En este artículo se plantean algunos problemas confrontados por las nuevas organizaciones políticas de vocación popular en Venezuela, en su búsqueda por surgir y consolidarse como alternativas a los actores tradicionales. Siendo Venezuela un país que hasta los años ochenta mantuvo un sistema de partidos fuerte con alta legitimidad, el proceso de crisis y transición hacia el reacomodo o la transformación de la representación política, ha sido especialmente diverso, complejo y hasta ahora de resultado incierto. Un seguimiento de las vicisitudes que vienen confrontando los actores políticos que se esfuerzan por captar la representación popular puede contribuir, tanto a sopesar algunas de las tendencias que vienen insinuándose en el sistema político venezolano, como a iluminar algunos aspectos de la problemática que confrontan organizaciones políticas análogas en otros países del continente.
La problemática de la emergencia y consolidación de partidos populares ha sido ubicado aquí en dos contextos analíticamente distintos, pero inseparables en la realidad. Por una parte, se considera el proceso político "interno", de agotamiento y decadencia del viejo sistema político y sus actores, en el caso de Venezuela, un proceso que sigue su evolución lenta e inexorable.2 Por otra parte, la problemática se inserta en el contexto de los cambios de lo político y de la política, que como resultado de las determinaciones del contexto internacional sobre nuestras sociedades, padecen los sistemas políticos del continente y de otras latitudes (Manin, 1992; Lechner, 1994; García Canclini, 1995). Ambos contextos se superponen, acentuando tendencias de rechazo y/o apatía hacia los partidos, hacia la participación en lo público y hacia la valoración del liderazgo político.
Los actores en los cuales nos centramos han expresado explícitamente su vocación popular. Estas son La Causa R, hoy dividida en dos organizaciones políticas: La Causa R (LCR) y el Patria Para Todos (PPT); y el Movimiento Bolivariano-200 (MBR-200), hoy en día operando con dos estructuras: el MBR-200, considerado el movimiento civil-militar matriz, y el Movimiento V República, o MVR, considerado la estructura política destinada a entrar en la batalla electoral de 1998. Adicionalmente, se harán referencias a otras organizaciones emergentes que si bien se disputan un espacio en el sistema político en construcción, no buscan ser expresiones políticas de los sectores populares. Entre ellas se encuentran: IRENE, la organización de la alcaldesa de Chacao, Irene Sáez; Convergencia, el movimiento electoral que llevó a Rafael Caldera a la Presidencia de la República en 1993; Factor Democrático, una organización de políticos-académicos, que cuenta con alguna cobertura de prensa pero escasa audiencia nacional, y Proyecto Carabobo, convertido por la coyuntura electoral en Proyecto Venezuela, del ex gobernador Henrique Salas Römer, quien también trata de erigirse en una alternativa electoral en 1998.
La estrategia que se ha seguido ha sido la de plantear tres problemas, que como resultado de la génesis y el desenvolvimiento de estos actores, encuentro que influencian sus desempeños en el presente y continuarán desafiándolos en el futuro.3 Cada uno de estos problemas está relacionado con los contextos interno y externo que se señalaron arriba. El primer problema es el viejo, pero muy actual, de cómo construir una organización política perdurable sin perder la vitalidad y frescura de los movimientos sociales o electorales que los impulsaron inicialmente. El segundo problema es el de cómo relacionarse con las nuevas formas, actores y espacios de la política. La tercera se refiere a cómo vienen enfrentando las dificultades presentes para la construcción de identidades colectivas y discursos alternativos. Cerraremos con unas reflexiones breves, tendientes a dejar enunciados algunos otros puntos cruciales.
1. Movimiento versus partido
En Venezuela la desconfianza hacia el partido como estructura de representación política por excelencia ha existido en diferentes coyunturas de este siglo. En 1935, al morir el dictador Gómez, en un escenario sociopolítico caracterizado por la desaparición de los partidos decimonónicos, se abrió un debate sobre la conveniencia o no de fundar nuevamente partidos. Por aquella época las uniones, frentes o movimientos, con su capacidad para agregar el heterogéneo y amplio espectro social que la incipiente modernización venía desarrollando, fueron las organizaciones preferidas. El término "partido" era visto por muchos con grandes reservas, pues la memoria colectiva estaba marcada por imágenes de un siglo de guerras civiles en nombre del partido conservador y los partidos liberales. Sin embargo, poco después, estas agrupaciones dieron paso a los partidos políticos pluriclasistas, pues dirigentes como los que fundaron el Partido Democrático Nacional (PDN), el antecedente inmediato de Acción Democrática, se arriesgaron a reintroducir la estructura partidaria, convencidos de que sólo estas organizaciones podían responder eficazmente a la demanda democrática del pueblo.4
Un segundo momento de crítica, aunque esta vez a una determinada estructura partidista, se dio a fines de los años 60, en el contexto de la derrota de la lucha armada, cuando algunos cuadros medios y altos del Partido Comunista de Venezuela (PCV), cuestionaron la concepción y organización de ese partido. La concepción del PCV de estructura vertical y jerarquizada, de fin en sí mismo, en vez de instrumento de la revolución, sus características estalinistas y leninistas, estos fueron elementos cruciales en la derrota, según dos comandantes-intelectuales, que serán los fundadores de dos de los partidos de izquierda más importantes de Venezuela: Teodoro Petkoff fundador del Movimiento al Socialismo (MAS); y Alfredo Maneiro, fundador de La Causa R. Petkoff enfatizó en aquel debate, que el partido debía verse como un "ente histórico", cuyas estructuras, estrategias y tácticas deben ajustarse a las condiciones sociohistóricas y políticas de la sociedad en donde se desenvuelve (Petkoff, 1976: 30). El partido MAS buscó, por tanto, ser una vanguardia, pero no en la acepción de militantes "selectos" separados de las masas propuesto por Lenin para la Rusia zarista, sino como vanguardia "inmersa" en las masas, con una organización con democracia interna, que permitiese la circulación horizontal de las ideas, como correspondía a una sociedad con democracia política (Petkoff, 1976: 31). Petkoff y sus compañeros prefirieron llamar a esta organización política un "movimiento."
Maneiro, por su parte, sostuvo una preocupación casi obsesiva por encontrar una estructura política alternativa a la del PCV, que fuera capaz de darle eficiencia política a una "vanguardia revolucionaria" y preservara al mismo tiempo la calidad, frescura y sensibilidad suficientes para entusiasmar a los sectores populares (Maneiro y otros, 1971: 15-40). Maneiro concibió ese partido como el resultado de un movimiento revolucionario en un cierto grado de su desarrollo (Maneiro y otros, 1971: 39), e insistió que se le considerara en permanente construcción, con cuadros que fueran el producto del encuentro entre grupos que profesaban un marxismo crítico, y el liderazgo del movimiento espontáneo de masas (Maneiro 1986: 149-152). Así nació La Causa R, renuente a encasillamientos ideológicos y estructuras permanentes; a lo sumo conceptualizada como un "movimiento de movimientos" (Farruco 18-11-1993; Melo, 31-1-1996; Matheus, 6-11-1996; Istúriz, 25-3-1996).
Esta concepción de "movimiento de movimientos", en la que insisten todavía hoy, tanto los líderes de La Causa R como los del Patria Para Todos, sin duda, fue uno de los factores que les permitió ser percibidos por la población venezolana, en el período crítico de 1989-1993, como una alternativa al sistema político tradicional y sus actores hegemónicos (López Maya, 1995). La desconfianza y el rechazo hacia los partidos, un fenómeno que comienza a crecer de nuevo en Venezuela desde finales de la década del sesenta (Alvarez, 1996: 134), fue sorteado por esta organización gracias a su imagen de ser algo distinto al resto de los partidos, incluso puede decirse que se presentó como un anti-partido. Como resultado de ello, en las elecciones nacionales de 1993 se constituyeron en el tercer partido nacional. Igualmente, como organización local y regional, LCR ganó y ha gestionando desde entonces importantes alcaldías y gobernaciones: la alcaldía de Caracas entre 1993 y 1996; la del Caroní, asiento de las industrias básicas del hierro y aluminio, desde 1990 hasta hoy; y las gobernaciones de Bolívar (1990-1996) y Zulia (1996-).
El éxito de LCR y sus nuevas responsabilidades de gobierno, han planteado agudamente el problema de cómo conciliar las funciones de gobernar con las de agitar y movilizar. El fracaso en esta conciliación ha sido esgrimido como factor importante en la división ocurrida en febrero de 1997.
En efecto, entre las acusaciones que desde finales de 1995 se lanzan entre sí los cuadros históricos de la organización, se encuentra lo que consideran unos, el abandono por parte de los otros del carácter "movimiental." En este sentido, pocos días después de los reveses electorales sufridos por LCR en los comicios regionales y municipales de 1995, el ex gobernador y varias veces candidato presidencial, Andrés Velásquez, junto a Lucas Matheus, uno de los fundadores de la organización, acusaron a la dirigencia de Caracas, Pablo Medina, el secretario general, y Carlos Melo, el jefe de la fracción parlamentaria, de darle a la organización una imagen de partido tradicional, de "aparato", actuando como oposición destemplada en el Congreso y olvidándose de la calle, el sitio donde debe hacerse la política según una óptica genuina de LCR (El Nacional, 31-12-95: D-5 y 11-2-96: D-2; El Universal, 25-2-96: 1-12).5 Criticaron también la política de la "triple alianza" promovida después de los reveses electorales, por algunos dirigentes causaerristas en el Congreso. Tal política consistía en aliarse a las fracciones de Copei y el MAS, buscando cambiar a favor de estos tres partidos, la composición partidista de las autoridades del Congreso, hasta entonces favorable al partido AD, así como facilitar la aprobación de algunas reformas de leyes (sufragio, judicial, democratización sindical). Velásquez y sus seguidores argumentaron que se daba demasiada importancia al Congreso, cuando el trabajo de calle "fue postulado por Alfredo Maneiro como la esencia del movimiento" (El Nacional, 11-03-96: D-9).
Estas divergencias produjeron un impasse en abril de 1996 alrededor de la elección del nuevo secretario general en la asamblea nacional. De nuevo, el grupo de Velásquez y Matheus caracterizaron sus diferencias con Pablo Medina, Melo y otros dirigentes de Caracas, como una tendencia de éstos a la "cogollización" del partido, así como a establecer políticas y prioridades que no respondían a las aspiraciones del movimiento (El Globo, 2-4-96: 6). Con el término cogollización, aludían a que se estaba produciendo una situación similar a la de los partidos tradicionales, donde la verticalidad y super-concentración del poder ponía en manos de un número escaso de dirigentes las decisiones de la organización. El impasse fue superado temporalmente en una nueva asamblea de mayo, donde Lucas Matheus fue nombrado por consenso secretario general. En sus primeras declaraciones, Matheus habló de recuperar la coherencia, afirmando que su organización seguiría pareciéndose al proyecto concebido por Maneiro (El Nacional, 20-5-96: D-7).
Sin embargo, en febrero de 1997, una entrevista hecha a Andrés Velásquez en el diario El Universal, produjo la división definitiva de la organización. El contenido de la entrevista sorprendió, no sólo a la opinión pública, sino también a Pablo Medina, Carlos Melo, Alí Rodríguez y Alberto Müller Rojas, figuras centrales del partido, a quienes Velásquez instó a separarse de la organización, por ser sus concepciones "incompatibles" con el proyecto de LCR. Uno de los argumentos centrales que desarrollará Velásquez en esa entrevista es que hay que deshacerse de "esa camisa de fuerza que representan los partidos políticos para la sociedad civil. De un tiempo para acá, mientras hemos tratado de impedir que las decisiones se adopten a semejanza de los partidos, un grupo de compañeros se ha empeñado en imponer el sendero partidista." Según Velásquez, los partidos han pervertido todas las instancias de la vida ciudadana. Esgrimió la candidatura de Víctor Moreno a la gobernación de Bolívar en 1995, como demostración de cómo LCR venía funcionando como un aparato (El Universal, 23-2-1997: 1-12).6 Velásquez asociaba la forma en que se estaban tomando decisiones en la organización como propias de los partidos tradicionales.
Pablo Medina refutó estas acusaciones y Müller Rojas contraatacó acusando a Velásquez de "purgar" al mejor estilo estalinista a quienes no compartiesen sus ideas políticas (El Universal, 24-2-1997: 1-12 y 2-3-1997: 1-12). Añadiendo más leña al fuego, en el mes de abril, en una entrevista vía internet desde México, Ana Brunswick, viuda de Alfredo Maneiro, se coló en el debate, afirmando que lo importante no era el partido, sino el movimiento, y que en América Latina se estaba viviendo un sorprendente auge de movimientos sociales que irrumpían en el plano político, saliéndose del esquema clásico de los partidos. Dirá Brunswick, que la división es algo positivo, pues se dará una discusión con las bases y la recuperación del carácter movimiental de LCR (El Nacional, 20-4-1997: D-1). En junio, luego de disputas legales, el Consejo Supremo Electoral determinó que Lucas Matheus era el legítimo secretario general de LCR, con lo cual quedaron bajo su control los emblemas, símbolos y recursos otorgados oficialmente a la organización (El Universal, 26-6-1997: 1-12). Pablo Medina y todos aquellos líderes y activistas que en la disputa se pronunciaron contra la división y reconocieron a Medina como secretario general, decidieron en una asamblea con 500 delegados constituirse en una nueva fuerza política (El Universal, 29-7-1997: 1-14). Poco después comenzaron a actuar bajo el nombre de "Patria Para Todos" (PPT).
Las acusaciones y la división pusieron en evidencia el malestar que venía acumulándose entre la dirigencia por las dificultades que encontraban para ejercer cuotas de poder a distintos niveles y mantener al mismo tiempo la dinámica "de calle". También hicieron visibles que los miembros de la organización estaban insatisfechos con la forma como venía resolviéndose la relación entre cuadros y movimientos sociales, que de funcionar adecuadamente permitiría que la elaboración y administración de políticas en los diferentes niveles de la administración pública reflejase las aspiraciones populares. Al Velásquez y Matheus criticar la acción de los dirigentes en el Congreso, también se hizo aparente que habían tensiones en torno a cómo actuar en ese espacio institucional. Para Velásquez y sus seguidores, la dinámica de conciliación y pactos que es propia del Congreso, fue aproximando a la organización hacia un partido más del sistema. Es de destacar que en este período constitucional Velásquez no forma parte del Congreso.
En la óptica del ex alcalde Aristóbulo Istúriz, ahora perteneciente al PPT, hubo verdad en la crítica de Velásquez y Matheus a cómo venía desenvolviéndose la organización, pero considera que la responsabilidad era compartida también por estos dirigentes (Istúriz, 20-8-1997). Según este líder, uno de los factores centrales que fue distanciando a LCR de los sectores populares desde 1995, fue la tendencia de sus cuadros a conducirse según la tradicional cultura política del "militantismo" y del "caudillismo". Los cuadros, a diferencia de los militantes, son, según Istúriz, activistas sociales que buscan politizar a la población, son personas con más tiempo o interés en la política que los ciudadanos, pero no están separados de los movimientos o son distintos a la gente común y corriente. Por ello, el modelo organizativo del partido debe permanecer siempre abierto, pues los cuadros son una prolongación del movimiento, que entran y salen continuamente. Para Istúriz, muchos de los cuadros de LCR que accedieron al Congreso, a los cargos en alcaldías y asambleas legislativas, a juntas parroquiales o comités, y aún los cuadros sindicales que ahora se han alineado con el ex gobernador Velásquez, fueron dejándose conducir por la mentalidad del militante, es decir, como funcionarios partidistas separados y distintos de la gente común. Fueron convocando asambleas populares que terminaron siendo asambleas de militantes. Se fue cerrando la participación, se fue votando y asumiendo posiciones que en todo semejaban las actitudes de "aparato" propias de los partidos tradicionales. En sus palabras: "Cuando el nuevo sindicalismo tomó la posición de negarle apoyo a Clemente Scotto para gobernador del estado Bolívar, por considerar que ellos lo que apoyaban era el proyecto de Andrés Velásquez, actuó como un buró sindical ¿Cómo es eso de que el nuevo sindicalismo toma una posición respecto a los candidatos? Eso lo hace es el buró sindical de AD [no el movimiento del nuevo sindicalismo]." (Istúriz, 20-8-1997). Por otra parte, sostiene también Istúriz, se ha ido promoviendo un liderazgo personalista y de lealtades personales que guarda con el caudillismo importantes similitudes. Para Istúriz los rasgos caudillistas que hoy exhibe Andrés Velásquez, también es una responsabilidad compartida por los cuadros de la LCR. Paradójicamente, aquello que buscaron con esfuerzo superar, el personalismo y la política de "aparato", los atrapó. La ruptura viene ahora promoviendo una reflexión y discusión más abierta.
En contraste con la situación y el debate que sobre esta cuestión se ventila en estas dos organizaciones, el liderazgo del MBR-200 apenas tiene conciencia del problema. Esto se debe a su corta vida y las características de su nacimiento. El MBR-200 fue inicialmente una organización militar clandestina, conformada por oficiales de mediana y baja graduación, los cuales organizaron el fracasado golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, que llevó a Hugo Chávez Frías, el teniente coronel al mando de la acción, a la fama y la popularidad. En 1994, al ser liberado de la cárcel Chávez y los principales dirigentes del movimiento, y al pasar éstos a la vida civil, comenzó a construirse el MBR-200 como una organización política de carácter cívico-militar7. En 1995, Francisco Arias Cárdenas, el segundo oficial de importancia en el golpe del 4 de febrero de 1992, con el apoyo de LCR ganó la gobernación del estado Zulia, asiento principal de la industria petrolera. El MBR-200, su base política natural, no lo apoyó pues Chávez Frías se negó a concurrir al proceso electoral por considerarlo fraudulento. Chávez insistió en la alternativa de disolver el Congreso para llamar a Asamblea Constituyente, espacio desde donde tendría lugar una refundación de la república.
La actitud del MBR-200 con respecto a las elecciones cambió a mediados de 1997. En una asamblea extraordinaria de la organización, efectuada el 19 de abril, fecha conmemorativa del inicio del proceso de independencia de Venezuela, el MBR-200 depuso su posición abstencionista y los delegados resolvieron participar en el proceso electoral que se dará en diciembre de 1998 (MBR-200, 1997). En estos comicios serán reemplazados todos los cargos de elección en los tres niveles de la administración pública.8 Como consecuencia de esta nueva posición, poco después se constituyó una estructura político-electoral, que inició sus pasos hacia el reconocimiento del movimiento como partido nacional en el Consejo Supremo Electoral bajo el nombre de "Movimiento V República" (MVR) (El Universal, 30-7-1997: 1-16).
El liderazgo de esta organización ha planteado claramente la diferenciación del MBR-200 de la estructura organizativa por construir para competir en la arena electoral. Según uno de sus miembros, el MVR estará integrada en un 60% por miembros del MBR-200 y en un 40% por independientes (Nuñez Tenorio, 19-8-1997). Paralelo a los círculos bolivarianos, que constituyen la unidad organizativa de su movimiento, se constituyen ahora los círculos electorales, que se ocuparán de todo lo conducente a la campaña de Hugo Chávez Frías y sus seguidores. Donde ha habido tensión es en la discusión abstencionismo-participación electoral. Allí los argumentos tienen que ver con el dilema de no ahogar el movimiento por la rigidez del juego político-electoral, pues quienes han adversado la concurrencia a elecciones alegan que de ir, el MBR-200 declinará como en su momento le pasó al MAS y en el presente le está sucediendo a LCR (Nuñez Tenorio, 19-8-1997). También algunos han sostenido la necesidad de llegar al poder a través de la insurrección. Sin embargo, en el presente ha predominado la idea, avalada por el líder máximo Chávez Frías, de que no concurrir en un momento de coyuntura política, donde entran en juego todos los cargos políticos, sería apostar al congelamiento en el mito del movimiento (Nuñez Tenorio, 19-8-1997). La coyuntura se aprovechará, entre otras cosas, para enraizar el movimiento a todo lo largo del país mediante la constitución de los círculos.
Más allá de lo expresado por los documentos y declaraciones públicas, el MBR-200 dista mucho de ser algo más que un movimiento impulsado por una figura carismática, la de Hugo Chávez Frías, cuya actuación el 4 de febrero de 1992 al frente del golpe contra el presidente Carlos Andrés Pérez, le dio un respaldo popular inusitado.9 Si bien esa popularidad vino decayendo desde su libertad en 1994, en las últimas encuestas de opinión se ha venido fortaleciendo, posiblemente atribuible a que es percibido por algunos sectores populares como una figura adversa a la política tradicional e intocada por ella (El Universal, 2-7-1997: 1-12 y 7-7-1997: 1-12; López Maya, 1996: 50-51). En tal sentido, el movimiento se sostiene y hasta es posible que crezca bajo el calor de la campaña electoral de 1998.
Chávez representa para ciertos sectores del electorado venezolano, especialmente ubicados en los estratos de pobreza y exclusión, una imagen que combina la expectativa hacia una salida milagrosa, con los deseos de llevar una nueva generación al poder, y castigar a la dirigencia política tradicional. En este sentido, el caso de la alcaldesa de Chacao, Irene Sáez es análogo, aunque quienes la respaldan se ubican en todos los sectores sociales, tendiendo la ex Miss Universo a ser imagen más propia de sectores sociales medios y altos. Sáez añade además otro componente nuevo en la política venezolana, la imagen de una gerente que ha sido exitosa en su municipio. Este último rasgo lo comparte el ex gobernador Henrique Salas Römer, quien también viene construyendo sobre su personalidad y gestión regional, un movimiento que busca alcanzar el poder nacional. De ellos tres, Salas Römer es quien tiene más formación política, procediendo de las filas del partido socialcristiano Copei. Pero candidatos como Sáez y Salas se sostienen por movimientos electorales que obedecen a proyectos personales, lo cual hace irrelevante el dilema movimiento-partido, por cuanto el problema de la perdurabilidad de las fuerzas políticas nucleadas alrededor de ellos, no les es relevante. En cambio para el MBR-200, que busca enraizarse y consolidarse como organización política representativa de los sectores populares, atender esta tensión es crucial, toda vez que los desafíos se presentarán en el futuro, cuando obtenga cuotas de responsabilidad y se desempeñe en distintas instancias de poder. Mantener la vitalidad del movimiento en esas nuevas condiciones lo confrontará con nuevos problemas que parecen estar ausentes de sus reflexiones actuales.
2. Nuevos espacios, nuevos problemas
Como resultado de las transformaciones socioeconómicas y políticas derivadas de los procesos de globalización, se ha producido un desfase en las sociedades latinoamericanas entre la idea que tienen los ciudadanos de la política y lo político, y la realidad actual de estos asuntos (Lechner 1994: 34-35). Autores latinoamericanos, sobre todo de los países que vivieron fuertes dictaduras en los años sesentas y setentas, observan que como resultado del cambio de las estructuras productivas y de las referencias cognitivas, se están dando fenómenos como la ruptura de las solidaridades, el quiebre de las identidades colectivas, el desdibujamiento de lo nacional, el encogimiento de los espacios públicos. Todo ello incide en la dificultad de volver a articular acción colectiva de naturaleza política (Lechner, 1994: 36-37; García Delgado, 1994: 181-206; García Canclini, 1995). Se ha venido produciendo en muchos países un alejamiento del hombre común y corriente de la esfera pública y del interés en lo político. La confianza en el Estado se ha perdido tanto, fruto de los años de terrorismo y represión, como por la realidad objetiva de una aparato estatal que por lustros ya, no ha podido responder a las expectativas de sus ciudadanos.
Pero dentro de esta situación general debe evaluarse las especificidades de cada nación. En el caso de Venezuela, debe resaltarse, por una parte, que su sociedad no atravesó el trauma autoritario de las décadas pasadas. Por otra, su condición de país petrolero, le ha permitido posponer en el tiempo la aplicación del ajuste macroeconómico y la reestructuración de la economía (Karl, 1995), con el consiguiente retardo de sus consecuencias de empobrecimiento y exclusión social. Por otro lado la condición petrolera-rentista del Estado, hizo de la modernización substitutiva y la democracia política un proyecto exitoso para la mayoría de la población, tanto en la producción de bienes tangibles, servicios y derechos a los que tuvo acceso el venezolano común, como en la creación de una cultura compartida a lo largo de los clivajes sociales y a lo ancho del espacio geográfico (Rey, 1991; López Maya y Lander, 1996). El Estado venezolano, moldeó una sociedad con fuerte cultura centrista y estatista, cuyo deterioro sostenido desde los años ochenta, no alcanza aún a producir un viraje de la cultura popular de la magnitud observada en otros países. Con ello planteo como hipótesis, que en la sociedad venezolana no ha surgido nítidamente un nuevo sentido común en los sectores populares, que se construya a partir de principios liberales, como el individualismo o la preeminencia de la iniciativa privada sobre la del Estado.10
Pero pese a que la sociedad venezolana no se ha visto afectada por procesos de ruptura democrática y ha contado con recursos más holgados que otras sociedades en la transición, los cambios en los problemas y espacios de la política están presentes. Estos nacen en un primer momento alrededor de ciertos procesos de descentralización político-administrativa desencadenados por la reforma del Estado a fines de la década del ochenta. Lo local, urbano y regional, como lugares nuevos de la política, han cobrado interés e importancia preeminente en la sociedad venezolana. Por otra parte está el proceso creciente de pérdida, por parte del gobierno, de su capacidad para controlar el aparato del Estado (González Fabré, 1997: 128) y el deterioro de la acción estatal en servicios que antaño proporcionaba con alguna eficiencia: degradación ambiental, deterioro de los servicios de educación, salud, vivienda y violación de derechos humanos. En estos ámbitos aparecen nuevos actores que se comportan de manera diferente a los partidos, como las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, asociaciones vecinales y diversas organizaciones asociativas. El deterioro de los partidos también ha motivado que iniciativas políticas, antes responsabilidad exclusiva de éstos, ahora provengan de organizaciones asociativas distintas, como en el caso de la reforma del sufragio propulsado en la década pasada por las organizaciones del movimiento vecinal. Otro campo que viene emergiendo tiene que ver con el reconocimiento de ciertos problemas de dominación antes desapercibidos, como los de género y étnicos, que vienen tomando algún realce.
¿Los nuevos actores políticos como LCR, el PPT o el MBR-200, tienen alguna reflexión o posición frente a estos nuevos problemas, espacios y actores?
En los documentos y declaraciones del MBR-200, el espacio privilegiado de acción política es el espacio nacional. Los espacios locales y regionales, u otros ámbitos, son considerados en cuanto instancias de organización y en tanto ámbitos donde se desarrollan la estrategia y tácticas necesarias para alcanzar el poder nacional. Por ejemplo, lo local es el ámbito donde se constituyen los círculos bolivarianos del MBR-200, o los círculos electorales del MVR. De allí, y desde los "corredores", el segundo nivel de organización que también es local, suben las ideas y decisiones que han de alimentar el proyecto "Simón Bolívar" o la "Agenda Bolivariana" a las coordinaciones regionales y al Directorio Nacional.11 Pero estrategias para insertarse en la política local o regional hasta la fecha no han merecido atención. Más aun, no existe una posición oficial del MBR-200 en torno a los procesos de descentralización, pero algunos dirigentes los ven con reticencia, pues piensan que de llegar al poder en 1999, habrá de producirse una re-centralización para llevar adelante las transformaciones profundas que tienen planteado como proyecto (Nuñez Tenorio, 19-8-1997).
El liderazgo del MBR-200 sostiene la necesidad de obtener primero el poder nacional para desde allí desarrollar el proyecto político bolivariano. Los movimientos sociales y distintas formas de participación y organización popular, son considerados como fuerzas independientes y esenciales al proyecto político representado por el MBR-200, que convergen para articularse, junto al MBR-200, en un gran "Frente Bolivariano" (MBR-200, 1994). En contraste con los partidos, los movimientos son vistos de manera positiva, pues propician la participación popular y promueven relaciones horizontales (Barrera, 18-1-1996). En algunos documentos, el MBR-200 se percibe como la "vanguardia" conductora y orientadora de los movimientos sociales (MBR-200, 1993?). A partir de la decisión tomada de concurrir a las elecciones de 1998, la política de alianzas considera a los movimientos sociales como aliados principalísimos del MVR para alcanzar la victoria en los comicios nacionales (Nuñez Tenorio, 18-8-1997). No obstante, no se ha dado un debate sobre las formas de relación que deban propiciarse entre ambas, ni sobre el carácter de sus reivindicaciones, más allá de considerarlas como parte de la protesta popular que llevará a la transformación revolucionaria. Para algunos miembros de la organización, algunas organizaciones no gubernamentales son estructuras burocráticas, que no interesan al MBR-200, pues éste busca relacionarse con organizaciones de masas (Nuñez Tenorio, 18-8-1997).
El liderazgo de LCR y el PPT tienen una visión más compleja de esta problemática, fruto de un largo debate en el seno de la organización, así como de la experiencia en la agitación social, en el desarrollo del movimiento popular y en la gestión local y regional. Por la característica de cuadros abiertos de la organización, no hay una visión uniforme, ni igual apreciación de los nuevos espacios, problemas y actores, dependiendo las ópticas de la formación política previa, así como del activismo social y político que se ha desarrollado.
Un caso en cuestión es el de los nuevos espacios promovidos por el proceso de descentralización. Como se ha señalado en trabajos anteriores, la descentralización le permitió a LCR, no sólo constituirse en gobierno local y regional, sino saltar desde esos espacios a la política nacional. La crisis política vivida en Venezuela en el período de 1989 a 1993, favoreció a LCR en relación al resto de las organizaciones políticas, porque su estilo de hacer política correspondía con el contexto que se creaba. A diferencia de los partidos tradicionales, LCR era una organización que se caracterizaba por focalizarse en ámbitos específicos; se había concentrado por cerca de dos lustros en el trabajo sindical localizado en el estado Bolívar, zona donde se encuentran las industrias básicas no petroleras del Estado venezolano. Por extensión, se había venido vinculando a la problemática de vida de los trabajadores, desarrollando trabajo político en los barrios donde éstos vivían en la misma zona. Antes de esto, en sus años iniciales, LCR había escogido tres áreas donde desarrollar trabajo político: el sindical de la zona del estado Bolívar ya mencionado, el estudiantil de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad de los Andes en Mérida y en barrios de Catia al oeste de Caracas. Esta orientación del liderazgo de LCR de insertarse en espacios de la sociedad con potencial político, relacionarse allí con los activistas y movimientos, propiciando la politización de la gente común y corriente, probó ser adecuado a los nuevos tiempos.
Sin embargo, la división se produce, en cierta forma por el éxito mismo de la estrategia local y regional de la organización, pues quien la promueve y ejecuta es justamente el ex gobernador del estado Bolívar, Andrés Velásquez, y muchos de los dirigentes residenciados en la zona de Guayana, que consideran que desde Caracas y en el espacio nacional, se trazan estrategias que perjudican a la organización y la vuelven una más del espectro político tradicional. Sin duda, también, la diversificación de la política, más allá de Guayana contribuyó a la división, toda vez que viene impulsando la emergencia de nuevos espacios y líderes que compiten con el exclusivo del estado Bolívar y Andrés Velásquez.
Esta tensión entre lo nacional y los espacios de la descentralización, aunque ha sido resuelta provisionalmente por la separación definitiva del grupo liderado por Velásquez del resto, se mantiene intacta en su contenido. Una de las quejas más sostenidas de los alcaldes que ha tenido LCR, que ahora forman parte del PPT, es justamente la poca importancia que los dirigentes nacionales, y en general los cuadros, le dan a los nuevos espacios de la política:
Uno de los problemas de LCR es que sólo hacía o sólo le interesaba la política nacional, costaba muchísimo que entendieran a la ciudad como un espacio político importante. Clemente [Scotto] y yo dábamos esa batalla. No es lo mismo el espacio de la ciudad que el espacio nacional. Las políticas urbanas es muy difícil que los partidos las entiendan, no les parece que eso es un problema político, les parece académico, de arquitectura, de urbanismo. La urbanización como una realidad, a LCR le costaba mucho ver eso, no lo admitía, le parecía reaccionario. Por ejemplo, las acciones políticas locales que hay que desarrollar versus los grandes problemas nacionales. Cuando los cuadros debatían y se decidía qué vamos a hacer, cuando pedíamos una acción local, los compañeros decían...están parroquializando la política, porque los grandes problemas, el desempleo, la Agenda Venezuela, la política económica eso es lo que importa, el agua eso es parroquializar. Venía el gran choque... Los nuevos problemas han desatado confrontaciones terribles... (Istúriz, 20-8-1997).
Esta problemática que actualmente se debate en el PPT, por ahora no parece afectar a LCR, toda vez que al quedarse centrada en la dirigencia de Guayana y más específicamente en el liderazgo de Velásquez, obtiene una coherencia interna sin tensiones (Benítez, 25-8-1997). Donde pueden comenzar a desarrollarse dificultades para LCR es en la construcción de la plataforma política electoral para los comicios de 1998, pues tiene planteado unirse con otros liderazgos regionales no provenientes de la vieja Causa R, para promover una alianza entre fuerzas regionales (El Universal, 21-8-1997: 1-16). Aunque las conversaciones y la discusión de cómo se articulan estas fuerzas en un proyecto nacional se encuentran en pleno desarrollo, algunos dirigentes de LCR reconocen las dificultades por la falta de visión de largo plazo y "pensamiento de Estado" de ex gobernadores (Benítez, 15-8-1997), acostumbrados a gestionar lo cotidiano de las entidades federales con visiones de corto plazo, orientados por proyectos que han sido básicamente de carácter personal. Es el caso del ex gobernador Salas Römer y su Proyecto Venezuela. El cómo construir proyectos políticos nacionales a partir de la alianza de liderazgos y fuerzas regionales es una problemática que apenas comienza y puede contribuir a desdibujar la vocación popular de LCR, toda vez que los otros liderazgos regionales casi nunca construyen su discurso alrededor de sectores pobres y/o excluidos, ni siquiera de los trabajadores.
Volviendo al PPT, que se ha quedado con la mayoría de los cuadros de LCR (El Universal, 22-8-1997: 1-16), en el seno de esta naciente organización, la división tuvo como efecto revivir debates que estuvieron pospuestos en los años anteriores, por la atención que se puso en las distintas gestiones de gobierno, en detrimento de la reorganización interna del partido. Ahora, para el ex alcalde de Caracas, Aristóbulo Istúriz, una de las tareas ineludibles será renovar el modelo de organización del PPT de manera que se adapte mejor a los nuevos tiempos, de grandes y rápidas transformaciones de la sociedad. Se debe buscar un máximo de flexibilidad organizativa que le permita al PPT abrir los espacios políticos necesarios para propiciar la politización de los nuevos problemas y actores sociales. Istúriz ve la necesidad de propiciar para esos nuevos actores un espacio de discusión en el PPT, que no les signifique una vinculación o adhesión al partido que ellos no desean; espacios donde grupos ecológicos, sindicales, urbanos, vecinales, de género, étnicos, puedan entrar y salir de la organización. En esos espacios se iría en conjunto elaborando, siguiendo y evaluando las políticas sectoriales o específicas. Le correspondería al PPT asumirlas como actor político con acceso a los ámbitos de las tomas de decisiones. En ese proceso se iría moldeando el proyecto alternativo de la sociedad, el cual sería resultado del trabajo con grupos y activistas de derechos humanos, con ambientalistas, con movimientos de mujeres, con trabajadores formales o informales, etc. Para Istúriz lo que se plantea es la apertura de espacios y no la construcción de estructuras (Istúriz, 20-8-1997).
La compatibilización y coordinación de la política local y regional con la nacional plantea uno de los retos más difíciles para el PPT, consciente algunos de sus líderes del descuido y fracaso que en este terreno han tenido desde cuando formaban parte de LCR (Melo, 31-1-1996; Rodríguez, 18-3-1996). ¿Cómo conciliar la autonomía que necesitan estos niveles con la necesidad de cohesión interna que necesita la organización a nivel nacional? En Venezuela, la experiencia del partido MAS es un espejo donde otras organizaciones pueden ver el debilitamiento que aguarda en el futuro, de no conseguirse un equilibrio satisfactorio. Los liderazgos regionales del MAS, que tuvieron total independencia dentro de la concepción abierta y tolerante del partido, hoy en día se enfrentan a los líderes históricos de vocación nacional, con limitadas posibilidades de una recomposición de la organización, que preserve un planteamiento de vocación popular.12 Hasta la fecha, la discusión en el PPT apenas comienza, planteando líderes con experiencia de gestión local, como Clemente Scotto e Istúriz, la necesidad de un acuerdo suficiente en el nivel nacional, pero salvaguardando la independencia de los proyectos regionales o municipales. Al decir de Istúriz, el PPT de cada entidad regional o municipal debe sentirse comprometido políticamente en un proyecto nacional de referencia frente al neoliberalismo; pero el partido ha de garantizarles a los gobernadores o alcaldes libertad dentro de sus proyectos regionales. Ello quiere significar entre otras cosas, la posibilidad de construir en el espacio regional alianzas que convengan a sus proyectos. Esos proyectos regionales son fundamentales para lograr el país deseable (Istúriz, 20-8-1997).
Otros espacios de la política donde las organizaciones populares emergentes se pueden jugar su sobrevivencia como tales, son el laboral y sindical, sacudidos por los procesos de desempleo, flexibilidad laboral, retracción del Estado de sus compromisos de seguridad social y privatización. Para LCR y el PPT, que han tenido como apoyo central el movimiento del nuevo sindicalismo, esto es un reto especialmente difícil. Por la información hasta ahora recabada, no existe una diferencia muy pronunciada ante estos nuevos problemas por parte de la dirigencia de las dos organizaciones. Sin embargo, sí parece estar dándose un cierto tono del discurso, y algunos énfasis, que pudieran apuntar hacia una profundización de las diferencias entre ambas organizaciones, en la medida en que avance el proceso de reestructuración económica.
Antes de producirse la división, los dirigentes de LCR y el PPT rechazaban las medidas económicas, la forma en que se estaba llevando a cabo la privatización de industrias básicas en Guayana y las opciones que manejaba el gobierno para reformar lo concerniente a las prestaciones sociales de los trabajadores (El Nacional, 18-4-1996: D-2; 4-6-1996: D-4 y 7-7-1996: D-5). Sin embargo, para febrero de este año, en pleno debate sobre la modificación de la Ley Orgánica del Trabajo con el fin de modificar los contenidos relativos a las prestaciones sociales, Andrés Velásquez introdujo énfasis nuevos:
...lo importante es la construcción de un nuevo régimen de seguridad social. Que la discusión se ha ceñido a montos y fórmulas pero no ve por ningún lado la discusión sobre seguridad social. A la pregunta de si es inviable la propuesta de la CTV, como lo afirman los empresarios, dice que cree que fue hecha como estrategia para discutir lo relativo a la seguridad social, y si es así, está de acuerdo. Los montos reconoce que son excesivos. Giusti [el periodista] le dice que es extraño oirlo decir eso, a lo que responde: 'En este caso debemos buscar un punto de equilibrio porque la crisis no ha afectado a los trabajadores, a los pobres, quienes siempre han pelado. Esta crisis convirtió a los profesionales en trabajadores, proletarizó a la clase media y los empresarios han sido víctimas de todo esto. Me refiero al pequeño y mediano empresario, en cuyos zapatos me coloco cuando hablamos de las propuestas de la CTV" (El Universal, 23-2-1997: 1-12)13
La atención a los pequeños y medianos empresarios, tanto en el tema de la seguridad social y las prestaciones sociales, como en otros tópicos por parte de LCR, es un sesgo nuevo. Ha sido enfatizado especialmente por Jorge Roig, un empresario de Guayana y diputado de LCR, quien ha adquirido mayor protagonismo a partir de la división. Para Roig, la columna vertebral de la nueva Causa R son sus trabajadores, pero es necesario integrar otros sectores. Su papel en el partido es el de contribuir a acercar la clase media y los empresarios (El Universal, 22-5-97; 1-12). El realce a estos sectores sociales ha estado ausente en el discurso del PPT, pese a que pudiera no ser diferente a la óptica que tienen sobre sus responsabilidades en la representación popular en estos nuevos tiempos. Sin embargo, en lo substantivo del problema laboral, LCR y el PPT parecen compartir una posición crítica ante lo que fue la reforma a la ley del trabajo que se aprobó en el Congreso en mayo de este año. Ambas organizaciones se negaron a aprobar dicha ley (El Nacional, 27-5-1997: D-2).
En el caso de la política de privatización el problema va más allá del énfasis distinto. Desde antes de la división, Andrés Velásquez declaró su oposición a la posición oficial de LCR en el Congreso relativa a negarle apoyo a la política de "apertura petrolera", propiciada por el gobierno. Esta política estaba destinada a crear las condiciones jurídicas necesarias para promover inversión privada en algunas áreas de la industria (Lander, 1997). Velásquez y Roig incluso criticaron abiertamente a los dirigentes de la organización que participaron en la demanda de nulidad intentada por ante la Corte Suprema de Justicia, por un grupo de ciudadanos, una vez que la ley fue aprobada.14 El PPT continúa sosteniendo esta posición adversa a la política de apertura petrolera. En relación a la privatización de las industrias de Guayana también el desencuentro es importante. En oposición a unas declaraciones de Pablo Medina, donde éste solicitaba diferir la privatización de las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), mientras el Congreso investigaba la conveniencia o no de la licitación del sector aluminio, Velásquez se pronunció por una aceleración del proceso de privatización, alegando que su posición contaba con el respaldo de los trabajadores (El Universal, 2-4-1997: 1-17).15 Sin embargo, preguntados con más cuidado y detalle, dirigentes de ambas organizaciones dicen no estar cerrados al proceso de privatización en sí, sino a la manera en que el gobierno lo ha venido manejando (Istúriz 20-8-1997; Alvarez, 19-8-1997; Benítez, 25-8-1997).
En la medida en que estos nuevos espacios, problemas y actores vayan ampliándose y multiplicándose, seguirán ampliándose las diferencias de diagnóstico, óptica y posiciones por parte de ambas organizaciones. El mayor de los retos será sin duda, lograr mantener algún grado satisfactorio de solidaridad en el seno de cada una, sin que se produzca una fragmentación de tal naturaleza que la sobrevivencia se vuelva imposible. La división de febrero de 1997 puede ser el inicio de un debilitamiento irreversible. Pero también pudiera conducir a la construcción de organizaciones más flexibles y tolerantes, que, sin perder coherencia, se presenten ante el electorado como opciones populares válidas y alternativas a las organizaciones tradicionales y a las de nuevo cuño que no tienen vocación de representar los intereses de los sectores más vulnerables de la sociedad.
3. Identidad popular y democracia
Uno de los problemas centrales de las nuevas organizaciones político-populares, a raíz de los cambios profundos que vienen transformando el ámbito societal, es el de cómo construir nuevas identidades colectivas, que permitan reunir la cohesión y fuerza necesaria para interpelar al poder. Los procesos de globalización conspiran contra la posibilidad de unidad y reconstrucción de un sujeto popular (García Canclini, 1995: 107-116). La reestructuración económica produce desindustrialización, desempleo y un crecimiento de la informalidad, fenómenos todos estos que propician la fragmentación social y debilitan la posibilidad de formación de referentes normativos y simbólicos estables (García Delgado, 1994: 188-189). Como efecto de la invasión de la racionalidad económica en la política, ésta se mercantiliza, se desdibuja lo público y lo privado, se encoge el Estado y con él los espacios colectivos que se comparten (Lechner, 1994: 37-39). En el plano de la cultura, el hombre común se siente en un medio hostil, con la impresión de que la política no puede controlar más los procesos sociales, ni puede resolver los problemas que lo acosan. El futuro y la idea de construirlo colectivamente se desvanecen. Las soluciones individuales prevalecen, reforzadas por una globalización comunicacional, que sustituye al Estado, los partidos y los sindicatos en la socialización de las masas, obstruyendo la posibilidad de construir identidades colectivas diferenciadas que resguarden los intereses de las grandes mayorías en pobreza (Lechner, 1994: 38-39; Novaro, 1996: 124-126; García Canclini, 1995).
En países donde estos procesos han sido más profundos y prolongados, se ha producido, según algunos autores, un cambio radical de la cultura popular. En el caso de Argentina, por ejemplo, se habla de un "consenso difuso" en la cultura popular que incluye la internalización de los principios liberales de la política y la despolitización de los ciudadanos. La política adquiere característica de "ajenidad" para los sectores populares, se la considera incomprensible, esencialmente corrupta e inservible y, sobre todo, completamente ajena a los problemas cotidianos. Los sectores populares se constituyen como "pobres", difícilmente subsumibles en categorías más precisas; ya no demandan poder y participación, sólo protección de sus derechos elementales y seguridad mínima (Novaro, 1996: 126-127).
En Venezuela, como hemos señalado arriba, este proceso ha sido más lento, reciente y con algunas especificidades. Al no haberse dado interrupción del orden democrático, ni haberse experimentado recientemente experiencias de dictadura y/o terrorismo de Estado, y al existir una cierta holgura relativa del fisco nacional, la desconfianza hacia el Estado y lo público si bien aumenta, se produce sin las posturas antiestatistas extremas que caracterizan las transformación de la cultura popular de otros países. En Venezuela se critica implacablemente al Estado, pero se le sigue exigiendo que responda a las obligaciones que había contraído en la fundación de la democracia (López Maya, en prensa). Igualmente, la defensa del liberalismo político, de la legalidad y los derechos humanos, en Venezuela no llegan a desplazar las nociones de igualdad y derechos sociales, permaneciendo una idea de democracia que se vincula estrechamente con la igualdad social y que tiende a valorar poco el principio democrático si éste no la contempla. En las encuestas recientes, una mayoría reconoce que la democracia es el mejor de los sistemas de gobierno, pero también un número significativo de venezolanos rechaza a los partidos o al sistema político y se inclina por un gobierno "de mano dura" o por "un militar" (Alvarez, 1996: 135-136; Welsh, 1996: 6). Es sobre estos referentes que los nuevos partidos populares construyen sus planteamientos.
En el caso del MBR-200, el discurso y los símbolos constituyen ingredientes fundamentales de su acción política, estando imbuidos de un acentuado nacionalismo y bolivarianismo. Los orígenes de su pensamiento político, según reiterados documentos y declaraciones, se comprende mediante el símbolo del "árbol de las tres raíces": por una parte, el pensamiento de Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, quien buscó la originalidad en las formas de organización social y política de la sociedad; el pensamiento mismo de Bolívar, que según ellos, aporta un carácter alejado de extremos ideológicos y proclive al equilibrio; y las ideas de Ezequiel Zamora, caudillo de la Guerra Federal, que, según dicen, determinan los ingredientes reivindicativos y democráticos de su ideología ("Tierras y hombres libres, elección popular y horror a la oligarquía").
El "pueblo", expresó Chávez Frías en 1993, es el protagonista de las grandes transformaciones de la historia (MBR-200, abril 1993). Emerge como sujeto al compartirse las costumbres y al propiciarse una comunicación intensa entre sus miembros. Ese pueblo se asocia de diversas maneras, dando lugar a una solidaridad metafísica. El MBR-200 rechaza la concepción elitista de la historia, diagnosticando ser esa la situación actual de la historia oficial; es por ello que crítica profundamente al sistema político representativo, a los partidos tradicionales y al mecanismo principal de legitimación de éstos que es el sufragio. De allí deriva su posición abstencionista hasta 1997. Por otra parte, los bolivarianos justificaron el golpe de Estado de 1992 contra el presidente Pérez argumentando que era un gobierno anti-constitucional, por tener un carácter oligárquico y corrupto. Siguiendo a Rousseau, los documentos del MBR-200 afirman que la democracia es fundamentalmente el gobierno del pueblo y la soberanía de éste no puede ser delegada. Proponen por tanto, propender a una democracia directa mediante la ampliación de los espacios de la participación popular.
Forma parte del estilo del MBR-200 la utilización permanente de símbolos que apelan a la historia patria y a los próceres que son considerados por ellos como "populares". Recuerdan constantemente las luchas y movilizaciones sociales libradas desde el inicio de la era republicana y el líder máximo, Chávez Frías, evoca la tradición: "¡El cielo sigue encapotado!" declara al salir de la cárcel en 1994, utilizando un famoso verso de una canción popular de los liberales en la Guerra Federal del siglo XIX (MBR-200, 1994). "Solo el pueblo salva al pueblo, y yo seré instrumento de ustedes ... pero si hay que derramar sangre, Cristo dio el ejemplo", pronuncia al concurrir en julio de este año al Consejo Supremo Electoral para iniciar la legalización del MVR (El Universal, 30-7-1997: 1-16). Sus mensajes son llamados bolivarianos, su programa la Agenda Bolivariana, su proyecto nacional se llama Simón Bolívar. La unidad básica de la organización es el círculo bolivariano. Pueden pertenecer al movimiento todos aquellos patriotas que se oponen a los vendepatria, es decir a los neoliberales (Nuñez Tenorio, 19-8-1997). Se llaman entre sí compatriotas. El nombre V República con el cual Chávez y sus seguidores inscribieron el movimiento en el CSE alude a una república que se fundará en el año 2001. Las anteriores son las dos fundadas y destruidas durante las luchas independentistas, la tercera fue la fundación de la Gran Colombia de 1824, la IV, la fundada por Páez y sus seguidores, "sobre los huesos de Bolívar y Sucre, por una clase de oligarcas y banqueros", que es la que perdura hasta hoy (El Universal, 30-7-1997: 1-16). La V República se proyecta hacia el próximo milenio, oponiéndose al proyecto neoliberal que liderizan las "oligarquías en el poder."
Estas imágenes bastan para ilustrar un discurso que busca reafirmar en los sectores populares un sentimiento de dignidad y heroicidad acudiendo a los antepasados. Subyace en ellas una percepción de extrañamiento o ruptura entre Estado y pueblo, una ruptura que comienza con la IV república de Páez y que se ha agudizado desde 1989, cuando el gobierno comenzó a implementar formalmente políticas de ajuste y reestructuración económica.16 El MBR-200 responde a la situación de malestar reinante desde una "Venezuela profunda".17 En términos más concretos, en los documentos más recientes, la organización ha asentando de manera inequívoca su carácter anti-neoliberal. La "Agenda Alternativa Bolivariana" presentada a la opinión pública en 1996, propone recolocar al "ser humano en el centro del quehacer económico, social, cultural y político". Entre sus ocho lineamientos estratégicos se destacan la definición del Estado como propietario promotor y regulador; la "internalización" (en oposición a la "apertura") de la actividad petrolera; la democracia económica como modelo de propiedad y gestión del aparato productivo y la renegociación de la deuda externa. La agenda habla de un conjunto de políticas económicas mixtas, expansivas y selectivas para restituir y conservar los equilibrios macroeconómicos, haciendo énfasis en los equilibrios macrosociales para satisfacer las necesidades básicas de la población. Esta agenda constituye el primer eslabón para la elaboración del proyecto nacional de largo plazo (MBR-200, 1996; El Nacional, 23-7-1996).
El PPT por su parte, ha comenzado a construir un discurso que tiene como nociones claves los de "patria", "democracia" y "justicia social" (Istúriz, 20-8-1997). Aunque los contenidos y la jerarquización de estos tres conceptos sigue siendo un asunto abierto al debate, la escogencia del nombre "Patria Para Todos", parece poner a la patria en el centro de la construcción discursiva y de identidad. En este sentido guarda afinidad ideológica con el MBR-200.
El PPT parte de un diagnóstico, según el cual, la realidad nacional y mundial tiende hacia una polarización cada vez mayor entre quienes apoyan la globalización, con su desdibujamiento de lo nacional, y los que se inclinan por la permanencia de lo nacional (Müller Rojas, 1-8-1997). El PPT no rechaza la modernización que se está desarrollando, pues piensa que es inevitable para todas las sociedades del planeta, pero sí considera que los países débiles como Venezuela, deben salvaguardar su viabilidad en estos procesos a través de la preservación de ciertos recursos estratégicos que constituyen su "patrimonio". Los procesos de globalización conllevan actualmente a la exclusión y marginalización de muchas sociedades del tercer mundo. Para enfrentarse a esto es necesario mantener y desarrollar una capacidad de negociación en el ámbito internacional. La industria petrolera, la del acero, aluminio, las represas hidroeléctricas como el Guri, constituyen el patrimonio nacional con que cuenta Venezuela para su sobrevivencia.18 Para algunos altos dirigentes de la organización, como Pablo Medina y Alberto Müller Rojas, el problema de la patria en su acepción de patrimonio es prioritario para los venezolanos, anteponiéndose incluso a la democracia, toda vez que sin ella no puede existir ésta. Las privatizaciones, la deuda externa, los problemas fronterizos, todos contribuyen a poner en peligro la viabilidad de Venezuela como nación. El PPT busca ser la expresión política de todos aquellos que comparten esta preocupación (Müller Rojas, 1-8-1997).
Este discurso deja ver una desvalorización de la democracia política por parte de algunos de los dirigentes del PPT. De hecho, Pablo Medina en unas declaraciones que dio con posterioridad a la división, alabó a quien fuera el último dictador que tuvo Venezuela, Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), afirmando que fue el único en los últimos cincuenta años en tener un plan económico para el país (El Universal, 2-3-1997: 1-12). Poco después Medina invitaba al ex dictador a participar en un evento latinoamericano sobre la deuda externa que él coordinaba.19 Esta postura de poco aprecio por la democracia política, también está presente en el MBR-200, que sostuvo en 1993 y 1995 el abstencionismo ante los procesos electorales, considerando que los procesos eran fraudulentos, y el sistema anti-popular.
En contraste, la democracia es para otros dirigentes del PPT el problema prioritario y debe equipararse en rango al problema del patrimonio. Es el caso de Aristóbulo Istúriz, quien entiende la democracia no sólo en su acepción de disfrute de las libertades públicas, sino de manera primordial, como acceso de la gente a la información y disfrute de la riqueza.20 Istúriz coincide con Medina y Müller Rojas en decir que en la situación actual, a los sectores populares venezolanos les importa poco el problema de la democracia; el deterioro de sus condiciones de vida y los escándalos de la corrupción los ha desilusionado con respecto a ella, pero insiste en que por ese mismo motivo debe hacerse énfasis en este principio. Argumenta que se pueden tener todos los recursos del mundo, pero sin democracia no hay posibilidad de disfrute para todos de esas riquezas; igualmente considera que el acceso a la educación, la salud y otros servicios que prestó el Estado rentista en el pasado, contribuyeron a la estabilidad institucional del país y debe hacerse énfasis en su recuperación. Va más lejos y afirma que los problemas de la democracia sólo se solucionan con más democracia (Istúriz, 20-8-1997). La diferencia entre ambos discursos constituye un punto urgido de aclaración, y es un foco de tensiones que puede generar conflictos en el futuro inmediato.
Entre otros elementos que tienen relevancia en la construcción del discurso del PPT están las vinculaciones que establecen entre la descentralización y la democracia. La descentralización y los gobiernos locales y regionales como pilares de una democracia más genuina fueron elementos del discurso de LCR atractivos en el pasado, y siguen siendo centrales para dirigentes del PPT como Clemente Scotto (Alvarez, 19-8-1997). Igualmente, se mantiene de manera explícita la vocación de representar a los sectores sociales pobres y más afectados por las transformaciones societales en marcha. En ese sentido, el PPT viene participando activamente en las discusiones de sueldos y salarios, prestaciones y seguridad social, democracia sindical, y apoya, acompaña o impulsa movimientos como el de derechos humanos, asociaciones vecinales de barrio, movilizaciones anti-neoliberales de distinto cuño, todos dirigidos a sostener su imagen de organización popular alternativa.
En contraste, en las declaraciones de los máximos dirigentes de la nueva Causa R, se está produciendo un reajuste del discurso cuyo objetivo es limar la imagen de la organización de aristas que los actuales líderes consideran demasiado confrontacionales, conflictivas y exclusivas de los sectores pobres. Se busca hacer más explícito la vocación de inclusión de los sectores sociales medios, especialmente de los pequeños y medianos empresarios. Arriba citamos declaraciones de Andrés Velásquez en este sentido. Posteriormente, también Matheus ha dejado en claro que LCR no es un partido de izquierda y tiene diferencias "abismales" con el PPT. Tanto Matheus, como Velásquez, Jorge Roig, Tello Benítez, Víctor Moreno, Antonio José Herrera, las cabezas más visibles de la organización, se refieren al estilo político del PPT como "estridente" "extremista" y de "tirapiedrismo" (El Universal, 26-6-1997: 1-14; Benítez, 25-8-1997). La reiteración de esta acusación contra el PPT deja ver que constituye uno de los rasgos que consideran importante de resaltar en el proceso de diferenciación entre una y otra organización.
Por otra parte, en la nueva Causa R el discurso democrático es más uniforme que en el PPT, declarándose una vocación firme hacia ella (El Universal, 23-2-1997: 1-12). La relación entre democracia y descentralización es muy estrecha tendiendo por momentos a identificarse entre sí. Velásquez ha declarado que la organización se encuentra haciendo esfuerzos por construir una organización política de "centro", que ponga su énfasis en un liderazgo nuevo, joven, procedente del proceso descentralizador y alejado de los partidos tradicionales (El Universal, 23-2-1997: 1-12 y 23-3-1997: 1-20). En tal sentido, el discurso causaerrista no busca aglutinar a sus seguidores en derredor de un mensaje nacionalista ni anti-neoliberal, con lo cual está en proceso de deslindarse claramente de organizaciones políticas como el PPT y el MBR-200, para aproximarse a organizaciones políticas emergentes como IRENE y Proyecto Venezuela. Incluso en su seno se están dando posiciones de apoyo a políticas neoliberales, como es el caso del dirigente y empresario Jorge Roig, quien se adhiere de manera franca a la política de apertura petrolera, y aún a la posibilidad de privatizar la industria (El Universal, 22-6-1997: 1-12). Roig también ha evidenciado posturas empresariales respecto a temas como el de las prestaciones sociales. De tomar fuerza su discurso en el seno de la organización, se hará contradictorio con la vocación de defensa de los sectores trabajadores que hasta ahora ha buscado representar LCR. Por otra parte, la organización también ha procedido a buscar alianzas políticas con otros ex gobernadores para construir una plataforma electoral que impulse a alguno de ellos a la Presidencia de la República (El Universal, 23-3-1997: 1-20). Dichas alianzas de no manejarse cuidadosamente, también pueden implicar un desdibujamiento de la vocación popular, toda vez que se trata de conciliar proyectos regionales muy disímiles, en algunos casos personales y de escasa sensibilidad social.
A modo de conclusión
Los procesos de globalización están repercutiendo honda e irreversiblemente en la forma como discurrió en el pasado la acción política y sus actores. Las organizaciones que buscan articular las demandas populares hoy en día se ven en dificultades para pensar hacia adelante e idear estrategias. El MBR-200 ha respondido, hasta ahora, con un nacionalismo fundamentalista, una reacción política primaria, si se quiere, ante una situación que se percibe de atropello hacia la dignidad y los derechos de las mayorías populares. El PPT y LCR articulan sus comportamientos a partir de visiones poco elaboradas: el PPT, por una parte, prevé para Venezuela una agudización de las condiciones de pobreza, exclusión y por tanto de malestar, construyendo a partir de esas premisas un mensaje también de resistencia nacionalista, si bien sin el fundamentalismo del MBR-200: en su caso, se busca preservar un mínimo indispensable del patrimonio nacional como arma con que defenderse en la nueva fase capitalista. LCR de manera distinta, prevé una situación donde lo relevante en política no serán los pobres sino los sectores medios, tanto los empobrecidos, como aquellos sostenidos precariamente en la transformación societal, así como los empresarios pequeños y medianos. En este sentido, construye un discurso menos confrontacional ante los procesos en curso, esperando con ello captar un electorado descontento pero moderado políticamente, que le permita alcanzar en lo inmediato cuotas de poder. En este estudio se ha visto, que el MBR-200 y el PPT coinciden en el nacionalismo y la radical postura antineolibera, mientras el MBR-200 y LCR coinciden en concentrarse en un escenario inmediato, las próximas elecciones de 1998, contando con un liderazgo personal y carismático representado por Hugo Chávez Frías y Andrés Velásquez respectivamente. El PPT parece más bien jugar a un plazo más largo, contando con un reservorio representado por la calidad de sus cuadros, algunos con liderazgo regional y local, y aún con potencial nacional.
Estas respuestas siguen siendo insuficientes para los retos que presentan los tiempos. La mayoría de los cuadros y líderes de estas organizaciones, bien por su experiencia previa o bien por la poca instrucción o valoración que del estudio y la producción intelectual tienen, dan respuestas políticas reactivas y coyunturales ante una problemática estructural y sumamente compleja. Los estudios más recientes sobre los procesos socioculturales y sociopolíticos en América Latina constatan como consecuencia de la globalización en marcha, que "lo popular", entendido como la historia de quienes tienen un pasado territorial y cultural común, es una identidad que se desvanece y debe reconstruirse a partir del reconocimiento, entre otros muchos aspectos, de la diversidad cultural, de la constitución de comunidades ligadas, ya no a territorios y épicas comunes, sino a procesos de comunicación masivos y planetarios, y relaciones de consumo globalizados. Las organizaciones estudiadas se contentan con reconocer los aspectos más superficiales de la transición, como el fenómeno del fortalecimiento del personalismo y el autoritarismo, practicando en consonancia un inmediatismo y pragmatismo político; en algunos casos prestan atención a los nuevos espacios de la descentralización, pero hasta ahora, se han desentendido del diagnóstico estructural, de lo que pasa en estas sociedades. Ha estado ausente el debate del modo como todos estos procesos contribuyen a alterar la identidad de lo "popular" y de la política de otros tiempos. Sin esta conciencia y atención, la construcción de proyectos sociopolíticos que construyan identidad, y comprendan y resguarden los intereses de las mayorías se hace inviable, y aquellas organizaciones y cuadros, que con sus esfuerzos buscan representar estos intereses, se ven frustrados al quedar sometidos a movimientos espasmódicos de fuerza popular, que muy pronto refluyen haciendo a las organizaciones políticas populares debilitarse y/o desaparecer.
Bibliografía
Alvarez, Angel Eduardo (1996): "La crisis de hegemonía de los partidos políticos venezolanos", en Ángel E. Alvarez (coord.) El sistema político venezolano: crisis y transformaciones, Caracas, Ediciones de la Universidad Central de Venezuela.
Coronil, Fernando & Julie Skurski (1991): "Dismembering and Remembering the Nation: The Semantics of Political Violence in Venezuela", Comparative Studies in Society and History, Vol. 33, N° 2, abril.
Chávez, Hugo (1993): Pueblo, sufragio y democracia, Caracas, publicación del MBR-200, documento de 12 pp.
Fundación Polar (1988): Diccionario Historia de Venezuela, Caracas, Editorial Ex Libris.
García Canclini, Néstor (1995): Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, México, Editorial Grijalbo.
García Delgado, Daniel (1994): "Argentina: de la movilización de masas a los nuevos movimientos sociales", en: Gerónimo de Sierra (compilador), Democracia emergente en América del Sur, México, Ediciones de la UNAM.
González Fabré, Raúl, s.j. (1997): "De la crisis institucional a la crisis cultural: ida y vuelta", Cuadernos del CENDES, No. 34, enero-abril, pp. 127-152.
Karl, Terry Lynn (1995): "The Venezuelan Petro-State and the Crisis of 'Its' Democracy" en Jennifer McCoy, Andrés Serbín, William C. Smith y Andrés Stambouli, Venezuelan Democracy Under Stress, New Brunswick (USA), Transaction Publishers.
Lander, Luis E. (1997): La apertura petrolera en Venezuela: de la nacionalización a la privatización, ponencia presentada en el XXI Congreso de ALAS en Sao Paulo, Brasil, septiembre.
Lechner, Norbert (1994), "Los nuevos perfiles de la política: un bosquejo", Nueva Sociedad, N° 130, marzo-abril, pp. 32-43.
Lengrand, Eloi y Sosa, Arturo (1981): 1936: año 1o de la democracia en Venezuela. Lo primeros meses, nacimiento de ORVE y PRP, Caracas, (mimeo)
López Maya, Margarita (1984):"Organizaciones asociativas de la Venezuela en transición (1900-1945)", Cuadernos del Cendes, No 4, septiembre-diciembre.
__________ (1995):"El ascenso en Venezuela de la Causa R", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, N° 2-3, abril-septiembre, pp. 205-239.
__________ (1996): "Nuevos actores en la crisis de legitimidad del sistema político venezolano: La Causa R, Convergencia y el MBR-200", Cuadernos del CENDES, No. 32, mayo-agosto.
__________ (1997): "El repertorio de la protesta popular venezolana entre 1989 y 1993", Cuadernos del CENDES, No. 36, sep-dic.
López Maya, Margarita, Luis Gómez Calcaño y Thaís Maingón (1989): De Punto Fijo al Pacto Social. Desarrollo y Hegemonía en Venezuela (1958-1985), Caracas, Editorial Acta Científica Venezolana.
López Maya, Margarita y Edgardo Lander (1996): "La transformación de una sociedad 'petrolera-rentista': desarrollo económico y viabilidad democrática en Venezuela" en Pilar Gaitán, Ricardo Peñaranda y Eduardo Pizarro, Democracia y reestructuración económica en América Latina, Bogotá, CEREC-IEPRI.
Maneiro, Alfredo y otros (1971): Notas negativas, Ediciones Venezuela 83, Caracas.
__________ (1986): Notas políticas, Ediciones del Agua Mansa, Caracas.
Manin, Bernard (1992): "Metamorfosis de la representación" en Mario Dos Santos (coord.), ¿Qué queda de la representación política?, Caracas, Editorial Nueva Sociedad.
MBR-200 (1993?): De la estrategia y línea de masas, Caracas, documento de 12 pp.
__________ (1994): La esperanza en la calle, Caracas?, panfleto.
__________ (1996): Agenda Alternativa Bolivariana con presentación de Hugo Chávez, documento de 24 pp., julio.
__________ (1997): 1a. Asamblea Nacional Bolivariana Extraordinaria. Resoluciones, Caracas (hoja suelta).
MBR-200, Coordinadora Nacional (1994): Conferencia de Organización, Caracas, documento de 15 pp.
Novaro, Marcos (1997): "El liberalismo político y la cultura política popular" en Nueva Sociedad, No. 149, pp. 114-129.
Petkoff, Teodoro (1976): Proceso a la izquierda, Barcelona, Editorial Planeta.
Rey, Juan Carlos (1991): "La democracia venezolana y la crisis del sistema populista de conciliación", Revista de Estudios Políticos, No. 74, pp. 553-578.
Salamanca, Luis (1997): Crisis de la modernización y crisis de la democracia en Venezuela, Caracas, Ediciones ILDIS-Universidad Central de Venezuela.
Templeton, Andrew (1995): "The Evolution of Popular Opinion", en Louis W. Goodman, Johanna M. Forman, Moisés Naím, Joseph Tulchin y Gary Bland, Lessons of the Venezuelan Experience, Washington, the Woodrow Wilson Center Press.
Welsch, Friedrich (1995): "The Political Impact of Public Opinion Studies in Venezuela", ponencia presentada en el XIX Congreso Internacional de LASA, Washington, D.C., (mimeo), septiembre.
Yépez Salas, Guillermo (1994): La Causa R. Origen y poder, Caracas, Fondo Editorial Tropykos.
Zago, Angela (1992): La rebelión de los ángeles, Fuentes Editores, Caracas.
Entrevistas
Bernardo Alvarez, Caracas, 19-8-1997.
Maigualida Barrera, Caracas, 18-1-1996.
Tello Benítez, Caracas, 25-8-1997.
Farruco, Caracas, 18-11-1993.
Aristóbulo Istúriz, Caracas, 25-3-1996 y 20-8-1997.
Lucas Matheus, Caracas, 6-11-1996.
Carlos Melo, Caracas, 31-1-1996.
Alberto Müller Rojas, Caracas, 1-8-1997 (conversación informal).
J. R. Nuñez Tenorio, Caracas, 19-8-1997.
Alí Rodríguez, Caracas, 18-3-1996.
2 Sobre el sistema político venezolano y su decadencia véase, entre otros, López Maya, Gómez Calcaño y Maingón (1989); Alvarez (1996); Salamanca (1997).
3 Para una génesis de estos partidos véase entre otros: Zago (1992), Yépez Salas (1994) y López Maya (1995 y 1996).
4 Para el año 36 y el debate de la época puede verse entre otros (Lengrand y Sosa, 1981: 10; López Maya, 1984: 161-165).
5 Como líderes del estado Bolívar, Velásquez y Matheus residen en Ciudad Guayana, donde se encuentra la base social más importante de la organización: el nuevo sindicalismo. En la confrontación Medina versus Velásquez, ha estado presente una connotación capital versus regiones. Por "aparato" se quiere significar una concepción de la política centrada en los intereses de la estructura partidista y sus funcionarios.
6 Velásquez declaró que los candidatos "naturales" de esa contienda eran Clemente Scotto, el alcalde del Caroní, y Eliécer Calzadilla, su secretario en la gobernación, pero "el partido", ante el enfrentamiento Medina versus Velásquez, que se escondía tras esa disyuntiva, buscó en un típico estilo de aparato partidista la designación de un tercero para salvar la situación interna. Según Velásquez, fue una decisión tomada sin escuchar al pueblo, sin utilizar el "olfato" (El Universal, 23-2-1997: 1-12).
7 Para una síntesis de la génesis del MBR-200 véase (López Maya, 1996).
8 En 1998 van a coincidir las elecciones nacionales de Presidente de la República y Congreso, con las regionales de gobernadores y asambleas legislativas, y las locales de alcaldes y concejos municipales.
9 Los titulares de prensa y algunas encuestas posteriores al golpe del 4 de febrero reflejaron la popularidad que adquirió el comandante al frente de la asonada. Para un análisis de los resultados de encuestas, véase entre otros (Templeton, 1995: 105-106; Alvárez, 1996: 138-141).
10 Véase el estudio que de estos fenómenos hace Manin (1992) o García Delgado (1996).
11 Esto se corrobora en las entrevistas a Barrera (18-1-1996) y Chávez (25-3-1996). Pueden verse, entre otros documentos: (MBR-200 y MBR-200, Coordinadora Nacional, 1994).
12 Esta afirmación se basa en un seguimiento de la información aparecida en prensa durante esta año, en especial a partir de junio.
13 Cursivas mías.
14 Durante todo este período constitucional la Comisión de Energía y Minas de la Cámara de Diputados ha estado presidida por militantes de la Causa R y ahora del PPT (Alí Rodríguez y Bernardo Alvarez). Este hecho le ha conferido un papel relevante en toda la discusión sobre la nueva política de apertura petrolera.
15 Tello Benítez, quien al igual que Velásquez comenzó su carrera política como dirigente de Sutiss, el sindicato de la industria siderúrgica y afines, y quien hoy sigue en LCR, aseguró que ni los dirigentes, ni los trabajadores de las industrias de Guayana estaban por la privatización; pero llegarían a la sensatez porque las consecuencias de adversar esta política serían peores para ellos (Benítez, 25-8-1997).
16 Muchos estudios se han realizado para interpretar los motivos que llevaron a la explosión social conocida como el "caracazo" de febrero de 1989 y la intensa movilización popular que se produjo en Venezuela durante el período 1989-1993. Para la idea de la ruptura de los lazos vinculantes entre pueblo y Estado, en términos simbólicos, véase (Coronil y Skurski, 1991).
17 Esta imagen fue utilizada por Diego Bautista Urbaneja, en una exposición que hiciera de las tendencias políticas en marcha en Venezuela en el Centro Gumilla en enero de 1996. Con ella buscaba hacer una analogía con otros fenómenos políticos en América Latina, quizás el más conocido, el de Chiapas en México.
18 Este planteamiento es compartido por la mayoría de los dirigentes de la organización. Ha sido formulado aquí a partir de declaraciones de prensa, como la entrevista a Pablo Medina (El Universal, 2-3-1997: 1-12) y de conversaciones y entrevistas realizadas por mi en 1997 a algunos dirigentes (Alvarez, Müller Rojas e Istúriz).
19 Marcos Pérez Jiménez vive en Madrid desde 1968, después de pagar una condena por peculado y malversación de fondos del Erario Público (Fundación Polar, 1988: T. P-Z: 92).
20 En la entrevista al diputado Bernardo Alvarez, colocó en esta posición también a Clemente Scotto y Alí Rodríguez (Alvarez, 19-8-1997).