SAD, 06/01/94, MIGRACIONES INTERNACIONALES, REMESAS E IMPACTO EN LAS CIUDADES

Serie Alternativas para el Desarrollo

País/Country: El Salvador

Fundación del Desarrollo de El Salvador

Autor/Author: Mario Lungo y Sonia Baires

Número/Number: 20

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 06/01/94
1. Las migraciones internacionales antes y durante los años del conflicto

Aunque no es un fenómeno documentado y estudiado en profundidad, es reconocido que El Salvador es un país en el que la migración hacia el exterior de sus habitantes ha sido un fenómeno constante a lo largo de este siglo. Basta señalar el desplazamiento de salvadoreños a la construcción del canal de Panamá a inicios del siglo o hacia las plantaciones bananeras hondureñas en los años 30 y 40. Más recientemente, y especialmente a partir de la década de los 70, esta migración se orienta esencialmente hacia los Estados Unidos, principalmente hacia California (el 65%), calculándose que al iniciarse los años 90, casi un millón de salvadoreños, residía en este país1, suma que constituye alrededor del 18% de la población contabilizada en el último censo nacional de 1992.

Las causas de estas olas migratorias son fundamentalmente de índole económica antes de 1980, combinándose con razones políticas a partir de este año debido a la guerra que se desarrolla en el país durante toda la década pasada. Algunas estimaciones atribuyen a las primeras el 58% de las motivaciones migratorias antes de 1979, disminuyendo a 36 % a partir de ese año, mientras las razones políticas serían del orden de 8% y 29% respectivamente.

Las características de los migrantes son conocidas sólo para el último período y para el caso de los que se desplazaron hacia los Estados Unidos, constatándose que predomina la migración individual y no familiar, a diferencia de otros flujos migratorios que han llegado a este país; que la mayoría son hombres (59%); provienen de áreas urbanas (63%), tienen un nivel educativo relativamente alto para el promedio nacional (8.7 grados cursados); tiene una edad promedio de 25 años; y que el 56% se encuentra residiendo ilegalmente.

Estamos, entonces, en presencia de una población enplena edad productiva y con un nivel educativo importante.

2. El impacto de este proceso migratorio y de las remesas sobre la red urbana y la estructura interna de las ciudades

Por las características descritas de los migrantes, se ha afirmado que este proceso ha representado una pérdida económica para el país en términos de capital humano, y una transferencia para las economías de los países receptores, particularmente los Estados Unidos. Internamente se han observado sin embargo tendencias opuestas, como el hecho de que este flujo migratorio ha mantenido la desocupación de la fuerza de trabajo en niveles tolerables socialmente, mientras las remesas de los migrantes han permitido compensar el déficit comercial, equilibrar el deterioro del nivel de ingresos de las familias receptoras y mantener la estabilidad cambiaria.

Las cifras sobre la importancia de las remesas en la economía nacional son elocuentes: pasaron de constituir el 1.4% del producto interno bruto en 1979 a ser el 10.5% en 1992; eran el 4.4% de las exportaciones del país en el primer año y el 113.8% en el segundo.

¿Cuál ha sido el impacto en la red urbana nacional y en la estructura interna de las ciudades? Aunque no tenemos una respuesta a esta interrogante en la medida en que no se han realizado estudios sobre esta temática, podemos avanzar algunas ideas basándonos en la información existente.

A nivel de la red urbana nacional es posible notar dos fenómenos relacionados con la migración: por un lado se observa ante todo el continuado crecimiento del Area Metropolitana de San Salvador y de las principales ciudades de la zona oriental del país, una de las más afectadas por la guerra de los años 80, San Miguel y Usulután, especialmente esta última que triplica su población entre 1971 y 1992; por otro lado, hay una disminución del número de habitantes de varias ciudades de menos de 20,000 habitantes en las distintas zonas donde se desarrolló el conflicto. Si aún no se han realizado estudios que expliquen el primer fenómeno, investigaciones en curso sobre el segundo sugieren que buena parte de la población que ha abandonado estas ciudades menores ha emigrado al exterior2.

La migración internacional ha incidido en la configuración de la red urbana nacional en la medida en que ha acentuado procesos de crecimiento y decrecimiento que no responden exclusivamente a factores económicos y sociales internos. Sin embargo, su impacto parece ser mayor a nivel de la estructura interna de las ciudades de menor tamaño.

Sobre esta estructura interna se ha notado, al analizar el uso de las remesas que los migrantes envían a sus familiares residentes en el país, una cierta relación con procesos de movilidad social. Así, de los que han cambiado de domicilio, el 75% vivía anteriormente en comunidades más pobres, especialmente comunidades marginales urbanas. Más claro es el cambio en los patrones de consumo de las familias receptoras de remesas, lo que tiene mayores consecuencias en las ciudades pequeñas.

Durante los años 80, el gasto del dinero recibido fue destinado principalmente hacia la compra de alimentos, ropa, aparatos electrodomésticos y vehículos. Los pequeños poblados fueron adquiriendo una nueva imagen en la que el predominio de la moda y el patrón de consumo norteamericano se fue haciendo cada vez más evidente. En menor proporción los fondos recibidos se destinaban a la compra de bienes inmuebles, quizás por la inseguridad que provocaba el conflicto, o a las actividades productivas.

Se ha calculado que durante la década pasada el 77% de las remesas captadas se ha destinado al consumo, el 20% al ahorro y sólo el restante 3% se ha invertido en actividades productivas. Lo anterior ha tenido, en las ciudades pequeñas ante todo, un claro efecto social negativo al desestimular el trabajo productivo de los miembros de las familias receptoras. Hacia 1992, sólo el 37% de ellos eran personas económicamente activas, ocupadoso desocupados.

En términos generales puede constatarse la emergencia de nuevas expresiones de la cultura urbana inducidas por estos patrones de consumo, las que se pueden encontrar en todas las ciudades del país. En su constitución juega un papel clave el uso del automóvil, elemento clave de identificación de quien recibe remesas o regresa del exterior. Aunque no existen estudios al respecto, el ingreso de vehículos usados procedentes de los Estados Unidos en un número impresionante durante los últimos años, es una señal de distinción social en ciudades pequeñas y barrios populares de las ciudades grandes, y una de las principales causas de la saturación de las vías de circulación en éstas últimas.

Pero hay, en las ciudades pequeñas, otros efectos de la impresionante migración internacional que ha ocurrido en el país durante los pasados veinte años. En muchas de ellas, y estimuladas por la creación de asociaciones de residentes provenientes de estas ciudades en distintas urbes de los Estados Unidos, se ha promovido la construcción de obras de mejoramiento en las ciudades de origen: construcción de calles, puentes o parques deportivos; equipamiento de escuelas y centros de salud; etc.

Este es quizá, hasta el momento, una de las consecuencias positivas del proceso migratorio ocurrido, pero cuya incidencia en procesos de desarrollo, al no estar acompañados de promoción del uso de las remesas en actividades productivas urbanas, tienen serias limitaciones.

La firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en enero de 1992, provocará un sustancial giro en la problemática que nos ocupa. Por un lado, hay un notable crecimiento de la inversión de las remesas en bienes inmuebles, lo que estimula al sector de la construcción mientras se dispara irracionalmente el precio de la tierra urbana. Por el otro lado, tanto de parte del gobierno como de las ONG's que apoyan el desarrollo de los sectores de menores ingresos, se comienzan a impulsar, vigorosamente aunque con resultados aún no visibles, la utilización de las remesas de la población migrante en actividades productivas, especialmente microempresas urbanas de distinto tipo.

Se plantea, incluso, la constitución de un sistema financiero popular que sería uno de los instrumentos claves para la reorientación en el uso del dinero que se envía desde el exterior, el cual trabajaría en este sentido tanto en el país como en las ciudades de los Estados Unidos donde se encuentran las mayores concentraciones de migrantes, esfuerzo al cual se trataría de vincular a las asociaciones de migrantes de las distintas ciudades del país a las cuales nos hemos referido antes.

3. El rol de la cooperación internacional

En el cuadro antes descrito, además de los actores nacionales, interviene uno externo cuya actuación puede ser decisiva para orientar el papel de la migración internacional hacia la contribución en la creación de un orden urbano más justo y equitativo, más democrático y socialmente sostenible: la cooperación internacional.

En efecto, los diversos organismos de cooperación con el desarrollo que actúan en El Salvador, sean las agencias de gobiernos, los organismos multilaterales, las fundaciones o las ONG's internacionales, pueden jugar un papel importante en estimular que las remesas que envían los migrantes salvadoreños, cuyo volumen ha sobrepasado el total de exportaciones del país, sean destinadas, fundamentalmente, hacia la promoción de actividades productivas de distinto tipo y dimensión, no sólo microempresas aisladas ni sólo dedicadas a la prestación de servicios al consumidor, sino articuladas a unidades mayores productivas de bienes y servicios a empresas, e insertadas plenamente en el sistema financiero; dentro del cual debe ocupar una posición importante en el naciente sistema financiero popular.

Aunque la utilización de parte d los fondos girados por los migrantes en la construcción de infraestructura económica y social debe ser mantenida, no puede limitarse a estos usos. Dentro de ellos, debe priorizarse la infraestructura de mayor amplitud en términos de beneficio social y sostenibilidad social y ambiental.

Dentro de esta orientación general, es posible y conveniente pensar en la inversión de este importante flujo de recursos en términos de la búsqueda de un desarrollo de una red urbana con menos disparidades dentro del territorio nacional y con una perspectiva de sostenibilidad; de ciudades con estructuras urbanas más justas y equitativas que permitan la construcción de una verdadera ciudadanía.

Pero no debemos olvidar que lo anterior exige, además de determinadas condiciones materiales, ante todo el desarrollo del ser humano. La considerable migración reciente de los salvadoreños hacia los países del norte enseña, además, una cuestión de singular importancia: en este duro proceso de desarraigo y difícil inserción en sociedades extrañas, se ha ido forjando una red de profundas y novedosas relaciones que constituyen un verdadero capital social de los migrantes que puede constituir la base para potenciar el desarrollo de las zonas emisoras, principalmente las ciudades, y de esta forma el desarrollo del país en su conjunto.


Notas:

(1) Los datos han sido tomados de los siguientes trabajos:

* Montes, Segundo et al: "Salvadorean Migration to the United States: An Exploratory Study", Georgetown University, Washington D.C., 1988.

* Funkhouser, Edward: "Mass Migration, Remittances and Economic Adjustement: the Case of El Salvador in the 1980's", Harvard University, 1990.

* CEPAL: "El Salvador: remesas internacionales y economía familiar", 1991.

* FUSADES: Boletín Económico y Social No. 98, Enero 1994, San Salvador.

(2) Este dato ha sido encontrado en la investigación en curso "Leveraging Migration for Development in Mexico and El Salvador", que está siendo realizada por La Universidad de California Los Angeles, El Colegio de México y la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), de El Salvador.