Veamos antes algunos datos. Según estimaciones recientes, en febrero de 1994 había un total de 7,054 autobuses en todo el país, de los cuales 3,848 operaban en las áreas urbanas y 3,206 en las lineas interurbanas. Su servicio se complementaba por 12,000 microbuses aproximadamente, de los cuales 2,600 operan en el AMSS, donde circulan 1,755 autobuses subsidiados y la mayoría de los 714 autobuses preferenciales, que cobran una tarifa 67% más alta pero que no tienen derecho al subsidio. Este último, otorgado por el gobierno desde 1974, consiste en un descuento en el precio del diesel mediante un sistema de cuotas en función del número de asientos, el recorrido y la ruta atendida.
Se calcula que existe un déficit general del 12% en la prestación de este servicio y que para el AMSS el número de unidades es insuficiente; la pérdida por los tiempos de espera (horas/hombre), alcanza casi ø697.5 millones (US$ 80 millones), anualmente (FUSADES, 1994). Por otra parte, la necesidad de cumplir con horarios para no perder el subsidio y de captar la mayor cantidad posible de pasajeros, exacerba la competencia afectando la calidad del servicio brindado a los usuarios y al conjunto de habitantes de la ciudad. Adicionalmente la ausencia de control sobre el estado de las unidades contribuye al acentuado deterioro del medio ambiente urbano y a los cotidianos accidentes que ocurren. Nos encontramos, así, frente a un conjunto de negativos factores que afectan las condiciones de vida, especialmente de los sectores de menores ingresos, y la productividad urbana del AMSS.
Uno de estos factores lo constituye la obsolescencia de las unidades de autobuses circulando, la mayoría de los cuales son de un año de fabricación anterior a 1980, lo que se traduce en un gasto de divisas en importación de piezas de repuesto que afecta la balanza de pagos, el medio ambiente y la salud de los habitantes del AMSS. (cuadro 1)
Se ha calculado que de modificarse las tarifas, su peso en el salario mínimo aumentaría en alrededor del 50%3: (cuadro 2 obligatorio)
Bajo responsabilidad privada la provisión de este servicio desde hace décadas, subsidiado por el Estado desde hace 20 años a raíz del incremento mundial de los precios del petróleo, poco a poco su control fue atomizándose hasta el punto que las tarifas las definía la Dirección de Transporte del Ministerio de Economía, la autorización de circulación de los microbuses la decidía la Subdirección General de Tránsito adscrita a la Policía Nacional, la infraestructura estaba en manos del Ministerio de Obras Públicas, en algunos aspectos menores participaban las alcaldías municipales, y en otras ocasiones intervenía incluso la presidencia de la república.
Esta situación había hecho crisis ya al finalizar la década de los 70, pero el conflicto armado que se desplegara a partir de 1981, con un saldo negativo muy alto para el transporte público en términos de las unidades destruídas y los tiempos de paro obligados4, la mantiene en un segundo plano hasta que, al firmarse los Acuerdos de Paz en enero de 1992, emerge y pasa a ocupar una posición de primera importancia en el contexto de la reconstrucción del país. A tal punto que se convierte en un punto central en la agenda política antes y después de las elecciones de marzo de 1994 (Lungo, 1994), y lleva al gobierno a crear el Viceministerio de Transportes (adscrito al Ministerio de Obras Públicas), en 1993, para tratar de establecer una coordinación entre las instituciones gubernamentales que tienen responsabilidad sobre el transporte en el país, y a abrir una licitación para elaborar el "Plan Maestro del Transporte Vehicular en el Area Metropolitana de San Salvador" este año, en la que están participando una serie de empresas consultoras extranjeras asociadas a empresas nacionales5.
Y aunque pudiera estarse de acuerdo con las afirmaciones de que la forma de otorgamiento del subsidio provoca distorsiones y que existe un exceso de regulaciones muchas veces contradictorias, no compartimos la idea de que basta con sustituir el subsidio generalizado por un subsidio focalizado directamente a grupos sociales vulnerables como los estudiantes y los pensionados de menores ingresos, ni eliminar las barreras existentes para que la oferta se amplie y mejore sustancialmente, beneficiando a los usuarios e incrementando la productividad urbana (FUSADES, 1994).
Sostenemos que es indispensable crear un ente regulador centralizado para poder crear las condiciones para modificar radicalmente la caótica situación que vive el transporte público en el AMSS en el momento actual. Esta posición la podríamos sintetizar en la propuesta de creación de "la autoridad única y la gestión compartida del transporte urbano". Ampliemos esta idea pues alrededor de ella gira la amplia discusión que sobre esta problemática recorre América Latina y muchos países de otros continentes, donde se está también en presencia de formas tradicionales de organización del sector que tienen un alto grado de obsolescencia, donde en la gestión coexisten múltiples instituciones públicas y privadas de diferentes niveles territoriales, mientras se observa un acelerado crecimiento del parque automotor privado y las estructuras físico-funcionales de las ciudades más grandes presentan muchos "centros" distintos y varios gobiernos locales sobre su ámbito territorial (Banco Mundial, 1993).
Para ello nos apoyaremos en un sugerente trabajo referido al caso de Santiago de Chile (Figueroa, 1990). En este se parte del dilema de las dos lógicas existentes en torno al costo del transporte público: la lógica de la "verdad tarifaria", que busca que las tarifas reflejen los costos de operación, y la lógica de la evolución de los salarios y del costo de la vida, afirmando que la primera depende ante todo de los precios internacionales mientras que la segunda de los factores económicos nacionales y de la capacidad de negociación de los trabajadores. Al abandonar o disminuir el Estado sus responsabilidades en la gestión de este servicio, se provoca una serie de contradicciones en la acción gubernamental y una especie de autoregulación por parte de los proveedores (la decisión de incrementar las tarifas sin esperar la decisión del gobierno mencionada antes es un claro ejemplo de esta situación).
Se propone entonces un mecanismo de financiamiento que garantice la ganancia del capital invertido en el sector del transporte público pero que no haga recaer sobre los usuarios exclusivamente la rentabilidad del servicio, ya que los beneficiarios del transporte público no son sólamente los usuarios, sino los industriales, los comerciantes, los constructores, los propietarios de vehículos particulares, etc., quienes se ven afectados o beneficiados dependiendo de la situación en que se desenvuelve el transporte público. Más aún, la cuestión de la productividad urbana, que compete a todos los sectores de la economía de una ciudad, debe considerar los costos y beneficios colectivos derivados de la forma de prestación de este servicio público6.
Respecto a la gestión del servicio7, en el trabajo mencionado se propone un cierto nivel de centralización (la "Autoridad Metropolitana" del transporte), cuya función no es la de propietaria o ejecutora, sino la de jugar un papel de concertador de los intereses de los distintos actores urbanos que participan, directa o indirectamente, en el transporte urbano, de organizar de las múltiples opciones que se presenten.
Esta idea es en la que nos apoyamos para pensar en una propuesta que supere el problema central del transporte público en el AMSS: la atomización de su gestión, la cual esbozaremos a continuación con un carácter preliminar.
La propuesta: La autoridad única y la gestión compartida de la gestión del transporte público en el AMSS
Ante todo queremos señalar que no se debería continuar profundizando la dispersión existente en torno al desarrollo del AMSS y la cuestión del transporte público. En este momento se ha lanzado a licitación la elaboración, separadamente, del "Plan de Desarrollo del AMSS" y del "Plan Maestro Vehicular para el AMSS". Por otra parte, cuando se establece un marco coordinado para orientar el desarrollo de la ciudad (la "Ley de Ordenamiento Territorial del AMSS", aprobada a finales de 1993), la coordinación se limita a las instituciones gubernamentales, sin otorgar una amplia participación a la sociedad civil.
La propuesta que planteamos trata de superar estas limitaciones a través de un doble mecanismo: la creación de una autoridad única y la gestión compartida del transporte público en el AMSS. La autoridad única podría asumir la forma de un ente autónomo (como las "Autoridades Autónomas del Transporte" existentes en otras ciudades). Esta modalidad es la única forma de trascender la dispersión actual que no puede ser solucionada, a pesar de las buenas voluntades, por instancias de coordinación. En este sentido constituye un movimiento y un momento de centralización necesario.
Pero para evitar que este ente autónomo reproduzca los vicios centralistas de las instituciones autónomas que se crearon durante el ciclo anterior de modernización del Estado salvadoreño en los años 50, y sobre todo su sesgo profundamente no participativo y antidemocrático, esta "Autoridad Unica" del transporte público del AMSS, debe jugar el rol indicado antes: ser una instancia de concertación de los intereses de los distintos actores urbanos que participan en la problemática del mismo. Es a este proceso que llamamos gestión compartida del transporte público.
Los rasgos esenciales de su trabajo se describen a continuación:
a. esta autoridad única y gestión compartida, debe tener un carácter multimodal e intermodal8, incorporar la problemática del transporte vehicular privado, comprender las funciones de planificación, regulación/normatividad, promoción de inversión y administración del sistema, pero mantenerse al margen de la propiedad y la ejecución de obras.
b. deberían estar organizados en subprogramas (financiero, tarifario, institucional, infraestructura y vialidad, control del parque vehicular, financiero, etc.).
c. su integración debería incluir a las instituciones del gobierno central. a los municipios del AMSS, a representantes de la empresa privada y a representantes de los usuarios.
d. entre los mecanismos de implementación estarían la promulgación de la ley de creación de esta "Autoridad Unica", las que le otorgen el financiamiento para su operación, la elaboración del plan de transporte del AMSS (para lo cual se contaría ya con los resultados de la licitación en curso), etc., el cual debería estar integrado al plan de desarrollo del AMSS que se está elaborando.
Referencias:
Banco Mundial: La Era Urbana, vol.2, #2, otoño de 1993, Washington.
Figueroa, Oscar: "Una utopía para el sistema de transporte urbano de Santiago", revista EURE, vol.XVI, #49, 1990, Santiago.
FUSADES: Boletín Económico y Social #101, 1 abril de 1994, San Salvador.
Lungo, Mario: Una alternativa para San Salvador, FLACSO, San Salvador, 1994.
Lungo, Mario y Oporto, Francisco: San Salvador. Estadísticas básicas, FLACSO, San Salvador, 1994.
Este trabajo es parte de la investigación sobre "Políticas Urbanas" que esta realizando la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE).
(1) Noción introducida por los documentos del Banco Mundial que está siendo ampliamente discutida. Ver: Cities in the 1990's. The challenge for Developing Countries, Nigel Harris (ed.), University College London Press, Londres, 1993. Por las limitaciones de este trabajo no podemos discutirla aquí.
(2) La Prensa Gráfica, 11 de julio de 1994, San Salvador.
(3) Cálculos efectuados por Alfonso Goitia de FUNDE.
(4) Se calcula que entre 1979 y 1989 resultaron destruidas totalmente 197 unidades, parcialmente 367, con un costo resultante de 40 millones de colones ( alrededor de 8 millones de dólares, por las variaciones en el tipo de cambio). En la reposición de estas unidades fue fundamental el apoyo económico de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), de los Estados Unidos.
(5) La Prensa Gráfica, 7 de julio de 1994, San Salvador.
(6) En el artículo se propone la creación de un "Fondo de Transporte", el cual no debe ser entendido como subsidio. Por limitaciones de espacio no podemos abordar la discusión de esta propuesta.
(7) Por gestión comprendemos las dimensiones siguientes: la planificación, la normatividad, la inversión y la administración en la provisión del servicio.
(8) En el sentido de incorporar todas las modalidades de transporte urbano.