SAD, 1/01/96, CENTROAMÉRICA: UNA INTEGRACIÓN ECONÓMICA SIN CONTENIDO SOCIAL

Serie Alternativas para el Desarrollo

País/Country: El Salvador

Fundación del Desarrollo de El Salvador

Autor/Author: Alfonso Goitia Arze

Número/Number: 34

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 1/01/96
A partir de 1990 se inicia una nueva etapa en el proceso de integración centroamericana. Durante la década pasada el esfuerzo se centró en la democratización y la solución a los conflictos armados en la región, mientras que en los últimos años la meta es la creación de los mecanismos tendientes a desarrollar los aspectos económicos.

En la presente etapa se trata de responder a los retos que imponen los cambios que se operan en el ámbito internacional, donde los procesos de globalización, formación de bloques comerciales y los tratados de libre comercio entre países, imponen adecuarse al nuevo contexto de la internacionalización de la producción y el capital.

La meta es el mercado internacional

La reactivación de la integración centroamericana apunta a fortalecer un bloque comercial, transformando las estructuras productivas para la reinserción eficiente y dinámica en el mercado internacional.

El marco para ese objetivo es el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) creado en 1991 e integrado por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Centroamérica significa un mercado de 30 millones de habitantes. El valor de las exportaciones intrarregionales en relación a las exportaciones totales de Centroamérica aumentó de 16.5% en 1990 a 23.6% en 1993. Para algunos países de la región como El Salvador y Guatemala, el mercado regional representa el 44% y el 33% de sus exportaciones, respectivamente.

Para los países del SICA el mercado de los Estados Unidos representa más de 40% de las exportaciones, la Unión Europea más de 20% y México tan solo 2.1%.

En cambio, a nivel de las importaciones centroamericanas, el 41% proviene de Estados Unidos, el 6.7% de México, el 11.7% de la Unión Europea y 11.4% de los países de Sudamérica.

¿Y el desarrollo social?

Las acciones desarrolladas en los últimos años por los países centroamericanos llevaron fundamentalmente a fortalecer la apertura comercial y a facilitar la circulación de mercancías y de capitales.

Al mismo tiempo, poco o nada se ha hecho en el contexto del desarrollo social, más allá de las declaraciones y las buenas intenciones plasmadas en el Tratado de Integración Social aprobado en la cumbre de Presidentes en San Salvador en marzo de 1995.

Ciertamente los problemas sociales son de una dimensión muy grande y exigen acciones decididas si se desea lograr la estabilidad social y política necesarias para enfrentar los retos del desarrollo y la inserción externa.

Los gastos en salud y educación en El Salvador y Guatemala son inferiores al 5% del producto interno bruto, mientras en Costa Rica ascienden a cerca de 12%.

Así como los niveles de cobertura en salud son limitados, se registran altos niveles de analfabetismo y la mortalidad infantil en menores de 5 años es superior a 60 por mil en cuatro de los países, exceptuando Costa Rica y Panamá. Adicionalmente, la sostenibilidad en el marco medioambiental no ha sido encarada adecuadamente.

Una integración para los grandes capitales

Por lo tanto, la integración centroamericana es en la actualidad básicamente un esquema comercial y financiero orientado a favorecer los grandes capitales regionales y extrarregionales.

El proceso de integración no ha considerado efectivamente el impacto que la apertura externa tendrá sobre las condiciones laborales, sobre la distribución de activos y no ha promovido decididamente la participación de los sectores sociales en la toma de decisiones, a pesar que en 1990 el Plan de Acción Económica para Centroamérica (PAECA) consideró la creación de mecanismos de consulta y participación entre los gobiernos y los distintos sectores.

También es necesario ubicar la influencia de otros procesos continentales en la integración centroamericana, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y las negociaciones con México.

El TLC, que entró en vigencia en enero de 1994, entre Estados Unidos, Canadá y México, establece la zona de libre comercio más grande del mundo. Para los países centroamericanos el TLC significa un problema de competitividad con México por el mercado de Estados Unidos, que es para ellos fundamental.

La preocupación de los países centroamericanos acerca de la posibilidad de articularse al TLC proviene de que México puede ser el más beneficiado a largo plazo. México a su vez mira a Centroamérica como un mercado y un área importante para sus inversiones, lo cual lo ha llevado a establecer tratados preferenciales con los países de la región.

El interés de Centroamérica en las negociaciones con México está en la vinculación a los mercados mundiales, acceder a un mercado amplio, compartir una zona atractiva de inversiones y sentar las bases para un TLC con Estados Unidos.

El régimen centroamericano es más abierto que el mexicano, la competitividad de los países del triángulo del norte del istmo es similar al sur de México y los salarios promedios son mayores en México que en el triángulo del norte.

México ha comenzado a penetrar vigorosamente el marcado centroamericano, mientras los países de la región se encuentran en debilidad para competir con el capital mexicano.

El establecimiento de un tratado con México abriría, en general, las posibilidades de penetrar los mercados de terceros países al tener una mayor capacidad productiva.

Pero a su vez México incrementaría sus exportaciones dado el nivel de competitividad de sus empresas, por lo que es previsible que muchas empresas centroamericanas se vean en dificultades para enfrentar el desafío.

Además, las empresas de México que tengan problemas de competitividad con Estados Unidos o Canadá buscarán el espacio centroamericano atraídas por los bajos salarios, y la inexistencia de políticas de medio ambiente y de regulación del mercado de trabajo.

Desde una perspectiva global, los actuales procesos de integración tanto en el centro como en el sur de América, presentan tendencias diferentes a los de hace unas décadas.

Las tendencias presentes, vinculadas a la apertura comercial y al libre comercio en su visión más clásica, contrastan con un modelo de integración orientado a articular las economías efectivamente y a generar los cambios productivos, sociales y medioambientales necesarios para garantizar el desarrollo sostenible de las economías latinoamericanas.