A partir del fin del conflicto armado El Salvador inició una nueva etapa de su historia y se encuentra en un esfuerzo de transitar hacia una sociedad democrática con mayores niveles de desarrollo.
Pero en ese transitar han comenzado a aparecer varios signos preocupantes que entorpecen el proceso e incluso amenazan con abortarlo. De hecho el Manifiesto de ANEP aparece en una coyuntura en la que las encuestas de opinión pública revelan a la inseguridad ciudadana y a los problemas económicos como los más sentidos por la población, en la que crece la preocupación y la incertidumbre en diversos sectores de nuestra sociedad por la falta de dirección y liderazgo del gobierno, en la que la modernización del Estado se está reduciendo a una privatización estilo "rapiña", y en la que se multiplican las señales de pequeños y poderosos sectores de querer instalar un esquema autoritario y excluyente de gobierno.
En tal contexto, dicho Manifiesto es un signo alentador y tiene mucha importancia para la nación por varias razones. En primer lugar, porque la ANEP representa poderosos sectores de la empresa privada. En segundo lugar, por el propósito expreso en el Manifiesto de "estimular el interés de todos los sectores para trabajar juntos en la construcción de una nueva sociedad que tenga como referente un progreso permanente para todos, en un marco de paz social y democracia real para beneficio de las futuras generaciones". Y en tercer lugar, porque el Manifiesto expone avances importantes tanto en el terreno doctrinario, conceptual y normativo, como en el marco teórico de formulación de políticas.
No obstante dichos avances, que analizaremos en el primer punto de este artículo, el Manifiesto adolece de vacíos, deficiencias y puntos de desacuerdo, los cuales analizaremos en los puntos subsiguientes.
I. Los Avances del Manifiesto
En ese marco la ANEP descalifica de manera contundente cualquier esquema de tipo autoritario, especialmente cuando afirma textualmente que "la opción autoritaria tuvo su oportunidad en El Salvador y falló". Se pronuncia en consecuencia por una estabilidad política "anclada en arreglos democráticos" y por un Estado democrático de derecho en donde "la aplicación de la justicia prevalezca sobre los intereses particulares y fundamentado en valores éticos y morales".
Nos encontramos, pues, frente a un reconocimiento de la necesidad del trabajo de los otros sectores de la sociedad. Esto queda subrayado con la afirmación expresa de que la sociedad civil debe jugar un papel de primera línea, lo cual incluso debe ser promovido por el sector público que, desde su rol subsidiario deberá abrir paso a las "iniciativas de la sociedad civil, para que asuma un rol protagónico".
Esta visión de largo plazo explica la importancia destacada que le dan a la formación de ahorro interno, y que los lleva a diagnosticar como uno de los puntos más débiles de la economía salvadoreña: "una tasa de ahorro doméstica sumamente baja (10%)".
Dicha visión de más largo alcance también los lleva a identificar con mayor profundidad el problema del déficit comercial, y a comprender que "no es sostenible mantener los déficits comerciales que hemos venido registrando y financiando con las remesas de nuestros hermanos en el exterior", así como que el entorno macroeconómico debe estimular la inversión y no el consumo.
Y para despejar posibles dudas sobre el alcance de lo anterior, tanto para la misma empresa privada como para el país en su conjunto, el Manifiesto nos advierte que hay que resolver el imperativo ético y práctico de equilibrar las demandas de la actual generación, comprometiendo lo menos posible los recursos para la satisfacción de las necesidades de las futuras generaciones.
Para nosotros esta es una aspiración demasiado estrecha. Encierra no sólo una visión acrítica y romántica del Primer Mundo, sino también una visión lineal y mecánica de las realidades históricas. La historia no es una pista de carrera de fondo. El Primer Mundo ha producido pobreza, injusticia, desigualdades sociales, raciales, étnicas. El Primer Mundo es responsable, en buena medida, del nacimiento y mal crecimiento del Tercer Mundo. ¿No sería una aspiración más racional contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a la transformación del mundo, retomando aquellos aspectos y componentes que sí valen la pena del Primer Mundo, pero rechazando y combatiendo sus vicios, deformaciones e inequidades? Se trata de recrear un país, una sociedad en el marco de sus relaciones e interdependencia con otros países de la región y el mundo entero, más que de correr linealmente para "alcanzar" o "emparejarse" con los que van adelante.
Aquí queremos rescatar un elemento importante, y es que El Salvador, aunque sea un país pequeño y con pocos recursos, puede y debe aportar elementos cualitativos, incluso a los países del Primer Mundo que tampoco han resuelto los problemas de sustentabilidad del desarrollo, justicia social y democracia que ANEP propone construir en nuestro país.
III. Discrepancias en Torno al "Cómo Hacerlo"
En el Manifiesto se indican, para varios de los grandes problemas señalados, algunas fórmulas de solución que son discutibles y en torno a las cuales vale la pena profundizar. Por supuesto, en este artículo únicamente los dejaremos señalados.
IV. Preguntas que Surgen Entre Líneas
No cabe duda, después de leer el Manifiesto de la ANEP e independientemente de los puntos de acuerdo o desacuerdo con su contenido, que estamos frente a propuestas novedosas y constructivas del empresariado salvadoreño. Por primera vez se asume públicamente un compromiso frente al desarrollo sustentable, donde se prioriza la producción y la inversión y no la especulación y el consumo, donde se destaca un marco de democracia real con participación de todos los sectores, con un papel protagónico de la sociedad civil y con un método de diálogo, concertación y asunción de compromisos.
Por eso hay grandes preguntas que surgen entre líneas; la primera es si detrás del Manifiesto hay un verdadero compromiso del empresariado salvadoreño. ¿Quiénes son los empresarios y empresarias -y las empresas- que verdaderamente firman el Manifiesto Salvadoreño? ¿Quiénes son los empresarios y empresarias del país dispuestos efectivamente a comprometerse y empeñarse en construir beneficios para todos, participación efectiva, protagonismo de la sociedad civil y un Estado democrático de derecho?
V.El Manifiesto Sale al Encuentro y se Suma a Otras Propuestas
Las respuestas a aquellas interrogantes las iremos viendo en la práctica. Los empresarios la irán dibujando en las próximas coyunturas con sus acciones y su forma de trabajar junto a los otros sectores, con sus iniciativas, y sobre todo con sus compromisos.
Nosotros, desde la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), queremos tomarle la palabra y la mano a la ANEP. La FUNDE, al igual que otras instancias, ha planteado una propuesta para impulsar un nuevo proyecto económico y social en El Salvador. Sin lugar a dudas son vientos de un mejor futuro para nuestro país. Pero es indispensable comenzar a ensamblar los distintos esfuerzos a manera de ganar fuerza y asegurarles éxito.
Queremos, antes de cerrar estas líneas, saludar el Manifiesto de la ANEP, reiterando la disposición de la FUNDE de contribuir a la construcción de una estrategia de desarrollo adecuada para nuestro país. Impulsemos juntos un proceso de concertación nacional que logre aterrizar en el nada fácil "cómo hacerlo". Un proceso que sea real, que lleve a medidas concretas, que plantee soluciones, que tienda puentes. Un proceso que democratice el país, que desafíe la falta de dirección y liderazgo de las estructuras políticas y gubernamentales, que levante propuestas y sobre todo, que genere compromisos.
Empecemos por los puntos coincidentes. No son pocos ni tampoco irrelevantes. Y al mismo tiempo, construyamos un método adecuado para abordar las diferencias, de manera que debatiéndolas con profundidad y altura se conviertan en fuente de nuevos puntos comunes que señalen ese itinerario de El Salvador hacia el progreso. Podremos entonces, como ANEP lo plantea, dar un nuevo ejemplo al mundo mostrándole que así como logramos la paz, "también podemos ponernos de acuerdo para encontrar la senda del progreso económico, social y cultural, en un ambiente de democracia plena".