El nivel y crecimiento del PIB son buenos indicadores de desarrollo, quizá los mejores; sin embargo, no siempre muestran la evolución del bienestar. Hay varios intentos y metodologías para evaluar este aspecto: unos ven un corte en el tiempo, otros tienen un enfoque a lo largo del mismo; unos son de corto y otros de largo plazo. Elaboramos un índice que representa el cambio en los niveles de bienestar en el país y en las distintas entidades federativas durante setenta años, de 1925 a 1975.
Bienestar, para el nivel de desarrollo de México y para el propósito que nos ocupa, es la satisfacción de las necesidades vitales. Por tanto, el índice es una relación que expresa la medición del bienestar a través de un agregado de diecinueve datos relacionados con ingreso, alimentación, salud, vivienda, educación, vestido y urbanización. Las principales conclusiones se exponen en seguida.
NIVEL NACIONAL (cuadro 5 y gráfica 13)
1) México presenta una tendencia de crecimiento a largo plazo en el bienestar. En setenta años hemos crecido, según el índice, 1.7% promedio anual. Cálculos semejantes se llevan a cabo en los principales países industriales y su avance oscila entre el 1% y el 1.5% anual durante largos períodos.
2) Se identifican tres etapas diferentes.
NIVEL REGIONAL
Por historia, geografía y tradición hemos tendido a concentrar población, recursos y decisiones en la ciudad de México. Este fenómeno está cambiando y las regiones tienen cada vez mayor peso, interés y relevancia. Las más desarrrolladas están ligadas con las tres macrociudades (México, Guadalajara y Monterrey) y a las entidades fronterizas del norte. Destacan, como características: urbanización, comunicaciones y oportunidades comerciales.
El reverso está en las entidades menos desarrolladas: en el sur (Chiapas, la más pobre; no muy lejos Oaxaca , Guerrero y Tabasco) y algunas en el centro (Hidalgo, Michoacán y Puebla). En estas zonas, algunas localidades tienen mejores niveles de desarrollo y bienestar. Es el caso, por ejemplo, de las ciudades de Puebla, Pachuca y Tulancingo. El atraso relativo coincide con poca urbanización, y por tanto, alto porcentaje de población rural e indígena monolingüe, reducida escolaridad y vías de comunicación inexistentes o deficientes.
Para el desarrollo futuro de las regiones, un primer determinante, en el que todos coinciden, es el esfuerzo en educación. Esta es la que hace la gran diferencia. Tenemos el propósito de duplicar los años de escolaridad promedio para fines de siglo. El segundo está en las comunicaciones, tanto en las telecomunicaciones cuanto en las tradicionales, como carreteras. Hoy se ve la conformación de tres ejes radiales de altas especificaciones que unen al centro con el noroeste, norte-centro (Ciudad Juárez) y noreste. Se echan de menos las comunicaciones hacia y en el sur y ejes transversales en el norte. El tercer determinante es la consolidación del sistema de ciudades. El desarrollo va a seguir, aunque con menos fuerza, en las grandes (macrociudades, como México, Monterrey, Guadalajara y Puebla, y mayores, como León, Torreón, Tijuana, Ciudad Juárez y otras) y va a cobrar relevancia en las medias que tienen un gran potencial en calidad de vida, ya que obtienen los beneficios de los servicios urbanos y evitan los riesgos de las mayores concentraciones. Los territorios donde resaltan los sistemas con urbes mayores y medias más completos son el norte, con Sonora (seis ciudades), Chihuahua (cinco), Coahuila (cinco), Tamaulipas (cinco), Sinaloa (cuatro); el oriente, con Veracruz (ocho), la entidad con más ciudades medias; el occidente, con Jalisco (cinco) y Michoacán (siete), y el centro, con Guanajuato (seis).
En los datos del índice de bienestar para el período 1925-1995 por entidades federativas (cuadro 6), la metodología utilizada es semejante a la que se maneja a nivel nacional. Los resultados obtenidos permiten formular las observaciones siguientes.
El crecimiento anual promedio en los setenta años es del 1.7%. Hay diferencias en la velocidad en cada uno de los lapsos y en la evolución de cada una de las entidades. De 1925 a 1950 ocurre un progreso pequeño (1% anual en promedio). Destacan Morelos y Guerrero.
El avance más intenso es a partir de 1950, acompañado de incremento demográfico. Registran mayor celeridad en los últimos cuarenta y cinco años Quintana Roo, Tabasco, estado de México, Tlaxcala, Guerrero, Aguascalientes, Chiapas, Michoacán y Querétaro. Quintana Roo evoluciona rápido en la decada de los setenta debido al desarrollo turístico; Tabasco experimenta un fenómeno semejante por la producción petrolera y el estado de México por su conurbación con el Distrito Federal.
Entidades con escaso adelanto son Colima, Nuevo León, Oaxaca, Zacatecas, Veracruz, Coahuila, San Luis Potosí, Yucatán, Sonora, Campeche y Distrito Federal. Algunas, como Nuevo León y el caso extremo del Distrito Federal, reflejan poca mejoría porque ya alcanzan altos niveles de bienestar, según los indicadores utilizados. Oaxaca, Zacatecas y San Luis Potosí deben estar creciendo aceleradamente, pero su velocidad es menor al promedio nacional.