En 1994 se busca consolidar los avances de los últimos años. Después de alcanzar y mantener la inflación en un dígito, las circunstancias se juzgan propicias para impulsar mayor crecimiento sin perder estabilidad. La perspectiva se juzga alentadora. Sin embargo, es un año en el que ocurren importantes desequilibrios. Su etapa crítica se presenta en el último mes, con el rompimiento del pacto cambiario, la ampliación de la banda de fluctuación y, posteriormente, la adopción de una paridad flexible. Diversos eventos, internos y externos, agotan rápidamente la confianza de los inversionistas extranjeros, provocan salida de capitales y desequilibrios en los mercados financieros. Aunque el peso se subvalúa considerablemente, enfrentamos una severa falta de liquidez y se pone en riesgo la conservación de la planta productiva.
El crecimiento del PIB en 1994, además de evidenciar contrastes, supera al previsto. Se explica por exportaciones, creciente inversión pública y privada y expansión del crédito de la banca de desarrollo. Tal vez resulta demasiado a la luz de que dicha planta está en proceso de transformación por el cambio estructural, de la apertura comercial, de la deuda excesiva de algunas empresas e individuos, de la contracción internacional de liquidez y de las inestabilidades propias de un año de transición política, agravadas en este caso.
PROGRAMA DE ESTABILIZACION
El PIB cae y la inflación repunta, y eso que se escoge la alternativa menos costosa. La recesión, con una fase inflacionaria en el primer semestre, es inevitable. El nuevo plan oficial es realista, aunque puede haber desviaciones si se presentan factores imprevisibles (inversión extranjera directa, por ejemplo). Las tasas de interés han de ser elevadas, tanto en su componente nominal, por la inflación esperada, cuanto en el real, por la limitación del crédito. Los efectos pueden atenuarse si las UDI (unidades de inversión) estimulan el ahorro y la inversión. El déficit en la cuenta corriente se reduce significativamente. La amplia subvaluación y las medidas de política comercial (protección contra prácticas desleales en productos importados) buscan reanudar la entrada de divisas y fortalecer al peso. Esto, junto con gran austeridad fiscal y monetaria, debe permitir volver a la estabilidad, primero, y después al crecimiento, en un plazo relativamente breve.
Las reacciones siguientes al abandono de la banda de fluctuación, en diciembre pasado, llevan al tipo de cambio a un nivel fuera de proporción: la devaluación sufrida hasta marzo supera la inflación de los últimos cinco años. Esto invalida las previsiones hechas inicialmente sobre el derrotero de la economía en 1995. El agravamiento en las últimas semanas se debe a la salida neta de recursos, que se refleja en el valor de la paridad y en las tasas de interés. Por ello continúa acelerado el proceso dañino de amortización de pasivos financieros, en dólares y en pesos.
Si el tipo de cambio no se estabiliza o se aprecia, se acentuarían las expectativas de inflación y la caída del salario real, los recursos públicos serían insuficientes y la negociación salarial insostenible. Si las cosas no se dominan, el alza de precios se aceleraría y podríamos llegar a la hiperinflación, con grave riesgo de desarticulación productiva y descomposición social. Países que optaron por este camino no pudieron evitar una caída en salarios y bienestar. A la postre pusieron en marcha programas adecuados para recuperar credibilidad y equilibrio. Otra alternativa es el control de cambios (con o sin moratoria), pero implica cerrarse al mundo globalizado, alejarse de la orientación al mercado y del cambio estructural.
Nosotros preferimos intensificar las medidas anunciadas en enero, impedir el surgimiento de faltantes fiscales y prevenir indizaciones (precios que se mueven en función de los cambios en el índice general de los mismos). O sea, es mejor pagar los costos de una vez y crear las condiciones para que haya una recuperación lo más pronta posible.
Proceden cuatro comentarios sobre el nuevo plan.
1) La estrategia es integral. Considera todos los aspectos: estabilizar los mercados financieros; apoyar la situación de empresas y familias endeudadas y del sistema bancario; eliminar los menos puestos de trabajo; amparar, aunque de manera parcial, el poder adquisitivo de los estratos más bajos de ingreso, y extender la protección social.
2) Es ortodoxo. Pretende enfrentar la urgencia a corto plazo mediante una seria restricción de la demanda (fundamentalmente el consumo público y privado). El resultado será un superávit de la balanza comercial, por severo ajuste de importaciones y mayores ventas al exterior. El éxito del plan no depende de las entradas de capital.
3) Da prioridad a la estabilidad financiera. La del tipo de cambio es fundamental: se logra sin fijarlo, ni anunciando un nivel predeterminado, sino con el manejo prudente de la política monetaria, de igual manera como se realiza en un régimen de fijación. A diferencia de un tipo fijo o fluctuante dentro de una banda, la flexibilidad permite adquirir pleno dominio y control del crédito interno por el Banco de México. Este no tiene que destinar recursos, a través de su posición en divisas, para la compraventa de dólares y mantener una cotización. La única posibilidad de ampliar la liquidez en el mercado financiero, de no ocurrir aumentos de las reservas internacionales, es a través de dicho crédito, sobre el cual existe un tope de 10,000 millones de nuevos pesos. Así se garantiza la consecución de los objetivos. La liquidez sólo puede expandirse adicionalmente si se incrementan tales reservas.
Con la flexibilidad cambiaria el sistema ya no puede basarse, como antes, en la paridad. Ahora la guía vendrá de ampliar la información del banco central sobre los efectos de la política monetaria. El mercado ha de contar con señales adicionales: las provenientes de un mercado de futuros del peso y de las UDI (unidades de cuenta o de inversión indizadas a la inflación del consumidor). Todo ello contribuye a determinar con realismo la tasa real de interés y las expectativas de inflación.
4) Apoya a la planta productiva, las familias y el sistema bancario. Se asignan recursos (81 mil millones de nuevos pesos para reestructurar carteras con UDI y 4 mil millones de dólares para capitalizar el FOBAPROA(1)) para no poner en peligro a los agentes económicos. La introducción de las UDI evita el riesgo de las amortizaciones aceleradas que vienen con la inflación, y ayuda a garantizar la solvencia del aparato productivo. Con ello se sientan las condiciones para mantener sana la intermediación financiera.
COMERCIO E INVERSION EXTRANJERA
Aunque nuestro vecino del norte depende poco del comercio exterior, cuenta el que México sea su tercer socio en esta materia. Nuestra balanza mercantil con él cambia de signo radicalmente. Desde septiembre2 muestra superávit (recuérdese que el déficit mexicano se explica sobre todo por la relación con países europeos y asiáticos) y para este año puede ser de entre 4 y 5 mil millones de dólares. De Estados Unidos importaremos menos y le exportaremos más; ya en enero la relación es aún más superavitaria (ver artículo sobre la balanza comercial en el primer bimestre, en este mismo número). Las menores compras de México obviamente tienen un efecto en el empleo arriba de la frontera.
Para numerosas empresas en sectores productores de mercancías, con la devaluación, se abren posibilidades de exportar y así disminuir el efecto de la contracción del mercado interno. Posibilidad que, es importante enfatizar, no existe en el pasado. Lo mismo es válido para sustituir selectiva y eficientemente importaciones. Hay capacidad ociosa en varias ramas. Aparecen o mejoran oportunidades de vender en el exterior algunos bienes agropecuarios, mineros y manufactureros, destacando entre los últimos textiles y prendas de vestir, papel e impresos, productos de minerales no metálicos, productos metálicos, maquinaria y equipo, donde hay múltiples ejemplos de exportadores con éxito.
Se estima una baja de tres décimas de PIB de EUA por el descenso de la economía mexicana.
Sobre el incentivo a la inversión extranjera, cabe recordar que los esfuerzos de reforma estructural de los últimos años no son afectados por la crisis actual; la desregulación de mercados continúa, la orientación al exterior se mantiene y refuerza con nuestros acuerdos comerciales. En resumen, no hay cambios de dirección en la estrategia para promover la inversión extranjera. Si acaso, por el contrario, se intensifica. No puede ocurrir una reacción de la de portafolio mientras no se estabilicen los mercados mexicanos, cosa que debe suceder a corto plazo. Luego, en el mediano, vendrá una recuperación de la credibilidad. Esperamos que se mantenga la corriente de inversión foránea directa en maquinaria y equipo. Después de todo este tipo de inversión obedece a factores distintos que la de cartera, como son las oportunidades de negocio en el mediano y largo plazos y que no se cancelan por la situación actual, fundamentalmente para exportación.
PRIMEROS RESULTADOS
Las tasas de interés y el tipo de cambio aparentemente llegan a las marcas más altas. En el caso de las primeras, la curva de su estructura temporal (curva de rendimientos) se desplaza a raíz de la devaluación, lo cual indica: a) expectativas de mayor inflación, y b) respuesta del banco central para contrarrestarlas (ver artículo sobre política monetaria del primer trimestre en esta revista). Alcanzan máximos a mediados de marzo y se abaten a finales del mismo mes (gráfica 1). El tipo de cambio interbancario logra recuperarse, después de romper la barrera de los 7.5 nuevos pesos por dólar; el promedio del primer trimestre es de seis (gráfica 2).
En actividad productiva y empleo ya se notan otros efectos del programa. Cifras de enero muestran descenso de ventas de establecimientos comerciales en las tres principales ciudades del país, respecto al mismo mes de 1994 (gráfica 3). La industria de automóvies sufre cambios importantes en producción nacional, ventas internas y exportaciones (gráfica 4). En la industria manufacturera se interrumpe la tendencia de los últimos años hacia una baja cada vez menor del empleo(3); ahora vamos hacia mayor desempleo, no obstante el decremento de los salarios reales: el desempleo abierto urbano(4) de 4.5% en enero, similar a la cifra del inicio del programa de ajuste de 1987 (gráfica 5). El número de asegurados acumulado en el primer bimestre desciende casi en 200 mil (gráfica 6).
MARCO MACROECONOMICO 1995
Coincidimos en lo fundamental con las proyecciones oficiales para el presente año.
El programa está surtiendo efecto. Los mercados financieros tienden a estabilizarse, aunque sin estar definitivamente nivelados. Los primeros resultados son conforme a lo anticipado: recesión, inflación al alza y una política monetaria y fiscal muy restrictivas, que se reflejan en tasas de interés elevadas. A continuación esbozamos estimaciones sobre las principales variables, con la información hasta hoy disponible. Preocupa el agudo aumento del desempleo. Un signo que alienta son las ventas al exterior.
Es grande la contracción de demanda y oferta. El PIB ha de disminuir alrededor de 4% y más la inversión y el consumo. La primera se reduce a niveles semejantes a los de 1990 y el segundo retrocede a 1991. Las exportaciones son el único componente que crece y su participación en el PIB llega al máximo en la historia. Las importaciones, agudo descenso.
La inflación acumulada en el año se ubica en casi 47%, y el tipo de cambio promedio entre 6.2 y 6.5 nuevos pesos por dólar. La pérdida de poder adquisitivo se aproxima a 20% y aún así el desempleo abierto(5) nacional sube de 2.4% en 1994 a 4% (el urbano de 3.7% a 6%). Estimamos que desaparece medio millón de puestos remunerados y que se incorporan 1.2 millones de personas a la población económicamente activa; difícilmente encontrarán ocupación en el sector formal.
Las tasas de Cetes(6) a 28 días han de promediar en el año ligeramente arriba de 50%, con niveles en diciembre inferiores a 40%. Calculamos la tasa real en 10%(7), con réditos superiores a esta cifra cuando la inflación ceda, para compensar los negativos del primer trimestre. Las tasas son un elemento que coadyuva a la contracción de la demanda.
La combinación de un tipo de cambio ampliamente subvaluado y una aguda recesión provoca superávit comercial de 4.I miles de millones de dólares. Las exportaciones de mercancías crecen casi 20% respecto a 1994. Las importaciones caen 13.6%. La cuenta corriente registra déficit por 5.2 miles de millones de dólares, 2% del PIB.
El plan de urgencia trazado por el gobierno es viable y congruente. Sin embargo, deben implementarse mecanismos adicionales para apoyar a sectores productivos o grupos de población más afectados. Es el momento de aprovechar al máximo las ventajas comparativas del país, que están en exportación, sustitución de importaciones, materias primas, minerales, varios productos agropecuarios y manufacturas, turismo y maquila entre otras.
Si bien la estrategia está bien diseñada, es indispensable mantener una política de información amplia y sencilla , que ayude a recuperar la confianza.
(1) Fondo Bancario de Protección al Ahorro
(2) Según cifras del Departamento de Comercio de EUA
(3) El fenómeno es el mismo por horas-hombre trabajadas y por persona ocupada.
(4) En las ciudades, individuos que buscan activamente empleo y logran trabajar menos de una hora a la semana.
(5) Individuos que buscan activamente empleo y logran trabajar menos de una hora a la semana
(6) Certificados de la Tesorería de la Federación.
(7) El promedio de la tasa nominal es aritmético y el de la real es geométrico.