ESEM, 12/01/95, EN TORNO A CRITERIOS GENERALES DE POLITICA ECONOMICA

Examen de la Situación Económica de México

País/Country: México

Banco Nacional de México

Volumen/Volume: 71   Número/Number: 841

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 12/01/95

El diagnóstico formulado en Criterios Generales de Política Económica (CGPE) debe ser visto como el inicio de una reflexión, imprescindible, sobre la naturaleza de nuestros problemas, retos y oportunidades. Algunas propuestas son plausibles y deben ser incorporadas en el programa (promoción del ahorro interno, por ejemplo). En otras se percibe una interpretación que debe ser perfeccionada. La expansión de una economía como la nuestra genera fricciones naturales, derivadas de su grado relativo de desarrollo, que se expresan en fenómenos como el deterioro de la cuenta corriente y los cambios de precios relativos.

Se insiste: no creemos en una simple relación causal entre apreciación real del tipo de cambio y déficit en cuenta corriente. En el caso de México, ambos son fenómenos que se desprenden del cambio estructural, que da mayor competitividad a la economía, y de la entrada a la globalización. El crecimiento del PIB, ante modificaciones tan considerables, no es necesariamente el mejor indicador del éxito de las reformas ni del avance productivo, al menos a corto plazo. El tipo de cambio tampoco explica la expansión del consumo ni el deterioro del ahorro; el componente privado del segundo aumenta en 1993 y 1994, coincidiendo con las apreciaciones reales más altas. Por último, buena parte de la producción puede concurrir internacionalmente desde 1994: las ventas externas se expanden 17.3%, aumentando su penetración en el mercado mundial, al mismo tiempo que ocurre una recuperación de las internas. En este sentido, las externas en el presente año no pueden considerarse como prueba de mayor competitividad. Si bien se expanden al 33% el mercado doméstico se contrae cerca de 20%.

Antecedentes

El esquema 1 ilustra los principales argumentos y relaciones de causalidad implícitos en el texto de CGPE. A la letra se señala: "...durante los últimos años diversas razones impidieron generar un crecimiento económico vigoroso y sostenido...". La causa fundamental es que "... la insuficiencia del ahorro interno provocó que la inversión productiva careciera del dinamismo deseable y que, por lo tanto, el crecimiento económico fuera particularmente reducido...". Implica que el crecimiento está determinado por la inversión productiva y que ésta, a su vez, obedece al comportamiento del ahorro interno.

¿A qué atribuye CGPE el descenso del ahorro interno? "...La apreciación real de la paridad estimuló el aumento del consumo e inhibió el ahorro (...) Esta reducción del ahorro interno fue compensada por un incremento en el ahorro externo, principalmente (...) de corto plazo, que (condujo) a un desequilibrio creciente en la cuenta corriente..." Esto es, una proporción creciente del ingreso disponible se destinó a consumo en detrimento del ahorro de nacionales. La inversión productiva cae, aunque el ahorro externo compensa parcialmente. La tasa de crecimiento es baja. Así, el aumento de la producción de bienes y servicios es insuficiente para satisfacer una demanda que, por la expansión del consumo, avanza más rápido. El flujo neto de bienes importados cubre la diferencia. Aumenta el déficit en la cuenta corriente.

La dinámica del Crecimiento

Partamos de una economía cerrada. El aumento del consumo debe ser igual al crecimiento del producto para evitar "fricciones". Si bajo estas circunstancias se decide aumentar el ahorro a costa del consumo, la inversión adelanta y hay más oferta "real" (crecimiento). Sin embargo, la demanda por esos bienes es insuficiente (el consumo es menor) y la "fricción" se expresa en crisis de "realización". En contraste, de ser el consumo el que se privilegia, la demanda será mayor a la oferta y el problema es inflación. Conclusión: la tasa de ahorro adecuada no es necesariamente la más alta. Consumo y ahorro deben guardar un delicado equilibrio.

En una economía abierta, ¿qué sucede si todo el ahorro externo se destina a consumo (y, por lo tanto, la inversión permanece constante)? La brecha entre consumo y crecimiento (o saldo en cuenta corriente) es idéntica a la inyección de capital foráneo. En otras palabras, "nos prestan para que compremos lo que nos venden". En el caso opuesto, todos esos recursos son aplicados a inversión (y lo que no cambia es el consumo). Lo que ahora resulta es un excedente de producción, que implica un saldo positivo en cuenta corriente; "nos prestan capital y les pagamos con bienes". En estos términos, lo que CGPE sugiere es que hemos estado más cerca de la primera posición1.

En la realidad, las cosas son más complicadas. Algunos aspectos que considerar son: 1) una parte del ahorro externo va a inversión (inversión extranjera directa) y otra a los nacionales (intermediación financiera), quienes deciden entre inversión y consumo; 2) la relación inversión a crecimiento no es constante, y aquélla también implica demanda por importaciones, y 3) no todos los sectores reaccionan igual. Si la demanda por automóviles excede a la oferta nacional, la brecha se cubre con importaciones. Pero si en lugar de vehículos tenemos casas, la alternativa no es factible porque no pueden ser traídas del exterior. En este caso, la única manera de equilibrar oferta con demanda, en el corto plazo, es a través del aumento del precio. Es sólo hablando de bienes comerciables y no comerciables, o sectores, que la discusión sobre el tipo de cambio real cobra sentido. Finalmente algo de crucial importancia: 4) no todo ocurre simultáneamente: hasta que una fábrica entra en operación aumenta la oferta de bienes y a ello preceden planeación, inversión, construcción, puesta en marcha. El tiempo cuenta.

La gráfica 6 muestra el comportamiento del consumo privado y de la formación bruta de capital. Efectivamente, durante los últimos años ocurre un aumento significativo del primero, que implica menor tasa de ahorro doméstico. Sin embargo, la inversión también se expande. Ello se debe a que el ahorro foráneo más que compensa el faltante. Aún en una economía abierta, el frágil equilibrio entre estas variables debe mantenerse.

La expansión que México experimenta durante los primeros años de esta década se caracteriza por dos fenómenos: 1) aumento de las importaciones en las ramas comerciables, y 2) mayor avance de precios en las no comerciables. En otras palabras, una combinación de "fricciones" en cantidades y en precios. La sobrevaluación del tipo de cambio real2 y el deterioro de la balanza comercial son resultados simultáneos del proceso de crecimiento económico. Sin embargo, CGPE parece asignar un papel secundario a este mecanismo en favor de una relación directa entre sobrevaluación cambiaria y déficit comercial. Además, el aumento de importaciones muestra una mayor asociación al mercado doméstico que al tipo de cambio real (gráficas 7, 8 y 9).

Dicha causalidad implica riesgos que es necesario señalar. Al discutir la reciente inestabilidad cambiaria y financiera, se esgrime el argumento de que es transitoria "...Toda vez que la cuenta corriente se encuentra en equilibrio...". Si a partir de este comentario se interpreta a todo saldo negativo en nuestro intercambio con el exterior como señal inequívoca de desalineación de la paridad real, los que ocurran como consecuencia de la expansión económica serán malinterpretados. Precisa entonces desechar este enfoque.

Ahorro Interno

El diagnóstico de los CGPE atribuye la crisis a la ocurrencia de desequilibrios macroeconómicos en el pasado, siendo el principal la caída del ahorro interno derivada de la apreciación del tipo de cambio real. Como esta relación está lejos de ser clara, se emplea una serie de argumentos relativos al efecto de la sobrevaluación cambiaria sobre las decisiones de consumo e inversión de familias y empresas. Al hacerlo, se incurre en riesgos que precisa señalar.

Durante el período 1992-1994 la tasa de inversión permanece más o menos constante, en niveles ligeramente superiores al 23% del PIB. En cuanto a las fuentes de su financiamiento, el ahorro externo (entendido como el déficit en cuenta corriente) aporta entre un mínimo de 6.5 (1993) y un máximo de 7.7 (1994) puntos porcentuales, también como proporción del PIB. La diferencia representa la contribución del interno. Empero, es en el último donde ocurren las transformaciones más importantes (gráfica 10).

Como puede observarse, sube la participación del ahorro interno privado en el financiamento de la inversión, mientras que el público se contrae. Durante 1993, la expansión del primero más que compensa la caída del segundo. No es así en 1994. El total de lo generado dentro pierde casi un punto porcentual del PIB como consecuencia de una nueva disminución de lo aportado por el sector público, equivalente a 1.3 puntos porcentuales del producto. Reiteramos, el menor dinamismo del ahorro interno obedece al comportamiento de su componente público y no del privado, que de hecho avanza. Por lo tanto, la relación a la que alude CGPE entre las decisiones de los particulares y la apreciación real de la paridad es, en el mejor de los casos, debatible.

Puede argumentarse que la comparación relevante es respecto a lo observado al final de la década pasada. Aunque ello no afecta nuestras dudas sobre la tesis propuesta en torno a la relación entre ahorro interno privado y tipo de cambio real, sí ofrece la oportunidad para hacer una reflexión.

En 1988, el ahorro interno representa 19% del producto. Aplicada a 1994, esta proporción permitiría financiar 82% de la inversión efectuada, de modo que el déficit en cuenta corriente (o ahorro externo) se ubicaría en 4.5% del PIB. Sin embargo, advirtamos el contexto en el que se logra el significativo nivel de ahorro interno en 1988, cuando la delicada situación de las finanzas públicas restringe las aportaciones del ahorro público: alrededor de 84% del total proviene del sector privado. La posibilidad de recurrir al financiamiento externo es limitada. Así, las cifras reflejan un esfuerzo notable que tiene su contrapartida en sacrificio de bienestar y subconsumo. Es natural que, a medida que las restricciones disminuyen, los particulares intenten compensar el deterioro sufrido.

La gráfica 11 sugiere que tal proceso caracteriza a los primeros años de esta década. Entre 1988 y 1993, el consumo real privado adelanta 22.7%. Artículos básicos, como los víveres, son los menos susceptibles a sufrir disminuciones importantes en una situación de subconsumo. Bajo la misma lógica, es de esperarse que su avance sea menor durante la recuperación del gasto, ya que son otros los bienes y servicios en los que los individuos perciben faltantes. A pesar de que la expansión de este tipo de satisfactores es inferior a la del conjunto, la brecha no es amplia, lo que revela que incluso en ellos hay subconsumos en los ochenta. El rubro que muestra mayor dinamismo es el de transporte y comunicaciones, explicado en buena medida por la renovación del parque vehicular y por la expansión de la telefonía. Como con muchos otros bienes identificados con consumo, una proporción de estos gastos es, en realidad, una forma de inversión3, sujeta a un ritmo de depreciación que eventualmente exige reemplazo. Lo que indica el desempeño por capítulos de gasto es que una parte significativa de los aumentos del consumo observados en los primeros años de este decenio están relacionados con la satisfacción postergada de necesidades, y que la recuperación de bienestar aún es insuficiente.

El incremento del ahorro interno es una meta justa cuando es fruto de la decisión social de guardar los recursos que garantizan mantener, e inclusive aumentar, el nivel de vida que hoy se goza. Las restricciones de ingreso que México experimenta hacen de ésta una decisión difícil, que implica sacrificios. Con niveles de subconsumo, estamos obligados a usar de la mejor manera aquello de lo que disponemos para incrementar nuestro bienestar de hoy sin poner en peligro el de mañana. Las cifras de consumo y ahorro sólo cobran sentido en el contexto de la sociedad que las genera.

El bajo crecimiento del PIB

El hincapié en la discusión sobre el papel del ahorro externo (complementario o substituto) es en perjuicio de algo de mayor importancia. En la medida en que las inversiones efectivamente se transformen en potencial productivo, puede esperarse que haya alguien dispuesto a emprenderlas, independientemente de su nacionalidad. Sin embargo, esto no puede darse por descontado. La gráfica 12 muestra los índices reales del PIB y formación bruta de capital. La diferencia entre estos números representa la productividad de las inversiones. Si el primero aumenta más rápido que la segunda, la brecha se amplía, señalando que el capital es más productivo (crea más bienes). Esta es la situación en la mayor parte de los ochenta. No obstante, el diferencial declina en años recientes: la productividad del capital disminuye. Cada unidad adicional de capital es menos rentable que la que precede. Este fenómeno ocurre en cualquier economía. Pero en México se combina con el proceso de cambio estructural, entendido como redistribución de recursos productivos entre sectores. En los que pierden, el capital es subutilizado, mientras que en los que se expanden es insuficiente. Naturalmente, las nuevas inversiones se dirigen hacia el segundo grupo, pero el proceso toma tiempo.

México, antes de su reforma estructural, ya cuenta con una base industrial de consideración, que crece y se desarrolla en un mercado protegido, distorsionado y sobre-intervenido por el sector público. En muchos casos debe adecuarse al nuevo entorno, lo cual implica una especie de desinversión, que matiza la tasa de crecimiento del país. Lo previsible es que los recursos fluyan de las ramas perdedoras a las ganadoras, lo cual no es flexible ni rápido. Estrictamente, el PIB, que es un promedio, ha dejado de representar la actividad productiva. Además, es posible que existan problemas en su medición: si los ponderadores son los mismos que antes de la transición, se puede subestimar el producto al darle menos peso a las segundas y más a las primeras. Todo esto independientemente del cese de la inversión en 1992-1993, por la incertidumbre alrededor del Tratado de Libre Comercio (TLC).

El documento señala que durante 1995 "...el aparato productivo ha mostrado su competitividad a nivel internacional...". Dada la contracción del mercado interno y la devaluación del peso, es de esperarse que se eleven las exportaciones. La verdadera prueba del aumento de eficiencia ocurre en años pasados, cuando las ventas al exterior avanzan aún en ausencia de los factores mencionados. La base de la que parten es el cambio estructural, cuyos principales frutos deben materializarse gradualmente, por la magnitud de las transformaciones que implica.

Desempeño Exportador

La dinámica exportadora de México responde a un proceso iniciado hace varios años, cuyas características analizamos en otro número de esta revista4. Las conclusiones que en él expresamos, con datos hasta 1994, son las siguientes:

Lo anterior se complementa con un análisis de las ventas fuera durante 1995. No hay evidencia de nuevos rubros. Los altos niveles de expansión obedecen más a la contracción del mercado doméstico.

1995

Durante enero-septiembre las exportaciones muestran notable avance (33%), que para el caso de minería, agricultura y manufacturas supera en gran medida lo alcanzado en el mismo período del año anterior. La maquila mantiene su ritmo (cuadro 1).

Para precisar si la agilidad exportadora se atribuye a los sucesos de este año o si es resultado de una tendencia perfilada desde antes, examinamos ahora las exportaciones sin maquila con detalle de producto (subpartida o fracción en la nomenclatura arancelaria) durante enero-julio. Los artículos dinámicos se clasifican así:

(a) productos "nuevos": no aparecen en 1994 y sí en 1995, y (b) productos altamente dinámicos: multiplican el monto 2.5 veces o más en 1995.

Las ventas "nuevas" ascienden a 221 millones de dólares y aportan 0.8% de las sin maquila (cuadro 2). Son 469 artículos, pero apenas 22 explican el total (cuadro 3).


FUENTE: Departamento de Estudios Económicos de BANAMEX, con datos del Sistema de Información Comercial de México (SIC-M), Secretaría de Comercio y Fomento Industrial.
1 Número de fracciones arancelarias o subpartidas.
2 Crecimiento superior a 150 por ciento.

Sobresalen las exportaciones altamente dinámicas: su valor, 4,065 millones de dólares, representa el 15% del total sin maquila. Aunque incluye 1,369 bienes, 77 hacen el 70% (cuadro 4).

En suma, en 1995 los "nuevos" artículos no explican el crecimiento de las exportaciones. Los altamente dinámicos sí, pero los principales ya figuran en 1994, los canales de comercialización existen desde antes y la subida actual no refleja que superen la competitividad ya conseguida. El desempeño se atribuye a las políticas de apertura comercial y desregulación, y al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. Es decir, es fruto del proceso de cambio estructural de la economía, cuyos logros se acrecientan en los últimos años. Otros factores son el crecimiento económico de nuestros socios comerciales, la debilidad del mercado interno, el repunte mundial del de materias primas y la desmedida subvaluación del tipo de cambio.

La exportación de este año sucede mientras se achica (25%) el mercado doméstico. Es mejor indicador lo acontecido en 1994: elevado crecimiento, pero con repunte de ventas internas (gráfica 15).

Comentarios Finales

Los desequilibrios "macro" no siempre son nocivos para economías en transición. Es atractiva la idea de ser autosuficientes en las decisiones de producción y consumo, pero puede acarrear severas restricciones que atrasan la recuperación y el bienestar. Aún en países industrializados se presentan. A nivel "micro", es difícil encontrar empresas o individuos que no recurran al crédito para la realización de los planes de inversión o de gasto. Lo malo no es el desequilibrio en sí, sino sus causas y efectos previsibles. El financiamiento se justifica si su uso es eficiente, rentable y con posibilidad de pago.

Es importante la elaboración de un diagnóstico profundo sobre la situación económica de México, con un hecho concreto insoslayable: la interrupción del crédito externo. Orígenes y consecuencias deben ser materia de estudio prioritario. Por lo pronto, su faltante implica corregir la cuenta corriente. El proceso afecta las variables financieras, es decir, tipo de cambio, inflación esperada y tasa de interés, y provoca la amortización acelerada de los pasivos en pesos (ahora en niveles récord y concentrados en el sector privado). Es urgente atacar de raíz este problema, independientemente de donde se encuentre, acreditados, bancos comerciales o el Gobierno Federal.

En resumen: reanimar la entrada de capital y combatir la inflación deben ser los pilares fundamentales de la acción inmediata.


(1) En el desarrollo de estas ideas, la sobrevaluación real del tipo de cambio, a la que se asigna un papel tan prominente, brilla por su ausencia. Como se verá, es necesario elaborar un diagnóstico más profundo para que, sin forzar el argumento, esta variable entre en escena.

(2) Entendida como la razón de precios de no comerciables a comerciables.

(3) El ejemplo más notable, en el cual es urgente cambiar el criterio, es la educación.

(4) Exportaciones, concentración y crecimiento. Examen de la Situación Económica de México, No. 839, octubre de 1995.