Hace 26 años su prima había hecho un viaje a Los Angeles y rápidamente encontró trabajo limpiando casas. Al poco tiempo regresó a su pueblo Santa Elena, en Usulután, y convenció a María Elena para que hiciera el viaje también. María Elena compró su pasaje de ida y vuelta y con éste fue a la Embajada Americana a solicitar su visa, la cual obtuvo sin problemas. Al llegar a Los Angeles se quedó con su prima y, dentro de una semana, la patrona de su prima había hablado con otra amiga, quien le dio trabajo a María Elena cuidando a sus hijos.
Con el tiempo, María Elena se hizo residente permanente, y a través de los años ha ayudado a otras siete mujeres de Santa Elena a conseguir trabajo como domésticas, por lo general viviendo "encerradas." De esta manera se ha ido replicando un red de migración, trabajo y apoyo entre las mujeres elénicas.
Así empezó hace años la migración de este pequeño pueblo en el suroriente del país, donde la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE) y la Universidad de California en Los Angeles han llevado a cabo un estudio sobre comunidades transnacionales. Algunas de los resultados se comentan a continuación.
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En un inicio, la migración consistió principalmente en mujeres que trabajaban como empleadas domésticas. Era mucho más fácil para las mujeres encontrar trabajo en los EE.UU. De hecho, todas las mujeres con las cuales conversamos obtuvieron trabajo "estable" dentro de una o dos semanas posterior a su llegada a los EE.UU.
También los hombres estaban emigrando, pero el número era mucho menor y ellos no obtuvieron tanta "estabilidad" laboral. No fue hasta mediados y finales de los años 80 que la correlación evolucionó a favor de los hombres. Estos datos corresponden con los datos del censo de 1990 de los EE.UU., que demuestra que la migración salvadoreña ha sido dominada por las mujeres, y que ellas han encontrado un nicho en el mercado laboral de los EE.UU. como empleadas domésticas. Otros estudios han demostrado que los migrantes de las áreas urbanas han dominado la migración internacional. Esto parece estar cambiando, por lo menos en Santa Elena. En los últimos cinco años, ha aumentado notablemente la migración desde el cantón hacia los EE.UU., y ahora son principalmente hombres, aunque las mujeres siguen emigrando.
Alberto, un joven de Santa Elena, nos contó del viaje que hizo en mayo de este año, lo cual tipifica los cambios. Salió de El Salvador utilizando los servicios de un "coyote", que le costó US$2,300. Viajó junto con un grupo de 120 personas provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador. De éstos, unos 30 eran del municipio de Santa Elena, sólo cinco del pueblo y el resto de los diferentes cantones. Habían unas seis mujeres elénicas en el grupo y el resto eran hombres. Todos iban para lugares distintos en los EE.UU.: Los Angeles, Virginia y el Norte de Carolina. Casi todos tenían su futuro trabajo arreglado, por lo general por medio de familiares: primos, tíos, hermanos. El viaje y los que viajan ya no son los mismos que cuando María Elena salió para Los Angeles.
Nuestro estudio mostró que en el en pueblo, el 42% de las familias se beneficiaron con remesas en 1993, mientras que sólo el 26% de los residentes del cantón las recibieron. El promedio de dólares recibidos por familia en el pueblo fue de US$1,460.30; en el cantón era menos que la mitad: US$621.59. El promedio del monto enviado en cada ocasión fue de US$199.30 en el pueblo y US$117.79 en el cantón. El máximo enviado en el pueblo fue de US$6,000 y US$1,200 en el cantón. En cuanto a la estructura del ingreso, la encuesta reveló que tanto en el cantón como en el pueblo, las remesas sólo forman un promedio del 30% del total del ingreso familiar. Para comparar esta cifra con la situación de algunas comunidades semejantes en México, vemos que en estos casos, las remesas constituyen un promedio del 85% del ingreso total de las familias que reciben remesas. Sin embargo, en el pueblo se nota que las remesas aumentan el promedio anual del ingreso familiar de una forma significativa: unos 14,000 colones al año. Pero en el cantón, no se nota una diferenciación tan importante (ver Gráfico 3).
Nuestro estudio también reveló que hay poca diferencia entre los que reciben remesas y los que no las reciben, en cuanto a cómo gastan su dinero. Aunque los resultados demuestran diferencias mínimas, lo que sí se detecta es que las familias que reciben remesas tienden a gastar un poco más en salud y educación, y sus inversiones son un poco mayores. Pero los datos no comprueban que las familias que reciben remesas hayan cambiado dramáticamente su patrón de gastos hacia cosas "no productivas." Es posible que esto cambie con el tiempo, y sólo haciendo otros estudios de este tipo en el futuro, podrá medirse el cambio. Lo que sí afirma la gente es que las condiciones de vida mejoran -aunque sea un poquito- con la migración, y esto promueve el desarrollo humano, familiar y comunitaria.