incremento en su intensidad o tiempos de producción, así como por modificaciones técnicas y tecnológicas en la producción, ha garantizado la reproducción y ampliación de las condiciones de desigualdad y de poder existente. Las formas de producción han posibilitado que cada vez más personas se integren a los procesos de trabajo contemporáneos, así, las mujeres y los niños están más activamente incorporados a la vida productiva, o dicho de manera más precisa, a desarrollar actividades remuneradas. Asimismo, se ha incrementado la capacidad para movilizar recursos y propiedades para los usos de la valorización. Esto es, se han generado procesos de concentración de los recursos y centralización de los mismos en cada vez menos propietarios. Esto ha sido una regularidad en el capitalismo, y constituye contemporáneamente en períodos de globalización, una cotidianidad, como un medio ante el incremento de los niveles de incertidumbre que ocasionan los procesos de estancamiento y recesión en la economía mundial2.
De manera específica, es posible afirmar que el privilegio de la técnica no surge espontáneamente, tiene sus determinaciones. En este sentido, la condicionalidad de la técnica en la economía no es un elemento secundario, por el contrario ha tenido y tiene una significación que es importante e incluso trasciende lo económico para incidir en la organización de la sociedad. En el presente crítico para la expansión y crecimiento del capitalismo a escala mundial, también es posible afirmar que existe el componente tecnológico, con la tercera revolución industrial, que hace peligrar las formas consolidadas de poder asociadas también a modos técnicos de producir y de dominación el mercado mundial.
Históricamente la técnica ha estado directamente asociada con la manera que han evolucionado las relaciones económicas, su escala de producción y los niveles de concentración y centralización de los capitales. Asimismo, la expansión en el uso de la técnica ha estado directamente relacionada con las formas ideológicas y cognitivas, que le asignan el carácter de verdad a las aplicaciones instrumentales en los procesos de producción y de trabajo. A continuación, de manera breve se presentará esas referencias, así como su cuestionamiento a la luz de los conocimientos contemporáneos.
A. LA MECANIZACIÓN, PRODUCTIVIDAD, COMPETITIVIDAD Y RENTABILIDAD ¿IMPLÍCITAS CONDICIONALIDADES?
De manera breve, se puede afirmar que la importancia de la técnica en la sociedad moderna, impregnó con su característica la propia concepción que se tenía de ciencia. Así, Frederich Taylor, establecía como actividad y conocimiento científico administrativo, la posibilidad de la obtención en todos los casos resultados idénticos con la aplicación instrumental, que reducía los tiempos y movimientos del trabajo humano y con ello la elevación de la productividad.
La visión mecanicista o técnica tuvo y tiene el embrujo ideológico de suponer haber controlado los medios para obtener los fines propuestos. La incertidumbre, tan temible en el pasado como en el presente, erradamente se suponía superada con Taylor, lo cual podría ser explicado en razón de las limitaciones cognoscitivas y prejuicios de la época.
Sin embargo, el que hoy se reediten las concepciones mecanicistas del pasado, han convertido a la técnica y a su inexacto equivalente (la tecnología), en una ideología que se resiste superar una superficial y estereotipada relación funcional y utilitarista con la productividad y la rentabilidad.
Si bien la técnica, más que el conocimiento que la sustenta, ha constituido históricamente una fuerza productiva por excelencia en la elevación de la productividad del trabajo y cuya realización mercantil se vinculaba directamente con la maximización de la rentabilidad del capital. Sin embargo, las circunstancias que contextualizan esa concepción, que son históricas y como tales dependientes de relaciones y procesos sociales, de ningún modo pueden validarse para el presente.
Veamos, la técnica ha sido desde hace mucho tiempo el componente más importante del valor y precio en las relaciones mercantiles, independientemente de los valores generados por unidad de tiempo. Esto es, las revoluciones industriales desplazaron al trabajo humano directamente vinculado con la competitividad y la rentabilidad del capital, para estar supeditado a la técnica. Es decir, la productividad del trabajo quedaba reducido a las técnicas usadas. Sin embargo, estas características ya no constituyen "verdades" para el presente, la técnica en nuestros países, no abarata los precios de las mercancías por supresión de trabajadores, puesto que el precio del trabajo es bajo y aún tiende a disminuir más. Por el contrario el precio de la técnica empleada es la causante principal que limita el abaratamiento de los productos, lo cual a su vez condiciona la posibilidad que los productos puedan ser adquiridos por cada vez más consumidores.
Aspecto que no es considerado aún como elemento importante en la competitividad, pues se asume que sólo es posible tener esa capacidad empleando la más avanzada tecnología existente en el mercado. Lo cual, como es posible imaginar, privilegia a los vendedores de tales bienes que son los países industrializados, con quienes los países del tercer mundo establecen relaciones dependientes y subordinadas.
Pero, esta relación tampoco es transhistórica, así, es posible postular que la técnica en el presente tampoco constituye la fuente para la competitividad y la eficacia, aún cuando son muchos los que lo privilegian3.
En ese sentido se puede decir que la propiedad y uso de las máquinas afectan los valores que son apropiados, independientemente de la aceptación mercantil de los productos resultantes de tales aplicaciones, y de la fijación cuasi monopólica de sus precios de las máquinas. Hoy, más que en el pasado, el valor del conocimiento generado por la investigación, es una dimensión adicional que indudablemente esta incidiendo de manera destacada en el precio de los bienes y servicios consumidos por el mercado mundial.
Los costos por la investigación y la renovación técnica y científica, son valores que se plasman en las máquinas, las cuales permiten crear nuevos mecanismos que pueden superar la velocidad y cadencia de otros, o limitar los riesgos de la rutinización, cansancio, errores, etc. de los operadores de las máquinas, pero no permiten superar o aumentar los excedentes, ganancias o beneficios, por el contrario, sus costos y rápida e incesante renovación hacen inviable su aplicación rentable y competitiva. La robotización es una muestra de ello.
La subsunción real de la labor científica, funcional en el pasado, se ha convertido en disfuncional. El dinamismo social y económico ha generado una nueva contradicción que afecta las relaciones internacionales y nacionales.
Una de sus dimensiones a la que nos hemos referido ha sido los efectos que tiene la globalización en el empleo y el subempleo, no sólo en los países de América Latina, sino en los propios países industrializados. En Europa4 y en Estados Unidos5, los problemas de empleo no pueden ser resueltos. Los tratados de integración a través de la Unión Europea ni con el Tratado de Libre Comercio, podrán intentar equilibrar las cifras macroeconómicas, pero son hasta el momento no son una alternativa para evitar el incremento de la pobreza. Las formas jurídicas que impiden el acceso de los pobres de otros países a laborar en los países de mayor desarrollo relativo, sólo brindan satisfactores ideológicos, chovinistas y racistas, en las sociedades conservadoras y reaccionarias, más de ningún modo soluciones a los problemas sociales, políticos y económicos, que se han generado históricamente en esos países y que se expresan en el presente globalizado.
Pero, las contradicciones expresadas con anterioridad, en relación con la subsunción real del trabajo científico y tecnológico que esta también mundializado y que ha afectado las industrias de los países industrializados, no sólo se expresa en la capacidad de absorción laboral, también tiene efectos significativos en la competitividad internacional.
Dicho de otro modo, la dimensión internacional de la globalización, ha significado una limitación real de acceso a mercados en razón de los precios de los productos, es a la vez una limitación de los costos de reproducción social en donde se produce y aplica la tecnología6.
La paradoja en esta relación, no esta sólo en relativizar la significación de la técnica en razón de los valores o costos históricos de la reproducción social, sino que también pone en evidencia la imposibilidad de que los propios mercados nacionales tengan la capacidad de consumir lo que la industria de un país produce.
Esto es, la crisis del presente expresa una relativa nueva contradicción, las exportaciones de formas de vida más austeras, precarias o pobres, se están convirtiendo en alternativas de consumo para los países más "desarrollados", lo que revela la precaria factibilidad de sus propios proyectos de expansión y crecimiento industrial.
Pero esto, no implica como que los países pobres se beneficien de ese proceso, por el contrario también nuestros países son afectados por similares procesos que los países industrializados. La producción nacional de cada vez más países latinoamericanos tiene capacidad competitiva internacional, pero los mayoritarios consumidores de esos países no pueden acceder a dichos productos. La homogeneización de las condiciones de pobreza entre los países7 no constituye una alternativa para la ampliación de los mercados, por el contrario los mercados se contraen y se restringen más rápidamente de los productos de los países industrializados. El empobrecimiento, en sus expresiones de miseria, hambre, guerras internas, delincuencia, muertes por inanición y enfermedad, son una realidad para la colectividad mundial, obviamente las expresiones históricas y sociales nacionales marcan la diferencia entre ellas, pero en todos los casos son retrocesos en los logros alcanzados. No es extraño que no sólo se hable de la década perdida, ni sólo referido para América Latina, para hacerlo por un período mayor de décadas y muchos países incluyendo a los países industrializados.
La globalización no confronta técnicas sino sociedades, formas y estilos históricos de vida.
La enorme capacidad técnica para producir ha tropezado con la limitación de los ámbitos mercantiles, los cuales globalizados no constituyen una alternativa viable a la acumulación para el capitalismo mundial. La vieja preocupación del tamaño de los mercados para la cada vez mayor capacidad productiva de las potencias económicas, también encuentra el obstáculo de la cada vez menor capacidad de consumo de las mayorías del mundo. El aumento del consumo de los pocos no constituyen una alternativa para el capital. Es decir, el proceso generado por la propia centralidad y concentración del capital a escalas nunca antes alcanzada en la historia, es el factor del propio límite de la expansión del capital.
El poder que genera la concentra-0ción y centralización de la riqueza esta determinando de manera significativa la permanencia en el mercado de las empresas. La capacidad técnica relativamente homogeneizada ya no es factor que determine el devenir exitoso de las empresas.
La obsolescencia técnica de las máquinas, veloz e incesante, impide que las empresas puedan acceder a ellas ante una capacidad instalada que aún no ha sido depreciada. La competitividad de las empresas no se define por su capacidad técnica y menos aún por el precio del trabajo o sus costos de reproducción. El poder económico y político para imponerse a un mercado, en nuestros días esta incidiendo de manera significativa en la recomposición o reajuste estructural de las economías latinoamericanas, pero paradójicamente dicho acceso no es para atender a esos mercados, sino para satisfacer las necesidades de mercados que si tienen capacidad de consumo. Así, proliferan las industrias de maquila y la producción agrícola no tradicional, las cuales buscan los mercados ajenos a los nacionales e incluso de nuestros ámbitos económicos regionales.
El desarrollo técnico en la producción en América Latina esta orientado hacia otros consumidores, esto es, se está atentando contra la seguridad alimentaria y en general con su posibilidad de reproducción social y económica en aquellos países, dado que la tecnología empleada para la producción, a la vez que es importada, tiene como condición la reducción del trabajo humano.
Esto es, el bajo precio de la fuerza de trabajo no es en esos contextos razón suficiente para utilizar los recursos técnicos y de trabajo del medio nacional latinoamericano, por el contrario se pretende y se logra una gran homogeneización técnica. Se cree en el mito que dicha igualdad técnica permitirá la competitividad y la calidad de vida lograda en los espacios industrializados en donde se usa8. De esta manera los desequilibrios externos de aquellas economías se agudizan conforme se intensifican sus vínculos con las economías industrializadas, tanto por la importación de técnicas e insumos productivos, como por la inseguridad de aceptación de dicha producción en los mercados de los países industrializados, ante la competencia de otros con similar desarrollo que producen lo mismo y concurren a los mismos mercados.
La técnica es importante económicamente en las relaciones internacionales, a la vez que se ha convertido en el medio a través del cual se reproducen y profundizan las iniquidades, o dicho de un modo diferente, son las formas ideológicas y las relaciones de poder, con las que se encuentra asociada la aceptación y el uso de las técnicas, las que propician los procesos de intercambio desigual entre actores diferenciados social y económicamente en la globalización contemporánea.
LA METODOLOGÍA EN EL QUEHACER CIENTÍFICO Y EVALUATIVO
La metodología en el ámbito de la ciencia durante largo tiempo en el pasado y por muchas generaciones fue conocida como metodología científica, esto es, se concebía como la aplicación de una serie de procedimientos los cuales supuestamente otorgaban el carácter de científicos a los resultados que se obtenían.
Ha sido una creencia generalizada que los análisis científicos deban poseer una gran rigurosidad técnica, por ello a través de la historia y contemporáneamente se le continua poniendo un acentuado énfasis a los aspectos instrumentales de la investigación, esto es, a la forma como se confeccionan los materiales para la recolección de información, su procesamiento, así como también en las cantidades que validan las consideraciones inductivistas. Esta visión constituye una limitación para comprender la ciencia y también la realidad, a la que supuestamente se pretende comprender, evaluar y transformar.
Es persistente la creencia de que es posible conocer y controlar las cosas desde fuera, sin necesidad de referirse a las peculiaridades de los objetos que se estudian o se evalúan. Los objetos de evaluación y de investigación social han sido apreciados como cosas inertes y sin capacidad de definir su propio destino ni de condicionar y controlar particularmente estímulos con los cuales se relaciona. Esta es una forma de investigar y evaluar improcedente, pues los actores sociales son los artífices relativos de su propio devenir, luego su omisión es una cuestión que distorsiona y paraliza la evaluación, o dicho de otra manera, no es posible conocer ni valorar adecuada e integralmente un programa o proyecto sin tomar en cuenta a los actores participantes de lo que se estudia y evalúa.
El concebir lo científico como ajeno al investigador, a su visión del mundo y a su interpretación particular de lo que se busca comprender, se sustentaba en razón de la pretendida objetividad que debía tener la ciencia, la cual no debía contaminarse de las apreciaciones valorativas de los investigadores. Así, lo que se ofrecía como neutral y objetivo eran los procedimientos técnicos y las mediciones estadísticas. Los resultados que se obtenían eran "objetivos" y "neutrales" por ser producto donde no había intervenido el investigador, el contexto donde se generaban los acontecimientos y las teorías o interpretaciones existentes.
La objetividad de la ciencia esta relacionada con la comprensión de sucesos existentes, los cuales tienen una existencia independiente de la conciencia de los individuos, sin embargo, cuando hablamos de conocimiento se hace implícita referencia a la aprehensión cognoscitiva por parte del investigador. Luego, es objetiva la ciencia por la existencia de lo que estudia, pero será también subjetiva en la medida que hay una percepción, valoración e de lo que se analiza y evalúa. Es en función de esa ponderación que el investigador opta que estudiar y como hacerlo.
En ese sentido, la labor científica no es una labor ajena al investigador, pero tampoco puede serlo del objeto que se investiga y evalúa.
La objetividad o la neutralidad del método "científico", ha significado también la desvinculación de las técnicas o procedimientos con lo que se pretende estudiar y evaluar. Así, se ha considerado como instrumento "científico", alguna encuesta, modelo econométrico, procesamiento de datos, etc. Se han definido las técnicas en razón de ellas mismas, sin tomar en cuenta el ámbito en donde se emplean, de las características de lo evaluado, etc. Por ejemplo, se determina el tamaño de la muestra empleando una fórmula estadística, sin que se tome en cuenta la característica de lo investigado, de lo que se pretende demostrar, etc.
La técnica tiene supuestos teóricos y como tal también determinaciones sociales. No existe ningún método que sea neutral, se crean para hacerse de un modo preciso para propósitos definidos. Los instrumentos no se aplican de cualquier manera ni para obtener imprecisos resultados. Ella obedece a criterios adoptados por sus creadores en razón de sus conocimientos, experiencias e incluso creencias, así como de los recursos disponibles. De esta manera es posible suponer que se pueden obtener determinados resultados usando técnicas distintas, como también articularlas o crear nuevas.
En el uso generalizado de algunos procedimientos existe una persuasión ideológica de lo que se pretende lograr, lo cual no necesariamente implica que se pueda obtener, dado que los resultados de las aplicaciones, dependerán también de las circunstancias en las que se aplica y a quien se les aplica. No es posible imaginar en un mundo que no es mecánico, rígido ni los fenómenos idénticos, que siempre se obtengan los mismos resultados con alguna aplicación técnica. Los antibióticos, las vacunas, las políticas económicas, los desastres naturales etc. no obtienen resultados idénticos por ser diferentes los seres vivos, las sociedades y la naturaleza.
La técnica sin embargo es importante, porque nada se realiza sin emplear determinados procedimientos, pero serán medios que deberán estar adecuados o funcionalizados a las características del medio en donde se aplican, como de los propósitos que se desean lograr.
Expresado de modo distinto, se podría decir que la técnica tiene una determinación dependiente del investigador que la emplea, del objeto en donde se usa, así como, de los implícitos teóricos que tienen dichos procedimientos. La neutralidad y la universalidad del mecanicismo desaparecen, para adecuarlos a los conocimientos de una realidad, cualquiera que sea esta, que nunca es idéntica a otra.
La particularidad y relatividad son algunos de los postulados de la ciencia contemporánea, que afecta a la concepción que se ha tenido sobre la técnica.
En este sentido discutir sobre la mejor técnica en si y por si misma, es una discusión desactualizada y absurda. Ello supone modificar las prácticas académicas en torno de lo que es una investigación o una evaluación, las cuales de ningún modo pueden ser reducidas a simple aplicaciones metodológicas.
3. LAS VARIABLES Y LOS INDICADORES
Las variables y los indicadores son expresiones de la realidad que se evalúa o investiga, luego son registros de fenómenos existentes.
Las variables que dimensiones de la realidad sometida a estudio, no son validas por sí mismas, sino en razón de formas explicativas o interpretativas que se adoptan. Esto es, no es posible suponer que para cualquier investigación se requieran usar las mismas variables para estudiar aspectos diferentes de esas u otras realidades.
De manera similar, las expresiones o registros que se asumen como componentes de las variables: los datos, sólo tienen pertinencia demostrativa en razón de las tesis o hipótesis que se pretenda evidenciar como validas. En una investigación o evaluación de alguna política pública, no se busca recopilar o construir cualquier dato, se buscan aquellos que tienen alguna significación para probar alguna propuesta explicativa, o dicho de otra manera, que el dato se inscriba dentro de una significación adicional a su construcción, de esta manera, la importancia del dato no es independiente de su uso teórico. Así, las afirmaciones regularmente aceptadas y enseñadas como que "los datos hablan por sí solos" y "primero los datos y luego la interpretación", se revelan como errados, producto de una visión epistemológica empirista y positivista9. Entonces, tampoco los datos son neutrales y alejados de la teoría, a ellos se le ha otorgado significación y han sido construidos y recolectados de maneras que no son arbitrarias, sino selectiva y con precisos propósitos.
Las variables e indicadores desarraigados de teoría no tienen mayor significación que aquella que se desprende de la forma como ha sido construido y procesado. Es decir, a través de esa reconstrucción analítica del dato en algunos casos es posible intentar la reconstrucción de sus implícitos interpretativos que tienen. Dicho de otro modo en cada variable e indicador hay interpretaciones implícitas.
En este sentido, no es posible suponer que los datos podrán servir para cualquier investigación. Sin datos, no hay una prospección de la realidad y sin estos no puede existir la comprensión de aquella.
Las teorías y los datos conforman una unidad que no es posible escindir. Las teorías se validan con los referentes empíricos, con la articulación de los datos y estos requieren ser contextualizados para comprender su significación particular sobre los fenómenos que se estudian.
Los indicadores como registros de la realidad, están insertos en las circunstancias en las que son tomados, esto es, no puede existir un valor que trascienda las circunstancias de su registro. Constituyen valores inscritos en el tiempo y el espacio, no son por lo tanto universales. La pobreza por ejemplo, existe en todos los países del mundo, sin embargo, esta es distinta en cada contexto por razones históricas, culturales, coyunturales, etc. Suponer que los indicadores de pobreza para Nicaragua, sean iguales para Canadá, Francia, Ruanda, etc. es indudablemente un error.
La condición humana deviene en contextos distintos y en ella se desarrollan relaciones que son diferentes a otros ámbitos. La cultura que nos une a los grupos y sociedades, también nos separa en las relaciones generadas social e históricamente. En ese sentido, la pobreza es una categoría analítica que se evidencia en todos países del mundo, pero no podrá ser comparada en relación exclusiva de indicadores y variables, dado que no es posible comparar situaciones distintas con los mismos datos. Realidades distintas requerirán también distintos datos que muestren la existencia de determinados fenómenos.
La pobreza es posible ser comparada entre países, pero la comparación no será con las mismas variables e indicadores, puesto que no es posible homogeneizar los datos, aun cuando se sabe que las realidades sujetas a comparación tienen pobrezas diferentes.
Sin embargo, la tradición cuantitativa y estadística lo que generalmente ha efectuado son comparaciones de magnitudes de datos por sí mismos, independientemente de su trascendencia, impacto, relaciones, etc. que le dan significación a dichos datos. Para ejemplo de ello, ahí se encuentran los indicadores de pobreza y de desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los Indicadores de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, así como las estadísticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), en donde lo que se compara son números no realidades, se cree ingenuamente que esas cantidades representan objetivamente los procesos nacionales, que esos valores son producto de iguales causalidades y de similares repercusiones, por ello el FMI y BM demandan y condicionan políticas económicas similares ante los desequilibrios fiscales de América Latina, que suponen tiene un similar origen y que atribuyen erradamente un resultado idéntico aplicando sus "recetas" macroeconómicas. No hay que tener mucha imaginación y conocimiento de las realidades nacionales que acciones idénticas aplicadas en contextos distintos no tendrán resultados idénticos, por ello quizás esas organizaciones hijas de Bretton Woods, hoy estimen que sus "recomendaciones" no han tenido los resultados esperado.
Los indicadores o en general los datos, no expresan la realidad, sólo son una expresión de ella, y como tal parcial y relativa, dado que ellos no son sinónimos de la realidad en su conjunto y complejidad. Por ello en la evaluación y en la investigación es posible tener indicadores y variables diferentes para evaluar programas y proyectos distintos, así como también para apreciar la incidencia en los heterogéneos actores sociales comprometidos con dichas evaluaciones.
* Juan A. Huaylupo Alcázar es docente en la Maestría en Integración Regional de la Universidad Nacional y en la Maestría en Administración Pública de la Universidad de Costa Rica. El presente trabajo fue realizado durante la permanencia en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Quebec de Hull, donde fue profesor invitado durante enero a marzo de 1997
1 La igualdad clónica que se presenta como novedad tecnológica en los seres vivos, asume como presupuesto que la naturaleza sólo se encuentra determinada por procesos genéticos, el medio y el propio devenir de complejos procesos orgánicos y sistémicos en los seres vivos, así como, la interacción y condicionamiento dinámico con su entorno, al parecer no son tomados en cuenta. Se cree haber creado la máquina viviente y con ello la posibilidad de hacer de la experimentación con seres vivos considerados máquinas, para nuevos descubrimientos.
2 Hawken, Paul. La economía que viene. Alianza Editorial. Madrid, 1983; Sacristán Colás, Antonio. "Keynes ante la crisis mundial de los años ochenta, Editorial Siglo XXI. México, 1985; Mandel, Ernest. La crisis. Editorial Fontamara. Barcelona, 1977; Block, Fred. Los orígenes del desorden económico internacional. Editorial Fondo de Cultura Económica. México, 1989; Aguilar, Alonso. La crisis del capitalismo. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1979; Bleaney, Michael. Teoría de las crisis. Editorial Nuestro Tiempo. México, 1977; Vence Deza, Xavier. Economía de la innovación y del cambio tecnológico. Editorial Siglo XXI. Madrid, 1995; Thurow, Lester. La guerra del siglo XXI. Ed. Vergara. Buenos Aires, 1992; Thurow, Lester. El futuro del capitalismo. Editorial Ariel Sociedad Economía. Barcelona, 1996.
3 Michael Porter es un investigador de la Universidad de Harvard, en cuya obra se privilegia lo técnico como un aspecto sustantivo. La influencia y presencia de Porter en el medio centroamericano es particularmente importante, tanto en medios oficiales como académicos.
4 Estefanía, Joaquín. La nueva economía. La globalización. Editorial Debate S.A. Madrid, 1996.
5 Thurow, Lester C. El futuro del capitalismo. Editorial Ariel. Colección Sociedad Economía. Barcelona, 1996.
6 La ilusión, fantasía o especulación neoclásica de igualación de las condiciones de producción para la comparación o igualación relativa de los precios entre productos de un mercado o en mercados internacionales, también se muestra como una ficción en esta reflexión, dado que, no son razones técnicas lo que caracterizan las relaciones económicas internacionales sino de una naturaleza más compleja, en donde la historia y características de las sociedades adquieren capacidad explicativa.
7 Pérez Sáinz, Juan Pablo. De la finca a la maquila. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). San José, 1996; Pérez Sáinz, Juan Pablo. Neoinformalidad en Centroamérica". Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). San José, 1996. Bodson, Paul, Cordero, Allen y Pérez Sáinz, Juan Pablo. Las nuevas caras del empleo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). San José, 1995. "Los salarios africanizados de los peruanos" Revista ¿Qué Hacer? DESCO. Lima; "De cholo barato a cholo regalado" Revista Actualidad Económica. Lima.
8 La homogeneización técnica en los procesos productivos internacionales, es básicamente un producto de relaciones de poder existente. Se imponen las técnicas especificas que deberán ser usadas en los procesos productivos, por quienes compraran los productos y que no por casualidad, son los mismos países a quienes se les vende. Así como también se impone la compra de maquinarias, equipos e insumos industriales de países que otorgan créditos a otros países con menor grado de desarrollo. El conocimiento de saber que no existe una sola forma de hacer las cosas, como tampoco una y exclusiva manera de satisfacer las necesidades, es un aspecto cognoscitivo que no tiene el poder de las relaciones económicas prevalecientes.
La cultura, ideología, historia, etc. son elementos que intervienen en la forma como deberán técnicamente hacerse las cosas. Esto es, la técnica como producto dependiente de cuestiones sociales (poder, ideología, etc.), constituyen dimensiones por lo general no contemplados en los análisis sobre la técnica.
9 Chalmers, Alan. ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Editorial Siglo XXI. Madrid, 1982.