PROBLEMAS, 01/01/98, LIBROS

Problemas del Desarrollo

País/Country: México

Publicación del Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, México

Autor/Author: Eduardo Razo Pérez, José Antonio Guerra Chávez, Arturo Ortiz Wadgymar

Número/Number: 112

Frecuencia/Frequency: Trimestral/Quarterly


Fecha/Date: 01/01/98

Palacios Solano, Isaac Fernando,
América Latina: El estigma del petróleo, México, Ecuador y Venezuela,
México, El Caballito / IIEc.- UNAM, 1996, 195 pp.

En esta obra, el maestro Isaac Fernando Palacios Solano, realiza una secuencia histórica a conciencia, como base inicial del análisis del papel fundamental que ha venido jugando la explotación de los recursos petrolíferos para los países subdesarrollados de América Latina (AL), misma que ha definido en gran medida las condiciones actuales de la industria petrolera en los países de dicha región.

El título sugiere una dualidad o contradicción en su sola interpretación. Se hace mención del estigma que ha representado el que las naciones tercermundistas de AL cuenten dentro de sus recursos naturales con grandes yacimientos de petróleo.

Este hecho, por sí solo significo un poderoso imán para las grandes potencias a finales del siglo XIX. Dicha atracción tenía sus bases en las características geológicas de los yacimientos, que junto con la base tecnológica, permitían una fácil y económica extracción de ese recurso, lo cual era muy alentador para la realización de inversiones así como para la obtención de grandes ganancias.

Como factor de ventaja se tenía que, gracias a la existencia de petróleo en algunos países, éstos lograron una temprana inserción a los mercados y actividades industriales internacionales, al mismo tiempo que una parte del desarrollo tecnológico llegaba a sus territorios en forma rápida y sin tantos obstáculos.

La temprana inserción de los países latinoamericanos al capitalismo, genera por otro lado una politización de las clases trabajadoras, que fueron las menos beneficiadas de la gran riqueza generada por los hidrocarburos.

En el lado opuesto, dichas ventajas y la participación de empresas trasnacionales en la explotación de los yacimientos tenían efectos negativos en cuanto a la autonomía de las pequeñas naciones y su desarrollo tecnológico, derivado de una atención concentrada en los beneficios generados por esta industria y que en cierta medida ponía una venda en los ojos de los dirigentes políticos de los países en AL, ya que se hizo patente la sustentabilidad de las economías con base en los ingresos petrolíferos, actitud que aún no se ha logrado desarraigar de las ya ahora naciones "democráticas y libres".

En el periodo colonial se experimentó un doble proceso que preparó el terreno para el futuro próximo de AL. Dicho proceso consistió básicamente en el rapaz saqueo de las naciones colonizadas, por parte de las potencias que prevalecían, esto aunado a la opresión de las nacientes actividades productivas generaban una casi nula participación creadora en los pueblos de la región.

El alto grado de dependencia fomentado por los países colonizadores, sumado a la inestabilidad política de los nacientes estados americanos, fue una de las condiciones básicas para que los países imperialistas lograran establecer un dominio completo, como el ejercido por Estados Unidos sobre el continente americano.

El auge de la expansión industrial, a finales del siglo XIX, coincide con el descubrimiento de las riquezas petroleras de los países de AL; dichas riquezas fueron concesionadas y acaparadas por las grandes compañías petroleras internacionales, principalmente de Estados Unidos e Inglaterra, las cuales lograron un control absoluto en todos los ámbitos de explotación concernientes al petróleo. El control ejercido no se restringió al área de producción solamente, sino que se extendió a la mayoría de las áreas productivas que proporcionaban mayores ganancias para las potencias.

El control sobre la producción, la transformación y la comercialización petrolífera de AL se encontraba en manos de las empresas petroleras extranjeras, sobre todo estadounidenses, contando con una concesión de explotación del 100%. Aproximadamente hasta el primer tercio del siglo XX, los países latinoamericanos iniciaron un proceso de nacionalización de los recursos petroleros por medio de las expropiaciones. Destacándose dentro de estos procesos la expropiación realizada por México en 1938, logrando el control de ese recurso en todos los ámbitos concernientes a su explotación y transformación.

La expropiación sobre los recursos del petróleo fue sin lugar a duda uno de los mayores logros obtenido por las naciones de AL; sin embargo no hay que dejar de lado que éste fue un fenómeno impulsado por factores de corte externo, la situación política global se enfrento a dos elementos determinantes, que influyeron en las expropiaciones petroleras; el primer descubrimiento de los más grandes yacimientos de petróleo realizados hasta entonces, hecho que tuvo su origen en el medio oriente en la región de los países árabes. El segundo, fue la situación política de la década de los treinta, periodo significativo para el origen de la segunda guerra mundial. Finalmente como único factor interno se presento el agotamiento de los yacimientos hasta entonces descubiertos en los países latinoamericanos.

La situación en que vivían muchas naciones, partícipes en la segunda guerra mundial, era de una destrucción total de los medios de producción, de sus estructuras económicas y políticas, así como de una gran parte de la riqueza con que contaban. Dicha situación fue perfectamente bien aprovechada por Estados Unidos, país que logró imponer no sólo un dominio militar, sino también en el ámbito políticoeconómico y por supuesto en el tecnológico, empleando como punta de lanza el capital financiero de exportación. Los estados latinoamericanos no se libraron de las políticas expansionistas. Como una de las más importantes, implementada por ese país fue la expansión de los capitales hacia dichas naciones, en las cuales a finales de las décadas de los cuarenta y sesenta se contaba con una deuda externa que ascendía a 1 300 millones de dólares1 Un dato que destaca el autor para ilustrar el grado de endeudamiento es el siguiente:

"En el periodo de 1961 a 1968 el capital financiero de E.U.A. orientado hacia A.L. fue de 11 500 millones de dólares, en tanto que los pagos a dicho capital ascendieron a 14 500 millones; produciendo una descapitalización de 3 000 millones de dólares." 2

Dichos financiamientos y la precaria experiencia de los países tercermundistas, tuvieron un efecto devastador sobre los mismos, que se tradujo en un endeudamiento creciente, mismo que va generando una mayor pauperización de la población, al orientar la generación de la riqueza petrolera a los pagos de los servicios de deuda o en otros casos autorizando concesiones de explotación de sus recursos a las grandes potencias, con las que se tenía compromiso de deuda, fenómeno acaecido desde los años ochenta.

En el apartado denominado "Tres naciones con el estigma del petróleo: Ecuador, México y Venezuela", el autor realiza una reseña histórica de la situación política y social de las naciones tercermundistas en torno al petróleo, dando énfasis particular al papel promotor y multiplicador de la crisis internacional y las propias deficiencias de sus economías.

En términos generales, los tres países, presentaban una trayectoria más o menos homogénea, experimentaron una etapa de nacionalización de su recursos petrolíferos, un auge derivado del incremento del precio internacional del crudo, posteriormente, un excesivo crecimiento económico e inflacionario, alcanzando en algunos casos límites inimaginables. Un proceso de devaluación de la moneda y a partir de los años sesenta, eventuales etapas de estabilización promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de la firma de acuerdos con los gobiernos de la región, políticas que generaban un incremento de las deudas externas.

En otros aspectos también presentan similitudes, como es el caso de la caída del poder adquisitivo de la población, así como la disminución del producto per cápita,3 que se reflejan en manifestaciones sociales de todo tipo, llegando inclusive a los movimientos armados, lo que es muy común en los países latinoamericanos. Está presente también la mejoría de los métodos de control social por parte de los gobiernos, que aunados a las políticas de corte neoliberal, generaron un irreversible deterioro de las relaciones entre los gobiernos y sus pueblos.

A modo de conclusión: La participación temprana de las empresas trasnacionales en la explotación del petróleo en AL genera beneficios en términos de una pronta inserción de dichas naciones, en el contexto mundial, particularmente las que contaban con recursos petrolíferos. Dicho beneficio ha venido acompañado de contradicciones severas como: un precario desarrollo de las bases industriales, un creciente endeudamiento, imposición de políticas económicas, y la sustentación de algunas economías en los beneficios generados por la industria petrolera. EDUARDO RAZO PÉREZ.



Torres Torres, Felipe y Yolanda Trápaga (Coordinadores),
La Agricultura Orgánica. Una alternativa para la economía campesina de la globalización,
México, IIEc.-UNAM, Plaza y Valdés, 1997, 197 pp.

La agricultura mexicana enfrenta hoy retos difíciles, por causas del entorno económico mundial, y ante la necesidad de buscar alternativas de sobrevivencia en el campo surge la llamada agricultura orgánica, que se concibe como un sistema productivo que pretende conciliar intereses económicos con los principios ecológicos y equidad social, incorporando el conocimiento tradicional de los campesinos, conocedores de la naturaleza.

El presente libro presenta algunos de los problemas y propuestas más importantes del desarrollo sustentable, aplicado a la producción agrícola. A lo largo de nueve capítulos, se analizan las bases conceptuales, políticas y algunas experiencias sobre este esquema productivo.

El primer capítulo analiza las bases teóricas y la importancia del desarrollo sustentable como alternativa de desarrollo en el orden económico mundial. El planteamiento es que en este momento se requiere una explotación más racional de los recursos naturales y maximizar el bienestar social, no sin antes resguardar e incrementar el patrimonio ecológico para las próximas generaciones. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), así como diversas cumbres internacionales han buscado establecer algunos acuerdos, que siguen obstaculizados por falta de voluntad política y por la imposición en un modelo económico que no valora adecuadamente los recursos naturales.

El segundo capítulo plantea que los esfuerzos capitalistas se han concentrado particularmente durante los últimos cincuenta años en someter a la naturaleza a los ritmos de la economía, suponiendo que ésta es inagotable. Es hasta los tratados surgidos de la Cumbre del GATT en 1993, que se contempló diseñar esquemas de desarrollo que consideren al capital agrícola y los recursos naturales dentro de los precios de mercado, ya que actualmente privilegian solamente los insumos de capital. Sin embargo, el que los recursos naturales que sufren degradación y agotamiento no sean considerados como factores de producción, provoca que se distorsione el precio real de los productos agrícolas. Por lo tanto se requiere contar con una idea clara y precisa del impacto ambiental y del orden ecológico, antes de que se convierta en un alto costo social; sin embargo ni los inversionistas ni el Estado han asumido una responsabilidad clara en la conservación ecológica.

El tercer capítulo busca esclarecer la diferencia de los criterios económicos de evaluación entre la agricultura convencional y la orgánica, así como las posibilidades de esta última para responder a las demandas mundiales contemporáneas, proponiendo una serie de indicadores que consideren aspectos económicos, sociales y ecológicos.

En el capítulo cuatro, encontramos estudios que explican la importancia de la cultura alimentaria de los consumidores urbanos, por constituir éste el mercado potencial de productos orgánicos, donde se toma en cuenta la transformación de los patrones de consumo. Así, la cultura alimentaria es entendida como un factor que se moldea con la evolución del aparato productivo, la reducción del ingreso familiar, además de las nuevas influencias naturalistas provenientes de otros países.

En el capítulo cinco se presentan algunas experiencias de los mercados agroalimentariosorgánicos, los cuales se han ampliado en razón de la diversificación y la demanda de productos con ciertos grados de calidad, llamados productos alternativos, dirigidos a segmentos de consumidores de ingresos medios y altos, principalmente de países europeos y norteamericanos. Se detectan cuatro tipos de alimentos alternativos que se comercializan actualmente: los dietéticos, los naturistas, los ecológicos, y orgánicos. En la medida que nuestro país no cuenta con la experiencia para el desarrollo de su mercado interno, se revisan avances en algunos países de Europa y en Estados Unidos, los cuales han evolucionado en la comercialización, desde la venta directa por los propios productores hasta las organizaciones especializadas de venta al menudeo y la introducción en supermercados.

En el capítulo seis, se aborda un de los factores más importantes para el desarrollo de una agricultura orgánica en México. Éste se refiere a las condiciones ambientales, donde se esbozan las posibilidades agrícolas reales de nuestro territorio, sin perder de vista los usos actuales de suelo, de temporal y de riego, al igual que las condiciones técnicas que se siguen empleando. Se ubican las zonas geográficas que presentan mejores condiciones en la superficie cultivable en cuatro zonas clasificadas del territorio: Árido, Templado, Trópico Húmedas y Trópico Seco, las cuales deben ser comprendidas para establecer las áreas de producción orgánica.

Al capítulo siete se integra un estudio de caso realizado en Manantlán, Colima, sobre el aprovechamiento sustentable del maíz en Coamil. Aquí se muestran las características contextuales en la producción y la comercialización del producto y sus derivados, la relación socioeconómica del campesino y la tierra, las características de la explotación del suelo y los criterios tanto tecnológicos como de mercado que predominan en esta región, y que puede ser considerada al realizar algunas propuestas que desarrollen el esquema de la agricultura orgánica a mayor escala.

En el mismo sentido el capítulo ocho señala la situación que en torno al ajonjolí orgánico se desarrolla a nivel nacional y mundial, haciendo referencia al sistema tecnológico empleado, y su impacto en la fertilidad del suelo.

Finalmente el capítulo nueve contiene las conclusiones. Entre otras destaca que si bien es cierto que en la actualidad ya existen alternativas para un desarrollo sustentable de la agricultura, superar los esquemas de producción, de mercado y de consumo implicarán una tarea que los gobiernos deben afrontar, ya que el cuidado de los recursos naturales más allá de un compromiso ético se convierten en un problema económico para el desarrollo, que a su vez garantice la protección de los recursos y puedan asegurarse los satisfactores mínimos en los próximos siglos.

De esta forma podemos encontrar en el libro reseñado un excelente panorama de las dificultades y ventajas que implicaría esta alternativa en términos de reestructurar los modelos productivos, de distribución y de consumo, y que puede ser tomado en cuenta para que nuevos proyectos puedan desarrollarse en nuestro país. JOSÉ ANTONIO GUERRA CHÁVEZ.



Guillén Romo, Héctor,
La contrarrevolución neoliberal en México,
México, Editorial ERA, 1997, 257 pp.

Este libro constituye una aportación fundamental para la discusión teórica y de los efectos del neoliberalismo observables a nivel mundial. En particular la obra abunda acerca de los altos costos sociales y productivos que se han tenido que pagar en México, al seguir al pie de la letra las políticas contraccionistas concebidas y supervisadas desde el exterior. Su enfoque coincide con el de la mayoría de autores que hemos abordado este tema desde hace ya muchos años y que seguimos avanzando en la tesis tendiente a demostrar que este modelo de política económica y social es altamente redituable para una minoría de dueños privados de grandes oligopólios, locales y extranjeros; éstos y su teóricos se han preocupado por vender la idea de un paraíso regido por las leyes de un mercado privado que beneficia a la humanidad en su conjunto.

Es en ese contexto que el libro de Héctor Guillén Romo insiste sobre la pobreza teórica y falsedad de la nueva economía burguesa que parece tener convencidos no sólo a los gobiernos del mundo, sino a las universidades de muchos países, e incluso a un buen número de académicos, afortunadamente no todos, quienes se oponen a autores a quienes Guillén Romo les otorga su verdadera calificación, sin él decirlo, de economistas "vulgares", como les llamara Marx.

Dentro de esas posiciones es muy interesante que Guillén revise críticamente las teorías de Friedman y Hayek. Como se sabe, éste último ha sido uno de los teóricos más tomados en cuenta en universidades conservadoras, y cuyo mayor mérito es el haberse convertido en un insistente repetidor de las ideas de la "no intervención del Estado" que pusieran de moda los autores clásicos de los siglos XVIII y XIX. En realidad, el otro mérito de Hayek es el haber vivido hasta los años setenta y los ochenta en los que el "keynesianismo", por el que sentía enorme repudio desde la gran depresión, se derrumbaba como teoría incapaz de brindar al gran capital las ganancias que les otorgó con la economía del bienestar, a la que muy hábilmente se sumaron los monopólios cuando les convino. Hayek muy oportunamente se puso al frente de la corriente neoliberal, no tanto porque su teoría fuera una aportación original, sino más bien por su rechazo a la intervención del Estado, a la planificación ya en decadencia y desde luego al socialismo.

Al respecto, pensamos que el capítulo teórico que presenta Guillén Romo es fundamental para entender los orígenes del capitalismo neoliberal en esta fase de agudización de sus contradicciones; a éstas las pone de manifiesto cuando utiliza la metodología de Kaldor para evaluar el desastre económico de México, al cual, a pesar de las evidencias, aún se sigue considerando el ejemplo a seguir, especialmente ahora que se vino la crisis de Asia y el llamado efecto dragón, cuyas volatilidades están presentes en 1998. En efecto, el "Consenso de Washington", integrado por la trilogía Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y gobierno de Estados Unidos, intenta establecer programas de ajuste similares al mexicano, chileno o brasileño, a países que aparentemente dejaron de ser la mina de oro para las coorporaciones financieras y trasnacionales, las cuales ya se mueven especulativamente en diversas bolsas de valores de mundo; toca ahora a los países llamados NICS el admitir y afrontar los programas de ajuste que tan buenos resultados les dieron para sus intereses en otros países del mundo y vergonzosamente en México. Préstamos atados acompañados de programas de ajuste sancionados en Washington, son el pago que les hacen a estos países por haberse dejado explotar durante siglos. Bueno sería que a las autoridades de Indonesia, Malasia y Corea del Sur, les llegara por internet los resultados de estos programas de ajuste que exhibe Héctor Guillén Romo para que se miren en este espejo y decidan su futuro inmediato.

La obra de Guillén Romo es importante desde muchos puntos de vista, especialmente por la evaluación que hace de la economía mexicana, a partir del proceso devaluatorio de 1995, el cual según los voceros del actual gobierno, lo consideran un episodio totalmente superado, e incluso olvidado, haciendo abstracción de la deuda externa que hoy rebasa los 156 000 millones de dólares y que se ha ido cubriendo con absoluta puntualidad, importando poco el desempleo, la caída del mercado interno, la inseguridad cotidiana, el ambulantaje y los problemas sociales que se encuentran totalmente fuera de control. Para el "Consenso de Washington" todo son "logros macroeconómicos" como el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 1996 del 4.5%; pero sobre todo el ya aceptado para 1997 que significó el 7.5%, y las posibilidades de crecimientos similares para el año 2000, basado en las exportaciones de maquiladoras y otras empresas monopólicas las cuales sí crecen y con ello, estadísticamente el país crece, aunque esto no se vea reflejado en los niveles de vida, y bienestar para la población mexicana.

De todos estos asuntos se deberá ocupar el profesor Romo en una nueva edición, en la que se recojan estos fenómenos que aún requieren de explicación. Desafortunadamente, los acontecimientos vuelan y las editoriales y las imprentas tardan mucho en procesar un texto, cuya información lamentablemente envejece y el cambio de los acontecimientos nos rebasan, aunque la esencia del problema es la misma, es decir un triunfo para el gran capital hoy globalizado, frente a una derrota mundial que también tiende a globalizarse.

Hay cosas importantes que serán siempre de actualidad, como la crítica a los teóricos del neoliberalismo; de manera muy particular es importante la forma como Guillén cuestiona el argumento friedmaniano del déficit fiscal inflacionario y pone en evidencia la falsedad del fetiche de las finanzas públicas en equilibrio, asunto que hoy día se está cuestionando en los diversos partidos políticos no conservadores de México.

Para los organismos financieros internacionales defensores del orden, así como para los gobiernos neoliberales que acatan sus políticas, la mejor forma de atender las crisis de los países emergentes es con ajustes y más ajustes. Esto ha quedado claro en México al reducirse el gasto público a raíz de la baja internacional de los precios del petróleo. Pero eso sí, sin tocarse en lo más mínimo el dinero destinado al pago de la deuda, y más aun sin exigir a nuestros acreedores una nueva renegociación que permitiera un respiro de corto plazo. De todos estos asuntos invita a reflexionar el libro de Héctor Guillén Romo; pensamos que su lectura es obligatoria para todo público, pero especialmente para profesores, estudiantes y profesionales de economía, tan viciados y confundidos por teóricos fabricados y patrocinados por los beneficiarios del neoliberalismo.

Una tarea académica pendiente para el autor y para los estudiosos de las teorías económicas y sus aplicaciones, es el demitificar a los nuevos apóstoles de este modelo, y a valorar en sus justos términos las tesis econométricas de gente hoy día muy premiada entre ellas mismas, como Sargent, Lucas, y Tobin, y en especial el "Quetzalcoátl" Dornbush, quienes se consideran los únicos autorizados para hablar de economía, hacer libros de este tema y dar conferencias en todo el mundo. Urge, pues, que académicos bien preparados y dotados teóricamente, como es el caso de Guillén Romo, hagan una revisión crítica de las obras de esos autores, poniendo en evidencia lo que hay de extremadamente mecánico en sus enfoques y sin el más mínimo interés por la humanidad y su bienestar. ARTURO ORTIZ WADGYMAR


1)El monto global de los préstamos externos aprobados por este conjunto de organismos para financiar actividades industriales en América Latina desde 1940 a 1963 ascendió a unos 1 300 millones de dólares, p. 69.

2)Op. cit., p. 70.

3)Después de que en la década previa se registraba un índice de crecimiento de Producto Interno Bruto de la región de 5.8% en promedio anual, en 1981 éste sólo se incrementó en el 0.1%. Op. cit., p. 100.