Este año se caracteriza por la consolidación de precios en niveles bajos, a pesar de las diferencias que se observan en la coyuntura productiva en las tres principales economías: adelanto de EUA a su nivel potencial de largo plazo, recuperación de Japón y lento avance en Alemania. Ello se traduce en ciclos de liquidez distintos que provocan cambios en sentido opuesto en las tasas de interés: posibles alzas en las de largo plazo de EUA, equilibrio de las japonesas y posibles reducciones de las de Alemania. Es grande el significado de esos ciclos en el mercado de capitales, sobre todo si se considera que los países industrializados1 explican 84% de las transacciones de bonos, 90% de acciones y casi la totalidad de las de divisas. Esta situación cobra importancia con los ajustes en los mercados de EUA: por un lado, factores internos modifican las expectativas de los inversionistas, en especial por el entorno de incertidumbre en cuanto al crecimiento; por otro, la influencia que ejerce la oferta y/o demanda de capitales estadounidenses en los mercados, necesariamente relaciona la intermediación mundial con los principales indicadores de EUA, sobre todo la tasa de interés.
En este entorno, nuestro país, al igual que el resto de las economías emergentes (EE), enfrenta volatilidad de los precios de sus títulos de deuda y acciones que cotizan en dichos mercados. A pesar del mayor riesgo que causan los movimientos de las tasas estadounidenses, las EE han podido mejorar el diferencial pagado por nuevas emisiones y las condiciones de costo y plazo.
EUA, Japón y Alemania
La economía norteamericana crece cerca de 2.5%, con estabilidad de precios. Durante el primer trimestre se presentan descenso de inventarios, un repunte del empleo, mejores expectativas de los consumidores y fortalecimiento de exportaciones a los principales socios comerciales. Todo ello apunta hacia un desenvolvimiento firme en los próximos meses, lo que dificulta que desciendan las tasas de corto y largo plazo.
Por su parte, Japón da señales de recuperarse después de tres años de crecimiento bajo (0.5%). Es probable que en el presente casi llegue al 2%. La estabilidad del yen y el repunte económico en 1996 permiten una política monetaria neutral. No obstante, persisten problemas en el sector financiero, especialmente la erosión de los activos bancarios; la expectativa es que la recuperación tome más tiempo que la general, lo cual mantiene rezagado a dicho sector. Así, es poco probable un aumento de las tasas a pesar del diferencial favorable de las de EUA. Esto debe mantener, durante 1996 y 1997, la exportación de capitales japoneses a ese país y al resto de los de la Cuenca del Pacífico.
Finalmente, Alemania presenta atraso de su ciclo económico respecto a EUA y, en menor medida, Japón. La actividad productiva no aumenta sino hasta el último trimestre de 1996 y primero de 1997. Se anticipa una política monetaria expansiva y reducción de las tasas con objeto de promover crecimiento, abatir la tensión social que provoca el desempleo y aliviar las presiones que el marco ejerce en el resto de las divisas europeas, principalmente el franco francés.
Tasa de interés y flujos financieros
Este año se pone en evidencia el efecto que la tasa estadounidense tiene en el movimiento internacional de capitales: el incremento en la de bonos del Tesoro a largo plazo (10 y 30 años) en el primer trimestre determina que aumenten los flujos financieros hacia EUA, continuando la tendencia iniciada en 1994 (gráfica 8). Esto, junto con la expectativa de mayores utilidades de empresas, asociadas a un crecimiento sin inflación, compensa el alza en los rendimientos de los bonos. Ambos factores explican la tendencia alcista de las bolsas estadounidenses y su consecuencia en el resto de los mercados bursátiles (gráfica 9).
En 1996, los siguientes tres elementos determinan el movimiento internacional de capitales.
En enero-abril de 1996, a pesar de la incertidumbre que prevalece en los mercados de capital y de las
dificultades para medir el riesgo, las EE captan recursos por 15,000 millones de dólares en bonos, 9% del
total mundial, distribuido de la siguiente manera: 6% América Latina (AL) y 3% países asiáticos, avance
respecto al mismo período del año anterior, cuando se atraen 3,375 millones. Destacan dos elementos.
Primero, mejoran las condiciones de las nuevas emisiones: el diferencial promedio pagado por AL es de
412 puntos base, es decir, 63% inferior (gráfica 10). También aumenta el plazo promedio de las emisiones,
de 2.5 a 7 años. Segundo, el sector privado tiene acceso a los mercados: mientras que en 1995 el 12% de lo
emitido por EE corresponde al sector privado, en el primer trimestre explica el 37%. Nuestro país también
se beneficia: absorbe 2,627 millones de dólares en bonos y 2,190 en títulos de deuda Conclusiones
El ciclo de los negocios de las principales naciones es determinante de los movimientos de capital. Si
bien cada economía tiene características propias que les permite enfrentar dicho ciclo de manera diferente
(nivel de endeudamiento, tasa interna de ahorro, integración con mercados externos, tecnología) es decisiva
la influencia que ejercen las decisiones financieras de EUA: no sólo por el monto de recursos externos que
absorbe, lo que a la postre limita la disponibilidad, sino también por los que exporta ante cambios
favorables en otros mercados, especialmente emergentes.
En estas condiciones, la perspectiva futura de la economía estadounidense es determinante de la
tendencia que sigan los flujos de capital a las EE y especialmente a México.
(1)Los que pertenecen a la OCDE, excluyendo México, Grecia, Irlanda, Portugal y Turquía.
(2)Papel comercial y pagarés a mediano plazo y a tasa flotante.