1. BREVE INTRODUCCION
La presencia importante de un sector informal en el país es un problema que compromete la estructura misma del aparato productivo y del modelo de desarrollo seguido. Es también una alternativa laboral irrefrenable bajo las condiciones coyunturales y económicas actuales, pues confronta la supervivencia de gran parte de nuestra población, que no encuentra opciones en la economía formal o moderna.
El país enfrenta no solo un problema de desempleo, sino fundamentalmente, un problema de precarización en las formas del mismo que afecta a algo más de la tercera parte de la población económicamente activa. Ello resulta particularmente inquietante, al estar acompañado de otros elementos como pobreza y concentración económica, que pueden derivar en una conflictividad social creciente y por ende en complicados procesos de ingobernabilidad.
En este artículo se busca argumentar a favor de la urgencia de pensar este problema, pretendiendo ubicar las raíces y límites del sector informal como opción de empleo. Para ello se analiza: a) el problema del sector informal como una respuesta un conflicto profundo a nivel de la estructura productiva y tecnológica altamente débil y dependiente del país, y las inevitables estrategias de supervivencia de la población en un país pobre con una baja cobertura de seguridad social; y, b) una breve evaluación del sector informal durante el período 1988-92, para entender mejor sus particularidades, y especular con cierto asidero sobre sus posibles potencialidades y límites como una alternativa permanente de empleo.
2. EL SECTOR INFORMAL: UNA OPCION RACIONAL Y UN CONFLICTO ESTRUCTURAL
En nuestro país, el sector informal representa más allá de la tercera parte de la Población Económicamente Activa (PEA). Considerando sólo a los trabajadores del sector moderno e informal urbano durante el período 1988-92, se observa que el sector informal pasó de una participación del 42% en 1988 al 45% en 19921
Observando, por otra parte, los reportes de los dos últimos censos de población (1982 y 1990), claramente se ubica una tendencia a la disminución de la participación de los trabajadores asalariados (de 52.6%, a 45.9%) versus los cuenta propia (de 37.3 a 42.3%) en la PEA del país. Lo que devela, el mayor dinamismo de la autogeneración de empleo respecto a la demanda de trabajo inherente al aparato productivo.
Ese excedente de mano de obra no es reciente. Viene desde el inicio mismo de nuestra funcionalidad al sistema capitalista mundial hace casi un siglo de historia, desde cuando las prioridades productivas y de desarrollo dejaron de ser endógenas. Pero el aparecimiento del sector informal en las grandes urbes es un fenómeno más contemporáneo, que asoma con el crecimiento de las ciudades y la pérdida de relevancia económica que va adquiriendo el campo para el desarrollo, conforme los nuevos modelos planteados. Tienen que ver también en ello aspectos como: la persistencia de una situación de pobreza generalizada, que involucra optimistamente a la tercera parte de las familias del país; así como, la ausencia de una seguridad pública que cubra mínimamente a los desempleados.
Estas estrategias de empleo o supervivencia han aparecido bajo algunas formas: el surgimiento de establecimientos de producciónde bienes y servicios a pequeña escala (micro) con bajos niveles de capital inicial2, que a su vez han generado unos pocos empleos remunerados, la mayoría de ellos precarios, carentes de seguridad social y protección laboral; y la autocreación de espacios de empleo bajo la forma de trabajo por "cuenta propia".
Un reciente estudio hecho para tres ciudades de la Sierra (Quito,Cuenca y Ambato) basado en una encuesta dirigida a micro y pequeña empresa (hasta 10 empleados)3 , encuentra que son los negocios más pequeños (menos de 6 empleados), en general, aquellos que definen una lógica de sobrevivencia. En tanto ello, privilegian la seguridad del trabajo e ingreso para la protección personal y familiar, más que preocuparse por la dinámica de crecimiento. Son las empresas mayores, en el marco del trabajo referido (de 6 a 10 empleados), las que ya encierran lógicas empresariales con objetivos de crecimiento y captación de mercados, acercándose a una conducta capitalista.
Esto es importante señalar, pues, el tamaño de la empresa marca (en la mayoría de casos) las posibles relaciones con los bancos,perspectivas de inversión de capital, acceso a las leyes de promoción, membresía a las asociaciones de comercio, naturaleza del local de la actividad (propio o alquilado), etc. El mismo estudio refiere que son las empresas más grandes (6 a 10 empleados), las que aprovechan más de los fomentos y regulaciones destinados a favorecer a la pequeña producción y artesanía, contrario a los más pequeños productores, objeto de análisis en este artículo.
Este grupo de trabajadores y microproductores pasa, por un proceso de selección "racional", contrastando la estrecha probabilidad de encontrar empleo en el sector moderno por el ingreso posible en este sector (conforme a la calificación, experiencia, etc.), con el ingreso obtenible en el sector informal bajo una mayor certeza en su encuentro. Esta selección ha sido reforzada por la pérdida en el costo de oportunidad del empleo que ha venido experimentando el sector informal, dado el deterioro de los salarios reales en el sector moderno, sobre todo para mano de obra menos calificada, y la creciente competencia en este mercado de trabajo, versus una demanda poco flexible.
También es esta actitud optimizadora la que les hace mantener apatía respecto a las regulaciones estatales 4. No existe una real presencia del Estado para imponer el cumplimiento de las mismas, y tampoco suficiente apoyo como para buscar adscripciones a las posibles políticas de fomento. La apatía en estas microempresas sintetiza, en estricto, una implícita evaluación de costo-beneficio, inscrita en una creciente aversión al riesgo (población sumida en la sobrevivencia). Si bien, existe toda una estructura legal de respaldo a la producción y oferta de bienes y servicios de los pequeño y microproductores (créditos, transferencia tecnológica, etc.), persiste un problema de mercados.
De otra parte, el ajuste económico que ha venido forjándose desde los inicios mismos de los '80 para profundizarse recién hacia fines de la misma década y el primer quinquenio de la actual, ha derivado en una disminución del gasto social. Esta contracción de los gastos sociales y del "estado de bienestar", han provocado un incremento en el costo de oportunidad de estudiar, y por tanto en el costo de oportunidad de la "calificación". La educación se ha vuelto un bien demasiado costoso para la población pobre, incluso bajo un escenario de educación gratuita (necesidad cada vez más temprana de trabajar para la sobrevivencia familiar). Así, las expectativas de contar con mayor calificación para la mayoría de la población van disminuyendo, como también disminuyen sus expectativas de empleo en el mercado de trabajo del sector moderno de la economía.
Dejando a un lado el problema de la educación, el ajuste tampoco ha dado otras alternativas al problema de empleo, cuando ni siquiera ha sido objeto de prioridad en los hechos. La misma teoría económica convencional encuentra un claro escollo, en el enfrentamiento de esta variable con economías con inflación y crecimiento económico débil. Las únicas medidas dirigidas a empleo, al menos desde fines de los '80, se quedaron en el marco de la institucionalidad, asumiendo, bajo la conceptualización tradicional-convencional, que el real problema del empleo tiene que ver con problemas de excesiva regulación. Así las medidas apuntaron (fines de 1991) a flexibilizar el mercado laboral. Se dio un marco más flexible para las contrataciones, permitiéndose la rotación de trabajadores (reformas al Código de trabajo). Se planteó también la opción del trabajo complementario, en la expectativa de asimilar parte del empleo del sector informal o de la fuerza laboral desempleada. Finalmente se aumentó el requisito mínimo de trabajadores paral a conformación de un sindicato (de 15 a 30), con lo que se debilitó la capacidad de negociación de los trabajadores.
Ninguna de estas medidas han causado mella alguna en el problema de fondo.
El Banco Mundial, en un estudio realizado en Ecuador para comprobar que la regulación es signo de desigualdad (básicamente trabajadores del sector moderno versus trabajadores del sector informal), y por ende dar la justificación empírica a la des-regulación del mercado laboral 5, encontró: primero, que los resultados econométricos no dan a la regulación un rol central para explicar la segmentación laboral, así se comprueba que la regulación solo es un elemento más en el complejo de dificultades que cruzan el problema de la desigualdad en el mercado laboral; por otra parte, los mismos empresarios, aparentes perjudicados, se quejan menos de los problemas de la regulación que de la inestabilidad económica (inflación) y política que ubican como fundamental, en sus prioridades 6.
Otra comprobación interesante es que en el mundo laboral regulado existe evasión. Excluyendo a las empresas grandes, muchas empresas incumplen pagos e imposiciones, planteando un problema mayor a los trabajadores que a los empleadores por las regulaciones, dado que estos últimos han aprendido aparentemente a bajar costos con estrategias contables, no habiendo suficiente capacidad de control y presión. Así, las aparentes ventajas sobre todo para los trabajadores de menor calificación en el sector moderno y regulado han sido, en los hechos, muy menores a las esperadas.
Sin embargo, como se analizará más adelante, se conserva un diferencial. Pero este diferencial no es un simple obstáculo puesto por la regulación. Como bien lo reconoce Figueroa 7, el mantenimiento de un diferencial es, más bien, totalmente funcional. Los empresarios capitalistas mantendrían un pago por encima de aquellas opciones laborales, a fin de seleccionar la mano de obra de mayor calificación. El mantenimiento de un ingreso más bajo por el lado del sector informal, ayudaría a mantener un bajo costo de oportunidad para aquellos empleados en el sector moderno.
Sin querer desconocer que existen problemas en la regulación laboral como en otra serie de regulaciones mantenidas en la economía, que requieren ser resueltos, el problema de empleo no es un problema, en su amplia connotación, de excesiva regulación. Es principalmente un problema de la incapacidad de nuestro aparato productivo para desarrollarse y adecuarse a los recursos existentes; es un problema de carencia de opciones económicas, no solo urbanas sino rurales.
Por el otro lado, los apoyos y regulaciones gubernamentales que aparecieron ya desde los '70 como leyes de Fomento Artesanal, apoyo a la pequeña producción y a la microempresa 8, tuvieron un alcance muy limitado en este sector. De acuerdo al trabajo de Roggiero, et. al 9, los requerimientos administrativos y legales han tenido poco impacto en la operación interna de las microempresas, principalmente en su dinamismo económico, prevaleciendo una ausencia estatal en lo que concierne sobre todo al control y presión por el cumplimiento de la ley. La vasta legislación que existe se contrapondría con los escasos mecanismos diseñados para su cumplimiento.
Así, en perspectiva, en el mediano plazo, bajo este estado de cosas, es esperable: primero, el mantenimiento de esta importante fuerza laboral luchando por sobrevivir bajo formas más precarias (menores ingresos, seguridad y protección laboral), dado por el aumento de la competencia (en el escenario más optimista, solo por el crecimiento vegetativo de la población); segundo, el mantenimiento de una débil calificación de gran parte de la PEA; y tercero, de hecho, si no se da una suficiente recuperación económica, el aumento de las tasas de participación global de la población total, que ya ha venido incrementándose, principalmente en mujeres (la tasa de participación de mujeres pasó de 18.3% a 26.3% entre 1982 y 1990) 10.
3. ALGUNA EVIDENCIA DEL SECTOR INFORMAL BAJO EL PERIODO 1988-92.
Más allá de la discusión teórica sobre el fenómeno del sector informal, claramente relevante para interpretar los hechos, en esta parte se busca mostrar algunas características y evidencia acerca del movimiento de este sector durante el período 1988-92. Este período es particularmente interesante por corresponder a un gobierno que empieza a definir un nuevo período en el manejo de política económica, con un ajuste más sistemático. Este período es interesante porque ubica también dos momentos claramente diferenciables 1988-90 de recesión y 1990-92 de cierta reactivación. En general, se busca hacer una evaluación sobre las potencialidades del sector informal como alternativa al problema de empleo y pobreza en nuestro país.
3.1 Apuntes breves del empleo de ingresos en el sector informal
En primer lugar, cabe aclarar que en el sector informal existen dos categorías básicas de trabajo a considerarse aquí: aquella que refiere a los trabajadores asalariados y aquella que considera los trabajadores por cuenta propia. Mientras, los asalariados dependen de un patrono y de la demanda que exista para su trabajo, los cuenta propia, al ser autocreación de empleo, tienden a tener mayor flexibilidad con opción a una mayor permanencia bajo distintas coyunturas. Es importante esta diferenciación, pues las respuestas en el empleo de estos trabajadores, en épocas de relativa reactivación así como de estancamiento o depresión son distintas.
En el sector informal a diferencia del sector moderno existen muchos más cuenta propia que asalariados; de hecho, éstos representan alrededor de las dos terceras partes del sector informal (en el sector moderno no alcanzan a ser el 5%). Esta característica es general y se mantiene en todo el período considerado, demostrando que las actividades espontáneas de autogeneración de empleo son el fuerte del empleo en este sector.
La captación de empleo por parte de microempresas o micronegocios es menos importante en términos relativos.
3.1.1 El peso de las coyunturas.
El sector informal, durante este período, crece, en términos generales, más rápido en la recesión, que puede ubicarse en el bienio 1988-90 (1.14% decrecimiento del PIB per cápita) que en la relativa reactivación (3.8% crecimiento del PIB per cápita) que sucedió en el bienio siguiente .
Este crecimiento estuvo mediatizado, sin embargo, por reacciones distintas al interior de cada categoría de trabajo, como se aprecia en el Gráfico No. 1. Así se observa, en el primer bienio, un dinámico crecimiento de los cuenta propia (19% de crecimiento entre 1988-90). En contraste, los asalariados decrecen (-4% entre 1988-90).
Grafico No. 1
Evolución del empleo en el sector informal :
Asalariados y Cuenta Propia (1988-1992)
Fuente: INEM, Encuesta permanente a los hogares, 1988, 1990 y 1992 (bases de datos no publicadas), citado en SANCHEZ, Jeannette, op. cit.
El decrecimiento del empleo de asalariados en el sector informal, para estos años, al parecer, se dio por las dificultades de la economía, acompañadas de las restricciones en el salario real. Esto provocacaría una baja en la demanda de bienes para el mercado informal. Pese a que la declinación de los ingresos de la clase media pudiera haber presagiado, más bien, un aumento en la demanda para los bienes del sector informal, parece que más fuerte fue la depauperación de amplios sectores populares que conformaban su antigua demanda. Así, los pequeños productores tuvieron que prescindir de mano de obra asalariada en estos años.
Este comportamiento estuvo acompañado de un deterioro en los ingresos reales para los trabajadores del sector informal, (al respecto se puede observar el Gráfico 2, con información de los ingresos medios reales por hora). La disminución es más clara en los asalariados del sector informal 11.
En el caso de los cuenta propia existe una baja confianza estadística para afirmar su disminución, por lo que es difícil ser concluyente, cuenta en ello, de hecho, el amplio grado de dispersión que existe en sus ingresos.
Gráfico No. 2
Evolución del ingreso real medio por hora de los trabajadores urbanos: asalariados del sector moderno, asalariados y cuenta propia del sector informal (1988-92)
Fuente: INEM, Encuesta permanente a los hogares, 1988, 1990 y 1992
(bases de
datos no publicadas), citado en SANCHEZ, Jeannette, op. cit.
Nota: Los ingresos corresponden al ingreso medio por hora de trabajo, expresados
en
valores monetarios equivalentes a sucres de 1975
Los ingresos, en general, tienen altas dispersiones en el sector informal, dando cuenta de su amplia heterogeneidad. Esta dispersión (leáse grado de variación en los ingresos), por cierto es mayor en los cuenta propia, que en los asalariados.
El deterioro en ingresos percibido, al parecer, no fue un fenómeno exclusivo del sector informal, sino general para los trabajadores del país, principalmente para los asalariados. Así se contempla (Gráfico No.2), también una caída en el ingreso real por hora de los asalariados del sector moderno. Esta caída general de los ingresos reales se puede constatar también en la caída del salario mínimo vital. Pese a las alzas nominales ocurridas en estos años, hubo de pesar más la corrosión por el proceso inflacionario, que alcanzó su pico histórico en marzo de 1989 (99.1% inflación anual).
La reactivación del siguiente bienio provoca el efecto contrario en materia de empleo (ver Gráfico 1), considerando a los asalariados y cuenta propia del sector informal. Sube nuevamente el empleo de los asalariados (25% entre 1990-92) del sector, y en el caso de los cuenta propia, si bien no disminuyen en términos absolutos, lo hacen en términos relativos (participación en el sector) y también en la tasa de crecimiento (11 % entre 1990-92) 12.
El ingreso medio real por hora (ver Gráfico 3), en cambio, parece mejorar ligeramente, en términos comparativos simples, aunque las confianzas estadísticas (muy bajas), dan poca seguridad en la apreciación de su cambio. En todo caso, el ingreso sigue más bajo que en 1988, aumentándose la brecha con el ingreso obtenido por parte de los trabajadores del sector moderno. Vale la pena anotar que una de las principales explicaciones de estas diferencias corresponde a la calificación de la mano de obra. Esta variable, sin embargo, no es suficiente en esta explicación, sobre todo para el caso de asalariados, conforme se atenderá más adelante.
Es interesante verificar también que en estos años, el movimiento de las dispersiones en ingresos, parecen sugerir que en la recesión la dispersión baja, es decir, habría una tendencia homogenizante del ingreso a la baja, y en la reactivación, la mejoría se muestra heterogénea, aumentando la dispersión en los ingresos del sector. Esto es verdad para asalariados y cuenta propia del sector informal.
Todo ello lleva a pensar, al menos, en lo que se refiere a este período y coyuntura específica que, en el caso del empleo de los asalariados, en el sector informal, parece existir un movimiento procíclico respecto a la economía. No así en el caso de los cuenta propia, quienes más bien evidencian un movimiento opuesto, sobre todo durante la depresión, cuyo empleo aumenta dinámicamente. Ahora bien, ello se vuelve obvio, pues, es principalmente el empleo por cuenta propia el que mayormente revela la lógica de sobrevivencia inscrita en su propia razón de ser, como se aclaró antes, fruto de su propio esfuerzo de optimización de ingresos.
Ello confirmaría aquellas posiciones teóricas que refieren para los sectores de ingresos bajos en nuestros países una curva de oferta de trabajo con pendiente negativa (contraria a la clásica), ésto es, a menor ingreso mayor oferta de trabajo y viceversa.
Respecto al ingreso, en cambio, se observa una tendencia igual para asalariados y cuenta propia, y talvez más asimilable a un comportamiento procíclico. El ingreso, tanto para asalariados como para cuenta propia, baja en los años difíciles y parece subir en la recuperación o al menos deja de decrecer.
En todo caso, parece claro que la suerte de los trabajadores informales resulta totalmente desfavorable en las recesiones, mientras en las reactivaciones, si bien desahogan en algo la presión sobre ingresos, no la mejoran sustancialmente. Por lo que, en tendencia se devela un deterioro en el nivel de vida de los trabajadores del sector informal, y por tanto sus limitaciones como espacio de empleo. Un probable elemento explicativo puede ser la existencia de saturaciones en los mercados informales, tanto de bienes como de empleo.
Ahora bien, hay que considerar que los límites también pueden ser variables, conforme las coyunturas y el movimiento general tanto del sector capitalista nacional al que están funcionalizados, como del internacional que condiciona muchos de los cambios. Los nichos de mercado para la actividad informal son por su misma naturaleza y escala muy variables, así como se saturan unos, pueden surgir intempestivamente otros. Estas son, en cambio, ventajas que conviene atender en el marco de buscar una solución a este problema, en la perspectiva de mejorar las condiciones de vida de la población y potenciar espacios de actividad económica y empleo.
3.2 Entretelones del diferencial en ingresos para el sector informal
Considerando el ingreso promedio por hora, como se advirtió en el anterior acápite, los asalariados del sector informal reciben solo algo más de la mitad del ingreso medio por una hora de trabajo de lo que recibe un asalariado en el sector moderno. Los cuenta propia reportan, en promedio, mayores ingresos pero tampoco alcanzan los niveles de los asalariados modernos, registrándose una dispersión muy amplia en los ingresos del sector, principalmente en los cuenta propia (muestra de una alta heterogeneidad).
Ahora bien, la pregunta que sigue es: ¿es ésta una diferencia y un castigo per se al sector informal? o existen otro elementos explicativos?
Considerando el ingreso real por hora de los trabajadores urbanos (asalariados del sector moderno, asalariados y cuenta propia del sector informal), en función de variables como: ciudad, educación, experiencia, sexo, tamaño de empresa, sector, etc, el diferencial queda fundamentalmente explicado en esas variables (ver Anexo 1).
Para el caso de los cuenta propia, este diferencial, incluso, se convierte en premio, pues reciben, en promedio, más ingreso por hora que los asalariados del sector moderno (algo más del 20%). En tanto que para los asalariados persiste el castigo, siendo este cerca del 20% sobre los ingresos recibidos por un trabajador con igual perfil trabajando en el sector moderno, ésto para los años considerados en este análisis (Ver Anexo 1) 13.
Otros trabajos (Banco Mundial) ubican para 1994 un diferencial del 6%, en el ingreso neto por hora (descontadas las cargas e impuestos) relacionando con aquel ingreso de los trabajadores del sector moderno 14. En este caso se considera a los trabajadores del sector informal bajo una sola categoría, por ello la ponderación del castigo aparece menor. Debe considerarse también que se incluyen otras variables independientes como estado civil, condición de pertenencia indígena, región geográfica, sindicalización, etc., además se trata de una muestra nacional que incluye área rural. Así, la comparación no puede ser directa, pero aproxima inferencias que es lo que interesa.
3.2.1. Las metrópolis premian a los trabajadores del sector informal.
El sector informal se ubica básicamente en las ciudades grandes; de hecho, en el país, solo en Quito y Guayaquil se concentran más de la mitad de los trabajadores del sector informal urbano. Durante el período analizado, curiosamente se observa un movimiento en el empleo muy peculiar como reacción a la crisis y reactivación, nuevamente según se trate de cuenta propia o asalariados. En los años de crisis el impacto mayor se da en las ciudades grandes (Quito y Guayaquil) donde decrece la participación del empleo informal, aumentando consecuentemente en las ciudades medianas principalmente los cuenta propia. Al contrario, en los años de reactivación subsecuentes, sube la participación del sector informal, principalmente en Quito y Guayaquil, donde crecen básicamente los asalariados.
El ingreso de los informales es más alto en las ciudades más importantes, sean éstas Quito o Guayaquil, que en el resto de ciudades bajo perfiles profesionales iguales. Este premio es más importante en Guayaquil, principalmente para los asalariados (30% de ingreso adicional al recibido por los asalariados del sector moderno en el resto de ciudades en 1988). En 1990, estas premiaciones son menos importantes, siguiendo la lógica de la tendencia homogenizante a la baja. Mientras para 1992 se recobran las diferencias sobre todo en el caso de los cuenta propia (Ver anexo 2).
Ello revela que son las ciudades grandes las que albergan y dan las ventajas comparativas suficientes como para que prolifere este tipo de producción y negocio a pequeña escala. Allí, se ubican los grandes centros de consumo, así como de abastecimiento de insumos. Se aprovecha además dos ventajas adicionales, que tienen que ver con el abaratamiento de costos: la existencia de mano de obra barata bajo un mercado de trabajo altamente competitivo, tanto en el sector moderno como en el informal; la posibilidad de evadir pagos estatales, municipales y laborales de ley, ante la insuficiente capacidad del Estado (y/o municipio) para controlar y hacer cumplir sus regulaciones. Así, la mencionada opción de des-regular el mercado laboral y la economía como alternativa para la incorporación del sector informal al aparato moderno o capitalista de la economía se desmorona en los hechos.
3.2.2. Los menos calificados (formalmente) acuden al sector informal.
Como toda sospecha sugiere, al sector informal va principalmente la mano de obra de menor calificación (ver Gráfico No.3). Como en el sector moderno, en el informal la mayoría de trabajadores son hombres, sin embargo, se observa que el mayor dinamismo en términos del crecimiento de empleo se da en las mujeres durante el período.
Gráfico No.3
Participación de los trabajadores del sector informal en el total de los trabajadores urbanos (*) , según nivel de calificación (1988 y 1992)
Fuente: INEM, Encuesta permanente a los hogares, 1988, 1990 y 1992
(base de
datos no publicadas), citado en SANCHEZ , Jeannette; op. cit.
NOTA: (*) El total de trabajadores urbanos considera los trabajadores del
sector moderno
y sector informal (asalariados y cuenta propia). Así el remanente porcentual por
cada nivel
de cuenta propia). Así el remanente porcentual por cada nivel de calificación en
los dos
años sería la participación de los trabajadores del sector moderno, según nivel
de
calificación.
(**) En este grupo se considera también a aquellos trabajadores acogidos a los
proyectos
de alfabetización.
En general, los rendimientos económicos para educación son menores en el sector informal que en el moderno para trabajadores de iguales características (ver Anexo 2). Al parecer existe un rendimiento económico más cercano a una constante, por un año más de educación en el sector informal.
Mientras en el sector moderno es claro un ajuste a rendimientos económicos crecientes, ello implica que, conforme aumenta el nivel de educación, un año más de educación representa mayores premiaciones, que si se parte de un nivel de educación más bajo, digamos primaria.
Así, existiría mayor castigo a los analfabetos en el sector moderno que en el informal, al igual que mayor premio a aquellos trabajadores de educación superior en el sector moderno que en el informal.
Durante el período se observa una disminución de estas diferencias para el sector informal en 1990 y un aumento para 1992 (ver Anexo No.2). En el sector moderno, en cambio, parece haber una tendencia a incrementar la premiación a sus trabajadores de calificación más alta (superior), aumentando en cambio el castigo a los de educación básica (primaria).
3.2.3. Las mujeres reciben menos ingreso en el sector informal.
El crecimiento de la participación de las mujeres en el sector informal es notorio, al menos durante el período 1988-92, llegando a represantar el 35% de los trabajadores informales en 1992. El crecimiento más dinámico, aunque con un volumen absoluto todavía bajo, se registra en aquellas trabajadoras con educación superior.
Esto no significa que esté cambiando la composición de mano de obra en el sector informal, fruto de alguna demanda específica; más bien da cuenta de la incapacidad del sector moderno para captar la nueva oferta de mano de obra calificada. Lo mismo se puede afirmar para el caso de los hombres.
Las mujeres en todo caso, registran una mayor participación de trabajadoras con mayor calificación (educación secundaria y superior) respecto al total de mujeres, que en el caso de los hombres. Considerando 1992, las mujeres con educación secundaria y superior fueron casi el 50% de las trabajadoras en el sector informal, mientras los hombres con esta calificación representaron el 43%.
La creciente participación de las mujeres no sólo ha ocurrido en el sector informal, sino ha sido un fenómeno general en los últimos años, que tiene que ver no sólo con las transformaciones educativas y culturales que han incorporado crecientemente a la mujer a la vida pública, sino también con las presiones de la pobreza y deterioro general del nivel de vida de la población ecuatoriana durante los '80 y principios de los '90.
Carlos Larrea identifica esta transformación dentro del mercado de trabajo planteando que..
"..hay un crecimiento en las tasas de participación, particularmente entre mujeres [1988-93]. Hay una clara correlación negativa entre salarios promedio y tasas de participación. Cuando los salarios declinan (aumentan) las tasas de participación crecen (decrecen).... este comportamiento de la oferta de trabajo parece ser una estrategia de subsistencia adoptada por las familias pobres para enfrentar la crisis...". 15
Ahora bien, esta creciente presencia de las mujeres en el sector informal, no implicó un ingreso equiparable a los hombres bajo las mismas características de calificación, experiencia, etc. Se registra un castigo en su ingreso real por hora trabajada. Este castigo es importante, oscila en alrededor de un 30% respecto a los hombres del sector, lo que sumado al castigo para asalariados del sector, le ponen en gran desventaja respecto a los trabajadores del sector moderno. Si bien en el sector moderno las mujeres también reciben un castigo (asalariadas), este es mucho menor (Ver Anexo 2).
Parte de la explicación de este diferencial puede deberse a que las mujeres ven en este sector ventajas comparativas respecto al sector moderno. Estas ventajas estarían dadas básicamente por la mayor flexibilidad en los horarios de trabajo que ofrece el sector informal. Esto parece comprobarse, cuando se registra que el promedio de horas trabajadas a la semana de las mujeres es mucho menor al de los hombres en el sector informal 16, y al de las asalariadas del sector moderno.
3.3. Breve reseña de algunos nichos de mercado
Los trabajadores del sector informal claramente se ubican con mayor fuerza en ramas como la de comercio, servicio a los hogares (excluyendo servicio doméstico) y construcción. Considerando sólo a los cuenta propia del sector informal, más de la mitad se encuentran en la actividad de comercio.
Gráfico No.4
Participación de los trabajadores del sector informal en el total de trabajadores urbanos (*), según rama de actividad: 1992
Fuente: INEM, Encuesta permanente a los hogares, 1988, 1990 y 1992 (base
de
datos
no publicadas ), citado en SANCHEZ, Jeannette; op. cit.
NOTAS: (*) El total de trabajadores urbanos considera a aquellos trabajadores
del sector
moderno e informal (asalariados y cuenta propia).
(**) Aquí se considera solo aquellas ramas donde el sector informal tiene
participación
(***) Esta rama incluye también aquellas de minas y petróleo.
Por otra parte, como se aprecia en el gráfico, el sector informal representa en promedio, durante el período, más del 70% de todos los comerciantes incluídos aquellos del sector moderno, es esta rama entonces un claro nicho 17 para el sector informal. Tienen una presencia también importante (superior al 50%) las ramas de textiles y cuero (costureras, sastres, etc.), madera e imprenta y construcción.
Atendiendo a las tasas de crecimiento se verifica que ramas más flexibles a la incorporación de trabajadores del sector informal, y principalmente de cuenta propia, durante el período, fueron la de comercio, transporte (choferes) y las de madera, papel e imprentas. Aparentemente, en estas ramas la posibilidad de la autogeneración de empleo es mucho más alta.
Los choferes (rama de transporte) reciben el mayor ingreso medio en términos relativos, tanto para asalariados como para cuenta propia, y curiosamente también tiene una dispersión del ingreso relativa menor respecto al resto de ramas, lo que sugiere menos heterogeneidad. Los comerciantes, en cambio, evidencian un ingreso medio para asalariados bajo, siendo más alto para cuenta propia; su dispersión, sin embargo, es una de las más altas del sector, develando la alta desigualdad en la percepción del ingreso. Igual ocurre en el caso de la rama de metales, no metales y maquinaria.
La razón de tales dispersiones, para el caso de los comerciantes puede deberse a: la alta competencia interna, siendo la rama de mayor empleo en el sector informal; y la naturaleza y volumen de capital invertido. Un estudio reciente hecho en Quito sobre los comerciantes informales 18 revela que, los comerciantes más exitosos son aquellos que tienen capitales iniciales mayores. Esto les permitiría acceder a un crédito más ventajoso (mayores plazos y menor tasa de interés) y a mejores abastecedores (en términos de costo y calidad del producto). Esto junto a mejores niveles educativos, condicionan los mejores ingresos. Según este estudio, fueron los comerciantes de menor capital inicial y menor nivel educativo los que registraron los menores ingresos.
Ello, que bien puede extrapolarse a la mayoría de ramas, de hecho marcan el cuello de botella y la espiral de pobreza inmersa a mayor escala en toda la sociedad. Son las asignaciones de recursos iniciales, y los niveles de educación, ineludiblemente condicionantes de las diferencias en ingresos, y son a su vez estas diferencias de ingresos las que marcan los límites en forjar capitales iniciales para los negocios, así como la posibilidad de mejorar los niveles educativos. El problema de la distribución por tanto no es un problema marginal, sino consustancional al problema del empleo.
4. ALGUNAS CONCLUSIONES E IDEAS FINALES
El sector informal es claramente un refugio de empleo de la población en virtud de la insuficiente demanda de trabajo que genera el sector moderno o capitalista de la economía. Es de hecho una estrategia de sobrevivencia, y por cierto una elección racional de la población, dadas las opciones posibles, en un escenario de pobreza e inexistencia de seguridad social para el desempleo.
El ajuste no ha dado solución al problema, tampoco han sido plenamente exitosos los proyectos de fomento, en especial a nivel de los productores más pequeños. Las soluciones planteadas han quedado atrapadas en el marco de la institucionalidad, sin enfrentar el verdadero escollo que apunta al modelo de desarrollo y al aparato productivo. Ni la regulación y fomento en el sector sin un seguimiento y control adecuado, ni una simplista política des-regulatoria indiscriminada en la economía, lograrían un impacto importante en el desenlace económico de este sector.
Esto representa un problema, porque, como se ha observado, al menos en el período 1988-92, se evidencia una tendencia al deterioro del ingreso del sector informal, y un aumento de la brecha respecto al sector moderno, lo que revela probables agotamientos en sus nichos de mercado: sobreofertas, o bien de bienes, o bien de trabajo en el sector. El sector informal no es un espacio inagotable para una constante apelación.
El análisis del período 1988-92 sugiere, respecto al sector informal que:
- La mayoría de sus trabajadores son "cuenta propistas", lo que revela que el grueso de empleo en este sector surge fundamentalmente de la auto-creación de empleo, y en menor medida de la demanda que pueda generar la pequeña producción.
- Existe una importante diferencia entre el ingreso medio por hora que perciben los trabajadores del sector informal versus los del sector moderno. Esta diferencia se debe en gran parte a la diferente calificación de los trabajadores, dado que al sector informal acude principalmente a la mano de obra de menor calificación. Analizando por categorías de trabajo y filtrando variables como educación, experiencia, sexo, tamaño de empresa, pertenencia a ciudades importantes, etc, se ubica que los cuenta
propia, incluso, reciben un premio respecto al ingreso medio por hora recibido por los asalariados del sector moderno, en tanto que los asalariados del sector informal tienen un castigo en sus ingresos.
Sin bien esto es verdad para todos los años analizados, conviene recordar que el sector informal tiene una dispersión en ingresos mayor que aquella de los asalariados del sector moderno. Son los cuenta propia, principalmente, los que más variación tienen entre sus ingresos, así se alerta su marcada heterogeneidad.
- Considerando el período analizado, parece evidenciarse que el ingreso en el sector, así como el empleo en los asalariados, tiene un movimiento procíclico, mientras el empleo en los cuenta propia tiende a ser contracíclico, pues aumenta más rápido en la recesión, o más bien como lógica consecuencia de ello.
-Igualmente, la variación en los ingresos medios percibidos entre los trabajadores del sector informal parece ser procíclica, disminuyendo cuando hay recesión y subiendo cuando hay una recuperación económica. Lo que implica que la recuperación no es igual para todos, es altamente heterogénea.
-Los informales se asientan básicamente en Quito y Guayaquil, recibiendo un premio en ingresos respecto a los informales del resto de ciudades. Estas ciudades muestran ventajas comparativas respecto a las otras, dadas probablemente por ser los mayores centros de demanda para sus productos.
-Las mujeres trabajadoras en el sector informal, si bien son menos numerosas que los hombres, éstas han ido aumentando con el tiempo, creciendo más rápido aquellas con educación superior; igual sucede en el caso de los hombres. Sus niveles absolutos, sin embargo, siguen siendo relativamente menores, por tanto no existen cambios en la estructura del empleo según calificación. Ello revela la incapacidad creciente del sector moderno para incorporar la nueva mano de obra calificada.
- Los principales nichos de mercado para este sector parecen ser la rama de comercio, servicio a los hogares y construcción, donde se ubica la mayoría de trabajadores. La presencia mayoritaria de estos trabajadores respecto a aquellos del sector moderno se da, a más de las ramas mencionadas, en textiles y cuero, madera e imprentas y transporte. Estas ramas (principalmente comercio y transporte) a su vez son más flexibles para absorver, sobre todo trabajadores por cuenta propia en las épocas de recesión.
Los choferes (rama de transporte) perciben el mayor ingreso promedio, y este es más parejo entre ellos. Por el contrario, los pequeños comerciantes presentan un ingreso medio bajo, seguido de una amplia variación en el mismo, condicionada por los niveles educativos y de capital. Ello marcaría un conflicto distributivo en la raíz, que estaría delineando los límites objetivos del sector informal.
Estos límites de hecho son flexibles por la misma naturaleza de este tipo de producción y trabajadores. No se descarta la posibilidad de apertura de nuevos nichos y nuevos despliegues, muchos ciertamente podrían ser favorables. Situación que merece profundizarse en el diseño de políticas económicas, lo que nunca debe cubrir la necesaria cautela respecto a las bondades esperadas del sector informal.
Cualquier salida al problema de este sector tiene que enfrentar los problemas del aparato productivo en su conjunto. Se requiere un aparato productivo más fuerte, integrado y lo suficientemente encadenado como para absorver este remanente de empleo, además de una mayor eficiencia estatal para diseñar una política de empleo coherente que afecte al sector, con una real capacidad ejecutora. El problema de la calificación de mano de obra, aparece también como una tarea importante, siendo fundamental por cierto la conexión a nuestra realidad económica y sus espacios de desarrollo, ojalá promovidos en una perspectiva estratégica con proyecto político de nación. Finalmente, si bien el problema de la dependencia no es algo fácil de enfrentar, pues no se puede hablar de desconexión en esta coyuntura, donde las relaciones internacionales parecen insoslayables y necesarias, si es conveniente una inversión a mayor plazo en recursos humanos y propuestas alternativas a nivel tecnológico donde se ubique nuestros recursos y necesidades. El problema de la mano de obra, los recursos naturales y el manejo cuidadoso del medio ambiente deben ser variables importantes. En la era del "fin de la utopías" cuanto acierto pensar en una!.
(*)Economista. Master en Economía. Investigadora CAAP.
(1)El INEM reconoce como sector informal a los ocupados por cuenta propia, trabajadores familiares no remunerados, patronos y asalariados de establecimientos de hasta 5 trabajadores, excepto aquellos con actividades de nivel profesional o técnico; esto es, las personas comprendidas en el grupo (0) de la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO). Esta es la categoría usada en este trabajo, pero más acotada. Se ubica básicamente a los empleados que perciben ingreso por su trabajo: asalariados y cuenta propia del sector aludido, excluído servicio doméstico e incluído trabajadores agrícolas.
(2)WORLD BANK; Ecuador Poverty Report, Part II: Working Papers, June 2, 1995. Report No. 14533-Ec. Washington: 1995, p. 10.
(3)ROGGIERO, Roberto, et al; "The operation of Small Enterprises and the Institutional Framework in Ecuador", en TOKMAN, Victor & KLEIN, Emilio; Regulation and the Informal Economy: Microenterprises in Chile, Ecuador, and Jamaica. Lynne Rienner Publishers, Boulder Colorado, 1996.
(4)Al respecto ver ROGGIERO, R., et al; op. cit.
(5) WORLD, Bank, op. cit.
(6)Encuesta hecha por el Banco Mundial en 1994 a los empresarios de Quito, Guayaquil y Cuenca (muestra de 68 empresas). Ver WORLD BANK, op. cit, p. 5, 6 y 7.
(7) FIGUEROA, Adolfo; Teorías económicas del Capitalismo. Ed. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima-1992.
(8)Ley de Promoción a la Pequeña Industria, Leyes de Defensa y Promoción Artesanal, que posibilitaron la conformación de líneas de crédito especiales y apoyo a la investigación tecnológica, incluída la transferencia tecnológica.
(9)ROGGIERO, Roberto, et al; op. cit.
(10)Ver LARREA, Carlos; "Structural, Adjustment, Income Distribution and Employment in Ecuador", documento en proceso de publicación, 1994.
(11) Confianza estadística del 57%. Respecto a la confiabilidad estadística de los cambios en ingresos y demás detalles técnicos de las estimaciones de ingreso y empleo en el sector informal referirse a SANCHEZ, Jeannette; "La crisis, el ajuste y la pequeña producción urbana en Ecuador: 1988-1992", Tesis de Maestría, FLACSO-sede en Quito, 1996.
(12)SANCHEZ, Jeannette; "La crisis, el ajuste y la pequeña producción urbana en Ecuador: 1988-1992", Tesis de Maestría FlACSO sede-Quito, 1996.
(13)Las regresiones que se pueden observar en los Anexos 1 y 2, tienen como variable dependiente el logaritmo del ingreso real por hora de los trabajadores urbanos, y como variables independientes: sexo, educación, tamaño de empresa (número de trabajadores), experiencia, ciudad (Quito y Guayaquil), sector (moderno e informal) y categoría de trabajo (asalariados y cuenta propia). Se considera como grupo de referencia a los hombres trabajadores asalariados del sector informal de las ciudades del país excepto Quito y Guayaquil. Así, todos los parámetros señalados deben ser referidos a este grupo, incluyendo los premios y castigos en el ingreso de los distintos trabajadores. Una referencia técnica mayor, al respecto, puede encontrarse en SANCHEZ, Jeannette, op. cit.
(14)WORLD BANK: op. cit., cuadro No.4.
(15) LARREA, Carlos; op.cit., p.36.
(16)Para 1992, las jornadas semanales promedio de las asalariadas del sector informal era de 40.4 horas, mientras que para los hombres fue 44.7. En el caso de los cuenta propia, las mujeres registran 33.08 horas a la semana versus 45 horas registradas para los hombres en el sector informal. FUENTE: INEM; Base de datos de las Encuestas Urbanas a Hogares, 1992.
(17)Se entiende aquí como nicho, aquellos espacios de mercados ganados por el sector informal donde pueden colocar sus productos. Existiría una demanda para sus productos, compitiendo o complementando al sector moderno a través de sus bienes y servicios diferenciados y de menor costo.
(18) TELTSCHER, Susanne; "Informal trading in Quito, Ecuador: Economic integration, internal diversity and life chances"; Saarbrucken, Breitenbach-1993.