El año 1996 está por concluir, nuevas autoridades asumirán la responsabilidad de dirigir el país a inicio del próximo año. La pregunta central para las personas que que asuman los destinos del país, será ¿cuál es el margen de maniobra que objetivamente se tiene para esperar cambios en la política macroeconómica en el país en los próximos cinco años?.
La respuesta a esta pregunta es que los márgenes son extremadamente estrechos, sino nulos y veamos por qué:
DEUDA EXTERNA
Si bien uno de los más significativos logros de la Administración de la Sra. Violeta Chamorro en el campo económico, es el haber reducido la magnitud de la deuda externa de US$ 10,344 millones a US$ 5,517 millones. (una reducción de más de un 47% del stock inicial de deuda de 1990), la realidad muestra que ésta es aún elevada, ya que el stock de deuda representará el 298% del PIB de 1996, y podría representar 210% en 1997, 195% en 1998, 183% en 1999 y el 168% del PIB a fines del año 2000. Esas proporciones suponen a su vez que el PIB de Nicaragua se mantendrá en crecimiento sostenido, con tasas de crecimiento promedio anual a partir de 1997 de casi un 6%.
Ello significa entonces que aún con esa considerable reducción del stock de deuda, entre 1997 y el año 2000, el gobierno que asumirá en enero próximo, tendrá que pagar US$ 316 millones anuales en concepto de servicio y amortización, correspondiendo el pago de intereses al 50% del total.
Aún suponiendo que en el período 1997-2000 las exportaciones llegasen a crecer a razón del 9% anual en términos reales, la carga de la deuda representará desde un 45% de las exportaciones en 1997, el 36% en 1998, el 28% en 1999 y el 25% en el 2000.
Todo lo anterior, da una idea de la magnitud de las erogaciones que el país tiene que hacer para poder pagar sus compromisos de deuda. Elemento fundamental para que el país mejore los rankings del riesgo que actualmente le acreditan a Nicaragua, y por tanto para mejorar el potencial de flujos de recursos frescos tanto en la forma de inversión extranjera como de créditos al país. Un elemento claro del riesgo que significa Nicaragua para los supuestos inversores, lo arroja la baja cotización de su deuda comercial en el mercado secundario en comparación con los otros países de la región. En efecto, el precio de la deuda comercial de Nicaragua actualmente se cotiza en 7,5% de su valor contable, mientras la de Guatemala asciende al 101%, El Salvador a 104%, Honduras el 50% y Costa Rica 63,5%.
AHORRO INTERNO
Para que el país pueda crecer al ritmo de 5.7% anual entre 1997 y el año 2000, se requiere una tasa de ahorro interno (privado y público) de no menos 7.0% del PIB en 1997, 9.0% del PIB en 1998, 10.0% en 1999 y en el 2000. Ello significaría que el sector público debería incrementar su tasa de ahorro del 7% del PIB en 1997, 8,0% en 1998, 9.0% en 1999 y 9.0% en el 2000.
Estos niveles de ahorro en la práctica significa duplicar el nivel de ahorro actual calculado en 4% del PIB en 1996.
Por otra parte, de no lograrse el incremento en el ahorro interno es difícil esperar que el nuevo gobierno pueda mantener los actuales niveles de inversiones públicas (14% del PIB) en los próximos cinco años. Si ello no fuera posible, tampoco se podría esperar que la inversión privada logre pasar del 11% del PIB en 1996 al 13% anual que se requeriría en los próximos cinco años, para alcanzar las metas de crecimiento económico arriba comentadas.
Hay que recordar, que la inversión privada requiere como complemento indispensable la inversión pública. Dado que si no hay inversión en carreteras, puentes, caminos de penetración, energía,etc, tampoco se puede esperar que la inversión privada pueda asumir el papel que le corresponde.
Por tanto, es claro observar que el ahorro interno continuará siendo uno de los principales obstáculos para cualquier esfuerzo de mejoría económica, lo que también presenta un reto que tendrá que enfrentar el nuevo gobierno.
RESERVAS INTERNACIONALES
La estabilidad cambiaria y monetaria es todavía muy frágil, las reservas brutas internacionales al finalizar el año 1996 estarán en niveles de poco más de 1 mes de importaciones y para sostener el nivel de crecimiento calculado para los próximos cinco años, las reservas tendrán que incrementarse a dos meses en 1997, 2.5 en 1998 y así sucesivamente hasta finales del 2000.
Esto significa que la política monetaria tendrá que continuar siendo restrictiva y ello implicará que las tasas de interés continuarán ubicadas en niveles altos en los próximos años. De igual manera, es previsible que la política de encajes legales se mantenga en los niveles actuales, contribuyendo al encarecimiento del dinero.
Lo anterior, incidirá en la necesidad de continuar una política activa de minidevaluaciones, las que posiblemente se podrían reducir en el tiempo. Sin embargo, es difícil prever sustantivos cambios en esa dirección, ya que la alternativa a ello es caer de nuevo en los traumas de grandes devaluaciones. Por otra parte, no existen las reservas necesarias como para sostener una política de liberalización cambiaria, salvo que ello se haga a expensas de mayores restricciones monetarias, lo que pondría en riesgo las metas productivas, además de la inestabilidad social que ello acarrearía.
Estos tres elementos son de por sí lo sufientemente fuertes, como para concluir que en los próximos cinco años, no podrá cambiar sustantivamente el panorama macroeconómico que el país tiene que enfrentar.
CONCLUSION
Las limitantes que impone el pago del servicio de la deuda externa, aún tomando en cuenta el tratamiento preferencial alcanzado en las renegociaciones realizadas por el gobierno actual, la magnitud del déficit en cuenta corriente externa, el abultado déficit interno y la necesidad de generar ahorro, constituyen elementos de suma importancia para hacer los pronósticos de los próximos años.
Todos esos elementos presentan restricciones en los márgenes de maniobra que las nuevas autoridades podrán tener en el manejo de la política económica. El panorama macroeconómico de los próximos cinco años continuará siendo extremadamente restrictivo, no por voluntad sino por realismo y a ello tendrá que enfrentarse el gobierno que asumirá en enero del próximo año.
Para resumir y observar la dimensión del problema que los nicaraguenses debemos enfrentar, cabe comentar que Nicaragua necesitará de la comunidad internacional en los próximos 5 años no menos de US$ 1.859 millones para cubrir los desequilibrios macroeconómicos que actualmente se enfrentan. Adicionalmente se requerirían US$ 2.294 millones para cerrar las brechas del desbalance corriente. Ello significa que anualmente se requerirá un flujo de recursos externos anuales del orden de los US$ 800 millones, los cuales no vendrán si el país no presenta el orden macroeconómico básico que demanda la comunidad internacional.
Es evidente entonces, que en estas circunstancias los márgenes de maniobra son absolutamente limitados y eso sólo para garantizar los recursos que el país requiere y que no los puede obtener internamente.
De lo anterior se concluye que la estabilidad futura de Nicaragua, deberá descansar principalmente en políticas y acciones gubernamentales imbuídas de realismo más que de sólo buenas intensiones.
Ello es mucho más evidente cuando por otro lado, se trata de vincular el posible crecimiento económico con mayores oportunidades para todas las personas y de esa manera, incidir en una efectiva reducción de los niveles de probreza. El problema de la pobreza requiere de políticas integrales e incidiendo en las causas estructurales de ese flagelo y ello requiere algo más que simples medidas económicas.