En primer lugar, habria que reconocer que las caracteristicas de la crisis
economico-financiera que afecta el tipo de cambio (y no al contrario como se
reitera con frecuencia), no son, desafortunadamente, solo de caracter
coyuntural; no son parte de una simple ``nube sexenal'', que puede ahuyentarse
con magicas formulas macroeconomicas, para un ``ajuste transitorio'' que no
corresponden a un verdadero modelo de desarrollo, sino son simplemente
estrategias de la politica neoliberal que se viene poniendo en practica desde
hace por lo menos 12 anos, y cuyas bases han propiciado estrategias tales como
el dejar crecer el deficit en cuenta corriente, hasta niveles insostenibles, en
aras del supuesto ``crecimiento de la planta productiva'', para ser compensado
con entradas masivas de capital externo (superavit en cuenta de capital), y cuyo
destino, estuvo lejos de incrementar basicamente la planta productiva y el
empleo nacionales, y si en cambio, incentivo la especulacion y las altas
ganancias de los capitales externos. Todo lo cual demuestra que hoy, la
devaluacion del peso dificilmente puede ser considerada como ``sorpresiva'', ni
en monto ni en tiempo, pues indudablemente no se valoraron en su debida
dimension los riesgos que se corrian y que, no esta por demas decirlo, fueron
senalados muchas veces por analistas e investigadores.
Es pertinente decir que era muy evidente que la situacion previa al desplome
del tipo de cambio requeria acciones preventivas que si pudieron haberse
adoptado, particularmente frente a los ``focos rojos'' que la balanza de pagos
venia presentando muchos meses atras, tanto por los problemas de liquidez e
incremento de las tasas de interes norteamericanas que retraian los fondos
externos y dificultaban el pago de las importaciones prioritarias, como por la
crisis politica interna, que presionaban al tipo de cambio que se mantenia en la
``camisa de fuerza'' que constituia la banda de flotacion y que mantuvo
sobrevaluada la moneda mexicana.
Desafortunada e irresponsablemente no se hizo nada, por eso, a escasas
semanas de haberse dado a conocer los lineamientos generales de la politica
economica del nuevo gobierno con indicadores ``macro'' ungidos de optimismo (PIB
4%, inflacion 4%, mayor numero de empleos, finanzas publicas de equilibrio
perfecto, gasto de inversion de mas 25% y desarrollo social de mas 55%), la
medida devaluatoria, acompanada de un Programa de Emergencia Economica
denominado Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia, cae como ``rayo en
cielo despejado'' pues sus objetivos de recobrar la estabilidad, la confianza y
el impulso de los ``cambios estructurales necesarios para que la economia
aumente su competitividad externa'', exigieron, una vez mas, el deterioro del
poder de compra de los salarios, (de mas del 60% sin el ``ajuste''); y la
cancelacion de oportunidades de generacion de empleos, con lo que la meta
prometida de bienestar social deja de ser, automaticamente, una prioridad de la
politica economica.
No obstante la reiterada mencion de que ``el sacrificio es de todos'', la
estrategia emergente favorece las expectativas de los grandes capitales,
particularmente externos, con conversiones de Tesobonos en Deuda Soberana,
(nuevos titulos valores), con mayores premios y tasas de interes, que, en el
mercado secundario han alcanzado el 68%. Ademas, el expediente de mayor
endeudamiento se ha puesto en marcha, en medio de un ambiente ``catastrofista''
que alimenta la sensibilidad especulativa, vulnera, cada vez mas, la
``credibilidad'' en el sistema de gobierno, e incentivan las fugas de las
reservas internacionales, alejando, significativamente, las posibilidades de
alcanzar la tan ansiada estabilidad, meta que sin un autentico proyecto de
desarrollo nacional, que incluya una verdadera reforma politica y una realista
reforma economica, resulta quiza posible pero precaria, temporal y peligrosa.
* Miembro del personal academico del IIEc - UNAM.