ESEM, 05/01/95, DESEMPLEO Y SUBEMPLEO

Examen de la Situación Económica de México

País/Country: México

Banco Nacional de México

Volumen/Volume: 71   Número/Number: 834

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 05/01/95

En general, los estudios sobre el empleo parten de cuántas personas están en el mercado de trabajo y qué proporción de ellas está desempleada. En México se presentan dos problemas que dificultan el análisis: uno, no se cuenta con estadística anual sobre el primer aspecto. El otro, la categoría de "desempleo abierto", comúnmente utilizada en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como indicador de subutilización de la mano de obra, pierde relevancia por las características de nuestro mercado laboral.

Partimos de los indicadores disponibles (ciertos años) sobre individuos en el mercado de trabajo, y se proponen criterios para definir y medir una tasa de subempleo que capte mejor la problemática en el año 1993.

Población económicamente activa (PEA)

El número de personas que están en el mercado de trabajo se obtiene a través del concepto de PEA: mayores de 12 años que realizan una actividad productiva, o que, estando desempleadas, buscan empleo. Pero, repetimos, no existe una serie anual de PEA. Sólo se dispone de encuestas nacionales de empleo (ENE), realizadas con la misma metodología, en 1988, 1991 y 1993. Por lo regular se llena el vacío recurriendo a otras fuentes, como las encuestas de ingreso y gasto de los hogares (ENIGH, 1984, 1989 y 1992) y, sobre todo, los censos de población de 1980 y 1990. Sin embargo, acusan grandes diferencias entre ellas (gráfica 13).1

Población Economicamente Activa

Desde mediados de los ochenta la PEA crece más rápido que la población: 3.1% anual entre 1988 y 1993 la primera, y 2% la última. Hay 33.7 millones de personas en el segundo año, 15.7 de las cuales están en áreas urbanas (mayores de 100,000 habitantes) y 17.9 en las menos urbanizadas y en las rurales (menores de 100,000).

La dinámica de la PEA es causada por el incremento de la población en edad de laborar (más de 12 años) y por la evolución de la proporción de la misma que entra efectivamente al mercado de trabajo (tasa de participación). Además del significativo crecimiento de ese grupo de edad (2.4% anual entre 1988 y 1993), la tasa de participación (TP) se eleva en los últimos años: de 53.2% en 1988 a 55.2% en 1993. Esta última TP resulta del promedio ponderado de una tasa de 78.9% en los hombres y de 33% en las mujeres. Aunque es similar en las áreas más y menos urbanizadas, su distribución por grupos de edad es diferente: en las últimas destaca la participación relativa de los niños de 12 a 14 años y de las personas mayores de 65 (gráfica 14).

Tasa de Participación de Areas Mas y Menos Urbanizadas, 1993

El coeficiente es bajo comparado con los países de la OCDE, en los cuales fluctúa entre 57.9% (Turquía) y 86% (Islandia). Sin embargo, parte de la diferencia se debe a que en esas naciones el rango de edad es diferente al de México: entre 15 y 64 años, contra arriba de 12 aquí, sin límite superior. La situación cambia si observamos las TP de México respecto a rangos más estrechos (cuadro 1). La tasa en México (gente entre 15 y 64 años) es 61.4%, más elevada que en Turquía y España.

Tasas de Participación, 1993

Por sexo, mismos grupos de edad, el resultado de la comparación es: aquí las mujeres participan menos, 37.5%, que en cualquiera de los miembros de la OCDE, en donde las cifras inferiores corresponden a Irlanda (39.9%) y España (41.2%). La de los hombres, 86.9%, es, por contra, superior al promedio de esa organización, 82.4%, aunque destaca que veinte años atrás (con inferior nivel de vida), la TP media en la OCDE es de 88.2%. De acuerdo con la experiencia internacional, esperamos mayor participación de las mujeres entre 15 y 64 años, y de los hombres, aunque en menor medida. A la vez, si no se deterioran por largo tiempo las condiciones económicas, sobre todo en las zonas rurales, pueden estabilizarse la TP de los agrupamientos extremos por edades de la PEA (entre 12 y 14 años , y más de 65). Se prevé una desaceleración del crecimiento demográfico de los de arriba de 12 años.

Con base en lo anterior, estimamos en alrededor de 36.1 millones la PEA de 1995 (compatible con los datos de las encuestas nacionales de empleo). Significa que ha de aumentar 3.7% anual entre 1993 y 1995, un poco abajo del 3.8% de 1991-1993.

Tasa de desempleo abierto

La tasa de desempleo abierto (TDA) es el indicador más común del problema del empleo. Es la proporción de la PEA que no toma parte en actividades productivas al menos una hora a la semana (independientemente de que reciba o no ingreso monetario o en especie).

La TDA nacional en 1988 es 2.5%, en 1991 de 2.2% y en 1993, 2.4% (gráfica 15). Datos para las grandes ciudades (gráficas 15 y 16) o de otras encuestas (cuadro 2 ) muestran que en los ochenta y los noventa siempre son muy bajas (paradójicamente, menores a las de los setenta)2. Pueden ser calificadas de equivalentes al pleno empleo (el poco tiempo en que permanecen desempleados lo apoya)3. La opinión pública siempre muestra incredulidad sobre esas cifras, aunque, como el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) lo aclara en reiteradas ocasiones, con razón, está definida según normas internacionales.

Tasa de Desempleo Abierto Nacional y en Grandes Ciudades

Tasa de Desempleo Abierto

Población, PEA y Empleo, 1984-1993

El caso es que la reducida TDA se explica por la ausencia de seguro de desempleo y el precario nivel de ingresos de la población. Ello causa que se acepten ocupaciones de unas cuantas horas a la semana, o salarios por abajo del mínimo, así como que exista una gran cantidad de trabajadores sin pago alguno (monetario o en especie). Significa que se producen tantos empleos como personas se incorporan al mercado de trabajo (actualmente, 1.2 millones al año). El problema del empleo en México no es de desempleo abierto, sino de ingresos, calidad de empleo y subempleo. La TDA es cierta, pero es irrelevante como indicador de los desequilibrios estructurales del empleo.1

Tasa de subempleo general (TSG)

Pretendemos comentar diferentes criterios para definir la cuantía del desperdicio de recursos humanos, que no sea atribuible a las decisiones de las personas. El enfoque más claro es considerar subempleados a aquellos que, o no trabajan, o lo hacen involuntariamente menos de 40 horas a la semana. Un segundo punto de vista es más discutible: los que, pese a trabajar 40 horas o más, están "subutilizados" en actividades con una productividad muy escasa; esto se aprecia al observar que reciben un ingreso igualmente bajo, como es el caso del salario mínimo (con el inconveniente, para cualquier medición de un año a otro, de que es muy variable en términos reales, pero con la ventaja, para la medición de un solo año, de que su enorme caída en los ochenta elimina dudas sobre su carácter de insuficiencia).

Nos ayudamos de un cuadro de la encuesta nacional de empleo, 1993, en la que se cruzan los criterios de ingresos y jornada de trabajo (cuadro 3), con los siguientes resultados.

Población Ocupada por Nivel de Ingresos y Duracion de la Jornada de Trabajo, 1993

El 35.1% de la PEA trabaja menos de 40 horas.2 Ahora debe esclarecerse cuánta lo hace de manera involuntaria. Como se explica en el anexo, al final del artículo, se estima que son aquellos que lo hacen por razones de mercado o porque ese es su horario normal. Estos representan el 26.7% de la PEA. A esta cifra se agregan los desempleados abiertos (2.7%) y los que, a pesar de no tener ocupación y de no buscarla en los dos meses previos a la encuesta (por tanto, no forman parte de la PEA), están disponibles para laborar (medio millón). La suma resulta en una TSG de 30.3% de la PEA ampliada3 (cuadro 4).

Tasa General de Subempleo, Criterios Alternativos, 1993

Si añadimos a los que trabajan más de 40 horas y que reciben un ingreso (monetario o en especie) menor al salario mínimo,4 que representan 9.1%, la TSG es de 39%.

¿Qué hacer con el 5.3% de la gente que labora más de 40 horas por semana y no recibe ningún tipo de pago? (en principio, casi en su totalidad, trabajadores familiares y, tal vez, algunos aprendices). Muchos de ellos, de percibir un salario, es inferior al mínimo, dada la baja productividad en la que generalmente se ubican las actividades con trabajo familiar no pagado. En una porción no es el caso. Como es imposible distinguirlos los tomamos a todos. Entonces, la TSG se ubica entre el 39% señalado en el inciso anterior (que excluye a los que carecen de ingreso) y el 44.2% (que sí los incluye) de la PEA ampliada.

El INEGI, en la encuesta de empleo urbano, publica tasas complementarias a la de desempleo abierto. Una de ellas, llamada "tasa de condiciones críticas de ocupación", también utiliza los criterios de jornada de trabajo e ingresos: suma (i) a los que se ocupan menos de 35 horas (en contraste con el criterio de 40 horas de que nos valemos) por razones de mercado (en nuestro caso, también le sumamos los de "horario normal", por las razones explicadas en el anexo); (II) más los que lo hacen más de 35 horas y ganan abajo de un salario mínimo, y (III) más los que laboran más de 48 horas semanales ganando menos de dos salarios mínimos (criterio que nosotros no empleamos). El resultado es una TSG de 27.2%.

Conclusión

Dependiendo de los criterios que se elijan de entre los presentados, la TSG en 1993 está entre el 27.2% de la PEA ampliada, equivalente a 9.3 millones de personas (resultado de aplicar los criterios de una de las tasas complementarias del INEGI), y el 44.2%, 15.1 millones, cifra máxima de las tres que aquí calculamos. El rango es muy amplio, lo que indica la necesidad de profundizar la discusión sobre los enfoques pertinentes para diagnosticar el problema del empleo en México.

ANEXO
Medición de los que trabajan involuntariamente menos de 40 horas

Consideramos subempleados a los que realizan jornadas menores de las que están dispuestos a emplearse, tomando como referencia la más frecuente en México. Esta es de 40 a 48 horas por semana, pues 39.1% de la PEA se encuentra en este rango. Además, hay un 24.9% que labora más de 48 horas, siendo que el turno máximo legal (sin pago extra) es de 48 horas. Por ello, escogemos el límite mínimo de 40 horas como jornada regular. Es en el grupo de los que trabajan menos que eso, 35.1% de la PEA, que intentamos distinguir a los que lo hacen involuntariamente. El INEGI toma como referencia una jornada semanal de 35 horas en lugar de 40 (diferencia equivalente al 7.4% de la PEA empleada, que son los que se ocupan entre 35 y 40 horas). Ese es el límite que se usa en las estimaciones de la OCDE sobre el subempleo en sus países miembros (aunque en el caso de Turquía, similar a nosotros, se toman 40 horas), lo cual es correcto debido a que tienen jornadas-promedio más reducidas que en México.

Lo relevante es distinguir quiénes de los que desempeñan menos de 40 horas (o de 35) lo hacen involuntariamente. En la Encuesta Nacional de Empleo se preguntan las razones por las que se trabaja menos de 35 horas (aquí asumimos que es lo mismo para menos de 40). Resulta que en el 55.4% de los casos se responde que es el horario normal que acostumbran (gráfica 17). Como se explica más adelante, esto lo consideramos como involuntario. En otro 20.6% la contestación es que hay razones excepcionales que afectan el lugar de trabajo (llamadas "razones de mercado"), que también apreciamos que son causas involuntarias. Finalmente, las otras dos respuestas, "razones personales" (14.7%), y "otras razones" (9.3%), las tomamos como causas voluntarias. Por tanto, el 76% de los que trabajan abajo de 40 horas lo hacen involuntariamente y son subempleados. Por su magnitud, es crucial definir si son involuntarios o no los que responden que trabajan menos de 35 horas, debido a que es su "horario normal". El INEGI, implícitamente, los considera como voluntarios (al calcular una de sus tasas complementarias en la presentación de la encuesta urbana: tasa de condiciones críticas de ocupación), lo cual conduce a conclusiones muy distintas sobre la magnitud del subempleo.

Motivos por los Que una Parte de la Población Ocupada Trabaja Menos de 35 Horas por Semana, 1993

Son tres las consideraciones que apoyan nuestra hipótesis.

El horario normal no significa que "no quieran o no necesiten trabajar más tiempo", puesto que esta frase se expresa como posibilidad de respuesta en el cuestionario (se incluye en la presentación de resultados dentro del título "razones personales" o en "otras razones").

En apoyo a la posición contraria puede argumentarse que, aunque las personas que responden "horario normal" o desean o necesitan trabajar más tiempo, si en la práctica no declaran que efectivamente buscan una plaza adicional y/o solicitan más horas dentro del mismo empleo, no deben ser consideradas involuntarias. En cuanto al primer aspecto, es mínimo el número de individuos que trabaja menos de 40 horas que busca otra labor (menos del 2%). El asunto es que se requiere más información para conocer el estatuto preciso de los de la respuesta "horario normal", como para poner en duda su carácter involuntario. Por ejemplo, saber si están disponibles para un aumento de su jornada en su mismo empleo actual o a través de otra ocupación. Esto es similar al tratamiento que las encuestas hacen de las personas que dicen no haber buscado trabajo pero están disponibles para emplearse. Ante la ausencia de datos, por ahora sólo se dispone de las respuestas a las razones directas, que es lo que aquí tratamos, apoyándonos en el primer argumento.

La comparación con los países de la OCDE es ilustrativa. Si excluimos del subempleo involuntario a los de "horario normal", significa que el porcentaje de involuntarios entre los que trabajan menos de 35 horas, en México, es 20.6%, índice menor al de las naciones de esa organización, en las que se sitúa entre 20% y 30%. En algunas es mayor, como Italia o Grecia, donde es mayoría (véase OCDE, Perspectives de l'emploi, 1993). No encontramos razones para que ese sea el caso.