SAD, 03/01/97, DESARROLLO Y ONGS EN EL SALVADOR: RETOS Y PERSPECTIVAS

Serie Alternativas para el Desarrollo

País/Country: El Salvador

Fundación del Desarrollo de El Salvador

Autor/Author: Alberto Enríquez

Número/Number: 44

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 03/01/97


Introducción

Para analizar y lograr una aproximación a los retos y las perspectivas que enfrentan y se vislumbran para los sectores organizados de la sociedad civil salvadoreña, de la cual forman parte las ONGs, consideramos apropiado partir de tres momentos que se entrecruzan y se condicionan mutuamente:

Estas tres dimensiones constituyen tres fuentes fundamentales de los grandes desafíos que en el Siglo XXI deberá enfrentar la sociedad civil, y en consecuencia las ONGs, en y desde El Salvador.

Desafíos para la Sociedad Civil

1. Primer desafío: Comprender las tendencias globales y situarse en las grandes corrientes mundiales.

1.1El proceso de globalización: Hacia una aldea global con un barrio marginal en expansión.

Nadie pone en tela de juicio que el mundo que se acerca al nuevo siglo es escenario de profundos y vertiginosos cambios en todos los terrenos de la vida humana: económicos, sociales, políticos, científico-técnicos, culturales y geopolíticos. Estos cambios atraviesan a empresas, estados, iglesias, familias, etc., y para muchos son apenas los primeros pasos hacia una nueva civilización.

El proceso de globalización debilita las fronteras y hace cada vez más interdependientes a los países a través de la mundialización de las finanzas, el comercio y los procesos productivos, el desarrollo de la informática y la telemática, etc.

Sin embargo, la globalización nos enfrenta con una paradoja: mientras, por una parte, crece el consenso internacional en favor de la democracia, el pluralismo y el respeto a los derechos humanos, por otra, alcanzamos niveles sin precedentes de sufrimiento humano y de degradación del medio ambiente.

Mientras, en términos de la economía global, nos aproximamos -con contradicciones- a un solo mundo, en relación a la condición humana, surge una nueva línea divisoria, más fuerte que las existentes tradicionalmente entre Oriente y Occidente o entre Norte y Sur: la línea que separa a los que viven con holgura y a los que ni siquiera logran satisfacer sus necesidades vitales más esenciales.

Por eso, Darcy de Oliveira y Rajesh Tandom, en un análisis mundial sobre las tendencias comunes que presenta la sociedad civil, retoman la figura de la "aldea global" que pretende expresar precisamente esas tendencias a la globalización de la economía y la política y al desdibujamiento de las dimensiones nacionales y le añaden una constatación socio-económica: "nuestra aldea global tiene un barrio marginal en expansión"1.

Para ellos es evidente que "en el mismo movimiento radical mediante el cual el capital y la tecnología, aboliendo las distancias y las fronteras tienden a integrar los mercados nacionales en un único mercado global que lo abarca todo, la lógica de las ganancias y los imperativos de la competencia tecnológica dividen a todas las sociedades en dos, generando una cantidad siempre creciente de gente inútil"2. Es como si los pobres, dondequiera que estén, se hubieran convertido en un problema, por no decir en una amenaza.

Lo cierto es que nuestro mundo no podrá sobrevivir si continúa ese barrio marginal global en expansión. No podrá sobrevivir "con un cuarto de ricos y tres cuartos de pobres; medio democrático y medio autoritario; con algunos oasis de desarrollo humano rodeados de desiertos de privación humana"3.

En su último Informe sobre Desarrollo Humano (1996), el PNUD deja claro que la diferencia mundial entre ricos y pobres continúa aumentando. El crecimiento económico ha fracasado para la cuarta parte de la población mundial. En los últimos 15 años ha ido en aumento, en todo el mundo, la polarización económica.

Para el PNUD, "el aumento de la disparidad del rendimiento económico está creando dos mundos, cada vez más polarizados". Esto lleva a Gustave Speth, Administrador del PNUD, a advertir que "de continuar las tendencias actuales, las disparidades económicas entre países industrializados y en desarrollo ya no serán sólo inequitativas sino que pasarán a ser inhumanas"4.

Todo esto lo traemos a colación no para arribar a una conclusión pesimista. Todo lo contrario. Son realidades mundiales que emergen como grandes desafíos para el siglo XXI. Recordemos que el 50% de la solución de los problemas está en su adecuada comprensión. Además, los mismos procesos que globalizan los problemas, también globalizan sus posibles soluciones.

1.2 La sociedad civil, actor y componente de la modernidad a nivel mundial.

En este marco, y como parte de los nuevos fenómenos que se han desencadenado, se va perfilando como factor preñado de esperanza, un nuevo actor que busca incidir, precisamente, en los procesos que van gestando el mundo del futuro. Ese nuevo actor es lo que muchos han comenzado a llamar la sociedad civil global. Así como varios de los fenómenos apuntados aquí no tienen precedentes, la participación ciudadana a escala mundial es también un fenómeno sin precedentes. Nace de la conciencia de que los problemas globales que enfrenta la humanidad no pueden ser resueltos sólo por intervención de los gobiernos y los mercados y tampoco por acciones desplegadas exclusivamente a nivel nacional.

La sociedad civil no es una organización ni una estructura. Son millones de personas de todas las clases sociales, credos y orígenes étnicos que se vienen organizando para defender la democracia y los derechos humanos, impulsar un desarrollo más equitativo y un medio ambiente más seguro o, simplemente para mejorar la calidad de vida en sus vecindarios, o comunidades.

Una buena aproximación para su definición es lograda por Breny Cuenca cuando apunta que la sociedad civil es:

"el conjunto de organizaciones dirigidas o gerenciadas en el ámbito de lo privado o de la solidaridad ciudadana o gremial. Esta red organizacional que llamamos sociedad civil promueve diversas demandas e intereses de los grupos sociales, entre ellos: de defensa económica, de género, de promoción humana y desarrollo, científicos y culturales, entre otros. Distinguiremos a la sociedad civil del mundo institucional surgido y articulado estructural y funcionalmente al Estado. También lo distinguiremos de la sociedad política, fundamentalmente partidos y movimientos políticos, cuya meta común es alcanzar el ejercicio del poder estatal. Finalmente la distinguiremos del nivel de lo social no organizado"5.

Aquí aparece con claridad una distinción con respecto al Estado, que es necesario complementar con otra similar con respecto al mercado, dado que una de sus características esenciales es que no tiene fines de lucro.

Ese movimiento actual masivo y casi universal hacia una mayor participación e influencia de la ciudadanía constituye un fenómeno nuevo. Dicho fenómeno no es promovido por una estructura que lo abarca todo. No tiene dirección fija. No busca tener militantes ni conversos. Su objetivo no es el poder estatal. En su centro se encuentra la figura del ciudadano.

La acción ciudadana es tan multidimensional y diversa como las mismas actividades humanas. Puede ser local, regional, nacional o global, pequeña o masiva, permanente o pasajera, confrontativa o cooperativa, promovida por una o más asociaciones de personas de un mismo parecer o por grandes movimientos cívicos que incluyen pensamientos diferentes y hasta encontrados.

Un hilo conductor en este tejido siempre cambiante se encuentra en el campo de los valores: la solidaridad y la compasión por la suerte y el bienestar de los demás; un sentimiento de responsabilidad personal y confianza en la propia iniciativa de hacer lo que es correcto; el impulso de dar y compartir en forma altruista y el rechazo a la desigualdad, la violencia y la opresión.

En contraste con el poder y las reglas impersonales de gobiernos, por una parte, y con la búsqueda exclusiva de lucro y beneficio personal inherentes al mercado por otra, surge pues, lo que muchos han caracterizado -con un término que se vuelve cada día más controvertido- como un tercer sector: no gubernamental y sin fines de lucro. Y surge en todos los continentes y casi todas las sociedades. Es la sociedad civil que actúa y busca ejercer un poder para contrarrestar y complementar aquel de los mercados y los gobiernos.

A pesar de la multiplicación de organizaciones y experiencias, es hasta muy recientemente que diferentes gobiernos, empresarios, organismos multilaterales, mundo académico y medios de comunicación comienzan a reconocer la función, la importancia y el potencial de la sociedad civil. Esto no es casual. Es producto de una creciente toma de conciencia, por un lado, de la complejidad de los desafíos que plantea un desarrollo humano sustentable y por otro, del hecho de que ni el mercado, ni el Estado, pueden por su cuenta enfrentar con éxito dichos desafíos; así como también, de que "el surgimiento de la sociedad civil es ya un fenómeno internacional", y que independientemente de la ambigüedad del concepto y de la diversidad de las formas en que se expresa su accionar "la sociedad civil se está convirtiendo en un actor clave en el diseño y construcción de lo que serán los modelos de convivencia ciudadana en el siglo XXI"6.

1.3 Las organizaciones no gubernamentales (ONGs), parte y expresión de la sociedad civil.

En el seno de la sociedad civil han ido surgiendo un conjunto de instituciones de distinta índole, características y tamaño, con el propósito de impulsar la democracia y el desarrollo. Estas entidades que coinciden en su carácter no lucrativo proporcionan servicios, movilizan intereses, fomentan la autosuficiencia o se afanan por mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de los ciudadanos.

Las ONGs no tienen carácter representativo. A diferencia de los sindicatos, las asociaciones de vecinos o los movimientos sociales, las ONGs no pueden "hablar por" o actuar en representación de otros. Sólo hablan y actúan por sí mismas.

Al ser privadas pueden, en principio, multiplicarse en función de demandas e iniciativas. El crédito que se les otorgue estará en función de la calidad y los impactos positivos de los servicios que ofrezcan.

En América Latina, las ONGs se convirtieron en un fenómeno masivo a partir de los años 70. Cerca de un 68% de ellas apareció con posterioridad a 1975. El circuito de las ONGs se hizo visible como tal a fines de los 70 y principios de los 80. El término mismo, tomado de Naciones Unidas y que todavía es objeto de debate, logró reconocimiento general a mediados de los 80.

Las especialidades más comunes de las ONGs en A.L. son capacitación, consultoría calificada y educación. Hay también muchas que hacen investigación "participativa", es decir, que entraña interacción pedagógica entre sujeto y objeto durante la investigación. Pero si queremos hacer un resumen, el principal avance de la actividad de las ONGs en América Latina está en una educación para el desarrollo con énfasis en la justicia social7.

En cuanto a con quién y para quién trabajan las ONGs en nuestro continente, se han dirigido en forma especial a los pobres, dando prioridad a regiones y funciones que son más débiles en la estructura social: los pobres en general, los niños y mujeres en la familia, los trabajadores rurales en el sector productivo8.

Es en esta perspectiva, que desde inicios de nuestra década el PNUD, en su primer Informe sobre Desarrollo Humano, reconoce que "la actividad de las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y de otras organizaciones de autoayuda ha alcanzado gran auge, y ha probado su efectividad en el sentido de ofrecerle a la gente la oportunidad de ayudarse a sí misma"9. Y concluye que "en cualquier estrategia viable de desarrollo humano es esencial contar con una política global de participación de las ONGs"10.

1.4 Los principales retos que se desprenden de todo lo anterior es la necesidad de:

2. Segundo desafío: Contribuir de manera sustantiva a la generación en El Salvador de una estrategia nacional de desarrollo humano y sustentable.

2.1 Acuerdos de Paz, transición y organizaciones no-gubernamentales (ONGs):

El Salvador no escapa al influjo de los fenómenos y procesos mundiales y se desarrolla en una dinámica interacción con ellos. Pero sus cambios internos, sus procesos endógenos y sus características son también un factor determinante y le imprimen su sello propio. El Salvador no es sólo una realidad que se transformó en los últimos 25 años, sino una realidad en transición.

Los retos principales de dicha realidad son, a nuestro juicio, tres: la democratización a fondo de la sociedad, construcción de un desarrollo humano y sustentable que permita enfrentar las raíces de la pobreza, y la seguridad ciudadana.

En El Salvador, como en el resto de América Latina, desde la década de los 80 han venido surgiendo un sinnúmero de ONGs, como producto de la búsqueda de alternativas para asegurar el rumbo de la transición hacia una democracia amplia y duradera, un marco de seguridad ciudadana y respeto a los derechos humanos y mejores condiciones para combatir la pobreza y encontrar caminos hacia un desarrollo humano y sustentable.

Después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992 y durante el proceso de su implementación, las ONGs -al igual que la mayoría de instituciones del país- han venido redefiniéndose y reestructurándose. Muchas han logrado asumir roles nuevos con claridad de propósito y vínculos vigorosos con sectores pobres de la sociedad; otras han entrado en crisis y luchan por sobrevivir; y otras -que afortunadamente son la minoría- se convierten en una especie de "bote salvavidas" para resolver el problema del empleo para pequeños grupos y en "buscadoras profesionales de fondos" a partir y con el pretexto de las necesidades de distintos sectores de la población.

Más de 15 años de experiencia, y un proceso histórico tan intenso, dinámico y complejo como el salvadoreño, han permitido a muchas ONGs ir descubriendo, innovando y aportando soluciones a problemas sociales, sectoriales y económicos, para mejorar la calidad de vida de la gente y conseguir que se comiencen a sentar primeras bases en comunidades o localidades que permitan avizorar un despegue hacia el desarrollo, promoviendo y acompañando la participación y el compromiso de la población en la toma de decisiones en ciertos espacios locales y regionales, con posibilidad de impactar el ámbito público.

No todos los sectores organizados de la sociedad civil en El Salvador ni todas las ONGs pretenden responder a los desafíos que implica enrumbar el país hacia un desarrollo humano y sustentable. Muchas de ellas pueden querer el alivio de la pobreza en un determinado grupo de ciudadanos o ciudadanas, dar apoyo a personas de la tercera edad, etc. Esto es perfectamente legítimo y responde además a necesidades concretas de la sociedad. Las instituciones de asistencia serán siempre necesarias y hay que verlas como complementarias y no como opuestas a aquellas que buscan, desde un trabajo específico, contribuir expresamente al desarrollo. Es precisamente a ésta últimas a quienes más especialmente van dedicadas estas reflexiones.

2.2 Desarrollo humano y sustentable, un programa de transformaciones estructurales para El Salvador.

Lo primero que hay que señalar es que un desarrollo humano y sustentable entraña la tarea de conducir a El Salvador hacia un programa complejo de profundas transformaciones estructurales que incluyen todas las esferas de la vida nacional.

Como ya planteamos en un número reciente de esta revista11, el desarrollo sustentable es multidimensional y tiene como objetivo básico la producción de riqueza y bienestar para la mayoría de las presentes y futuras generaciones. Por eso, una genuina estrategia para lograrlo incorpora ciertos componentes fundamentales; si falta uno de ellos se pierde esa condición de sustentabilidad. En esta oportunidad queremos destacar algunos de estos:

Estos componentes son necesarios para una estrategia de desarrollo sustentable en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la manera cómo se combinan y las condiciones de las que parten y en qué se aplican le dan un carácter singular y apropiado en cada país.

Esto es clave comprenderlo, pues a estas alturas del Siglo XX ya no es posible esperar que surja un gran modelo único para el desarrollo en el mundo, ni siquiera para el continente latinoamericano.

Lo anterior, por supuesto, es válido para El Salvador que, por su parte, se encuentra en un momento muy oportuno para cambiar ese rumbo tan contradictorio de crecimiento económico sin fortalecimiento de su estructura productiva por una estrategia de desarrollo sustentable, para crear un Estado capaz de orientar e impulsar esa estrategia y para darle vida a una renovada y vigorosa participación de la sociedad civil.

2.3 Los retos específicos:

Teniendo en cuenta lo anterior, los principales retos que hoy están planteados para aquellas ONGs que quieren involucrarse en El Salvador en ese campo tan vasto y complejo como es el desarrollo económico-social son a nuestro juicio, los siguientes:

Esto exige una sustantiva mejora en la capacidad de análisis y diagnóstico con sentido prospectivo. Demanda también ganar, sobre la base del diagnóstico, una mayor confianza en el propio potencial para desplegarlo e incidir con mayor fuerza.

Ese compromiso debe expresarse, en primer lugar, en una definición clara y precisa de su trabajo. Pero también debe expresarse en políticas concretas, en sus vínculos vivos y fuertes con sus beneficiarios o clientes quienes deben saber qué esperar y no esperar de la institución, en los métodos de trabajo, en la selección y formación de su personal, en sus relaciones nacionales e internacionales, en su gestión.

Es importante reconocer que en El Salvador se quedaron atrás los tiempos de las instituciones "hacelotodo". No queremos decir con esto que ya no existan, sino que desde el punto de vista del desarrollo sustentable, se requiere una calidad en los servicios que exige superiores niveles de especialización. La "calidad total" no es compatible con la mediocridad del que quiere estar haciendo "un poco de todo".

Esto supone que cada institución, desde su naturaleza y su quehacer, debe participar de manera innovadora en la construcción de un nuevo enfoque y un nuevo estilo de desarrollo que debe, a la vez, ir permeando su propio trabajo.

Implica proponerse la recuperación de la dimensión humana del desarrollo. Entender el desarrollo no solamente como aumento de la oferta de bienes y servicios, sino como expansión de las capacidades y oportunidades de la población; no sólo como crecimiento económico, sino también como fortalecimiento de las capacidades productivas y mejoramiento de las condiciones de vida. Se trata de recuperar a hombres y mujeres como los protagonistas y el objetivo fundamental del desarrollo.

Mostrar capacidad de ofrecer propuestas, que con base en su experiencia acumulada vayan más allá de sus fronteras micro o locales e impacten en el debate y las políticas del desarrollo nacional, es fundamental y exige una gran apertura y capacidad de compartir todo su quehacer, sus logros y tropiezos, sus lecciones y ensayos.

Se trata de convertir las experiencias micro en aportes macro, las experiencias regionales o locales en aportes nacionales. Esto no sólo exige un alto grado de eficacia en el trabajo, sino la plena validación de las experiencias de modo que sean replicables y genuinos modelos de políticas públicas.

El contrapeso con políticas y metodologías propositivas, participativas y vigilantes ayudará, sin duda, a romper los nuevos estilos de autoritarismo que van surgiendo en el país y a conseguir un mayor equilibrio de poder que le abra paso a ese nuevo desarrollo.

Esto implica crear más y más anchos vasos comunicantes entre todas las ONGs y entre ellas y otros sectores de la sociedad civil. Esto es necesario para ir fortaleciendo las bases de niveles superiores de coordinación, cooperación y trabajo conjunto.

Se trata de buscar las coincidencias y, respetando las diferencias, buscar y abrir espacios comunes. No es lo mismo diversidad que dispersión o fragmentación. La construcción de un desarrollo sustentable no se podrá lograr jamás sin concertación de esfuerzos, sin coordinación y cooperación.

Este es un punto clave dado que el desarrollo humano y sustentable sólo será posible a través de políticas públicas, lo cual pasa porque las ONGs contribuyan a un adecuado proceso de modernización del Estado y a que éste comprenda que no hay Estado eficiente con una sociedad civil débil, ya que la fortaleza de la sociedad civil es condición para la efectiva vigencia de la democracia y para alcanzar un desarrollo sustentable y equitativo.

Lo anterior implica tratar de ir construyendo con el gobierno (nacional y municipal), una nueva relación de iguales, equilibrada y respetuosa y, en consecuencia, de establecer una nueva interlocución civil.

3. Tercer desafío: Convertirse en actores y promotores de una integración centroamericana sobre los principios y la perspectiva de la Alianza para el Desarrollo Sostenible.

3.1 Centroamérica también está cambiando; hacia un nuevo enfoque de la integración regional.

Es indudable que Centroamérica es un espacio donde se encuentran y se mezclan los cambios nacionales en el seno de cada uno de los países del istmo y los cambios mundiales. Esta realidad nos obliga a retomar el proceso de integración regional desde una nueva perspectiva y con un nuevo enfoque. Es así como a partir de los 90 se comienza a adoptar una visión más sistémica, integral y multidisciplinaria que supera el carácter económico-comercial de las pasadas décadas.

Lo anterior se expresa en el Protocolo de Tegucigalpa que crea el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), con el propósito de "convertir a Centroamérica en una Región de paz, libertad, democracia y desarrollo"12, y sobre todo en la Declaración de Guácimo donde los presidentes centroamericanos afirman que "las nuevas circunstancias imponen un nuevo rumbo" que es el que los lleva a "adoptar una estrategia integral de desarrollo sostenible en la Región"13.

3.2 Propósitos y realidades: una brecha que debe superarse.

Consideramos que los presidentes ofrecen un buen punto de partida para ese nuevo enfoque y rumbo que necesita la integración regional cuando plantean la opción de "adoptar una estrategia de desarrollo sostenible en la región" y declaran que han materializado esa opción en "una estrategia nacional y regional" que denominan "Alianza para el Desarrollo Sostenible", que es una "iniciativa integral centroamericana en lo político, moral, económico, social y ecológico que concretamos en un programa de acciones con las cuales aspiramos a convertirnos en un modelo para otras regiones"14.

Sin embargo, tanto en el Protocolo de Tegucigalpa como en la ALIDES y las distintas cumbres presidenciales, nos encontramos con un extenso número de propósitos, propuestas y compromisos que no se implementan en la práctica. La integración centroamericana no puede quedarse reducida a un conjunto de planteamientos, intenciones y declaraciones que no generan procesos reales, que no transforman las realidades nacionales y del conjunto de países.

Un factor que puede contribuir de manera significativa a que muchos de los acuerdos y compromisos comiencen a concretarse es la participación de la sociedad civil. Al plantear los instrumentos de la ALIDES, los mismos presidentes acordaron crear en cada país un Consejo Nacional para el Desarrollo Sostenible con "representación de la Sociedad Civil" y un Consejo Centroamericano que deberá adoptar los mecanismos "que aseguren la participación de la Sociedad Civil en todo el proceso del Desarrollo Sostenible"15.

De aquí la FUNDE señale en un Documento de Trabajo:

"las organizaciones de la sociedad civil deberían tomarle la palabra a los presidentes centroamericanos en los tópicos planteados en la ALIDES -con cuya sola concreción tendríamos resultados inmensamente positivos para la región-, darle manejo político a los instrumentos elaborados y ratificados. Se trata de devolverles el paquete de los compromisos adquiridos, propiciando el fiel cumplimiento de los mismos sobre la base de una participación activa de la sociedad civil"16.

3.3 Los retos para la sociedad civil y las ONGs salvadoreñas:

Reflexión Final

Es evidente que las ONGs, como parte y expresión de la sociedad civil salvadoreña, en una profunda relación con las comunidades locales y regionales y las organizaciones sociales, pueden y deben jugar un papel muy importante en la construcción de una opción de desarrollo humano y sustentable con perspectiva de mediano y largo plazo.

El gran reto para la sociedad civil salvadoreña y en concreto para las organizaciones no-gubernamentales es jugar ese papel en las tres dimensiones apuntadas. Esto les exige un esfuerzo gigantesco para ponerse a la altura que probablemente las obligará a pasar por complejos procesos de reingeniería, de cambios de enfoque, de revitalización de sus vínculos y relaciones con las comunidades y los diferentes sectores de la sociedad, de adopción de nuevos métodos de planificación y evaluación. Pero sólo así podrán convertirse en propiciadoras de democracia y desarrollo humano y sustentable.

Responder a ese desafío es clave para que la sociedad civil se vaya convirtiendo en generadora de alternativas viables de desarrollo y factor de gobernabilidad ante el panorama de inestabilidad y resistencias antidemocráticas que se ha venido dibujando en los dos últimos años.

No está de más reiterar aquí que las ONGs no son organizaciones representativas. No pueden "hablar por o en nombre de" un sector, grupo o población. La legitimidad de sus iniciativas y propuestas estriba en su construcción ampliamente participativa y concertada, en su calidad y rigurosidad científica, en su amplitud de perspectiva y en añadir a ello el elemento ético de sus políticas, métodos y acciones.

En un contexto en que el gobierno salvadoreño va perdiendo credibilidad, como consecuencia de su absolutización del mercado, sus políticas excluyentes y su falta de ética (corrupción e impunidad), las ONGs deben continuar incorporándose, desde sus múltiples especificidades y especialidades, con creciente peso moral y ciudadano a la discusión de los grandes temas nacionales en torno al desarrollo humano y sustentable y contribuir a la construcción de los marcos y procesos de concertación necesarios para la implementación de políticas y programas que nos conduzcan hacia él.

En El Salvador necesitamos, pues, ONGs que traduzcan su carácter no-gubernamental en una genuina vocación de participación ciudadana y su carácter no lucrativo en ser portadoras y transmisoras de ese valor sin el cual nunca será posible alcanzar superiores niveles de democracia y desarrollo y que es absolutamente desconocido para el mercado: la solidaridad.


Notas:

1. Ver: De Oliveira, Miguel y Tandon, Rajesh: "Ciudadanos en construcción de la Sociedad Civil Mundial". págs. 27-29. CIVICUS. Estados Unidos de América. 1994.

2. Ibid.. pág. 27.

3. Ver: Informe sobre Desarrollo Humano 1994. PNUD. México, 1994.

4. Ver: PNUD: Informe sobre Desarrollo Humano 1996, Prólogo, pág. iv. Ediciones Mundi-Prensa. Madrid, España. 1996.

5. Ver: Breny Cuenca: "Crisis Nacional y ONGs". PREIS. Mimeo. San Salvador, El Salvador. 1990.

6. Ver: Arredondo, Vicente: "CIVICUS: Una iniciativa mundial en favor de la sociedad civil?". Revista Sociedad Civil No. 1. pág. 121. México, Otoño 1996.

7. Ibid.

8. Ibid., pág. 82.

9. Ver: PNUD: "Sinopsis Informes sobre Desarrollo Humano 1990-1995". Resumen 1990. pág. 7. 1995.

10. Ibid.

11. Ver: Enríquez, Alberto: "Desarrollo Sustentable y Desarrollo Regional/Local en El Salvador". Alternativas para el Desarrollo No. 41. FUNDE. El Salvador, Octubre de 1996.

12. Ver: ICAP: Anuario. Institucionalidad Regional, Protocolo de Tegucigalpa (1991), Art. 3, pág. 15. San José, Costa Rica. 1995.

13. Ver: ASIES: "Alianza Centroamericana para el Desarrollo Sostenible". Declaración de Guácimo. pág. 4. Guatemala, 1996.

14. Ibid., Cumbre Ecológica para el Desarrollo Sostenible. pág. 7.

15. Ibid., págs. 15 y 16.

16. Ver: FUNDE, "La Sociedad Civil en el Proceso de Integración Centroamericana". Mimeo. pág. 16. San Salvador, El Salvador. Octubre de 1996.