En el año 1993, con motivo de la realización en Caracas del XIX Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, la Universidad Central de Venezuela llegó a un acuerdo no sólo poco usual sino extraordinario: decidió rendirle homenaje a lo más genuino y vigoroso del pensamiento social latinoamericano otorgándole su máxima distinción, el Doctorado Honoris Causa a cinco de sus exponentes más originales y representativos: Darcy Ribeiro, Orlando Fals Borda, Fernando Henrique Cardoso, Pablo González Casanova y Aníbal Quijano. Los tres primeros doctorados han sido entregados. Constituye para mi un inmenso honor la oportunidad de hablar en este acto de la vida y obra de Don Pablo González Casanova y de mi entrañable amigo, Aníbal Quijano.
Hoy le rendimos homenaje a quienes se han propuesto a lo largo de su vida la exigente tarea de pensar el continente a partir de sus propias realidades y condiciones culturales especificas, de sus particulares historias y de las formas de inserción subordinadas en el sistema capitalista mundial que ha tenido este continente a lo largo de más de 500 años. A quienes han puesto su notable capacidad intelectual al servicio de la búsqueda de un futuro mejor para los pueblos de América Latina.
No han sido -a pesar de los títulos universitarios que así lo afirman- sociólogos en el sentido profesional del término. Sus inquietudes éticas, estéticas, políticas e intelectuales no están constreñidas dentro de los ámbitos de los saberes pre-establecidos. Sería más adecuado caracterizarlos como intelectuales orgánicos en el sentido gramsciano del término. Un permanente fluir entre los diferentes campos del conocimiento, entre lo contemporáneo y lo histórico, entre la disciplina académica y la vida política y cultural impregna toda su obra.
Una revisión somera de su obra publicada ilustra la inagotable gama de sus intereses, la diversidad de problemas en relación a los cuales formularon contribuciones decisivas. Pablo González Casanova ha trabajo temas de literatura, historia, teoría política, metodología de las ciencias sociales, teoría democrática, marxismo, movimiento obrero, movimientos campesinos, colonialismo interno, geopolítica. Ha publicado decenas de libros e innumerables artículos. Sus textos sobre la democracia La Democracia en México y sobre la explotación, La Sociología de la Explotación se convirtieron inmediatamente en referencia obligada, y muy pronto en clásicos de la literatura social latinoamericana. Ha abordado la realidad política y social mexicana y del continente, con particular interés y empatía por la situación cubana y las luchas de los pueblos centroamericanos.
En años recientes ha dirigido un monumental esfuerzo mediante la creación de equipos de trabajo colectivo para abordar en forma sistemática el estudio de grandes temas cuyos resultados han sido publicados en colecciones como Historia del Movimiento Obrero en América Latina en cinco tomos e Historia política de los Campesinos Latinoamericanos en cuatro tomos. Se han publicado los primeros tomos de una ambicioso texto programado en doce volúmenes: La democracia en México: Actualidad y Perspectivas.
Aníbal Quijano prefiere hablar y polemizar a escribir. Quizás su impacto o influencia intelectual más significativa, ha sido por vía directa en seminarios, conferencias, controversias y en conversaciones hasta muy avanzadas horas de la madrugada con quienes hemos tenido la suerte de ser sus amigos. Fue partícipe central en esa eclosión de reflexión colectiva que fue en América Latina el debate sobre la dependencia. Por muchos años el pensamiento político de José Carlos Mariátegui ha sido motivo de un interés particular. Dirige en la actualidad el Anuario Mariateguiano. Además de los temas mencionados, ha escrito ampliamente sobre literatura, el nacionalismo, el neo-imperialismo, colonialismo, las clases sociales en América Latina, el movimiento obrero latinoamericano y peruano, el Estado, problemas agrarios, movimientos campesinos, metodología de las ciencias sociales, populismo, marginalidad, urbanización, la coyuntura política peruana, y más recientemente, sobre identidad, modernidad y utopía en América Latina.
Las ciencias sociales -sociología, economía, ciencia política, la historia- se conforman como campos de saber diferenciados, acotados, institucionalizados, expresando una experiencia histórica particular: la sociedad capitalista liberal del siglo pasado. A partir de un sujeto unitario privilegiado que es blanco, masculino, propietario, europeo y ferviente creyente en el dogma del progreso, se constituyen en contraste binario todos los "Otros", quienes no son ni sujetos del conocimiento ni sujetos significativos de la vida histórico-cultural. A pesar de sus tensiones y ambivalencias, estas ciencias sociales, en su aproximación al mundo no-europeo, han formado parte de un complejo andamiaje institucional que con la fundamentación científica del racismo, el dogma del progreso y la idea de la modernización, ha impuesto al resto del mundo patrones de conocimiento propiamente coloniales. Este conocimiento ha contribuido a legitimar -a nombre de la superioridad de Occidente- el sometimiento político, militar y económico del resto del planeta.
No ha sido fácil comenzar a zafarse de estos regímenes de verdad y cuerpos de saber-poder disciplinarios caracterizados tan agudamente por Foucault y más recientemente por Edward Said en sus estudios sobre el orientalismo. En esta búsqueda, las ciencias sociales latinoamericanas de las décadas de los sesenta y los setenta dieron saltos cualitativos mediante la creación de un estilo intelectual que rechazaba tanto los estrechos compartimientos disciplinarios de las ciencias sociales metropolitanas, como las exclusiones de los "Otros" que no correspondían a los modelos europeos modernos. No se le teme a la asociación entre producción de conocimiento y compromiso político. Pablo González Casanova y Aníbal Quijano son actores protagónicos de estos procesos. No es seguramente casual que uno sea mexicano y otro peruano, territorios ancestrales de formidables civilizaciones autóctonas y países en los cuales lo indígena y el rico pluralismo cultural -a pesar del exterminio, del sometimiento, del mestizaje, de las políticas de incorporación del indigenismo- conservan una presencia vital.
En contraste con las posturas positivistas en defensa de una ciencia social objetiva, libre de todo juicio de valor, Pablo González Casanova y Aníbal Quijano parten del compromiso con la suerte de los sometidos y los excluidos. Su posición al lado de las luchas populares, por la equidad, la democracia, por la autonomía, contra la dominación colonial e imperial, no ha sido una actividad paralela que acompaña su producción intelectual, sino parte inseparable de ésta. El conocimiento de la realidad histórico social no es un oficio, una profesión, sino un compromiso existencial. Lejos de esas ciencias sociales inmaculadas que hoy prefieren hablar de pobres que de explotados o excluidos, nunca han temido llamar las cosas por su nombre: imperialismo, dominación, colonialismo interno, explotación.
Hoy le rendimos homenaje a dos maestros.
La inmensa presencia intelectual que González Casanova y Quijano han tenido en el continente en las últimas décadas, es inseparable de la estrecha asociación que han mantenido ambos con esos extraordinarios espacios de la vida colectiva de estas sociedades que han sido las grandes universidades públicas. Podemos considerarlos como representantes ilustres de dos de ellas, la más grande y la más antigua: la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Además de ocupar previa y posteriormente prácticamente todos los cargos posibles como docente, investigador y administrador académico, Pablo González Casanova fue Rector de la UNAM en momentos de particular convulsión social y política tanto en México como en dicha Universidad. Estando todavía fresca la trágica masacre de Tlatelolco, en la cual murieron profesores y estudiantes de la UNAM, ejerce la Rectoría de la institución por un poco menos de tres años entre 1970 y 1972. Durante ese breve período y bajo su activo liderazgo- se llevan a cabo en dicha universidad unos de los procesos más ricos de debate, reflexión colectiva y transformación académica que ha vivido la institución en su historia. Consecuencia de las transformaciones llevadas a cabo fue la creación del Colegio de Ciencias y Humanidades y una gran expansión de las dimensiones de la universidad tanto en términos profesorales, estudiantiles, como en su planta física.
En un acto que reafirma su compromiso ético y dignidad humana, Aníbal Quijano se encuentra hoy fuera de la Universidad de San Marcos producto de la carta de renuncia que se sintió comprometido a presentar en protesta por la intervención militar de la Universidad llevada a cabo por el gobierno de Fujimori. Hoy -afortunadamente- es posible detectar síntomas de resistencia a ese proyecto autoritario tanto en la universidad, como en el resto de la sociedad peruana.
El aporte involuntario más significativo de las dictaduras militares ha sido su contribución a la creación de algo que podemos llamar propiamente un pensamiento social continental, y una comunidad intelectual latinoamericana, que no es virtual sino real. Así como el régimen franquista en décadas anteriores fertilizó la vida cultural de este continente mediante el exilio republicano, con hombres de la talla de Juan David García Bacca, León Felipe, Juan Ramón Jiménez y Pablo Casals, la turbulencia de la historia de las últimas décadas en América Latina ha producido exilios que se han traducido en encuentros, intercambios, colectividades intelectuales y humanas, afectos y amistades que han dado carne y hueso al pensamiento social latinoamericano.
México, y en particular la UNAM, han sido generosos receptores de este exilio latinoamericano. Muchos de los más destacados intelectuales del continente, como es el caso de Don Sergio Bagú, asumieron a la UNAM como su nueva casa, echaron raíces y ya no les fue posible regresar a su país con el retorno a la democracia. Pablo González Casanova contribuyó activamente a la existencia de estas fecundas condiciones que han potenciado a la comunidad de creación intelectual en la UNAM y en México.
Aníbal Quijano ha vivido la otra cara de esta experiencia. Su vida en el Perú ha estado sometida a las intensas convulsiones de los procesos políticos peruanos de las últimas décadas, que lo obligaron a salir del país en reiteradas ocasiones. Le tocó vivir en Chile ese extraordinario momento de efervescencia intelectual y política -de encuentro latinoamericano- que se produce en los años anteriores al brutal golpe de Estado de Pinochet. Ha sido profesor en las principales universidades latinoamericanas, entre ellas, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Sao Paulo, la Universidad Nacional del Ecuador, la Universidad de San Andrés en La Paz, la Universidad de Chile y la Universidad de Puerto Rico. En esta universidad -la Universidad Central de Venezuela- fue profesor- investigador en varias oportunidades en la década de los setenta, tanto en el CENDES como en la Escuela de Sociología. Esa vida nómada lo ha convertido en un hombre arraigado y genuinamente latinoamericano, con raíces, amigos, casa, en las principales ciudades del continente.
Expresión vital de los procesos de constitución de una comunidad continental de las ciencias sociales latinoamericanas, han sido los esfuerzos por consolidar ámbitos de encuentro e intercambio continentales como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Una vez más, aquí, nuestros homenajeados han desempeñando papeles protagónicos. Ambos han participado reiteradas veces en los seminarios y conferencias de CLACSO. Los dos han estado estrechamente asociados a las actividades de docencia de investigación de FLACSO. Los dos han tenido papeles destacados en los congresos de ALAS, y han asumido posiciones de dirección de esta asociación. Aníbal Quijano ha sido varias veces Vice-Presidente de ALAS e integrante de su Comité Directivo. Pablo González Casanova fue presidente de la Asociación de 1968 a 1972 y de 1983 a 1985.
He insistido en que Pablo González Casanova y Aníbal Quijano le han dedicado su vida a pensar e investigar a América Latina, a mantenerse en estrecho contacto con las luchas sociales y las búsquedas de alternativas a los regímenes políticos y económicos dominantes. He destacado su contribución a la inmensa tarea de repensar la realidad de este continente a partir de la propia experiencia, desde las propias realidades culturales, históricas y políticas, no como simple extrapolación del mundo occidental.
Es el momento de destacar otro aspecto de sus trayectorias. Son igualmente dos de los pensadores latinoamericanos más universales. Su obra ha sido ampliamente traducida. Han sido profesores e investigadores asociados en algunas de las principales universidades del mundo. Pablo González Casanova ha sido Profesor en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas de París, en las Universidades de Oxford y Cambridge en Inglaterra y en la Universidad Complutense de Madrid. Aníbal Quijano ha sido profesor/investigador en la Maison des Sciences de l'Homme en París, en la Universidad de Hannover, en la Universidad Libre de Berlín, en la Universidad de Columbia y la Universidad del Estado de Nueva York. Es posible encontrarlos igualmente en las directivas de las asociaciones mundiales más importantes de las ciencias sociales y en los consejos editoriales de las revistas académicas internacionales más prestigiosas.
Quiero concluir estas palabras con un llamado a los estudiantes aquí presentes. Hablar de Pablo González Casanova y de Aníbal Quijano es hablar de una herencia intelectual particularmente rica con la cual cuenta el continente. Es esencial, en estos tiempos de desmemoria postmoderna, que las nuevas generaciones no permitan que la especialización, el olvido y el escepticismo les arrebaten el acceso a éste que es su patrimonio vivo.
Muchas gracias.