Si observamos las agendas políticas de los países centroamericanos en la segunda mitad de los años 90, encontraremos, entre sus múltiples puntos, uno de indiscutible presencia: las políticas migratorias. Este tema tiene su importancia en la extraordinaria magnitud de los procesos migratorios internacionales que viven los países del istmo, especialmente a partir de los años 80.
Este artículo tiene por objetivo contribuir al debate sobre la necesidad de impulsar políticas migratorias de nuevo tipo en los países de la región, que permitan recoger la multidimensionalidad de este fenómeno (Lungo, 1997).
El punto de partida de este breve análisis es que las políticas migratorias, para poder cumplir con sus objetivos, deben contribuir a la construcción de la ciudadanía social (Jelin y Hershber, 1996), y que en el caso de la población que ha emigrado hacia otros países, la construcción de ciudadanía social es una tarea a realizar en los distintos puntos del circuito migratorio, especialmente los de origen y destino.
Este punto de partida es, en nuestra opinión, clave, y está íntimamente relacionado con la emergencia de varias manifestaciones de transnacionalismo, lo que imprime un sello particular a los flujos migratorios en la región centroamericana en la época actual.
Tendencias Recientes de la Migración Internacional en Centroamérica
Una mirada a los flujos migratorios internacionales en la región centroamericana durante las últimas décadas (Lungo y Castillo, 1996), contribuye a explicar algunas de las profundas transformaciones demográficas ocurridas y que están configurando un nuevo mapa poblacional en el istmo. Estas van desde la impresionante proporción de salvadoreños que han emigrado hacia el exterior, principalmente hacia los Estados Unidos, constituyendo El Salvador un claro ejemplo de país emisor; pasan por el cambio en la composición racial de Belice por la creciente migración de la población negra; y llegan hasta el gran número de nicaragüenses viviendo en Costa Rica, país claramente receptor de migración internacional. El Gráfico No. 1 sintetiza las principales tendencias.

Los flujos migratorios internacionales experimentados por los países centroamericanos durante los últimos años han introducido nuevos factores condicionantes para un desarrollo socialmente sostenible a nivel local, nacional y regional, y tienen una estrecha relación con cuestiones como la ciudadanía social y las políticas migratorias.
En Centroamérica, antes de los años 70, además de los importantes flujos migratorios internos (CSUCA, 1978a y 1978b), el patrón de migración internacional estaba caracterizado por desplazamientos hacia los países vecinos de la región, los que respondían a la demanda de fuerza de trabajo de las actividades agroexportadoras. Tal era el caso de los trabajadores salvadoreños que se desplazaron a la costa norte de Honduras a las plantaciones bananeras, o los nicaragüenses que cruzaban, y aún lo hacen, la frontera de su país con Costa Rica, para trabajar en la cosecha cañera o bananera en éste país.
Este patrón migratorio cambió drásticamente a partir de la década siguiente, modificándose no sólo los lugares de destino sino también las causas de los desplazamientos y las características de la población migrante. Esta ya no pertenece sólo a los flujos de fuerza de trabajo que habían prevalecido tradicionalmente. Desde ese momento, a los anteriores se suman los refugiados de distintas categorías (Castillo y Palma, 1994), y, sobre todo, el lugar principal de destino está fuera de la región centroamericana: los Estados Unidos.
| Cuadro 1 Centroamericanos Residendo en los Estados Unidos según los Censos de Este País | |||||
| País | 1980 | 1990 | % de incremento | ||
| población | % | población | % | ||
| El Salvador | 94,447 | 2.2 | 465,430 | 5.5 | 15.9 |
| Guatemala | 63,073 | 1.4 | 225,739 | 2.7 | 12.8 |
| Nicaragua | 44,166 | 1.0 | 168,659 | 2.0 | 13.4 |
| Honduras | 39,154 | 0.9 | 108,923 | 1.3 | 10.2 |
| Costa Rica | 29,639 | 0.7 | 43,530 | 0.5 | 3.8 |
| Fuente: CEPAL/FNUAP/CELADE (tomado de Castillo y Palma, 1994) | |||||
Como indicábamos antes, en Centroamérica podemos encontrar tres casos destacados y diferentes. El primero de ellos es El Salvador, por el extraordinario número de personas que han migrado al exterior, y la incidencia de las remesas monetarias que envían al país. El segundo es Belice, por las características de doble vía del proceso migratorio internacional, al constituir un país receptor de un número importante de migrantes centroamericanos, provenientes principalmente de El Salvador, Honduras y Guatemala, mientras es, al mismo tiempo, un país emisor de migrantes hacia los Estados Unidos en un número creciente, lo que está provocando un cambio en la composición étnica de la población beliceña. El tercero es Costa Rica, tradicional país receptor, al albergar un alto número de población migrante, especialmente nicaragüenses.
En el caso de Belice, para 1993, de una población total de alrededor de 220,000 habitantes, un estudio estimó la presencia de 30,834 personas entre inmigrantes y refugiados (Blomberg, 1993). En Costa Rica, diferentes estimaciones coinciden en que más del 10% de los actuales habitantes del país son migrantes, la mayoría en situación ilegal y de origen nicaragüense.
Aunque los estudios sobre los procesos migratorios en la región han experimentado durante las últimas décadas un sensible estancamiento, y no se cuenta con información válida y actualizada, es indudable que los flujos migratorios de centroamericanos en los años 90 son mayores y más complejos, y sus consecuencias, para cuestiones como la ciudadanía social y las políticas migratorias, más profundas.
Una de éstas, la más discutida por su inmediato impacto, es la consecuencia, tanto a nivel económico como social, de las remesas monetarias enviadas por los migrantes. El cálculo de los montos difiere según las fuentes, pero todas reconocen su importancia, especialmente en el caso de El Salvador, donde el monto de las remesas pasó de 113 millones de dólares en 1985 a 1,195 millones en 1995, su peso en el PIB varió de 2.8% en el primero de estos años a 12.4% en el segundo, y la relación remesas/exportaciones para el mismo período de 16.2% a 72% (Banco Central de Reserva, diferentes años).
Aunque en menor proporción, durante los años 80 este fenómeno se repite en otros países de la región centroamericana, tal como se puede observar en los datos del Cuadro No. 2.
| Cuadro 2 El Salvador, Guatemala y Nicaragua: remesas de los Migrantes, Valores Totales y Relaciones con otros Indicadores Económicos (millones US$ y %*) | |||||||||
| Años | Remesas | PIB | Exportaciones** | ||||||
| ES | G | N | ES | G | N | ES | G | N | |
| 1980 | 73.8 | 107.6 | 1.0 | 2.3 | 1.4 | 0.5 | 6.1 | 6.2 | 2.2 |
| 1985 | 231.5 | 171.6 | 27.4 | 9.2 | 2.7 | 1.2 | 25.6 | 15.9 | 7.8 |
| 1988 | 795.3 | 230.2 | 51.7 | 15.2 | 2.9 | 2.1 | 89.6 | 16.3 | 18.8 |
| 1989 | 759.4 | 248.1 | 59.8 | 15.0 | 2.9 | 2.4 | 96.7 | 16.4 | 17.4 |
| *Los porcentajes son las proporciones de las remesas estimadas en relación al PIB y a las exportaciones ** Incluye bienes y servicios Fuente: CEPAL, 1991 (Tomado de Castill y Palma, 1994) |
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Más allá de los cambios demográficos, podemos señalar cinco dimensiones de la compleja dinámica migratoria internacional en la Centroamérica actual:
Así, en el marco de los conocidos efectos en términos de reducción de empleo e ingresos que ha provocado la reestructuración de la economía y las reformas del Estado, las remesas han sido un factor de compensación debido a que los fondos que reciben regularmente las familias de los migrantes configuran una especie de "programa" de autocompensación social llevado a cabo por la población migrante, fenómeno que no ha sido incorporado en la formulación de las políticas sociales actuales.
Por otra parte, la cultura política está sufriendo profundas transformaciones y generando inéditas manifestaciones, lo que es inmediatamente perceptible en fenómenos como los hábitos de consumo, el lenguaje, el comportamiento de los jóvenes, etc. La vivencia, directa o indirecta de otro tipo de sistema político, fundamentalmente el norteamericano, con sus valores particulares sobre los derechos ciudadanos individuales o colectivos, tiene una incidencia en la configuración de esta nueva cultura política y sobre la construcción de ciudadanía social.
Particularmente importante es la creación de redes y organizaciones comunitarias ligadas a la migración internacional que van creando nuevas relaciones sociales de singular importancia para el desarrollo a nivel local y nacional. Lo anterior, unido al surgimiento de pequeñas empresas que tienen vínculos permanentes en los países donde se han radicado los migrantes, va configurando un conjunto cada vez más complejo de redes, empresas y comunidades transnacionales (Portes, 1995).
Estos procesos de transnacionalización modifican las relaciones políticas a nivel local, y entre las comunidades locales y el gobierno central, al estar afectadas por relaciones e intereses que desbordan las fronteras nacionales. Mencionemos, por ejemplo, las numerosas gestiones realizadas por migrantes salvadoreños o guatemaltecos para realizar obras de desarrollo a nivel de sus comunidades (construcción de infraestructuras, dotación de equipamientos, apoyo a grupos sociales vulnerables, etc.), que se hacen ante comités de apoyo en distintas localidades de los Estados Unidos, sin mediar la participación del gobierno local o de los gobiernos centrales.
Esta tendencia es muy profunda. Como sostienen algunos investigadores (Basch, Glick Schiller and Blanc-Szanton, 1994), la transnacionalización implica la existencia de múltiples relaciones sociales que vinculan la comunidad de origen con los lugares de recepción de los migrantes, superando los límites geográficos, culturales y políticos, y expresándose en múltiples formas. La transnacionalización incluye una compleja y heterogénea red de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales que desbordan ámbitos geográficos y sociales limitados, lo que ha llevado a plantear el surgimiento de verdaderas formaciones sociales transnacionales (Guarnizo, 1997). Aunque este planteamiento aún no está completamente desarrollado, y suscita algunas dudas por el resurgimiento de los nacionalismos, abre un debate que estará en el centro de la discusión sobre migración internacional y el transnacionalismo en los años futuros.
A pesar de la importancia de la dimensión económica en torno a la migración internacional, es necesario insistir sobre otra dimensión a menudo dejada en un segundo plano, y que es en nuestra opinión clave para entender la relación entre los procesos migratorios, la construcción de ciudadanía social y las políticas migratorias: la dimensión cultural. Basta recordar las luchas de los chicanos desde mediados de los años 60, y las recientes luchas de distintos grupos latinoamericanos que ha llevado a hablar de un proceso de "relatinización" de ciudades como Los Angeles (Zilberg, np).
Sobre las Políticas Migratorias
La aceptación de que el fenómeno de la migración internacional y la transnacionalización se complejiza cada día más, amplía el campo de la reflexión sobre estas temáticas. Cuestiones como el nuevo carácter de las políticas migratorias o la ciudadanía de los migrantes, entre otras, comienzan a ser analizadas con mayor frecuencia.1
Respecto a las primeras, se sostiene que el proceso de globalización de la economía y otros procesos de transnacionalización, al incidir sustantivamente en la forma y las funciones de los Estados, están transformando las políticas migratorias vigentes hasta el momento actual (Sassen, 1996). La contradictoria combinación de espacios de libre comercio, como el que ha generado el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, los renovados intentos para impedir el paso de migrantes ilegales, especialmente hacia los dos primeros países, y la existencia de complejas redes económicas, sociales y étnicas transnacionales, ha obligado a repensar las políticas y programas migratorios.
Por otra parte, alrededor de éstos, el número y tipo de los actores involucrados también ha aumentado, destacándose las organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes y las que se oponen a éstos, tejiendo una densa red de intereses que expresan, algunos de éstos, un nacionalismo chovinista y otros el transnacionalismo surgido del intenso proceso migratorio internacional ocurrido durante las últimas décadas. Aspectos como el cuestionamiento de la concepción tradicional de soberanía nacional, y los derechos humanos de los migrantes comienzan a preocupar a académicos y líderes políticos.2
Esto conduce a la cuestión de la ciudadanía de la población que ha migrado a otro país. Partiendo de la crítica a las políticas migratorias basadas en los criterios de "seguridad nacional", que prevalecieron en numerosos países durante el período de la guerra fría, se propone un nuevo concepto de ciudadanía que no estaría estrictamente definido o limitado por el status legal tradicionalmente asignado por los Estados-Nación a las personas que han nacido o adquirido la nacionalidad de un país específico, sino que permita que las personas que habitan en más de un país, tengan garantizados sus derechos a éstos (Jonas, 1996). Podría, entonces, hablarse de una ampliación de la ciudadanía social, referida al proceso de migración internacional y transnacionalización, y que comprende, como lo señaláramos en el punto de partida, los distintos puntos del circuito migratorio.3
La lucha por los derechos ciudadanos de los migrantes implica, entonces, un doble desafío: primero, es una lucha que debe llevarse a cabo en los distintos puntos del circuito migratorio: la comunidad de origen, el país receptor, y los países de tránsito; segundo, es una lucha que adquiere una extrema complejidad en términos del conjunto de reivindicaciones a impulsar, de orden económico, político, social y cultural, cruzados por las diferencias étnicas, de género y de edad.
De este lado del circuito, la lucha por la construcción de la ciudadanía social debe incorporar fenómenos como el surgimiento de nuevas relaciones familiares, los cambios en los mercados laborales, y la migración internacional que, en muchos casos en Centroamérica, es un movimiento pensado y planeado desde el inicio como un viaje de ida y regreso, y que está en la base de la formación de redes, empresas y comunidades transnacionales, expresión de una transnacionalidad popular que está surgiendo dentro de la globalización en curso al final de este siglo en los países del istmo.
La creciente preocupación -y las acciones iniciadas por los gobiernos centroamericanos- frente a la situación de su población viviendo en los Estados Unidos, constituye una gran oportunidad para redefinir las políticas hacia una parte importante de la población del istmo, que el proceso de globalización empuja a migrar mientras, simultáneamente se les cierran las fronteras y se les dificulta su estadía. Las modificaciones de las leyes migratorias en los Estados Unidos, con la crisis que genera, es una oportunidad para avanzar en este ineludible camino.
Referencias:
Basch, Linda; Glick Schiller, Nina; and Blanc-Szanton, Cristina (1994): Nations Unbound: Transnational Projects, Postcolonial Predicaments and De-territorialized Nation-States, Gordon and Breach, Langhorne, Pennsylvania.
Blomberg, Lennart (1993): Field Survey of Refugees and Immigrants from Central America in Belize, Belmopan, ACNUR.
Castillo, Manuel y Palma, Irene (1994): "Central American International Emigration: A Survey of Trends and Impacts", IOM/UNFPA Project: Emigration Dynamics in Developing Countries: Sub-Saharan Africa, South Asia, and Latin America and the Caribbean, in International Migration, December 1994.
CSUCA (1978a): Estructura agraria, dinámica de población y desarrollo capitalista en Centroamérica. EDUCA, San José.
CSUCA (1978b): Estructura demográfica y migraciones internas en Centroamérica, EDUCA, San José.
Fauné, Angélica (1994): "Las familias centroamericanas", Familias Siglo XXI, ISIS Internacional, ediciones de las mujeres # 20, Santiago.
Jelin, Elizabeth y Hershberg Eric (1996): Construir la democracia: derechos humanos, ciudadanía y sociedad en América Latina, Nueva Sociedad, Caracas.
Guarnizo, Luis (1996): "El surgimiento de formaciones sociales transnacionales: las respuestas de los Estados mexicano y dominicano a la migración transnacional", en el libro Migración iinternacional y desarrollo, Mario Lungo (compilador), FUNDE, San Salvador.
Jonas, Susanne (1996): "Rethinking Immigration Policy and Citizenship in the Americas", in Social Justice, vol. 23, # 3, San Francisco.
Lungo, Mario (1997) "Migración internacional y desarrollo. Una cambiante relación multidimensional", en el libro Migración Internacional y desarrollo, Mario Lungo (compilador), FUNDE, San Salvador.
Lungo, Mario y Castillo, Manuel Angel (1996):" La migración internacional en Centroamérica", investigación realizada para el Consejo de Integración Social Centroamericano y UNICEF, San Salvador y Guatemala.
Portes, Alejandro (1995): "Transnational Communities; their Emerging and significance in the Contemporary World system", Working Papers # 16, April, Department of Sociology, The Johns Hopkins University, Baltimore.
Sassen, Saskia (1996): "Beyond Sovereignty: Immigration Policy Making Today", in Social Justice, vol. 23, #3, San Francisco.
Zilberg, Elana (no publicado): "La relatinización de Los Angeles".
1. Actualmente se están realizando dos investigaciones en El Salvador. La primera en este país, la República Dominicana y Colombia, dirigida por Alejandro Portes y Luis Guarnizo, en la que uno de los aspectos centrales lo constituyen los cambios en las políticas migratorias de estos países. La otra, coordinada por la University of Southern California, que cubre El Salvador y Guatemala, enfatiza en el análisis de los aspectos culturales.
2. Por ejemplo, en la reunión de los partidos y movimientos políticos de izquierda, conocida como "Foro de Sao Paulo", realizada en San Salvador a mediados de 1996, uno de los temas centrales de discusión lo constituyó el derecho de los migrantes, aunque el énfasis se colocó en los derechos de los trabajadores asalariados.
3. Susanne Jonas cita en su ensayo el sugerente párrafo de Richard Falk: "La ciudadanía expresa, en general, la pertenencia y participación en una comunidad política. Su condición puede ser especificada legalmente, pero en realidad es sujeto de las políticas y las prácticas. La ciudadanía puede ser entendida tanto formalmente como un estatus real, y, más adecuada y esencialmente, como un cambiante conjunto de actitudes, relaciones y espectativas que no tienen, necesariamente, una delimitación territorial".