"La historia nos ha enseñado, con virulencia, que sólo con estabilidad de precios es posible el ahorro y de ahí la inversión y el desarrollo, para desembocar en aumentos salariales reales y más empleos, como única forma de garantizar el mayor bienestar de la población".Antonio Ortíz Mena1
No hay duda del papel que juegan las expectativas en el derrotero de la economía de los países. Si son favorables, permiten anticipar consensos sobre el comportamiento futuro de los mercados, facilitan la planeación y aumentan la eficiencia; si son adversas, complican el ambiente y en casos extremos lo deterioran a través de lo que los economistas llaman "profecías que se autorealizan". El ancla de las expectativas es la credibilidad en la gestión de las autoridades. Se genera con esfuerzo, cumpliendo lo que se ofrece, pero su deterioro puede ser inmediato. No en balde son relevantes las prioridades de la estrategia económica y las metas que el gobierno pretende conseguir.
La credibilidad y la confianza, términos de uso común, son difíciles de medir. En principio podemos suponer que dependen del logro de las metas señaladas, reflejo de las prioridades, estructurales y coyunturales, de una sociedad.
En México, en 1984 se inicia la publicación de los Criterios Generales de Política Económica; contienen los lineamientos para el siguiente año y los principales resultados cuantitativos que se esperan. Se pretende llenar un vacío de información e influir en el ánimo de los agentes productivos, nacionales y extranjeros, para realizar sus decisiones de consumo, producción e inversión.
A continuación medimos la exactitud de las proyecciones elaboradas por el sector público, como medio para evaluar la credibilidad en las distintas administraciones. Se consideran únicamente la inflación y el crecimiento, pues sintetizan todo el desempeño y no pasan inadvertidos para nadie. (cuadro 6).
Período 1982 - 1988
Las estimaciones distan mucho de acertar: las metas de inflación se quedan cortas y el pronóstico del PIB no se ajusta a su inestable comportamiento. En este lapso comienza la reforma estructural y la economía es muy vulnerable frente a eventos internacionales (gráfica 17).
A partir de la crisis de 1987 se buscan, por un lado profundizar el cambio estructural y, por otro, la estabilidad de precios, todo para estimular el crecimiento. En el último año de esta administración tampoco se alcanza el objetivo inflacionario, aunque en sentido inverso: se plantea la meta del 95% y resulta ser inferior al 52%.
Período 1988 - 1994
La suerte de los escenarios oficiales es diferente: el margen de error se reduce considerablemente. Desde su inicio, al darse a conocer el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994, se insiste en la necesidad de consolidar la estabilización de precios para poder crecer: "...la estabilidad de precios no como un destino que, una vez alcanzado, se sostiene por sí mismo, sino como un objetivo que requiere de esfuerzos permanentes. En cuanto a la necesidad de recursos, buscamos, más que una cifra fija, la ampliación contínua de su disponibilidad para asegurar el crecimiento económico sostenido"2. Los cálculos de la inflación son cada vez más atinados: durante los últimos tres años la diferencia entre la estimación y la realidad es cercana a los dos puntos porcentuales. Los resultados en crecimiento son mejores que los propuestos durante 1989, 1990, 1991 y 1994; cuando no se cumplen la diferencia no supera los 2.2 puntos porcentuales (gráfica 18).
1995 - 1996
Se proponen tres objetivos generales de política económica para 1995:
Las eventualidades ocurridas (fuga de capitales, devaluaciones, inestabilidad en los mercados financieros), hacen que el margen de error sea excesivamente alto, a pesar de que el sector público rectifica en dos ocasiones su escenario macroeconómico: el Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (AUSEE) el 5 de enero y el Programa de Acción para Reforzar el Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (PARAUSEE) el 10 de marzo (gráfica 19).
Para 1996, los objetivos son:
Por primera vez en mucho tiempo el combate a la inflación no tiene la primera prioridad y no sorprende dada la urgente necesidad de crecer que tiene el país.
Conclusión
Los márgenes de error en las previsiones oficiales se reducen mientras mayor claridad existe en las prioridades, lo cual supone la existencia de una estrategia adecuada para concretarlas. Las tres administraciones admiten que un entorno estable es condición del crecimiento sostenido; en ausencia de éste, la mayor congruencia entre lo ofrecido y lo conseguido, se da cuando se ataca frontalmente la inflación.
(1) Expectativas Económicas de los Líderes Empresariales. Enrique Alduncin Abitia, Banamex, marzo de 1989, p.5.
(2) Plan Nacional de Desarrollo 1988-1994. Presidencia de la República.