Uno de los efectos más graves de la crisis es el desempleo. La caída de la producción elimina puestos de trabajo, lo que incrementa el número de personas desocupadas además de las que se incorporan por primera vez en el mercado laboral. Por las características de éste en nuestro país1, el problema de que la economía crezca a un ritmo menor que el necesario no consiste sólo en desempleo abierto2, sino en subempleo: más personas trabajan involuntariamente menos de una jornada normal y participan en actividades con precaria productividad.
PUESTOS DE TRABAJO REGULARES
En los últimos quince años (1980-1994) se crean 3.4 millones de puestos remunerados,3 1.6 millones de los cuales se originan desde 1988. Por cada punto porcentual de crecimiento del producto interno bruto (PIB), suben medio punto porcentual los puestos remunerados (gráfica 17). Estimamos que, si el PIB cae este año 4.5%, descienden la mitad, 2.3%, o sea 544 mil: de 23.7 millones en 1994 a 23.1 en 1995 (cuadro 3). En 1995 se pierde una tercera parte de los creados en el sexenio. Una cifra general pero menos representativa es la de empleados que cotizan en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS): de poco menos de 6 millones en 1980 a 10 en 19944, 4 crecimiento mayor que el del PIB. El hecho no siempre resulta de aumentos en el empleo nacional, sino también de incorporación de empleados ya existentes; así, el dato no equivale a creación de puestos nuevos pero sí habla del número de empleos que garantizan un mínimo de calidad. Disminuyen en 348 mil, de 10 millones promedio en 1994 a 9.6 en 1995. En los primeros cinco meses del presente año la cifra oficial es 9.7 millones.
POBLACION ECONOMICAMENTE ACTIVA5
Frente a esa disminución de plazas con seguridad social están los individuos que ingresan este año al mercado de trabajo. Ninguno ha de encontrar un cargo remunerado regular o desplaza (total o parcialmente) a alguien que lo tiene. Se añaden a aquéllos cuyos puestos son cancelados y a los que están desempleados en 1994.
En 1995 se añaden 948 mil personas al mercado de trabajo, al subir la PEA de 35.4 a 36.3 millones. Si suponemos que cada uno de los sitios remunerados eliminados (544 mil) corresponde a una sola gente, tenemos que 1.5 millones, adicionales a los que ya están desempleados o subempleados, no han de hallar un empleo de calidad mínima.
DESEMPLEO Y SUBEMPLEO
La experiencia dice que cuando alguien no encuentra un trabajo de jornada regular (más de 40 horas a la semana) y remuneración mínima (usando como indicador el salario mínimo), busca cualquier actividad por unas cuantas horas a la semana, o de más de 40 pero con salario inferior al mínimo, o se dedica a actividades familiares sin retribución. Por ello la tasa de desempleo abierto (desempleados abiertos como proporción de la PEA) es muy baja en los últimos quince años (menor a 3%), pese a que la PEA avanza muy por encima de lo que lo hace la producción y las plazas retribuidas: mientras que la primera sube alrededor de 15 millones, las segundas lo hacen, como antes se señala, en 3.4 millones.
La Encuesta Nacional de Empleo del INEGI muestra que en 1993 el 35.1% de la PEA labora abajo de 40 horas a la semana y que, de acuerdo con nuestra interpretación, 26.7% lo hace de manera involuntaria. A ello se agrega que 9% de la PEA se ocupa más de 40 horas semanales con salario inferior al mínimo, 5% en el mismo tiempo sin remuneración y alrededor de 1% se cansa de buscar empleo.
Ello, junto con la tasa de desempleo abierto, da una visión del subempleo general en el país. Combinando los anteriores criterios llegamos a una tasa entre el 30.3% y el 44.2% del total de la PEA.6
Calculamos el desempleo abierto nacional en 2.9%, 1994, 3.8%7 en ciudades con más de 100,000 habitantes y 2.1 % en las de menos de 100,000. Estas tasas son muy poco sensibles a la dinámica del PIB, porque lo que se ajusta es el subempleo.
Para 1995 prevemos que la segunda tasa alcance 6% en promedio anual (el promedio enero - abril es 5.5%), mientras que la tercera 2.3%. Esto implica que la tasa nacional sea 4%. Las personas en desempleo abierto aumentarán en 435 mil personas.
CONCLUSION
En 1995, a la cancelación de 544 mil cargos retribuidos se suma el que 948 mil individuos entran en el mercado de trabajo. Sin embargo, el desempleo abierto se incrementa menos de una tercera parte de esa cifra (435 mil). Arriba de un millón se agregan al subempleo, ya sea con jornadas menores que las regulares o con ingresos inferiores a la percepción mínima, si consideramos que el sector informal (que usamos aquí como sinónimo de subempleo) tiene capacidad para absorberlos, como ocurre en el pasado reciente.
1) Que ya tratamos en el número de mayo de esta revista, en el artículo Desempleo y subempleo.
2) Las personas que aunque tienen más de 12 años y buscan trabajar, no toman parte en actividades productivas al menos una hora a la semana (independientemente de que reciban o no un ingreso monetario o en especie).
3) Estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática ( INEGI) a partir de los datos del PIB de las cuentas nacionales: calcula cuántos puestos de trabajo, remunerados y con una jornada de trabajo normal , se requieren para elaborar el total de la producción del país. Como una gran proporción de los que trabajan lo hacen sin remuneración y/o menos de una jornada normal, el número de puestos remunerados es mucho menor que la cantidad de personas que laboran (la llamada población económicamente activa ocupada). Por ejemplo, en 1993, mientras la PEA ocupada es de 32.8 millones, los puestos remunerados derivados de cuentas nacionales son 23.1 millones.
4) La cifra se refiere a los trabajadores totales (asegurados permanentes y eventuales), excluyendo solamente a grupos "no especificados", sobre todo estudiantes.
5) Mayores de 12 años que realizan una actividad productiva, o que, estando desocupados, buscan activamente un empleo.
6) La discusión de estos criterios y cifras se encuentra en el artículo citado se la revista anterior.
7) Las cifras de tasa de desempleo abierto nacional en poblaciones con más de 100,000 habitantes tienen dos fuentes. La primera es la Encuesta Nacional de Empleo, 1988, 1991 y 1993, y la segunda la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (mensual). Como ésta arroja una cifra muy parecida a aquélla en años anteriores (debido a que las ciudades abarcan la gran mayoría de la PEA de las localidades con más de 100,000 habitantes), y existe para 1994, se consideró que, para ese año, se le aplica a la serie de la primera fuente.