En las últimas reuniones de organismos financieros internacionales (OFI),(la del Banco Interamericano de Desarrollo, en Israel, el 4 de abril, y la del Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, en Washington, el 26 de abril), se trata, entre otros temas, la crisis mexicana y sus implicaciones para un mundo globalizado en lo financiero y lo comercial. La llamada primera crisis del siglo XXI ha de ser un tema importante en la junta del Grupo de los Siete, el próximo junio, en Canadá.
GLOBALIZACION FINANCIERA
El origen del fenómeno está en el reacomodo mundial de liquidez asociado con el ciclo económico de los países industrializados. Cuando Estados Unidos está en recesión sus necesidades de recursos disminuyen, la tasa de interés es baja y llega al máximo la posibilidad de exportar capitales. Las economías emergentes, que han liberalizado sus mercados financieros, los captan y cuando el vecino comienza a recuperarse demanda fondos, aumentan las tasas y se salen recursos de tales economías1. No es sorprendente que los años de más influjos en los países subdesarrollados coincidan con los de menor crecimiento y tasas de interés en los desarrollados (gráfica 18). Por tratarse de un hecho recurrente es factible prever los ingresos y egresos de dinero de las naciones pequeñas. Es indispensable estudiar la mejor manera de enfrentarlo, de aprovechar sus beneficios y de minimizar sus riesgos.
¿Cómo prevenir nuevas crisis? Es una pregunta obligada que se formula en las recientes reuniones de OFI.
Una primera idea es imponer controles al ingreso de capital. Se fundamenta en casos exitosos (Chile, Colombia) de países poco afectados por la reciente experiencia mexicana (gráfica 19).
Encuentra apoyo el concepto de que las economías deben tratar a ese ingreso como transitorio y a las salidas como permanentes. Sin embargo, limita mucho la posibilidad de explotar las oportunidades de la creciente globalización comercial y financiera: los países no se benefician con un ahorro externo susceptible de ser invertido en ellos. En este sentido se asemeja a la propuesta de controlar la entrada de recursos. Es interesante constatar, por otro lado, que algunos países industrializados, particularmente Estados Unidos, no siguen esta práctica.
Otra solución es hacer prevalecer el mecanismo de mercado, para lo cual es menester perfeccionar la coordinación entre países, la supervisión y regulación, la calidad y oportunidad de la información. Lo último es relevante: hay que crear instrumentos y mecanismos informativos pertinentes de carácter preventivo, pero evitar dar señales equivocadas a través de los programas de apoyo: no debe relajarse la disciplina macroeconómica de un país por sentirse protegido ante las eventualidades.
En las mencionadas reuniones de OFI no se plantean propuestas innovadoras ante el entorno cambiante. Se limitan a enunciar la complejidad del problema, pero no se ofrecen soluciones. Resalta el papel que deben tomar las OFI, sobre todo el Fondo Monetario Internacional. El paso del ahorro privado de modalidades bancarias a fondos y pensiones manejados por inversionistas institucionales, particularmente en EUA, aunado a la liberalización financiera en buen número de naciones, ha mermado su capacidad de respuesta y evidencia sus limitaciones para prevenir crisis y ayudar a salir de ellas.
¿QUE OPCIONES TIENEN LAS ECONOMIAS EMERGENTES?
Muy diversos factores explican las entradas de capital en el pasado reciente. Recuérdese el camino que sigue una economía enfrascada en un cambio estructural, y como con su evolución se modifican sus influjos financieros.
En economías muy intervenidas, las fuentes de financiamiento externo, normalmente unidas a proyectos específicos, son préstamos bancarios con garantía oficial; o al comercio, por fuentes bilaterales ligadas a las transacciones. La inversión extranjera directa se consolida como el origen principal de fondos, por el control requerido y las necesidades de información de los inversionistas en ambientes de inestabilidad. El monto total es, desde luego, reducido.
Con la reforma estructural aumenta la probabilidad de acceder al financiamiento privado internacional, que usualmente es mucho más flexible que el oficial. Además, los inversionistas reaccionan rápidamente ante los arreglos macroeconómicos y los proyectos rentables, cuyo grado de avance está determinado por la infraestructura institucional y humana y el potencial para operar en una economía de mercado y globalizada. Se acude primero al mercado de bonos del sector público y después del privado. Cuando el desarrollo empresarial hace posible el acceso a medios más complejos y se apoya en un mercado financiero interno que lo puede impulsar, empiezan las incursiones en el mercado accionario. Mucho ayuda el tener una base financiera , ya no tan chica, eficiente y desregulada (esquema 1).
Esta transformación va de la mano con la de la empresa: si la compañía es pequeña y no tiene posibilidad de acudir siquiera al mercado financiero doméstico, su crecimeinto y expansión depende de la generación de utilidades y de la capacidad de autofinanciamiento. Conforme adelanta y es capaz de recurrir a los mercados locales, financia su expansión a menor costo utilizando primero crédito y luego emisiones. Después puede tener acceso al mercado internacional, tanto en deuda cuanto en acciones.
Sorprenden las marcadas diferencias entre países, en la captación del ahorro externo. Los factores determinantes son seis.
Disponibilidad de fondos en el mercado internacional y las bajas tasas de interés en Estados Unidos durante 1991-1993.
Distinto grado de avance de la reforma estructural en varias naciones (consolidación de la estabilidad macro, apertura comercial, desregulación y cambio microeconómico).
Desarrollo del mercado financiero doméstico (referencia fundamental en la internacionalización de activos: tamaño, refinamiento y transparencia para informar de riesgos y rendimientos).
Desarrollo corporativo (tamaño, número y madurez de empresas).
Dimensión del mercado y potencial de crecimiento.
Vinculación con bloques comerciales.
EL CASO DE MEXICO
El avance en la reforma estructural, la desregulación del mercado financiero, la existencia de empresas grandes y consolidadas y la integración comercial con Norteamérica, lo hacen un importante jugador en el mercado internacional. Es uno de los más diversificados ya que concentra fondos de todas las partes del mercado y en todos los segmentos. Es, además, líder en la inversión extranjera en el mercado local y cuenta con historial corporativo.
Por eso el contraste con otros países. Los de Europa del Este y la ex-URSS, con mucho mayor rezago en su cambio de fondo, todavía no son participantes de consideración en el mercado de bonos; únicamente la República Checa y Hungría comienzan a hacerlo con papeles del sector público. La inexistencia de un sector empresarial explica la nula participación en las emisiones de capital. En otro extremo, Argentina y Corea no tienen ingresos a través de valores gubernamentales al no tener mercado interno por la existencia de la hiperinflación, que "licuó" la deuda interna en un caso, y la inexistencia de déficits públicos, en el otro.
El gran ingreso de capital a México en años recientes se explica por razones muy concretas. El hecho de que ha sido el principal jugador obedece a circunstancias definidas y a ser el que cuenta con la mayor diversificación para captar ahorro externo. Esta "infraestructura" tiene un valor y puede seguir dando beneficios. Es difícil que el país renuncie a ellos, al menos en el corto plazo y/o hasta desarrollar una base sólida de ahorro interno. Por tanto, no debe ser menospreciado. Es prioritario diseñar sistemas de seguridad que minimicen los riesgos. El capital, por muy "volátil" que sea, puede arraigar y tener permanencia. Hay que cumplir sus reglas y condiciones. Como sucede con los bancos, en los que conviene tener un pasivo estable y permanente (captación de ventanilla), pero sin cancelar otras maneras de captación, a pesar de inestable, como la mesa de dinero, que administrada eficientemente puede rendir amplios beneficios sociales a través de una mayor actividad crediticia.
¿Un nuevo marco institucional?
Deben analizarse cambios institucionales, internos y globales, que permitan a las economías emergentes beneficiarse del ahorro externo y a éste de la mayor rentabilidad que ellas pueden significar, sin que esto se interrumpa por crisis cambiarias. Un caso extremo es revivir la idea de una moneda mundial única, que se plantea en Bretton Woods en 19442.
Otro ejemplo, en línea con la globalización financiera y una masa monetaria mundial que se distribuye entre países, es tratar de extender las lecciones de la teoría bancaria a los mercados internacionales de capital: un prestamista de última instancia cuyas funciones principales serían administrar la liquidez mundial, cuidar al sistema, no necesariamente a los participantes, y crear amortiguadores ante posibles retiros (equivalentes al encaje legal). La idea es reproducir lo que hace un banco central con los bancos de su país, en un organismo global con los mercados financieros nacionales. Ello exige cambios en la supervisión, en la disponibilidad y contenido de la información económica y financiera y reglas claras para determinar apoyos y créditos.
Otro caso, con aplicaciones actuales, es el que países pequeños pueden beneficiarse de la credibilidad monetaria de algún vecino mayor a través de arreglos institucionales que los aten, como son los currency boards y las uniones monetarias.
Alternativamente, hay que estudiar el papel de los OFI y la implicación de que tomen las funciones de un banco central universal o de prestamista de última instancia, que a fin de cuentas alguien provee, pero con retrasos y costos significativos.
COMENTARIOS FINALES
En conclusión, la globalización deja nuevos retos en el ámbito financiero, nacional e internacional.
El capital viaja por rendimiento y seguridad; los países subdesarrollados requieren recursos para crecer y pueden ofrecer una mayor rentabilidad. Si la propuesta de controlar las entradas de capital se generaliza, esta complementaridad no se realiza y se renuncia a un mayor bienestar para el ahorrador, el inversionista y las economías emergentes.
En la prevención de sus riesgos, es indispensable reformular el arreglo institucional vigente, que no ha podido evolucionar con la misma rapidez.
Con eso se contribuye al manejo objetivo de las expectativas de ahorradores e inversionistas, se minimiza la posibilidad de "burbujas" especulativas o "profecías que se autorrealizan" y que tanto daño pueden hacer a economías fundamentalmente sanas.