Introducción
Resulta particularmente importante que la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CIGAD), en unión con el instituto Interamericano del Niño (IIN) y con la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), haya convocado una primera Reunión dei Grupo de Consulta sobre "EI impacto del abuso de drogas en la mujer y la familia",* con la finalidad de hacer un balance sobre los conocimientos existentes en la materia y planificar futuras intervenciones y colaboraciones sobre un tema tan importante, pero lamentablemente tan ignorado. Dentro de este amplio aspecto, haber incluido el punto especial de "la reclusión de mujeres por delitos de drogas" le da un matiz muy particular al encuentro, ya que redimensiona el alcance del proyecto original, más allá de las consideraciones sobre la salud pública y la familia, al permitir reflexiones de tipo criminológico.
No está de más recordar que durante varias décadas se han realizado una serie de investigaciones sobre el fenómeno de las drogas, especialmente en los círculos académicos e institutos especializados de los países desarrollados, y particularmente por especialistas norteamericanos. Pero es en los últimos quince años, cuando se ha desarrollado con profundidad la investigación sobre el abuso de drogas, así como, sobre el tráfico ilícito desde múltiples perspectivas y disciplinas. Al respecto, hoy en día existe un acuerdo general sobre las dimensiones globales del fenómeno de las drogas y de la creciente complejidad de las industrias de las drogas, con avasallantes consecuencias en la economía, la política y la vida social de las naciones del mundo. No obstante, algunos aspectos claves necesarios para una total comprensión del fenómeno, así como para una acertada formulación de políticas públicas de prevención parecieran limitados o ausentes. Llama la atención en este sentido, la poca importancia otorgada a los análisis de género y la ceguera frente a la relación mujer/drogas. Así se explica que sean muy escasas y muy recientes las investigaciones, en su gran mayoría, limitadas a aspectos relacionados con el consumo en los países desarrollados, en especial en Estados Unidos Canadá e Inglaterra. Unas promovidas por los gobiernos dentro de planes dirigidos a estudiar el área de la salud de la mujer, y otras surgidas de las inquietudes de los grupos feministas.
La cuestión mujer/drogas
Ignorar a la mujer, como una variable clave en la investigación sobre las drogas, persiste en la actualidad a pesar de que desde 1979, el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA) del gobierno norteamericano, señalase lo siguiente: "Los estudios han demostrado que las mujeres difieren de los hombres en sus tasas y patrones de abuso de drogas", destacando "el estigma particular que ocasiona el abuso de drogas femenino" (Burt, Glynn & Sowder, 1979:73), lo cual debería en si mismo ser objeto de investigaciones especiales.
A su vez, otra publicación de NIDA de 1983, Ilegó a la siguiente conclusión:
A medida que la atención sobre el campo dei abuso de drogas comenzó a expandirse más allá del consumo de opiáceos, los investigadores comenzaron a reportar descubrimientos que sugirieron cómo los patrones de consumo de drogas de las mujeres no pueden establecer se simplemente generalizando de los estudios sobre los de los hombres(... ) En su lugar, comenzaron a surgir estudios que sugieren como muchos de los problemas de las mujeres consumidoras no son menores, iguales o superiores a los de los hombres consumidores, sino que son propios de las consumidoras femeninas, y con necesidad de explicarlos desde su propio marco de referencian (Glynn, Wallenstein, Pearsons & Sayers, 1983:1 ).
Es decir, esta publicación que reúne más de 300 investigaciones sobre las drogas y la mujer, señala una problemática particular y propia de la mujer consumidora de drogas, con lo cual puede concluirse que la mujer, en su propia especificidad de mujer, debe ser objeto de estudio independientemente del hombre y del joven.
En este sentido, hay que destacar como para 1980, la mitad de los pacientes que ingresaron en los puestos de emergencia en los hospitales de Estados Unidos eran mujeres con episodios relacionados con abuso de drogas, siendo las de mayor consumo los psicofármacos, y concretamente los Ilamados "tranquilizantes menores" y "sedantes" Hecho que le dio un perfil muy particular al consumo de drogas femenino y a su posible explicación, con importantes variaciones en función del status socioeconómico y marital de la mujer, así como, de la fuente para su adquisición, no considerado por mucho tiempo, tema prioritario de investigación.
AI revisar la historia de las investigaciones hechas en Estados Unidos sobre (os problemas de drogas de las mujeres, autores como Inciardi, Lockwood y Pottieger (1993), destacan el hecho de que en las primeras investigaciones no se enfocaban las vidas de las mujeres sino el impacto que pudiera tener la adicción de una mujer embarazada en la salud del feto. A su vez, las adicciones de las mujeres se relacionaban con "personalidades inadecuadas", destacando mayores perturbaciones psicológicas entre ellas, en concordancia con la tendencia de la medicina moderna de asociar los problemas de la mujer con su " incapacidad psicológica" y su "frágil" sistema nervioso, y toda enfermedad con su mente. No existe la menor duda, que en general, las mujeres son catalogadas más frecuentemente que los hombres como "deprimidas", "psicóticas" o afectadas por algún trastorno no especificado (Ettore, 1985).
En síntesis, la investigación sobre la cuestión mujer/drogas ha estado dominada por la conexión embarazo/drogas, o bien por la conexión psicopatologia/drogas. Por otra parte, otros investigadores consideraban que el abuso de drogas era un problema masculino porque los factores socioculturales protegían a la mujer de involucrarse en conducta desviada.
En la década de los setenta, las investigaciones sobre los problemas de drogas de las mujeres sufrieron una transformación en los Estados Unidos, debido a la crisis del consumo de drogas y al movimiento feminista. El énfasis pasó de la psicopatología a los grupos coetáneos y a las subculturas. A su vez, se realizaron estudios epidemiológicos en gran escala sobre el consumo de drogas ilícitas que cambiaron la percepción de las jóvenes, hasta ahora, no involucradas en actividades ilegales. Mientras tanto, el movimiento feminista Ilamó la atención sobre la frecuencia de la prescripción médica de sedantes y tranquilizantes a mujeres de clase media y su relación con los estereotipos del rol de género. Hoy en día, desde la perspectiva feminista, se observa la inquietud por cuestionar por qué las mujeres, en contraste con los hombres, reciben casi dos terceras partes de las prescripciones de drogas psicotrópicas (Prather & Minkow, 1991:88).
Inciardi, Lockwood y Pottieger señalan que el periodo 1975-1985 presentó nuevos tipos de investigación sobre la relación mujer/abuso de drogas, como por ejemplo, los estudios sobre mujeres consumidoras de heroína que estaban en tratamiento en las cárceles, entrevistas intensivas con prostitutas e investigaciones empíricas sobre el incremento en los problemas de alcohol de las mujeres.
No obstante, en todos estos años la conexión embarazo/drogas, así como, la conexión psicopatología/drogas siguen siendo los enfoques principales de los estudios sobre el consumo de drogas de la mujer. Este hecho se evidencia al examinar los escasos trabajos sobre mujer y drogas que se incluyen en las actas sobre la reuniones científicas anuales del instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA) del gobierno norteamericano, que desde 1979 se publican bajo el titulo Problems of Drug Dependence, así como en las monografías especiales dedicadas a mujer y drogas.
En la mayoría de los estudios presentados, la afirmación de Reed según la cual "en el campo del abuso de drogas la mujer parece importante sólo cuando esta embarazada" (citado por Glynn, Wallenstein, Pearson & Savers, 1983:2), sigue manteniéndose en la actualidad. No obstante, una excepción importante es el estudio Women and Crack-Cocaine (1993) de Inciardi, Lockwood y Pottieger. Estos autores presentan una revisión crítica de los estudios anteriores por su énfasis exclusivo en aspectos fisiológicos, logrando una contribución fundamental con la metodología etnográfica en la comprensión del dramático y pertinente aspecto del abuso de drogas de la mujer en Estados Unidos, como es el consumo de crack. En otras palabras, lograron que las mujeres involucradas en el problema nos dijesen "quiénes son y cómo Ilegaron a ser lo que son en sus propias palabras" (Cain, 1990).
Sobre la cuestión mujer/drogas en América Latina hay total oscuridad (Segura Escobar, 1991:86), a pesar de los recientes esfuerzos por Ilevar a cabo incipientes investigaciones epidemiológicas generales. Varios investigadores de Bolivia y Perú coinciden en que por el hecho de ser mujer, sujeta en estas sociedades, a mayores prohibiciones sociales que los hombres, especialmente por su rol de madre, tiende a ocultar la información en relación con sus patrones de consumo (Roth, 1987, León y Castro de la Meta, 1989). Las implicaciones morales y legales del tema mismo, y el hecho de tratarse de "poblaciones clandestinas" (Lambert, 1990:6), crean severos obstáculos metodológicos para este tipo de investigaciones.
He querido presentar este breve resumen sobre los principales enfoques que predominan para abordar la cuestión mujer/drogas, y en especial el abuso de las mismas de parte de la mujer, no sólo para destacar su especificidad, sino para demostrar las importantes coincidencias con la cuestión mujer/criminalidad; en términos, de su escasa prioridad para la criminología así como, cuando se intentan explicaciones sobre la criminalidad femenina.
2. La cuestión mujer/criminalidad
Tal como hemos demostrado, las escasas referencias sobre la cuestión mujer/drogas se concentran en el área del consumo y sus posibles consecuencias para su salud y su familia, especialmente en su función reproductora.
Este énfasis y la omisión de estudios sobre la posible participación de la mujer en el tráfico de drogas es explicable ya que tradicionalmente se ha considerado que el campo del delito - y el negocio de las drogas es definido hoy en día como delito- es propio del sexo masculino. Esto corresponde con el olvido de que ha sido objeto la criminalidad femenina de parte de la criminología. No se encuentran prácticamente referencias a la mujer en la criminología, si no son las tesis biológicas y psicológicas de Lombroso y Ferrero de fines de siglo o la clásica obra de O. Pollak (1950) The Criminality of Women ,a pesar de su cuestionable tesis sobre el "carácter oculto" de la criminalidad femenina.
En este sentido, tradicionalmente se ha percibido a la mujer como moralmente superior al hombre, aunque biológicamente sumisa, pasiva, débil y poco agresiva. La criminalidad implica agresividad; por tanto, se asocia con el sexo masculino. La criminalidad femenina se plantea en términos de enfermedad y su origen se encuentra en su ginecología. Predomina así el imperativo biológico, insistiendo en que la mujer criminal es inherentemente distinta al hombre criminal y más propensa a perturbaciones psicológicas. Los factores sociales, económicos, situacionales y psicológicos, considerados primor diales en el hombre criminal, se relegan a un segundo plano en el caso de la mujer delincuente (Almeda Samaranch, 1992:8).
Otro tanto puede decirse de sus formas tradicionales de control, también diferentes a las establecidas para el hombre delincuente. Históricamente se observa un manejo en apariencia más condescendiente, más informal, que conduce a resolver la conducta criminal en el seno familiar, frecuentemente con la ayuda de la psiquiatría, porque la mujer que delinque es percibida como "normal". De ahí que sólo en casos extremos se recurriera a la prisión. Limitándola al dominio de la familia-espacio definido por el Estado para su control- se reproduce la dependencia femenina en la sociedad, sin que los agentes de control del Estado interfieran directamente. Su control recae, de este modo, en el hombre, como jefe de familia. De ahí que, en el caso que delinca, esta mujer "desviada" de la norma es sometida a dos tipos de sanciones: la legal y la moral. "Se debe normalizar doblemente puesto que ha infringido dos normas: su papel social como mujer y la norma legal" (Almeda Samaranch, 1992:6). Se argumenta que su conducta, en estos casos, es anormal, excepcional ya que su papel solo puede ser de madre y de esposa.
AI limitar el fenómeno al examen de las estadísticas delictivas, olvidando lo antes señalado, más de un criminólogo afirmaría que la mujer solo representaba el uno por ciento de la población penitenciaria, y que por lo tanto, la mujer no delinque. No obstante, a partir de los años setenta la situación cambia drásticamente, por una serie de hechos que escapan los límites de este trabajo. Se comienza a observar un incremento de mujeres en prisión, razón por la cual los especialistas se ven obligados a dar nuevas explicaciones. Surgen otras teorías sobre la criminalidad femenina, coma por ejemplo la teoría de la nueva criminal ("New Female Criminal"), donde se plantea que la liberación creciente de la mujer provoca la aparición de una "nueva criminalidad", caracterizada por la violencia con lo cual se asume que la mujer, al delinquir, está adquiriendo roles masculinos (Adler, 1975). En segundo lugar, la teoría de la necesidad económica, que sugiere que la criminalidad femenina, se debe a la necesidad económica ya que, a medida que progresa la emancipación de la mujer, tiene que satisfacer sus propias necesidades y no puede seguir asumiendo una actitud paternalista y dependiente del hombre; y en tercer lugar, la teoría de las oportunidades económicas, la cual sostiene que la criminalidad femenina es producto de un acceso más amplio a las estructuras de oportunidad económica: que la participación de la mujer en la institución económica ejerce una fuerte influencia sobre su elección de una conducta criminal.
Las tres teorías consideran fa modernización como una variable clave para comprender las modificaciones de la criminalidad femenina aunque, siguen, al igual que las teorías anteriores, buscando explicaciones de tipo individual pero, en este caso, su conducta es el producto de asumir una función que no le corresponde.
Un enfoque más sugerente, especialmente para nuestro trabajo futuro se encuentra en una serie de escritos de varias criminólogas (Heidensohn, 1968; Smart, 1976; Carlen, 1985, etc.), quienes integran los escritos feministas sobre el papel de la mujer en la sociedad con la teoría de los roles sociales diferenciados, donde se reconocen las limitaciones de los trabajos anteriores para discutir las particularidades delictivas de la mujer en términos de roles sexuales y no de variables biológicas o psicológicas. En vez de considerar la criminalidad femenina como la masculinización de la conducta femenina la consideran como la expresión ilegítima de las expectativas de rol y discuten la socialización femenina- las oportunidades y la falta de oportunidades -para concluir que la criminalidad femenina es una extensión de los roles sexuales de la mujer, a lo cual debe añadirse una teoría que explique los factores estructurales y culturales que responden tanto a los roles sexuales como a la criminalidad (Leonard, 1982:11 ).
A su vez, señalan la necesidad de diferenciar entre sexo como identidad física, y género como identidad social. En este orden de ideas, las líneas básicas de investigación propuestas sobre la criminalidad femenina son la socialización diferencial hombre-mujer, las oportunidades estructurales ilegítimas de las mujeres y la reacción social diferencial.
La criminóloga norteamericana L. Maher, sostiene que las investigaciones sobre las mujeres consumidoras sugieren que la cuestión drogas/criminalidad es mucho más compleja para la mujer que para el hombre ya que esta relación parece estar mediatizada por cuatro variables específicas de género, a saber: "a) las mujeres son más propensas a consumir drogas lícitas; b) la prostitución se convierte en una fuente adicional de ingresos para la mujer; c) algunas mujeres son abastecidas de drogas por sus esposos o compañeros; y d) hasta cierto punto, las oportunidades de distribución y venta están más abiertas a la mujer" (1990:114).
No debe tampoco olvidarse, al considerar esta compleja problemática, la importancia que tiene para la mujer, en su condición de mujer, "el temor al abandono, el desafecto, en síntesis, la búsqueda de aprobación por parte del hombre" (Segura Escobar, 1991:96).
Todos estos esfuerzos por explicar la criminalidad femenina son un impor- tante avance, pero la complejidad de la situación actual amerita reflexiones mucho más profundas que deben ser sustentadas por investigaciones empíricas.
3. La cuestión drogas/criminalidad de la mujer
Desde una perspectiva global, la cuestión drogas/criminalidad de la mujer es bastante compleja por la participación cada vez mayor de la mujer no sólo en el consumo sino en la distribución y el tráfico. Inicialmente, sin embargo, hay que deslindar estas instancias metodológicamente, aún cuando en la práctica puedan sobreponerse entre sí.
En este orden de ideas, Inciardi, Lockwood y Pottieger (1993:109-112), han señalado una serie de sorprendentes semejanzas e interconexiones entre el consumo de drogas y la criminalidad de la mujer, que se pueden resumir de fa manera siguiente:
Hoy en día, la conexión más frecuente que se puede percibir entre el consumo de drogas y la criminalidad es la de ésta como medio de financiar el consumo, pero en el caso de la mujer, esta conexión económica es más complicada, por las diferencias en las oportunidades económicas entre mujeres y hombres. En última instancia, el compromiso con un estilo de vida de adicción callejera es la forma más frecuente en que se pueden conectar la criminalidad y el consumo costoso de drogas.
Por todo lo expuesto, y como lo revela la revisión bibliográfica sobre el tema, hay una serie de rasgos cruciales de la cuestión consumo de drogas/criminalidad de la mujer que son desconocidos, así como, una falta de información sobre los patrones exactos de esta relación. Cualquier intento por hacer estimaciones sobre la mujer, extrapolando de la investigación sobre el hombre, puede ser muy engañosa (Anglin & Hser, 1987:360).
Una serie de estudios han revelado tipos específicos de criminalidad que puede cometer la mujer consumidora de drogas que no deben ser ignorados, como por ejemplo, involucrarse en la prostitución para mantener su adicción; cometer delitos contra la propiedad para obtener ingresos adicionales; revender drogas; o ayudar a distribuidores masculinos, con los cuales generalmente está emocionalmente vinculada, ya sea como pareja, como madre e incluso como hermana o hija. Todos pueden ser cometidos por una misma mujer, dependiendo de las necesidades individuales y de las oportunidades, aunque no tengan porqué constituir la norma. AI respecto, una serie de estudios han cuestionado, por ejemplo, el que algunos estereotipos se hayan constituido en saberes, según los cuales toda mujer adicta se vuelve prostituta.
Pero, si sabemos tan poco sobre la cuestión consumo de drogas/criminalidad de la mujer, mucho menos sabemos sobre la creciente y significativa participación de la mujer en una serie de actividades vinculadas con el propio negocio de las drogas, las cuales, en los últimos veinte años, han contribuido de manera considerable al repentino incremento de las estadísticas delictivas femeninas y a la grave problemática carcelaria en la mayoría de los países del mundo. Ambito donde de nuevo funciona la percepción de que ésta es una actividad masculina razón por la cual, incluso, en los círculos académicos y feministas ha sido prácticamente ignorada. Resulta más fácil vincular a la mujer con el consumo a través de justificaciones de posibles debilidades que identificarla como actora de la cadena del negocio. Sin embargo, tal como se evidencia por la gran proporción de mujeres que se encuentran en prisión en los países productores de drogas, así como, por el creciente número de latinoamericanas y africanas detenidas en Europa, hay cada vez más mujeres detenidas por delitos relacionados con drogas que no fueron cometidos para financiar su consumo.
Esta situación abre una línea de investigación nueva, ya que se sabe muy poco sobre estas mujeres y los roles y funciones que desempeñan en el negocio de las drogas, aspectos cruciales de la cuestión drogas/criminalidad de la mujer para poder formular programas de prevención integral. Pero aquí no pueden contemplarse explicaciones de tipo biológico o puramente psicológico.
En el contexto latinoamericano, estas recientes manifestaciones de criminalidad femenina requieren el examen de las complejas condiciones sociopolíticas de la región, agudizadas por la crisis fiscal y el creciente deterioro económico de los últimos años, que han incrementado los niveles de pobreza crítica y el creciente desarrollo de la Ilamada "economía informal", controlada en gran parte por el sector femenino. A su vez, hay que destacar el espectacular desarrollo de la agroindustria de las drogas que como empresas transnacionales buscan recursos básicos de todo tipo, así sea de manera "informal" debido a la ilegalidad de su funcionamiento.
En nuestro continente, las mujeres son mayoritarias en casi todas las categorías de desempleados y subempleados, aumentando cada vez más en la mayoría de los países, a pesar de que uno de cada tres hogares en el mundo esta dirigido por mujeres. Ante esta realidad, no es extraño que por ejemplo la mujer en América Latina se vea ante la opción de incluir, dentro de su mar gen de adaptaciones que desarrolla para sobrevivir la de escoger un tipo de trabajo actualmente considerado criminal, como es el de su participación en el negocio de las drogas. La necesidad económica, que para la mujer es mayor que para el hombre, en momentos de crisis y desempleo, le ofrecerá mayores oportunidades para el trabajo ilegal que para el trabajo legal.
Esta realidad explica su cada vez mayor participación en el negocio de las drogas. Sin embargo, aquí también es objeto de discriminación de parte del hombre, sobre todo cuando trabaja por su cuenta. La mujer no va a ocupar lugares gerenciales ni siquiera intermedios sino que su participación va a estar limitada a papeles secundarios: trabajar como transportista de pequeñas cantidades de drogas, en muchas ocasiones dentro de su propio cuerpo, lo que comúnmente se conoce como trabajo de "mulas", a cambio de una insignificante cantidad de dinero, si se toma en consideración la magnitud de las ganancias de este negocio (ver anexo 1 ). De este modo, el hombre está involucrado pero permanece frecuentemente impune, beneficiándose del trabajo ilegal de la mujer.
En otros casos, y particularmente en aquellos países donde se elabora la droga cocaína, la mujer es empleada para desempeñar los trabajos más duros, desde "pisar" la coca hasta vender su cuerpo como prostituta. O bien, colaborar con uno o más hombres- en muchos casos por razones personales o familiares- como transportistas, o en el hogar donde se produce o almacena la mercancía, con lo cual se convierte en cómplice y, por lo tanto, en criminal. Se crea de este modo lo que Miller (1986.181), calificó como una "red de trabajo doméstico", para enfrentar las penurias económicas cuando todo el grupo familiar se beneficia del trabajo ilegal. A la mujer, sin embargo, se le asigna generalmente el desempeño de "los oficios del hogar", con lo cual no satisface sus propias necesidades económicas sino que sigue en su rol de dependencia del hombre. De esta manera, dentro de este negocio también se reproducen las diferencias de género: "la tradicional división del trabajo por sexo, por lo cual ella es en primer término ama de casa, esposa y madre" (Segura Escobar, 1991: 87) .
En todo caso, la participación de la mujer va a estar limitada a instancias con mayor riesgo de ser definidas como criminales y, consecuentemente, criminalizadas. Incluso, cuando se practica un allanamiento de una casa, es común que sólo esté presente la mujer, por estar dedicada a "los oficios del hogar", resultando, por lo tanto, la única responsable aprehendida.
Esta nueva condición de la mujer ha contribuido de manera significativa al incremento de mujeres criminalizadas por participar en el negocio de las drogas, hecho que se constata al examinar fa composición de la población car- celaría femenina a nivel continental.
4. La cuestión mujer/cárcel
Antes de mediados del siglo XIX, el empleo de la cárcel para la mujer era muy limitado en Europa y Estado Unidos. Tal como señalamos antes, a la mujer se le controlaba dentro del ámbito privado, en el seno de la familia. Primero el padre y luego el esposo ejercían total control legal sobre sus hijas y esposas. Tenían el derecho a castigarlas si eran desobedientes o poco castas. Cuando la mujer estaba fuera de control era enviada al monasterio y la esposa descarriada, a la casa de corrección o al reformatorio. Predominaba la concepción, todavía vigente hoy en día, de que la mujer era diferente al hombre por lo cual debía ser "feminizada" y sujeta a entrenamiento doméstico, ya que ella no era en si misma criminal sino "sexualmente inmoral" (Pailock - Byme, 1990:38,54). Siguiendo esta lógica, a comienzos del siglo XX la mujer era encarcelada por delitos de orden público como la prostitución y otros "VICIOS".
Así se explica el tratamiento diferencial hacia la mujer en la cárcel desde su inicio. Ella era considerada más depravada moralmente y corrompida que el hombre, y necesitada de formas de control más severas (Dobash, Dobash y Gutteridge, 1986:1). Este estereotipo ha perdurado durante muchos años.
Sólo en la década de los setenta, a raíz de las contribuciones de la criminología feminista, se comienza a estudiar a la mujer reclusa desde otras dimensiones, aunque predomina todavía el poco interés por la investigación criminológica , y de parte de la Administración de Justicia hacia la mujer reclusa.
A su vez, en esos mismos años comienza a transformarse la población reclusa femenina, tanto a nivel cualitativo como cuantitativo. Por ejemplo, en 1979, ILANUD presentó las conclusiones de una investigación sobre criminalidad femenina realizada en tres países latinoamericanos - Panamá, Colombia y Costa Rica - donde se lee lo siguiente: "las nuevas tendencias en Ja criminalidad femenina, y que son comunes para los tres países, estaban representadas por las mujeres acusadas de consumo y tráfico de drogas" (p.33).
Esta situación se generalizaría, incrementándose de manera dramática en los años siguientes, en la mayoría de los países. Por ejemplo, en los Estados Unidos, en la década de los ochenta, la mujer constituyó el segmento de mayor crecimiento de la población reclusa en general, al aumentar en 254% frente a 147% para la población masculina. En 1991, 64% de las mujeres reclusas estaban por delitos, relacionados con drogas (U.S. Department of Justice, 1992:33). Además, ese mismo año, una de cada tres reclusas cumplía condena por estos delitos, frente a una por cada ocho en 1986. Hoy en día, una tercera parte de las mujeres, en contraste con sólo una quinta parte de los hombres, esta en prisión por delitos relacionados con drogas, y a nivel federal, las dos terceras partes. (Owen & Bloom, 1995:169).
En América Latina la situación es similar. A pesar de la carencia de investigaciones y los precarios registros de información, las estadísticas delictivas de algunos países revelan cómo la población reclusa femenina, que tradicionalmente conformaba entre el uno y el dos por ciento de la población reclusa general, ha venido incrementándose de manera significativa, tal como lo demuestra el cuadro 1 que se presenta a continuación:
En este orden de ideas, puede afirmarse, a pesar de no contar con datos completos, que este incremento obedece primordialmente a delitos relacionados con drogas. Así, se observa por ejemplo, que en Ecuador en 1982, la población reclusa femenina, por delitos relacionados con drogas, era dei 18.5% mientras que para 1994, subió a 73.6%; en el Perú en 1988, constituía el 38.5%, y en Venezuela en 1991, Ilegó al 73.4% de todas las mujeres reclusas. Por otra parte, en un estudio realizado en Chile sobre mujeres sentenciadas. se observa que en 1983 era el 2.5%; en 1988 el 8.2% y en 1993, el 37.6% de la población penal femenina (Silva y Rubio, 1995:50).
| Cuadro 1 Población carcelaria femenina (porcentajes) | ||||
| AÑO | PAISES | |||
|   | COLOMBIA | ECUADOR | PERU | VENEZUELA |
| 1985 | 7.0 | 8.0 | 8.0 | 3.0 |
| 1986 | 6.6 | --- | 6.5 | 3.4 |
| 1987 | 6.4 | --- | 6.5 | 4.2 |
| 1988 | 7.3 | --- | 7.0 | 4.6 |
| 1989 | 8.5 | 10.8 | 6.7 | 4.6 |
| 1990 | --- | 10.4 | 7.7 | 4.9 |
| 1991 | 7.7 | 12.1 | 9.1 | 5.3 |
| 1992 | 7.5 | 12.7 | 9.0 | 5.7 |
| 1993 | 6.0 | 12.9 | 8.9 | --- |
| 1994 | 5.9 | 12.1 | 8.2 | 6.1 |
Este incremento numérico, generalizado en tantos países, ha afectado significativamente la población carcelaria femenina, la manera en que cumplen condena, el desarrollo de programas y servicios, y las condiciones de hacinamiento (Owen & Bloom, 1995:166).
En otras palabras, una de las características más resaltantes y críticas de los últimos quince años es la significativa proporción de mujeres encarceladas por delitos relacionados con drogas. Este creciente número de mujeres, que está ingresando al sistema penal, plantea múltiples problemas por la propia condición de ser mujer ya que el impacto del ingreso a la cárcel, no es vivido igual que el hombre. Estos problemas deben ser tomados en cuenta dentro de un proyecto sobre el impacto del abuso de drogas en la mujer y en la familia, y especialmente para comprender la cuestión mujer/cárcel: muchas reclusas están embarazadas, la mayoría tiene hijos (que fácilmente, pueden convertir se en niños de la calle), carecen de los mínimos medios económicos y frecuentemente han sido objeto de abuso físico. De ahí la necesidad de explorar con detalle la relación entre el abuso físico y sexual, el abuso de drogas y la criminalidad (Prendergast, Wellisch & Falkin, 1995:253).
Por otra parte, la magistrada catalana Bona I Puigvert (1992), al revisar varios estudios realizados sobre la mujer reclusa, señala dos características fundamentales que la diferencian del hombre recluso, y que transcribimos a continuación:
a) La maternidad tiene una importancia trascendental en el medio cerrado. Las circunstancias del embarazo, la lactancia y los primeros años de la vida de los hijos son vividas de forma muy negativa por la mujer reclusa con graves efectos psicológicos. Igual ocurre cuando sus hijos no están con ella, por las posibles repercusiones en la desestructuración y desmoronamiento del núcleo familiar; y
b) la gran dependencia afectiva de sus compañeros, con consecuencias en un mayor sentimiento de soledad y una mayor incidencia en las depresiones, ya que, a diferencia de la fidelidad y solidaridad demostrada por fas madres, esposas o compañeras, cuando sus hombres están en prisión, no se da idéntica solidaridad, cuando ellas se encuentran en la misma circunstancia(p.14).
En síntesis, la mayor parte de los estudios realizados destacan la necesidad de tener en cuenta las particularidades y necesidades específicas de la mujer reclusa. Las condiciones materiales y psicológicas pesan más sobre ella que sobre el hombre porque los sentimientos afloran con más fuerza, sobre todo en relación con la familia y por la falta de privacidad/intimidad a que están sometidas (Almeda Samaranch, 1992:9).
Lo irónico de la cuestión mujer/cárcel es que, así como al comienzo la mujer era recluida por su padre y esposo para proteger su moral, hoy Ilega a la cárcel, al verse involucrada en las actividades ilegales que estos realizan.
Siendo acusada de complicidad, encubrimiento, o simplemente asumiendo culpas, para proteger a su pareja, hijos o hermano. '
5.- La mujer reclusa venezolana
Sobre la mujer venezolana sabemos muy poco. Ocasionalmente se publican reportajes periodísticos pero investigaciones sistemática no existen. En 1992, sin embargo, la Fiscalía General de la República elaboró un informe (Venezuela, 1992) que vale la pena mencionar, a pesar de su carácter netamente descriptivo y poco sistemático.
De acuerdo con este Informe, en 1990, el total de mujeres reclusas era de 1.462, lo cual representaba el 4.9% del total de reclusos del país; para 1991 era de 1.570, es decir el 5.1 %. Estas mujeres son recluidas en un establecimiento destinado exclusivamente a población femenina - El instituto Nacional de 4rientación Femenina (IN~F) - y veinte Anexos femeninos en diferentes cárceles del país. Para 1991, el 58% de las reclusas eran procesadas: Del total de procesadas y condenadas, 73.4% estaban en la cárcel por delitos relacionados con drogas en 1991.
Los abogados de la Dirección de Derechos Humanos de la Fiscalía tuvieron conocimiento por las autoridades penitenciarias de 12 reclusas por delitos relacionados con drogas que estaban ese año embarazadas. Sobre este particular, el informe señala lo siguiente: "la mujer reclusa en estado de gravidez no goza de una protección especial, tal como establece el Artículo 47 del Código Penal venezolano, el cual señala lo siguiente: el castigo de una mujer encinta, cuando por causas de él pueda peligrar su vida o su salud, o la vida o la salud de la criatura que Ileva en su seno, se diferirá para después de 6 meses del nacimiento de ésta, siempre que viva la criatura (Venezuela, 1992:267).
A su vez, en doce anexos femeninos se realizó un estudio sobre el número de hijos menores de edad de las reclusas, un total de 2.022, de los cuales 65 menores de tres años de edad se encontraban dentro de los penales revisados. Algunas reclusas rechazaron la idea de tener hijos menores de tres años conviviendo con ellas por las condiciones de vida dentro de la cárcel. Del total de menores de edad que vivían fuera de la cárcel, la madre desconocía su domicilio en 26.4% de los casos. Es más, de acuerdo con el Informe, en muchos casos en que las reclusas conocían el paradero de sus hijos no tenían contacto alguno con los mismos, dando lugar a una ruptura familiar (Venezuela, 1992:628).
Algunas de las conclusiones del Informe fueron las siguientes: "La causa de reclusión con mayor incidencia es la tenencia de drogas" (p.625), "el retar- do judicial somete a las procesadas a un estado de indefensión que causa que le causa daño irreparable" (...) "la situación de la mujer soltera -madre y reclusa- Ilama a reflexión ya que no cuenta con la protección IegaI" (...) " la situación familiar de las reclusas sufre cambios desfavorables. Muchas veces son abandonadas por sus parejas, y sus hijos se deben criar sin el afecto y apoyo de la madre" (p.626).
6.- Una exploración truncada
Conscientes de la falta de investigación sobre la mujer reclusa venezolana , y de las limitaciones de las estadísticas delictivas, especialmente en relación con los delitos relacionados con drogas, se quiso iniciar una primera exploración en el Anexo Femenino de la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal El Paraíso, ubicado en la ciudad de Caracas. De esta manera, se podrían tener algunos datos empíricos para esta Reunión sobre el Impacto del Abuso de Drogas en la Mujer y la Familia, organizada por la OEA.
Para ese momento -finales de septiembre de 1996- la población reclusa femenina del país era de 1148 mujeres, representando el 4,6% de toda la población reclusa. En el Anexo Femenino, se encontraban un total de 121 reclusas de las cuales 112, es decir el 92.5% eran procesadas.
Se determinó que una posible vía de Ilegar a las reclusas era la de suministrarles el cuestionario realizado por la profesora Ligia Sánchez para medir los patrones de consumo de drogas de un grupo de mujeres del Area Metropolitana. Además, para probar ese cuestionario en una población particular como son las reclusas y, al mismo tiempo, complementar el banco de datos sobre mujeres de la profesora Sánchez.
Luego de realizar los contactos respectivos con las autoridades del Ministerio de Justicia, procedimos a visitar el Anexo Femenino para iniciar las entrevistas. En esta actividad participaron la propia profesora Sánchez junto con Zaida Martínez, Coordinadora Nacional de investigaciones de la Fundación José Félix Ribas y su asistente, Verloisse Herrera. Mientras tanto, yo me encargaría de revisar los expedientes para constatar la situación jurídica de las reclusas y recoger algunos datos complementarios.
La exploración se inició con mucho entusiasmo, sin embargo, una semana después, es decir el 22 de octubre de 1996, 25 reclusos (según cifras oficiales) fueron calcinados por bombas lacrimógenas lanzadas dentro de un pabeIlón por la Guardia Nacional. Este genocidio truncó la exploración que habíamos iniciado. Era imposible volver a la cárcel en esos momentos y mucho menos continuar revisando expedientes, por encontrarse el archivo en el interior de la zona afectada.
A pesar de esta dramática y dantesca situación, se logró recoger información parcial sobre 32 internas, es decir el 26.4% del total de mujeres recluidas en ese Anexo Femenino y registrar unas primeras impresiones sobre el escenario percibido por las entrevistadoras en los días en que permanecieron allí (Ver Anexo II). Se logró constatar que dos de las mujeres estaban embarazadas y 26 tenían un total de 67 hijos menores de edad, tal como consta en el Cuadro II.
| Cuadro II Hijos menores de 18 años | ||
| Edad | Fr. | % |
| 0-3 | 17 | 25,37 |
| 4-7 | 15 | 22,39 |
| 8-11 | 12 | 17,91 |
| 12-15 | 10 | 14,93 |
| 16-18 | 13 | 19,40 |
Por otra parte, de las 32 reclusas 38.7% tenían que ver con delitos relacionados con drogas, de las cuales 13% son menores de 27 años de edad (Ver Cuadro III).
| Cuadro III Tipos de delito y edad | |||||||||
| Edad | Contra personas | Contra propiedad | Relacion con Drogas | S. R. | Total | ||||
|   | Fr. | % | Fr. | % | Fr. | % | Fr. | % |   |
| 18-22 | 1 | 3,23 | 5 | 16,13 | 1 | 3,23 | 1 | 3,23 | 8 |
| 23-27 | 0 | 0,00 | 3 | 9,68 | 3 | 9,68 | 0 | 0,00 | 6 |
| 28-32 | 3 | 9,68 | 0 | 0,00 | 2 | 6,45 | 0 | 0,00 | 5 |
| 33-37 | 2 | 3,23 | 3 | 9,68 | 2 | 6,45 | 0 | 0,00 | 6 |
| 38-42 | 0 | 0,00 | 1 | 3,23 | 3 | 9,68 | 0 | 0,00 | 4 |
| 43-47 | 0 | 0,00 | 0 | 0,00 | 1 | 3,23 | 0 | 0,00 | 1 |
| 48-52 | 0 | 0,00 | 0 | 0,00 | 0 | 0,00 | 0 | 0,00 | 0 |
| 53 + | 0 | 0,00 | 1 | 3,23 | 0 | 0,00 | 0 | 0,00 | 1 |
| total | 6 | 16,13 | 13 | 41,94 | 12 | 38,71 | 1 | 3,23 | 32 |
Sobre el consumo de drogas, las reclusas entrevistadas reportaron la siguiente información: 68.7% han consumido cigarrillos; 53.1 % alcohol; 34.3% marihuana; 21.8% tranquilizantes; 18.7% cocaína; 15.6% bazuco, como se puede observar en el Cuadro IV.
| Cuadro IV Consumo de drogas ilícitas | ||||||
| Tipo droga | 1 - | 1+ | total | (%) | ||
| alcohol | 12 | 37,50 | 5 | 15,63 | 17 | 53,13 |
| cigarrillo | 22 | 68,75 | 0 | 0,00 | 22 | 68,75 |
| Tranquilizantes | 7 | 21,88 | 0 | 0,00 | 7 | 21,88 |
| Marihuana | 3 | 9,38 | 8 | 25,00 | 11 | 34,38 |
| Basuco | 0 | 0,00 | 5 | 15,63 | 5 | 15,63 |
| Cocaina | 1 | 3,13 | 5 | 15,63 | 6 | 18,75 |
| Crack | 1 | 3,13 | 0 | 0,00 | 1 | 3,13 |
Para la tabulación del consumo de drogas se utilizó como criterio de referencia, el último consumo reportado por ellas, estableciéndose como punto de corte la fecha tope de un año, es decir, se tabuló por un lado las mujeres que reportaron consumo hace menos de un año y las que lo hicieron hace más tiempo, de donde se observa que el reporte de consumo de hace más de un año, es significativamente superior. Algunas de las internas alegan que desde que están recluidas en el Centro han dejado la droga.
Esta exploración inicial demuestra la necesidad de investigar con mucha mayor profundidad la situación de la mujer reclusa no sólo por su condición de indefensión total frente a la Administración de Justicia, sino también, porque a raíz de todo lo que se ha demostrado a lo largo de este trabajo, para la mujer y su familia se hace necesario articular una serie de medidas alternativas a la prisión y una serie de medidas específicas para el tratamiento del abuso de drogas (Ramírez, 1992:43).
En este orden de ideas, se pueden concluir estas reflexiones iniciales sobre "La reclusión de mujeres por delitos de drogas" recogiendo las conclusiones del documento Women and Drug Abuse (UNDCP, 1994) elaborado por las Naciones Unidas donde entre otros aspectos, se lee lo siguiente:
Muchos sistemas penales discriminan contra las mujeres consumidoras de drogas mientras están recluidas careciendo de las mínimas facilidades de tratamiento adecuado particularmente para las embarazadas y las que tienen niños pequeños (p.2) (...) "Se necesitan estudios sistemáticos sobre las implicaciones sociales de ciertas políticas o decisiones judicial es sobre la mujer y su familia (...) Se recomienda alentar al Sistema Penal para que cumpla con los estándares mínimos de tratamiento a la mujer reclusa (...) y que considere lo adecuado de medidas alternativas a la prisión para mujeres por delitos de drogas (p-3).
En síntesis, estamos frente a la necesidad de crear un nuevo paradigma que permita estudiar a la mujer reclusa por delitos de drogas integrando el trabajo empírico y las políticas públicas.
Anexo I
(Revista Electrónica Bilingüe N°. 7, septiembre 1996)
Carlota Wigglesworth
Tengo tiempo tratando de encontrar en Venezuela a quienes alerten e informen, quizás en grito de alarma , a un grupo muy vulnerable de la población femenina venezolana que percibo, desde acá, en Londres, como atrapado en el terrible submundo de la pobreza y el vicio. Este grupo de mujeres se dedica al sórdido negocio de introducir drogas a Europa. Específicamente en Inglaterra.
He trabajado largamente con mujeres latinoamericanas que se encuentran en prisiones de Gran Bretaña, detenidas, las más de las veces, en los aeropuertos de Heathrow y Gatwick por transporte ilegal de drogas, principalmente cocaína. En los últimos meses he notado un cambio radical y preocupante en el sistema y la mecánica de esa importación. Venezuela se esta perfilando como el puerto de salida de la droga proveniente de Colombia, Perú, Bolivia y otros países latinoamericanos, con destino a Europa. Por varios años, en el grupo total de 94 prisioneras en Gran Bretaña, había una sola venezolana y la mayoría la constituían colombianas. En el curso de este año, el número de venezolanas ha aumentado considerablemente y, como curiosidad, las últimas detenciones son de nacionalidades variadas pero procedentes de Venezuela. La edad promedio de estas mujeres es de 22 años; casi todas son madres solteras, con enormes problemas y responsabilidades respecto de uno o más hijos o diversos miembros de una larga familia. Sin ningún tipo de recursos, y bajo esa presión, terminan siendo reclutadas por los distribuidores o dealers quienes trabajan en una operación bien organizada y planificada para reclutar en los sectores de pobreza crítica, identificando a las mujeres más vulnerables, aptas para este negocio del tráfico de drogas.
La recluta de quienes aquí, en Inglaterra, son Ilamadas "MULAS", funciona de la manera siguiente: Los agentes identifican a la mujer que tiene deudas, necesidad que pide prestado, que trata de obtener dinero para cubrir necesidades básicas y le ofrecen "amistad" y ayuda material. Cuando la mujer esta endeudada con ellos, le hacen pagar la deuda trabajando en el transporte de paquetes con droga, de un sitio a otro, de un país a otro. Si la mujer trata de salirse del compromiso, la amenazan con maltratar y hasta matar a los hijos o padres. Una vez que la mujer queda atrapada, la hacen operar de diversas maneras por ejemplo, hacen que trague cápsulas burdamente preparadas, rellenando condones o dedos de guantes quirúrgicos con cocaína. Algunas se han visto forzadas a tragar hasta 100 cápsulas, operación esta que generalmente requiere violencia. Otras veces las "embalsaman" esto es, sujetan pequeñas bolsas de cocaína al cuerpo, con vendajes. He ,visto mujeres con señales del adhesivo en todo el cuerpo. Una vez cumplido este requisito viajan. La mayoría de las mujeres nunca han viajado en avión y es mínimo lo que pueden comer o beber, la incomodidad es enorme. Otras traen la droga oculta en tacones falsos, en el forro de la ropa, en maletines y bolsos de mano, en cosméticos y hasta en alimentos.
Así Ilegan al aeropuerto elegido. Los británicos están muy bien equipados para detectar contrabando de drogas y la policía aduanal es muy competente. En Inglaterra, la ley es sumamente severa con respecto a este delito en particular. Allí comienza pues la terrible experiencia que yo presencio continuamente y que, con la esperanza de evitar nuevas detenciones, he buscado el modo de hacer sonar la alarma en Venezuela y lo hago ahora públicamente, a través del Internet, en Venezuela Analítica, revista electrónica; esta respetada por su seriedad y cuyos artículos son reproducidos igualmente, con cierta frecuencia, por la prensa escrita.
El interrogatorio en el aeropuerto, a través de interpretes es muy duro. Se les somete a exámenes de diferentes tipos, rayos 7C, etc. Son retenidas en celdas del aeropuerto hasta que la droga ingerida sea evacuada o, en los casos en que haya sido transportada de otra forma hasta que sea pesada, analizada para establecer su pureza y su cantidad; de todo ello va a depender la sentencia que se dicte luego.
No es difícil imaginarse el estado de "shock" en el cual encontramos a esas mujeres; generalmente en esta etapa cuando se informa a mi Grupo. La mujer detenida es trasladada desde el aeropuerto a la prisión de Holloway, en Londres. AIlí permanece hasta ser enjuiciada y sentenciada; esta espera puede durar hasta seis meses. La condena se cumple en una prisión del interior del país. Para este tipo de delito las sentencias son severas: de siete nueve hasta doce años. En prisión, la mujer se siente aislada y totalmente desorientada, desconoce el idioma, el sistema legal y los reglamentos internos de la cárcel. El desconsuelo por haber dejado en su país de origen a familia e hijos, vulnerables a su vez por la ausencia de la prisionera, es causa de problemas agudos al comienzo de lo que, en la mayoría de los casos es una larga sentencia.
Tenemos varios casos de mujeres que dejaron hijos pequeños a cargo de una amiga, cuando salieron de viaje "por una semana", con promesas de pagos de doscientos a seiscientos dólares por transportar cocaína, cuyo valor en la calle es de 20.000 a 30.000 libras esterlinas y que están cumpliendo sentencias de hasta 12 años. Los niños, por supuesto, ya no están a cargo de la amiga, quien generalmente es tan pobre como la "mula". Esos niños, tenemos prueba de ello, entran rápidamente al círculo vicioso de pobreza-vicio-drogacrimen.
Quiero poner énfasis en otro hecho; por regla general, la mujer reclutada, una vez que opera bajo estos sindicatos, no tiene escape. Las probabilidades de que cumpla su misión y regrese a su país, son mínimas. Si la misión es cumplida con éxito, es vuelta a utilizar. Si la detienen la familia es víctima de represalias. Se me ha informado que, a tres mujeres detenidas, les han matado los hijos. Una suramericana recibió en la cárcel la noticia del asesinato de su hijo de 16 años; dormido en su cama, en la casa de su abuela, lo ejecutaron de un tiro a la sien. A otra mujer, también le mataron la hija, cuando salía de una tienda de su ciudad, disparándole a la cabeza igualmente. Un tercer niño fue arrollado y muerto por un automóvil y, al hermano de otra prisionera lo asesinaron a palos.
Mi trabajo con estas prisioneras se originó en la conexión que tiene con niños la ALAF, es decir la Anglo Latin American Foundation. Esta fundación recauda fondos para asistir a niños desamparados de Latinoamérica. Pense que podíamos ayudar con los hijos desamparados .e estas mujeres pero no lo logramos porque ellas no informan a sus familiares que están presas; sin embargo, hay tanta necesidad de atenderlos y el peligro es tan inminente que pienso que tenemos que hacer algo. Trabajo muy de cerca con el Centro Comunal de Catia, a través de las Damas Voluntarias del Servicio Social Inter comunal, Capítulo Venezolano, pero no consigo ese maravilloso puente que pudiera darle entrada a un proyecto de apoyo y asistencia para los niños de estas mujeres detenidas tan lejos y por tiempos tan largos.
Quiero concluir explicando brevemente en que consiste el GRUPO AMIGA; se trata de un grupo de apoyo a mujeres latinoamericanas detenidas en el Reino Unido. Está reconocido y apoyado por el Servicio de "Middlesscx Probation Area", en el Condado donde están localizados los aeropuertos, con el cual hay colaboración estrecha. El grupo esta constituido por mujeres de diversas nacionalidades, que dominan en forma fluida el idioma español y por- tugués. Es un grupo autónomo, de voluntariado, que no depende del gobierno ni de instituciones públicas; está activo desde octubre de 1989.
La meta es brindar apoyo a esas mujeres durante el período traumático de detención, interrogación y enjuiciamiento en las cortes, así como en el posterior encarcelamiento en la prisión de Holloway, Londres, o en prisiones del interior del país. Cuando las autoridades le informan a la mujer que esta bajo arresto, el Grupo Amiga trata de ponerse en contacto con la cárcel de HoIloway y de asignarle una voluntaria a la detenida, quien bajo la coordinación del grupo, la visita mientras se encuentra en Londres, facilita las traducciones, las Ilamadas telefónicas a la familia y ayuda a escribir cartas, a la vez que mantiene; con los servicios consulares y de Libertad bajo Prueba, un contacto que sirve de enlace y es vital para la prisionera. Es necesario, por supuesto que la prisionera este de acuerdo en que se contacte al servicio consular, cosa que no siempre sucede. Posteriormente, cuando la mujer ha sido sentenciada y trasladada a una prisión del interior, se mantiene la comunicación por carta, en los casos en que el Grupo no tenga una representante en la zona. (En la actualidad tenemos representantes en las prisiones de Styal, Manchester y Cooklamwood en Rochester).
El grupo procura ciertas necesidades básicas como ropa, recolectada con regularidad y asignada de acuerdo con las necesidades de las mujeres y los reglamentos de las diferentes cárceles. También se recolectan periódicos, libros y revistas y, en ocasiones especiales, como en Navidad, se organizan reuniones y se les provee a las mujeres de una modesta suma de dinero para necesidades especiales. En junio de 1996, el Grupo fue reestructurado y, por razones administrativas fue asimilado al "FEMALE PRISONERS WELFARE PROJECT" (Proyecto de Beneficencia para Mujeres Prisioneras), donde tenemos nuestra sede, como la rama encargada de las prisioneras latinoamericanas. Bajo su dirección, estamos tratando de salvar y continuar este trabajo que es difícil y solitario. Disponemos de escasos recursos tenemos grandes necesidades y aumentan los arrestos. Dependemos de donaciones privadas y del apoyo financiero, bajo forma de asignación del Middlessex Probation Service.
Personalmente tengo una visita de grupo en la Prisión de Su Majestad de Holloway, donde converso con todas. Me reportan sus problemas generales formulan peticiones, discutimos planes de educación y actividades y, al final sostengo conversaciones individuales cuando ello es requerido. Luego, infor- mo a las Oficinas del Grupo, donde solo hay una persona que trabaja una tarde a la semana. No disponemos de más personal. Hago también visitas individuales en Londres y en prisiones del interior. Atiendo igualmente "casos especiales" como, por ejemplo el de una mujer que veo con regularidad detenida hace poco con droga proveniente del Sur. Tal vez este sea el caso más dramático que he atendido. La prisionera perdió a un hermano en represalia.
Lo que escribo aquí puede servir de información acerca de los diversos componentes de esta tragedia humana que veo de cerca en la esperanza de encontrar, en Venezuela a quien quiera alertar para evitar que mujeres incautas se conviertan en "mulas" que seguramente van a ser detenidas.
Lo que aquí digo tiene visos de novela de televisión de esas que tanto gustan en Venezuela y que tratan el tema con tanta crudeza y horror que la gente piensa que se trata de ficción, pero es muchas veces la realidad. Quiero que haya comunicación con las mujeres en riesgo de ser engañadas con una falsa bondad que luego va a ser cobrada con la mayor crueldad que pueda imaginarse. Difícil resulta esa comunicación con mujeres que no leen la prensa, no oyen programas de noticias por radio y sólo ven los "culebrones" difundidos por la televisión con sus enseñanzas nocivas. Hay que buscar la manera de hacerles saber que no caigan en la trampa.
Una vez, trate de establecer un contacto para difundir la información de alerta a través de un medio masivo de comunicación, de esos que Ilegan a todos. La persona que me atendió, aparentemente tenía estrechos contactos con el mundo del lavado de dinero. En otro país hable con alguien importante quien me dijo "no te puedo ayudar porque no es en beneficio del sistema judicial, policial o político presentar públicamente esta triste situación.
Anexo II
(Anexo Femenino Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal El Paraíso Caracas - Venezuela)
El estudio fue realizado en 32 internas en la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal El Paraíso, Caracas, seleccionadas en forma intencional de una población total de 121 mujeres.
La dinámica existente en la cárcel, en la cual las internas se desplazan libremente por los espacios comunes (pasillo, escaleras, salas de usos múltiples, techo descubierto en el último piso) y privados (de sus celdas), sin ningún plan preestablecido, exigió a las investigadoras desplazarse por los diferentes ambientes comunes, de los que se excluye las celdas, baños y otras áreas más privadas. La estructura física dei anexo consta de dos pisos, en cada uno de los cuales funciona un pabellón, además dei techo descubierto ya mencionado.
Entre ambos pabellones existen diferencias reportadas por algunas de las internas según las cuales en el pabellón del piso superior se concentran las mujeres calificadas como de "mala conducta"; percibiendo, en consecuencia, discriminación entre ellas y las del piso inferior en el que las otras son beneficiadas, por las actividades especiales que allí se realizan. En este sentido, además de observarse poco desplazamiento entre un pabellón y otro, algunas expresaron rencillas entre ellas.
Es importante destacar que la presencia de las investigadoras generó un acercamiento voluntario de algunas de las internas interesadas en conocer el posible beneficio para su proceso, así como el contenido mismo de la entrevista con fines indagatorios. A su vez, el desplazamiento y búsqueda en los grupos conformados por las internas permitió entrevistar a mujeres que desempeñaban funciones de liderazgo, detectado por sus constantes desplazamientos e interacción en los espacios de mayor concentración, las escaleras y el techo descubierto.
El personal que allí labora, permaneció, aparentemente, al margen de actividades realizadas por las investigadoras, prestas a cualquier solicitud.
En general, las internas ocupan su tiempo en conversar entre ellas y/o en un intento de establecer contacto con personas ubicadas en los espacios externos en la vía pública o hacia la sección masculina a través del lenguaje no verbal, desde la alambrada o techo levantado al que acceden por escaleras semi-marcadas (socavadas) en las paredes.
De la cotidianidad observada se destaca el que las internas poseen cierta "privacidad" en sus celdas, al mantenerlas cerradas con Ilave y bajo la responsabilidad de una de ellas.
Con respecto a las actividades especiales realizadas en el piso inferior, se observó la presencia de personal voluntario, externo e interno, alguno de ellos sin la regularidad requerida, como es el caso de las actividades escolares y de alfabetización. Es importante señalar que la asistencia a los cursas no es muy concurrida.
Entre ellas mismas se vende comidas, chucherías y otros accesorios (toallas sanitarias, papel toilet, etc.) en kioscos instalados en las áreas comunes o de mercancía guardada en sus celdas. En conversación con una de las internas, encargada de un kiosco se indicó que la forma de pago es semanal cuando viene la visita y el dinero resultante de la venta se lo hace Ilegar a sus hijos en casa. De la misma manera se señala que en caso de no hacerse efectivo el pago se toman las represalias debidas. Por las características mismas de la investigación, desconocemos cuál es el proceso para instalar un kiosco o los requisitos para encargarse de uno, así como también se desconoce de la procedencia de los artículos que allí se venden. La venta alcanza a los objetos recibidos en donación tales como ropa, artículos de limpieza y de higiene personal, etc. aún cuando, según ellas mismas, las donaciones son poco frecuentes a pesar de la necesidad de las mismas.
La queja más frecuente es hacia el servicio médico, el cual, según las internas, funciona de manera muy precaria y la gran mayoría de las veces sin personal especializado, lo que las Ileva a manifestar que "nadie se preocupa por la salud de ellas, ni física ni mental".
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