MOMECO, 07/01/95, EL INFORME 1994 DEL BANCO DE MÉXICO: CONFESIÓN DE LA MANIPULACIÓN DE LOS MERCADOS

Momento Económico

País/Country: México

Instituto de Investigaciones Economicas, Ciudad Universitaria, México

Autor/Author: Ramón Pieza Rugarcía*

Número/Number: 80

Frecuencia/Frequency: Bi-mensual/Bi-monthly


Fecha/Date: 07/01/95

El análisis del informe de 1994 del Banco de México puede equipararse a la lectura de los cuentos de las Mil y Una Noches, por el alto contenido de elementos mágicos que ahí se invocan con un solo propósito: crear la ilusión de que en el país hay innumerables mercados financieros y de divisas.

Esta necedad de aparentar, resultado de una moral de Tartufo (no importa lo que se es siempre y cuando los demás no se percaten de ello), ha llevado a México a la concepción de una estrategia de doble moral, es decir, a que una cosa sea lo que se hace y otra lo que se dice.

El problema no radica tanto en entablar una especie de juicio ético por la conducta del instituto central, sino en evaluar una realidad indicativa de que, en materia financiera, los mexicanos somos rehenes de la buena voluntad o del mejor humor de quienes fungen como autoridades.

El problema radica en los mecanismos empleados para buscar las causales de distorsión que justifiquen la permanente intromisión de ese Instituto en las variables financieras nacionales sin que se les acuse de estar manipuladas.

Resulta alarmante saber que para tasas de interés, índices de inflación y accionarios y otros datos de la economía, cualquier pretexto, por irrelevante que sea, se utiliza de manera indiscriminada, en un sentido u otro.

Si bien es cierto que los asesinatos políticos, convertidos ahora en permanente conducta, condicionan la orientación de quienes deciden las inversiones públicas y privadas en México, también lo es que la calidad de simples reactivos que el Banxico les asigna es un mecanismo pedestre orientado a controlar la opinión pública en general, que en sus aseveraciones pretende ignorar los mecanismos de evaluación de los conocedores y el pragmatismo -resultado de la experiencia-, con el que siempre han operado quienes participan en el juego internacional de los dineros.

Cuando en la introducción del informe se dice que ``eventos políticos y delictivos generaron un ambiente de gran incertidumbre'',1 situación que ``afectó negativamente la evolución de los mercados financieros y, particularmente, la del cambiario'',2 se obvian las circunstancias de que tanto los infortunados asesinatos como el explosivo movimiento chiapaneco se presentaron en tiempos previos a la brutal e internacionalmente inesperada caída del precio del nuevo peso mexicano.

En muchas de las gráficas que el Banco de México ofreció a los medios de comunicación en diversas fechas se dibuja lo que a su entender significó una clara correlación, de causa-efecto, de los movimientos en los inexistentes mercados mexicanos.

La verdadera causa de la incertidumbre entre los inversionistas se encuentra en el caudal de inexactitudes con que se presentan las cifras oficiales y las permanentes confusiones en que las autoridades monetarias hacen incurrir a la sociedad al utilizar indiscriminadamente denominaciones, nomenclaturas, movimientos y saldos, esperando que en la confusión nunca nazca la luz de la explicación y la realidad.

El crecimiento de los precios de 7.1% el banco central lo imputa a ``la consolidación de la apertura comercial de la economía, que ha roto situaciones monopólicas y ha dado una mayor flexibilidad a la oferta de bienes y servicios para responder con rapidez ante aumentos de la demanda interna sin provocar variaciones de precios''.3 Esta elegante forma de señalar el problema en que incurrió México: depender de la oferta del extranjero como única alternativa para seguir manteniendo controlados los salarios, dado que los precios y las calidades de los productos nacionales dejaban mucho que desear.

Haber colocado el control inflacionario en la producción foránea trajo como consecuencia una baja en la demanda de la oferta nacional que obligó a los fabricantes a distribuir en menos productos sus costos fijos, incrementar los precios, contraer costos variables de la manera fácil, mediante los despidos de personal, y caer en un círculo que los economistas oficiales, en un desplante de declaraciones oportunas y graciosas, se atrevieron a calificar de ``virtuoso''.

Para controlar los precios de los bienes importados, en el mismo documento4 mencionan su estrategia de manipuleo de las cifras de inflación, la que indujeron mediante ``la aplicación de una política monetaria orientada a disminuir la inflación'', posteriormente tratan de hacer intrascendente la devaluación del 19 de diciembre de 1994, al afirmar que ésta ``afectó levemente el crecimiento de los precios... sin recurrir a lo que se denomina represión de la inflación''.5

De hecho aquí se encuentran los argumentos que el gobierno de Ernesto Zedillo, de voz propia y mediante las declaraciones de sus secretarios, ha empleado para afirmar que gracias al Tratado de Libre Comercio el efecto tequila no tuvo la severidad que le era propia.

Se devalúa por la apertura que controla artificialmente la demanda nacional, conduciendo a la sobreimportación de bienes de consumo final disfrazados por la estadística oficial: la inflación no se resiente en la economía nacional debido a la misma apertura. Como se aprecia, son dos explicaciones opuestas para la misma causa. Parece que el Banco de México ha llegado a sublimar tanto el conocimiento de sus becarios, que se ha concebido una nueva teoría económica.

Es alarmante ver cómo se manipula la distorsión generalizada de los mercados que causó la importación como mecanismo de control de precios y entender que para lograr suaves ajustes en todo lo referido a la economía, lo que prevalece es, sin lugar a duda, la presencia de la mano visible del gobierno en los precios de las divisas.

Pero, lo más importante de la presentación y el contenido del informe es, sin duda, que se encontró la justificación necesaria para no evidenciar la verdadera causa del problema monetario.

Cualquier asunto es adecuado con tal de que el análisis no ponga atención a la realidad del juego, a que el modelo se basó en la atracción de capitales, de cualquier naturaleza y a cualquier precio, para hacer frente a los indispensables consumos de bienes externos.

Al agotarse las estrategias de captación indiscriminada y al no lograrse que el flujo de divisas se convirtiera en inversión permanente, pensamiento mágico de los estrategas, los verdaderos mercados se dieron cuenta de que el problema de México era la inestabilidad creciente debido a que el desempleo aumentaba de modo progresivo; el ingreso no correspondía a la realidad estadística de la distribución del PIB, y las divisas se habían empleado fundamentalmente para adquirir bienes de consumo, disfrazados como intermedios o de capital.

Si se examina la composición de la balanza comercial, se aprecia que, según las mismas estadísticas que ofrece el instituto central, buena parte de la llamada importación de bienes de capitales consistió de medios de transporte para consumo final, o de refacciones con los mismos propósitos; luego es una estratagema de nomenclatura más que un cambio estructural de la economía mexicana.

Así, la afirmación de que la reversión de los flujos de capital al país fue ``consecuencia de los diversos acontecimientos políticos y delictivos [que crearon] condiciones de profunda inestabilidad en los mercados financieros'',6 no es sino una manera de aprovechar, por coincidencia, los asuntos delictivos, políticos o no, a fin de señalarlos como los verdaderos responsables del cambio experimentado en diciembre.

De igual manera, no es de sorprender que la política para manipular las tasas de interés también se base en el empleo de los sucesos sangrientos y de la ausencia de estabilidad política, para justificar sus alzas y bajas, ya que la necedad de mantener la inflación en un dígito y de crear la ilusión del superávit presupuestario, llevó a bajar los rendimientos a niveles del 9%, sin importar Chiapas, asesinatos o narcotráfico, suponiendo de manera ignorante que los flujos de capitales eran inelásticos a los rendimientos y altamente elásticos al magnetismo personal del presidente Salinas y de su carismático equipo.

Podemos apreciar cómo la coincidencia es también la justificación que permite negar la permanente intervención de la banca central mexicana en los mercados, ya que los precios del dinero en los mercados secundarios, siempre diferente a la ofrecida por el gobierno, no era el jalón de los primarios, sino más bien la inversa y ésta siempre ha sido la tónica.

El Banco de México define la tasa primaria en la colocación de los instrumentos públicos de deuda y regula la oferta del dinero con su política de descuento o redescuento del papel de los intermediarios.

Son varias las hipótesis que pueden inferirse de los manejos del Banxico; las más importantes son las siguientes:

Las reservas internacionales que se manejaron durante el sexenio del presidente Salinas consistieron fundamentalmente de recursos crediticios provenientes de la colocación directa de papel en los mercados internacionales, por medio de los agentes del gobierno, como Nafinsa y el Bancomext. Lo anterior se complementó con una estrategia de manipulación de las variables (inflación, interés y paridad) para atraer divisas, garantizar la convertibilidad a paridad conocida, por medio de los mecanismos de cobertura y tesobonos y rendimientos superiores a los de los mercados de origen.

Las expectativas del gobierno fueron siempre que el capital de los inversionistas buscadores de rendimientos y seguridad en plazos menores a un año paulatinamente se convirtiera en permanente; para ello se establecieron las condiciones legales para abrir al capital extranjero mayores porciones de propiedad en empresas nacionales, incorporándolas en operaciones bursátiles en el país y el extranjero.

Los funcionarios públicos, el presidente Salinas incluido, nunca tuvieron en su proyecto la formación de capital productivo y sí se concibió la sustitución de producción por comercialización en lo general, y producción altamente especializada en los campos de cemento, cerveza, metalmecánica, acero y otras ramas de la economía mexicana, en las que la complementariedad de costos de mano de obra y menor vigilancia ecológica así lo permitían (de ahí tantos nacimientos de anencefálicos en las zonas maquiladoras de la frontera).

Los factores que influyeron en la depresión del modelo coincidieron con los delitos de siempre (y que, como resultado de la apertura mexicana, ahora son del dominio público), pero sin lugar a dudas no fueron los causantes directos de ello.

Lo que preocupó a los analistas fue la falta de consistencia en la instrumentación del modelo y la falta de realismo en su concepción. La teoría funciona bien en los libros siempre que explique lo que ya pasó, pero su duplicación, aun en los mismos países en los que se presentó, tiende a definir lo que nunca sucederá. Es indispensable entender que la economía es la medida de la conducta humana, nunca su causa.


* Miembro del personal académico del IIEc - UNAM.

1 Banco de México, Informe anual 1994, p. 1.

2 Ibidem., p. 1.

3 Ibid., pp. 2 y 3.

4 Ibid., p. 3.

5 Ibid., p. 3.

6 Ibid., p. 3.