I. Principales hallazgos
I. Introducción
Las tendencias observadas en el mercado laboral desde inicios de la presente década constituyen unos de los principales elementos que explican los niveles de pobreza existentes en Nicaragua en las zonas urbanas.
El proceso de urbanización que ha sufrido el país que se refleja en el hecho de que el 55% de su población está asentada en las ciudades 1 se ha constituido en un agravamiento acelerado de las condiciones de vida en las ciudades.
Si bien la pobreza es más profunda en las zonas rurales, la recesión económica, la falta de recursos productivos y los factores de inestabilidad provocados por la falta de regularización de la tenencia de la tierra y la inseguridad ciudadana, entre otros, son factores que estimulan la migración campo-ciudad, siendo ello la explicación de que la pobreza en las ciudades presente un crecimiento más acelerado.
La mayor presión poblacional sobre las ciudades, el agotamiento de la infraestructura económica y social y la relativa poca inversión realizada en los años 90 en los municipios, son los elementos que explican que la pobreza medida tanto por las necesidades básicas insatisfechas, como por los ingresos, haya aumentado más rápido que lo que lo hace en las zonas rurales.
FIDEG desde 1992 ha venido dando seguimiento a las condiciones de vida de la población urbana de Managua, León y Granada, en las que reside el 52,99% de la población urbana nacional 2. Siendo estas ciudades tan representativas del universo de la población urbana nacional, del comportamiento de ellas se puede inferir la situación que presentan las otras ciudades, donde por razones geográficas y económicas, posiblemente no presenten un panorama más alentador.
Por considerar que la inserción laboral de las personas es un factor determinante en el acceso a las necesidades básicas, el seguimiento de las condiciones de vida que se presenta en este artículo se hace a partir del método de la línea de pobreza. Para ello, se contabilizan los ingresos totales que perciben los hogares urbanos estudiados y se estima el nivel de pobreza en relación al grado de cobertura que éstos tienen del costo de una canasta básica alimenticia3.
II. La dimensión y características de la pobreza en los hogares urbanos
La tendencia que se observa desde 1992 hasta 1996 es que las condiciones de vida de población urbana Nicaragüense se han venido deteriorando, aún cuando algunos indicadores macroeconómicos y del mercado laboral - como se señaló en las revistas anteriores - presentan síntomas de recuperación.
A nivel regional se observa que la pobreza de los hogares en las tres principales ciudades del Pacífico se ha incrementado en 10,7 puntos porcentuales, pasando del 45,9% al 56,6% de los hogares, con una tendencia de crecimiento mayor en los hogares con jefatura masculina que en los hogares con jefatura femenina.
Sin embargo, es importante diferenciar en el análisis de la pobreza, la profundidad de la misma. En ese sentido, las cifras sugieren que durante los últimos cinco años se ha producido una pauperización de sectores medios (hogares que en 1992 estaban fuera de la línea de pobreza) con una mayor incidencia de hogares con jefatura masculina.
Por el contrario, la pobreza extrema que creció en 4,5 puntos porcentuales en 1996 con relación a 1992, es más intensa en los hogares con jefatura femenina. En 1996, de cada 100 hogares urbanos en las tres ciudades estudiadas por FIDEG, 30 se encontraban en situación de extrema pobreza, siendo 26 de cada 100 hogares con jefatura masculina y de 36 cada 100 hogares con jefatura femenina.
La evolución de la pobreza de los hogares según su ubicación geográfica indica que Granada es la ciudad que resultó ser la más castigada por ese flagelo. En efecto, en esta ciudad, la pobreza se incrementó en 10.4 puntos porcentuales entre 1992 y 1996, alcanzando en el último año al 67,4% de los hogares. Aunque en las ciudades de León y Managua la pobreza absoluta también creció, lo hizo a un ritmo menor, 7,6 y 7,7 puntos porcentuales respectivamente.
Sin embargo, en estas mismas ciudades se observan comportamientos diferenciados de la extrema pobreza. Mientras en la ciudad de León en 1992 el 36% de los hogares se encontraban en situación de extrema pobreza, en agosto de 1996 se produjo un descenso de 2 puntos porcentuales para situarse en 33,8%, no presentando variaciones significativas los hogares con jefatura de uno u otro sexo.
Por el contrario, en la ciudad de Managua, es claramente el lugar donde se observa un deterioro muy acentuado en las condiciones de vida de la población, pues mientras en 1992 sólo el 16,8% de los hogares se encontraban en situación de indigencia, en agosto de 1996 se incrementó al 24,3%. En esta última ciudad, lo determinante fue el comportamiento de los hogares con jefatura femenina, incrementándose del 18,8% en 1992 al 32% en 1996, mientras que los hogares con jefatura masculina se incrementaron en sólo 2 puntos porcentuales, pasando del 15,3% al 18,2% en 1992 y 1996 respectivamente.
El análisis temporal de la pobreza en las tres ciudades refleja comportamientos similares. El número de hogares en situación de pobreza creció de manera muy acentuada en los años 1992 y 1993, período que coincide con el de la manifestación del impacto que provocó la aplicación del programa de ajuste estructural (fuerte reducción del empleo en el sector público, contracción del empleo en el sector privado, drástica reducción de créditos, apertura externa, entre otros).
En 1994, coincidiendo con el primer año de la recuperación del PIB, el número de hogares en situación de pobreza se redujo un 4% con relación al año anterior. Sin embargo, y a pesar que el crecimiento económico se mantuvo en los años siguientes, incluso con reducción en la tasa de desempleo, el número de hogares en situación de pobreza aumentó en 13 puntos porcentuales en los dos últimos dos años.
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1993 | AGO 1994 | AGO 1995 | 1996 | ||||||||||
| H M T | H M T | H M T | H M T | H M T | |||||||||||
| REGIONAL | |||||||||||||||
| Total Hogares | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Hogares fuera de la linea de pobreza | 55.9 | 43.6 | 54.1 | 48.2 | 35.5 | 43.8 | 57.7 | 53.3 | 56.0 | 53.8 | 38.8 | 48.0 | 47.8 | 36.8 | 43.4 |
| Hogares Pobres | 44.0 | 56.4 | 45.9 | 51.8 | 64.5 | 42.3 | 42.3 | 46.7 | 44.0 | 46.2 | 61.2 | 52.0 | 52.2 | 63.2 | 56.6 |
| 17.6 | 24.1 | 20.3 | 23.9 | 23.0 | 23.6 | 19.7 | 21.2 | 20.2 | 23.0 | 26.9 | 24.5 | 26.3 | 26.7 | 26.4 |
| 26.4 | 32.3 | 25.6 | 27.9 | 41.5 | 32.6 | 22.6 | 25.5 | 23.8 | 23.2 | 34.3 | 27.5 | 25.9 | 36.5 | 30.1 |
| LEON | |||||||||||||||
| Total Hogares | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Hogares fuera de la linea de pobreza | 54.1 | 38.3 | 48.8 | 44.8 | 29.1 | 39.2 | 59.2 | 51.6 | 56.2 | 48.7 | 37.8 | 44.6 | 43.3 | 37.8 | 41.3 |
| Hogares Pobres | 45.9 | 61.7 | 51.2 | 55.2 | 70.9 | 60.8 | 40.8 | 48.4 | 43.8 | 51.3 | 62.2 | 55.4 | 56.7 | 62.2 | 58.8 |
| 12.6 | 21.0 | 15.4 | 26.0 | 25.6 | 25.8 | 20.4 | 24.7 | 22.1 | 26.0 | 21.1 | 24.2 | 26.0 | 23.3 | 25.0 |
| 33.3 | 40.7 | 35.8 | 29.2 | 45.3 | 35.0 | 20.4 | 23.7 | 21.7 | 25.3 | 41.1 | 31.2 | 30.7 | 38.9 | 33.8 |
| MANAGUA | |||||||||||||||
| Total Hogares | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Hogares fuera de la linea de pobreza | 66.5 | 59.7 | 63.7 | 59.6 | 42.0 | 53.0 | 61.2 | 57.0 | 59.5 | 59.0 | 44.6 | 52.9 | 57.8 | 42.3 | 51.0 |
| Hogares Pobres | 33.5 | 40.3 | 36.3 | 40.4 | 58.0 | 47.0 | 38.8 | 43.0 | 40.5 | 41.0 | 55.4 | 47.1 | 42.2 | 57.7 | 49.0 |
| 18.2 | 21.5 | 19.5 | 18.0 | 20.7 | 19.0 | 19.0 | 17.1 | 18.2 | 19.7 | 25.6 | 22.2 | 24.0 | 25.7 | 24.8 |
| 15.3 | 18.8 | 16.8 | 22.4 | 37.3 | 28.0 | 19.8 | 25.9 | 22.3 | 21.3 | 29.8 | 24.9 | 18.2 | 32.0 | 24.2 |
| GRANADA | |||||||||||||||
| Total Hogares | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Hogares fuera de la linea de pobreza | 47.2 | 32.8 | 43.0 | 34.0 | 29.4 | 32.6 | 51.2 | 47.1 | 50.0 | 50.3 | 27.3 | 42.6 | 37.3 | 23.8 | 32.6 |
| Hogares Pobres | 52.8 | 67.2 | 57.0 | 66.0 | 70.6 | 67.4 | 48.8 | 52.9 | 50.0 | 49.7 | 72.7 | 57.4 | 62.7 | 76.3 | 67.4 |
| 22.1 | 29.9 | 24.3 | 30.9 | 25.0 | 29.1 | 20.0 | 25.8 | 21.7 | 25.5 | 36.4 | 29.1 | 30.0 | 32.5 | 30.9 |
| 30.7 | 37.3 | 32.7 | 35.1 | 45.6 | 38.3 | 28.8 | 27.1 | 28.3 | 24.2 | 36.3 | 28.3 | 32.7 | 43.8 | 36.5 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG | |||||||||||||||
II.1 Algunas de las características de la pobreza de los hogares urbanos
Un factor condicionante de la pobreza, lo constituye el nivel educativo de la jefatura del hogar. Por lo general, las personas que no tienen acceso a la educación (formal o no formal) enfrentan ciertas dificultades derivadas de la carencia de habilidades para poder desempeñarse en la vida.
La situación de pobreza de los hogares en las ciudades estudiadas, presenta una fuerte asociación con el grado de alfabetismo de las personas que están al frente de los mismos. A nivel regional, se observa que dentro de los hogares que están en situación de extrema pobreza, el 15,3% de los jefes del hogar no tienen ninguna educación y 51,5% de ellos tienen solamente educación primaria, siendo más alta esa relación en el caso de los hogares con jefatura femenina.
Por el contrario, en los hogares fuera de la línea de pobreza 4,8% de los jefes de familia son analfabetas, con 6,3% en el caso de las mujeres y el 4% en los hombres. Encontrándose en estos hogares el mayor porcentaje de personas con niveles de educación más que secundaria.
Del total de los hogares con jefatura femenina, el analfabetismo es casi tres veces más en los hogares que están en situación de extrema pobreza con respecto a los que no se consideran pobres (16,7% y 6,3% respectivamente), mientras que en los hogares con jefatura masculina, esa relación es de poco menos del doble y en un rango significativamente más bajo con 7,4% y 4% en los hogares en extrema pobreza y no pobres respectivamente.
| Indicadores | AGO 1994 | AGO 1995 | AGO 1996 | ||||||
| H M T | H M T | H M T | |||||||
| TOTAL DE
HOGARES % de Hogares con Jefe Analfabeta |
5.6 | 11.5 | 7.8 | 5.8 | 14.9 | 9.3 | 6.7 | 13.3 | 9.3 |
| Nivel Educación del Jefe Hogar | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Ninguno | 8.6 | 16.2 | 11.4 | 7.0 | 16.1 | 10.5 | 9.0 | 16.2 | 11.8 |
| Primaria | 44.0 | 48.9 | 45.9 | 45.5 | 53.7 | 48.7 | 41.3 | 54.8 | 46.7 |
| Secundaria | 26.6 | 19.0 | 23.8 | 25.4 | 16.1 | 21.8 | 26.1 | 14.2 | 21.4 |
| Universitaria | 13.7 | 8.7 | 11.8 | 16.5 | 7.8 | 13.1 | 16.8 | 8.4 | 13.4 |
| Técnica | 7.1 | 7.2 | 7.1 | 5.6 | 6.3 | 5.9 | 6.7 | 6.1 | 6.4 |
| EXTREMA
POBREZA % de Hogares con Jefe Analfabeta |
10.5 | 17.1 | 13.1 | 9.7 | 18.3 | 13.8 | 7.4 | 16.7 | 11.8 |
| Nivel Educación del Jefe Hogar | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Ninguno | 13.7 | 26.8 | 18.9 | 10.5 | 20.0 | 15.1 | 10.3 | 20.6 | 15.3 |
| Primaria | 50.8 | 43.9 | 48.0 | 51.6 | 53.9 | 52.7 | 47.8 | 55.6 | 51.5 |
| Secundaria | 22.6 | 18.3 | 20.9 | 21.8 | 16.5 | 19.2 | 27.9 | 11.1 | 19.8 |
| Universitaria | 7.3 | 9.8 | 8.3 | 12.9 | 2.6 | 7.9 | 11.0 | 4.8 | 8.0 |
| Técnica | 5.6 | 1.2 | 3.9 | 3.2 | 7.0 | 5.1 | 2.9 | 7.1 | 5.0 |
| POBREZA % de Hogares con Jefe Analfabeta |
2.8 | 5.9 | 4.0 | 5.7 | 17.8 | 10.8 | 10.9 | 18.5 | 13.9 |
| Nivel Educación del Jefe Hogar | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Ninguno | 7.4 | 10.3 | 8.5 | 8.1 | 18.9 | 12.7 | 13.8 | 20.7 | 16.5 |
| Primaria | 47.2 | 57.3 | 51.1 | 51.2 | 52.2 | 12.7 | 44.2 | 54.3 | 48.3 |
| Secundaria | 35.2 | 13.3 | 26.7 | 30.1 | 15.6 | 23.9 | 28.3 | 17.4 | 23.9 |
| Universitaria | 4.6 | 8.8 | 6.3 | 6.5 | 5.6 | 6.1 | 7.2 | 3.3 | 5.7 |
| Técnica | 5.6 | 10.3 | 7.4 | 4.1 | 7.7 | 5.7 | 6.5 | 4.3 | 5.7 |
| FUERA DE LA LINEA DE POBREZA % de Hogares con Jefe Analfabeta |
4.7 | 11.1 | 7.0 | 4.2 | 10.0 | 6.0 | 4.0 | 6.3 | 4.8 |
| Nivel Educación del Jefe Hogar | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Ninguno | 6.9 | 13.5 | 9.2 | 4.9 | 10.8 | 6.7 | 5.6 | 8.7 | 6.6 |
| Primaria | 40.5 | 48.0 | 43.0 | 40.4 | 54.6 | 44.8 | 36.3 | 54.3 | 42.3 |
| Secundaria | 25.2 | 21.5 | 24.0 | 24.9 | 16.2 | 22.2 | 23.9 | 15.0 | 20.9 |
| Universitaria | 19.2 | 8.2 | 15.4 | 22.5 | 13.8 | 19.8 | 25.1 | 15.7 | 22.0 |
| Técnica | 8.2 | 8.8 | 8.4 | 7.3 | 4.6 | 6.5 | 8.8 | 6.3 | 7.90 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG | |||||||||
II.2 La pobreza asociada a los niveles de ingreso de los hogares
El ingreso promedio nominal de los hogares para el conjunto de las ciudades estudiadas en 1996 fue de C$ 2.174,66, presentando un crecimiento nominal del 2,05% con relación al año anterior. Sin embargo, considerando el crecimiento del 10,4% del costo de la vida durante el año (agosto 1995 y agosto 1996), los ingresos reales reportan una disminución de 8,5%.
El nivel de ingresos promedio por hogar reportado para 1996 representa un tercio más del de 1992, siendo el crecimiento de los ingresos promedio de los hogares con jefatura masculina más acentuado que el que registraron los hogares con jefatura femenina.
Tomando en cuenta que la inflación durante el período de agosto 1992 a agosto de 1996 fue de 82.7%, en la práctica se observa cómo el poder adquisitivo de los hogares se ha venido deteriorando. La pérdida del poder adquisitivo de los ingresos del hogar se acumularon particularmente entre los años 1992 a 1994 en que los ingresos promedios por hogar crecieron a una tasa promedio anual de 3,6%, mientras que la inflación lo hizo a 19.5% promedio anual. A partir de 1994, los ingresos por hogar continuaron creciendo a un ritmo promedio anual de 6,4%, mientras que la inflación lo hizo al 13.1%, lo que refleja una desaceleración en la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de los hogares urbanos.
Un elemento que amerita resaltar y que requeriría de una mayor profundización, es el relativo al comportamiento diferenciado de los ingresos promedios de los hogares según el sexo de la jefatura. Mientras los ingresos promedios de los hogares con jefatura femenina entre los años 1992 y 1994 registraron ingresos con una tasa de crecimiento del 8,3% anual, los ingresos de los hogares con jefatura masculina en ese mismo período sólo aumentaron en 1,7% promedio anual.
En la segunda fase (1994 a 1996), los ingresos nominales de los hogares con jefatura femenina presentaron una importante desaceleración, con 1,5% de crecimiento promedio anual, mientras que los ingresos de los hogares con jefatura masculina lo hicieron a una tasa promedio anual del 9,3%.
El comportamiento observado en la primera fase del período de estudio, podría explicarse al hecho de que la crisis provocada por las políticas restrictivas (presupuestarias y de crédito fundamentalmente) obligaron a que personas que hasta ese momento formaban parte de la población economicamente inactiva, se incorporaran al mercado laboral. Esto fue más notorio en el caso de los hogares con jefatura femenina. Por otra parte, la caída observada en los ingresos durante el siguiente período, podría adjudicarse a la reducción del número de perceptores por hogar.
Durante la segunda fase del período (1994 a 1996), posiblemente explicado a la reactivación de algunos sectores económicos, la situación de los ingresos de los hogares con jefatura masculina aumentó más en términos relativos. Ello se explica por un lado, a un mayor número de perceptores por hogar, pero también a un importante crecimiento de los ingresos, particularmente de los hogares que corresponden a los quintiles de ingresos más altos. Esto estaría dando cuenta de cierto nivel de segregación y segmentación del mercado laboral, donde las mujeres por razones objetivas y subjetivas, no logran ser incorporadas a los procesos económicos de mayor remuneración.
La variabilidad de los ingresos de los hogares urbanos, los cuales en gran medida dependen de la estabilidad del empleo, de las características del mismo y de las transferencias que reciben los hogares, han experimentado movimientos bruscos debido a los efectos que las políticas de ajuste tuvieron sobre esos ámbitos. De allí, que las brechas de ingresos entre los hogares más pobres y los que pertenecen a los quintiles más altos de ingresos, se reporten con una acentuada variabilidad.
Aún cuando la desigual distribución de los ingresos de los hogares está presente en todos los casos, de acuerdo a la serie construída desde 1992 se observa una menor brecha de ingresos entre el nivel más alto y más bajo de los hogares con jefatura masculina, acentuada en 1995, donde la brecha de hogares con jefatura femenina se ubicó en 67.08 veces, mientras la de los hogares con jefatura masculina fue de 44.15 veces. En 1996 se observa un importante descenso en la brecha de los ingresos de todos los hogares, ubicándose en niveles similares los hogares con jefatura masculina y femenina ( apróximadamente 35 veces).
| Rangos de Ingresos | AÑOS | No. Percept/Hogar | No. Personas/Hogar | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1992 | 1993 | 1994 | 1995 | 1996 | 1992 | 1996 | 1992 | 1996 | |
| TOTAL | |||||||||
| 1 er Quintil | 163.12 | 84.40 | 165.50 | 113.26 | 172.74 | 0.93 | 0.56 | 4.29 | 3.99 |
| 2do Quintil | 625.21 | 569.60 | 677.40 | 785.04 | 838.85 | 1.23 | 1.37 | 5.01 | 5.17 |
| 3er Quintil | 1,131..6 | 1,061.80 | 1,217.00 | 1,400.26 | 1,410.79 | 1.66 | 1.71 | 5.72 | 5.51 |
| 4to Quintil | 1,921.19 | 1,803.50 | 2,078.10 | 2,252.89 | 2,220.77 | 2.25 | 2.19 | 6.54 | 6.31 |
| 5to Quintil | 4,452.68 | 4,654.30 | 4,841.90 | 6,024.10 | 6,161.51 | 2.23 | 2.46 | 6.00 | 6.38 |
| Promedio | 1,623.16 | 1,658.40 | 1,805.40 | 2,130.89 | 2,174.66 | 1.64 | 1.66 | 5.48 | 5.48 |
| Brecha Ingreso | 27.30 | 55.15 | 29.26 | 53.19 | 35.66 | ||||
| MUJERES | |||||||||
| 1 er Quintil | 156.03 | 87.70 | 159.50 | 88.27 | 160.97 | 0.83 | 0.50 | 3.94 | 3.61 |
| 2do Quintil | 640.22 | 564.80 | 670.30 | 775.72 | 830.01 | 1.16 | 1.40 | 4.74 | 4.88 |
| 3er Quintil | 1,141.56 | 1,043.60 | 1,200.30 | 1,391.51 | 1,402.60 | 1.68 | 1.71 | 5.68 | 5.25 |
| 4to Quintil | 1,922.68 | 1,783.40 | 2,081.90 | 2,198.12 | 2,214.26 | 2.38 | 2.23 | 6.47 | 5.90 |
| 5to Quintil | 4,671.89 | 4,15290 | 4,645.10 | 5,920.79 | 5,767.63 | 2.21 | 2.55 | 5.86 | 6.38 |
| Promedio | 1,338.91 | 1,268.00 | 1,702.00 | 1,721.37 | 1,780.85 | 1.56 | 1.56 | 5.24 | 5.05 |
| Brecha Ingreso | 29.94 | 47.35 | 29.12 | 67.08 | 35.83 | ||||
| HOMBRES | |||||||||
| 1 er Quintil | 167.08 | 81.30 | 169.40 | 137.35 | 185.53 | 1.00 | 0.64 | 4.54 | 4.40 |
| 2do Quintil | 624.59 | 572.40 | 682.00 | 793.12 | 844.33 | 1.27 | 1.35 | 5.18 | 5.36 |
| 3er Quintil | 1,145.40 | 1,071.30 | 1,226.20 | 1,405.49 | 1,416.88 | 1.64 | 1.71 | 5.76 | 5.71 |
| 4to Quintil | 1,919.07 | 1,812.60 | 2,076.10 | 2,279.33 | 2,224.43 | 2.16 | 2.16 | 6.59 | 6.54 |
| 5to Quintil | 4,410.92 | 4,818.90 | 4,919.80 | 6,064.27 | 6,328.03 | 2.23 | 2.42 | 6.03 | 6.40 |
| Promedio | 1,773.64 | 1,868.50 | 1,866.00 | 2,388.77 | 2,433.94 | 1.69 | 1.73 | 5.63 | 5.77 |
| Brecha Ingreso | 26.40 | 29.22 | 29.22 | 44.15 | 34.11 | ||||
| Fuente: Encuestas Sociodemográficas en León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. | |||||||||
III. Percepción de la situación de los hogares
La medición de la pobreza tradicionalmente se hace a través de la utilización de instrumentos cuantitativos referidos a factores materiales. Son pocas las investigaciones que hacen énfasis en la medición de los factores subjetivos de las personas, las cuales son elementos determinantes para identificar el grado de satisfacción que siente la población ante determinadas carencias. Sin embargo, también se ha reconocido que a pesar de su importancia, por constituir elementos subjetivos, son difíciles de establecer parámetros de medición y de comparación.
La investigación que sistemáticamente ha realizado FIDEG trata de recoger la percepción de la población, con el fin de valorar el impacto que las políticas económicas están teniendo sobre el nivel de vida de la población. Además de una pregunta general sobre cómo resienten los hogares urbanos las medidas económicas, las cuales se inscriben en los programas de ajuste estructural, se hace referencia a dos áreas del campo social que constituyen la base de las necesidades fundamentales de todo ser humano, la educación y la salud.
En relación a lo primero, es claro observar que existe una tendencia de largo plazo en el que los hogares sienten que su situación económica ha empeorado en los primeros años de los 90, pero en la medida que la estabilización se fue consolidando existe la percepción de cierta mejoría. Ello se desprende del hecho de que el 39,5% de los hogares estimaron en 1996 que su situación era mala, lo que contrasta con el 50% de 1992 y el 40% de 1995. En el otro extremo, se encuentran los hogares que consideran que la situación económica en general ha mejorado. En este caso, se ha reducido de 15% de los hogares de las 3 ciudades en 1992 al 4% en 1996.
En correspondencia con lo observado en el mercado laboral y el nivel de ingresos de los hogares, son los que están a cargo de las mujeres las que consideran que la situación económica de los hogares se encuentra peor.
Por otra parte, el nivel de percepción de la población tiene una estrecha vinculación a las posibilidades reales de captar mayores ingresos. La distribución de los ingresos de los hogares a los que FIDEG da segumiento desde 1992, indica que persiste una elevada concentración de éstos como lo reflejan los siguientes gráficos.
III.1 La salud y la educación dos componentes fundamentales para una
buena calidad de vida
En términos generales, la valoración que tiene la población sobre los servicios públicos de educación y salud, difiere según el servicio y el lugar de residencia. La situación de la educación, que en 1992 apenas un 12,2% de los hogares la consideraban en deterioro, se incrementó en los años siguientes hasta llegar al 16,8% en 1996.
Sin embargo, hay que reconocer que en los últimos años, la población ha reflejado cierta mejoría en su valoración del servicio de educación en las zonas donde se hizo el estudio. En este caso no se observan mayores diferencias entre los hogares con jefatura femenina o masculina.
Como era previsible, en la medida que las reformas económicas implicaron una mayor transferencia de responsabilidades a las comunidades y en un contexto de fuerte recesión económica, particularmente con exclusión de los grupos más empobrecidos, casi la mitad de los hogares que en 1996 indicaron que la situación de la educación está peor, lo aducen al pago de colegiaturas y a la dificultad para comprar los textos.
Asimismo, de la encuesta se deriva que el programa de vaso de leche, que el gobierno de la Sra. Chamorro instrumentó como forma de compensar los problemas de nutrición y para estimular la retención escolar, pareciera que a nivel urbano ha venido perdiendo peso. Mientras en 1992 una tercera parte de los hogares con niños informaron recibir el vaso de leche, esa relación se redujo al 15% en 1996.
La deserción escolar se ha incrementado. En 1996 alcanza al 11,4% de los hogares, siendo más alto el porcentaje en el caso de los hogares con jefatura masculina. Casi 7 hogares de cada 10, adjudican esa situación a los problemas económicos que enfrentan los hogares, lo que en muchos casos significa que los y las niñas se retiran de la escuela y se incorporan al mercado de trabajo (ver El Observador Económico # 59 y 60, 1996).
En relación a la salud, se observa una valoración de la población bastante diferente a la educación. Desde el comienzo de la gestión Chamorro y hasta 1993, la valoración de la población sobre la situación de la salud era bastante negativa, en 1992 el 35% de los hogares consideraba que esos servicios habían empeorado, vale aclara que ese período coincide con el recorte presupuestario al MINSA más fuerte que se aplicó durante esa administración.
El panorama en 1996, difiere cualtitativamente, aunque ello no se ve reflejado en indicadores como la incidencia de enfermedades, como se verá posteriormente. En 1996, casi la mitad de los hogares (47,9%) consideran que los servicios de salud están iguales y poco más de una tercera parte (34,4%) opinan que esos servicios actualmente son mejores que un año atrás. Además de la recomposición del gasto público a partir de 1994, en el que se dio prioridad a los programas sociales, las inversiones realizadas por el MINSA y el FISE, pueden explicar que la población perciba una mejoría en los servicios de salud.
El deterioro del poder adquisitivo de los hogares, tiene una fuerte incidencia en la situación de salud de la población, particularmente porque de ello depende que tengan capacidad de proveerse los medicamentos u otros servicios que son necesarios en caso de enfermedad. En efecto, de los hogares que informaron que la salud estaba peor en 1996, casi el 100% lo adjudica a problemas económicos, falta de medicinas y cobro por los servicios o suministros médicos.
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1993 | AGO 1994 | AGO 1995 | 1996 | ||||||||||
| H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | |
| Salud | |||||||||||||||
| Hogares con niños con Bronquitis | 39.0 | 41.2 | 39.6 | 69.0 | 71.4 | 69.7 | 65.9 | 64.0 | 65.2 | 71.8 | 72.3 | 71.9 | 71.0 | 72.9 | 71.7 |
| Hogares con niños con diarrea | 28.7 | 27.2 | 28.2 | 44.4 | 40.0 | 43.0 | 45.8 | 40.7 | 44.0 | 35.1 | 42.3 | 37.7 | 41.1 | 41.4 | 41.2 |
| Hogares con niños con otra enfermedad | 13.0 | 17.6 | 16.9 | 33.4 | 32.4 | 33.1 | 26.9 | 21.3 | 24.9 | 25.8 | 29.9 | 27.3 | 25.7 | 30.0 | 27.3 |
| Otros Enfermos | 44.6 | 49.8 | 46.5 | 57.6 | 61.8 | 59.1 | 66.8 | 66.7 | 66.8 | 54.0 | 55.8 | 54.7 | 58.1 | 63.5 | 60.2 |
| ¿Recibió Atención Médica? | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Si | 76.3 | 71.0 | 74.5 | 62.9 | 43.8 | 57.0 | 86.1 | 78.7 | 83.3 | 87.7 | 80.0 | 84.7 | 90.0 | 82.8 | 87.0 |
| No | 23.7 | 29.0 | 25.5 | 37.1 | 56.2 | 43.0 | 13.9 | 21.3 | 16.7 | 12.3 | 20.0 | 15.3 | 10.0 | 17.2 | 13.0 |
| Razones de no Atención Médica | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Automedicación | 85.9 | 73.7 | 81.1 | 79.1 | 79.7 | 79.3 | 81.7 | 69.8 | 76.1 | 68.2 | 69.6 | 69.0 | 64.9 | 73.3 | 69.5 |
| Otras | 14.1 | 26.3 | 18.9 | 20.9 | 20.3 | 20.7 | 18.3 | 30.2 | 23.9 | 31.8 | 30.4 | 31.0 | 35.1 | 26.7 | 30.5 |
| Valoración de los Servicios de Salud en los últimos 12 meses. | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Han Empeorado | 36.3 | 35.0 | 34.9 | 43.5 | 42.1 | 43.0 | 20.2 | 19.6 | 20.0 | 34.0 | 36.4 | 34.9 | 19.0 | 15.1 | 17.5 |
| Siguen Igual | 45.0 | 36.3 | 41.4 | 32.7 | 34.2 | 33.2 | 39.3 | 37.4 | 38.6 | 43.0 | 43.0 | 43.0 | 48.2 | 47.5 | 47.9 |
| Han Mejorado | 15.1 | 23.0 | 18.5 | 21.6 | 21.1 | 21.4 | 40.0 | 42.4 | 40.8 | 22.6 | 20.3 | 21.7 | 32.6 | 37.1 | 34.4 |
| No Responde | 3.6 | 5.7 | 5.2 | 2.2 | 2.6 | 2.4 | 0.5 | 0.6 | 0.6 | 0.4 | 0.3 | 0.4 | 0.2 | 0.3 | 0.2 |
| Principales Razones de Peor o Igual | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| No hay medicinas + Mala Atención | 11.5 | 9.5 | 11.0 | 34.0 | 36.7 | 34.9 | 57.5 | 58.5 | 57.9 | 71.1 | 70.4 | 70.8 | 78.2 | 76.7 | 77.6 |
| Cobran en exceso + Mala Atención | 31.7 | 31.3 | 29.7 | 38.0 | 36.3 | 37.7 | 27.1 | 27.5 | 27.3 | 28.6 | 29.2 | 28.8 | 21.5 | 22.8 | 22.1 |
| Otros | 56.8 | 59.2 | 59.3 | 28.0 | 27.0 | 27.4 | 15.4 | 14.0 | 14.8 | 0.3 | 0.4 | 0.4 | 0.2 | 0.3 | 0.3 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. | |||||||||||||||
Paradógicamente, mientras las personas de los hogares entrevistados
transmitieron una valoración
positiva de la prestación de los servicios de salud, cuando se analiza la
situación de la población se observan elementos
contradictorios.
En 1996, no sólo no se logró revertir la tendencia que se venía observando desde 1992, sino que en cierta medida los problemas de salud de la población urbana fueron en aumento. En el último año, 70 de cada 100 hogares tuvieron niños con bronquitis y 40 de cada 100 con diarrea, mientras esas relaciones en 1992 eran de 40 y 28 respectivamente. Por otra parte, niños con algún tipo de otras enfermedades y personas mayores enfermas también en 1996 presentan elevados porcentajes con relación a lo observado en los años precedentes. En casi todos los casos, los hogares con jefatura femenina presentan el mayor grado de incidencia.
IV. Las estrategias de sobrevivencia para enfrentar las carencias
No caben dudas que los hallazgos señalados con anterioridad sobre el mercado laboral, están influyendo en que un pequeño sector de la población logre captar parte de los beneficios que conlleva el crecimiento económico. Ello a su vez, se ve reflejado en la forma en que la población enfrenta la situación económica de los hogares.
La proporción de hogares que en 1996 señalaron desarrollar alternativas para aliviar su situación económica alcanzó al 92,8% de los hogares, representando una pequeña disminución con relación a 1995 (93,4%), pero sigue siendo superior al 85,7% reportado para 1992. En todos los años el porcentaje de incidencia es mayor en los hogares con jefatura femenina.
Ante las diferentes coyunturas, la población ha venido desarrollando una gama amplia de actividades que de una u otra forma compensan las carencias que conlleva el agravamiento de la situación de los hogares.
En ese sentido, uno de los primeros elementos a los que recurren los hogares, es a la reducción del consumo, primero de bienes y servicios que son prescindibles y cuando no hay más alternativas, reducen también el consumo de bienes y servicios que son fundamentales para el desarrollo de una vida digna.
Es importante señalar que la afectación del consumo está estrechamente vinculado a la situación de los ingresos y en la medida que éstos se han venido mejorando para algunas personas, ello se ha reflejado en cambios, aún muy moderados, en consumo.
En términos generales, desde 1992 y hasta 1994 todos los consumos de bienes y servicios que mide FIDEG en las encuestas, mostraron una importante contracción, siendo la recreación y el consumo de ropa y calzado los que más alto porcentaje presentaban.
Durante los años 1994 y 1995 se observa una muy ligera recuperación en ciertos consumos de los hogares, particularmente en el de energía eléctrica, agua potable y vestuario y calzado. Lo que refleja claramente que la población en la medida que mejora sus medios económicos, prioriza el consumo de bienes y servicios que están más estrechamente vinculados a las necesidades más básicas de los miembros del hogar. La muestra de los hogares urbanos en las tres ciudades refleja que son los hogares con jefatura masculina las que presentan una mejor situación, lo que obviamente se vincula a que son estos hogares los que tienen una mejor situación económica.
Durante el último año, las transformaciones observadas en el mercado laboral podrían explicar algunos de los comportamientos observados en el consumo. En efecto, en 1996 se refleja un relativo aumento de la recreación, del uso de transporte, del gas, y de ropa y calzado, mientras que se observa un aumento de los hogares donde se ha producido un aumento en la reducción del consumo de de energía y agua potable principalmente. Esto estaría confirmando la tesis que se ha comentado en las revistas anteriores, que ante el dinamismo de ciertos sectores económicos, los beneficios de ello están siendo captados por un número reducido de personas, mientras que los sectores más empobrecidos y atrasados por razones de falta de acceso a recursos productivos y educación, presentan un agudizamiento de su situación de pobreza, siendo cada vez más marginados de los mercados.
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1993 | AGO 1994 | AGO 1995 | 1996 | ||||||||||
| H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | |
| Situación Económica | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Mala | 45.9 | 59.3 | 50.4 | 51.1 | 57.9 | 53.4 | 43.9 | 51.4 | 46.6 | 38.5 | 42.1 | 39.9 | 38.3 | 41.4 | 39.5 |
| Regular | 51.6 | 33.3 | 45.4 | 41.5 | 36.5 | 39.8 | 51.9 | 46.1 | 49.8 | 58.3 | 56.1 | 57.5 | 57.0 | 55.7 | 56.4 |
| Buena | 2.5 | 7.4 | 4.2 | 7.4 | 5.6 | 6.8 | 4.2 | 2.5 | 3.6 | 3.2 | 1.8 | 2.6 | 4.7 | 2.9 | 4.1 |
| Situación Ingresos del Hogar Ult. 12 meses | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Menor | 52.2 | 53.1 | 52.5 | 83.2 | 84.9 | 83.8 | 77.4 | 81.6 | 79.0 | 76.3 | 78.8 | 77.2 | 76.6 | 76.5 | 76.6 |
| Igual | 43.4 | 40.7 | 42.5 | 12.9 | 12.5 | 12.8 | 18.0 | 15.6 | 17.1 | 20.7 | 17.3 | 19.3 | 20.0 | 21.2 | 20.5 |
| Mayor | 4.4 | 6.2 | 5.0 | 3.9 | 2.6 | 3.4 | 4.6 | 2.8 | 3.9 | 3.0 | 3.9 | 3.3 | 3.4 | 2.3 | 2.9 |
| Afectación en Consumo* | |||||||||||||||
| 1. Recreación | 76.1 | 72.8 | 75.0 | 82.7 | 80.2 | 81.9 | 83.1 | 88.2 | 84.9 | 83.3 | 86.6 | 84.6 | 77.9 | 82.3 | 79.6 |
| Disminuyó | 49.1 | 46.9 | 48.3 | 34.6 | 27.6 | 32.2 | 44.3 | 39.6 | 42.5 | 45.2 | 46.9 | 45.9 | 51.6 | 52.2 | 51.8 |
| No Consume | 27.0 | 25.9 | 26.7 | 48.1 | 52.6 | 49.7 | 38.8 | 48.6 | 42.4 | 38.1 | 39.7 | 38.7 | 26.3 | 30.1 | 27.8 |
| 2. Uso de Transporte | 48.4 | 45.7 | 47.5 | 47.8 | 49.4 | 48.4 | 40.5 | 47.4 | 43.0 | 58.1 | 57.0 | 57.8 | 50.5 | 48.1 | 49.5 |
| Disminuyó | 22.6 | 28.4 | 24.6 | 27.0 | 31.3 | 28.5 | 27.9 | 34.9 | 30.5 | 50.1 | 46.9 | 48.9 | 44.2 | 41.7 | 43.2 |
| No Consume | 25.8 | 17.3 | 22.9 | 20.8 | 18.1 | 19.9 | 12.6 | 12.5 | 12.5 | 8.0 | 10.1 | 8.9 | 6.3 | 6.4 | 6.3 |
| 3. Consumo Luz Electrica | 34.6 | 28.4 | 32.5 | 30.6 | 33.6 | 31.6 | 24.4 | 24.0 | 24.2 | 28.6 | 31.9 | 29.9 | 33.2 | 35.6 | 34.1 |
| Disminuyó | 21.4 | 18.5 | 20.4 | 26.5 | 29.3 | 27.5 | 24.0 | 23.7 | 23.9 | 28.2 | 30.4 | 29.1 | 32.8 | 33.9 | 33.2 |
| No Consume | 13.2 | 9.9 | 12.1 | 4.1 | 4.3 | 4.1 | 0.4 | 0.3 | 0.3 | 0.4 | 1.5 | 0.8 | 0.4 | 1.7 | 0.9 |
| 4. Consumo Agua Potable | 23.9 | 23.4 | 23.8 | 23.3 | 21.7 | 22.7 | 18.1 | 19.3 | 18.5 | 25.8 | 27.8 | 26.4 | 29.7 | 32.5 | 30.8 |
| Disminuyó | 13.2 | 14.8 | 13.8 | 22.1 | 20.7 | 21.6 | 17.7 | 19.0 | 18.2 | 25.6 | 27.5 | 26.3 | 29.5 | 32.2 | 30.6 |
| No Consume | 10.7 | 8.6 | 10.0 | 1.2 | 1.0 | 1.1 | 0.4 | 0.3 | 0.3 | 0.2 | 0.3 | 0.1 | 0.2 | 0.3 | 0.2 |
| 5. Consumo de Gas | 60.3 | 69.1 | 63.3 | 56.9 | 53.9 | 55.9 | 27.3 | 25.0 | 26.4 | 32.8 | 33.5 | 33.0 | 29.7 | 32.4 | 30.8 |
| Disminuyó | 9.4 | 13.6 | 10.8 | 17.7 | 12.5 | 15.9 | 16.2 | 15.0 | 15.7 | 23.6 | 24.8 | 24.0 | 25.3 | 28.1 | 26.4 |
| No Consume | 50.9 | 55.5 | 52.5 | 39.2 | 41.4 | 40.0 | 11.1 | 10.0 | 10.7 | 9.2 | 8.7 | 9.0 | 4.4 | 4.3 | 4.4 |
| 6. Cons. Ropa/ Calzado | 79.2 | 80.3 | 79.6 | 82.5 | 85.2 | 83.4 | 80.9 | 82.9 | 73.3 | 76.1 | 76.1 | 74.4 | 69.2 | 73.3 | 70.8 |
| Disminuyó | 61.6 | 63.0 | 62.1 | 62.5 | 55.3 | 60.0 | 72.7 | 74.7 | 69.7 | 72.2 | 72.2 | 70.7 | 66.5 | 69.0 | 67.5 |
| No Consume | 17.6 | 17.3 | 17.5 | 20.0 | 29.9 | 23.4 | 8.2 | 8.2 | 3.6 | 3.9 | 3.9 | 3.7 | 2.7 | 4.3 | 3.3 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las
ciudades de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. (*) La diferencia a 100% corresponde a igual o mayor consumo. |
|||||||||||||||
En relación a las otras iniciativas que desarrolla la población urbana para
enfrentar la situación
económica de los hogares, destaca en primer lugar las ayudas.
El recibir ayudas de familiares, de amigos, de organismos públicos y privados, ha presentado a lo largo de estos años una tendencia creciente (25,6% en 1992 al 37,1% en 1996). Sin embargo, la procedencia de estas ayudas ha variado significativamente. En la medida que la crisis ha venido afectando a un mayor número de hogares nicaraguenses, las ayudas de familiares con residencia en el país, se ha reducido en casi 20 puntos porcentuales en 1996 con relación a 1992, así como la que procedía de los amigos.
Por el contrario, en la medida que la crisis obligó a algunas personas a salir del país en búsqueda de oportunidades de empleo, las ayudas desde el exterior fueron adquiriendo mayor importancia, aunque se observa que esa tendencia ha comenzado a revertirse a partir de 1995, posiblemente porque las personas que generalmente emigran son las que pudieron haber encontrado alguna respuesta en la generación de empleo en Nicaragua.
La presencia de redes sociales instrumentadas por el gobierno y otros organismos, ha sido durante el período en estudio tal vez una de las ayudas más importantes en términos de su presencia en las ciudades. Ello es muy evidente cuando se observa que mientras esas ayudas representaban sólo el 4% de los hogares en 1992, con una fuertisima incidencia en los hogares con jefatura masculina; en 1996 las ayudas provenientes del gobierno y otros entes constituye el casi el 30% de los hogares que recibieron en ese año algún tipo de ayuda. Aún cuando las brechas entre los hogares con jefatura masculina y femenina se redujeron, los primeros siguen siendo los que captan la mayor parte de estos beneficios.
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1993 | AGO 1994 | AGO 1995 | 1996 | ||||||||||
| H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | H | M | T | |
| ¿Busca Alternativa? | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Si | 84.0 | 88.0 | 85.7 | 89.7 | 93.7 | 91.1 | 90.2 | 94.7 | 91.8 | 91.9 | 95.8 | 93.4 | 91.4 | 95.0 | 92.8 |
| No | 16.0 | 12.0 | 14.3 | 10.3 | 6.3 | 8.9 | 9.8 | 5.3 | 8.2 | 8.1 | 4.2 | 6.6 | 8.6 | 5.0 | 7.2 |
| ¿Que Hace? | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Recibe Ayuda | 18.6 | 40.1 | 25.6 | 25.0 | 42.5 | 31.3 | 29.1 | 48.4 | 36.4 | 29.8 | 50.0 | 37.8 | 29.0 | 49.1 | 37.1 |
| Trab+ horas/Otros | 15.5 | 12.3 | 14.5 | 17.9 | 9.5 | 14.9 | 13.7 | 11.5 | 12.9 | 18.2 | 9.7 | 14.8 | 18.1 | 9.1 | 14.5 |
| Pide Prestado/Otros | 17.3 | 9.9 | 14.7 | 13.0 | 13.3 | 13.1 | 13.1 | 9.2 | 11.6 | 10.6 | 10.9 | 10.7 | 9.0 | 9.5 | 9.2 |
| Reduce compra de ropa | 26.1 | 17.9 | 23.3 | 21.7 | 17.5 | 20.2 | 26.9 | 17.1 | 23.2 | 28.8 | 18.4 | 24.7 | 28.8 | 19.8 | 25.1 |
| Facilita Vivienda | 5.1 | 8.1 | 6.1 | 7.5 | 6.3 | 7.1 | 2.4 | 3.0 | 2.6 | 2.2 | 1.3 | 1.9 | 3.1 | 3.7 | 3.3 |
| Ponen Negocios | 5.0 | 5.9 | 5.5 | 8.1 | 4.2 | 6.7 | 5.1 | 2.6 | 4.1 | 4.3 | 4.7 | 4.4 | 4.6 | 4.6 | 4.6 |
| Trab+Personas Hogar | 4.5 | 1.4 | 3.5 | 4.5 | 5.9 | 5.1 | 5.1 | 5.3 | 5.1 | 4.5 | 2.8 | 3.8 | 4.6 | 2.7 | 3.8 |
| Otras Razones | 8.0 | 4.5 | 6.8 | 2.3 | 0.8 | 1.6 | 4.6 | 2.9 | 4.1 | 1.6 | 2.2 | 1.9 | 2.9 | 1.5 | 2.3 |
| Los que reciben ayudas | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| Familiares en Nicaragua | 53.1 | 58.3 | 55.8 | 36.8 | 46.8 | 41. | 24.3 | 31.3 | 27.8 | 31.1 | 38.7 | 35.0 | 34.3 | 39.1 | 36.9 |
| Familiares en el Exterior | 34.9 | 24.2 | 29.5 | 35.3 | 26.6 | 31.1 | 31.9 | 33.3 | 32.6 | 32.4 | 30.7 | 31.5 | 27.4 | 32.3 | 30.2 |
| Amigos | 6.6 | 8.6 | 7.7 | 7.5 | 5.6 | 6.6 | 0.7 | 2.0 | 1.4 | 1.4 | 4.3 | 2.9 | 1.4 | 1.9 | 1.7 |
| Organismo Nacional | 14.0 | 4.4 | 4.2 | 17.3 | 16.1 | 16.7 | 35.4 | 29.3 | 32.3 | 29.7 | 20.2 | 24.8 | 33.6 | 21.7 | 27.2 |
| Organismo Internacional | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 3.1 | 4.9 | 4.0 | 0.0 | 0.7 | 0.3 | 1.4 | 0.6 | 1.0 | 0.7 | 0.6 | 0.7 |
| Otros | 1.3 | 4.5 | 2.9 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 7.7 | 3.4 | 5.6 | 4.1 | 5.5 | 4.8 | 2.1 | 4.3 | 3.3 |
| Modalidad de las ayudas | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 | 100.0 |
| En dinero | 29.1 | 25.6 | 27.3 | 35.3 | 31.2 | 33.3 | 66.0 | 69.4 | 67.7 | 58.8 | 54.0 | 56.3 | 60.0 | 58.4 | 59.1 |
| En Alimentos | 24.5 | 16.3 | 20.3 | 17.3 | 9.6 | 13.6 | 10.4 | 13.6 | 12.0 | 13.5 | 12.3 | 12.9 | 10.7 | 8.7 | 9.6 |
| En Vestuario/Calzado | 15.2 | 18.6 | 17.0 | 17.3 | 20.8 | 19.0 | 12.5 | 7.5 | 10.0 | 15.5 | 20.2 | 18.0 | 15.0 | 13.9 | 14.3 |
| En Medicinas | 21.2 | 29.4 | 25.4 | 18.8 | 29.6 | 24.0 | 8.3 | 7.5 | 7.9 | 11.5 | 10.4 | 10.9 | 12.9 | 14.9 | 14.0 |
| En Viivienda | 10.0 | 10.0 | 9.9 | 9.0 | 8.0 | 8.5 | 0.7 | 1.4 | 1.0 | 0.7 | 3.1 | 1.9 | 0.7 | 2.5 | 1.7 |
| Otras Formas | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 2.3 | 0.8 | 1.6 | 2.1 | 0.6 | 1.4 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.7 | 1.9 | 1.3 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. | |||||||||||||||
Dentro de las modalidades de ayuda, la pecuniaria sigue siendo en 1996 la más
importante con 59,1%,
duplicando su importancia con relación a lo existente en 1992. Consistente con
lo observado anteriormente, las
modalidades de ayuda que han venido perdiendo peso son las de alimentos y
préstamo de viviendas. Mientras en los
primeros años de la serie que se presenta en este estudio, se observa que había
una amplia diversificación de las
modalidades de las ayudas, en los últimos años y particularmente en 1996, se
observa una mayor concentración en tres
conceptos; dinero, vestuario-calzado y medicinas, las cuales representan el 87%
del total de las ayudas, siendo la situación
similar entre los hogares con jefatura de uno y otro sexo.
Trabajar más horas o que más miembros se incorporen al mercado laboral para generar ingresos sigue manteniéndose desde 1992 hasta 1996 en torno del 18%. Esto estaría marcando una relativa baja elasticidad del empleo en relación a la disponibilidad de mano de obra, lo que seguramente está fuertemente asociado a las bajas inversiones productivas y por ende, en la creación de empleo y a la elevada competitividad que existen en el mercado laboral. Ello a su vez es consistente con el hecho que poner un negocio - que durante los primeros años de los 90 era una estrategia muy clara de sobrevivencia-, poco a poco ha ido perdiendo importancia relativa.
Sin embargo, en dependencia de las ciudades analizadas, la tendencia es diferente. En los últimos años se observa un estancamiento en la participación de los negocios como estrategia de sobrevivencia en la ciudad de Managua, mientras que en León hay un descenso y en Granada un aumento. En todo caso, es importante señalar que en la medida que en las ciudades - como pueden ser los casos de Managua y León - tienen otras alternativas productivas o económicas, la población las prefiere a la instalación de un negocio, la cual no sólo requiere de ciertas habilidades, sino también disponer de recursos financieros que sirva como capital semilla.
V. La migración: causa y efecto de la situación de pobreza
La movilidad de las personas depende en gran medida de los salarios e ingresos de éstas. Sin embargo, hay que reconocer que el trabajo no es un factor de producción tan móvil como el capital, debido a las barreras a la inmigración que existen entre los países, lo que explica el elevado peso del sector informal y mayor número de personas en situación de marginación social.
Según el monitoreo efectuado por FIDEG, la movilidad de las personas se ha acentuado durante los últimos años pasando de 19% en 1992 al 27% en 1996, siendo lo determinante en este resultado el número de hogares que informaron que alguna persona del hogar tuvo que irse a otro lado para ayudar economicamente a la familia.
En 1996 la ciudad de Granada fue la que refleja el porcentaje de más alta tasa de emigración (20,43% de los hogares), lo que no es dudoso explicarlo por las razones de pobreza y de bajo dinamismo económico que se han señalado anteriormente.
Intentando hacer un análisis genérico de lo que se observa en el movimiento migratorio, es interesante relevar que los hogares con jefatura femenina son los que explican poco más el 51% de los hogares con el indicador de emigración. Considerando que los hogares con jefatura femenina representan el 39% de la muestra, es obvio deducir que son estos hogares los que sufren mayormente del proceso de desarticulación familiar. En el período analizado, dentro de estos hogares, resaltan algunos elementos: por un lado pareciera ser que las personas primero intentan salir del hogar, pero se mantienen relativamente cerca para sostener algún vínculo familiar. En la medida que la crisis económica se incrementa y las oportunidades se reducen, la emigración se da hacia lugares más lejanos concluyendo con la salida del país. Ello se ve claramente cuando se analiza la pérdida de importancia de la emigración a otro lugar de la misma localidad de residencia de los hogares a otros departamentos y el aumento de la salida al exterior.
En el caso de los hogares con jefatura femenina y masculina esa tendencia es similar, aunque más acentuada en los primeros.
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1996 | ||
| Hogares | % | Hogares | % | |
| Total de Hogares | 164 | 18.85 | 238 | 27.35 |
| Hogares con Emigración | 100 | 11.49 | 162 | 18.62 |
| Hogares con Inmigración | 64 | 7.36 | 76 | 8.73 |
| Emigración | ||||
| Lugar donde Emigraron | 100 | 100.0 | 162 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 18 | 18.0 | 35 | 21.6 |
| Al mismo depto urbano | 36 | 36.0 | 56 | 34.6 |
| Al mismo depto rural | 4 | 4.0 | 5 | 3.1 |
| Otro Depto Urbano | 17 | 17.0 | 13 | 8.0 |
| Otro Depto Rural | 6 | 6.0 | 1 | 0.6 |
| A los E.E.U.U. | 7 | 7.0 | 14 | 8.6 |
| A Centroamerica | 12 | 12.0 | 38 | 23.5 |
| Hogares con Jefatura Femenina - Emigración | 45 | 45.0 | 82 | 50.61 |
| Lugar donde Emigraron | 45 | 100.0 | 82 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 5 | 11.1 | 17 | 20.7 |
| Al mismo depto urbano | 19 | 42.2 | 26 | 31.7 |
| Al mismo depto rural | 2 | 4.4 | 2 | 2.4 |
| Otro Depto Urbano | 7 | 15.6 | 7 | 8.5 |
| Otro Depto Rural | 5 | 11.1 | 0 | 0.0 |
| A los E.E.U.U. | 4 | 8.9 | 8 | 9.8 |
| A Centroamerica | 3 | 6.7 | 22 | 26.8 |
| Hogares con Jefatura Masculina - Emigración | 55 | 55.0 | 80 | 49.38 |
| Lugar donde Emigraron | 55 | 100.0 | 80 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 13 | 23.6 | 18 | 22.5 |
| Al mismo depto urbano | 17 | 30.9 | 30 | 37.5 |
| Al mismo depto rural | 2 | 3.6 | 3 | 3.8 |
| Otro Depto Urbano | 10 | 18.9 | 6 | 7.5 |
| Otro Depto Rural | 1 | 2.0 | 1 | 1.3 |
| A los E.E.U.U. | 3 | 6.0 | 6 | 7.5 |
| A Centroamerica | 8 | 15.0 | 16 | 20.0 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades
de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. |
||||
En sentido contrario, los procesos de inmigración son más importantes en
términos relativos y absolutos
en los hogares con jefatura masculina. En la medida que son estos hogares los
que logran mejorar su situación económica,
generalmente porque están ocupados el jefe y su cónyuge, permite acoger a otros
miembros familiares.
Lo anterior, corrobora la tesis que en procesos de crisis económica se producen cambios en la composición familiar, aumentando el número de las familias extendidas, como lo muestra una encuesta nacional realizada por FIDEG en 1995 y 1996, en donde del total de hogares el 47.7% lo constituyen familias nucleares (pareja e hijos) y el 41.3% son familias extendidas (pareja o monoparentales con familiares y otras personas).
| Sectores | AGO 1992 | AGO 1996 | ||
| Hogares | % | Hogaresa | % | |
| Hogares Inmigración | 64 | 7.36 | 76 | 8.73 |
| Inmigración | ||||
| Lugar donde Inmigraron | 64 | 100.0 | 76 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 14 | 21.9 | 29 | 38.2 |
| Al mismo depto urbano | 24 | 37.5 | 28 | 36.8 |
| Al mismo depto rural | 3 | 4.7 | 5 | 6.6 |
| Otro Depto Urbano | 11 | 17.2 | 7 | 9.2 |
| Otro Depto Rural | 2 | 3.1 | 2 | 2.6 |
| A los E.E.U.U. | 7 | 10.9 | 1 | 1.3 |
| A Centroamerica | 3 | 4.7 | 4 | 5.3 |
| Hogares con Jefatura Femenina - Inmigración | 35 | 45.0 | 22 | 28.94 |
| Lugar donde Inmigraron | 35 | 100.0 | 22 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 6 | 17.2 | 13 | 59.1 |
| Al mismo depto urbano | 19 | 55.2 | 6 | 27.3 |
| Al mismo depto rural | 2 | 6.9 | 0 | 0 |
| Otro Depto Urbano | 2 | 6.9 | 0 | 0 |
| Otro Depto Rural | 1 | 3.4 | 1 | 4.5 |
| A los E.E.U.U. | 2 | 6.9 | 0 | 0 |
| A Centroamerica | 1 | 3.5 | 2 | 9.1 |
| Hogares con Jefatura Masculina - Inmigración | 29 | 45.3 | 54 | 71.05 |
| Lugar donde Inmigraron | 29 | 100.0 | 54 | 100.0 |
| Al mismo lugar | 7 | 25.7 | 16 | 29.6 |
| Al mismo depto urbano | 7 | 22.9 | 22 | 40.0 |
| Al mismo depto rural | 1 | 2.9 | 5 | 9.3 |
| Otro Depto Urbano | 7 | 25.7 | 7 | 13.0 |
| Otro Depto Rural | 1 | 2.9 | 1 | 1.9 |
| A los E.E.U.U. | 4 | 14.3 | 1 | 1.9 |
| A Centroamerica | 2 | 5.6 | 2 | 3.7 |
| Fuente: Encuesta Sociodemográfica en las ciudades
de León, Managua y Granada. Agosto 1992-1996. FIDEG. |
||||
VI. Algunos elementos teóricos
Al concluir el presente análisis, cabe la siguiente pregunta: ¿A qué se debe que el ingreso per capita, conforme lo indican los datos macroeconómicos, haya aumentado al mismo tiempo que lo hace la pobreza y la desigualdad en la distribución de los ingresos?
La respuesta a la pregunta se encuentra en el modelo de crecimiento económico que implícita o explícitamente han adoptado las autoridades nicaragüenses fuertemente condicionados por los organismos financieros internacionales.
Este modelo de crecimiento, que no puede concebirse de desarrollo, se aproxima al "modelo del excedente de mano de obra" del economista Arthur Lewis, quien observó que la situación de los países menos desarrollados se aproxima más en ciertos puntos a la que conocían los países industrializados antes de la Revolución Industrial que a la de los mismos países en el período actual.
Por eso, la teoría más útil para analizar el funcionamiento de la economía en las primeras fases de su desarrollo, debería fundarse sobre las hipótesis clásicas en lugar de neoclásicas.
Las hipótesis de la teoría clásica se basa en el " modelo de desarrollo económico con oferta ilimitada de trabajo". Este modelo acepta las hipótesis de Ricardo según las cuales el trabajo está disponible en cantidades ilimitadas para un salario real dado.
Este modelo deja entender que el desarrollo se acompañará al principio de un aumento de las desigualdades y de la pobreza y después de una reducción de estas mismas. Por un lado, porque el crecimiento del sector moderno se produce cuando aumentan los ingresos de los tenedores de capital y por el otro lado, porque las desigualdades en los ingresos se agravan en la primera fase del crecimiento debido al paso de un número creciente (pero relativamente modesto) de trabajadores que pasan de niveles de salarios de supervivencia a estadios superiores, justamente por su incorporación al sector moderno.
Esta tendencia tiende finalmente a invertirse cuando los empleos del sector moderno han absorbido el excedente de mano de obra. En este caso, el trabajo se transforma en un factor raro y los aumentos suplementarios de la demanda imponen un aumento de los salarios para atraer la mano de obra.
En síntesis, estas son las premisas sobre las cuales se fundamenta que en el largo plazo, el aumento del nivel general de los salarios provocará la reducción de las desigualdades y de la pobreza.
En base a lo anterior, es claro observar que para la teoría clásica, las desigualdades y la pobreza no solamente constituyen un efecto secundario necesario para el crecimiento, sino que éste los genera. Para esta corriente de pensamiento, las desigualdades, es decir, la repartición de los ingresos con cierto nivel de concentracion, contribuyen al crecimi