La publicación de la matriz insumo-producto para 1990 por el BCR nos permite realizar un análisis de la estructura productiva salvadoreña, a partir de la estructura de los coeficientes técnicos y los encadenamientos hacia arriba y hacia abajo de las diferentes ramas productivas.
Estos datos reflejan una fuerte "terciarización" de la economía, con una concentración especialmente grave en servicios improductivos (bienes inmuebles y alquiler de viviendas), y una actividad manufacturera concentrada en unos pocos rubros: industria alimentaria, textil y química (especialmente químico- farmacéutica, aunque la matriz no desagrega esta subrama). Las actividades agrícolas siguen concentradas en la agroexportación (café) aunque la importancia de la producción de granos básicos nos refleja que se trata de una actividad que requiere una tratamiento mucho más cuidadoso por parte de las políticas gubernamentales.
Estas quince ramas garantizan el suministro del 74,6% del consumo intermedio, y su aporte al consumo intermedio representa el 28% del VBP, es decir, son las RAMAS ESTRATEGICAS en la actual estructura productiva salvadoreña.
Pero hay que resaltar la elevada dependencia de las importaciones de dichas ramas. En promedio, el 22,6% de la demanda nacional es abastecida por importaciones, lo cual significa que entre las ramas de mayor peso relativo en el consumo intermedio, encontramos algunas altamente importadoras, y otras que dinamizan especialmente la producción nacional: las ramas agrícolas, agropecuarias, industrias alimentarias, textiles y productos minerales no metálicos son ramas esencialmente "nacionales", mientras que las industrias papelera, químicas y metálicas son altamente importadoras.
Para identificar la centralización de la oferta para cada rama de la matriz, hemos retenido como criterio el señalar las ramas que aportan a otra más del equivalente al 1% del valor bruto de la producción (VBP) de esta, y que lo suministran al menos a diez ramas. Esto nos permite identificar las ramas que, aportando a otras más del 1% del respectivo VBP, son las que dominan en la producción intermedia. Con este criterio, nos aparecen las siguientes ramas: otros productos alimenticios elaborados, textiles y productos textiles, productos químicos, productos de la refinación de petróleo, productos minerales no metálicos elaborados, productos metálicos de base y elaborados, transporte y almacenamiento, bienes inmuebles y servicios prestados. Los precios finales de la mayoría de los productores están fuertemente condicionados por la evolución de los de estas pocas ramas: en general, la debilidad de las ramas industriales nacionales y la fuerte dependencia de las importaciones de las industrias químicas y metálicas, es un factor estructural que contribuye al aumento de los precios independientemente de la evolución de la producción y productividad global nacional, de la demanda y de las políticas monetarias, que se suelen citar como factores determinantes de la inflación. Al no disponer de la matriz de insumos importados, no podemos establecer con mayor exactitud el impacto concretos de este factor autónomo de inflación.
Esta lista nos permite identificar tres ejes de dinamismo en la economía nacional: el complejo agroalimentario, la rama textil-piel y los servicios. .
En nuestro caso, por ejemplo, el café genera una demanda importante para productos textiles, químicos, energía, transporte y servicios financieros; los granos básicos demandan a otros productos agrícolas, silvicultura, productos químicos, productos metálicos y transporte, la ganadería tira, de la producción minera, productos de molinería y panadería, azúcar, otros productos alimenticios elaborados (pienso) y productos químicos.
Por su parte, las industrias alimentarias demandan a su vez a las actividades agropecuarias primarias una parte importante de su producción (café y azúcar especialmente).
La matriz insumo-producto nos señala la existencia de una base sobre la cual ampliar los encadenamientos productivos en las actividades agroalimentarias. La existencia de importantes encadenamientos deberá llevar, en un análisis más detallado, a identificar las principales limitantes al desarrollo de estos (problemas de transporte, tecnológicos o de información por parte de los empresarios y cooperativas, pueden estar frenando el desarrollo de los encadenamientos agroalimentarios). Lamentablemente, el BCR no ha publicado la matriz de importaciones, lo cual nos permitiría además identificar las actividades en las cuales se puede llevar a cabo una sustitución de importaciones eficiente y rápida.
El comercio es el otro socio importante dentro de los servicios por su influencia en otras actividades. Los servicios públicos (agua, energía, comunicaciones), los servicios financieros, y algunas de las ramas manufactureras (papel y cartón, derivados del petróleo, productos de caucho y plástico, imprentas) dependen en gran medida de la demanda intermedia que se genera desde las actividades comerciales.
Sin embargo, podemos ver en términos globales, cuál es la participación de las importaciones en la oferta de cada rama. Este análisis nos permite clasificar las ramas en función de su dependencia de importaciones:
a) ramas extremadamente importadoras (más de un 40% de la oferta total). Son ramas que prácticamente no existen en la industria nacional, algunas de las cuales pueden ser objeto de sustitución de importaciones, pero tendrán que seguir siendo abastecidas por las importaciones: entre las primeras se encuentran los productos elaborados de la pesca, y entre las segundas los productos de la minería, productos químicos, productos minerales no metálicos elaborados, productos metálicos, maquinaria y equipo y material de transporte.
b) ramas altamente importadoras (20% a 40% de importaciones sobre la oferta total): productos alimenticios elaborados, madera y sus productos, papel, cartón y sus productos, derivados del petróleo, productos de caucho y plástico, productos del comercio.
En promedio el 16,3% de la oferta total es abastecida por importaciones, porcentaje mucho mayor si solamente consideramos la producción manufacturera.
Esta aberrante distribución del producto se traduce en que las rentas salariales representan tan solo el 21,8% del valor bruto de la producción. Es decir, que solamente la quinta parte del producto es consumido por los trabajadores -participación que se puede elevar al 40% si añadimos la capacidad de gasto que representan las remesas.
Con esta estructura de distribución, es muy difícil lograr que la actividad económica se oriente hacia el mercado interno. El "mercado" "obedece" a las señales que recibe de la estructura social de la producción, y orienta la inversión hacia actividades más seguras y rentables, que satisfacer la demanda d consumo de los trabajadores. Para que las "señales" que recibe el mercado sean más favorables a la satisfacción de las necesidades de la población, hace falta una modificación radical de la estructura de distribución, asignando activos a los pobres y realizando mejoras salariales que eleven la participación de la demanda de consumo salarial.
Teniendo en cuenta que la inversión privada es menos de la quinta parte del excedente empresarial, queda un amplio margen de incremento de salarios sin que ello tenga que implicar técnicamente pérdidas de eficiencia o reducciones en los niveles de inversión.
Hemos visto que la actividad económica gira en torno a unas pocas actividades: café y granos básicos en la agricultura, ganadería, industrias alimentarias, textiles y químicas. Especialmente hay una fuerte terciarización de la economía, con una presencia elevada de actividades improductivas, como alquiler de viviendas, y un peso significativo de las actividades gubernamentales, las cuales dinamizan a diversas ramas de servicios, la industria y la agricultura.
En las actividades agroalimentarias existe un cierto encadenamiento de actividades, lo mismo que entre la producción agrícola y ganadera y la industria del textil-piel, que representa una base de aprendizaje tecnológico y de tradiciones productivas sobre las cuales se puede desarrollar una política económica activa de fomento de la actividad productiva, la generación de mayor valor agregado y la mejora tecnológica en las principales actividades productivas nacionales.
La distribución del producto refleja una fuerte concentración de renta en manos de los empresarios, que no se traduce por otra parte en una elevada inversión, sino más bien en consumo suntuario. La escasa participación relativa de las rentas salariales en el valor agregado es una dificultad estructural a la cual se deberá enfrentar cualquier política orientada a dinamizar la economía nacional y elevar el nivel de vida de la población.
Por lo que respecta al reparto social de la producción, en las actuales condiciones, no se puede sostener que el crecimiento beneficia a toda la población: hace falta un incremento sostenido de los salarios y sobre todo una modificación de la estructura salarial (los salarios actualmente tienen una escala de 1 para los obreros 5 para los técnicos y administrativos y 40 para los ejecutivos) que modifique el reparto estructural de la producción como condición necesaria para eliminar la pobreza del país.
Este trabajo forma parte del proyecto de investigación regional, "Políticas Económico-Sociales Alternativas para América Central en los 90s", que se realiza en coordinación con CRIES y con el apoyo del Instituto Norte-Sur de Austria (ONSI).