El Banco de México efectúa regularmente sondeos de opinión y expectativas entre fabricantes de manufacturas. De acuerdo con los más recientes1, estima que el nivel de actividad en ese sector durante mayo y junio es 11.7% y 10.3% menor al registrado en los mismos meses de 1994, respectivamente. Comparando junio contra mayo de 1995, hay un aumento de 2.7%. Para el segundo semestre del año, un 43% de los consultados espera producir más que en el primero y un 24% menos. Lo anterior sugiere una expectativa de gradual recuperación. Ofrecemos nuestros comentarios al respecto.
El principal instrumento del programa de ajuste es la política monetaria. Tiene como objetivo inducir, a través de su impacto en variables como la liquidez monetaria, un cambio en la actividad económica. En condiciones normales es ésta la que determina aquélla. Una economía crece porque: (1) hay más negocios, (2) su volumen es mayor, o (3) una combinación de ambos. En cualquier caso, las transacciones requieren dinero, cuya demanda está determinada por el nivel de dicha actividad. La condición de equilibrio es que su oferta, controlada por el banco central, sea suficiente. No menos importante es que el ritmo de la producción de bienes y servicios sea compatible con la disponibilidad de recursos externos. Son éstos los que, en el caso de México, sufren una severa contracción a lo largo de 1994 y sobre todo a partir de diciembre.
Desde el comienzo de 1995 disminuye la cantidad de circulante. La causalidad descrita se invierte: menos dinero implica menos negocios. La economía se achica. Ello es necesario para eliminar el desequilibrio entre sector real y restricción externa. Como la segunda es mayor, el balance se encuentra en menor actividad. En la práctica, tres elementos complican este proceso.
Por todo ello, las autoridades mantienen una vigilancia estricta sobre variables como el nivel de precios, la tasa de interés y la actividad productiva. El comportamiento reciente de las dos primeras sugiere que el programa de ajuste ya influye sobre la tercera. Así, es importante analizar con más profundidad los resultados de las encuestas que sobre el tema elabora el Banco de México.
MARCO ANALITICO
El esquema 1 muestra los mecanismos de ajuste en el sector real ante un exceso de oferta. A diferencia de lo que describen los libros de texto, la identidad entre oferta y demanda de bienes raramente ocurre en la práctica. Como en el caso de la política monetaria, la diferencia se elimina vía precios o cantidades. Cuando la demanda disminuye y la producción no, hay un exceso de oferta. Si las expectativas de los empresarios no cambian, el ajuste por cantidades a través de una acumulación de inventarios es el más conveniente. Después de todo, los productores consideran el movimiento de la demanda como transitorio. De aceptar un menor precio, han de sacrificar su margen de ganancia3. Tampoco restringen producción, porque ello exige cambios más permanentes: menos personal, inversiones, inventarios de insumos y materias primas. Es mejor esperar a que se recupere la demanda para eliminar inventarios, sin afectar precios o capacidad productiva.
Tal proceder resulta poco efectivo si las alteraciones no son transitorias. La expectativa del empresario se modifica a medida que crecen las existencias de productos terminados. En tales circunstancias un sacrificio, por modesto que sea, es inevitable. Quizá la compañía remate inventarios (ajuste precio); gana menos pero prefiere un peso en efectivo que dos en mercancía. Durante una recesión, aún esto resulta insuficiente y la escala de operación debe reducirse. Precisa un recorte de cantidades más profundo, y es el que enfatiza el esquema. Así, la capacidad de producción se vuelve excesiva. En insumos, la reducción es similar: si ahora el negocio vende 100 televisores en lugar de 150, compra 100 y no 150 cinescopios. No es igual el caso de la maquinaria; aún operando muy por abajo de lo normal, sigue allí instalada. El factor más flexible, y por tanto el que se afecta en mayor medida, es la mano de obra. Menos empleo y compras a proveedores llevan a que se siga contrayendo la demanda interna. La economía entra en un círculo vicioso que, como lo muestra el ejemplo del esquema, sólo puede ser roto por un aumento de las exportaciones. En combinación con menos importaciones, ello provoca mejoría en las cuentas externas. El equilibrio real se restablece.
El proceso descrito cuesta sacrificios. También se corre el riesgo de que la recesión se transforme en depresión.
RESULTADOS DE LAS ENCUESTAS
La gráfica 25 muestra la proporción de encuestados a quienes afectan menos producción, ventas e inventarios excesivos. Permite estimar hasta que punto hay ajuste sin cambio de volumen. En todos los trimestres de 1994, el porcentaje de los que registran menos ventas es mayor al correspondiente a producción. Por lo tanto, los inventarios pueden crecer. Sin embargo, la cantidad de quienes los consideran excesivos no se modifica. El hecho de que más mercancías en bodega no sea visto como un problema habla de que los empresarios confían en poder venderlas: su expectativa sobre la demanda en 1994 es optimista.
Durante el primer trimestre de 1995, no hay una modificación sustancial en cuanto a ventas y producción. No obstante, aumenta la proporción de quienes consideran excesivos los inventarios. En abril sube este indicador, a pesar de que hay más opiniones desfavorables sobre ventas y producción. Este comportamiento indica que las expectativas empresariales se transforman radicalmente. Por ello los productores no buscan un ajuste por inventarios; optan casi de inmediato por cambios de nivel.
La gráfica 26 confirma lo anterior. Un número creciente de encuestados opina que es demasiada la cantidad de insumos y materias primas almacenados. Las variaciones son relativamente modestas porque el movimiento a la baja es más rápido. La eficiencia de los negocios en materia de costos depende en buena medida de que las existencias sean las menos posibles.
El caso del empleo es diferente. La información disponible de 1995 muestra una reducción notable. Compárese el comportamiento de producción y ventas, en la gráfica 25, con el de empleo en la gráfica 26, en los meses de abril y mayo. En el primer caso, a un aumento sigue un descenso que no ocurre en el segundo. Se explica porque la adaptación en personal toma más tiempo. No obstante, la velocidad de respuesta frente a cambios de nivel en el sector real es impresionante. No se acerca gradualmente al nuevo equilibrio que las autoridades provocan nominalmente, sino que da un "salto". Ello se debe al giro completo de las expectativas. Los productores no esperan a resentir la disminución de demanda. Más bien se anticipan, basados en lo que se espera en la macroeconomía desde principios del año.
La política monetaria del banco central tiene un efecto rápido y eficiente en términos de la mudanza requerida en el sector real. Paradójicamente, el riesgo para el segundo semestre es la efectividad de la etapa inicial del ajuste: las expectativas. Si no mejoran, aumenta el peligro de un declive prolongado de la actividad productiva. La recuperación tomaría más tiempo y esfuerzos.
Consideremos dos elementos:
El primero es el desempeño en el exterior. Nuevamente la referencia es el esquema 1. La demanda extranjera no es afectada por los mecanismos de ajuste descritos. De acuerdo con la encuesta del Banco de México, un 32% de las empresas no exportadoras espera que su situación durante el cuarto trimestre sea peor que la experimentada en el mismo período de 1994. Entre las que sí venden fuera, la proporción es 26%. Estas pueden liderear una reanimación. Dado que las exportaciones representan un poco más del 20% de la demanda final, ello solo es factible si crece su efecto multiplicador4. Un 82% de las compañías que tienen acceso al mercado foráneo importa materias primas. De ellas, 68% intenta sustituirlas por manufacturas nacionales. La reactivación depende en gran parte de que se consolide este proceso. El segundo es un aspecto que no se puede representar gráficamente. Se trata de lo que el economista inglés John Maynard Keynes califica de "espíritu animal": el ímpetu empresarial por generar riqueza. Este puede representar el factor decisivo en la modificación de las expectativas. De las grandes empresas encuestadas por el Banco de México, 67% espera que la recuperación se inicie en el cuarto trimestre del año. Para las medianas y pequeñas, las proporciones son 57% y 64% respectivamente. Todo indica que durante los meses por venir los ajustes a la política monetaria deben ser marginales y ya no de nivel, limitando al mínimo los costos del programa de estabilización.
(1) Banco de México, Resultados de encuestas de coyuntura y de expectativas para el segundo semestre de 1995 del sector manufacturero.
(2) Además, la recopilación de estadísticas relativas al sector real es laboriosa. Resultan menos oportunas que los datos financieros.
(3) Cuando el industrial llega al mercado a ofrecer su producto, ya debe haber pagado a proveedores y empleados; sus costos de producción no pueden cambiar.
(4) Esto es, si aumenta la participación de los proveedores nacionales en cada peso que los exportadores compran.