Introducción Euclides Bermudez Villarroel (18) y William del Valle Flores (22) fueron asesinados de varios tiros a las puertas de una vivienda ubicada en el sector Los Pinos de los altos de Lídice.
Ambos llegaron a Caracas procedentes del caserío El Pitotan, Yaguaraparo, estado Sucre, para asistir a la fiesta de 15 años de una prima. La noche del sábado se encontraban en la puerta de la casa a la espera de que se iniciara la celebración cuando un sujeto se asomó en una escalera y les descargó un arma de fuego.
Familiares de las víctimas indicaron que la quinceañera confrontaba problemas con una joven del sector quien amenazó con arruinarle la fiesta. Presuntamente, el autor de los disparos sería el novio de esa muchacha. La PTJ del Oeste inició las averiguaciones para establecer responsabilidades (Guerrero,1996).
Así describe la prensa caraqueña uno de los sucesos de violencia de un fin de semana cualquiera. Ese mismo fin de semana, informó el Director de la Morgue de Caracas, Dr. Jack Castro, hubo 38 homicidios en tres noches: 35 por armas de fuego, 1 por arma blanca y dos por contusiones.
La violencia se ha convertido en un tema relevante en el país y en la región de las Américas (O.P.S., 1996; Yunes y Rajs,1994). América es el continente más violento del mundo, incluyendo Estados Unidos, país que tiene una tasa de homicidios inferior a la Venezuela o muchos países de América Latina, pero que muestra una tasa muy alta si se compara con otros países desarrollados (Akerman, 1997; Lozano, 1997; Giddens, 1980; Minayo, 1993 y Souza, 1994).
En Venezuela el fenómeno es reciente (Navarro y Pérez Perdomo, 1991). La tasa de homicidios se había mantenido estable durante las décadas del setenta y ochenta, pero, a fines de los años ochenta, en 1989 en particular, se inicia una escalada de la violencia que casi duplica la tasa de homicidios de los años anteriores. En Venezuela, y muy en especial en Caracas, 1989 fue un año especial, pues se produjo la revuelta popular que llamamos el "caracazo", en la cual hubo saqueos y agresiones públicas sin precedentes, así como una muy cruenta respuesta policial y militar que dejó varias centenas de muertos: hombres, venezolanos y jóvenes en particular (Briceño-León, 1990).
Pero a partir de 1989 se inicia un incremento de la violencia que no se detiene y que afecta fundamentalmente a los pobladores de Caracas. Según la mejor fuente de información existente en el país, proveniente de la Morgue de Caracas, en el primer trimestre de 1997 se produjeron 410 homicidios en el Área Metropolitana de Caracas, es decir, un promedio de 4,6 homicidios por día (Sanjuán, 1997).Y esta cifra muestra una disminución en relación a los años anteriores.
Para mediados de los años ochenta, cuando un grupo de Universidades Católicas decidió hacer un estudio sobre la violencia en la región andina, se tuvo dudas sobre si era apropiado incluir a Venezuela, un país tan poco violento, en el estudio (España,1994). Hoy en día las dudas no tendrían lugar, y, lamentablemente, podemos decir que existe una emergente cultura de la violencia en Caracas.
¿Qué entendemos por violencia?
Son muchas las definiciones que pueden darse de la violencia y, dependiendo de ella se procederá en las investigaciones y en las conclusiones que puedan derivarse de los resultados. Para los fines de este artículo y de la investigación realizada, se entiende por violencia el uso o amenaza de uso de la fuerza física con la intención de afectar el patrimonio, lesionar o matar a otro o a uno mismo.
Según esta definición dejamos fuera de manera explícita y consciente tanto la violencia estructural como la violencia psicológica, ambas de notable importancia, la primera sobre todo en los países de América Latina, donde la pobreza extrema constituye una "violencia" cotidiana para un importante sector de la población. Pudiera sin embargo incluir lo que se ha llamado (Del Olmo,1976) violencia institucional, si entendemos ésta de una manera restringida como violencia policial que implica la fuerza física en procedimientos legales o extrajudiciales. Así como la llamada violencia "revolucionaria", pues implica también el uso de la fuerza física aunque esté insertada en un proyecto con fines políticos.
Igualmente restringe el área de consideración de los comportamientos delictivos, pues excluye de manera explícita los hurtos, ya que si bien éstos pueden ser considerados y vividos como actos violentos por las víctimas, no implican una interacción directa entre agresor y agredido y un uso o amenaza de uso de la fuerza física. Sí incluye los robos, pues allí hay un uso o amenaza de uso.
La violencia es entendida como un proceso de interacción social y de comunicación entre los individuos. Como tal es posible sustituirla por otra forma de interacción y comunicación que implica una resolución distinta de los conflictos.
¿Somos un país violento?
La violencia política sacudió a Venezuela hasta comienzos de este siglo, Venezuela era el "cuero seco" de la metáfora de Guzmán Blanco, que al pisarlo de un lado se levantaba por el otro (Díaz Sánchez, 1950). El Decreto de Guerra Muerte representa en su texto una crueldad notable que al parecer no logró trascender a la población venezolana, pues la violencia política permaneció en gran medida entre los políticos.
La violencia política se fundaba en los poderes regionales de los pequeños jefes, dueños de las haciendas, quienes reclutaban entre sus peones a un pequeño ejército con el cual se alzaban ante el poder central. Y era facilitada por la poca integración del territorio nacional, las pocas carreteras y medios de comunicación que le daban vida a la revuelta antes de que pudiera llegar el ejército del poder central. Esta violencia la acabó el gobierno de Gómez con el apoyo de las compañías petroleras a partir de la constitución de un ejército nacional fuerte, la eliminación de los latifundios, de sus enemigos y la construcción de una red de carreteras en forma radial que facilitaba la rápida movilización del ejército a los lugares sublevados (Carrera Damas, 1968, 1986; Castillo, 1993; Fortoul, 1954; Irazábal, 1980; Núñez, 1971; Uslar Pietri, 1.980; Vallenilla Lanz, 1961).
La violencia volvió a aparecer como hecho importante en la vida social a partir del surgimiento de la guerrilla de inspiración marxista y foquista de comienzos de los años sesenta. La guerrilla rural con sus varios frentes y la urbana con sus acciones de terrorismo urbano hicieron sentir a la sociedad el peso de la violencia política. La violencia se convirtió en un medio para la toma del poder político y se le dio un carácter de clase que se expresó en la consigna política: "ante la violencia de los ricos, violencia de los pobres". Sin embargo, los altos ingresos petroleros permitieron un grupo de medidas sociales y económicas como la reforma agraria, los créditos al agro, las acciones de saneamiento y vivienda rural, que fueron restándole apoyo a los grupos guerrilleros, los cuales en distintos momentos y diferentes circunstancias se fueron integrando a la lucha política no violenta. Para fines de los años sesenta, la política de "pacificación" ofrecida por el gobierno a la guerrilla eliminó la violencia como problema político.
Sin embargo, al mismo tiempo que desaparecía la violencia política se incrementaba la violencia social. Las muertes por homicidios y suicidios que para 1955 se ubicaba en el lugar 16 de las causas de muerte en el país, pasa al sexto lugar en 1993. La tasa promedio anual de homicidios para el quinquenio 1975-1979 fue de 9,13 por cada 100.000 habitantes, para 1980-1984 de 12,1, de 10,7 para 1985-1989 y de 19 para 1990-1994, es decir, casi el doble que en el quinquenio anterior (Fernández, Romero Cabrera y Sequera Melan, 1994).
Esta situación es particularmente importante en Caracas, la tasa de homicidios en la capital ha estado en los últimos años alrededor de 58 homicidios por cada cien mil habitantes (Sanjuán,1997), es decir tres veces más que la del conjunto del país. Los datos oficiales dicen que la tasa de delitos en el país fue en 1995 12,2 delitos por cada 1.000 habitantes, pero en Caracas esta cifra es dos veces mayor, ya que la tasa es de 28,8 por cada 1000 habitantes. En la región capital se registraron el 42,7% del total de delitos ocurridos en el país.
Sin embargo, se puede afirmar que Venezuela no ha sido un país violento. Al comparar las estadísticas de homicidios con las de Colombia la diferencia es muy notable. En las últimas cinco décadas, el año que Colombia tuvo la menor tasa de homicidios fue cercana a veinte por cien mil habitantes, es decir, una tasa parecida a la actual en Venezuela y ante la cual estamos asombrados (Guerrero, 1996a, 1996b). Sin embargo, llama la atención la rapidez del incremento de la violencia y ello obliga a conocer más acerca de esta novedosa dinámica social.
En Caracas no hay guerra abierta, no hay guerrilla ni violencia política, ni grupos haciendo terrorismo. La violencia sin embargo es una amenaza cotidiana. Es la violencia delictiva que nos afecta a todos, aunque sobre todo a los pobres de la ciudad y que comienza a implantarse como cultura de la violencia por las carencias y dificultades de las policías y de la impunidad judicial.
La metodología de la investigación
En 1995 la Organización Panamericana de la Salud lanzó la iniciativa de un proyecto multicéntrico de investigación acerca de las normas culturales y las actitudes hacia la violencia en algunas ciudades de las Américas. En un primer momento se tomaron ciudades de E.E.U.U. y Canadá, las cuales posteriormente no se incluyeron en el proyecto y en una primera fase sólo están presentes además de Caracas, Río de Janeiro y Salvador de Brasil, Santiago de Chile; Cali, Medellín y Bogotá de Colombia; San José de Costa Rica y San Salvador, El Salvador, Centro América. Adicionalmente se incorporó Madrid, España como una referencia comparativa.
La investigación consistió en un protocolo común desarrollado a inicios de 1996 entre los investigadores participantes. La O.P.S. contrató en 1995 una propuesta inicial que fue adaptada y modificada por el grupo de investigación en 1996. Este protocolo contiene en esencia un modelo teórico compartido, un cuestionario común y unos procedimientos muestrales similares para los participantes. Cada equipo de investigación tuvo la libertad de añadir preguntas al cuestionario o ampliar la muestra, pero no podía eliminar aspectos o modificar la muestra.
El instrumento
El instrumento de recolección de información consistió en un cuestionario conformado en su mayoría por preguntas cerradas dicotómicas, de selección múltiple o de escalas tipo Likert. El instrumento fue probado en dos versiones en siete países y fraseado en tres idiomas: inglés, portugués y adaptado al castellano de los distintos países.
El instrumento versó sobre los distintos tipos de violencia: con los niños, la pareja, delincuencial, relaciones internacionales, victimización, así como actitudes, normas, habilidades para la resolución de conflictos y evaluación de las instituciones.
El proceso de entrevista tuvo una duración aproximada de 30 minutos y se realizó personalmente, utilizando tarjetas de respuesta en algunas preguntas.
La muestra
Se definió como población objetivo aquella conformada por las personas de edades comprendidas entre los 18 años y los 70 años que habitaban en hogares del Area Metropolitana de Caracas según la definición de la Oficina Central de Estadística e Informática (AMC-OCEI entre el 1/07 y el 15/09 de 1.997). Las parroquias incluidas en el estudio fueron: Altagracia, Antímano, Candelaria, Caricuao, Catedral, El Recreo, El Valle, La Pastora, La Vega, Macarao, San Agustín, San José, San Juan, Santa Rosalía, Santa Teresa, Sucre y 23 de Enero del Municipio Libertador; Baruta y El Cafetal del Municipio Baruta; Chacao del Municipio Chacao y Petare, Caucaguita, Filas de Mariche, La Dolorita y Leoncio Martínez del Municipio Sucre. Fueron excluidas intencionalmente del estudio las parroquias de El Junquito, El Hatillo y Los Salias de San Antonio de Los Altos, dado que se trataba de un estudio de violencia urbana y las localidades antes mencionadas poseen extensas poblaciones rurales. El tamaño de la población objetivo proyectada para el 14 de agosto de 1996 era de 1.946.914 habitantes.
El muestreo utilizado fue probabilístico, del tipo bifásico y tetraetápico, estratificado y por conglomerados en la segunda fase. En la primera fase, se seleccionaron segmentos con probabilidad proporcional al número de viviendas (PPS-V) en el censo. En la segunda fase, se seleccionaron de nuevo en una primera etapa, segmentos con PPS-V, luego en una segunda etapa, áreas de aproximadamente 50 viviendas con PPS-V, en la tercera etapa, viviendas dentro de cada área con probabilidad igual y finalmente un informante calificado en cada hogar seleccionado también con probabilidad igual dentro del hogar.
El marco de muestreo utilizado para la selección de la muestra está constituido por los segmentos censales, esto es, las áreas que se utilizan para la supervisión y empadronamiento en los Censos de Población y Vivienda Nacionales, que conforman la Muestra Maestra de Viviendas de Venezuela en el AMC-OCEI. Un segmento es una agrupación de aproximadamente 200 viviendas en el medio urbano. Este marco quedó formado por 6.529 segmentos a nivel nacional. La selección de segmentos para la muestra maestra se realizó de manera sistemática con probabilidad proporcional al tamaño de los segmentos, utilizando para ello el listado de estas unidades para todo el país, ordenado en forma lexicográfica de acuerdo a la jerarquía determinada por la Entidad Federal, el Municipio, la Parroquia y la Localidad.
Tanto para la selección de los segmentos que conformaron la muestra maestra como para la selección de los segmentos que integraron la muestra del proyecto ACTIVA, se utilizó un sistema de estratificación implícito, logrado mediante la ordenación de los segmentos censales en sus respectivos marcos de muestreo en la forma ya explicada en el apartado anterior.
El tamaño de muestra considerado fue de 1.200 personas, pero se incrementó a 1.600 para tomar en cuenta la posible no respuesta, rechazos e imperfecciones del marco muestral. Este tamaño de muestra permite la estimación por intervalo confidencial de la proporción poblacional de una variable dicotómica con error máximo admisible del 5% y nivel de confianza de por lo menos 95%. Para tomar en cuenta la complejidad del diseño de la muestra, se incrementó el tamaño base para la estimación por intervalo de la proporción bajo las condiciones especificadas anteriormente (n=384), por el cuadrado de un efecto de diseño (Kish, 1.965) deft2, que para muestras que utilizan conglomerados generalmente es mayor que 1. El comportamiento de los efectos de diseño es muy diverso, dependiendo de los estadísticos y de las variables para los que se calculan, de si se consideran comparaciones y de si estas se calculan para dominios o subclases. Verma y Lê (1.996) reportaron recientemente los resultados de un análisis muy extenso de los errores de muestreo en un programa de encuestas demográficas y de salud llevadas a cabo en 48 países. Estos autores registran valores promedio de los efectos de diseño de 1,49 con un coeficiente de variación de 0,17. Utilizamos este valor promedio como una referencia en nuestro estudio, triplicando el tamaño base2.
La fracción general de muestreo para personas fue igual a:
En el siguiente cuadro (Cuadro 1) se presenta la distribución de la población objetivo según el Censo de Población y Vivienda de 1.990 y la muestra lograda efectivamente, pudiendo observarse un acuerdo aceptable en la representación numérica de los hogares por municipio para el AMC-OCEI.
| Cuadro 1 Distribución de la Población objetivo según Censo 1.990 y la Muestra | ||
| Dependencia | % Censo de Población 1.990 | % Muestra |
| Distrito Federal | 68,7 | 71,9 |
| Miranda | 31,3 | 28,1 |
| Municipio | % Censo de Población 1.990 | % Muestra |
| Libertador | 68,7 | 71,8 |
| Baruta | 9,5 | 8,5 |
| Sucre | 19,1 | 15,1 |
| Chacao | 2,6 | 4,6 |
| La recolección de la información | ||
El proceso de recolección de información se llevó a cabo entre el 29 de julio y el 15 de septiembre de 1.996. El equipo estuvo formado por 44 encuestadores, 10 supervisores de campo, un supervisor general de campo y un supervisor general de oficina. Casi todos los encuestadores y supervisores de campo fueron estudiantes de sociología de la Universidad Central de Venezuela.
La selección del informante fue aleatoria dentro del hogar siguiendo el método Politz (Deming, 1960). Estaba establecida la obligación de tres visitas en días distintos, incluyendo días de semana y de fin de semana entre esa visitas, antes de que fuese considerada rechazada la entrevista o desierta la posibilidad de realizarla. El 51% de las entrevistas se realizó en la primera visita, para la segunda visita se había alcanzado el 75%, y para la tercera visita el 90%. A pesar del criterio establecido para la calificación de no respuesta, en varias ocasiones se realizaron visitas adicionales hasta completar un 82% de respondientes. El porcentaje de no respuesta total alcanzó, en consecuencia, un 18%, cifra menor que la estimada en el cálculo del tamaño de la muestra.
Los ajustes de los pesos muestrales
Los resultados que se presentan en esta artículo se obtuvieron considerando pesos muestrales conformados por los inversos de las probabilidades de selección y ajustes por no respuesta, estos últimos realizados a nivel de parroquias. Posteriormente se ajustó la base de datos mediante post-estratificación por sexo y edad, tomando en cuenta la siguiente clasificación de edades: 18-19; 20-29; 30-39; 40-49; 50-59; 60-70. La base de población que sirvió de fundamento para este ajuste fue la proyectada para el AMC-OCEI para el 15 de agosto de 1996.
La violencia en Caracas 3
La victimización
El cuestionario preguntaba a los entrevistados si habían sido víctimas de algún acto violento en los doce meses anteriores a la realización de la entrevista y cuántas veces lo habían sido. Los datos sobre los cuales se realizaron los análisis de este aparte se encuentran en el Cuadro 2.
Robados
El 17% de la población había sido víctima de robo a mano armada en el año anterior a la entrevista. Expresado en razones de ventaja (odd ratio) uno de cada seis personas. Cifra bastante alta y que en buena medida explica el sentimiento de inseguridad de la población. Ciertamente es posible que el lapso recordado por la víctima cubra un período temporal superior a los doce meses, pero aun así, estos datos reportan un número importante de ciudadanos víctimas de robos a mano armada.
Un 10% había sido robado una vez, un 3% dos veces, un 2% tres veces y un 1% cuatro o más veces en el último año.
Amenazados
Un 8% de la población había sido amenazada de muerte en el año anterior. Dichas amenazas de muerte pueden ser consideradas como expresiones que ocurren en el contexto de los robos y no necesariamente se trata de verdaderas amenazas personales, tales como el "boleteo" en el caso colombiano. En este sentido la población amenazada de muerte equivale a la mitad de los que han sido robados a mano armada (17%) y si las amenazas pueden estar ocurriendo, como antes se expone, en el contexto de robos, cabe preguntarse qué sucede con la otra mitad de personas robadas que no se sienten amenazados; quizá el contexto del delito puede explicar esta situación.
Llama la atención que el 2% de los ciudadanos del AMC se vio forzado a cambiar de residencia, de opinión o a callar en relación a algo que conocían. Es evidente que no se trata de amenazas en el contexto de robos, sino de el uso de la intimación como mecanismo de agresión y de control hacia las personas.
Se preguntó a los entrevistados si alguien, expresamente no policía o autoridad pública, lo había amenazado para pedirle dinero. Esta es una forma de robo velado que procura el consentimiento -aunque obviamente forzado- de la víctima, llamado "peaje" en los barrios. Un 6% había sido víctima de este tipo de violencia. A un 2% le había ocurrido una vez, a un 1% dos veces y el resto tres o más veces.
Esta misma pregunta se realizó en relación a la policía, es decir si un funcionario o autoridad pública lo había amenazado para pedirle dinero, y sorprendentemente, este porcentaje es más del doble que el caso anterior. El 13% había sido víctima de este tipo de violencia por parte de funcionarios policiales o autoridades públicas. Un 4% una vez, un 3% dos veces y el resto tres o más ocasiones.
Heridos
El 0,9% de la población había sido herido con arma de fuego el año anterior y un 0,2% había sufrido una herida por arma blanca en el mismo período.
Un 3% había sido golpeado durante los doce meses anteriores. Aunque en la entrevista no se indagó sobre los motivos y el contexto de estas agresiones, éstas pueden producirse en el marco de los robos o puede tratarse de una manera de resolver los conflictos personales. Más allá de lo expuesto la cifra muestra un nivel de agresividad importante de destacar.
| Cuadro 2 Porcentajes de respuestas sobre victimización ordenadas por la columna Total | ||||||
| Preguntas: | Veces o personas | |||||
| ¿ Cuántas veces o cuántos... ? | 1(%) | 2(%) | 3(%) | > = 4(%) | Total(%) | |
| Fue robado a mano armada | 10,4 | 3,1 | 2,3 | 1,2 | 17 | |
| Fue amenazado por policía para pedirle dinero | 4,4 | 2,5 | 1,6 | 4,9 | 13,4 | |
| Fueron amenazados de muerte | 6 | 1,1 | 0,3 | 0,5 | 7,9 | |
| Fue amenazado por un civil para pedirle dinero | 1,8 | 1,2 | 0,3 | 2,4 | 5,7 | |
| Fue golpeado | 2,5 | 0,4 | 0,5 | 0,1 | 3,5 | |
| Fue forzado a cambiar de residencia | 1,1 | 0,5 | 0,0 | 0,4 | 2 | |
| Fue herido con arma de fuego | 0,9 | 0,0 | 0,0 | 0,0 | 0,9 | |
| Fue herido con arma blanca | 0,1 | 0,1 | 0,0 | 0,0 | 0,2 | |
| Fuente: LACSO, 1996 | ||||||
La presencia de la violencia
Pero la vivencia de la violencia ocurre no sólo cuando se es una víctima directa del evento, sino, también, cuando se presencia la violencia infligida sobre otras personas, familiares o no, reflejando de alguna manera el ambiente de violencia en el cual vive el individuo.
Le preguntamos a los entrevistados si habían presenciado un robo a mano armada en los últimos doce meses. Los resultados del estudio arrojaron que el 37% lo había visto. Un 14% una vez, un 5% dos veces, un 5% tres veces, y así sucesivamente.
Le preguntamos también si habían visto a una persona siendo herida, y un 11% había presenciado como herían a otra persona. Igualmente se les inquirió acerca de si habían perdido algún pariente cercano como producto de un homicidio y un 10% lo afirmó. Obviamente no hay límites claros acerca de lo que es un pariente cercano, tal concepto puede ser muy disímil de una a otra persona, lo importante en este estudio es conocer la vivencia que la persona tiene de la violencia y no la cantidad de familiares victimizados. Es notable que es bastante alta, una de cada diez personas tiene experiencias cercanas de violencia.
En el Cuadro 3 se exponen los datos que sirvieron para el análisis y la presentación de estos resultados.
| Cuadro 3 Porcentajes de respuestas a preguntas referidas a presenciar actos violentos ordenadas por la columna Total | ||||||
| Preguntas: | Veces o personas | |||||
| ¿ Cuántas veces o cuántos ? | 1 (%) | 2(%) | 3(%) | > = 4(%) | Total(%) | |
| Vio robo a mano armada | 13,7 | 4,7 | 5,1 | 14 | 37,5 | |
| Vio a alguien siendo herido | 10,7 | 5,1 | 2,3 | 7,7 | 25,8 | |
| Parientes cercanos perdió por homicidio | 8,2 | 1,3 | 0,2 | 0,0 | 9,7 | |
| Fuente: LACSO, 1.996. | ||||||
El impacto de la violencia en la vida cotidiana
La violencia tiene una dimensión subjetiva que es muy difícil de controlar pues se funda en las expectativas de ser víctima de un acto violento que la persona construye por sus experiencias propias, por la experiencias vicarias de familiares y amigos, o por los mensajes que recibe de los medios de comunicación.
En un estudio realizado a inicios de los noventa, (Navarro y Pérez Perdomo, 1991) encontraron que el sentimiento de temor hacia la violencia era similar en ciudades que tenían indicadores de violencia muy diferentes, con lo cual se mostraba la independencia que el temor tiene de los hechos reales. Pero el temor puede influir fuertemente en el comportamiento real de las personas, pues éstas se creen su propio temor y actúan en consecuencia, es decir, se inhiben de hacer ciertas actividades o hacen otras para su seguridad y protección.
Sentimiento de temor
Un aspecto importante de la violencia es el temor que infunde en las personas (Soarez,1996). Al preguntar a los entrevistados que tan temerosos se sentían en ciertas partes de la ciudad. Los resultados muestran que la mayoría de los habitantes de la ciudad, por encima del 70% en todos los casos, se sentía algo inseguro o muy inseguro. Los resultados varían en dos direcciones: dependiendo del lugar en el cual se siente el temor y a la intensidad de temor que la persona siente allí: "nada", "algo" o "muy inseguro".
El lugar más seguro reportado por la gente fue su casa o apartamento, un 29% se sentía muy seguro en su hogar. Sin embargo, un 33% estaba algo inseguro y un 37% muy inseguro.
Le sigue en orden decreciente de seguridad, las calles de la comunidad en horas del día. En este caso se incrementa el porcentaje de personas que siente algo de temor durante el día en su barrio o urbanización.
Sin embargo, este porcentaje cambia cuando se hace de noche y se está sólo en su propia comunidad, denotando un fuerte aumento del sentimiento de estar muy inseguros que tiene más de la mitad de la población de Caracas: el 55%. La noche se ha convertido en un gran temor para los caraqueños, y si al anterior sumamos el 26% que se siente algo inseguro, encontramos que cuatro de cada cinco personas tienen temor de estar en las noches en las calles de su propia comunidad.
Dos espacios de la ciudad son considerados aun más inseguros: los medios de transporte y el centro de la ciudad.
El temor en los medios de transporte público: autobuses o taxis, es algo bien sorprendente, pues los buses o camionetas son lugares donde, por lo regular, hay bastante personas. El incremento de robos en estos medios de transporte ha sido tan importante en los últimos años que el 61% de la población se sentía muy inseguro al utilizarlos, y un 27% estaba algo insegura. Sólo un 11% de las personas sentía seguridad en el transporte público.
Finalmente el 91% de los habitantes de Caracas se sentía algo (25%) o muy (66%) inseguros cuando se encontraban en otras partes de la ciudad. Es decir que el porcentaje de personas temerosas se duplica o triplica cuando se trata de salir de su comunidad y dirigirse al centro de la ciudad o a otras comunidades, pues como se refirió previamente la cifra de quienes se sienten muy inseguros en las calles de su comunidad era del 33%.
De alguna manera este sentimiento de temor muestra que la violencia ha hecho perder la ciudad para los habitantes de Caracas, quienes la sienten como una amenaza. En este sentido preguntamos al entrevistado: ¿qué tan temeroso se siente de ser víctima de un acto violento?; sólo el 8% se sentía seguro.
Los información que se utilizó para producir este análisis está contenida en el Cuadro 4 y el gráfico que sigue.
| Cuadro 4 Porcentajes de respuestas sobre temor ordenadas por la categoría Mucho | |||||
| Preguntas: | |||||
| ¿Qué tan temeroso está de ser atacado o robado en... | Mucho(%) | Algo(%) | Nada(%) | No sabe(%) | Total(%) |
| En otras partes de la ciudad? | 65,9 | 25,3 | 8,2 | 0,6 | 100 |
| En los medios de transporte? | 60,9 | 26,6 | 11,6 | 0,9 | 100 |
| De noche, sólo/a en su comunidad? | 54,6 | 25,6 | 19,5 | 0,3 | 100 |
| Su casa o apto.? | 37,4 | 33 | 29,1 | 0,5 | 100 |
| En las calles de su comunidad de día? | 32,7 | 40,8 | 25,9 | 0,6 | 100 |
| Fuente: LACSO, 1.996. | |||||
Porcentajes de las respuestas a la pregunta:
La conducta de inhibición
Ante el temor, real o infundado de la violencia, las personas desarrollan unas conductas de evitación del riesgo y se inhiben de realizar ciertas actividades, en ciertos lugares o de ejecutarlas a determinadas horas. Actividades, lugares y horas que en su percepción subjetiva se consideran como peligros y que la persona elude inhibiéndose. Esto tiene un importante costo económico para la sociedad (Bobadilla y otros, 1995).
Le preguntamos a los entrevistados si por temor a ser víctimas de un suceso violento habían limitado sus horas o lugares de trabajo. El 33% de la población así lo consideró. Este proceso se da mucho en relación a los turnos nocturnos y las horas extras, pero también en ciertos tipos de trabajos donde la persona prefiere no hacerlo porque debe trasladarse a zonas de la ciudad que considera peligrosas.
Se hizo la misma pregunta con relación a los estudios y el 27% de la población considera que había limitado sus deseos de estudiar por miedo a la violencia. Esto igualmente influye de manera importante los horarios nocturnos y afecta a las personas que trabajan y que para iniciar o continuar sus estudios deben hacerlo de noche. Por la forma como fue hecha la pregunta no es posible discernir si trata de un temor que tienen dentro del lugar donde se estudiaría o algún otro lugar de la ciudad, como serían el transporte público o el vecindario en el camino de retorno a la casa en horas de la noche. Aunque es posible presumir que ambos lugares pueden ser peligrosos, tenderíamos a pensar que se trata más de los problemas presentados en el retorno a la casa que los estrictamente ligados a su lugar de estudios.
Algunas otras actividades, menos obligantes, resultan con mayor impacto por el temor a la violencia: las salidas para realizar compras, o para divertirse fueron más afectadas. El 62% de la población había limitado las horas o lugares donde va de compras; el 73% había limitado las actividades de recreación que antes disfrutaba. Esto significa que seis o siete de cada diez habitantes de Caracas habían restringido su libertad de comprar o divertirse, limitando sus gastos lo cual implica una pérdida importante para la actividad económica.
El temor a ser víctima de la violencia durante las horas de la noche se ha convertido en un hecho aun más radical, un 80% había limitado sus salidas nocturnas por esa causa. Y no en vano existe ese temor, pues las horas de mayor ocurrencia de los homicidios en Caracas están entre las 8 de la noche y las 4 de la madrugada (Centro Para la Paz y la Integración, 1997).
Los datos relativos a este análisis a continuación en el Cuadro 5.
| Cuadro 5 Porcentajes de respuestas sobre conductas inhibidas ordenadas por la categoría Si | ||||
| Preguntas: | ||||
| ¿Por temor a ser víctima ha limitado ... | Si(%) | No(%) | No está seguro (%) | Total(%) |
| Sus salidas de noche? | 78,8 | 20,9 | 0,3 | 100 |
| La diversión o recreación? | 72,7 | 26,9 | 0,4 | 100 |
| Las horas y lugares de compras? | 62,4 | 37,6 | 0,0 | 100 |
| Las horas y lugares de trabajo? | 33,4 | 66,2 | 0,4 | 100 |
| Sus deseos de estudiar? | 27,2 | 71,5 | 1,3 | 100 |
| Fuente: LACSO, 1.996. | ||||
El ajusticiamiento y la eficacia de los juzgados
En secciones distintas de la entrevista se indagó acerca de la eficacia de los juzgados; y el grado de acuerdo con el derecho a tomar la justicia por su propia cuenta si las autoridades fallan.
Sobre la eficacia de los juzgados, el 50% de la población la consideraba mala o muy mala, el 36 % la juzgó como regular y el 13% como buena o muy buena. En relación a que si las autoridades fallan, la gente tiene derecho a tomar la justicia por su propia cuenta, el 55% de la población estaba en desacuerdo, el 42% de acuerdo y el 3% no estaba seguro de su respuesta.
Al cruzar ambas informaciones encontramos que entre los que opinaron que la eficacia de los juzgados era mala o muy mala, el 43% considera que en la medida que la evaluación de la eficacia de los juzgados es positiva o buena disminuye el porcentaje de población que está de acuerdo con tomar la justicia por sus propias manos si las autoridades fallan (43% a 39%) y viceversa, en la medida que el juicio sobre los juzgados mejora aumenta (54% a 60%) el porcentaje de la población que está en desacuerdo con tomar la justicia por sus propia cuenta.
A continuación se muestra el Cuadro 7 en el cual se presenta la información relativa al cruce de entre la evaluación de la Eficacia de los juzgados y el Tomar la justicia por sus propias manos si las autoridades fallan.
| Cuadro 6 Porcentajes de respuesta a la evaluación de la eficacia de los juzgados según el acuerdo o no de tomar la justicia por su propia cuenta si las autoridades fallan Población Global | |||
| Eficacia de los juzgados | |||
| Tomar la justicia por su propia cuenta | Mala o muy mala (%) | regular (%) | buena o muy buena (%) |
| De acuerdo | 42,5 | 42,8 | 38,8 |
| Desacuerdo | 54,0 | 54,7 | 60,3 |
| No está seguro | 3,5 | 2,5 | 0,9 |
| subtotal | 100,0 | 100,0 | 100,0 |
Al relacionar esta información según provenga de habitantes de barrios o no4 destaca que el constructo barrio o no barrio ayuda a incrementar la relación entre las variables en cuestión ya que las diferencias y relaciones aumentan.
Esta situación se hace más significativa cuando se introduce una tercera variable y se observa la diferencia de respuestas entre los habitantes de los barrios (zonas pobres de asentamientos urbanos no planificados) y de los no-barrios de Caracas (las otras zonas de la ciudad con servicios e integración urbana planificada). En los no-barrios y entre quienes piensan que los juzgados son malos o muy malos el 36 % estuvo de acuerdo en tomar la justicia por sus propias manos y el 58% expresó su desacuerdo, es decir, que no estaban de acuerdo con tomar la justicia con sus propias manos a pesar de tener un juicio negativo sobre los juzgados. Esta situación se invierte en los barrios, allí poco más de la mitad , el 53% dijo estar de acuerdo con la idea de tomar la justicia por sus propias manos y el 46% manifestó su desacuerdo. Si bien las cifras son motivo de preocupación, la situación se observa peor en los barrios y este alto porcentaje de aprobación puede ser la explicación del incremento que han tenido los linchamientos en los barrios en los últimos años en Caracas. Un estudio más detallado de esta situación debe ser realizado en el futuro.
Las respuestas peligrosas ante la violencia
Ante ese importante crecimiento de la violencia real y de los temores que la violencia genera se están dando un conjunto de respuestas en la población de Caracas que tienden a completar lo que estamos denominando la emergente cultura de la violencia. Estas respuestas las consideramos peligrosas pues pueden significar un incremento de la violencia, en lugar de su pretendida evitación.
La disposición a armarse
Una de las respuestas inmediatas que ha tenido la población de Caracas es armarse para defenderse a nivel personal de la violencia por la cual se siente amenazada. Ante la ineficiencia o desconfianza en los cuerpos policiales se ha asumido un camino de defensa, al menos como disposición, si bien no tan generalizado como realidad. El 9% de la población tenía en su casa un arma de fuego, pero del restante grupo que no poseía armas, el 36% estarían dispuestos a adquirir una para defenderse, si pudiera hacerlo. Esta cifra es muy alta, inclusive, es la más alta en todas las ciudades de América Latina en la cuales se aplicó el cuestionario y refleja una peligrosa tendencia, pues las armas en manos de la población implica un reconocimiento de la incapacidad del Estado de proporcionar seguridad. Las armas son un factor que facilita la violencia delictiva y no delictiva, pues al tenerse se tiende a usarlas para resolver los conflictos y no teniéndolas se resuelven de un modo menos arriesgado para las personas involucradas.
El odio y la rabia en un momento dado pueden expresarse con ofensas verbales, o con los puños, y en la función expresiva de ese sentimiento una ofensa verbal es similar al efecto que tendría dispararle a otra persona, pero las consecuencias físicas son muy distintas, la rabia es la misma, las heridas infringidas en el otro no.
Por otro lado, si la población se encuentra armada, los delincuentes tenderán a armarse en mayor cantidad y capacidad de fuego, así como estarán más prestos a usar sus armas que si ellos presumen que la otra persona no está armada.
| Cuadro 7 Porcentajes de respuestas sobre armas ordenadas por la categoría Si | |||
| Preguntas: | Si(%) | No(%) | Total(%) |
| ¿Tendría un arma de fuego para su protección? | 36,1 | 63,9 | 100 |
| ¿Tiene algún tipo de arma de fuego en su casa? | 9,1 | 90,9 | 100 |
| Fuente: LACSO, 1.996. | |||
La disposición a tomar la justicia por las propias manos
Ante la ausencia de presencia policial en amplias área pobres de la ciudad se han repetido en los últimos años varios intentos de linchamientos de delincuentes que el lenguaje común ha denominado los "azotes de barrios". Estos intentos han sido un mecanismo de defensa y de expresión de rabia de las comunidades que han conducido a la muerte de varios delincuentes.
Se quiso conocer cuál era el nivel de aprobación que tenía ese tipo de conductas entre la población y le preguntamos que opinaría si una comunidad mata a alguien que la ha tenido aterrorizada. Un tercio de la población (38%) aprobaría ese comportamiento; poco más de la mitad, un 51% no lo aprobaría pero lo entendería, es decir que posiblemente lo perdonaría, y sólo un 11% rechazó este procedimiento ilegal.
La demanda de aumentar la severidad de las penas
Ante las dudas sobre la existencia de un castigo, es decir ante el aumento de la delincuencia y la creencia en la impunidad del delito, existe una tendencia a demandar un aumento en la severidad de las penas, inclusive a demandar la aplicación de la pena de muerte. Se preguntó a los entrevistados que si ellos creían que debía de existir la pena de muerte para ciertos crímenes y un 65% de la población estuvo de acuerdo en que debería implantarse la pena de muerte, y significativamente un 42% estaría muy de acuerdo.
El apoyo a la transgresión de la ley por las autoridades
Otro aspecto preocupante de la respuesta ante la violencia es el apoyo que le brinda la ciudadanía a la transgresión de la ley por parte de la propia policía. Un 33% de la población estaba de acuerdo con que la policía mate a los delincuentes. Esta cifra es preocupante porque muestra la desconfianza que se tiene en el poder judicial para proceder a castigar a los delincuentes, pero, sobre todo porque introduce la idea de venganza que es algo bien distinto a la idea moderna de justicia ciega. De alguna manera, existe bastante similitud entre esta respuesta y la que apoya a los linchamientos, ambas son formas de tomarse la justicia en las propias manos.
Conclusiones
Es a partir de los datos que arroja la investigación que es posible afirmar que los niveles de victimización, los temores, las inhibiciones de las personas y las respuestas que se están dando ante dichas situaciones constituyen una emergente cultura de la violencia en Caracas; muy distinta a la cultura de la tolerancia y la paz que ha dominado el pasado de la sociedad venezolana. Este proceso es peligroso pues, una vez que se instaura, tiende a producir más violencia, como sugiere el proceso de Colombia en los últimos 40 años. Es importante conocer más y mejor este proceso y generar propuestas de acción que cambien esta tendencia y se puedan al mismo tiempo evitar los riesgos del autoritarismo o la creencia en la prescindibilidad del Estado, y así también la mayor violencia que todo esto traería.
Los resultados obtenidos en la investigación aquí reportada, dan cuenta de una situación que se torna cada vez más aguda y preocupante, en la medida que se trata de la emergencia de un proceso que se está gestado con expresiones diferentes en distintos niveles: a nivel social, en el aumento de las cifras de muertes, robos, y agresiones a las personas; a nivel de la ciudadanía a través del creciente temor de vivir bajo el influjo de la inseguridad, lo que se expresa por una parte, en una convicción de la necesidad de armarse para contrarrestar esa inseguridad reinante, y limitando, por otra parte, las actividades que anteriormente formaban parte de la vida cotidiana de un ciudadano en Caracas; a nivel de las comunidades, en el deseo de tomar la justicia en sus propias manos y en la incredulidad de la capacidad de respuesta de la autoridades y del poder judicial.
La complejidad de este fenómeno en gestación que hemos llamado la emergente cultura de la violencia, es parte del proceso de interacción social y comunicacional existente entre los individuos. Es así como pensamos que debe entenderse la violencia en la sociedad venezolana.
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2 Un deft2 igual a 3 [el menor entero mayor que (1.49+0.17)2=(1.66)2 ] obliga a triplicar un tamaño base de una muestra aleatoria simple.
3 Los datos referidos en el análisis fueron redondeados para facilitar su comprensión, sin embargo son presentados en forma completa en las tablas sobre las cuales se sustenta el análisis.
4 El constructo barrio o no barrio fue incluido en este estudio a propósito de su uso por parte de la OCEI en el proceso del diseño de la muestra. Dicha clasificación fue desarrollada por Fundacomún para referirse a las viviendas de los sectores pobres que muestran precarias condiciones en oposición al resto de la ciudad.