MOMECO, 11/01/94, 1989 - 1994, PERIODO DE REVERSIÓN DE TENDENCIAS Y ESTABLECIMIENTO DE BASES PARA EL DESARROLLO ECONÓMICO

Momento Económico

País/Country: México

Instituto de Investigaciones Economicas, Ciudad Universitaria, México

Autor/Author: Sergio Fadl Kuri*

Número/Number: 76

Frecuencia/Frequency: Bi-mensual/Bi-monthly


Fecha/Date: 11/01/94

I. Introducción

En los meses previos al inicio de la administración del presidente Carlos Salinas, México vivía uno de los momentos más difíciles de su historia moderna. De 1982 a 1988 el crecimiento económico fue prácticamente nulo, por lo que el subempleo y el desempleo llegaron a niveles sin precedente,1 los salarios mínimos reales mostraron una pérdida acumulada de aproximadamente 50% en esos años y el dinamismo del nivel general de precios amenazaba con convertirse en hiperinflación. La transferencia neta de recursos al exterior2 (6% del PIB en promedio durante el periodo de referencia), derivada del sobreendeudamiento externo del sector público, fue un factor determinante de la contracción y de la inestabilidad económica, además de que imponía severos límites a la inversión pública y al gasto social.

En estas condiciones, los problemas ancestrales de concentración del ingreso y de pobreza se acentuaron en forma dramática. De acuerdo con cifras oficiales del Programa Nacional de Solidaridad, 17 millones de personas en 1987, es decir poco más de 20% de la población, vivían en condiciones de pobreza extrema.3 Por otra parte, la economía mexicana era sumamente vulnerable a fenómenos externos, en particular de la evolución del mercado internacional de petróleo y de los mercados financieros, debido, por una parte, a una estrategia que hizo a México dependiente de las exportaciones de hidrocarburos y, por otra, a la carga de la deuda externa y a la volatilidad de las tasas de interés internacionales. En consecuencia, en adición a un entorno de estancamiento, inestabilidad y acentuación de la pobreza, la economía era peligrosamente frágil ante eventos externos fuera de su control.

La evolución de la economía mexicana durante el periodo 1973-1988 hizo evidente el agotamiento de un modelo de desarrollo que mostró sus carencias y limitaciones, al estar basado en una intervención desmedida del sector público, una regulación excesiva de los mercados y una política comercial proteccionista. Adicionalmente, la estrategia económica, y en particular el manejo de las finanzas públicas durante los períodos sexenales de Luis Echeverría y José López Portillo, fue una sucesión de errores y manejos irresponsables, guiados por medidas de tipo populista que exacerbaron los desequilibrios económico y social. Si bien la administración de Miguel de la Madrid planteó como objetivos el crecimiento y la estabilidad económica y buscar que éstos fueran permanentes mediante una estrategia de cambio estructural, diversos factores internos y externos impidieron alcanzarlos.

La antigüedad de los problemas y la acumulación de los rezagos sociales que enfrentaba la nueva administración hacían sumamente difícil lograr en un periodo tan corto que las políticas de crecimiento económico sostenido con estabilidad de precios y de cambio estructural tuvieran resultados inmediatos en materia de redistribución del ingreso y de alivio de la pobreza. Lo que sí era viable era evitar su creciente deterioro y sentar las bases para revertir el fenómeno.

II. Opciones de política económica y social

Para hacer una evaluación objetiva de la estrategia y de los resultados obtenidos, se debe reconocer ese hecho. Por otra parte, habría que pensar en las opciones que tenía la administración de Carlos Salinas: instrumentar un programa económico ortodoxo (de corte tradicional, es decir, de control de la demanda agregada) gradual, que hubiera entrañado un alto costo social, que quiz no se note en toda su magnitud porque se difiere en el tiempo; continuar con mayor profundidad las líneas de acción iniciadas por Miguel de la Madrid en el sentido de combinar medidas de control de la demanda con otras de índole heterodoxa (alineación y administración de precios relativos clave en el marco de la concertación social) y de cambio estructural (apertura comercial, desregulación económica, reforma fiscal, etc.), a fin de minimizar el costo social. Por supuesto, otro camino hubiera sido simplemente asumir una posición pasiva, para no correr los riesgos propios de la innovación y de rompimiento de viejos modelos obsoletos y de intereses creados. El costo de esta opción hubiera sido un mayor desequilibrio socioeconómico.

El éxito de la estrategia debe medirse no por sus resultados espectaculares en el corto plazo, sino por la capacidad de revertir tendencias y de sentar las bases para que sea un proceso continuo. En este sentido, al hacer un balance de la administración de Carlos Salinas, los resultados en materia económica son muy positivos, en cuanto a que se han creado las condiciones para resolver de manera permanente la inestabilidad de precios, canalizar más recursos al gasto social e impulsar la mayor eficiencia del aparato productivo para que se traduzca en bienestar para la población.

Hasta antes de 1989, México enfrentaba severas trabas que hacían inalcanzable el crecimiento y el desarrollo económicos: a] desequilibrio en las finanzas públicas; aunque en la administración de Miguel de la Madrid se lograron resultados favorables que se reflejaron de inmediato en el super vit primario del sector público, la carga excesiva del pago de intereses imponía una fuerte restricción a la estabilidad y al crecimiento; b] nivel excesivo de transferencias netas de recursos al exterior; c] regulación generalizada de la actividad económica que propiciaba una asignación ineficiente de los recursos, y d] estancamiento del sector agrícola.

En el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994 se definen como los grandes objetivos de política económica alcanzar un crecimiento sostenido, que en los dos últimos años de la administración fuese de 6%, y una tasa de inflación similar a la de los principales socios comerciales de país. El propósito último era establecer las condiciones para proveer a la población de mayores niveles de bienestar. Las líneas generales de la estrategia económica han sido: a] la estabilización continua; b] la ampliación de la disponibilidad de recursos para la inversión, y c] la modernización económica. Las principales medidas que se adoptaron se pueden agrupar en dos vertientes: la primera es el cambio estructural, basado en seis líneas de acción: liberalización comercial, nueva Ley de Inversión Extranjera, desincorporación de empresas públicas, desregulación de mercados, modificación del régimen de propiedad de la tierra y regulación de monopolios (mediante la Ley de Competencia). La segunda es la política de estabilización, que se apoya en la concertación social, la alineación de precios, el fortalecimiento de las finanzas públicas y la restructuración de la deuda externa.

Era evidente que se necesitaba con urgencia reorientar la estrategia económica, a fin de que México estuviera en condiciones de aumentar su competitividad internacional en el contexto de la globalización de la economía. Esta es una condición indispensable para alcanzar mayores niveles de crecimiento y de desarrollo económico. Los principios básicos de la nueva estrategia fueron la redefinición del papel del Estado, haciéndolo menos propietario e intervencionista y buscar una mayor eficiencia, mediante la desregulación y la apertura de mercados.

III. La política económica y social de la administración de Carlos Salinas

Así, el gobierno estableció medidas para reducir de manera dr stica el déficit público, que condujo a un viraje de las finanzas públicas sin precedente en la historia reciente de México. Por segundo año consecutivo, en 1993 el sector público registró un super vit y se espera un presupuesto equilibrado en 1994, lo cual contrasta de manera dr stica con el déficit promedio observado en el periodo 1982-1988: 12.6% del PIB.

Este ha sido el factor principal que ha contribuido a disminuir la tasa de inflación, que se estima en aproximadamente 6.5% a fin de 1994, mientras que en 1988 era 52% y un año antes llegaba a cerca de 200%. Para alcanzar el equilibrio en las finanzas públicas, se actuó en materia de ingresos y egresos. Entre los primeros, destaca el aumento de los tributarios, no obstante que las tasas impositivas se redujeron a los niveles de los principales socios comerciales del país, a efecto de estar en condiciones similares de competitividad.4 Lo anterior se logró por medio de un mayor control y vigilancia para que los causantes cumplieran con sus responsabilidades fiscales. Además de buscar el fortalecimiento de las finanzas públicas y de aumentar la competitividad de las empresas mexicanas, la política de ingresos se orientó a inducir una asignación más eficiente de los recursos y a mejorar la distribución del ingreso. Sobre esto último destaca la desgravación del Impuesto sobre la Renta para trabajadores que reciben hasta cuatro veces el salario mínimo. En cuanto a la política de gasto público, se racionalizó el mismo, se eliminaron subsidios injustificados y se asignó de manera más eficiente la inversión pública.

Por otra parte, la restructuración de la deuda externa y la notable reducción de la deuda interna como resultado de los super vit públicos y la amortización realizada principalmente en 1991-1993 con los recursos derivados de la privatización de empresas, dieron lugar a un mayor alivio al gasto público al reducir significativamente el pago de intereses, tanto internos como externos. Para 1994 se estima que el pago de intereses totales del sector público ascender a 2.5% del producto interno bruto (PIB), cuando en 1988 era de 17.7%. Los recursos liberados se han dirigido a mejorar el nivel de vida de la población mediante un cambio en la composición del gasto. En efecto, mientras que en 1988 se destinaban 44 centavos de cada dólar al pago de intereses, para 1994 se estiman 12 centavos.

Gracias al menor servicio de la deuda el gobierno federal ha incrementado considerablemente su gasto en las actividades con elevada repercusión social, como educación, salud, desarrollo urbano y regional y alivio de la pobreza. A pesar de la dr stica reducción del gasto público con respeto al PIB, el destinado a fines sociales incrementó su participación de 6.3% de dicho indicador en 1988 a poco más de 10% en 1994.

Cabe señalar que la reducción de la deuda pública externa ha hecho que México, de acuerdo con la clasificación del Banco Mundial, haya pasado de ser un país severamente endeudado a moderadamente endeudado.5 Considerando las variables déficit y deuda pública, México rebasa por mucho la posición de los países más desarrollados, como se muestra a continuación.

Esto no quiere decir, de ninguna manera, que se puedan alcanzar automáticamente los estándares de calidad de vida de los países desarrollados, pero sí, en cambio, que es mucho más factible que en el futuro inmediato se pueda reducir la brecha que separa a México de estos países, en virtud de la liberación de recursos, la cual permitirá una mayor y mejor dotación de servicios básicos como salud, vivienda, agua potable, educación, etc. Los resultados positivos en materia económica no significan, per se, un mayor bienestar para la población. Tampoco el mayor gasto social puede garantizar el logro de este objetivo. Se requiere atender y canalizar los recursos a la atención de las máximas prioridades sociales pero, al mismo tiempo, elevar la calidad de dicho gasto, es decir, que beneficie efectivamente a los estratos de la población a los que se dirige.

Los procesos de redistribución del ingreso y erradicación de la pobreza son de largo plazo; por ello no es correcto evaluar lo que se ha hecho en la materia por la comparación de cifras entre 1988 y 1994, sino analizar lo que las condiciones actuales pueden permitir ahora. México es un país con equilibrio en las finanzas públicas, lo que necesariamente conlleva una reducción en la tasa de inflación y que este equilibrio se apoya en bases sólidas, ya que se han atacado directamente los problemas estructurales que daban origen a la inestabilidad de los precios. Medidas como la apertura comercial (en particular los acuerdos de libre comercio), la desincorporación de empresas públicas y la autonomía del Banco de México hacen irreversible el proceso y garantizan la estabilidad permanente de los precios.

Asimismo, la transferencia de recursos al exterior, que de 1982 a 1988 fue de 6% del PIB y que de 1989 a la fecha ha sido aproximadamente de 2% a favor de México, permitir canalizar mayores recursos a gasto social e inversión pública.

La política de cambio estructural ha liberado al aparato productivo mexicano de las trabas que le impedían aprovechar su potencial y lo ha preparado para enfrentar con mayor éxito la inexorable competencia internacional, ante la interrelación cada vez más estrecha de la economía mundial. Entre esas medidas destaca la apertura comercial, la desregulación excesiva en los procesos de producción y distribución de bienes y servicios y las nuevas disposiciones en materia de inversión extranjera, a efecto de incrementar el potencial productivo, tener acceso a la tecnología de punta y aumentar fuentes de empleo.

En los últimos años ya se empiezan a observar los resultados positivos en las principales variables económicas, lo cual es un indicio de las bondades de la estrategia económica y de que seguir en la misma dirección permitirá consolidar los logros obtenidos y que éstos permeen a los estratos más pobres de la población. Así, durante el presente sexenio el PIB real habrá aumentado a una tasa promedio de 3%, no obstante la severa y prolongada contracción de la economía mundial. Este dinamismo del PIB es superior en aproximadamente dos veces la expansión demogr fica. Cabe destacar que después de una desaceleración de la actividad económica de fines de 1991 a 1993, actualmente todas las ramas de la actividad industrial muestran un repunte importante, en particular en el segundo trimestre de este año, cuando la producción del sector registró una tasa de crecimiento marginal de 4.8%. Asimismo, sobresale la mayor competitividad de los productos mexicanos en los mercados internacionales, toda vez que las exportaciones no petroleras han aumentado a una tasa promedio de 15.3% en los últimos cuatro años en un ambiente internacional recesivo. Por su parte, la productividad de la mano de obra en el sector manufacturero en marzo de 1994 exhibió un aumento acumulado de 52% en el sexenio y las remuneraciones reales en dicho sector, que congrega a la mayor parte de la población económicamente activa, crecieron sistem ticamente durante todo el periodo, hasta alcanzar un incremento acumulado superior a 30 por ciento.

Mención especial merecen las reformas al artículo 27 de la Constitución, referente, al sector agrícola. Con ellas se busca resolver el problema de la incertidumbre de la tenencia de la tierra que inhibía la inversión y el desarrollo de la actividad. Tradicionalmente la mayoría de los ejidos se ha enfrentado a serios problemas de productividad y rentabilidad, de baja calidad de la tierra; las parcelas individuales son muy pequeñas, el capital escaso y no se tiene acceso a la tecnología. La reforma al artículo 27 permitir : a] concluir con la distribución de la tierra, proveyendo mayor certidumbre en cuanto a la propiedad de la misma; b] que los ejidatarios sean propietarios de sus tierras o dejar a su elección, de acuerdo con su conveniencia, vender sus parcelas, formar asociaciones entre ellos o con terceras partes, y c] impulsar la mayor inversión extranjera en el sector.

IV. Conclusiones

En síntesis, la economía mexicana se encuentra en pleno proceso de convergencia a los niveles de inflación de sus principales socios comerciales. Esta tendencia es sostenible debido al equilibrio fiscal, a la apertura comercial y a la autonomía del banco central. El gobierno federal ahora tiene la capacidad de canalizar más recursos a las necesidades sociales. Por otra parte, la vulnerabilidad que padecía la economía mexicana hace tan solo seis años pr cticamente se ha superado debido a la diversificación de las exportaciones, la reducción de la deuda externa y a que una parte importante de dicha deuda, después de la última negociación con la banca comercial, está documentada a tasa fija para los próximos 25 años.

El cambio estructural y las medidas instrumentadas para lograr la estabilidad económica han sentado las bases para que en el futuro cercano se retome la senda del crecimiento sostenido. El reto consiste en traducir los avances logrados en mayores oportunidades de empleo, crecimiento del poder adquisitivo y bienestar de la población, generado por una planta productiva competitiva internacionalmente y un gobierno más atento a satisfacer las necesidades fundamentales de la población. Con ello será posible que México pueda lograr gradual, pero persistentemente, la erradicación de la pobreza extrema y propiciar el bienestar de sus habitantes.


* De 1989 a 1993 Sergio Fadl fue Director General Técnico de Crédito Externo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de abril de 1993 a la fecha es Director General Adjunto de Planeación Estratégica del Banco Nacional de Comercio Exterior.

1 La tasa de desempleo abierto llegó a 5.4% en 1984 y de 1985 a 1988 fue de 4% en promedio. La tasa de subempleo refleja con mayor fidelidad el exceso de oferta en el mercado de trabajo; sin embargo, los indicadores disponibles presentan deficiencias importantes.

2 La transferencia neta de recursos al exterior está definida por el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, menos: el balance de servicios factoriales, el balance de transferencias y la variación de reservas internacionales.

3 El índice de pobreza extrema se basa en 19 indicadores socioeconómicos; entre ellos: la proporción de la población activa que recibe hasta una vez el salario mínimo; analfabetismo; condiciones de la vivienda, tales como número de habitaciones, dotación de agua potable, electricidad, etcétera.

4 La tasa impositiva para personas físicas es de 35%, mientras que en 1988 fue de 50%; la correspondiente a personas morales disminuyó de 39.2 a 34 por ciento y el Impuesto al Valor Agregado pasó de 20 a 10 por ciento. Cabe señalar que el Impuesto al Activo Fijo (2%) es acreditable en su totalidad al Impuesto sobre la Renta, por lo que no constituye un gravamen adicional.

5 Esta clasificación se basa en cuatro indicadores de deuda: deuda total/PIB, deuda total/exportaciones, intereses/exportaciones e intereses/PIB. Cuando tres de estos indicadores de un país rebasan los valores de 50, 275, 30 y 20 por ciento, respectivamente, se considera que está severamente endeudado. Cuando dichos valores críticos se encuentran entre un rango de 30-50, 165-275, 18-30 y 12-20 por ciento, se considera moderadamente endeudado. En algunos de estos indicadores, México se encuentra por debajo de los valores críticos, lo que denota una posición financiera sólida.