Introducción
El presente trabajo es una síntesis de los hallazgos realizados a través las encuesta que realiza fideg anualmente sobre el mercado laboral. Este informe intenta hacer un recuento de la evolución del mercado laboral en las tres principales ciudades del Pacífico de Nicaragua, cuyo último levantamiento de campo realizado por FIDEG corresponde al mes de agosto de 1996.
Este trabajo constituye la primer entrega de una serie de tres que se presentarán en las próximas revistas de El Observador Económico. En esta oportunidad el análisis es complementado con algunas explicaciones teóricas sobre los principales problemas del mercado laboral.
El tema del mercado laboral en Nicaragua es un tópico candente ya que la mayor parte de la gente piensa que el problema principal del país es el desempleo y además en este año de elecciones casi todos los candidatos han hablado de resolverlo. Por esa razón, se ha considerado necesario hacer algunas aclaraciones teóricas además de la presentación de los resultados de la encuesta que anualmente realiza FIDEG, a fin de contribuir a una mejor comprensión del problema cuya solución requiere de medidas y políticas integrales y complementarias entre si.
I. Principales hallazgos
Ese deterioro, por otra parte, se observa en la cobertura del costo de una canasta básica de 53 productos con los ingresos de las personas ocupadas. Mientras en agosto de 1992, el 59% de las personas con un empleo cubrían con sus ingresos el costo de una canasta básica, en agosto de 1996 aumenta esa relación al 80,7%. En el caso de las mujeres el deterioro de su poder adquisitivo es mayor con 66%y 87,5% en 1992 y 1996 respectivamente.
II. La composición del mercado laboral nicaragüense urbano
Dentro de la población total de un país está la población en edad de trabajar (PET), que en Nicaragua se define como la población comprendida entre diez y 64 años de edad. A su vez, dentro de la población en edad de trabajar, se encuentra la población económicamente activa, es decir, todas las personas que formando parte de la PET, están empleadas o buscan un empleo de forma activa. Dentro de la población económicamente activa se encuentran aquellas personas que tienen un empleo y las desempleadas.
En base a la información recopilada por FIDEG en las tres ciudades del Pacífico en 1996, la población en edad de trabajar representa el 73.3% de la población total. La población económicamente activa (PEA) representa el 55.8% de la población en edad de trabajar y las personas ocupadas corresponden al 82% de la PEA o el 45,8% de la PET.

III. Características del mercado Laboral
La Población Económicamente Activa
La población económicamente activa (P.E.A.) se determina en gran medida por el tamaño de la población total, la repartición de la misma según los grupos de edades y el sexo de las personas y por factores socioeconómicos (sistemas educativos y la voluntad de las personas para trabajar fuera de la casa, por ejemplo). Todos esos factores influyen en la configuración de las tasas de participación de los diferentes segmentos de la población.
En agosto de 1996, la P.E.A. urbana está conformada en un 46.7% por mujeres y 53.3% por hombres. En 1995 esa relación era de 46.4 % y 53.6% respectivamente; lo que muestra que la tendencia observada a largo plazo de una mayor incorporación de la mujer en la P.E.A continúa.
La tendencia a largo plazo de la incorporación de la mujer en la P.E.A. hace pensar que existe una reserva importante de mano de obra femenina que está lista a manifestarse en caso de apertura de posibilidades de trabajo relativamente interesantes. Sin embargo, como se verá mas adelante, esa mayor incorporación de las mujeres nicaraguenses al mercado laboral presenta ciertas desventajas con relación a los hombres. Por otra parte, la investigación empírica muestra que las mujeres trabajan de por sí mucho en la casa, con el agravante que por lo general las estadísticas no las toma en cuenta como parte de la población económicamente activa.
En términos generales, la tasa de participación global para las tres ciudades aumentó en el último año, pasando de 54.1% en 1995 a 55.8% en 1996 mostrando un crecimiento de 1.7%. Esto puede considerarse alentador en comparación con el período de 1994 a 1995 en donde hubo una reducción de 2.9%.
La Población Ocupada
La tasa de ocupación para el conjunto de las ciudades de Granada, León y Managua en 1996 es de 45.8% lo que representa un aumento de 1.8% en comparación con 1995 (44%).
La tasa de ocupación para los hombres en el conjunto de las tres ciudades y durante 1996 es 52.7% y para las mujeres 39.6%, observándose un aumento de 1.7% en 1996 para los hombres con respecto a 1995 (51%), siendo ligeramente superior el crecimiento de la tasa de ocupación de las mujeres con 1.9% entre 1995 y 1996.
Ese resultado se deriva de un descenso en la población en edad de trabajar (que se explica por variaciones en el tamaño de la muestra : rechazos, movilidad de las familias, viviendas deshabitadas, etc.) y también a un aumento en la población ocupada. Esto último es verificado en cada una de las tres ciudades.
A pesar de que la tasa de ocupación se incrementa en las tres ciudades, se observan algunas diferencias entre ellas. En Managua con una tasa de ocupación de 46.7% en 1996, experimenta un crecimiento de 2.4% en comparación con 1995 (44.3%). En Granada el incremento es 1,3% con 43,7% y 45% en 1995 y 1996 respectivamente. Mientras en la ciudad de León, es donde en 1996 se observa el menor crecimiento con 1,1% con relación a 1995, pasando la tasa de ocupación de 43,8% en 1995 a 44.9% en 1996.
Por otra parte, la continuidad de la crisis económica en el último año, se refleja en el hecho de que se mantuvo la tendencia creciente de la participación de los niños y niñas en el mercado laboral. En efecto, la tasa de ocupación de los niños entre 10 y 14 años ascendió en 1996 a 3.9%, presentando un crecimiento de 0.6% en comparación con 1995 (3.3%). En 1996 Granada sigue siendo la ciudad con mayor participación de la niñez en la fuerza laboral con 4.6%.
En el caso de los jóvenes en 1996 se observa un mínimo aumento (0.1%) con respecto a 1995 (25.1%), el que se explica principalmente a Managua y León con 25.2% y 25.3% respectivamente.
Por otro lado, durante 1996 la participación de las personas adultas (12 a 46 años) registró un descenso de 1% con relación a 1995, siguiendo la misma tendencia observada en los años anteriores. Hay que señalar que la reducción en el empleo de este segmento de la población ha sido muy notoria desde 1992 con un peso de 63,8% y 49,8% en 1996.
Por el contrario, en el caso de las personas mayores (entre 46 y 64 años), se observa una tendencia creciente con ligeras reducciones en años intermedios, pasando del 7,9% en 1992 al 21,1% en 1996.
El nivel educativo de la población ocupada en las tres ciudades sujetas a este estudio en 1996 sigue siendo bajo a pesar que se detectan ciertas mejorías en comparación con 1995. La proporción de personas que no tienen ningún tipo de educación dentro de la población ocupada es en 1996 de 5.9%, mostrando una disminución de 0.4 puntos porcentuales con respecto a 1995 (6.3%). La proporción de personas ocupadas con educación primaria pasó de 41,2% en 1995 al 39,4% en 1996, ligeramente inferior al nivel registrado en 1992, correspondiendo la mayor diferencia relativa a las mujeres (41,6% en 1992 y 40,4% en 1996), dado que los hombres después de haber incrementado su peso en años intermedios, registra en agosto de 1996 un nivel similar al de 1992 (38,4%).
Las personas con educación secundaria dentro de la fuerza laboral en 1996 constituyen el 33.7%, presentado un crecimiento de 1.4% en comparación con 1995 (32.3%) lo que es consistente con el aumento de los jóvenes ocupados y supera el 28,6% reportado en agosto de 1992. La proporción de personas con educación universitaria que están empleadas en 1996 es de 14%, presentando también un modesto crecimiento (0.3%) en comparación con 1995 y con un nivel similar al registrado en 1992. Finalmente la proporción de personas con educación técnica aumenta en 1996 en 0.6% en comparación con 1995.
De lo anterior se puede concluir que el aumento de la ocupación observado el último año en alguna medida estuvo acompañado de la absorción de fuerza de trabajo con un mejor nivel educativo, ya que en 1996 el número de personas ocupadas sin ninguna formación y con educación primaria se reduce en términos relativos, mientras aumenta el número de personas ocupadas con educación secundaria, técnica y universitaria.
De acuerdo al análisis por ciudades, también es claro que persisten diferencias notorias en el perfil de la ocupación. Por ejemplo, en Granada sigue prevaleciendo la educación primaria entre las personas ocupadas con 54.7%, lo que contrasta con las ciudades de Managua y León en donde esa relación es de 31.9% y 37.6% respectivamente. La población con educación secundaria representa la tercera parte de la población ocupada en las tres ciudades para 1996. Consistentemente con lo anterior, en 1996 sigue siendo Granada la ciudad con la menor proporción de personas ocupadas con estudios universitarios, 8.9%, mientras en Managua es 17.3% y en León 13.1%. Sin embargo, hay que señalar que la proporción de personas ocupadas en 1996 con formación universitaria en Granada aumenta en comparación con 1995 (8.2%).
Según la posición ocupacional de las personas con un empleo, en 1996 comienza a observarse una inversión de la tendencia de largo plazo, en el sentido que en este año aumenta en las tres ciudades la relación de empleadores (2%), presentado un crecimiento de 0,5% con respecto a 1995. Sin embargo, comparativamente a lo registrado en 1992 sigue siendo menor.
La proporción de ocupados por cuenta propia en las tres ciudades en 1996 (30,1%) sigue marcando la tendencia descendente observada desde 1992, año en que representaba el 38.7%.
Otro elemento llamativo en 1996 lo constituye el crecimiento (1,6%) del número de personas que se declararon como trabajadores familiares no remunerados en las tres ciudades con 12.7% vs. 11,1% en 1995 y 7,5% en 1992. En este sentido, hay que señalar que en un alto componente la mayor incorporación de mujeres y niños al mercado laboral, ha sido bajo esta categoría, lo que muestra un elemento de discriminación y segmentación del mercado laboral.
En las tres ciudades analizadas por FIDEG, más del 55% de las personas ocupadas se encuentran dentro de la categoría de los empleados y obreros, lo que da un crecimiento de 1.1% con relación a 1995 (54.1%) y también es superior en relación al 50,8% reportado en agosto de 1992.
La reducción más significativa del trabajo como cuenta propia en 1996 lo registra Granada con 7.5 puntos porcentuales menos con relación a 1995. Mientras que la proporción de empleados y obreros en 1996 es casi idéntica para las tres ciudades oscilando entre 56.5% en Managua a 51.8% en Granada. Las mujeres alcanzan una mayor proporción en relación a los hombres como trabajadoras no remuneradas y cuenta propia con 15.6% y 32% respectivamente, siendo en el caso de los hombres 10,2% y 28,5%.



Ocupación según sectores y actividades económicas
Aún cuando el sector terciario sigue siendo el que absorbe la mayor cantidad de mano de obra (67,8%) en 1996, éste ha venido perdiendo peso a lo largo de los 90. En efecto, en 1992 absorbía el 69,4% de la ocupación, correspondiendo el 76,2% en el caso de las mujeres, reduciéndose en 1996 la participación de estas últimas a 73,9%.
En el último año, mientras el sector terciario presentó una disminución de 0,6 puntos porcentuales, la absorción de empleo en el sector secundario (28,9%) se incrementó en 1% con relación a 1995 en las tres ciudades, superando también el 25,5% que representaba en agosto de 1992. En este sector el incremento se registra en los dos sexos, aunque un poco más en el caso de los hombres.
En agosto de 1996, el empleo por actividades económicas para el conjunto de ciudades y de los sexos, refleja una reducción de 0,4 puntos porcentuales en el sector pesca y agricultura con respecto a 1995, correspondiendo la disminución observada principalmente a la ciudad de Granada. Cabe señalar que el peso de esta actividad en la generación de empleo prácticamente se ha reducido a la mitad en 1996 con relación a lo registrado en 1992.
El empleo en el sector manufacturero en las tres ciudades estudiadas en 1996 con 24.5%, refleja un crecimiento de 1.2 puntos porcentuales con relación al año pasado (23.3%). Este comportamiento se explica principalmente a lo observado en la ciudad de León (crecimiento de 2,2% en el último año). Si bien las otras ciudades experimentaron crecimientos, éstos fueron de menor magnitud.
Con relación a la situación que presentaba la industria manufacturera en agosto de 1992 se observa que en la actualidad absorbe más mano de obra, particularmente femenina, la que pasó de 22% en ese año al 24,5% en 1996. Esto estaría explicando la influencia que está teniendo en este sector económico la producción de la zona franca que se caracteriza por tener un empleo mayoritariamente (88%) femenino.
El porcentaje de empleo en los servicios básicos en las tres ciudades en 1996 es de 5.8%, mostrando una ligera reducción. No se observan diferencias significativas entre las ciudades.
La proporción de empleos en el sector de la construcción (4,4%) en las tres ciudades estudiadas continúa con una tendencia descendente en 1996, registrando una caída de 0.2 puntos porcentuales con respecto a 1995 (4.6%). Esto se explica principalmente a lo observado en las ciudades de Granada y Managua, ya que en la ciudad de León se registró un leve repunte de esta actividad medida por el empleo.
La ocupación en el sector de los servicios generales durante el último año pasó de 53.5% en 1995 a 52.4% en 1996. El descenso es más significativo en la ciudad de León (52.6% en 1995 y 48.6% en 1996), mientras que en la ciudad de Granada se observa un crecimiento.
A diferencia de lo observado los años anteriores, en 1996 la ocupación en los sectores de educación y salud registra un crecimiento de 0,7 puntos con relación a 1995. Este aumento es verificado en cada una de las ciudades. Sin embargo, la que tuvo el aumento más notorio fue León.


IV. Principales características del empleo urbano
Las reformas estructurales aplicadas con mayor intensidad a partir de marzo de 1991, dieron como resultado una cambio radical en la estructura del empleo según el área de propiedad de los centros de trabajo, siendo un factor determinante la privatizacion de gran parte de las empresas públicas. Mientras el sector estatal en 1992 absorbía el 38,2% de la ocupación total y el 41,2% en el caso de las mujeres; en 1996 se reduce al 11,8% y 11,6% respectivamente.
La participación del empleo en empresas privadas ascendió en las tres ciudades al 88,2%, con porcentajes similares para hombres y mujeres.

A diferencia de lo que se venía observando en los años anteriores, las personas
con un empleo en las tres ciudades con
menos de un año de antigüedad en 1996 se redujo, pasando de 23,5% al 23,1% en
1995 y 1996. En dicha disminución
influye principalmente el comportamiento observado en la ciudad de León, ya que
las variaciones observadas en las otras
ciudades es casi insignificante.
En el otro extremo, la relación de personas con más de 4 años de antigüedad en su empleo aumentó de 47,2% en 1995 a 47,9% en 1996, bastante más alto al 36% reportado en agosto de 1992.
El empleo según el tamaño de las empresas también presenta en 1996 alguna variación con respecto a lo observado en los años precedentes. En efecto, en las tres ciudades se observa que la tendencia a la baja verificada desde 1992 en el empleo en las empresas de más 50 trabajadores cambia en 1996, representando el 15,5%, recuperando parte del terreno perdido desde aquel año cuando estas empresas absorbían el 34% del total del empleo.

A la par que se observa ese incremento, el empleo en empresas de menos de 5
trabajadores aún cuando sigue teniendo un
peso considerable (61,1% en 1996) pierde significación en el último año, pero es
muy superior al 27,3% reportado en
agosto de 1992. Dicho incremento se observa en todas las ciudades y para ambos
sexos.
En las tres ciudades una tercera parta del empleo se realiza en fábricas y talleres, experimentando en el último año un crecimiento de 3,9 puntos porcentuales. Hay que señalar que esta categoría se redujo aceleradamente desde 1992 (40,1% del empleo), llegando en 1995 a representar el 29,4%. El crecimiento más acentuado en el último año se explica a la presencia de hombres.
La segunda categoría más importante del empleo según el lugar de trabajo en 1996 para las tres ciudades y los dos sexos, lo constituyen las viviendas con 26.1%; presentado un crecimiento de 1.2 puntos porcentuales en comparación con 1995 (24.9%) y algo superior al 23,4% reportado en 1992, en todo el período la presencia de mujeres en esta categoría es más fuerte que la de los hombres.
Para concluir, se puede comentar lo siguiente: el incremento de la ocupación y de manera específica en ciertas actividades productivas, con un mayor número de personas con niveles educativos más que primaria, el menor peso relativo de los empleos de poca antigüedad (menos de 1 año), una mayor proporción de trabajadores en fábricas, entre otros, estarían dando cuenta de cierta reactivación económica con un lento incremento en la aborción de empleo.
Por otra parte, pareciera que las reformas económicas están de alguna manera influyendo en acentuar la existencia de un sistema económico dual, donde por un lado se dinamizan actividades económicas más modernas en términos tecnológicos, mientras que la pequeña y mediana producción que sigue siendo el sector de mayor absorción de mano de obra, se enfrenta a problemas que podrían atentar en contra de su supervivencia como unidades económicas. Ello es claro cuando se observa el incremento pronunciado de la ocupación en viviendas, particularmente en el caso de las mujeres, como mano de obra remunerada, la reducción del peso de las microempresas y como se verá posteriormente todo ello acompañadado de retrocesos en la distribución del ingreso entre las personas ocupadas.
Adicionalmente, se puede señalar que el bajo nivel educativo que tienen las personas que conforman la PEA nicaraguense (45%), podría constituirse a mediano plazo en un obstáculo para el crecimiento económico y particularmente en las actividades económicas que requieren de una mano de obra calificada. Esto induce a concluir que si no se atiende con prontitud ese problema, las brechas sociales seguirán acentuándose, creando condiciones poco favorables para el clima de estabilidad económica y social que requiere el pais para entrar en la senda del desarrollo sostenible.
El Desempleo Abierto y la Subutilización de la Fuerza de Trabajo
La tasa de desempleo abierto para las tres ciudades estudiadas continuó descendiendo conforme lo observado desde 1994, aunque la disminución reportada en el último año muestra cierta desaceleración con relación a lo observado el año pasado.
El desempleo abierto pasó de 21,9% en 1992, se incrementó hasta el 26% en 1993 y a partir de 1994 comenzó a descender para ubicarse en 1996 en 18.0%. En el largo plazo, la reducción del desempleo abierto favoreció más en términos relativos a los hombres que a las mujeres, siendo la reducción de los hombres de 22,8% en 1992 a 16,5% en 1996, mientras que las mujeres pasaron del 20,8% al 19,6% respectivamente. Lo que muestra que las mujeres siguen enfrentando mayores barreras para entrar al mercado laboral.
La reducción en la tasa de desempleo observada en el último año puede considerarse sin embargo aún más alentadora si se analiza en relación a la tasa global de participación en el mercado laboral.
En efecto, en 1995 la reducción de la tasa de desempleo abierto se combinó con una reducción de la tasa de participación global, lo que indica que muchas personas desempleadas entonces se desanimaron de buscar trabajo y pasaron a ser inactivas. Por el contrario, en 1996 la reducción del desempleo abierto se combina con un crecimiento de la tasa de participación global, lo que significa que personas que en 1995 eran inactivas, se incorporaron al mercado laboral en el año en curso.
La mayor disminución en la tasa de desempleo abierto en 1996 la experimentó la ciudad de Managua, pasando de 19,3% en 1995 al 17.9% en el año en curso, las que practicamente no mostraron fuerte variación con relación a lo observado en 1992, pero significativamente más bajas a las registradas en los años 1993 y 1994 con 24,% y 22,8% respectivamente.
En la ciudad de León, la tasa de desempleo se redujo del 18,4% en 1995 al 17,2% en 1996, ambas son significativamente más bajas que la observada en 1992 con 25,3%.
Lo notable en el análisis diferenciado por ciudades, es que en Granada la tasa de desempleo se incrementó del 18% en 1995 al 19% en 1996, revirtiendo la tendencia de lenta reducción que se venía registrando desde 1992 cuando alcanzó al 26,3%. Pareciera ser evidente que en esta ciudad el ritmo de actividad económica no logra sostenerse. Por el contrario, el empleo está muy ligado a variaciones cíclicas de muy corto plazo. Aún cuando las variaciones en la tasa de desempleo abierto es muy fuerte tanto para hombres como para las mujeres, las fluctuaciones son mucho más pronunciadas en el caso de estas últimas en esta última ciudad.
A diferencia de lo observado como tendencia de largo plazo, la tasa de desempleo abierto en 1996 en las tres ciudades, tuvo una reducción más importante para las mujeres (con 20.9% en 1995 y 19.6% en 1996 vs. 16.8% y 16.5% para los hombres respectivamente). La ciudad que tuvo la reducción más drástica en el desempleo abierto de las mujeres fue Managua (22.7% en 1995 y 19.4% en 1996), mientras que la reducción más importante en los hombres, la registró la ciudad de León (pasando de 20.5% en 1995 a 16.7% en 1996). Es posible que en el caso de lo observado en la ciudad de Managua, ello se explique a la ampliación en la generación del empleo en las empresas de las zonas francas. Según información del BCN la ocupación en este subsector pasó de 7.114 en agosto de 1995 a 10.081 en 1996, experimentando un crecimiento de 41,7%.
El subempleo visible para el conjunto de las tres ciudades en 1996 fue de 9.3% lo que representa un aumento de 0.6 puntos en comparación con 1995 (8.7%). Sin embargo, la tasa de subempleo invisible para las tres ciudades fue en 1996 de 10.3% lo cual muestra una baja de 5 puntos porcentuales en comparación con 1995 (15.3%).
La disminución del subempleo invisible es algo alentador ya que ésto significa que la productividad de los trabajadores nicaragüenses estaría aumentando con respecto a 1995, debido a el número de empleados con salarios bajos (que no cubren el costo de una canasta básica alimenticia) se reduce.
La subutilización global de la fuerza de trabajo, medida con el desempleo abierto y su equivalente en subempleo (visible e invisible) en 1996 para las tres ciudades asciende al 37.6%, mostrando una reducción de 5,2 puntos porcentuales con relación a 1995 (42,7%).

V. La Población Cesante
La tasa de cesantía en las tres ciudades en 1996 es de 11%, presentado un ligero incremento en relación al año anterior (10.2%). Contradicto con los indicadores anteriormente analizados, esta variable experimentó en el último año un retroceso con relación a los precedentes en que la tasa de cesantía se redujo en 6% en 1994 y en 1,5% en 1995.
La tasa de cesantía aumenta en 1996 en una proporción mayor en el caso de las mujeres en relación a los hombres en las tres ciudades, siendo de 11,9% y 10,3% respectivamente.
La principal causa de la expulsión de la fuerza de trabajo en las tres ciudades en 1996, es el despido y el cierre de empresas con 47.5% de los cesantes, sin embargo, esta causa presenta una leve reducción con respecto a 1995 (50.8%).
A nivel de las ciudades estudiadas, se observa que en León la cesantía por trabajos temporales disminuye del 17% en 1995 al 10.2% en 1996 lo que muestra un regreso cercano a los niveles observados en 1994 (8.3%). Esto podría estar indicando que la economía local comienza a encontrar cierta estabilidad, posiblemente influído por la relativa recuperación productiva de las tierras que estaban ociosas en el departamento, incidiendo en la lenta recuperación en otras actividades económicas urbanas que pueden estar vinculadas a esa reactivación productiva en el sector primario. No obstante lo anterior, hay que señalar que posiblemente el hecho de que la tasa de cesantía por despido o cierre de empresas represente en León el 59,3%, significa que la economía se encuentra aún en sus niveles más bajos, comparativamente con las otras ciudades donde esa causa explica el 43,7% en Managua y el 41,5% en Granada de la cesantía en esas ciudades.
Por otra parte, León se diferencia de las otras ciudades, en lo relativo al reducido porcentaje de cesantía explicado a bajos ingresos (1.7%), contrastando con 7,5% en Granada y 9,7% en Managua. En el caso de las dos últimas ciudades, pero particularmente en Managua, pareciera que para muchas personas el costo de no trabajar durante cierto período de tiempo, es inferior al beneficio de recibir un mejor salario cuando se encuentra un trabajo que consideran mejor remunerado o bien que se encuentra un mayor beneficio en el trabajo por cuenta propia. Una explicación de ello, podría encontrarse en el hecho de que las personas ocupadas en Managua reportan mayores ingresos en términos relativos que las otras ciudades y a que la actividad económica en general es más dinámica, lo que se corrobora en el análisis que se hace posteriormente sobre los ingresos.

VI. Ingresos de la población ocupada
El ingreso promedio nominal del factor trabajo de la población ocupada de las ciudades de Managua, León y Granada fue en agosto de 1996 de C$ 1.297,6 mostrando una disminución en términos nominales de 0,07% con relación al promedio de 1995. Sin embargo, tomando en cuenta el incremento del costo de vida entre agosto de 1995 y 1996, el ingreso promedio de las personas con un empleo en las tres principales ciudades del Pacífico, tuvo una disminución en términos reales de 16%.
La variación nominal es verificada también al interior de los estratos en donde se ve un ligero aumento en el segundo y en el tercer quintil contrarrestado por una ligera diminución en el 20% de las personas ocupadas con los niveles más altos de ingresos.
Las variaciones diferenciadas en los ingresos medios entre las ciudades ha permitido reducir las brechas existentes entre ellas en los años anteriores. Así, por ejemplo, en Granada el ingreso promedio en 1996 fue de C$ 1.007,2 lo que representa un aumento de 8.8% con respecto a 1995 (C$ 918,5), mientras en León el ingreso promedio en 1996 fue de C$ 1.245,3 acusando una disminución del 3.8% con respecto a 1995 (C$ 1.294), siendo esta tendencia en la ciudad de Managua de 2,1%, en tanto el ingreso promedio en 1995 fue de C$ 1.508,30 y de C$ 1.476,90 en agosto de 1996.
El ingreso promedio de las mujeres en 1996 en las tres ciudades sigue siendo marcadamente inferior (38%) al de los hombres. Aún cuando en 1996 se observa una ligera mejoría con relación al año anterior, hay que señalar que la tendencia de largo plazo sigue marcando una acentuada diferenciación en los ingresos de la población ocupada según el sexo de las personas. En efecto, mientras en agosto de 1992 las mujeres devengaban ingresos promedios de 74,8% del de los hombres, en 1996 es el 62%.
Poder Adquisitivo de los Ingresos Totales
Un elemento que salta a la vista es que a nivel de las tres ciudades en el último año siguió aumentando el número de personas que con sus ingresos no cubren el costo de una canasta básica de 53 productos y esa diferencia se hace mucho más notoria en el caso de las mujeres ocupadas. Mientras en 1992 el 59% de las personas con un empleo cubrían menos del costo de una canasta básica y el 66% en el caso de las mujeres; en 1996 esas proporciones se incrementan a 80,7% y 87,5% respectivamente.
Aunque la disminución en el poder adquisitivo de los trabajadores parezca inconsistente con la reducción del subempleo invisible, en realidad no lo es. Para el cálculo de la tasa del subempleo invisible se toma el número de personas que trabajan más de 40 horas cuyos ingresos no cubren el costo de una canasta básica alimenticia, mientras que para medir el poder adquisitivo se toma la canasta de 53 productos. En todo caso, ésto estaría dando cuenta que en último año (agosto 1995 y agosto 1996) el incremento de los precios alimenticios fue inferior al crecimiento de los precios de los otros productos incluídos en la canasta básica.
Sin embargo, hay que señalar que una atractiva retribución al trabajo requiere algo más que la simple satisfacción del consumo de alimentos, dado que para el desarrollo normal y digno de las personas, se necesitan otro tipo de bienes y servicios.
A nivel de las ciudades estudiadas, se observan algunas diferencias. En Granada en 1996, el 88.7% de la población sólo pudo comprar con sus ingresos hasta una canasta básica, indicando un aumento del 4.3 puntos porcentuales en comparación con 1995 (84.4%) y contrasando con el 69,5% de las personas ocupadas en 1992.
En la ciudad de León en el último año, la relación de personas que cubrían apenas el costo de una canasta básica fue el 85.7%, aumentando en 6,7 puntos porcentuales con relación a 1995 (79%) y superando el 66,3% que representaba en agosto de 1992.
En la ciudad de Managua, los trabajadores que podían cubrir con sus ingresos el costo de hasta una canasta básica es el 74.7%, registrando también un aumento de 4.7 puntos porcentuales en comparación con 1995 (70%). Cabe señalar que de acuerdo al nivel de cobertura de los ingresos reportados en agosto de 1996, esta es la ciudad que sufrió el deterioro más pronunciado desde 1992 cuando la relación de personas con un empleo cuyos ingresos cubrían el costo de una canasta básica o menos era el 48,5%. Esta situación afectó casi por igual a hombres y mujeres, aunque levemente superior en estas últimas.


VII. Algunas referencias conceptuales sobre el desempleo
Para explicar los niveles de desempleo en Nicaragua se debe distinguir entre los diferentes tipos de desempleo, éstos difieren según sus causas, dentro de las cuales adquiere importancia las consecuencias que tienen las políticas que se diseñan a nivel macro sobre las realidades microeconómicas.
En efecto, en teoría se habla de tres tipos de desempleo: el desempleo friccional, el desempleo estructural y el desempleo por demanda deficiente o coyuntural.1
El desempleo friccional es interpretado como el tipo de desempleo que prevalecería aunque el mercado laboral funcionara correctamente. El cambio que normalmente se produce en este tipo de desempleo generalmente está asociado al funcionamiento de las economías modernas. En cada período algunas personas entran al mercado laboral, mientras otras salen por diversas razones: por estudios, porque han llegado a la edad de retiro, o porque tienen necesidad de trabajar en el hogar. De manera similar, los cambios productivos que se producen a nivel de las empresas obliga a eliminar puestos de trabajos en ciertas empresas, desaparecen algunas unidades económicas, o bien se produce una mayor demanda de cierto tipo de mano de obra. Como consecuencia de lo anterior, coexisten en cada momento trabajadores sin empleo y puestos de trabajo vacantes.
La característica del desempleo friccional es que el desempleo existe aunque haya compatibilidad entre los trabajadores de acuerdo a su calificación y los puestos de trabajo. La coincidencia de juntar estos dos elementos del mercado laboral lleva tiempo y por ello se lo define a ese desempleo friccional.
Mejorando el flujo de información es posible reducir el desempleo friccional, es decir, reduciendo el tiempo que media entre las necesidades de las empresas y la de las personas con las calificaciones adecuadas para encontrar un empleo. Sin embargo, es difícil pensar que este tipo de desempleo pueda ser eliminado, ni tampoco es necesariamente cierto que reducirlo sea deseable ya que en muchas circunstancias los beneficios de la búsqueda y la adquisición de información por parte de los empleadores y los trabajadores exceden los costos.
El desempleo estructural resulta cuando las habilidades o los lugares donde se encuentran los desempleados no son compatibles con las características de los puestos de trabajo vacantes.
Es importante hacer notar que dentro del desempleo estructural también se encuentra el desempleo tecnológico que proviene de cambios en las técnicas de producción de un país. Como sucede también con el desempleo friccional, el desempleo estructural está caracterizado por la coexistencia de trabajadores desempleados y puestos de trabajo vacantes. Sin embargo, en este caso para que los trabajadores y los puestos de trabajo sean compatibles se necesita más que la adquisición de información, en particular los empleados o los empleadores se tienen que cambiar de lugar (cuando hay puestos de trabajo libres en una región y trabajadores en otra) o deben modificarse las características de las personas trabajadoras. Otra forma de incidir sobre ello es por medio de modificaciones en las demandas de los empleados a fin de adecuarse a las posibilidades de aquellas. Sin embargo, todos estos elementos están muy condicionados a las posibilidades reales de que se produzcan esos cambios y adecuaciones.
Uno de los problemas más grandes que se enfrenta con relación al desempleo estructural es determinar si esa situación particular es temporal o permanente. Por ejemplo, supongamos que hay un aumento en la demanda de una industria, oficio o región, dando lugar a la apertura de puestos de trabajo en ese sector y una disminución en la demanda en otra industria, oficio o región, dando lugar a personas desempleadas en ese sector. Si esos cambios en la demanda son permanentes el desempleo resultante es claramente estructural y la mejor solución sería ajustarse al cambio estructural a través del entrenamiento de los trabajadores o el cambio de lugar por parte de éstos. Sin embargo, si esos cambios son temporales el desempleo resultante es más friccional que estructural y la mejor solución sería simplemente esperar que la demanda llegue a sus niveles normales en cada sector.
El desempleo por demanda deficiente o coyuntural existe cuando la demanda agregada es insuficiente para que la economía produzca trabajos. No es problema de trabajadores que se lanzan a una búsqueda normal de trabajo o no tienen las capacidades necesarias para cierto trabajo, es más bien un problema de demanda agregada insuficiente para generar un número adecuado de puestos de trabajo y por eso el número de puestos de trabajo libres es inferior al de desempleados.
En el caso particular de Nicaragua, de acuerdo a la evidencia empírica, podría decirse que existe una combinación de las distintas categorías de desempleo. Los cambios introducidos en el ambiente macroeconómico que incidieron en la desarticulación de algunos sectores productivos, ligado a los problemas que han obstaculizado las nuevas inversiones productivas y el bajo nivel educativo de la población economicamente activa, constituyen sus principales explicaciones.
La relación entre el coeficiente de producción2 y la tasa de desempleo observada es conocida como la ley de Okun3, la cual dice que cuando el coeficiente de producción aumenta la tasa de desempleo disminuye y viceversa. Más precisamente la ley de Okun dice que en promedio, cada vez que el coeficiente de producción varía en un punto porcentual, la tasa de desempleo observada varía en sentido inverso en 0.4 puntos porcentuales. Este señalamiento se hace ya que ello puede explicar la disminución observada en 1996 en la tasa de desempleo abierto en las tres ciudades estudiadas, dado que las estimaciones de crecimiento económico a nivel nacional, que según FIDEG en 1996 podría ser de casi 4% con relación a 1995.
De acuerdo a la teoría, la causa del desempleo es una deficiencia de la demanda agregada, por tanto su corrección depende, como lo muestra la ley de Okun, del aumento del coeficiente de producción y para ello se hace uso de políticas macroeconómicas para induzcan al aumento del consumo, la inversión, las exportaciones y el gasto del gobierno, o bien políticas que estimulen la reducción de los niveles de las importaciones o los impuestos.
En Nicaragua no se tienen estimaciones de la tasas de desempleo potencial4, pero los aumentos en la demanda agregada crearon inflación en los años ochenta y noventa salvo pocas exepciones, por esa razón si se quiere disminuir el desempleo sin acelerar la inflación es mejor utilizar políticas para luchar contra el desempleo estructural y el generado por demanda insuficiente.
Cabe destacar también que la tasa de desempleo potencial en Nicaragua debe de ser particularmente alta comparada con la de Centroamérica y otros países latinoamericanos, debido a los efectos causados por los chocs externos e internos que incidieron negativamente sobre la oferta global.
Por tanto, la lucha contra el desempleo en Nicaragua necesariamente obliga a la aplicación de políticas que incidan en la oferta global, a fin de incrementar la productividad y de esa manera contribuir también en el aumento de los salarios e incidir en una mayor y mejor educación para lo cual deben priorizarse los recursos en el presupuesto general de la República para ese sector.
Hay que tomar en cuenta que las medidas orientadas a disminuir el desempleo estructural, así como aumentar la productividad, son por lo general medidas de largo plazo, pero que requieren de una voluntad política y programas sostenidos en el tiempo que permitan alcanzar resultados en el mediano plazo. Los programas de generación de empleo de corto plazo pueden ser paliativos momentáneos, pero podrían contribuir en la generación de condiciones para el largo plazo, en la medida que los recursos y los esfuerzos se orienten a generar proyectos que permita vincular las necesidades de las poblaciones con su capacitación.
(1)Robert J. Gordon; Charles A. Carrier y James Pottier. Macroeconomique. II edición, 1984
(2)El coeficiente de producción es la razón entre el PIB real y el PIB de pleno empleo o potencial.
(3)Okun, A.M. Potential GNP: Its Measurements and Significance. The Political Economy of Prosperity. Washington D.C.: Brookimgs Institution, 1970, pp 132-145.
(4)Es el desempleo friccional más la tasa desempleo estructural que existiría en una economía funcionando con pleno empleo y sin generar presiones inflacionarias.