ESEM, 12/01/95, DIAGNOSTICO POLITICO

Examen de la Situación Económica de México

País/Country: México

Banco Nacional de México

Volumen/Volume: 71   Número/Number: 841

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 12/01/95

Frente al tránsito a la modernización, el balance del primer año de gobierno muestra avances indiscutibles y pendientes importantes. En el recuento que sigue no pretendemos ser exhaustivos.

Las elecciones son un avance mayor, no suficientemente aquilatado. En 1995 se disputan cerca de 1,850 cargos públicos, sin incluir los de Consejeros Ciudadanos del Distrito Federal (DF) que, por su carácter sui generis, no son comparables. Resalta el fortalecimiento de la vía electoral como instrumento para dirimir diferencias políticas y buscar el cambio. La alternancia ordenada en el poder local, como posibilidad, se arraiga. La única elección impugnada es la de Yucatán. Tomados los comicios de 1995 como un todo, arrojan un nuevo equilibrio: el Partido de Acción Nacional (PAN) le pelea al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ser la primera fuerza política, mientras que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) obtiene el tercer lugar. La agenda electoral baja de intensidad hasta 1997, lo que significa un impasse que será roto con los sufragios federales, en julio de dicho año. 1996 abre un paréntesis para avanzar en las transformaciones que están incompletas o por hacerse.

El diálogo para la reforma del Estado es otro signo alentador. La agenda se precisa y se discute. La comunicación y coordinación entre los actores (partidos, Cámaras de Senadores y Diputados, Secretaría de Gobernación, principalmente) se robustece. De las mesas que se proponen, la electoral, la del D.F. y la del fortalecimiento del Poder Legislativo han de mostrar resultados en poco tiempo. En Chiapas se avanza y se vislumbran acuerdos en lo referente a derechos indígenas.

Los logros anteriores son posibles gracias a la actuación de los partidos políticos, más avanzada e independiente y menos extremista. Hay otros que, sin ser espectaculares, son fundamentales. Es el caso de las reformas al sistema de procuración de justicia, con el compromiso de seguir adelante en estas renovaciones y, también, el de la atmósfera de libertad de expresión y de ejercicio de crítica de los asuntos públicos, que no tiene precedente. Puede generarse confusión por los contrastes de ideas, de los que tenemos ejemplos todos los días en prensa y medios masivos, pero conforme los ciudadanos nos acostumbremos a ponderar las informaciones y sus fuentes, estaremos avanzando en la democratización. En este proceso, la política vuelve a su cauce público en un doble sentido: su ejercicio se está transparentando y con ello los fines de quienes la ejercen. Tomar a la prensa para dirimir y exponer puntos de vista, a pesar de las inestabilidades inmediatas que pueda traer consigo, es preferible a acuerdos en la sombra que benefician a intereses particulares. Insistimos, hay que reconocer y aplaudir que se están asumiendo en su totalidad los costos de la democratización.

Entre los pendientes que resolver: la aclaración de los asesinatos "políticos" es demandada por la opinión pública, y las resistencias al cambio, que tienen que ver con nuestra tradicional forma de manejar ciertos asuntos públicos (las más visibles en entidades federativas y en escenarios locales).

A pesar de desafortunadas coincidencias que ocurren cuando hay eventos que pueden fortalecer la confianza, el origen distinto de las causas descarta la teoría de que existe una trama organizada para alterar el orden. Pero sí existen, actuantes, fuerzas clandestinas y la más nociva es el narcotráfico. Sin embargo, los adelantos legislativos e institucionales nos preparan para combatir con éxito a los que atentan contra la legalidad. Los costos de enfrentar los obstáculos al avance del Estado de Derecho son cada vez menores. Por ejemplo, los agentes económicos y ciudadanos dan apoyo decidido a la lucha contra la impunidad y la corrupción, como se ha visto en los últimos días de noviembre.

Aumenta la violencia social en su manifestación individual: la delincuencia. Surgen asociaciones integradas por aquellos castigados por la recesión: desempleados, deudores y los acostumbrados al Estado paternalista.

El mayor problema se sitúa en dos componentes subjetivos, pero con efectos inmediatos en la realidad: el desánimo y el recelo en nuestros dirigentes. La reacción social ante el ajuste y la reducción progresiva de las expectativas y de bienestar es el aumento de la crítica al gobierno. Para los mexicanos, la manifestación electoral es la vía de protesta válida. Lo menos tolerado es la corrupción, el fraude y la mentira. La ausencia de metas colectivas y de esperanzas de mejoría hace más difícil la conciliación entre deseos y realidades. El sacrificio se acepta mejor cuando se sabe que vale la pena y que tiene una duración definida. La desaprobación y el desaliento crecen cuando se pospone la recuperación.

Tenemos dificultad para aceptar el paso de un presidencialismo con pocos límites a uno acotado, sobre todo por vivir el contraste entre dos estilos tan dramáticamente encontrados. De allí las críticas al actuar del Ejecutivo. Con realismo, hay que reconocer el peso del pasado: vemos en él punto de referencia, guía, líder nacional. Se aprecia un esfuerzo de comunicación con grupos y comunidades representativos de distintos sectores. Se profundiza la explicación de los compromisos asumidos y sus consecuencias. Se pide independencia en el actuar.

A partir de enero de 1994 se acentúa el deterioro de la credibilidad en las instituciones y la presidencial no es ajena a este proceso. Por ejemplo, los niveles de aprobación a su desempeño caen del 60% al 40% en un año. La crisis que ahora vivimos es de confianza en organizaciones y en hombres que las dirigen. El restaurarla exige una evaluación serena del entorno y, sobre todo, un análisis de las potencialidades de individuos y empresas y de cómo materializarlas. Sí hay progresos, pero también rezagos que superar. El tiempo es recurso escaso que se aprovecha o desperdicia. Hay que acelerar el cambio político, que se puede traducir en mayor estabilidad o, dicho sin rodeo, en válvula de escape a la presión acumulada y a la que se añada mientras se equilibra la economía. Es tiempo de hacer uso pleno de nuestras capacidades y de reforzar el empeño para salir adelante.