Hace diez años la estrategia de las grandes empresas transnacionales partía del supuesto que por lo menos hasta el año 1995 la demanda mundial no aumentaría:
La conclusión de estas reflexiones fue, en todo caso que, por lo menos hasta 1995, los mercados no crecerían. De modo que, desde el punto de vista empresarial habría poco sentido de seguir una política expansionista. Como consecuencia de este raciocinio la meta empresarial de aumentar las ganancias solo podía ser alcanzada mediante la reducción de costos.
Esta ha sido la estrategia empresarial seguida en la última década.
Los instrumentos para alcanzar esta meta empresarial, la reducción de costos, se han encontrado en el así llamado cambio estructural:
a) Racionalización forzada: teniendo como meta la automatización de un 80% de la producción.
b) Global sourcing: por ejemplo, a través de las maquiladoras e incluso por medio de presiones políticas para reducir las disposiciones medioambientales.
c) Aumento de la cooperación empresarial transnacional: aquí aparecen las llamadas alianzas competitivas entre grandes consorcios transnacionales, el intercambio de técnicas de producción y en el management (por ejemplo, intercambio de experiencias en relación a cómo tratar a sindicatos rebeldes), establecimiento de capacidades de investigación conjuntas.
d) Corporate Restructuring: por ejemplo, mediante la logística, inst-time, presiones sobre las empresas auxiliares.
Hay que constatar que a las empresas no les quedó otra posibilidad que adaptarse a esta nueva situación. Pero a nivel de la economía de las naciones, el seguir estas estrategias empresariales, significaba, por un lado, un tremendo aumento de la eficiencia y de la productividad en ciertas ramas de la economía, distribuyendo estos aumentos en favor de las ganancias de capital en perjuicio de los salarios y, por otro lado, en un drástico aumento del desempleo.
La política conservadora ha cambiado muy fuertemente también a partir de 1985. La ofensiva neoliberal, como privatizaciones, liberalizaciones, flexibilizaciones, desregulaciones y creciente laissez-faire, ha sido puesto en escena para garantizar que se alcancen las metas empresariales del aumento de las ganancias del capital. Mediante la política de privatizaciones se perseguía la intención de abrir sectores públicos rentables para el capital privado que persigue fines de lucro, debido a que -como fue explicado más arriba- este capital ya no encontraba suficientes posibilidades de expansión en otros sitios.
Con la política de desregulaciones, la política conservadora- neoliberal, siempre ejecutando los intereses del capital, buscaba reducir todas las barreras sociales y aún las ecológicas que podrían frenar lo que se consideraba tecnológicamente posible. Mediante la reducción de reglamentos nacionales se ha hecho todo lo que estuvo al alcance para reducir el control sobre las actividades de las empresas transnacionales. Otra meta de la política conservadora-neoliberal era la redistribución de las fortunas y los ingresos desde abajo hacia arriba y la alteración de la relación de fuerzas entre sindicatos y entidades patronales en favor de los segundos.
Por consiguiente se ocultan atrás de las ideologías desreguladoras intereses muy concretos, sirviendo éstas como simple pretexto. Como cualquier persona medianamente inteligente lo podía suponer desde el inicio de la implantación de las políticas neoconservadoras o neoliberales, su impacto ha sido nefasto. En materia de creación de empleo han sido un fracaso total.
Es de suponer que los promotores inteligentes de dicha política han sabido de antemano que ésta sería la consecuencia, pero mediante su dominio de los medios de comunicación han sido capaces de defraudar a gran parte de la opinión pública. Todavía hoy en día existen, por ejemplo, en Alemania, muchas personas que creen que la reducción de los salarios y de las prestaciones sociales es en su beneficio. El desde 1982, Ministro Federal de Trabajo y Seguridad Social Norbert Blüm, ha sabido muy hábilmente vender su política de constantes reducciones de las prestaciones sociales como un favor a sus víctimas, como también los promotores de la globalización siempre la han vendido al público diciendo que aumentaría su prosperidad. Hasta ahora todo esto solo ha resultado ser una espectacular mentira.
Habría que atenerse a "la parábola del tractor y del caballo", del economista Leontieff. Habría que trabajar menos y consumir más, justamente lo contrario de lo que sostienen los neoliberales. No habría que reducir el estado de bienestar social sino todo lo contrario. Los países con los salarios y prestaciones sociales más bajos son los países con las mayores tasas de desempleo, los países con los salarios más elevados y las prestaciones sociales más desarrolladas sostienen las más altas tasas de productividad y las tasas de desempleo más bajas.
Pero hoy asistimos a una actitud insaciable del capital que está cavando su propia tumba. Se renuncia al contrato social que ha hecho posible, por ejemplo, en los países europeos, un notable aumento del bienestar.
Por eso esperamos que ojalá que una "divina inspiración" ilumine las mentes antes de que sea demasiado tarde. Frente a las desigualdades estructurales, el mercado tiene que ser corregido por decisiones políticas. Las crecientes ganancias del capital tienen que ser utilizadas para tareas sociales y públicas. En todo el mundo existe una gran demanda, pero sin poder adquisitivo suficiente, por servicios públicos y sociales, políticas medioambientales, fomento de la educación y de las investigaciones científicas, etc. Como el capital privado en pocos casos estará interesado en fomentar estas actividades, ellas tienen que ser tareas públicas (lo que no significa que el Estado no podría encargar parte de ellas a empresas privadas), lo que significa que a un Estado modernizado en el futuro tendrá que corresponderle más poder, todo lo contrario de lo que dicen los neoliberales. No un Estado delgado sino un Estado mejor tiene que ser la meta.
Poco a poco se vislumbran las graves consecuencias e incluso las
falsedades del modelo neoliberal. La
desregulación y flexibilización de los mercados laborales es uno de
estos casos. Un documento no oficial
de la Comisión de la Unión Europea
elaborado en 1995,
En los últimos 10 a 15 años, se han reducido en los países miembros de la
Unión Europea las
regulaciones del mercado de trabajo (MT) en las siguientes materias:
Debido a la constante fluctuación, desde un puesto al otro, consecuencia
del aumento de la contratación
temporal, se hicieron notar rápidamente graves perjuicios en relación a la
productividad y, por consiguiente, a la
competitividad; pues un obrero, por ejemplo, que permanece en su empresa durante
largo tiempo, está mucho más
identificado con el destino de la empresa, tiene mejor formación profesional y,
por consiguiente, aporta mucho más a
la productividad y competitividad de su empresa, que un obrero cuyo puesto es
totalmente inseguro y que no puede
invertir nada en su formación profesional. También han aumentado los conflictos,
debido a la inseguridad y la
inestabilidad de los puestos de trabajo, así mismo con grave perjuicio para la
productividad y la competitividad.
Como constata la investigación, han aumentado enormemente los conflictos ante
los tribunales por falta de
regulaciones de ley. Se ha verificado un efecto de substitución de la ley por
fallos tribunales.
Los resultados de la política de desregulación y flexibilización de los
mercados de trabajo en los países
miembros de la Unión Europea. (subtitulo)
El documento no oficial de la Unión Europea constata los siguientes
resultados:
Consecuencia: hay que poner en su sitio a las diferentes políticas. Son de
lejos las políticas
macroeconómicas (fiscales y monetarias) y también de educación y fomento de las
investigaciones, las mayores
responsables para la situación del empleo, del desempleo y subempleo. Cabe
entonces a las autoridades asumir sus
responsabilidades, e instrumentar las correspondientes políticas estructurales.
Las políticas de mercado de trabajo
solo pueden ser complementarias.
(*)Director del ILDIS
La intención proclamada de estas alteraciones fue para mejorar la
productividad y la competitividad. Pero
rápidamente se hicieron notar las graves desventajas para aquellos que ya se
encontraban en una posición débil en el
mercado de trabajo. Aumentaron las diferencias sociales.
Las conclusiones del documento son entonces las siguientes:
Dice el estudio, en sus conclusiones, que la política de desregulación ha
substituido medidas necesarias de
política económica, fiscal y monetaria que mucho más impacto podrían haber
tenido en la creación de empleo. Se ha
substituido la visión de una política económica, fiscal y monetaria nacional,
por la estrecha visión de las necesidades
de la empresa individual. El estudio llega aún a la conclusión final que la
Comisión de la Unión Europea no debería
influir en los estados miembros a que aumenten la desregulación, pero si que
deberían fomentar el entendimiento
sobre la base de las necesidades de ambas partes.
Habría, por consiguiente, que fortalecer el papel de las contrapartes sociales
(sindicatos y entidades patronales).