Es importante el efecto de la crisis sobre los salarios. En los del sector manufacturero se resiente más que en el salario mínimo, aunque en parte se compensa con ingresos vía prestaciones derivadas de las negociaciones contractuales. Se anuncia que el aumento de 10% del mínimo para abril, pactado a finales de octubre, se amplía a 12%.
Suben el precio de la leche pasteurizada y, a partir de abril, el de la tortilla en el área metropolitana de la ciudad de México. El impacto de estos incrementos en el nivel general de precios al consumidor es diferente. El primero no es significativo y se distribuye a lo largo del año, aunque puede aumentar si se refleja en un alza en el nivel de los salarios contractuales que se negocien a partir de esta fecha. El ajuste de los precios de bienes básicos, necesario dados los rezagos que presentan, es inmediato y se reflejará en una elevación de una décima de punto porcentual en las inflaciones de marzo y abril; estimamos que éstas se ubicarán en niveles de 2.1 y 3.2%, respectivamente.
Tanto por la elevada subvaluación del tipo de cambio en diciembre de 1995 (promedio de 7.68 pesos por dólar), como porque el Banco de México desfoga las presiones financieras a las tasas de interés, el peso se ha fortalecido en términos reales: aunque con alta volatilidad (llega a 7.38 la semana del 26 de enero), persiste por abajo del promedio de diciembre, a pesar de una inflación de 7.1% en lo primeros dos meses y medio.
Las reservas están estables durante el año. No obstante que las netas (llamadas por Banco de México "activos internacionales netos")1 aumentan en 1,338 millones de dólares (md), se debe a un movimiento contable (una emisión de bonos en diciembre se decide considerarla hasta enero, pese a que las divisas ingresan en aquél mes). Como el ajuste no se realiza en las brutas, se mantienen constantes: 15,741 md el 29 de diciembre de 1995 y 15,796 el 15 de marzo de 1996. No hay meta del Banco de México, en su programa monetario, respecto a un valor en particular, aunque en su última estimación señala una acumulación de cero en el primer trimestre y de 1,400 md en el año. Si esto último se cumpliera, el nivel de las mismas sería la mitad del de diciembre de 1994, todavía muy bajo como para abrir márgenes de maniobra a la política cambiaria.
Después de una caída acelerada durante enero, hay un repunte importante y se mantiene alta volatilidad, sobre todo en los plazos cortos. Es sólo hasta la última semana, cuando se perciben algunos signos de mejoría y una tendencia a la baja. La curva de rendimiento (diferencia de tasas según el plazo) que prevalece significa que el mercado cree que las tasas pueden seguir, en menos de tres meses, una tendencia descendente.
Dos de las principales causas que explican el repunte de las últimas semanas son: i) aunque se tiene previsto, desde inicios del año, que abril es un mes de inflación mayor que los dos anteriores (aumentos de salario mínimo, de precios públicos y de los de algunos bienes básicos), prevalecen dudas sobre su magnitud, y; ii) la tasa en EUA se eleva inesperadamente y conduce a una revisión de expectativas de liquidez para economías emergentes.
Hasta febrero, los precios al consumidor acumulan una alza de 6.01%, ligeramente inferior a nuestro estimado de 6.12%. La inflación anual se sitúa en 48.95%, tres puntos menos que el cierre de 1995; se estima que seguirá una trayectoria descendente a lo largo del año. Sin embargo, conforme se acerca abril, aumentan los temores inflacionarios, en parte por las presiones que existen en cuanto a un ajuste importante en los precios de algunos bienes básicos, y por el incremento salarial mayor al acordado en la Alianza para la Recuperación Económica (ARE). En este sentido, no esperamos sorpresas, estimamos para marzo y abril de 2.2% y 3.2%, respectivamente; y a partir de junio niveles inferiores a 2%. Son claras las señales que manda el banco central de avanzar hacia sus objetivos en materia de control de la inflación. Mediante el efecto combinado de sus principales instrumentos busca influir favorablemente en el nivel de los precios. Privilegia el reforzamiento del tipo de cambio, al permitir la elevación de tasas de interés nominales y reales esperadas, y absorbe, en mayor magnitud a su meta propuesta para el trimestre, el exceso de liquidez que ocasiona la contracción estacional de la demanda de billetes y monedas, manteniendo la restrictividad de la política monetaria. Ello, junto con el comportamiento de los activos internacionales netos, le dan tranquilidad para realizar su función.
La interrupción de las entradas de recursos externos lleva prácticamente a la eliminación del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Baja de 29,420 millones de dólares en 1994 a 654 millones en 1995. Como se señaló en el número anterior2, se explica fundamentalmente por la mejora en el saldo de nuestro comercio con el exterior, por el dinamismo de las exportaciones (avanzan 30% anual), y, principalmente, por la contracción del mercado interno, que lleva a una caída de las correspondientes importaciones de 37%, versus 8.7% de las totales. Así, la mejora comercial representa el 89% del ajuste de la cuenta corriente. El resto deriva de menores egresos en servicios no factoriales, turismo, transporte, fletes y seguros, en gran parte por los efectos de la devaluación. No se observan beneficios significativos que la última debió haber generado en rubros importantes, como el turismo.
Por las características del ajuste, son fundamentales los esfuerzos para fomentar actividades que lleven a la sustitución de importaciones. Por un lado, para bajar el componente importado de nuestras ventas externas, y por otro, para que la reactivación del mercado interno, aún cuando se prevé lenta, no conduzca a un aumento rápido de la demanda por bienes del extranjero.
Después de que en 1995 el volumen de producción de manufacturas desciende 6.4%, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), la planta productiva muestra mejores signos en enero, mes para el cual prevemos un crecimiento del 2.4% respecto al mismo período del año anterior. Actividades como química, maquinaria y equipo, siderúrgica y automóviles son las que explican esta alza, primera desde febrero de 1995, por estar ligadas a la exportación y contribuir al aumento de importaciones de bienes intermedios. Sin embargo, la expectativa de desaceleración de exportaciones y lentitud en la recuperación del mercado interno impactan a la baja los resultados de manufacturas para el primer trimestre.
(1)A las reservas brutas se les sustrae la deuda que el Banco de México tiene con el Fondo Monetario Internacional. Es un concepto importante debido a que en los acuerdos con ese organismo, en 1995, México se compromete a que su nivel en diciembre de ese año sea al menos el mismo que al inicio. No se cumplió, pues las cifras respectivas son - 35 md y 2,638 md respectivamente. No se conoce el compromiso para este año.
(2)Examen de la Situación Económica de México, número 844, marzo de 1996, pág.96.