Desde hace algunas decadas la historiografia mexicana tiene una fuerte
tendencia a periodizar solo de manera sexenal los topicos del acontecer nacional
y a calendarizar sus secuelas tambien conforme a sexenios. De esa tendencia
raramente escapan sus distintas vertientes y especialidades.
No es casual que asi suceda, pues el proceso que condiciona toda actividad
prioriza todo mecanismo de que ha de servirse y penetra con su esencia hasta la
entrana misma de cada suceso, es el proceso politico que hegemoniza socialmente
y privilegia en lo ideologico toda actitud y toda accion que, en busca de
viabilidad, se comporta conforme al gran ciclo del poder, ya sea con la
expectativa de acogerse a sus beneficios o de ponerse a salvo de sus perjuicios.
El resultado es que casi no hay proceso que no genere su propia dinamica
conforme a ese pequeno conjunto de seis ciclos anuales y para que decir que no
escapan a ello las elaboraciones y urdimbres estadisticas de la economia si, a
fin de cuentas, una vez documentadas y puestas en circulacion no son otra cosa
que una suerte especial de historiografia economica, base de los analisis que
regularmente se emprenden para hacer apologias, contestar, denostar y a veces
hasta para tratar de penetrar a lo mas intimo de los sucesos, con independencia
de los enjuiciamientos de valor.
Aqui no juzgo si ello tiene sus limitaciones, desbordamientos, vicios o
virtudes, y solo llamo la atencion en que esta es una de sus caracteristicas mas
evidentes, lo cual conduce a considerar que quizas sea esta la causa de que siga
haciendose esperar una periodizacion de la historia y la dinamica social de
Mexico no con arreglo a los ciclos politicos, como hasta ahora, sino a las
grandes inflexiones que presenta el largo proceso de integracion economica.
Quiza sea bien sabido que este proceso no es estrictamente nacional, que en
mucho tiene sus principales impulsos, apoyos y hasta puntos de llegada con
resultados y probables beneficios en un subsistema productivo y circulatorio que
envuelve a la sociedad mundial; tambien que esto es asi a pesar de su
heterogeneidad social y economica, de sus regularidades temporales,
aceleramientos, retrasos y desfases segmentales, y de que se trata de una
sociedad mundial en vertiginosa transicion hacia formas desconocidas de
organizacion, de las que los mas visibles modelos y esquemas regionales y
nacionales de integracion son apenas osados y muy sugestivos prolegomenos.
Ahora que los diversos espacios editoriales se destinaran mayormente a la
articulacion autoral de distintas cuentas de resultados sexenales y a juicios
acerca de la politica economica y los resultados a que condujo durante el ya
concluido regimen del economista Carlos Salinas de Gortari, quizas no resulte
ocioso tener en cuenta la brevisima reflexion que acabo de insertar,
particularmente porque otra de las caracteristicas mas visibles de la
historiografia y de la estadigrafia economicas de Mexico, pero tambien de los
analisis que con base en ellas se practican con frecuencia, es la de que tienden
a confundir la esencia y los atributos del Estado con los del personal politico
que encarna al gobierno, su aparato fundamental de poder.
Y esta es una razon no menos importante para tener en cuenta tal reflexion,
porque en esta ultima materia conviene no confundirse, ya que si bien es en
tanto gobernante que el hombre es considerado como ser generico, como miembro
imaginario de una imaginaria soberania, en el sentido de que se halla despojado
de su vida individual real y dotado de una generalidad irreal, es precisamente
desde el gobierno desde donde, al identificarse a si mismo con los poderes del
Estado, considera a los otros hombres como medios y donde se degrada a si mismo
a la condicion de medio y se convierte en juguete de esos poderes, que le son
extranos en cuanto a que son ajenos, externos y superiores a sus capacidades y
alcances de hombre particular.1
Es decir que, en tanto gobernante, el hombre tiene dos identidades: supera y
se emancipa de su condicion de simple particular para integrarse e identificarse
ante si y ante la sociedad en y con el Estado, y servirse, en tanto que medios,
de los otros hombres. A la vez, sirve tanto a los intereses particulares de
ellos como a los propios, en tanto que individuo y hombre tambien degradado a la
condicion de medio, con el fin de mantenerse en el ejercicio del poder con la
legitimidad que le da el consenso que logra al servirlos.
Es por este camino que surge y se integra la clase politica en la que se
reproduce a escala la estructura de la sociedad civil, pero hacia la cual, como
clase, idealmente no permean los intereses privados, sean individuales,
familiares, corporativos, estamentales o de clase social, pero en la que
individuo por individuo realmente perviven con multiplicado vigor los intereses
privados, por el efecto de su mayor posibilidad de ser satisfechos blandiendo el
poder.2
Por su parte, el Estado y su aparato de gobierno parecen ser exteriores a la
economia. Si intervienen en su funcionamiento, es en apariencia porque pueden
introducir en el campo de la produccion y la distribucion principios de
correccion que se inspiran ya no en la busqueda del beneficio, sino en
consideraciones superiores a los intereses privados. Como dice Jean-Marie
Vincent, ``el Estado seria, en este sentido, la encarnacion de una racionalidad
superior a la racionalidad del calculo economico y del empresario economico
individual''.3
Pero la realidad es que ``la justificacion profunda del Estado seria no la
negacion, sino la vigilancia de los fines privados, con el fin de que puedan
trasmitirse en bien general con su tendencia a desarrollarse de modo intimo mas
alla de todas las barreras. No habria racionalidad en si del Estado, susceptible
de penetrar a toda la economia, sino una racionalidad de supervision que seria
funcion de la agitacion y de la diversidad del mundo de las necesidades y de las
actividades privadas.''4
Mas aun, en la realidad, la actividad estatal misma no escapa al calculo de
la rentabilidad, ni a recurrir -dice Vincent- a los intereses particulares que
pretende disciplinar. El Estado, visto en su aparato de gobierno, es el mismo
una organizacion burocratica, o sea un sistema jerarquizado de competencias que
reposan en la competencia entre los individuos y en la desigualdad de
responsabilidades, tareas y remuneraciones. ``Adapta los medios a los fines y
los fines a los medios, como los empresarios capitalistas, con el fin de
asegurar la continuidad de la produccion de plusvalia y de capital.''5 Puestas
asi las cosas parece que es menos facil confundirse.
Con este sentido, fue desde principios de siglo que comenzo a desarrollarse
la idea de que la intervencion del Estado en la economia es la prenda de
exterminio del capitalismo anarquico y de nacimiento y desarrollo del
capitalismo organizado: la concepcion de la economia ``mixta'' donde coexisten
las actividades economicas del Estado y las del capital privado que tanto
impulso brindo durante varias decadas posteriores a la segunda posguerra a las
politicas de desarrollo, bajo distintos modelos teoricos, apegados a la
racionalidad del capital.
Pero despues de la recesion internacional (1974-1975) que sacudio tantas
certezas, ``el caracter ideologico de la ciencia economica dominante se ha
vuelto mas perceptible. Comienza a decirse que la politica economica no produce
siempre milagros, incluso que no siempre esta en posibilidad de impedir las
bajas de actividad. Por el contrario, se revela que la intervencion estatal
verdadera, eficaz, se produce a posteriori para intentar restablecer las
condiciones de una mejor valorizacion cuando estas son deterioradas.''6
Con variaciones de lenguaje que no siempre son tan notorias de un pais a
otro, los gobiernos aceleradamente van haciendo suyas las concepciones cada vez
menos ``estatistas'' y cada vez mas ``liberales'', marcando un verdadero
parteaguas en la historia de la politica economica, cuya caracteristica central
es el transito del Estado interventor al Estado rector (la ``rectoria economica
del Estado''), transito que es mucho mas visible y acelerado en las sociedades
nacionales con estructura y proceso politico de corte socialdemocrata, y que
conduce las estructuras y los procesos de produccion y circulacion de alcance
nacional a un acercamiento hacia las concepciones y politicas del Estado minimo
promovidas por los gobiernos de las potencias hegemonicas del capitalismo.
Esto exige una nueva periodizacion de la historia economica reciente en
escala mundial y nacional, y reclama tambien nuevas lineas de teorizacion en
materia de Estado y sociedad, especialmente en el campo de la mediacion que
entre una y otro esta llamado a cumplir el gobierno. Y esto es tanto mas urgente
cuanto que, en Mexico como en otros paises, el gobierno esta dando la apariencia
de emprender una decidida separacion del Estado al cual es consustancial por ser
su aparato fundamental de poder; al tiempo que practica una real separacion de
la sociedad civil considerada integralmente, en aras de un servicio publico cada
vez mas proclive a favorecer la rentabilidad de las corporaciones privadas,
tanto nuevas como tradicionales, de gran envergadura pero en acelerado proceso
de modernizacion.
Y lo es porque, por mas que pretenda ocultarse que el Estado conserva y aun
remite a mayor desarrollo su papel en el proceso de valorizacion, es decir, en
el proceso de realizacion del beneficio privado propio del capitalismo, las
concepciones y politicas gubernamentales que se acunan y se ponen en vigor bajo
los enunciados de la globalizacion, la desregulacion, la apertura y la
privatizacion -tan caras a la ortodoxia neoliberal de los ultimos quince anos y
a los gobiernos carentes de una imaginacion y una voluntad emancipadas y
creadoras-, no alcanzan a ocultar el filo del antagonismo social y de la
sanguinaria violencia, propia del sistema.
* Miembro del personal academico del IIEc - UNAM.
1 Vease K. Marx, Sobre la cuestion judia, en K. Marx-F.Engels, La sagrada
familia y otros escritos de la primera epoca, Grijalbo, Mexico, 1967, pp. 23-24.
2 ``Los `representantes de los intereses comunes' se elevan sobre la
comunidad y se ponen al servicio de sus intereses propios'' Marcos Kaplan,
Estado y sociedad, UNAM, 1978, p. 155.
3 Jean-Marie Vincent, Reflexiones sobre el Estado y la Economia, El Estado y
la economia, Ediciones El Caballito, Coleccion Libros de Criticas de la Economia
Politica, tercera edicion, Mexico, 1977, p. 3.
4 Ibidem.
5 Ibidem, p. 4.
6 Ibidem, p. 7.