La crisis asiática pone en evidencia la falta de consistencia del FMI en la consideración de los criterios fundamentales de funcionamiento de las economías. Para cumplir con los programas, en la mayor parte del planeta, se está aplicando una severa austeridad fiscal, desmantelando las políticas del Estado de bienestar impulsadas en la posguerra, en el marco de la guerra fría, mientras en forma simultánea, la liberalización y desregulación financieras, apoyadas por el desarrollo de nuevas tecnologías en computación y comunicaciones electrónicas, están posibilitando el auge de la especulación financiera, que muestra los excesos del sector privado.
Mientras el Fondo Monetario Internacional, en Mayo de 1997, afirmaba que la economía mundial había entrado en una etapa de crecimiento sin inflación, gracias a que en la mayor parte de países del mundo, "las reformas estructurales", estaban "impulsando las fuerzas del mercado y en consecuencia, sentando las bases para un crecimiento sostenido y robusto"1, los más connotados ideólogos del neoliberalismo, en los primeros meses de 1997, fueron incluso más allá del FMI en su optimismo, afirmando que "el mundo estaba entrando en una nueva edad de oro", superior a cualquier otro período de prosperidad en la historia.
Una respetada firma de pronósticos económicos de Eddystone, Pensilvania, WEFA, calculó incluso que el crecimiento de la economía mundial sería del 4% en promedio durante los próximos veinte años, esto es el doble del crecimiento registrado en los veinte años previos a 1993, que habría sido del 2%, según la misma fuente.2
En la historia de la humanidad, según estas versiones optimistas, el período actual podría llegar a compararse con dos períodos anteriores de supercapitalismo. El primero, fueron los cuarenta años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando surgió la producción en masa, hubo un proceso de consolidación industrial y los emporios nacionales que surgieron se extendieron a otros países. El promedio de crecimiento anual fue del 2.1%, más del doble de la tasa de los 50 años anteriores.
La segunda edad de oro va desde 1950 hasta 1973. El promedio del crecimiento mundial fue del 4.9%, en parte debido a las innovaciones que se habían frenado durante la Depresión y la guerra. Este boom se habría limitado a unos pocos países, "los países en desarrollo no lo disfrutaron", afirmó Henry Rowen, un economista de Stanford. La posible tercera edad de oro, sería trascendental por su alcance, abarcaría a los países en desarrollo y por su magnitud , según sus autores.
Jeffrey Sachs, economista de la Universidad de Harvard, sostuvo que si no se presenta una guerra de grandes proporciones o una catástrofe ecológica, "el crecimiento económico elevará el nivel de vida de un número mayor de personas en un número mayor de países que en ningún otro período de la historia".
Las razones del optimismo eran compartidas entre el FMI y los analistas: La creciente liberalización de los pagos, además de los cambios en el papel del Estado a través de la privatización y la desregulación, estarían aumentando la eficiencia según el FMI. "La inflación se mantiene bajo control y los compromisos con la estabilidad de precios son quizás más altos que en ningún otro momento en la posguerra; los déficits fiscales están siendo reducidos con creciente determinación en muchos países, lo cual ayudará a contener las tasas de interés en el largo plazo y a realizar mayores inversiones".3
"En todo el mundo, los gobiernos se mueven en la misma dirección: desregulan, privatizan, reducen sus déficits y compiten por la inversión extranjera" lo cual muestra el convencimiento actual de la mayoría de gobiernos del mundo de que la liberalización económica es el camino más seguro hacia el crecimiento", afirmó el Presidente del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de México.
"El viraje hacia el libre mercado en países en los que los controles estatales obstaculizaban el comercio en el pasado", es lo mejor que podría pasar para abrirle paso a la prosperidad, dijo Steve Hanke, economista de John Hopkins University. En un estudio que realizó para el Comité Económico Conjunto del Congreso, Hanke llegó a la conclusión de que "por cada aumento del 10% en el índice de libertad económica, el ingreso per cápita se elevaba entre un 7.4% y un 13.6%"4.
En ese ambiente de optimismo neoliberal, se pronunció sin embargo una importante voz discordante, la del Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, quien preocupado por el continuo crecimiento de los índices en el mercado de valores norteamericano, advirtió contra el riesgo de creer que esta vez las cosas serán distintas. "La historia está llena de visiones de "nuevas épocas" que demostraron no ser más que espejismos", manifestó ante el Comité de Banca del Senado de Estados Unidos. "Los mercados financieros parecen creer que en el actual ambiente benigno, la Fed podrá mantener a la economía creciendo indefinidamente a un ritmo sano sin tener mucha inflación", afirmó, "pero no hay ninguna prueba de que se acabaron los ciclos económicos. No cabe duda de que ocurrirá otra recesión algún día"..5
Pero ni el FMI, ni los connotados economistas, ni el Presidente de la Reserva Federal, pudieron preveer peor prevenir, la magnitud que alcanzó la crisis financiera en los países asiáticos en desarrollo, consideradas como las economías más saludables del mundo, cuyos primeros síntomas ya se venían registrando desde 1996, con la presión que sobre los tipos de cambio ejercían los capitales que buscaban convertirse a dólares para salir de dichos países.
El FMI no dio importancia a dichos eventos, considerando que los denominados fundamentos de las economías asiáticas, esto es las bajas tasas de inflación de un dígito, las elevadas reservas monetarias internacionales y los superávits fiscales, mostraban que se trataba de las economías más saludables del mundo, que en consecuencia contaban con la confianza de los inversionistas internacionales. El aumento en los flujos de capital dirigidos hacia los países de mercados emergentes, reflejaban, a juicio del FMI "tanto el creciente movimiento hacia un sistema financiero global abierto, como las exitosas políticas económicas de muchos países recipientes".6
En el informe sobre la economía mundial, de mayo de 19977, el FMI reclasificó a algunos países asiáticos en sus estadísticas, retirándolos de los países en desarrollo y ubicándolos en los países de economías avanzadas, conjuntamente con los países industrializados. La reclasificación de Hong Kong, Corea, Taiwán, Singapur e Israel, según la explicación del FMI, reflejó el estado avanzado del desarrollo económico que estas economías habían alcanzado, entre cuyos indicadores se incluyeron los niveles de ingreso percápita, mercados financieros bien desarrollados y alto grado de intermediación financiera; y, estructuras económicas diversificadas con un sector servicios, relativamente amplio y en rápido crecimiento. 8
LOCOMOTORAS DE LA ECONOMIA MUNDIAL
Los países asiáticos en desarrollo han constituido la locomotora de la economía mundial en los últimos veinte y cinco años, sobre todo a partir de que los países industrializados entraron en la etapa de crecimiento lento desde inicios de los años setenta, con recesiones recurrentes y creciente desempleo, características por las que muchos autores consideraron que se trataba de una nueva crisis del capitalismo.
Los países asiáticos en desarrollo crecieron a tasas superiores al doble de la registrada por los países industrializados, e incluso en ciertos períodos, las tasas de estos últimos más que triplicaron a las de los primeros9. Su crecimiento se basó en las exportaciones de productos industrializados, destinados en su mayor parte hacia los grandes mercados de Estados Unidos y de Europa, en un primero momento de productos intensivos en el uso de mano de obra, textiles, prendas de vestir y productos electrónicos (rubros en los que continúan siendo importantes exportadores); y, en un segundo momento, en productos intensivos en capital y conocimientos (industria automotriz, máquinas de oficina y equipo de telecomunicaciones, etc.).
GENESIS DE LA CRISIS EN ASIA
El éxito exportador de los países asiáticos, les permitió lograr importantes superávits comerciales, lo que provocó reacciones por parte de sus socios comerciales que acumularon importantes déficits, Estados Unidos y los países de la actual Unión Europea, quienes ejercieron presiones sobre los países asiáticos para que:
Los países asiáticos fueron cediendo paulatinamente a las presiones, revaluaron sus monedas en el segundo quinquenio de los ochenta, se abrieron paulatinamente a las importaciones, y sobre todo, en el transcurso de los años noventa, fueron liberalizando sus mercados financieros, aún cuando, a juicio de Estados Unidos, dichos procesos iban a un ritmo excesivamente lento, considerado insuficiente, razón por la que Estados Unidos se retiró de las negociaciones para liberalizar los servicios financieros, al interior del GATT en la Ronda Uruguay, las cuales quedaron inconclusas.
Los países asiáticos impulsaron la liberalización financiera sobre todo en el transcurso de los años noventa, permitiendo incluso la creación de centros financieros off-shore, como el de Labuan en Malasia y el de Bankok, creado en 1992 en Tailandia. 13Los bancos extranjeros, cuya presencia se incrementó con la liberalización financiera, capturaron la mayor parte de los negocios en estos centros financieros, concediendo créditos en dólares. La estabilidad de los tipos de cambio, se convirtió entonces en un elemento central del funcionamiento del modelo, constituyendo la garantía de que el negocio podría continuar operando.
Los créditos se canalizaron en su mayor parte hacia los bienes raíces y los mercados de valores, elevándose los precios de estos activos a niveles estratosféricos. Los mercados de valores de los países asiáticos, en base a su espectacular crecimiento, merecieron su clasificación como mercados emergentes.14 Los precios de los bienes raíces se dispararon. Solo para mencionar un ejemplo, en Bangkok, el valor de una misma superficie de tierra llegó a superar a su equivalente en San Francisco (Estados Unidos), a pesar de que la productividad percápita en Bangkok era apenas la doceaba parte de la productividad en San Francisco.
RESULTADOS ESPERADOS
Los cambios impulsados en la política comercial y financiera, dieron los resultados esperados.
La liberalización comercial dio lugar a que las importaciones crecieran mucho más rápido que las exportaciones, aún cuando la mayoría de importaciones no procedieron de Estados Unidos, como este país pretendía, sino de Japón, aumentando el déficit comercial de los países asiáticos en desarrollo frente a Japón, pero continuando con superávits, aún cuando de menor magnitud, con Estados Unidos. Ver el siguiente cuadro.
| BALANZA COMERCIAL DE LOS
PAISES ASIATICOS CON ESTADOS UNIDOS Y JAPON
-millones de dólares- | ||||
| Estados Unidos | Japón | |||
|
Tailandia Filipinas Malasia Corea Hong Kong |
1990
1.640 566 42 2.500 13.164 |
1995
1.571 959 2.622 -6.223 22.969 |
1990
-6.175 -775 -2.549 -5.936 -8.589 |
1995
-12.148 - 3.607 -11.795 -15.509 -18.006 |
| Fuente: FMI. Direction of Trade Statistics Yearbook, 1996. Elaboración: personal. | ||||
Los superávits comerciales de los años ochenta, se transformaron en la mayor parte de países asiáticos en importantes déficits o menguaron considerablemente, deteriorándose el saldo en cuenta corriente de la balanza de pagos, cuyo déficit se nutrió además con los saldos negativos en la balanza de servicios, que mostraban el creciente pago de intereses y utilidades al capital extranjero ingresado en el período.
Una idea del crecimiento de los déficit en cuenta corriente se puede tener, con la información del siguiente cuadro:
| DEFICITS EN CUENTA
CORRIENTE Y SALDO DE LA
RESERVA MONETARIA INTERNACIONAL -en millones de US dólares- | ||||
| PAISES | CTA. CTE. | CTA. CTE. | RMI | RMI |
|
Tailandia Filipinas Indonesia Malasia Corea | 1990
-7.281 -2.695 -2.988 -870 -1.745 |
1995
-13.554 -1.980 -7.023 -7.362 -8.251 |
1990
13.305 924 7.459 9.754 14.793 |
1995
35.982 6.372 13.708 23.774 32.678 |
| Fuente: FMI. International Financial Statistics, November 1997. | ||||
La información del cuadro anterior, muestra claramente que las Reservas Monetarias Internacionales crecieron entre 1990 y 1995, lo que significa que en ese período, los países asiáticos mencionados, registraron un ingreso de capital extranjero ampliamente superior a las necesidades de financiamiento del déficit en cuenta corriente, a pesar de su notable deterioro, dando lugar a una acumulación de reservas monetarias internacionales, elemento que debe ser considerado al analizar el carácter de la crisis que se desató en 1997.
El crecimiento de las Reservas Monetarias Internacionales, que fue espectacular, no obedeció al crecimiento de las exportaciones, puesto que en la mayoría de países, los ingresos por exportaciones fueron insuficientes incluso para cubrir las importaciones, sino exclusivamente al ingreso de capitales especulativos, que siguió a la liberalización financiera. El ingreso de capital extranjero, como inversiones de cartera o como depósitos en los centros financieros off- shore, no obedeció en consecuencia a las necesidades de financiamiento del aparato productivo, como en el pasado sucedió en Asia, con la inversión extranjera directa, sino a la lógica del capital financiero que se desplazó a nivel internacional, en busca de rentabilidad financiera en el corto plazo, hecho que fue posible en Asia, debido a la liberalización financiera emprendida desde fines de los ochenta, pero que tomó vigor en los años noventa.
El ingreso de capital especulativo de corto plazo, creció de una manera extraordinaria en el transcurso de los años noventa, a medida que se iban liberalizando los mercados financieros de esos países, a tal punto que desplazó a la inversión extranjera directa, que ocupó el primer puesto en los primeros años de 1990. Así, en Tailandia, por ejemplo, mientras en 1990, el ingreso de capital por IED fue superior en 130% al ingreso de capital por depósitos bancarios; en 1995, el ingreso de capital por depósitos bancarios, fue 640% el ingreso por inversión extranjera directa.
Con la liberalización financiera, las condiciones para la economía de especulación estaban dadas: los mercados de valores emergentes se dinamizaron y los precios de los bienes raíces se dispararon hacia arriba. El mayor ingreso de capitales no dio lugar a un aumento de la inflación, más que en forma marginal, sino que, al orientarse dichos recursos a los mercados de valores y a los mercados de bienes raíces, se dispararon los precios de dichos activos, inflándose la burbuja, como ha sucedido en todos los países en los que se ha registrado un boom del crédito en los siguientes años de la liberalización financiera.
De esta manera, aún cuando las variables consideradas fundamentales por el FMI, mostraban la salud de las economías asiáticas: Superávits fiscales, bajas tasas de inflación inferiores a un dígito, elevadas reservas monetarias internacionales, el saldo en cuenta corriente de la balanza de pagos, como lo anotamos en párrafos anteriores, se había venido deteriorando en el transcurso de los años noventa, en la mayor parte de países, por un crecimiento del déficit comercial, asociado a un crecimiento de las importaciones mayor que el de las exportaciones; pero también por un pago de servicios al resto del mundo, mayor que los ingresos por dicho concepto.
Dichos déficits en cuenta corriente habían sido financiados en el transcurso de los años noventa, con ingresos de capitales, los cuales, de acuerdo con el FMI, eran atraídos al Asia por la fortaleza de dichas economías. El ingreso de capitales, sin embargo, superó ampliamente las necesidades de financiamiento de la cuenta corriente, lo cual se reflejó en un crecimiento muy grande del saldo de la Reservas Monetarias Internacionales.
A partir de las medidas de liberalización financiera impulsadas en los países asiáticos en el transcurso de los años noventa, la composición del capital que ingresaba para financiar los déficits en cuenta corriente y/o para acumularse como reservas internacionales, cambió, aumentando el peso relativo de las inversiones de cartera y/o de los depósitos de corto plazo en el sistema bancario y disminuyendo el peso de los ingreso de capitales por concepto de inversión extranjera directa, que en general son de más largo plazo.
El aumento de las Reserva Monetaria Internacional no mostraba, en consecuencia, la solidez de esas economías, como suele interpretar el FMI, sino su extrema vulnerabilidad, al estar nutrida por ingresos de capital especulativo de corto plazo, que decidieron abandonar dichos países, frente a la combinación de mejores opciones en otros mercados conjuntamente con la percepción de riesgos en esos países.
El ingreso masivo de capitales de corto plazo, que siguió a la liberalización financiera, como en todos los países en los que se ha registrado dicho proceso, se canalizó hacia la compra de títulos en los mercados de valores y hacia las inversiones inmobiliarias. Las cotizaciones en ambos mercados, se dispararon en consecuencia, atrayendo mayores inversiones.
LOS BENEFICIARIOS DEL BOOM
Los inversionistas internacionales que canalizaron sus recursos financieros hacia los mercados de bienes raíces y hacia los mercados de valores asiáticos, se beneficiaron del boom que experimentaron los precios de dichos activos, obteniendo ingentes utilidades. Los bancos locales de propietarios nacionales o extranjeros y los intermediarios financieros en general que canalizaron dichos recursos, se beneficiaron también del boom del crédito. Mientras ingresaban capitales, los bancos canalizaban el financiamiento a sus clientes, en la mayor parte de casos en dólares, sin medir el riesgo de incumplimiento que dichos créditos conllevaban, de que los deudores no pudieran cubrir sus deudas en moneda extranjera frente al evento de una devaluación. Para asegurarse de que eso no iba a ocurrir, las autoridades monetarias mantenían estable la cotización de la moneda nacional frente al dólar.
Además de los especuladores internacionales y del sistema financiero local, en las fabulosas utilidades en la época del boom, participaron los beneficiarios locales del crédito. La vinculación del Estado y del sector privado, que tan bien sirvió para impulsar la industrialización asiática, sirvió también para concentrar los beneficios durante el período en que se formó la burbuja, créditos concentrados en la familia del Presidente Suharto en Indonesia, por ejemplo. Así como en el pasado, floreció la industrialización, impulsada por la cooperación Estado/sector privado, ahora dicha cooperación dió impulso a la especulación, legalizada por la liberalización financiera.
Una característica de las inversiones de cartera, es que son inversiones de corto plazo, de un carácter altamente especulativo y nervioso, frente a cualquier percepción de riesgo, por la presencia de elementos económicos o políticos, tanto locales como internacionales, que puedan amenazar sus posiciones en esos mercados.
DESENCADENANTES DE LA CRISIS EN ASIA
La inestabilidad en los mercados financieros de los países asiáticos comenzó a sentirse en el transcurso de 1996, en que los gobiernos tuvieron que intervenir en los mercados de cambios, vendiendo los dólares de las elevadas reservas monetarias, para frenar la presión sobre el tipo de cambio que se venía sintiendo debido a factores tanto de orden internacional como interno.
En el orden internacional, un elemento muy importante, que influyó sobre la tendencia a la reorientación geográfica de los flujos de capitales a nivel internacional, fue la revalorización del dólar norteamericano. Esta moneda después de haber llegado a su punto más bajo a mediados de 1995, comenzó a recuperarse frente al yen y las otras divisas fuertes. La revalorización del dólar, a juicio del FMI, estaba asociada a los diferenciales de interés en favor de los activos denominados en dólares.15 Por el contrario, la debilidad del yen japonés se explicaba, según la misma fuente, por las expectativas de que las tasas de interés permanecerían bajas por algún tiempo, dada la necesidad de impulsar el crecimiento económico.
La devaluación del yen y del yuan chino, revaluación de las monedas asiáticas que mantenían la paridad frente al dólar, afectó a la economía de los países aisáticos en desarrollo, que perdieron competitividad frente a los productos procedentes de los países cuyas monedas se devaluaban, lo cual agravó la magnitud de sus déficits en cuenta corriente, en condiciones en que los capitales ya no ingresaban para financiar dichos déficits, sino que se reorientaban en dirección de los países cuyos mercados de valores mostraban un mejor comportamiento, entre los que se destacó Estados Unidos.
El aumento en las cotizaciones en los mercados de valores norteamericanos, a juicio del FMI, debe atribuirse en gran parte a la fortaleza de los denominados fundamentos en ese país: baja inflación, tasas de interés estables o en declive y perspectivas de crecimiento económico.16
El mercado de valores norteamericano ejerció entonces, una fuerte atracción sobre los capitales especulativos, por el crecimiento imparable de sus cotizaciones, alcanzando nuevos picos a fines de 1996 y en los primeros meses de 1997, a tal punto que el propio Presidente de la Reserva Federal, manifestó en reiteradas ocasiones su preocupación, amenazando con elevar las tasas de interés, para frenar la "exuberancia irracional" que a su juicio estaba mostrando el mercado de valores norteamericano.
En efecto, de acuerdo con la propia información del FMI, en Estados Unidos, "el valor total de las acciones en los mercados de valores se estima que alcanzaron aproximadamente el 140% del PIB a inicios de 1997, lo cual está muy por encima de los niveles vistos en las tres últimas décadas"17.
La presión por la salida de capitales que ya se empezó a sentir en el transcurso de 1996, se reflejó claramente en Tailandia, en donde la cotización del mercado de valores cayó en 40%.18 Tailandia aplicó en 1996, una política monetaria restrictiva para evitar el recalentamiento, elevándose las tasas de interés, lo cual afectó a los mercados de valores, a los mercados de bienes raíces e impactó sobre el ritmo de crecimiento, el cual descendió del 8.7% en 1995 al 6.7% en 1996.19
En 1997, continuó registrándose la tendencia a la revalorización del dólar, hasta que en Abril de 1997, su tipo de cambio real alcanzó su más alto nivel desde 1989. 20 La presión sobre las cotizaciones de las divisas en los países asiáticos se incrementó, aumentando también la intervención de los bancos centrales para impedir la devaluación de sus divisas. En Mayo de 1997, los bancos centrales asiáticos declararon que habían ganado la guerra a los especuladores. 21
En efecto, los bancos centrales intervinieron en forma coordinada entre Tailandia, Singapur, Malasia y Hong Kong, según el pacto de asistencia mutua acordado en 1995, gastando unos 12.000 millones de dólares en la compra de bahts (tailandés), en la segunda semana de mayo de 1997, logrando temporalmente frenar la presión contra dicha divisa.
Entre los participantes en la denominada "batalla del baht" se mencionaron fondos de cobertura administrados por Soros, Robertson, Bruce Kovner y Lee Cooperman. También se incluyeron firmas como BZW, J. P. Morgan & Co., Citibank y Goldman Sachs. 22. Parece importante, tomar en cuenta dichos nombres, que con seguridad los volveremos a encontrar en las próximas crisis financieras, puesto que la liberalización financiera continuará siendo impulsada, siguiendo los lineamientos de los compromisos asumidos por los países participantes en las negociaciones sobre este tema, realizadas al interior de la OMC,23 a pesar de la creciente inestabilidad financiera que conlleva y de las crisis.
Conjuntamente con la intervención en los mercados cambiarios vendiendo dólares, las autoridades monetarias aumentaron las tasas de interés locales, tratando de detener la salida de capitales, lo cual impactó negativamente sobre las cotizaciones en los mercados de valores, que cayeron"
Hay que destacar la encrucijada en la que se encuentran las autoridades monetarias en los momentos en los que se registran fugas de capitales. Tratando de retenerlos, las autoridades monetarias elevan las tasas de interés, pero dicha elevación repercute negativamente sobre los mercados de valores, cuyos capitales se retiran de esos mercados, desplomándose las cotizaciones y acelerándose la fuga de capitales, aumentando la presión sobre el tipo de cambio, lo cual ilustra la nula capacidad de los gobiernos para lidiar con los movimientos de capitales especulativos a nivel internacional.
En forma adicional, tratando de detener la caída de las cotizaciones de sus divisas, los gobiernos asiáticos perdieron la mayor parte de sus elevadas reservas monetarias internacionales, al intervenir en los mercados cambiarios vendiendo dólares y retirando su moneda nacional, lo cual genera en forma simultánea un problema de iliquidez. Corea, por ejemplo, que tenía unas reservas internacionales de 34 mil millones de dólares en 1996, las fue perdiendo, hasta que el 4 de diciembre de 1997, tenía apenas 6 mil millones, equivalente a alrededor de medio mes de importaciones. A esa fecha, se estimaba que la deuda externa de Corea a corto plazo, ascendía a 100 mil millones de dólares. 24
Finalmente, las autoridades monetarias de los países asiáticos perdieron la guerra frente a la magnitud de los retiros realizados por los especuladores, haciendo uso del derecho a la libre movilidad internacional de capitales, permitida por la liberalización financiera. La magnitud de la devaluación de sus monedas, caída de las cotizaciones en los mercados de valores, quiebras de empresas y de instituciones financieras, desempleo y violencia social, muestra la imposibilidad en la que se encontraron los gobiernos de la región, convertidos en expectadores antes que actores, de una crisis inimaginable en la época en que dichos gobiernos mantenían el control sobre los movimientos de capitales en su territorio, esto es en toda la época en que se gestó el denominado "milagro asiático".
LAS MANIFESTACIONES DE LA CRISIS
La crisis se manifestó en un primer momento en forma de presión sobre los tipos de cambio, frente a la demanda de divisas por parte de los especuladores para retirar sus capitales. Buscando contrarrestar dichas presiones, los gobiernos intervinieron en los mercados, vendiendo dólares y retirando su moneda local de la circulación, provocando iliquidez, al mismo tiempo que elevaron las tasas de interés locales. Mediante estas intervenciones, fueron perdiendo reservas, hasta que tuvieron que abandonar la defensa de sus monedas, produciéndose devaluaciones en cascada en toda la región.
Unicamente desde el 2 de julio de 1997, en que Tailandia decidió dejar flotar el baht, que se devaluó automáticamente en un 20%, la devaluación acumulada de las monedas asiáticas, hasta mediados de Enero de 1998, fue de las siguientes magnitudes:
Rupia Indonesia, del 68.3%; Thai baht de Tailandia, del 51.95%; Won de Corea, del 50.83%; Ringgit de Malasia del 44.92%; Peso de Filipinas, del 40.1%; Dólar de Taiwán, del 18.63%; y, Dólar de Singapur, del 19.28% . El dólar de Hong Kong logró mantener su cotización frente al dólar norteamericano, bajo el esquema de convertibilidad vigente, aún cuando, para lograrlo, debió perder una buena parte de sus reservas internacionales y elevar sustancialmente las tasas de interés locales.
Al perder las reservas monetarias internacionales, y frente a la magnitud de los compromisos internacionales de corto plazo asumidos por los particulares y el gobierno, los países enfrentaron el riesgo de incumplimiento con sus acreedores externos. La crisis financiera, originada en la salida de capitales especulativos ingresados luego de la liberalización financiera aplicada por los países de la región, se convirtió entonces en crisis de la deuda.
La salida de capitales se reflejó además de en la pérdida de reservas, en la caída de las cotizaciones en los mercados de valores de la región, que sufrieron un verdadero crash, alcanzando las siguientes magnitudes en porcentajes, calculados en base a cotizaciones en dólares, desde el 1 de julio de 1997 hasta mediados de enero de 1998:
Tratando de conseguir liquidez, los tenedores de bienes raíces los pusieron a la venta, buscando conseguir los recursos líquidos para mantenerse operando, produciéndose una sobre oferta de bienes raíces al mismo tiempo que se redujo la demanda, por el encarecimiento del crédito asociado a la elevación de las tasas de interés, dando lugar a la caída de los precios de los bienes raíces.
Las quiebras de empresas y de instituciones financieras, repercutieron sobre el empleo, al ser masivamente despedidos los trabajadores de las empresas e instituciones con problemas.
La elevación de las tasas de interés, la restricción crediticia, las devaluación de las monedas locales, la caída de las cotizaciones en los mercados de valores, la caída de los precios de los bienes raíces, las quiebras de empresas y de instituciones financieras, el aumento del desempleo, la disminución del ritmo de crecimiento, el riesgo de incumplimiento en los pagos a los acreedores externos y la necesidad de paquetes de rescate, fueron las manifestaciones de la crisis en las hasta entonces economías saludables del Asia.
LAS REPERCUSIONES DE LA CRISIS ASIATICA
Los países asiáticos en desarrollo, como ya lo anotamos en párrafos anteriores, habían venido registrando las tasas de crecimiento más elevadas del mundo, constituyendo un polo de desarrollo y actuando de locomotora de la economía mundial, sobre todo en los últimos cinco años, a partir de que Japón, se sumó a los demás países industrializados entrando también en la fase de crecimiento lento, desde 199226. La crisis asiática, al disminuir el ritmo de crecimiento de estos países tendrá importantes repercusiones sobre todos los países y regiones del mundo.
En primer lugar, disminuirán su demanda, tanto de productos primarios como de productos industrializados. Los precios de los productos primarios ya han acelerado su descenso desde fines de 1997, repercutiendo sobre los países exportadores, cuyos ingresos de divisas son mermados en forma automática.
En segundo lugar, aumentarán su oferta, apoyándose en las monedas devaluadas y en su enorme capacidad productiva instalada. La devaluación monetaria, les ha permitido mejorar sustancialmente su competitividad, frente a los demás países del mundo, con lo cual ejercerán presión en los mercados tanto de productos intensivos en el uso de mano de obra, como de productos de mayor contenido tecnológico.
Respecto a los mercados de productos intensivos en el uso de mano de obra y de bajo contenido tecnológico, como calzado, juguetes, textiles, prendas de vestir, etc., tenderán a desplazar del mercado a productores de otros países en desarrollo, afectando sobre todo a los pequeños productores que en estas ramas, existen en todos los países; pero también, tenderán a desplazar del mercado a productores de productos de mayor contenido tecnológico, como industria automotriz, equipo electrónico, sectores en los que competirán con otros países en desarrollo, que tienen capacidad productiva en estas ramas, pero también con los países industrializados. Dentro de éstos, quizás el más afectado sea Japón, país para el que los asiáticos son al mismo tiempo importantes como mercado. La combinación de una mayor oferta de los países asiáticos, a precios competitivos, con una menor demanda y una mayor competitividad en terceros mercados, parece especialmente grave para Japón.
La presión por colocar un mayor volumen de exportaciones, tratando de conseguir las divisas que les permitan cubrir el servicio de la deuda externa, se intensificará también en Europa y en Estados Unidos, en donde aumentarán las presiones proteccionistas, para impedir el efecto negativo sobre el empleo local.
En Estados Unidos, el déficit comercial norteamericano se deterioró ya en los últimos meses de 1997, acumulándose un déficit en ese año de 160 mil millones de dólares, superior a los 148 mil millones de 1996. La mayor parte de ese déficit, considerado el peor en los últimos diez años, se atribuye al deterioro de la relación comercial norteamericana con los países asiáticos.27
La magnitud del impacto de la crisis asiática, sobre los propios países asiáticos y sobre el resto del mundo, dependerán de la forma en que esos países, enfrenten dicha crisis. Si la receta recesiva del FMI se impone, y el crecimiento económico se frena de una manera importante en esos países, las quiebras empresariales así como de instituciones financieras podrían continuar registrándose, aumentando el desempleo, para contrarrestar el cual, los países asiáticos se volcarán al mercado externo, desplazando a otros productores de esos mercados y en consecuencia, relocalizando el desempleo fuera de sus fronteras, afectando a terceros países.
Es posible también que se registren presiones por devaluaciones competitivas en cadena en otros países, buscando utilizar la cotización de la divisa como una barrera para limitar las importaciones y mantener la competitividad de las exportaciones, fuertemente deteriorada frente a la devaluación de las monedas asiáticas.
CONCLUSIONES
La crisis asiática es una ilustración patética de la dictadura de los especuladores en los mercados, sin que los gobiernos ni los organismos multilaterales puedan prevenir las crisis, dadas las condiciones de libre circulación internacional de capitales, peor prevenirlas.
La liberalización financiera ha posibilitado que grandes masas de recursos financieros en manos de especuladores puedan desplazarse rápidamente en busca de rentabilidad financiera en el corto plazo, apoyados por las innovaciones tecnológicas en telecomunicaciones e informática. Las transacciones financieras internacionales han crecido de una manera espectacular, a medida que la liberalización financiera ha avanzado. Así, mientras a mediados de los ochenta, el volumen diario de operaciones en los mercados de divisas ascendía a 200 mil millones de dólares, en 1995, dichas operaciones ascendieron a alrededor de 1.200 mil millones de dólares, multiplicándose por seis en 9 años. La magnitud de esta última cifra podemos apreciarla mejor, si consideramos que equivale al doble del saldo total acumulado de la deuda externa de América Latina, que es de alrededor de 600 mil millones de dólares. En un día, se realizan en consecuencia, operaciones en los mercados de divisas, por un valor que equivale al doble del saldo acumulado de la deuda externa de todos los países de América Latina.
Las transacciones internacionales en bonos y acciones, en los principales países industrializados que equivalían a menos del 10% del Producto Interno Bruto en 1980, superaron el 100% del mismo en 1995 y en muchos casos lo duplicaron (casos de Alemania y Francia) e incluso lo cuadruplicaron (caso de Italia).28
La capacidad de las autoridades monetarias de controlar las cotizaciones de las divisas, mediante intervenciones oficiales, se ha ido mermando, en la medida en que la magnitud de las operaciones en los mercados ha crecido a mayor velocidad que las reservas monetarias internacionales de los bancos centrales. Así, mientras en 1986, el volumen diario de operaciones en los mercados de divisas, equivalía al 36.7% del total de reservas de los Bancos Centrales, en 1995, representaba el 84.3% de las mismas.29 Una intervención coordinada de todos los bancos centrales en los mercados cambiarios, no sería capaz de contrarrestar las presiones de los especuladores en los mercados.
Importantes autores consideran que hace mucho tiempo que las autoridades monetarias han perdido control de los mercados financieros, los cuales a juicio de Paul Volcker, ex-presidente de la Reserva Federal entre 1980 y 1988, estarían marchando a la deriva, poniendo en peligro "las brillantes promesas de crecimiento económico, desarrollo y libertad"30 que, a su juicio, habrían surgido con el triunfo del capitalismo en la posguerra fría.
El capital especulativo de corto plazo, no resuelve el problema del financiamiento del desarrollo que requiere de estrategias a largo plazo, constituyéndose en un mecanismo escandaloso y fraudulento de extracción de excedentes, durante las épocas de auge y crecimiento de los mercados de valores y de los mercados de bienes raíces. Un ejemplo de ello, es la rentabilidad obtenida por los especuladores en los mercados de América Latina en los primeros seis meses de 1997, medidas en dólares, expresada en porcentajes:
En los momentos de auge de estos mercados, ni el Estado ni la población delos países en los que se localizan obtienen ningún beneficio, puesto que se exige la máxima libertad para obtener las utilidades, mientras se exige la máxima intervención del Estado en los momentos de crisis, para socializar las pérdidas, mediante costosos paquetes de rescate que son concedidos como crédito a los países en los que antes especularon dichos capitales, recayendo el servicio de esa deuda sobre la población, trabajadores y empresarios que no participaron en la especulación .
La combinación de elevadas tasas de interés, devaluaciones, restricción crediticia, contracción del gasto público, y recesión, afecta drásticamente a los empresarios dedicados a actividades productivas, generadoras de empleo, que se ven empujados a la quiebra, por razones no imputables a su organización empresarial, ni a su productividad. La Federación coreana de pequeños empresarios, reportó que en promedio, en Corea, cada día se suicida un pequeño empresario, después de desatada la crisis asiática.31
Robert Rubin, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, declaró que los inversionistas internacionales no han sufrido lo suficiente por sus inversiones poco acertadas en países como México o Tailandia. "Los inversionistas cometen imprudencias y no pagan un precio por ello", sostuvo, "Dicha factura es trasladada a la población de esos países que sufre con las recesiones, el poco crecimiento, el desempleo y las deficiencias presupuestarias de los gobiernos"32.
En el transcurso de la crisis asiática, se estaban llevando a cabo las negociaciones al interior de la OMC para avanzar hacia una mayor liberalización de los servicios financieros, siendo irónico el contraste entre las presiones que ejercieron Estados Unidos y la Unión Europea para que los países asiáticos acepten dicha liberalización, con la presión de los intermediarios financieros para que el Estado y los organismos multilaterales, intervengan en la crisis para rescatarles de la crisis, mediante el apoyo con fondos públicos.
Liberalización y no intervención del Estado para la privatización de las ganancias e intervención de los organismos multilaterales y de los gobiernos locales para la socialización de las pérdidas: esa es la lógica del capital financiero.
La crisis asiática pone en evidencia, la falta de consistencia del FMI, en la consideración de los criterios fundamentales de funcionamiento de las economías, para cumplir con los cuales, en la mayor parte del planeta, se está aplicando una severa austeridad fiscal, desmantelando las políticas del Estado de bienestar impulsadas en la posguerra, en el marco de la guerra fría, mientras en forma simultánea, la liberalización y desregulación financieras, apoyadas por el desarrollo de nuevas tecnologías en computación y comunicaciones electrónicas, están posibilitando el auge de la especulación financiera, que muestra los excesos del sector privado. Austeridad en el gasto social y liberalidad en la especulación financiera, explican la creciente polarización en la distribución del ingreso, entre la creciente masa de trabajadores desempleados y empobrecidos y el cada vez más reducido grupo de privilegiados por el funcionamiento libre de las leyes del mercado.
La receta macroeconómica del FMI para salir de la crisis en Asia, que muestra que esta institución no dispone más que de una sola pócima, ha aumentado las críticas a esta institución, pero esta vez ya no solamente de los eternos críticos del mundo académico, sino de figuras consideradas prominentes de Wall Street y del Banco Mundial, que consideran que la medicina ha resultado peor que la propia enfermedad. Al respecto, el Presidente del Directorio del Morgan Stanley Asset Management, declaró públicamente que "se debería presionar al FMI para que renuncie a su receta de austeridad fiscal y monetaria para Asia".33 "A cambio, el FMI debería emprender programas que permitan a los países asiáticos crecer sin resultar perjudicados", continuó.
El FMI insiste en que hay que reducir el gasto público para contrarrestar el costo de reestructurar el afectado sistema bancario". Los críticos del FMI señalan que eso es exactamente lo contrario de lo que está haciendo Japón: aumentar su déficit fiscal para sanear su sistema bancario y es también lo contrario de lo que hizo Estados Unidos, cuando tuvo que rescatar a sus sociedades de ahorro y crédito.
Los bancos extranjeros están muy comprometidos en Asia, al ser los mayores participantes en los centros off-shore y aún cuando los Bancos Centrales en Asia están apoyando los rescates, los bancos extranjeros quisieran que se utilice también el gasto público en dichos rescates. Con la intervención de los Bancos Centrales para evitar las quiebras de las instituciones bancarias y financieras, se pone en evidencia, que con austeridad fiscal o sin ella, el costo de los rescates por los excesos de los especuladores, recae sobre los contribuyentes.
El manejo de la crisis en Asia, pone en evidencia la incapacidad del gobierno japonés para asumir el liderazgo en Asia. Japón tenía en septiembre de 1997, Reservas Monetarias Internacionales por 224.412 millones de dólares, y está contribuyendo en los paquetes de rescate, pero bajo la tutela del gobierno norteamericano y del FMI.
Japón está participando con 10 mil millones de dólares, de los 55 mil del paquete de rescate a Corea, aportando el doble de los Estados Unidos (5 mil millones), y una cantidad igual a la que aporta el Banco Mundial; y, está aportando con 4 mil millones de dólares, al paquete de rescate de Tailandia, de 17.200 millones de dólares, superando el aporte del propio FMI, de 3.900 millones de dólares.
La idea del Fondo Monetario Asiático, lanzada por Japón, como una alternativa al Fondo Monetario Internacional, incomodó a Washington, pero no prosperó.34
Los paquetes de rescate están fuertemente condicionados a que los países asiáticos emprendan reformas profundas de sus economías, entre las que se incluyen:
Mientras tanto, "los buitres están sobrevolando en Asia", esperando que la crisis toque fondo y que las acciones de las empresas caigan a su más bajo nivel, pues los especuladores han manifestado públicamente que "las mejores oportunidades se registran cuando corre sangre en las calles".
2)Zachary, Pascal. "El mundo entra en una nueva era de crecimiento", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, 13 de marzo de 1997, p. b-5.
3)FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, p. 1.
4)Zachary, ibid. p. B5.
5)Wessel, David. "Greenspan abre la puerta a una posible subida de tasas y la bolsa acusa el golpe", The Wall Street Journal Americas, Viernes 28 de febrero de 1997, p. B5.
6)FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, p. 2.
7)FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, Box 1, p. 4.
8)Ibidem, box 1, p. 4.
9)Ver: "Continúa la reestructuración geográfica de la economía mundial", Revista ECUADOR DEBATE, N- 35, agosto de 1995, Quito - Ecuador, pp. 28- 41.
10)Ver: Singh, Ajit. "How did East Asia grow so fast?". Slow Progress Towards an Analytical Consensus. UNCTAD. DISCUSSION PAPERS, N- 97, February 1995.
11)Ver presiones norteamericanas a Corea, en :Bello, Walden. "Corea del Sur: cayó el telón sobre el milagro económico", GESTION, N- 44, Febrero de 1998, p. 50.
12)Ver: Salgado, Wilma. "Integración Comercial y Globalización", Edit. CAAP, Quito, Junio de 1996.
13)Zutshi, Urvashi. "Aspects of the final outcome of the negotiation on financial services of the Uruguay Round". UNCTAD, DISCUSSION PAPERS, N- 109, December 1995.
14)Kalotay, Kálmán y Alvarez, Ana María. "Emerging stock markets and the scope for regional cooperation", UNCTAD. DISCUSSION PAPERS, N-nbsp;79, February 1994.
15)FMI. Worl Economic Outlook, Mai 1997, p. 36.
16)FMI. Ibidem, p. 33.
17)FMI. Ibidem, p. 37.
18)Lebougre, Catherine. "Thailande: la crise du modele du developpement", PROBLEMES ECONOMIQUES, N- 2528, París, 23 de Julio 1997, p. 32.
19)Ver: Salgado, Wilma. "Crecimiento económico, desempleo y crisis financiera", ECUADOR DEBATE, N- 42, Quito- Ecuador, diciembre de 1997, p. 48.
20)FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, p. 37.
21)Sesit, Michael y Laura Jereski. "Los bancos centrales de Asia, les ganan a los especuladores", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, Jueves 22 de mayo de 1997, p. B5.
22)Ibidem, p. B5.
23)"OMC: se llegó a un acuerdo histórico. Finanzas. Los servicios se liberan en 1999", EL COMERCIO, 14 de diciembre de 1997, p A9.
24)Schuman, Michael y Bob Davis. "Corea consigue un rescate histórico a un precio alto", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, Jueves 4 de Diciembre de 1997, p. B5.
25)Fuente: Datastream International, publicado en The Wall Street Journal Americas, 19 de Enero de 1998, EL COMERCIO, p. B5.
26)Ver: FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, Table A1. Summary of World Output.
27)Ver: "Se agrava el déficit comercial de EU. Se siente el impacto de crisis asiática". Miami Herald, HOY, 12 de Dic. 1997, p. 8-A.
28)Ver: FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, Table 13, Cross-Border Transactions in Bonds and Equities, p. 60.
29)Fuente: FMI. World Economic Outlook, Mai 1997, Table 15. Foreign Exchange Trading, p. 64.
30)Volcker, Paul A. "Los mercados financieros no deben seguir a la deriva", Revista GESTION, ECONOMIA Y SOCIEDAD, Enero de 1996, N- 19, p. 47.
31)Wysocki, Bernard. "El desempleo aparece en el horizonte coreano", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, 29 de diciembre de 1997, p. B5.
32)Wessell, David. "Rubin: que los inversionistas paguen su parte". The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, 19 de septiembre de 1997, p. B5.
33)Davis Bob y Wessel, David. "Las críticas contra el FMI aumentan a medida que Asia sigue cayendo", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, 8 de Enero de 1998.
34)Sapsford, Jathon y David Wessel. "El fondo asiático incomoda a EE.UU.", The Wall Street Journal Americas, EL COMERCIO, 6 de noviembre de 1997, p. B7.