Mientras algunos organismos internacionales reconocen en la economía salvadoreña un espacio adecuado para la inversión extranjera1, y las autoridades económicas promocionan al país en los foros internacionales, trasladando la impresión de estabilidad y equilibrio; el ritmo de crecimiento de la actividad económica nacional continúa en franca desaceleración, hasta niveles verdaderamente críticos.
Ha pasado más de un semestre desde que las secciones económicas de los rotativos del país se saturaran con cifras que evidenciaban la desaceleración de la economía, y casi un año desde que el gobierno reconociera públicamente las señales inequívocas de pérdida de dinamismo en la actividad económica salvadoreña2, y todavía no se manifiestan medidas correctivas que pudieran acompañar en el corto plazo un relanzamiento de la economía nacional.
El panorama económico se ha transformado radicalmente en poco menos de un año: el ritmo de crecimiento de la actividad económica -estimado según el Indice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE)- ha pasado del 8.3% en diciembre de 1995, a sólo el 1.4% a julio de 1996, con el agravante que los sectores más importantes en la generación del producto interior bruto (industria, comercio y construcción) están registrando tasas de variación negativas.
Pese al excesivo optimismo internacional, estas señales nos motivan a plantearnos dos interrogantes: ¿asistimos a un simple bache en la tendencia cíclica de la economía salvadoreña?, o acaso ¿el proceso que enfrentamos más bien obedece a causas estructurales, que dejan entrever la fragilidad del esquema de crecimiento vigente desde 1989?.
Sin pretender un análisis profundo y exhaustivo, y recurriendo a indicadores subanuales, intentaremos responder a estas preocupaciones con el propósito de aproximarnos a una explicación de esta problemática y dejar sentadas algunas ideas para ser desarrolladas posteriormente.
1. La ilusión de los indicadores económicos
Con todas las reservas y limitaciones que amerita la interpretación de la información estadística en el país, el conjunto de los indicadores económicos de corto plazo continúan arrojando luces sobre la tendencia a la baja que ha experimentado la actividad económica desde finales de 1992 y que probablemente, seguirá experimentando en el futuro inmediato.
En el análisis de los indicadores, el componente tendencial de la serie es el principal referente para guiar nuestro análisis, más que el nivel específico de los índices o las tasas que éstos reportan (aunque reconocemos la importancia de estos datos). Sin embargo, parece ser que dicha percepción no es generalizada en nuestro medio, sobre todo por la importancia que se le asigna a una o dos unidades porcentuales por arriba o por abajo del nivel de un indicador.
La actual revisión metodológica del IVAE, que coincide con la más prolongada fase contractiva registrada, ha generado una nueva serie del indicador. Esta serie eleva el nivel de los índices, tiene un trazo más suave en la tendencia, y -lo más interesante- ha permitido que algunas variaciones anteriormente negativas vean reducidas su magnitud, e incluso que se tornen positivas. Pero a pesar del ajuste del IVAE, prevalece la tendencia decreciente de la actividad económica esbozada por la serie anterior3.
Los ajustes se han centrado en la metodología para el cálculo del IVAC (Indice de Volumen de la Actividad Comercial), y consisten en una revisión de las ponderaciones de los establecimientos comerciales que integran la muestra, utilizando para ello los resultados del Censo Económico de 1993 elaborado por la Dirección General de Estadística y Censos.
Esta reponderación en el IVAC debería evitar la volatilidad del indicador, aportándole al índice mayor estabilidad ante fluctuaciones bruscas en las ventas registradas por las empresas. El efecto que estos cambios tienen sobre el IVAE se justifican en el peso de este sector en el índice general (20.1%).
Por otra parte, algunos sectores oficiales sostienen que la actual situación contractiva ha tocado fondo, lo cual podría fundamentarse más en una lógica aritmética que en el éxito de algunas medidas correctivas que puedan torcer la tendencia. En este sentido, esperamos que los resultados de los indicadores de corto plazo para los próximos meses reflejen una situación menos dramática; evidentemente que dicha situación no se desprende de que las condiciones que han generado el proceso de desaceleración hayan sido removidas, o que se atribuyan al éxito de las medidas de política (porque éstas no han existido, y las anunciadas podrían tener efectos a futuro).
Tales señales optimistas no reflejan una mejora en las condiciones de la economía nacional, sino más bien representarían la ilusión de una simple relación aritmética en el cálculo de los índices para este año, que en los próximos meses se compararán con niveles menores correspondientes al año anterior, y consecuentemente arrojarán tasas mayores (tal es el caso del sector agropecuario).
¡Cuidado con las apariencias! Las autoridades económicas están más preocupadas por la imagen que se desprende de la lectura de los indicadores, que por la verdadero contenido del problema. Con esta inminente ilusión de recuperación económica, seguiríamos en la misma dinámica de orientar los esfuerzos para acicalar el rostro que revelan las cifras, mas que concebir y poner en marcha medidas correctivas de urgencia.
Naturalmente que estas posiciones son muy perniciosas para los intereses nacionales, pues partiendo de una lectura deformada de las señales (las cuales no se desprenden de los datos) no sólo no corregimos las profundas distorsiones, sino que con su desatención se estimulamos los problemas, añadiendo a esto las secuelas sociales que van aparejadas al deterioro de la actividad económica.
2. Revisando las tendencias de la actividad económica
Pareciera ser que la actividad económica salvadoreña -e incluso de la región centroamericana- están contagiadas por una desaceleración generalizada4; las causas de este mal compartido podrían ser difícilmente atribuibles a factores eventuales y exógenos, aunque éstos tienen alguna incidencia. Todo apunta a considerar que se trata de señales que emanan de una lógica que lleva en sí misma limitaciones para su expansión, y que constituyen signos de un inminente agotamiento del esquema de crecimiento.
La observada pérdida de dinamismo en el ritmo de crecimiento de la economía viene a confirmar que las expectativas de crecimiento del PIB estarán muy por debajo de las metas consignadas en el Programa Monetario-Financiero 1996, previéndose que la tasa de crecimiento se sitúe, incluso por debajo del 4%, que constituye la revisión de la meta inicial del 5%5.
Analizando el comportamiento del IVAE, esperábamos que para julio de 1996 la tasa de variación de la media móvil de doce términos resultara negativa; sin embargo, después del ajuste realizado por el Banco Central de Reserva (BCR) a las ponderaciones del IVAC6, indicador del sector comercio en el IVAE, nos encontramos con una tasa positiva que registra un crecimiento del 1.4%.
Aproximándonos a un análisis sectorial del indicador, nos encontramos con que el Sector Agropecuario registra a julio de 1996 una tasa del 4.1% respecto al mismo período del año anterior. El valor de las importaciones de bienes intermedios, fertilizantes y bienes de capital del sector se han expandido considerablemente respecto a agosto de 1995 (25.3%, 44.8% y 6.2%, respectivamente), sugiriendo con ello buenas expectativas de crecimiento en el corto plazo. Sin embargo, consideramos que detrás de este crecimiento del IVAE Agropecuario existe una buena dosis de ilusión.
Esta ficción se explica en la dinámica misma del sector, que desde hace varios años ha venido observando niveles de actividad verdaderamente bajos, que en algunas oportunidades se han reducido incluso a tasas de crecimiento negativas de hasta -5% (como en julio de 1994). Es en este marco que el 4.1% de incremento se explica, en buena medida, como resultado del efecto aritmético de comparar un índice levemente más alto en julio de este año (110.0) respecto al anterior, que es particularmente más bajo (105.7); de tal forma que ante el mínimo crecimiento tendremos un efecto que se magnifica y aparece como un considerable impulso de la actividad agropecuaria.
Pese a que las expectativas fundamentadas en las encuestas de intenciones de siembra de los granos básicos, conferían cierto optimismo al crecimiento del sector, éstas se han desvanecido con los resultados de las encuestas de propósitos múltiples, las cuales han exigido revisar las metas sectoriales a la baja, y de alguna manera refuerzan el planteamiento anterior.
La situación de la industria se aborda en el IVAE desde dos perspectivas complementarias: la actividad de la industria manufacturera propiamente dicha, y la maquila. La primera se estima a través del Indice de Volumen de la Producción Industrial (IVOPI), cuya tasa de variación a julio de 1996 es negativa (-0.6%), después de registrar crecimientos del 6.2% y 4.4% en el mismo mes de los dos años anteriores.
Este resultado del IVOPI corrobora el desenlace anunciado reiteradamente después de un largo proceso de contracción en la industria y se confirma con una gama de indicadores relacionados que confluyen en la misma situación. Esta es una clara señal de alarma de la inminente crisis en el sector, que debería activar los mecanismos idóneos que posibiliten superar esta problemática.
En este contexto, los principales indicadores relacionados con la industria muestran en el mejor de los casos crecimientos raquíticos; aunque en forma generalizada observamos tasas de variación negativas. Así, el valor de las exportaciones del sector a agosto de 1996 solamente crecieron 3.4%, cuando en el año anterior lo hacían al 20.6%; el valor de las importaciones de bienes intermedios y de capital registraron tasas negativas del -2.6% y -5.7% respectivamente; en el mismo sentido, el empleo estimado por el número de trabajadores cotizantes del ISSS en la industria reportó una tasa de -1.5%.
El segundo componente del IVAE Industrial es el Indice de la Maquila. Este ha conservado en los últimos años espectaculares tasas de variación que se ubican en torno al 50.0%. Aunque actualmente el crecimiento de la maquila sigue siendo significativo (13.4% en julio), el comportamiento de la economía en su conjunto y las mayores ventajas que tiene la economía mexicana en el marco del NAFTA, le van imprimiendo un menor ritmo y gradualmente ha venido perdiendo dinamismo. Esto se hace evidente si comparamos el crecimiento de julio de 1996 con el 45.5% de 1994 y el 55.1% de 1995.
Dado que el indicador global de la Industria constituye una media ponderada del IVOPI y el Indice de Maquila, sería de esperar que el comportamiento negativo registrado por la industria manufacturera sea compensado de alguna manera por el alto nivel de la maquila. Y efectivamente, a julio del presente año, la tasa de crecimiento del IVAE Industrial es 0.4%; el cambio de signo y magnitud en la tasas de variación es resultado del efecto compensatorio que tiene la alta tasa de la maquila sobre la tasa negativa de la actividad de la industria manufacturera.
Considerando la progresiva reducción de empleo en la industria y la incertidumbre de reactivar la actividad del sector, agravada por las drásticas caídas de las importaciones de bienes intermedios y de capital, todo apunta a creer que las expectativas de reactivación del sector son muy pesimistas y que en el corto plazo, éste no podrá experimentar un quiebre significativo en su tendencia.
La construcción continúa prolongando su situación de crisis y, al igual que la industria, es otro sector con tasas de variación negativas en los principales indicadores relacionados. Así tenemos que para agosto de 1996 se observa: una caída del empleo generado por la construcción (-9.4%), según el número de trabajadores registrados en esta actividad por el ISSS; la contracción en el valor de las importaciones de bienes intermedios y de capital (-13.1% y -21.8%), y una reducción en el consumo de cemento (-1.3%).
La tasa de variación del componente del IVAE Construcción a julio de 1996 es de -1.3%, que comparada con el 8.1% del mismo mes de 1995, refleja una severa contracción de la actividad del sector, que se está tornando recurrente, con la consiguiente secuela negativa sobre la generación de empleo en el país.
La actividad comercial ha experimentado una sensible reducción en los niveles de ventas. A julio de 1996 se tiene una variación de -1.0%, que se ubica 17 unidades porcentuales por debajo de la tasa de crecimiento para el mismo mes de 1995 (15.9%).
Es tan dramática la contracción de los volúmenes de ventas, que pese al ajuste metodológico, la actividad comercial presenta para este mes de julio una variación negativa, la cual seguramente hubiera sido de una mayor magnitud y habría condicionado al Indice General del IVAE a una tasa igualmente negativa. En otras palabras, el índice sin ajuste reflejaría un panorama más sombrío en términos de este sector y de la actividad económica global.
El Sector Financiero continúa mostrando niveles de dinamismo muy por encima del resto de la economía: creció en 15.5% a julio de 1996. No obstante tan alto nivel, se puede atisbar en la actividad financiera un quiebre en la tendencia expansiva de sus tasas de crecimiento: para este mes la tasa de crecimiento es la mitad de la registrada en el mismo mes del año anterior (29.4%).
Esta situación de contrastes llama poderosamente la atención: mientras la mayoría de sectores de la actividad económica experimentan una tendencia contractiva en sus tasas de crecimiento, hasta niveles incluso negativos, el sector financiero sigue conservando tasas de crecimiento de dos dígitos, muy por encima del resto.
Consideramos que en esta situación subyacen algunos elementos que podrían contribuir a responder a los interrogantes planteados en la introducción de estas notas, en virtud de lo cual hemos asignado un apartado para reflexionar sobre el componente del sector financiero en el marco de la actividad económica (Ver sección 3).
Por otra parte, los sectores Electricidad y Transporte reportaron a julio de 1996 variaciones de 3.9% y 3.0% respectivamente, tasas que aunque positivas, reflejan una desaceleración de la actividad, si las comparamos con el 7.1% y 11.5% para el mismo mes de 1995. Finalmente, la Administración Pública también se incorpora en julio al grupo de sectores con tasas de variación negativas, al pasar de 3.5% en 1995 a -1.1% en este año.
| Cuadro 1 Indice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE) Promedio Móvil de Doce Términos a Julio | ||
| Indices | Variación % 1995 | Variación % 1996 |
| Indice General Agropecuario Industría Comercio Constucción electricidad Transporte Administración Pública Financiero | 8.9 0.5 6.4 15.9 8.1 7.1 11.5 3.5 29.4 | 1.4 4.1 0.4 -1.0 -1.3 3.9 3.0 -1.1 15.5 |
| FUENTE: Banco Central de Reserva de El Salvador | ||
Los registros de comercio exterior reportan que los bienes de capital se han visto disminuidos en un año en 55 unidades porcentuales, al pasar de 36.6% en agosto de 1995 a -18.8% en 1996; los bienes intermedios también han experimentado el mismo comportamiento al evolucionar de 27.3% en 1995 a -1.6% en 1996.
La lectura de esta situación nos conduce a reconocer su efecto positivo sobre la generación de Reservas Internacionales8 y su contribución a la estabilidad cambiaria; sin embargo, se reitera que el mantenimiento de la estabilidad macro9, que constituye la piedra angular de la venta del país en los foros internacionales, continúa observando un efecto perverso sobre el sector productivo.
Estos elementos complementan la interpretación sectorial, evidenciando con ello la actual situación de desaceleración y que las expectativas de los sectores productivos en su conjunto, no se orientan por el momento hacia la generación de producción y el crecimiento.
Por otra parte, recordando los argumentos de ampliación de la base tributaria y de aumento en los niveles de recaudación fiscal, con que se justificó y promocionó el incremento del 3% del IVA; al mes de agosto de este año se ratifica que el sacrificio fiscal que supuso el incremento, no ha sido compensado. Las recaudaciones en concepto de impuesto sobre la renta sólo se incrementaron para el período enero-agosto de 1996 en 0.9%, lo cual obedece a un escaso incremento de ¢200,000 en este período. Con relación al IVA, los ingresos captados se vieron incrementados en 21% frente al 42.2% que registraron en 1995, pese a que las recaudaciones realizadas durante el presente año gravaron 3% más que las recaudaciones del año anterior.
Aunque los ingresos totales crecieron al mes de agosto en 11.0%, los gastos más la concesión neta de préstamos lo hicieron en 24.3%, de tal manera que el déficit global creció en -106.0%. Esta situación se torna en una de las más sensibles de cara al cumplimiento de las metas del Programa Monetario, y es de esperar que obligue a replantear nuevos compromisos con el Fondo Monetario Internacional, dado que al mes de agosto de 1995 se registraba un superávit del gobierno central de ¢745 millones, que venía creciendo a una tasa de 510.7% respecto a agosto de 1994; sin embargo, la tendencia se quiebra para convertirse en déficit (¢-44.7 millones), al cual le corresponde una tasa de variación negativa de -106.0%.
3. Consideraciones Sobre el Esquema de Crecimiento
El análisis de los principales indicadores económicos nos conduce a la premisa que la actividad financiera representa el sector más dinámico de la economía salvadoreña, y que incluso, a lo largo del proceso de desaceleración ha mantenido una participación protagónica.
Esta situación no ha sido históricamente la predominante. Hemos asistido a un cambio en el dinamismo de los sectores, de cuyo proceso han resultado sectores perdedores y sectores ganadores. En general, las actividades de servicios (principalmente los financieros) se han fortalecido y aparecen actualmente como los sectores ganadores, en desmedro de otros sectores (agropecuario, industria, construcción, etc.) que están jugando un bajo perfil, no obstante la enorme importancia que éstos tienen en la generación de valor agregado y empleo.
La actual situación económica nacional viene abriendo una brecha al interior de los sectores ganadores, de tal forma que las actividades comerciales -que representan una parte significativa dentro de los servicios-, poco a poco han ido perdiendo dinamismo, para ceder su lugar al sector financiero.
Es notable que el deterioro de los sectores productores de bienes, de alguna manera está relacionado con el actual esquema de crecimiento que da preeminencia a las actividades financieras. Ya se ha señalado como las medidas que han permitido cierta estabilización macroeconómica10 -que dicho sea de paso, es un logro importante- han sido posibles sobre la base de la desaceleración del ritmo de crecimiento del sector real; de esta forma se ha reforzado a través de la política económica este esquema de crecimiento.
En una economía como la salvadoreña, en que prevalece un considerable exceso de liquidez en el sistema financiero -el cual no precisamente es generado en los procesos de producción de bienes y servicios-, y cuyos niveles de Formación Bruta de Capital (FBC) sólo representan la cuarta parte del gasto de consumo de los hogares, los rasgos recesivos que se observan en los principales sectores de la actividad económica: industria, agropecuario, comercio y construcción (los cuales representan en torno a los 2/3 del PIB a precios constantes), vienen a reforzar el planteamiento que el sector financiero no facilita la recuperación de los sectores productivos.
Sería muy beneficioso contar con un sistema financiero dinámico, articulado con el resto de sectores de la economía, de manera que puedan acompañar su desarrollo. Pero esto es lo más alejado de nuestra realidad: lo patente es la desarticulación, no sólo del sector financiero sino de todos los sectores. Este marcha adelante y distante del sistema productivo, los recursos captados no circulan por la redes que abastecen las actividades productivas, chocan con un dique que les concentra en el mismo sector. Cabe preguntarse ¿hasta cuándo podrá mantenerse este ciclo de rotación de los recursos en el sistema financiero?, considerando que el esquema de captación-préstamos-recuperación podría romperse como consecuencia de la contracción de la actividad económica.
Los pasivos del sistema y el exceso de liquidez de la economía, no fluyen para oxigenarse entre los sectores estratégicos; al mes de agosto de 1996 los depósitos del sistema experimentaron un crecimiento en torno al 18%, mientras el crédito y las inversiones del sistema sólo crecieron al 13.7%. La diferencia entre los volúmenes de depósitos (¢38,187.1 millones) y de crédito (¢32,096.2 millones) en buena medida se canalizan hacia la colocación en papeles que permitan mantener los altos niveles de rentabilidad.
Estos indicadores confirman la baja velocidad en la rotación de los créditos, la cual en un contexto de contracción económica podría afectar seriamente al mismo sector financiero, ante la imposibilidad de pago por parte de los usuarios del servicio. El Superintendente del Sistema Financiero plantea al respecto, que de "no tomarse medidas adecuadas el índice de mora podría crecer, y hacer que la rotación de la cartera de créditos sea más lenta y produzca problemas de liquidez y rentabilidad11".
La lenta rotación del crédito tiene implicaciones directas sobre el riesgo del sistema, que podrían verse reflejados en el incremento de la mora en las carteras de crédito, ante lo cual se debería tender hacia la reducción de los tipos de interés. Según Carlos Glover12, "la recesión ha contribuido a aumentar el nivel de morosidad"; así el nivel de morosidad con relación a los activos totales ha aumentado 35% en el primer semestre del año. Por su parte, el sector productivo opta por no utilizar los fondos disponibles en el sistema financiero, reduciéndose el crecimiento de los préstamos y estimulando el proceso de recesión.
Asimismo, se reconoce que el problema radica en la colocación del dinero que viene del exceso de liquidez, porque afectaría la rentabilidad para los bancos, en tanto no pueden resarcirse los costes generados por el pago de los intereses a los ahorrantes y tendrían que buscar alternativas para la colocación de esos montos. En este contexto, el BCR emite los Certificados de Administración Monetaria (CAM) a tasas de interés atractivas, con el propósito que sean adquiridos por los bancos que enfrentan la incapacidad de colocar los créditos y necesitan rentabilizar el exceso de liquidez, contribuyendo con ello a detener la reducción de las tasas de interés13.
Aproximándonos a la dinámica del sector financiero, se hace más claro que un esquema de crecimiento soportado en este eje, lleva en sí mismo una limitación orgánica que tarde o temprano obstaculizará su propio crecimiento. En palabras del Superintendente, "si esto continúa (la lenta rotación) la solución radica en que las autoridades monetarias procuren reactivar los sectores productivos para que el ciclo de rotación de crédito no se deteriore más".
Desafortunadamente existe, y en forma muy arraigada en la sociedad salvadoreña, una cultura del enriquecimiento fácil, estimulada por una visión de corto plazo que sólo prevé la rentabilización inmediata de las inversiones. Puede existir una gama de potenciales inversiones orientadas a actividades productivas, que podrían constituir un seguro para la sostenibilidad del proceso de crecimiento nacional, y cuyos parámetros financieros muchas veces revelan altos niveles de rentabilidad, pero no son lo suficientemente atractivos como para mover los capitales arraigados en las inversiones financieras.
Naturalmente que en esta decisiones inciden fuertemente los factores de riesgo jurídico y ciudadano, y las condiciones del entorno de la inversión, entre otros; pero pesa mucho más el elemento cultural, aquél que hace diferenciar al empresario del rentista.
Mientras en el país continuemos estimulando estas percepciones, seguiremos emulando a la cigarra de Esopo, preocupados únicamente por la rentabilización inmediata -el ahora-, y descuidando nuestro futuro. En este sentido, vale afirmar que en este esquema de crecimiento, en el cual el sector financiero ha dado la espalda a las actividades productivas, no puede constituir para una economía como la salvadoreña, una base lo suficientemente sólida y sostenible que garantice su expansión.
Sus limitaciones no sólo auto-imponen restricciones sobre el crecimiento del mismo sector financiero, sino sobre toda la economía. Lejos de generar empleo, destruye puestos de trabajo, agudizando con ello la situación de pobreza del país; genera un bajo nivel de valor agregado; y es altamente depredador del medio ambiente, porque en su lógica no cabe la idea que el deterioro de los recursos naturales, al igual que la pobreza, constituyen fuertes obstáculos para la expansión de cualquier economía.
4. Conclusiones
Como primera aproximación a los interrogantes planteados, consideramos que existen evidencias que refuerzan la hipótesis que el bajo ritmo de crecimiento de la actividad económica salvadoreña podría estar determinado por las características del esquema en que se sustenta y no tanto por situaciones contingenciales.
En este orden, el tipo de expansión del sector financiero ha impuesto limitaciones al crecimiento del sector productivo, de tal manera que este efecto se está revirtiendo sobre el mismo sistema financiero, el cual ve en la desaceleración de la actividad económica un potencial riesgo que pudiera quebrar el ciclo de rotación de los créditos. De esta forma, el agotamiento de los sectores productivos se estaría trasladando vía impagos al sistema financiero14.
Retomando este planteamiento, y considerando la información derivada de los indicadores económicos, podría deducirse que la actual desaceleración productiva y la lenta rotación crediticia constituyen dos manifestaciones definidas del agotamiento del actual esquema de crecimiento.
Resulta fundamental estimular a los sectores productivos, en el marco de un esquema que posibilite la sostenibilidad del crecimiento; esto pasa por el hecho de revisar las condiciones estructurales que puedan servir de base a tal esquema, superando con ello las interpretaciones cortoplacistas y coyunturales que han predominado.
A la fecha, nada se ha hecho para corregir la pérdida de dinamismo de la actividad económica, ni la crisis de algunos sectores estratégicos; se siguen careciendo de políticas sectoriales, que a nuestro juicio no pueden dejarse al albedrío del libre mercado15. La facultad de asignar los sectores estratégicos y los ejes del desarrollo sigue siendo una función prioritaria para el Estado; en este sentido, se requiere de la puesta en marcha de verdaderos programas de reconversión industrial, sobre la base de focalizar los sectores en que se tiene mayor ventaja competitiva, y que estos también fortalezcan a la pequeña y mediana empresa.
Las doce medidas anunciadas por el gobierno han sido concebidas tan sólo como un paliativo de la situación actual, y es evidente que no tendrán efecto alguno en el corto plazo. Entre algunos funcionarios gubernamentales se reconoce tal afirmación y existe la expectativa compartida que la recuperación de las tasas reales de crecimiento, se centra más bien en la segunda generación de las reformas: el proceso de privatización de los servicios públicos.
Muchos de los esfuerzos por promocionar internacionalmente al país, se orientan hacia la búsqueda de mercados para los activos liberados por la privatización. Esta visión del problema obvia las limitaciones que impone el actual esquema de crecimiento al sector productivo (manifiesto en la progresiva contracción de la actividad económica), y absolutiza a la santa estabilización macroeconómica como condición suficiente para el desarrollo económico.
Es evidente que en este contexto y con el panorama de pobreza que vive el país, la desaceleración económica seguirá equivaliendo a una condena para la población, a seguir profundizando su situación de miseria, amenazando la precaria sostenibilidad del sistema económico, político y social16.
1 La Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN) presenta en su boletín económico de agosto que El Salvador es una de las naciones más favorables para invertir debido a que posee una moneda estable y porque prácticamente no posee devaluaciones. Ver La Prensa Gráfica del 23 de septiembre de 1996, El Salvador rentable para la inversión, pp. 16-A.
2 Dicho sea de paso, desde principios de 1993 los principales indicadores de corto plazo venían arrojando signos muy evidentes de una progresiva contracción de la actividad económica salvadoreña.
3 Pruebas realizadas con las tasas de variación de la media móvil trimestral del IVAE ajustado, arrojan para julio de 1996 resultados negativos, lo cual evidencia la caída dramática del índice en las últimas observaciones (junio y julio), que se ve compensada por las diez observaciones anteriores en el cálculo de la media aritmética de doce términos.
4 Ver Inforpress Centroamericana: Economías desaceleran ritmo de crecimiento, 8 de agosto de 1996, No. 1187, Guatemala.
5 Ver Moreno, Raúl (1996): "La Actividad Económica Salvadoreña en el Primer Semestre de 1996", Alternativas para el Desarrollo #38, FUNDE, San Salvador, julio 1996.
6 En el artículo "¿Por qué no crece el PIB?", presentado en la sección "Panorama Económico" de La Prensa Gráfica del 9 de octubre de 1996, se ilustra el ajuste realizado en el IVAE durante el primer semestre del año por parte del BCR.
7 Bajo el titular "Crecen exportaciones en $100 millones", se alude a la reducción del déficit en la balanza comercial, como consecuencia de la reducción del valor de las importaciones en casi 90 millones de US dólares. El Diario de Hoy, 7 de octubre de 1996, p. 22.
8 Estas se han incrementado (20%) como resultado del menor déficit en la balanza comercial y a los flujos de capital privado y público, entre otros factores. Ver "Crecen exportaciones en $100 millones", op. cit.
9 Moreno, Raúl, op. cit., p. 26.
10 Ibíd.
11 "Lenta rotación de créditos", La Prensa Gráfica, 7 de octubre 1996, p. 14-A.
12 Ver "La política económica y el oligopolio bancario", artículo publicado en El Diario de Hoy del 12 de septiembre de 1996.
13 Ibíd.
14 Sería inadecuado considerar que la dinámica del sector financiero constituye la principal o única causa de freno al crecimiento del resto de sectores.
Reconocemos la existencia de serias limitaciones en las estructuras de sectores (como el industrial, agropecuario, construcción, etc.) que han conllevado a las situaciones de crisis que actualmente experimentan.
15 En el editorial de La Prensa Gráfica del 7 de octubre de 1996, el ministro de Hacienda, sostiene que es una idea impráctica la definición por parte del Estado de los sectores estratégicos en un proceso de desarrollo, porque los gobiernos fracasan continuamente en la determinación de los sectores que tendrán éxito; además que esto resulta peligroso, porque de volverse la actividad económica una variable política, se pone en peligro la propiedad privada -una de las bases de la libertad.
16 Inforpress Centroamericana, op. cit.