GERÓNIMO DE SIERRA: Sociólogo uruguayo, profesor e investigador en el Departamento de Sociología de la Universidad de la República, y en CIEDUR (Montevideo). Investigador invitado del CIIH-UNAM (México).
La mayor parte de los análisis sobre los grandes cambios económicos y sociopolíticos que se han producido en los países latinoamericanos durante la década pasada -y de los escenarios futuros que estos enfrentan- hacen abstracción de las determinaciones específicas que operan sobre los "pequeños países" de la región. O si se refieren a ello, lo hacen en forma tangencial y complementaria. Sin desconocer que las tendencias generales que han predominado en América Latina se manifiestan también en estos países, creemos pertinente jerarquizar el análisis de sus particularidades por varias razones.
En primer lugar, porque la información empírica disponible muestra que en ellos la crisis económica y sociopolítica de la llamada "década perdida" se manifestó -salvo muy contadas excepciones- en forma aún más aguda y profunda que en el resto de los países de América Latina (de Sierra 1993a y b; CEPAL 1991a y b; BID; Vuskovic et al.; Lindenberg).
En segundo lugar, porque sin necesidad de sostener que el "tamaño" de un país (y su correlato de mayor dependencia del contexto externo) sea la variable decisiva para dar cuenta de las características que asumen en ellos los procesos de desarrollo económico y sociopolítico, parece indudable que las limitaciones de autonomía de tipo estructural que le son propias adquieren una significación más relevante justamente en períodos históricos como el actual, en que se redefinen las matrices de inserción internacional de cada país.
En tercer lugar, porque si el proceso contemporáneo de regionalización, trasnacionalización y globalización pone en jaque creciente los espacios de autonomía de todos los Estados nacionales, ese fenómeno parece operar con una radicalidad tanto sustantiva como de ritmo temporal aún mayor en los pequeños y micro países. Tanto más si están situados en una región que en los últimos 20 años ha perdido centralidad económica y política, como es el caso de América Latina y El Caribe (Fajnzylber; Devlin/Guerguil).
Y finalmente, porque a pesar de todas esas circunstancias el estudio comparado de los pequeños países (en adelante PP) muestra que la naturaleza diferencial -previa a la crisis- del Estado, el sistema político y social, y la matriz de relaciones entre esas dimensiones en cada uno de ellos, ha operado efectivamente sobre las modalidades del proceso general de reestructura económica e institucional que los envolvió a ellos como al resto de continente (de Sierra 1993b). Y, por lo tanto, parece científicamente redituable no ahorrarse el estudio pormenorizado de esas diferencias si se quiere acotar la vigencia de las tres tendencias generales antes referidas, y fundar empíricamente el peso y circunstancias en que operan el tipo de variables "internas" aquí mencionadas 1.
Más globalmente, sostenemos que junto al interés propiamente descriptivo que presenta el análisis desagregado de las transformaciones ocurridas en estos países, el estudio de esos procesos poniendo en relieve el carácter "pequeño" de los mismos, significa construir un objeto analítico que permite rescatar una dimensión interviniente que especifica, o califica, los efectos de la crisis sobre ellos. Y que de obviarse, disminuiría el grado de información y por lo tanto la capacidad de explicar y comprender algunos aspectos de su devenir histórico concreto.
Los pequeños países de América Latina y el Caribe
Hay bastante consenso acerca de que la dimensión tamaño o escala de un país solo puede ser definida en base a un continuo, con estratos o escalones acotados en forma relativamente convencional; y siempre en forma comparativa. Se acepta en general que los criterios de clasificación (cambiantes históricamente) deben considerar distintas dimensiones, entre las cuales la superficie es sólo una de ellas y que debe necesariamente combinarse con el número de la población y su nivel de vida, la magnitud de los recursos naturales movilizados, el desarrollo relativo de sus fuerzas productivas en un contexto dado, etc. Por otra parte la "pequeñez" como elemento analítico cobra sentido si se acepta su determinación por un sistema mundial o regional y más en general por la historia de la división internacional del trabajo (Vuskovic et al.). Y en cierta medida también por la historia de las relaciones geopolíticas y militares y su cambiante lógica de estructuración (Real de Azúa). En todo caso, con respecto al área latinoamericana hay en la literatura una muy fuerte convergencia en considerar como "pequeños países" a todos los que integran Centroamérica y el Caribe, así como al Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay en América del Sur2. El inconveniente de esta clasificación es que engloba naciones que dentro de su pequeñez común igual son exageradamente desiguales entre sí, como es el caso por ejemplo de la infinidad de "micro países" caribeños. En este trabajo, si bien algunos de los análisis y conclusiones que nos ocupan podrían ser extensibles a estos últimos, nuestras reflexiones y conclusiones están pensadas básicamente para los "pequeños" y no para los"micro" países. Y dentro de aquellos solamente para los que han estado integrados, en forma dependiente y sin interrupción, en las estructuras del mercado "capitalista occidental"3.
Los PP de América Latina y el Caribe tienen todos ellos un territorio, población y PBI de volúmenes "reducidos" y un peso o significación geopolítica relativamente menor, tanto en el contexto latinoamericano como mundial. Ello sin perjuicio de que al mismo tiempo presentan entre sí significativas diferencias - históricas y contemporáneas- en aspectos claves de su estructura social y económica, el sistema político y de partidos, el rol y densidad histórica del Estado, el papel de las fuerzas armadas, sus relaciones con los EEUU, etc.(de Sierra 1993b; Vuskovic et al.).
Prácticamente la totalidad de los PP de América Latina son clasificados comparativamente por el Banco Mundial en el rango de ingresos bajo y mediano bajo, salvo Uruguay a quien sitúa en el tramo mediano alto. Más allá del nivel de ingreso per cápita, casi todos ocupan un rango similar (bajo) en las escalas de otros indicadores sociales y económicos (grados de modernización; tipo de industrialización; productividad media; etc). Es decir que se tratan de PP que enfrentaron la crisis y el reajuste internacional partiendo ya de una situación de mayor atraso y dependencia relativas. En términos de distribución interna del ingreso, según la escala dicotómica de "equidad" construida por Fajnzylber (pp. 12-13), todos ellos (salvo Uruguay, y al límite Costa Rica) ocupaban en el período 1970-1984 la categoría de baja equidad4.
En particular en cuanto a su desempeño macroeconómico durante la llamada "década perdida" para Latinoamérica, en nuestro trabajo sobre siete PP seleccionados (de Sierra 1993a y b) presentamos evidencia empírica consistente que muestra que aquel fue tendencialmente menor para todos ellos que en el resto de la región. Algo similar ocurrió en el plano de los efectos "sociales" de la crisis, salvo en Uruguay y Costa Rica. Es significativo en ese desempeño desigual respecto al resto de América Latina, su menor dinamismo relativo en rubros hoy considerados decisivos para una inserción dinámica y competitiva en la economía internacional, y por lo tanto para lograr un crecimiento económico sostenible a mediano y largo plazo. En particular en el plano del desarrollo industrial, el autoabastecimiento alimenticio y las exportaciones tanto globales como especialmente de manufacturas.
A pesar de que nuestro estudio se concentró en siete casos seleccionados, el proceso global parecería funcionar según un esquema de círculo vicioso, esquema por el cual las determinaciones tendencialmente negativas del efecto tamaño en una fase de profunda reestructuración internacional como la actual, se ven reforzadas por las mayores debilidades y retrasos estructurales -previos a la crisis- específicos de la mayoría absoluta de los PP de América Latina (lo que se ve justamente confirmado por el saldo comparativamente menos negativo en países como Uruguay y Costa Rica).
¿Cuánto y qué cosas determina el tamaño de los países?
Formular la pregunta a ese nivel de generalidad evidentemente torna difícil una respuesta precisa y sin ambigüedades, y es poco útil en definitiva para los fines de nuestro tema. Es necesario pues desagregarla y acotarla en sus distintas dimensiones. En efecto, es muy fácil encontrar a lo largo de la historia moderna múltiples casos contradictorios -o contrapuestos- del desempeño de los PP en diversos aspectos. Por ejemplo en el plano de las tasas de crecimiento económico (Irlanda vs. Uruguay); la competitividad internacional de su producción industrial exportable (Suecia vs. Haití); el nivel de vida medio de su población (Dinamarca vs. Ecuador); el grado de equidad en la distribución del ingreso (Costa Rica vs. República Dominicana); la solidez de sus estructuras políticas y su integración nacional (Uruguay vs. Bolivia); el grado de autonomía nacional de las decisiones del Estado o los actores sociopolíticos claves (Holanda vs. El Salvador), e incluso su incidencia geopolítica y militar (Cuba vs. Paraguay).
No es por cierto casual que la extensa literatura de enfoque económico sobre el tema de los PP y su viabilidad - desgraciadamente a menudo demasiado economicista- esté lejos de mostrar un consenso neto sobre las ventajas e inconvenientes de la dimensión tamaño en cuanto al desarrollo de estos países. Y que tienda, en sus mejores versiones, a vincular el análisis del problema a un conjunto tal de variables que dejan en definitiva una gama bastante amplia de incertidumbres, y relativamente pocas conclusiones firmes sobre el tema específico. (v., entre otros, Robinson; Kuznets; Demás; Jalan; Katzeinstein; Perkins/Syrquin; Vuskovic et al.; Buitelar/Fuentes.)5.
Un intento, al mismo tiempo pionero y aislado, por realizar un análisis multidimensional (y multidisciplinario) de los problemas especiales que deben enfrentar las naciones pequeñas en su desarrollo económico y político, fue el sugestivo y desgraciadamente inconcluso trabajo de Carlos Real de Azúa. En él, luego de explorar los antecedentes históricos del debate sobre el tamaño de las naciones y su viabilidad, analiza detalladamente cómo la "pequeñez" puede incidir sobre algunas condiciones económicas y políticas del desarrollo de dichas naciones en el contexto latinoamericano moderno.
En un verdadero tour de force analítico, Real de Azúa llega a codificar 19 variables utilizadas por distintos autores para evaluar el posible desempeño de los PP. Entre ellas, siete de carácter económico, pero las otras doce de índole política, cultural, psicosocial, etc. Si bien concluye tentativamente que trece de esas variables son predominantemente negativas, cuatro más bien positivas y dos claramente ambiguas, el saldo global de su esfuerzo sigue consistiendo en un marco de relativismo. Y de que en definitiva el resultado en cada caso depende de una combinación ad hoc de factores no predecibles totalmente por el "tamaño" en sí mismo.
En un extremo opuesto y partiendo de un enfoque más centrado en la perspectiva geopolítica (con acento en ejes económicos y político-militares), hay otra corriente de pensamiento expresada en forma clara y recurrente por Helio Jaguaribe (1964, 1970 y 1987), que a diferencia de las anteriores afirma en forma contundente y sin atenuantes: "Las pequeñas naciones subdesarrolladas, mientras persista el actual sistema de Estados nacionales, no pueden desarrollarse ni como comunidades nacionales independientes -por faltarles los soportes reales necesarios (población, territorio y recursos naturales)- ni renunciando a la propia nacionalidad, por sufrir en ese caso la discriminación nacional de las otras"(1964, p.56).
En esta categoría de inviabilidad nacional incluye netamente Jaguaribe (1970) a todos los países de Centroamérica y del Caribe6, y con matices (muy precaria viabilidad) a Paraguay, Ecuador, Bolivia, y tendencialmente al Uruguay7. Es decir a la totalidad del universo de países sobre los cuales se centra nuestro análisis.
Por otro lado, hay un conjunto de trabajos centrados en la perspectiva específica de las relaciones internacionales (entre otros ver: Rosenau; Galtung; Lewis; Singer; Rosenberg; East) que discuten los grados de autonomía y dependencia de los PP, incluyendo a veces los latinoamericanos. En varios de estos trabajos si bien se reconoce que los pequeños Estados están sin duda más afectados que los grandes por factores externos y sistémicos, se orientan crecientemente a valorizar los márgenes de autonomía potenciales de aquellos en un sistema internacional que se ve definido cada vez más por agrupamientos regionales, y por la intervención creciente de actores no estatales de los países hegemónicos (en muchos casos opositores a sus gobiernos) en las relaciones entre estos y los PP.
Se jerarquiza además la superación analítica de la estricta dicotomía subordinación- autonomía de los países, orientando los análisis a un continuo conceptualizado como márgenes de acción (Morales), definidos estos como: "La capacidad, disminuida y residual, de un pequeño país periférico para aprovechar las oportunidades que proporciona el sistema internacional-regional para alcanzar metas deseadas, como podrían ser el diseño de políticas orientadas a promover la gestión de su propio desarrollo y el aprovechamiento de los recursos para ampliar sus márgenes de autonomía" (énfasis mío, p.29)8.
Lo que nos importa rescatar de esta lógica de razonamiento es que tiende a valorar -partiendo de los atributos estáticos del país tales como el tamaño y el tipo de organización social existente en un momento dado- el papel explicativo que juegan la capacidad y predisposición para actuar de los decididores internos claves (East), frente a las determinaciones pero también frente a los resquicios que deja la relación de fuerzas con los países hegemónicos y sus contradicciones. Lo importante de esta vía de análisis es que introduce la necesidad de evaluar las decisiones de política de los países dependientes (en nuestro caso los PP de América Latina), y no considerar que todo lo ocurrido en ellos es aquello que "necesariamente debía suceder".
En otras palabras, reconocer y analizar los niveles de subordinación y los márgenes de autonomía; pero no sólo en su dimensión estática o estructural, sino en tanto esos niveles y esos márgenes son influidos por las actitudes y las conductas de los actores sociopolíticos de los PP (Aguiar).
Si desechamos -por poco útiles para el análisis concreto- las posiciones analíticas de tipo "globalmente catastrofistas" como son las sustentadas por Jaguaribe respecto a los PP de América Latina9, una primera conclusión que puede sacarse de la problemática analizada es que tanto en términos económicos como políticos, una parte considerable del desempeño de los PP depende de sus propias políticas, así como de su "capacidad negociadora" y de su "habilidad para maniobrar" en el contexto externo, siempre más aleatorio y cambiante para ellos que para los países grandes.(Real de Azúa; Devlin y Guerguil; Rosenberg). Esa cuota de iniciativa "interna"10 es la que parecería dar cuenta de una parte de las diferencias en las políticas concretas con que enfrentaron la crisis de los 80 los diversos "pequeños países" de América Latina. E incluso más globalmente, de una parte de las grandes diferencias de crecimiento económico, competitividad exportadora, equidad e integración social, que presentaban entre sí antes de la crisis los PP de América Latina por un lado, y la mayoría de los PP del mundo desarrollado por otro.11
Sin esas consideraciones sería muy difícil dar adecuada cuenta -por ejemplo- de ciertos aspectos de las contradicciones y vaivenes de la política norteamericana en los años 80 hacia los distintos países de Centroamérica y el Caribe, así como de los márgenes de acción diferenciales que estos tuvieron entre sí y cada cual durante distintos momentos de la década (Charpentier y Lizano; Galván; Aguilera et al.).
Sin embargo este modelo metodológico, sin duda fecundo e imprescindible, es insuficiente y debe ser complementado ya que tiende a minimizar algunos fenómenos que justamente los enfoques del tipo Jaguaribe tratan de rescatar. Si bien sus conclusiones sobre la inviabilidad radical de todos los PP de América Latina nos parecen muy mecanicistas12, los análisis sobre lo que él denomina "sistema imperial americano" (y que muchos otros autores han abordado con diversos enfoques teóricos) ponen adecuadamente de relieve la extrema determinación que sufren los PP de América Latina por parte de las políticas hegemónicas de EEUU para la región (Coraggio/Deere). Políticas que han asumido periódicamente la forma de intervención militar más o menos directa, en especial en Centroamérica y El Caribe (Burbach/Flynn), pero que en forma continua se expresan claramente en el plano político y económico13.
Si bien estas políticas tienen efectos sobre todos los países de la región, parece innegable que ellas cobran un papel más decisivo en el caso de los PP. Más aún en el período histórico que nos ocupa, caracterizado por el impacto en la política de los EEUU de su pérdida relativa de peso económico respecto a la UE y Japón, y -hasta el colapso de la URSS- también en el ámbito de su hegemonía militar 14.
A estas determinaciones que podríamos denominar de "alta densidad", deben agregarse las influencias específicas que ejercen sobre los PP ciertas naciones con influencia regional, como es el caso de México y Venezuela para el área de Centroamérica y El Caribe; y de Brasil y Argentina para los casos de Bolivia, Paraguay, Uruguay.
Finalmente, cabe señalar que en un período histórico en que se acentúa la influencia de las grandes unidades económicas trasnacionales (productivas, comerciales y financieras) y su creciente capacidad para sobredeterminar las capacidades decisionales de los Estados, son justamente los PP quienes más se ven expuestos a la influencia de dicho fenómeno 15. Y por esa vía ven dificultado al máximo su posibilidad de compatibilizar las políticas de reinserción al mercado mundial y reequilibramiento macroeconómico, con las exigencias de integración socioeconómica nacional y de gobernabilidad tanto sistémica como progresiva de sus respectivas sociedades
Resumiendo, podemos sostener las siguientes hipótesis:
1) Si bien el "tamaño" de un país está lejos de dar cuenta por sí solo de su desempeño económico y su evolución sociopolítica, a "todas condiciones iguales" especifica sus márgenes de acción, haciendo tendencialmente más dificultoso su proceso de desarrollo así como la solidez e independencia del Estado-nación. Por ser esta una ley tendencial, ella no se ve anulada necesariamente por la existencia de excepciones, las que por otra parte no pocas veces se deben al cambio de las "condiciones iguales" implicadas en la proposición anterior16.
2) Estas limitaciones propias de los PP parecen asumir un mayor grado de pertinencia y vigencia operativa en períodos (como es el caso actualmente) en que se procesan grandes redefiniciones en la estructura internacional y las correspondientes redes de interdependencia (y dependencia) geopolítica y económica entre países y bloques.
3) A su vez, dicho efecto limitante sobre los PP se extrema cuando estas redefiniciones se dan en un contexto de desarrollo en que las fuerzas productivas y los mercados se globalizan, y cuando ha aumentado radicalmente el nivel de acceso estable y duradero de nuevos países y/o empresas a las condiciones de competitividad internacional -genuina o protegida-.
4) Esta dificultad tendencial de todos los PP se ve agravada en este período histórico para los PP que se ubican en América Latina dadas su previa condición dependiente -periférica, su bajo nivel comparativo de desarrollo, la "cercanía" geopolítica con EEUU de la mayoría de ellos, y la creciente pérdida de centralidad de toda la región en la economía mundial.
5) En el marco de esas determinaciones tendenciales -generales y de etapa histórica- operan las diferencias nacionales entre los PP. Tanto de tipo histórico y estructural (económicas, relación previa del Estado con la sociedad y el sistema político, nivel de integración social, etc.), como aquellas ligadas a los "proyectos" nacionales y sociopolíticos de las diversas elites y el gobierno, su "voluntad y capacidad de actuar" y el entramado de movimientos sociales y políticos existente en el período a estudio.
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Notas)
Nota: Este texto recoge resultados de una investigación coordinada por el autor y en la cual participan investigadores de varios países de la región. Su título es "Estado, sociedad y política ante el ajuste de los años ochenta. Realidad y alternativas en los Pequeños Países de América Latina". Fue posible gracias al apoyo de la Universidad de la República (Montevideo) y del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la UNAM (México). Los resultados completos de la primera fase de la investigación han sido publicados por Nueva Sociedad: Los pequeños países de América Latina en la hora neoliberal, 1994.
1. Por ejemplo, las condiciones societales previas y las políticas públicas aplicadas en Costa Rica (Sojo) y Uruguay (de Sierra 1992a y b) por un lado, y en Bolivia (Laserna) y El Salvador (Cuenca) por otro, muestran casos bastante extremos de los efectos diferenciales de esas variables sobre las modalidades concretas que asumieron en los PP los procesos de estabilización, ajuste estructural y reformas político-institucionales. Y, a su vez, de las diferencias de grado en el "efecto retorno" de dichos procesos sobre la estructura social, el sistema político y el papel del Estado de esos países.
2. Algunos estudios tienden a dejar fuera de esta categoría al Uruguay por razones no siempre claramente explicitadas, pero que en definitiva tienen que ver con su mayor nivel histórico de ingreso per cápita y calidad de vida. No nos parece un criterio adecuado y por eso lo incluimos en nuestro análisis. Una discusión bastante minuciosa de este "dilema clasificatorio" puede verse en Real de Azúa (p. 158 a 160)
3. Los casos de Cuba y Nicaragua (hasta 1990), dado el carácter revolucionario de sus regímenes políticos y su voluntad de recorrer la transición al socialismo, escapan en gran medida a los objetivos de este trabajo. Además, las distintas formas de bloqueo económico y/o de injerencia militar de los EEUU hacia ellos modifican radicalmente las condiciones mínimas de comparabilidad de los procesos que nos interesan analizar.
4. Dicha escala fue construida por el cociente entre el 40% de habitantes de más bajos ingresos y el 10% de más altos ingresos. El nivel bajo de equidad es definido como menor a 0,40 y el alto como igual o mayor a ese cociente. Si el límite de equidad se desplazara levemente hacia abajo Costa Rica ascendería de categoría.
5. Una versión resumida de las principales características y limitaciones de estos países mencionadas por dichos enfoques, la presentan Buitelar y Fuentes en estos términos: "En la extensa bibliografía sobre el desarrollo de las naciones pequeñas suele emplearse el ingreso, la superficie geográfica y la población como principales criterios para definirlas. Las limitaciones que impone el tamaño al desarrollo se asocian comúnmente con la estrechez del mercado interno y la limitación de recursos, que presentan patrones comunes en cuanto a coeficientes más elevados de comercio y menor diversificación de la oferta. Los datos econométricos apuntan a la población como factor de particular importancia entre los que determinan la estructura del comercio y las modalidades de la diversificación. Para los países en desarrollo, el tamaño se ha considerado además, como una limitación importante de su margen de maniobra, es decir, de su capacidad de elegir entre distintas opciones de política, lo que a su vez tiende a reforzar las restricciones que imponen otras variables, como las divisiones étnicas, la ubicación geográfica, la escasa disponibilidad de recursos naturales, las elevadas expectativas de consumo y la exigua base tecnológica" (p.83).
6.- "Su base insuficiente de recursos naturales y humanos, el grado de dependencia de sus elites dominantes de Estados Unidos y su situación geopolítica colocan actualmente a tales países...en situación de no viabilidad nacional" (1970, p.72).
7. "Otros países, como Paraguay, no sólo se encuentran con severas limitaciones de recursos sino también subyugados por un régimen colonial-pretoriano que no parece ser susceptible de corrección desde dentro (...)Países como Ecuador y Bolivia también ostentan una muy precaria viabilidad. En distintas condiciones, Uruguay está visiblemente acercándo(se) a su límite de resistencia para mantener el desarrollo nacional de su sociedad..."(1970, p.72).
8. "Dicha capacidad se ve disminuida en tanto que los países no disponen de todas las oportunidades, ni de los medios para actuar libremente, mientras no sean modificadas las desventajas que provienen de su ubicación geopolítica y su pequeñez internacional. Es residual también en la medida en que las acciones no dependen exclusivamente de decisiones internas, sino del aprovechamiento de los espacios y oportunidades que las acciones de una potencia central (o regional; G. de S.) dejan abiertos (...) limitados por los niveles de dependencia estructural y de subordinación política (de los gobiernos; G. de S.) de cada país" (ib., p. 29).
9. Como sostienen Wonsewer/Young (p.12) respecto al debate sobre la viabilidad de las naciones pequeñas: "Enfrentados a hechos históricos complejos e irreversibles, con una existencia de más de siglo y medio, la discusión teórica con argumentos racionales sobre la viabilidad o inviabilidad de una nación que por el simple hecho de subsistir constituye ya una realidad, parece ociosa. Aún cuando se llegase a la conclusión de que se requieren condicionantes sociales, económicas y políticas para hacer factible la existencia de un país con determinado grado de autonomía, esa conclusión no serviría para decretar una especie de suicidio colectivo que llevase a la disolución o limitación de la independencia nacional (...) y es en definitiva posible para ellos -cumplidos ciertos requisitos de políticas- encontrar una inserción internacional que posibilite un grado de autonomía compatible con su independencia política".
10. El concepto de iniciativa interna debe a su vez ser desagregado en sus variados componentes. En efecto, el análisis de las políticas públicas y privadas efectivamente aplicadas en cada país es la resultante de la interacción entre las determinaciones estructurales y la relación de fuerzas sociopolíticas en presencia en cada período analizado.
11. Un análisis documentado y esclarecedor de algunos de los factores explicativos del "éxito" de los países escandinavos, puede verse en el capítulo V de Fajnzylber. Sobre los casos de Austria, Holanda e Irlanda, v. Schneider; De Klerk; McNutt. Una discusión de estos y otros trabajos sobre el tema puede verse en las ponencias y debates del seminario "Comparación analítica de los modelos de desarrollo a partir de 1950 de los países de pequeña escala de Europa y América Latina", organizado por CEPAL en Montevideo, 1-4/12/1992.
12. Aunque hay que reconocer que -inspirándose en la CEE- él mismo entreabre la puerta de la difícil pero eventual integración subregional como posible solución; 1964, pp .57 y 99; 1987, pp. 98 y 100.
13. "La asimetría estructural del sistema intra-imperial, fundada en una absoluta superioridad económico-tecnológica y político-militar de los Estados Unidos, como país, y de sus elites dirigentes como titulares de múltiples roles internacionales, garantiza de diversas maneras el predominio de los intereses americanos, públicos y privados, en sus relacionamientos internacionales" (Jaguaribe 1987, p.97).
14. La fuerte e indisimulable capacidad de EEUU (el gobierno y las empresas) para influir por distintas vías en las políticas económicas y los modelos político-institucionales de los PP de la región, asumió históricamente y aún hoy, modalidades diferentes según se trate de países situados en su área de influencia inmediata o de los PP de América del Sur. El impacto de dicha influencia se ve además sensiblemente especificado por factores sociopolíticos internos de cada PP, tales como solidez del Estado nacional y del sistema político, grado de desarrollo e integración social, capacidad y autonomía de las elites dirigentes, etc.
15. Un caso extremo de esta especial vulnerabilidad del Estado y la economía de los PP a la trasnacionalización se manifiesta en el caso "patológico" pero cada día más presente del narcotráfico. Fenómeno éste que, al decir de Touraine, representaría "la única empresa realmente trasnacional que hay en América Latina, y que expresa la lógica extrema del liberalismo".
16. Es el caso en particular de los PP de Europa occidental los que se han beneficiado desde hace muchas décadas de las ventajas derivadas del hecho de pertenecer al área central de la expansión capitalista -e interactuar básicamente en su seno- situación opuesta a la de los PP "periféricos" de América Latina y más en general del llamado Tercer Mundo (Real de Azúa; Coraggio/Deere; Vúscovic et al.).