Introducción
Impulsar en El Salvador un desarrollo sustentable es la propuesta que desde su nacimiento en 1992 ha venido haciendo la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE). Esta propuesta tan simple en apariencia, entraña para nuestro país un desafío de alcances inimaginables, su enrumbamiento hacia un experimento sin precedentes, hacia un programa complejo de profundas transformaciones estructurales que incluyen todas las esferas de la vida nacional.
El desarrollo sustentable tiene como objetivo básico la producción de riqueza y bienestar para la mayoría de las presentes y futuras generaciones. Esto implica que una genuina estrategia de desarrollo sustentable incorpora ciertos componentes fundamentales: si falta uno de ellos, se pierde esa condición de sustentabilidad. En este artículo nos interesa destacar los siguientes:
Estos componentes son válidos y necesarios para una estrategia de desarrollo sustentable en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la manera como se combinan y las condiciones de las que parten y en que se aplican le dan un carácter singular y apropiado en cada país.
En el caso de El Salvador, supone una estrategia para enfrentar con éxito las graves debilidades y distorsiones del actual "modelo de crecimiento económico" que se ha venido impulsando y que podemos resumirlas en:
Es importante consignar aquí que los mismos organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo han venido percibiendo esas fallas, y al ser más conscientes de ellas comienzan a estudiarlas con más esmero.
Precisamente, tomándolas en cuenta y situándose de cara al proceso de globalización, han empezado a plantear que éste exige a los países latinoamericanos profundos cambios en sus estrategias de desarrollo, lo que a su vez implica transformaciones estructurales en los Estados.
Lo anterior, por supuesto, es válido para El Salvador que se encuentra en un momento oportuno para cambiar ese rumbo tan contradictorio de crecimiento económico sin fortalecimiento de su planta productiva, por una estrategia de desarrollo sustentable, para crear un Estado capaz de orientar e impulsar esa estrategia y para darle vida a una renovada y vigorosa participación de la sociedad civil.
El desarrollo sustentable jamás se logrará, por tanto, imponiendo modelos construidos en las capitales del mundo o en los edificios de los Organismos Multilaterales, que por otro lado, pueden y deben jugar un papel importante de apoyo a dicho desarrollo. Tiene que estar enraizado en la experiencia de base y en la participación activa -es decir con su pleno involucramiento- de todo sector de la población en el diseño, instrumentación y evaluación de los diferentes planes, programas y proyectos económicos, sociales y ambientales.
Aproximándonos a un Concepto de Desarrollo Regional/Local
En ese marco y por las razones expuestas, hemos venido planteando que el desarrollo regional/local es una pieza indispensable en El Salvador para responder a ese reto estratégico del desarrollo sustentable.
No es casual que conjuntamente con el desarrollo sustentable, el desarrollo regional/local se haya venido convirtiendo en un tema "de moda" y actualmente se hable de él en toda América Latina y en nuestro país. Por ello es fundamental un mínimo marco conceptual.
No se trata de construir o repetir alguna definición académica. Se trata de delimitar cuáles son los componentes claves que integran ese desarrollo regional/local que queremos impulsar.
En primer lugar, nosotros hablamos de desarrollo regional/local y no de desarrollo "local" a secas. A nuestro juicio, una localidad, un municipio en el caso de El Salvador, constituye, salvo contadas excepciones, un espacio muy reducido -cuantitativa y cualitativamente- de cara a desplegar un verdadero desarrollo sustentable. Un espacio local o municipal, como Nejapa o Tecoluca, es insuficiente para impulsar un desarrollo sustentable. Por eso necesitan ampliarse por la vía de crear verdaderas "regiones".
De allí que lo regional amplía ese espacio y lo local subraya que no se puede diluir ni menospreciar el papel de las diferentes localidades y municipios.
En segundo lugar -como ya lo planteamos antes- el desarrollo regional/local se inscribe dentro de un desarrollo sustentable nacional. Se trata de un desarrollo multidimensional, cuyo objetivo básico es la riqueza y bienestar para la mayoría de las presentes y futuras generaciones.
Integrarse al país es una necesidad. No puede haber desarrollo sustentable aislándose de la dinámica nacional, sino solamente como parte de la misma. Para generar desarrollo sustentable, se necesitan recursos y capacidades que no hay en la localidad ni en la región por grande y rica que sea. Se necesita del Estado y de la sociedad civil en términos nacionales para generar determinadas capacidades y para todo tipo de recursos: naturales, humanos, técnicos, financieros.
Pero además, el país también necesita de cada una de sus regiones y localidades y de los recursos que ellas pueden generarle. Se trata no sólo de establecer relación con el país o con sus instancias centrales, sino de ser verdadera "parte integral" de su desarrollo, de ser un engranaje que encuentra su razón de ser en algo mayor, en algo más amplio: el desarrollo nacional.
Pero las cosas no terminan allí. En un mundo que se globaliza aceleradamente, que multiplica sus mecanismos de comunicación e información ya no se puede estar aislado. Para una región que quiera sustentar una dinámica de desarrollo, establecer una relación creadora y fecunda con otros países y regiones del mundo puede convertirse sin duda, en fuente de enriquecimiento, innovación, ampliación en diferentes campos: inversión, producción, comercialización, tecnología, información, capacitación, educación. En tercer lugar, se trata de un proceso de concertación entre los agentes locales y regionales, y de éstos con agentes nacionales e internacionales, para impulsar un proyecto común que combine crecimiento económico, cambio social y cultural sostenido, equidad, sustentabilidad ecológica, participación, enfoque de género, calidad y equilibrio espacial y territorial.
Entendemos el desarrollo regional como un proceso de
concertación entre diferentes agentes de una determinada región que parte de las condiciones específicas de la misma y aprovecha sus ventajas en beneficio de la comunidad regional y de cada localidad, familia e individuo de la misma.
Por consiguiente, no cualquier acción que se impulsa en un municipio o región genera desarrollo local o regional, ni se inscribe automáticamente en su lógica. Un desarrollo regional/local no es la simple realización o suma de actividades económicas, sociales o culturales en los municipios, departamentos o regiones, a diferencia de lo que plantean ciertas instancias del gobierno como la Secretaría de Reconstrucción Nacional.
Se trata de un desarrollo regional y local que pretende, por una parte, generar espacios y dinámicas de desarrollo con alta participación de los diversos agentes y sectores desde todos los rincones del país y por otra, recuperar para el país en su conjunto todas las regiones y localidades en calidad de sujetos del desarrollo.
De aquí que impulsar el desarrollo de una región y sus respectivas localidades implique, entre otras cosas:
Este es el marco en el que debemos situar el debate y los esfuerzos para un verdadero desarrollo regional/local. No se trata de un trabajo aislado. No debemos verlo como algo que nace y muere dentro de los límites territoriales de una región o de una mancomunidad de municipios; como algo separado y desconectado de otros esfuerzos locales y regionales dentro del país y del país en su conjunto.
Impulsar el desarrollo regional/local, si lo comprendemos y hacemos adecuadamente, es una forma de participar en el desarrollo del país y en las transformaciones que éste necesita, y es una forma activa y creadora de conectarnos con las corrientes centroamericanas y mundiales. Es clave tener esto siempre presente, pues tiene implicaciones y consecuencias de gran alcance.
La FUNDE, a partir de su propia experiencia acumulada al vincularse, a través de sus investigaciones participativas y propositivas, a esfuerzos concretos de desarrollo regional y local en Tecoluca y Chalatenango primero, y en Nejapa y Acajutla posteriormente, ha venido encontrando aspectos sustantivos que son comunes a los diferentes procesos y que podemos considerar como componentes fundamentales para avanzar hacia el diseño e implementación de un enfoque nacional del desarrollo regional/local. Estos componentes también posibilitan visualizar los grandes obstáculos y restricciones que aún existen en nuestro país para caminar hacia un desarrollo sustentable.
¿Por qué el Desarrollo Regional/Local Enriquece y Fortalece la Estrategia Nacional?
Si recordamos ahora los componentes del desarrollo sustentable que señalamos como fundamentales en la introducción, es evidente que todos y cada uno son potenciados por el desarrollo regional/local, porque éste:
Este es un factor determinante. Sin él no hay desarrollo socio-económico. Implica, en primer lugar, una concertación entre los gobiernos municipales y la sociedad civil organizada.
La sociedad civil está conformada por sectores y comunidades que tienen intereses comunes y distintos que incluso pueden llegar a ser contradictorios. Por eso hablamos de concertar, es decir, de ser capaces de dialogar, ponerse de acuerdo, llegar a compromisos y cumplirlos.
Esto exige, por tanto, en cada organización, institución y ONG que participa en el proceso de desarrollo, la decisión de comprometerse con ese proceso. Ser parte del mismo, asumiéndose como co-responsable de sus éxitos y fracasos.
Esto demanda a cada quien definir bien su naturaleza propia, su misión, sus objetivos y su papel, de manera que su trabajo ofrezca un aporte "específico", un "plus" que se puede ver y medir y que es complementario con los aportes de los demás. Y también demanda calidad en el trabajo o servicio. Dar lo mejor y de la mejor manera.
Ahora bien, un desarrollo sustentable exige un nuevo tipo de gobierno municipal que rompe con el que hemos conocido en lo que va del presente siglo en el país. Sus características principales deberán ser:
Para ello, es necesario recordar que la sociedad civil no es algo homogéneo, uniforme, sino todo lo contrario. La sociedad civil está integrada por distintos sectores y comunidades organizados, con intereses diferentes y hasta contradictorios.
Una sociedad civil participativa, concertadora exige organizaciones, instituciones, ONGs con alta capacidad de construir propuestas, organizarse, escuchar, ceder, comprometerse, tomar acuerdos y cumplir sus compromisos.
Allí está la exigencia para cada organización sectorial o comunal, para cada ONG. Eso implica profundas transformaciones y reestructuraciones.
Además, debe ser capaz desde su diversidad y heterogeneidad de concertar y trabajar conjuntamente con el gobierno local y con el Estado nacional.
Finalmente, se trata de un diagnóstico operativo, práctico, pues su finalidad es mejorar nuestro impacto en la realidad, transformarla por la vía del crecimiento y el desarrollo.
Reflexiones Finales
Una primera reflexión que cae por su propio peso es que la construcción de una estrategia o plan de desarrollo sustentable municipal o regional no es la elaboración de documentos ni principalmente un trabajo técnico.
Se trata de diseñar, acordar, ejecutar y evaluar un proyecto político de desarrollo. No debemos menospreciar la parte técnica ni el papel de los profesionales, los técnicos y los expertos. Pero lo más determinante es la decisión política, el compromiso de los agentes sociales. Sin esto, el componente técnico no tiene el menor sentido.
Un segundo aspecto que queremos destacar es la necesidad de conocer e identificar cada vez mejor los factores críticos y los motores claves del desarrollo de la región o del municipio, para actuar sobre ellos de manera acertada. Sólo sobre esa base se irá ganando una auténtica competitividad municipal y regional.
Un tercer aspecto es un imperativo práctico. La región y cada uno de sus municipio debe ir construyendo instrumentos adecuados que le permitan avanzar, sostener los logros y dar seguimiento a todo el proceso de desarrollo, instrumentos de diverso tipo. Afortunadamente en el país tenemos ya diversos ejemplos como la creación de un Consejo de Desarrollo Municipal en Tecoluca y Nejapa o de una Agencia de Desarrollo Local (ADEL) en Chalatenango, Apopa y Morazán.
Cabe recordar aquí un componente que no debe faltar en ninguna empresa del mundo moderno: el "mercadeo" (marketing). Cuando una región y sus municipios están impulsando un proyecto de desarrollo, deben implementar políticas de comunicación. Deben ser capaces de "vender" su proyecto, con el objeto de ganarle reconocimiento y apoyo.
El reconocimiento y apoyo de otras regiones, del país en su conjunto, de organismos multilaterales, de empresas internacionales, de distintos países es fundamental. Pero hay que saber conquistarlo primero y sostenerlo y ampliarlo después.
Exige, por tanto, políticas permanentes y consistentes para comunicar y proyectar lo que la región y sus localidades están haciendo, su valor, sus potencialidades y sus limitaciones.
Pero no sólo eso: exige conocer aquellos centros de decisión que pueden afectar positiva o negativamente el proceso local y regional de desarrollo, ya estén dentro del país (Ministerios, grupos empresariales) o fuera del país (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo). Identificarlos e irlos conociendo cada día mejor para incidir en sus decisiones. Se necesitan, pues políticas de cabildeo.
La aventura del desarrollo sustentable no es fácil y menos en un país como El Salvador, donde no sólo tenemos pocos recursos y una situación en que grandes contingentes de nuestra población viven en pobreza y extrema pobreza, sino también donde los espacios democráticos y la verdadera participación ciudadana son aún muy restringidos.
El desafío es pues, muy grande. Pero pasos como los que han comenzado a darse en diferentes zonas del país y que incluyen: levantamiento básico de información, diagnósticos municipales y regionales, participación decidida de gobiernos municipales y de diferentes organizaciones e instituciones, búsqueda de una participación más amplia de la población a través de diversos tipos de consulta, mecanismos para elevar la capacidad de propuesta de los sectores y agentes involucrados, esfuerzos por comprometer a otros agentes de fuera de sus municipios y regiones y aún del país, son pasos en la dirección correcta y un gran signo de esperanza para nuestro país.
Una estrategia de desarrollo que apunte en esa dirección no puede seguir siendo vertical, centralista y excluyente. Tiene que ser fruto de una amplia concertación nacional basada en una alianza de los productores y demás agentes económicos, debe generar procesos de desarrollo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.
En este marco, consideramos urgente plantearnos la necesidad de impulsar estrategias de desarrollo regional/local, como parte del Plan Nacional de Desarrollo. En otras palabras, a nuestro juicio, en El Salvador no es posible generar un desarrollo sustentable si no recupera e integra de una manera activa a las diferentes regiones y localidades.
El Salvador debe aprovechar, sin perder tiempo, la oportunidad que abrieron los Acuerdos de Paz para iniciar una estrategia de desarrollo equitativo y sustentable, como el único camino que puede llevarnos a combatir con éxito el problema de la pobreza. Esto implica, desde ya, articular las experiencias nacientes de desarrollo regional/local, mientras al mismo tiempo, se concreta y concerta una concepción y una metodología de trabajo que aprovechen las tendencias nacionales y mundiales favorables así como la enorme experiencia acumulada por el movimiento social y la institucionalidad no-gubernamental que ha venido construyéndose en los últimos años.
La organización social existente en varias regiones del país y la multiplicidad de ONGs que han ido brotando por todas partes, son parte del tejido social que debe sustentar un desarrollo regional/local y deben ser una fuente privilegiada de las iniciativas que le den origen.
Pero corresponde, en primer lugar, a los agentes regionales y locales actuales y potenciales de desarrollo (productores, comunidades, organizaciones, instituciones, alcaldías, etc.), favorecer la construcción de ese nuevo tipo de región que se convierta en soporte y dinamizador de la estrategia nacional de desarrollo.
No queremos cerrar estas reflexiones sin señalar que todo lo que hemos planteado aquí entra en franca contradicción con la falta de estrategia económica y de proyecto de país que caracterizan al actual gobierno.
También es contradictorio con cualquier proyecto que pretenda convertir a nuestro país en una "gran zona franca" o en una minúscula pieza de las cadenas productivas transnacionales como lo planteara el presidente Calderón Sol en 1994. Aquí, la inmensa mayoría de productores nacionales, agropecuarios, agroindustriales e industriales quedarían descalificados. Y como consecuencia, un desarrollo regional/local cuya base son, precisamente, dichos productores no tiene cabida.
Lo cierto es que, una vez más, se dibujan en El Salvador dos caminos. Uno es el viejo camino por el que venimos transitando desde hace por lo menos un siglo. Aquel en que decide el grupo minoritario que ostenta el poder económico; ellos ponen las reglas y ellos se benefician. Es el camino de la exclusión y el verticalismo. Es el camino de la pobreza y la injusticia social.
El otro es el camino nuevo. El que apenas abrieron los Acuerdos de Chapultepec, donde debemos comenzar todos a participar en las decisiones, los esfuerzos y los beneficios. Es el camino de la democracia y la inclusión; del desarrollo humano, equitativo y sustentable. En el primero, el desarrollo regional y local no interesa ni cuenta. En el segundo, es una pieza clave. Es urgente que desde cada cantón y municipio, desde cada región empiecen a surgir iniciativas y esfuerzos que se vayan encadenando, de manera que nos enrumbemos por el segundo camino. Sólo así generaremos un estilo de desarrollo que mejore la calidad de vida de toda nuestra población. Sólo así podremos insertarnos en la economía mundial con una estrategia que posibilite el desarrollo integral de los salvadoreños como la base de nuestra competitividad.