SAD, 10/01/94, GLOBALIZACIÓN, TECNOLOGÍA Y MAL DESARROLLO
Serie Alternativas para el Desarrollo
País/Country: El Salvador
Fundación del Desarrollo de El Salvador
Autor/Author: Roberto Rubio Fabián
Número/Number: 24
Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly
Fecha/Date: 10/01/94
Lo normal, lo esperado, hubiese sido otro título: "Globalización,
Tecnología y Desarrollo". En efecto, la idea predominante es que, en términos
generales, la globalización y el progreso tecnológico son factores que promueven
el desarrollo. Sin embargo, y sin dejar de reconocer sus aportes positivos, los
procesos de globalización y los patrones tecnológicos actuales están
conduciendo, en términos genéricos, a un deterioro acelerado de las condiciones
de vida del planeta y de todos aquellos que habitamos en él, es decir están
produciendo "mal-desarrollo". Es esta otra lectura de la modernidad post-
industrial la que sustenta el titular y principal cometido del presente
artículo.
I. Globalización y Mal Desarrollo
Podemos destacar al menos tres grandes rasgos de la globalización, y que a
nuestro entender, producen mal-desarrollo: 1) los procesos crecientes de
concentración de riqueza a escala planetaria; 2) las dinámicas mundiales de
desreglamentación económica y financiera; y 3) la tendencia universal hacia la
uniformización y especialización de las actividades humanas. Analicemos cada uno
de ellos.
1. La globalización como proceso de concentración de riqueza.
He aquí algunas muestras de la globalización, que poco o nada tienen que ver con
la supuesta mayor liberalización y/o libre competencia que dicen
acompañarla:1
- De las 37,000 transnacionales que existían en el mundo en 1982, apenas 200
representaban el 24.2% del PNB mundial. Diez años después, en 1992, habían
incrementado su participación al 26.8%.
- Dentro de esas 200 poderosas empresas, sólo 10 de ellas obtuvieron casi
las mismas ganancias (34.8 mil millones de dólares en 1992) que las 190
restantes.
- Esos exorbitantes y crecientes niveles de concentración planetaria de la
riqueza en unas cuantas transnacionales permiten proyectar comparaciones
singulares para el siglo XXI: sólo la Ford Motor es más rica que Noruega, las
ventas de Philip Morris son mayores que el PNB de Nueva Zelanda... Por otro
lado, hoy por hoy, las ganancias del grupo financiero norteamericano Goldman
Sachs son similares a las "ganancias" de un país como Tanzania (con la
diferencia que los 2.2. mil millones de dólares del país se reparten entre 25
millones de habitantes, mientras que los $2.6 mil millones de la empresa se
distribuyen sólo entre 160 accionistas).
- Un problema adicional para el desarrollo: de los cerca de 1.3 billones de
dólares que fluirán diariamente este año por los concentrados mercados
internacionales de valores (controlados por aquellos reducidos grupos
transnacionales), sólo una parte infinitesimal se invertirá y generará
empleo.
En fin, con ese marco de globalización, paralelo al debilitamiento de los
estados nacionales como veremos más adelante, no resulta extraño imaginarnos el
momento en que la ONU (Organización de Naciones Unidas) cambie sus siglas y
contenidos y se convierta en OTU (Organización de Transnacionales Unidas). Al
paso que vamos quizá ya no entre en el campo de la ciencia ficción visualizar
los edificios sede de New York y Ginebra presididos por banderas empresariales
más que por banderas nacionales.
2. La globalización como proceso de desreglamentación económica.
El proceso de globalización ha venido significando un proceso de
"desregulación hacia afuera" (hacia afuera de los países y transnacionales del
Norte se entiende): menor intervención del Estado en la economía (aunque se
refuerza su intervención "hacia adentro", es decir en favor de aquellos países y
empresas), desregulación de los mercados internos (aunque se incrementan y
califican los controles de las transnacionales en ellos), apertura y eliminación
de obstáculos al comercio externo (aunque se potencie "hacia adentro" el
proteccionismo y la conformación de bloques), etc. Aquí y allá, por todos los
rincones del globo, los mercados laborales se flexibilizan, los mercados de
capitales van perdiendo sus marcos regulatorios, los mercados de bienes y
servicios se despojan de normas y controles, las tierras rurales y urbanas y los
servicios públicos se liberan al mercado, etc.
Aunque en muchos casos las medidas desregulatorias se han traducido en
mayor eficacia económica, su saldo general es netamente negativo; por lo menos
en lo que a consecuencias sociales y ambientales se refiere:
- La flexibilización del mercado laboral ha contribuido a empeorar las
condiciones de trabajo, ha extendido la precarización del empleo, favorecido los
accidentes laborales, aumentado el trabajo infantil, debilitado la organización
laboral, etc.
- La liberalización de algunos servicios públicos y/o su privatización, aún
en el supuesto que mejoren su eficiencia, ha contribuido a su encarecimiento y
ha dificultado su acceso para enormes segmentos de la población.
- La menor intervención del Estado en la economía se ha entendido,
equivocadamente, en disminución de su capacidad de incidencia en los espacios
socio-económicos internos, es decir en un debilitamiento de los estados
nacionales. Esto ha contribuido, entre otras cosas, a mermar la capacidad de
elaboración de políticas socio-económicas propias. Las consecuencias de ello
están a la vista: sobredeterminación de los organismos multilaterales en materia
de formulación de planes o políticas socioeconómicas locales, ausencia de
políticas sectoriales, descoordinación de programas y medidas, etc. A su vez
esto trae aparejado varios problemas económicos y sociales. Así por ejemplo, el
práctico abandono de las políticas demográficas es una de las causas que ha
contribuido a la inversión de la tendencia descendente de la tasa de crecimiento
de la población a partir de fines de los 80.
- Las desregulaciones en el campo de los patrones tecnológicos y de los
patrones de consumo, así como en la circulación de factores (tierras sobre
todo), bienes y servicios, han favorecido el deterioro del medio ambiente. Así
por ejemplo, en los Estados Unidos se había logrado una reducción sostenida de
los contaminantes estándar del aire hasta 1982 (del 15.4% desde 1970); por otro
lado, a nivel mundial, "entre 1979 y principios de la década de los noventa se
ha multiplicado al menos por dos el ritmo de destrucción de los bosques
tropicales".2Sin riesgo de caer en el simplismo, podemos afirmar que
estos fenómenos no son ajenos a el impulso de las políticas neoliberales a
partir, sobre todo, de la década de los 80.
- La liberalización comercial, la tendencia hacia la uniformización y
especialización productiva (tecnologías inapropiadas), los efectos de la
desregulación sobre los ecosistemas (mayor deforestación y erosión, menor
biodiversidad/más plagas), son algunos de los factores que contribuyen a forjar
otra de las expresiones del mal-desarrollo de nuestros tiempos modernos: la
afectación de la capacidad mundial de producción de alimentos, especialmente de
cereales. En efecto, "Desde 1984 la producción mundial de cereales está
creciendo aproximadamente la mitad que la población, un 1%, lo que se traduce en
una disminución absoluta en muchos países pobres." 3Asimismo, "En
1994, las reservas a nivel mundial de granos, cayeron a 294 millones de
toneladas, el más bajo nivel desde mediados de los años 70."4
- Los mayores niveles de concentración de riqueza, el debilitamiento del
estado, la reducción de los gastos sociales (al menos en la década de los 80),
la flexibilización del mercado de trabajo y la rigidez de los niveles
salariales, el encarecimiento de los servicios públicos, el deterioro del medio
ambiente, los crecientes problemas de la producción alimentaria, etc., son todos
ellos componentes de los programas neoliberales que profundizaron y globalizaron
la pobreza en el mundo, y que nos lleva a reivindicar el binomio "globalización
y mal-desarrollo".
II. Tecnología y mal desarrollo
Otra característica de la globalización es la tendencia hacia la
uniformización y especialización de las actividades humanas.5
La tendencia actual hacia la uniformización tiene muchas
expresiones visibles. Por ejemplo en el campo del consumo básico: penetración
creciente del modo de vestir occidental en casi todas las civilizaciones, la
universalización del "fast food", el avance de las dietas anglosajonas en la
cultura culinaria mediterránea o japonesa, generalización del transporte
individual en detrimento del transporte público, etc. La universalización de los
patrones anglosajones de consumo tiene también su correlato en el campo de la
cultura: mayor homogeneidad y menor diversidad cultural, pérdida de identidades
culturales, expansión brutal de la cultura del pragmatismo, simplificación de
valores y pensamientos, etc.
Por otro lado, la especialización es otro rasgo impulsado por la
globalización. Aunque en el Occidente la tendencia hacia la especialización
viene de tiempos milenarios (quizá desde que la filosofía aristotélica sentó sus
primeras bases), y forma parte profunda de su cultura ("Mientras Oriente
contempla el bosque, Occidente se dedica a contar los árboles", comenta M.
Ferguson a propósito de las dificultades del pensamiento occidental de percibir
las partes dentro de la totalidad6, lo cierto es que en los últimos
años esa tendencia se ha acelerado. Las ciencias tienden más a una "evolución
vertical" donde proliferan diversas ramificaciones, los conocimientos y su
aprendizaje se afinan y distribuyen en múltiples compartimientos, las
profesiones y los trabajos se focalizan en parcelas cada vez más reducidas de la
realidad, los bienes se ajustan más a la heterogeneidad de los mercados, los
servicios (seguros, publicidad, turismo, entre otros) se detallan cada vez más
acorde a los grupos económicos-sociales-culturales-generacionales, la nueva
división internacional del trabajo crea una fábrica mundial donde diversos
países cumplen funciones productivas especializadas, etc.
Pero lo que nos interesa destacar acá son las tendencias hacia la
uniformización y especialización en el campo de los patrones
tecnológicos, de los sistemas productivos, y sus efectos nocivos sobre el
desarrollo.
En tal sentido, el proceso de globalización ha exacerbado determinados
comportamientos en el campo productivo/tecnológico como: la mecanización y
la"quimiquización" como la receta universal para incrementar la productividad
agropecuaria, la expansión del monocultivo, las nuevas formas de "taylorismo"
que acompañan la deslocalización productiva manufacturera (donde las zonas
francas son buena muestra), el uso de tecnologías intensivas en capital y/o
intensivas en mano de obra calificada, la informatización de los procesos
productivos, la estandarización de las normas y controles de calidad, etc.
Los anteriores comportamientos tecnológicos, expresiones de la uniformización y
especialización creciente que acompañan el proceso globalizador, vienen actuando
más como factores de retroceso que de progreso, es decir como detonantes de mal-
desarrollo. Veamos, sin ánimo de agotarlos, algunos de sus efectos:
- La robotización, la automatización de los procesos de trabajo convierte al
desempleo en un componente estructural de las economías (en particular de las
desarrolladas); al mismo tiempo, los requerimientos crecientes de mano de obra
calificada por parte de los nuevos procesos de trabajo, lo potencia aún más (en
efecto, si por un lado se incrementa la demanda por trabajo calificado, por el
otro lado disminuyen las posibilidades de empleo para la oferta de mano de obra
no calificada).
- Muchos de los nuevos patrones tecnológicos favorecen el deterioro de las
condiciones laborales, especialmente en lo que se refiere a los procesos
crecientes de precarización del empleo.
- Más allá de los grandes beneficios que conlleva el avance tecnológico en
materia de medios de comunicación, éste también está contribuyendo a un proceso
de "desculturización" de los ciudadanos: la cultura oral se va imponiendo a la
escrita, los libros y revistas ceden a los periódicos y "pasquines", todos éstos
a su vez ceden a las imágenes televisivas, la "cultura del entretenimiento" que
predomina en la TV invade los espacios de ocio y limita las posibilidades de
cultivo intelectual.
- La práctica generalizada y especializada del monocultivo es una de las
principales causas de los fenómenos de deforestación, erosión, empobrecimiento
de los suelos y proliferación de plagas.
- La mecanización y "quimiquización" del sector agropecuario viene
contribuyendo a fenómenos semejantes: deforestación, erosión, pérdida de calidad
del suelo, más plagas y mayor resistencia de las mismas a su combate; y a otros
adicionales como: contaminación de cuerpos de agua y de alimentos, incremento de
los costos unitarios de producción, endeudamiento creciente de las
explotaciones, etc.
- Muchas nuevas tecnologías se convierten en verdaderos "focos
contaminantes" que atentan contra la salud de las poblaciones, especialmente de
los trabajadores que las manipulan: combinaciones de sustancias cuyas
emanaciones gaseosas están al origen de muchas enfermedades pulmonares,
sanguíneas y cerebrales; generación de intensos campos magnéticos que podrían
estar a la base de varios tipos de cáncer, especialmente de la leucemia en los
infantes (torres de alta tensión, teléfonos celulares, emisión de micro ondas);
técnicas de procesamiento y conservación de alimentos que son cancerígenas;
aceleración y/o manipulación inadecuada de los procesos de crecimiento de
plantas y animales por procedimientos de dudoso beneficio a la salud (como el
hormonal); uso de materiales de difícil descomposición o reciclaje, cuyos
desechos convivirán, y perjudicarán, por muchos años con el "habitat" humano.
- Los patrones tecnológicos predominantes también están contribuyendo a
alterar/deteriorar los macro y los micro ecosistemas, y con ello poniendo en
riesgo la existencia misma del planeta. Dentro de las incidencias negativas
sobre los macroecosistemas podemos traer a cuenta: los cambios climáticos
generalizados y localizados, el efecto invernadero que padece todo el globo
terrestre, la constante y alarmante ampliación del "agujero de ozono", los
procesos de desertificación de amplias zonas del planeta, el agotamiento de los
recursos naturales no renovables, la pérdida de enormes patrimonios naturales a
escala mundial (extinción de especies, pérdida de biodiversidad), entre los más
importantes.
- En cuanto a la alteración/deterioro de los "microecosistemas",
podemos hacer referencia a dos fenómenos más característicos de este fin de
siglo: el aparecimiento y proliferación de nuevas enfermedades, y el
debilitamiento del sistema inmunológico de los seres humanos. Por un lado, son
cada vez más numerosas las hipótesis que acusan a muchas tecnologías modernas
(como por ejemplo el carácter unilateral de la ingeniería genética,
procedimientos inadecuados en biotecnología, desarrollo de las armas
bacteriológicas) de ser factores explicativos de la "nuevas"
bacterias/virus/enfermedades: bacterias que vuelven esponjoso el cerebro del
ganado (las "vacas locas" de Inglaterra), partículas extrañas en los moluscos
que causan parálisis en las personas (las coquillages de la costa bretona
en Francia), el fuerte aumento de los casos de contaminación por
salmonella en el consumo de carnes y huevos, la multiplicación del SIDA,
una reciente enfermedad producto de una bacteria carnívora que devora el cuerpo
humano en pocos días o semanas, etc. Debido a su sobreutilización, los
antibióticos -uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX- han
contribuido al desarrollo y proliferación de versiones cada vez más resistentes
de bacterias mortíferas. Por otro lado, el deterioro/contaminación de la
atmósfera y de la biosfera, parece estar generando un "entorno" desfavorable al
sistema inmunológico del ser humano. Todo pareciera indicar que, en términos
generales, las nuevas generaciones tienen o tendrán unas defensas orgánicas de
menor calidad que las de su generación predecesora; esto no es ajeno al
acelerado aumento de los casos de cáncer en el mundo, como tampoco lo es el
hecho que esta mortal enfermedad, más normal y típica hace unos años atrás en
las generaciones arriba de los 50/60, se venga convirtiendo en característica de
las generaciones de los 35/45.
Todas esas expresiones de mal desarrollo producidas por la tecnología
moderna nos sugiere una reflexión final sobre el tema: lo que produce ese mal
desarrollo ¿es la tecnología moderna en sí o es su uso inadecuado? Podrían ser
ambas cosas: la técnica intensiva y exclusiva en agroquímicos es en sí negativa,
asimismo la biotecnología es positiva pero inadecuadas manipulaciones genéticas
pueden derivar en efectos negativos. Por tanto el problema de fondo no está ahí.
Este se encuentra en el paradigma económico que envuelve el progreso
tecnológico, en la racionalidad que guía a los "operadores" predominantes de la
globalización. El problema estriba en una racionalidad que todo lo mide y valora
en términos de un fin económico fundamental: minimizar costos y maximizar
beneficios en el menor tiempo posible.
Esa cultura de la eficacia economicista de corto plazo genera
comportamientos irracionales:
- Minimizar costos suele traducirse en la minimización de las condiciones de
reproducción material y espiritual del trabajo.
- Maximizar beneficios llega a convertirse en sinónimo de maximización de
los procesos de explotación y agotamiento de los recursos naturales.
- Los ecosistemas no se apropian o aprovechan acorde a sus equilibrios e
interrelaciones, sino según su costo sea alto o bajo; lo barato define lo
adecuado.
- Los inventos, las técnicas, suelen probar sus "efectos secundarios" a
posteriori, es decir cuando el mal ya está hecho o es irreversible: cuando los
aerosoles se inventaron y difundieron, la base del invento y su difusión fueron
sus costos y el éxito de sus ventas, no hubo ninguna investigación ni prueba ni
interés a priori que condujera a determinar sus posibles y múltiples efectos;
los aerosoles probaron sus efectos secundarios sobre la base de la misma
experimentación, es decir años después, cuando ya habían contribuido a destruir
buena parte de la protectora capa de ozono.
- Finalmente, he aquí otra irracionalidad presente en el campo de la
tecnología del procesamiento de alimentos: "muchos bienes alimenticios se
someten a un procesamiento industrial (como el refinado de azúcar y del arroz, o
la alta extracción de harina de trigo o de maíz) que da como resultado unos
productos más caros, que utilizan más energía en su elaboración y que para colmo
no son claramente benéficos para la salud, en lugar de escoger procesamientos
más simples, menos costosos y más saludables (como el azúcar morena, el arroz y
el pan integral). Pero ¿acaso no son estos bienes alimenticios justamente y
normalmente los más caros en el mercado? No nos dejemos caer en el engaño. He
aquí una segunda irracionalidad del estilo de desarrollo predominante: son
precisamente los bienes alimenticios que cuesta menos producir los que se venden
más caros (en este caso se entiende), en buena medida debido a la poca demanda
que hay sobre ellos... y de aquí otra irracionalidad adicional: se demandan más
aquellos bienes alimenticios que pueden ser más perjudiciales para la salud. Y
esto no se debe tanto a un problema de gusto o de "cocina" (el arroz integral
tarda más en cocinarse) como de intereses económicos o de "determinaciones
culturales interesadas".7
III. A Manera de Conclusión: Cultura Ambiental y Desarrollo
A la cultura del pragmatismo, al culto a la especialización, a la
racionalidad cortoplacista, etc. que predominan en el actual proceso de
globalización y desarrollo tecnológico, hay que anteponer lo que denominamos una
cultura ambiental si queremos encaminarnos en la senda del desarrollo.
La cultura ambiental es la cultura de la vida, del pensamiento orgánico,
de la visión compleja y multidimensional de las realidades, de la integralidad
de las políticas y acciones. Es un principio de respuesta global al creciente
proceso de mal desarrollo que destila por todas partes la modernización
globalizadora.
Dado que la caracterización, análisis, implicaciones y aplicaciones del
concepto de cultura ambiental sobrepasa los propósitos de este artículo, nos
limitaremos a exponer brevemente sus componentes más importantes y algunas de
sus manifestaciones más recientes.
- La cultura ambiental, como la vida, es portadora de
diversidad/complejidad, y contrasta con la tendencia uniformizadora y
simplista de los procesos antes mencionados. En el campo de la tecnología y/o de
las actividades productivas, la cultura ambiental incrementa la productividad
agropecuaria por medio de técnicas que respetan y se apoyan en la biodiversidad;
mejora las condiciones laborales y/o los procesos industriales por medio de
técnicas productivas menos mecánicas, aisladas y menos simplistas (como la
producción especializada en cadena); eleva la productividad del trabajo
fomentando su creatividad por medio de empleos diversos y rotatorios; las
políticas o medidas económicas ganan efectividad por medio de procedimientos que
desglosan y detallan la heterogeneidad de las realidades sobre las que se busca
incidir, etc.
- Otro rasgo de la cultura ambiental es su carácter ingtegralizador y
multidimensional, como lo posee todo proceso orgánico. Bajo la cultura
ambiental, la innovación tecnológica "se prueba", a priori y posteriori, en
varios frentes (económico, social, ambiental, biológico, cultural, etc.) y no
sólo bajo el frente único de la rentabilidad económica; la ciencia económica y
sus herramientas técnicas, rompen con el estrecho mundo del capital físico y
financiero e integran sus análisis y operaciones a nuevas formas de capital
(humano, natural, socio-institucional); los procesos de trabajo saben rescatar
lo adecuado de las técnicas tradicionales e integralizarlas con las técnicas
modernas; las unidades productivas son percibidas como una sola totalidad y se
borran las tareas compartimentadas, al tiempo que la unidad productiva se
integra también en una sola totalidad con su medio físico y social externo,
etc.
- La evolución, la obra humana, la vida, como la cultura ambiental, suele
crecer de abajo para arriba. En este sentido, y sin invalidar en forma
absoluta el crecimiento de arriba hacia abajo, se priorizan los procedimientos
técnicos que "suben" de los espacios localizados (como el criterio de
"tecnología por localidad" aplicada en el agro), en lugar de "bajar" patrones
tecnológicos generalizados a territorios por naturaleza diversificados; el
diseño y resultados de los proyectos socio-económicos incrementan su eficacia en
la medida que se elaboran, ejecutan y evalúan con y desde las poblaciones que se
encuentran involucradas en él; la participación adecuada y calificada se
convierte en factor de fortalecimiento de la empresa y no es percibida como
obstáculo a la misma, etc.
- Finalmente, tal como experimentan los organismos vivientes, la cultura
ambiental no basa el desarrollo exclusivamente en dinámicas competitivas sino
también en dinámicas solidarias y complementarias. Bajo esta nueva
cultura, no sólo la competitividad induce a la superación y calificación, sino
también las prácticas solidarias. Las innovaciones tecnológicas no sólo compiten
por mercados sino que también se solidarizan con los entornos donde se expanden;
las empresas no sólo disputan espacios, territorios o consumidores sino que
también los comparten; la inversión en capital humano no sólo es ganancia
empresarial sino también, y ante todo, societal; la inversión en capital natural
es solidaridad no sólo con las presentes sino también con las futuras
generaciones, etc.
Aunque todavía muy embrionaria, esta cultura ambiental ha comenzado a
tener manifestaciones alentadoras en los albores del siglo XXI: la fuerza que
está cobrando el desarrollo de la agroecología en el mundo; transformaciones en
la industria manufacturera donde se retoman, aún tímidamente, criterios de
complementariedad, diversidad, integralidad (como algunos elementos del concepto
de "Calidad Total", o las nuevas formas de organización laboral de Toyota);
búsqueda de la interdisciplinariedad; intentos de rescate de las identidades
culturales; desarrollo de la sensibilidad y pensamiento ambientalista;
formulación de proyectos en referencia a evaluaciones multidimensionales de sus
posibles impactos; crecientes esfuerzos por recoger y actualizar tecnologías
"tradicionales"; impulso, limitado, del comercio solidario; mayor vinculación de
la actividad económica con la problemática ecológica, etc. Esperamos que estas
incipientes señales portadoras de una nueva forma de vivir y pensar, de un nuevo
estilo de desarrollo, sean los augurios que presagian la irrupción generalizada
de la cultura ambiental para el siglo XXI.
Notas:
(1) La mayor parte de las informaciones sobre el tema aparecen en
Clairmont, F. y Cavanagh, J., "Sur les ailes du capitalisme planétaire", Le
Monde Diplomatique, Marzo 1994.
(2) Bermejo, Roberto, Manual para una economía ecológica, Bakeas/Los
Libros de la Catarata, Bilbao, España, 1994, p.52.
(3) Ibid. p.53.
(4) La Prensa Gráfica, "Buenas y malas noticias a nivel mundial señala
Worldwatch Institute", San Salvador, 4 de Septiembre de 1994.
(5) Dos tendencias de por sí contradictorias, ya que a medida que una actividad
humana se especializa más, menos son las posibilidades de su
universalización.
(6) Ferguson, Marilyn, La Conspiración de Acuario, Editorial Kairós,
Barcelona, 1989, p.90.
(7) Rubio, Roberto, "La agroexportación como factor explicativo del mal
desarrollo: la industria manufacturera, la situación alimentaria y ecológica de
El Salvador", Tesis Doctoral, Universidad de Louvain-la-Neuve, Bélgica,
1990.