ECODEB, 12/01/96, EMPLEO, INEQUIDAD Y CRISIS EN EL ECUADOR

Ecuador Debate

País/Country: Ecuador

Centro Andino de Acción Popular

Autor/Author: Carlos Larrea Maldonado

Número/Number: 39

Frecuencia/Frequency: Quadrimestral/3 yearly


Fecha/Date: 12/01/96
La moderada recuperación de la economía observada en la presente década no ha generado efectos positivos sobre el empleo, salvo algunas excepciones a nivel micro-regional. En consecuencia, la magnitud relativa del subempleo en el Ecuador continúa creciendo, y afecta a casi las dos terceras partes de la fuerza laboral.

Introducción.

Según estimaciones recientes del Banco Mundial, 160 millones de personas, equivalentes al 35 % de la población latinoamericana, vivían bajo las líneas de pobreza en 1995. Además, la desigualdad social en la región continuaba incrementándose, y América Latina seguía presentando los niveles de inequidad más altos del mundo.

La persistencia de privaciones masivas en la satisfacción de las necesidades básicas y de pronunciadas desigualdades sociales en América Latina ha caracterizado la experiencia de desarrollo en la región, incluso durante la etapa de rápido crecimiento económico experimentado desde 1945 a 1982. Posteriormente, durante las etapas de crisis en los años 80, y de la lenta recuperación durante la década actual, la situación social ha mostrado un persistente deterioro, como se puede constatar por el incremento del número de pobres de 118 millones a 162 millones entre 1980 y 1995, y por el incremento en el coeficiente de Gini (que mide la concentración de la distribución social del ingreso) experimentado en casi todos los países,1

Entre los principales factores que han sido mencionados para explicar el débil desarrollo social de la región, sobresalen la elevada concentración en la propiedad de la tierra y el capital, el lento y débil avance en educación, y finalmente la reducida capacidad de generación de empleo productivo en el sector moderno de la economía. Indiscutiblemente, la superación del subempleo es un requisito esencial para la mejora en las condiciones de pobreza que actualmente afectan a la región.

Aunque el desempleo estructural masivo es un problema casi general en América Latina, afecta con mayor intensidad a los países andinos, a México y a Guatemala. El Ecuador es uno de los casos con mayores índices de subempleo en la región, y su evolución en las dos últimas décadas evidencia una tendencia a la agudización del problema.

El objetivo de este artículo es presentar una visión panorámica sobre la problemática del empleo en el Ecuador, su evolución reciente y sus perspectivas. Se utilizará el contexto latinoamericano con fines comparativos.

Subempleo, crisis y cambio tecnológico en América Latina.

Aunque la economía latinoamericana creció a un ritmo muy alto entre 1950 y 1980, la difusión social de los frutos del crecimiento fue limitada, y la generación de empleo productivo en el sector moderno fue débil. Mientras la tasa de crecimiento de la economía fue del 5.4 % anual, el empleo en el sector manufacturero creció solamente al 3.5 % por año. Como resultado, el subempleo estructural, uno de los problemas centrales del desarrollo social en la región, se mantuvo elevado, declinando del 46.1 % de la fuerza de trabajo al 38.1 % durante las tres décadas mencionadas. Este resultado influyó también en el mantenimiento de una elevada concentración en la distribución social del ingreso, que se no se redujo pese al crecimiento económico, la rápida urbanización y la industrialización que caracterizaron al período.2

La crisis de la región, iniciada en 1982, condujo a un prolongado estancamiento de la economía y a una caída de los ingresos de la población. Los efectos sociales afectaron especialmente a los pobres. Así, la concentración del ingreso creció en casi todos los países, los salarios reales cayeron, y la situación ocupacional se deterioró. En efecto, las tasas de desempleo abierto crecieron llegando al 8.3 % en 1985, y la participación del sector informal en el empleo no agrícola, que había declinado lentamente desde 1950, volvió a incrementarse en forma persistente en casi todos los países de la región.

Durante la primera mitad de la presente década, se observa una modesta recuperación económica en América Latina, y particularmente en países como Chile, Colombia y Costa Rica. Esta mejora es todavía débil (en 1994 el producto por habitante de la región era todavía inferior, en un 1.7 %, al de 1980), y desigual entre los países.

Los efectos sobre el empleo de esta mejora en la economía, sin embargo, han sido limitados. La tasa de desempleo abierto en América Latina, que descendió al 6.2 % en 1990, ha subido nuevamente al 7.3 % en 1995. Según un estudio reciente del Banco Mundial, la tasa de crecimiento del empleo en América Latina en los últimos cinco años (2.8 % anual) ha sido menor a la de la fuerza de trabajo (3.3 %) generando una brecha creciente de desempleo. Además, el sector formal solamente ha crecido al 1 % anual, y el 84 % de los nuevos puestos de trabajo en la región se han creado en el sector informal. La participación de este sector en la fuerza de trabajo no agrícola ha ascendido del 52.1 % en 1990 al 57 % en 1995.3

Entre los factores que explican la débil capacidad de generación de empleo en el contexto latinoamericano actual, sobresale el rápido cambio tecnológico hacia técnicas capital- intensivas, cuya difusión internacional se ha acelerado como resultado de la apertura comercial y la globalización. Como resultado, se han dado una caída en la participación de la manufactura en el empleo, la reducida expansión del empleo formal en las grandes empresas, y un cambio en la demanda laboral en favor de la mano de obra calificada. Además, la reducción del sector público ha afectado fuertemente a la dinámica del empleo formal.

En síntesis, la capacidad de generación de empleo en América Latina ha sido históricamente inadecuada durante la fase de rápido crecimiento de la región que culminó en 1982. Posteriormente, la crisis y el ajuste estructural condujeron a la expansión del subempleo y del desempleo. Las expectativas de que este retroceso fuera únicamente temporal, y de que la recuperación económica conduciría a una caída del desempleo estructural se han visto frustradas, tanto por la limitada y desigual magnitud de la reactivación, como por su débil efecto de difusión en términos de la creación de puestos de trabajo adecuados.

Empleo y desarrollo en el Ecuador.

En 1980, el subempleo afectaba al 62 % de la población económicamente activa (PEA) en el Ecuador. Esta cifra era muy superior a la media latinoamericana (38.3 %), y colocaba al país en una posición desventajosa, que superaba solamente a Bolivia (74.1 %). Otros países andinos, como Perú (51.6 %) y Colombia (41 %), presentaban una situación menos grave.

Este resultado obedecía tanto a la constitución histórica de un extenso sector de subsistencia en el sector rural, conformado principalmente por la población indígena de la Sierra, como a la pronunciada debilidad en la capacidad de generación de empleo en el sector moderno de la economía.

En efecto, en el contexto latinoamericano, el Ecuador puede caracterizarse como un caso extremo en relación a la mínima capacidad de revertir el crecimiento económico en una mejora en las condiciones de empleo. Durante el "boom" petrolero, aunque la economía creció a un ritmo extraordinariamente alto (7.3 % anual entre 1972 y 1982), el porcentaje de trabajadores asalariados sobre la PEA declinó ligeramente tanto en el campo como en las ciudades, y en el caso particular de la agricultura -de particular importancia en el caso ecuatoriano- se perdieron aproximadamente 100.000 empleos, casi todos ellos entre los asalariados. El cuadro 1 ilustra esta situación.

En el sector rural, durante los años del "boom" petrolero, la limitada creación de empleos y la concentración en la tenencia de la tierra condujeron a una situación de estancamiento demográfico. La tasa de crecimiento de la población rural bajó de un promedio de 2 % anual entre 1950 y 1974 al 0.8 % anual entre 1974 y 1982, y el empleo rural se mantuvo estancado, generando una intensificación de los flujos migratorios campo-ciudad. Las políticas estatales privilegiaron la adopción de técnicas capital- intensivas en el campo, y concentraron el crédito y el apoyo estatal en las propiedades grandes y en las empresas modernas, descuidando las necesidades de los campesinos y pequeños productores. Como resultado, la capacidad de absorción de empleo de la agricultura moderna cayó dramáticamente, reduciéndose en aproximadamente el 30 %. En un contexto de alto crecimiento vegetativo de la población, los efectos sociales de esta transformación resultaron negativos para los sectores populares del campo. Durante el "boom" petrolero, la elevada demanda de fuerza de trabajo no calificada en la construcción permitió a los campesinos pobres compensar la falta de fuentes de trabajo en el campo con migraciones - temporales o permanentes- a la ciudad. Cuando ese sector de la construcción se estancó, los efectos del deterioro social en el sector rural se hicieron más visibles, particularmente en la Sierra.4 La crítica evolución del empleo rural y la escasez de tierra disponible para los campesinos son factores que han influido en la emergencia del movimiento indígena en la presente década.

Cuadro 1
Cambios en la Estructura de la Fuerza de Trabajo en el Ecuador: 1974- 1990
197419821990
Porcentaje de asalariados en PEA Urbana67.265.75.1
Porcentaje de asalariados en PEA Rural 40.138.533.7
Porcentaje de la manufactura en la PEA urbana16.816.814.0
Porcentaje de asalariados industriales en PEA urbana10.610.8 7.2
Trabajadores en la agricultura (miles) 873.1773.81007.7
Asalariados agrícolas (miles) 322.3223.7 224.8
PEA rural (miles) 1088.31119.61439.8
PEA total (miles)1910.72326.43110.2
Fuente: Larrea, The Mirage of Development: Oil, Employment and Poverty in Ecuador (1972-1990).
(datos calculados a partir de los censos).
Nota: Para facilitar la comparabilidad, se ha excluido de los totales a los casos sin información completa y a los trabajadores nuevos, por consiguiente los datos no necesariamente corresponden a los totales reportados en los censos.

En el sector urbano, las políticas públicas promovieron la industrialización sustitutiva de importaciones, y una acelerada expansión del aparato estatal. Se esperaba que el rápido crecimiento de la industria, la construcción y de los servicios (incluyendo el sector público) conduciría directa e indirectamente a una expansión del empleo en el sector moderno y absorbería rápidamente al abultado sector informal. Estas expectativas, sin embargo, no se materializaron, y la información disponible sugiere que, por el contrario, la participación del sector informal se incrementó. En efecto, la capacidad directa e indirecta de generación de empleo en la industria fue muy débil. Pese al acelerado crecimiento del producto industrial (8.9 % anual entre 1974 y 1982), tanto el porcentaje de la manufactura en la PEA urbana como el porcentaje de asalariados de la industria sobre la PEA urbana se mantuvieron inalterados. Este paradójico resultado se explica por el carácter capital-intensivo de la industrialización que reduce la creación de empleo, por su elevada dependencia de insumos importados, que debilita sus enlaces productivos internos, y por el efecto negativo de la industrialización sobre la producción artesanal. En efecto, en muchos casos los establecimientos pequeños no pudieron sobrevivir frente a la competencia de la industria en gran escala.

La rápida expansión del sector público no fue suficiente para compensar la débil generación de empleo en el sector moderno. En un contexto caracterizado por la urbanización acelerada y por una intensa migración campo- ciudad, el crecimiento del sector informal y del subempleo fueron pronunciados.

En síntesis, hacia el fin del "boom" petrolero el problema del subempleo en el Ecuador se había agudizado y continuaba manteniéndose a niveles críticos, aún en el contexto latinoamericano. Las estrategias de desarrollo implementadas demostraron una capacidad muy limitada de revertir los resultados del crecimiento económico en una mejora de las condiciones de empleo, tanto en el campo como en la ciudad.

Empleo, crisis y ajuste.

Desde 1982 la economía ecuatoriana, como la de la mayoría de los países latinoamericanos, ha sufrido una prolongada crisis, iniciada por la moratoria de la deuda externa mexicana. Entre 1982 y 1990, el producto por habitante ecuatoriano cayó a una tasa del 0.3 % anual. El estado implementó una estrategia de ajuste estructural y un cambio del modelo de desarrollo hacia la promoción de exportaciones, con el objetivo de estabilizar la economía y restablecer el crecimiento. Desafortunadamente estos objetivos se han alcanzado en forma lenta y todavía parcial. Entre 1990 y 1995 el crecimiento del producto por habitante ha llegado solamente al 1.1 % anual, las tasas de inversión continúan deprimidas, la estabilización económica no se ha alcanzado por completo, y pese a una notable mejora en el sector externo, el dinamismo de las exportaciones es todavía insuficiente y la deuda externa continúa creciendo.5

Como podía esperarse, los efectos sobre el empleo de la crisis y las políticas de ajuste y apertura comercial han sido adversos. El prolongado estancamiento económico ha reducido la creación de empleos; la reducción del sector público, que en 1982 empleaba al 20 % de la fuerza de trabajo urbana, ha tenido efectos serios, directos e indirectos, sobre el empleo, principalmente en Quito y otras capitales de provincia, sobre todo en la Sierra; la apertura comercial, y específicamente la liberalización de importaciones, ha conducido a la quiebra de numerosas empresas en el sector manufacturero, sobre todo entre las firmas medianas y pequeñas; por último, la adopción de nuevas tecnologías y la incorporación de la informática, como respuesta a la globalización, ha reducido aún más la capacidad de generación de empleo entre las grandes empresas. Los datos para 1990, presentados en el Cuadro 1, son ilustrativos.

La evolución reciente.

Pese a que la crisis económica que ha afectado al país desde 1982 todavía persiste, a partir de 1990 se observan algunos cambios positivos, aunque limitados y parciales, en el contexto macroeconómico. Entre ellos pueden mencionarse una modesta reactivación en el crecimiento económico, la reducción de la inflación del 49 % anual en 1990 al 23 % en 1995, la renegociación de la deuda externa, y un crecimiento importante de las exportaciones observado en 1994 y 1995. Estos avances son, sin embargo, relativos, ya que el crecimiento alcanzado, que apenas llega al 1.1 % anual, es bajo y al parecer inestable; la deuda externa sigue creciendo y ha llegado a 14288 millones de dólares en junio de 1996; las exportaciones siguen conformadas predominantemente por productos primarios, el tipo de cambio se encuentra sobrevaluado, y las tasas de interés han escalado hasta el punto de obstaculizar la inversión productiva. Es importante preguntarse por los efectos de esta modesta y parcial recuperación económica sobre el empleo y el mercado laboral.

Aunque la información sobre el empleo rural es limitada, pueden mencionarse algunas tendencias básicas. De acuerdo con las expectativas de la estrategia de ajuste y promoción de exportaciones, de inspiración neoclásica, la apertura externa y la adopción de políticas basadas en los incentivos de mercado, deben incentivar las exportaciones de productos basados en las ventajas comparativas del país, principalmente mano de obra no calificada barata y recursos naturales. En consecuencia, el empleo rural debe mejorar como resultado de la expansión de exportaciones de productos agrícolas.

Los datos disponibles sobre la evolución del porcentaje de asalariados en el campo muestran una evolución contraria, caracterizada por una continua declinación, que puede ilustrarse en el Cuadro 2. Estos resultados pueden interpretarse considerando que las nuevas actividades de exportación de productos agrícolas tienen un impacto limitado en el empleo, por el tipo de tecnología adoptado, que tiende a ser capital-intensivo. En el caso específico del banano, como resultado de las innovaciones tecnológicas implementadas, la demanda de fuerza de trabajo declinó de aproximadamente 90.000 trabajadores en 1965 a 35.000 en 1985. Una excepción relativa es la exportación de frutas frescas, que pese a su carácter capital-intensivo, genera una demanda de mano de obra de al menos 30 trabajadores por hectárea, y ha producido efectos positivos pronunciados en el mercado de trabajo de los valles de Cayambe, Tabacundo, Lasso y Otavalo en la Sierra norte.

El crecimiento de los porcentajes de patronos y trabajadores autónomos, por una parte, muestra los efectos de la creciente fragmentación en la tenencia de la tierra y minifundización, y por otra, evidencia la magnitud ascendente y elevada del subempleo rural. Entre los trabajadores asalariados existen datos, aunque no concluyentes, que sugieren un aumento de la importancia relativa de las relaciones temporales frente a las permanentes. La información sugiere también un retorno, en el nuevo contexto laboral internacional, a relaciones indirectas de trabajo, como la subcontratación y el trabajo a domicilio por encargo. Estas relaciones pueden estar asociadas a empresas modernas integradas a la economía internacional, que optan por relaciones laborales informales y temporales como parte de su estrategia de producción.6 En cualquier caso, los datos reflejan un prolongado proceso de desproletarización de la fuerza de trabajo rural y una expansión del subempleo estructural.

Empleo urbano.

El Cuadro 3 presenta la evolución de la estructura del empleo urbano entre 1990 y 1994. La transformación más importante es la reducción del empleo público, del 18.3 % al 13.7 % de la población ocupada. El sector informal, que se ha expandido en un 2.6 %, ha absorbido la mayoría de esta reducción, y el empleo en empresas privadas de más de 5 trabajadores, consideradas formales, han asimilado la diferencia. Al interior del sector informal, los pequeños establecimientos han crecido, mientras que la participación de los trabajadores por cuenta propia y empleados domésticos ha declinado. En síntesis, se observa un flujo del sector público hacia micro- empresas, y presumiblemente, medianos establecimientos privados. Se encuentra también que la dinámica del sector moderno formal, para absorber la reducción del empleo público es insuficiente, y ha conducido a un crecimiento del sector informal, que actualmente absorbe más de la mitad de la fuerza de trabajo no agrícola.

Cuadro 2
Composición de la Población Ocupada Rural: 1974-1995
Categoría Ocupacional1974198219901995
Asalariados 40.138.533.733.4
Patronos 1.2 2.6 5.55.6
Trabajadores autónomos58.759.060.8 60.9
Total100.0100.0100.0100.0
Fuentes: INEC, Censos de Población de 1974, 1982, 1990; Banco Mundial-INEC, Encuesta de Condiciones de Vida, 1995.
Nota: Para facilitar la comparabilidad, se ha excluido de los totales a los casos sin información completa y a los trabajadores nuevos, por consiguiente los datos no necesariamente corresponden a los totales reportados en los censos.

La reducción del empleo público también ha conducido a un aumento del desempleo abierto, que ha crecido del 6.6 % en 1988 al 8.8 % en 1993, y ha declinado al 6.9 % en 1995. En países como el Ecuador, donde no existen seguros eficientes de cesantía, las situaciones de desempleo abierto, particularmente entre los jefes de hogar, no pueden prolongarse demasiado, y los afectados tienden a buscar o "inventar" nuevos trabajos en el sector informal.

Los salarios reales medios evidencian una caída pronunciada entre 1988 y 1992, seguida de una recuperación iniciada en 1993, que al parecer, se ha mantenido durante los últimos años. La recuperación de los salarios medios se produce sobre todo en el sector formal, y puede estar relacionada tanto con la caída de la inflación como por un aumento en la demanda relativa de fuerza de trabajo calificada. Se observa también una creciente dispersión de los salarios, que refleja también un cambio en la demanda laboral urbana, en favor de empleos con alta calificación, mientras que la demanda por fuerza de trabajo no calificada no muestra un dinamismo similar. El Cuadro 4 presenta algunos indicadores salariales.

Por último, es importante mencionar que, como resultado del acelerado cambio tecnológico mundial, de un nuevo carácter de las relaciones laborales, del ajuste estrucuctural y de la apertura comercial, la demanda laboral urbana está cambiando rápidamente su perfil. En el nuevo contexto, los requisitos educativos son mayores, y flexibilidad en las relaciones laborales es creciente.

La oferta de fuerza de trabajo requiere adaptarse a las nuevas condiciones, adquiriendo niveles superiores de educación y capacitación, y dotándose de un conjunto de conocimientos y habilidades más flexible y adaptable a los contínuos cambios tecnológicos. En otras palabras, deben fomentarse la creatividad y la capacidad de aprendizaje permanente.

Cuadro 3
Estructura del Empleo no Agrícola en el Ecuador: 1990-1994
(porcentajes)
AñoTRABAJADORES INFORMALESTRABAJADORES FORMALESTOTAL
Cuenta PropiaServicio DomésticoPequeñas EmpresasSector PúblicoSector PrivadoGrandes EmpresasTotal
199032.57.112.151.618.629.848.4100.0
199132.86.712.852.218.129.747.8100.0
199232.46.714.053.0 15.531.647.0100.0
199331.56.715.052.515.432.0 47.4100.0
199431.46.017.054.213.732.145.8100.0
Fuente: Guasch. "Labor Reform and Job Creation: The Unfinished Agenda in Latin American and Caribbean Countries". (en base a datos de OIT).
Nota: Las empresas pequeñas se definen como las que ocupan menos de 5 trabajadores.

Desafortunadamente, las respuestas del sistema educativo a estas nuevas demandas son insuficientes. El nivel medio de escolaridad de la población económicamente activa urbana se ha mantenido constante desde 1988, evidenciando un serio estancamiento en la formación de capital humano. Son conocidos también el creciente desfase entre los requisitos educacionales contemporáneos y la estructura curricular prevaleciente, y la caída en la calidad de la educación en el Ecuador. La reducción sostenida en el gasto público en educación, que ha descendido del 5.3 % del PIB en 1980 al 2.9 % en 1994, ha contribuido a debilitar la capacidad del sistema educativo para enfrentar los requisitos actuales del mercado laboral, y crear condiciones sostenibles para una recuperación de la economía. Es ampliamente conocida también la incapacidad de instituciones como el SECAP para proporcionar una capacitación adecuada a los trabajadores.

Cuadro 4
Salarios Reales e Ingresos Medios en el area Urbana: 1988-1993
(Miles de sucres de noviembre de 1988 al mes)
Año 19881989199019911992Jul-93 Nov-93
Salario medio37.932.231.430.829.631.734.7
Salario medio en:
Sector Moderno44.836.936.836.834.937.841.7
Sector Informal 23.420.820.022.418.918.521.7
Agricultura38.035.025.527.427.224.229.1
Servicio Domestico 9.810.8 9.7 9.39.3 9.99.5
Hombres42.635.835.1 33.8 32.534.138.4
Mujeres29.125.524.425.0 24.326.727.8
Sector Privado 32.828.527.127.226.228.131.8
Sector Público50.140.941.741.239.142.044.4
Salarios/Ingreso Total0.584 0.5130.5200.5530.5130.5310.488
Salarios
Desviación Típica 40.531.638.337.130.932.448.2
Coeficiente de Variación 1.070.981.221.211.051.02 1.39
Ingresos no salariales
Media 34.839.636.737.633.436.6 42.3
Desviación Típica 52.446.742.572.160.762.672.4
Coeficiente de Variación1.511.181.161.921.821.711.71
Ingreso Medio Total
de los perceptores37.836.434.634.632.534.939.4
Nota: Los ingresos de los trabajadores domésticos incluyen solamente su componente monetario. No se ha estimado su ingreso adicional en especie.
Fuentes: INEM e INEC, Encuestas de Hogares (distintos años).

Conclusión.

El Ecuador ha sido históricamente afectado por el desempleo estructural. El rápido crecimiento económico experimentado durante el "boom" petrolero, lejos de contribuir a la creación masiva de empleos productivos, intensificó la magnitud del suempleo tanto en el campo como en las ciudades. Posteriormente, la crisis ha intensificado el problema, en un contexto caracterizado por un rápido crecimiento de la fuerza de trabajo en condiciones de estancamiento. Finalmente, la moderada recuperación de la economía observada en la presente década tampoco ha generado efectos positivos sobre el empleo, salvo algunas excepciones a nivel micro-regional. En consecuencia, la magnitud relativa del subempleo en el Ecuador continúa creciendo, y afecta a casi las dos terceras partes de la fuerza laboral.

Por último, el deterioro pronunciado del sistema educativo nacional ha contribuido a profundizar el desfase entre una oferta de fuerza de trabajo inadecuadamente capacitada, y los actuales requisitos laborales. Esta brecha se puede constituir en un obstáculo serio para la reactivación de la economía, y limitar aún mas la capacidad futura para crear empleo productivo.

BIBLIOGRAFIA

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LARREA, Carlos. The Mirage of Development: Oil, Employment and Poverty in Ecuador (1972-1990). Tesis de Ph.D., York University, Toronto, 1993.

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PORTES, Alejandro and SCHAUFFLER, Richard. "The Informal Economy in Latin America: Definition, Measurement, and Policies". PCID Working Paper Series, The Johns Hopkins University, 1992.


(1)Véase: Juan Luis Londoño. Poverty, Inequality and Human Capital Development in Latin America, 1950-2025. Washington: World Bank, 1995; Albert Berry, "The Income Distribution Threat in Latin America", en Albert Berry (ed) Sources of Inequality and Poverty in Latin America: Crisis, Adjustment, Economic Reforms and Other Suspects. (En prensa).

(2)Véase: Carlos Larrea, The Mirage of Development: Oil, Employment and Poverty in Ecuador (1972-1990). Tesis de Ph.D., York University, Toronto, 1993.

(3)Véase: Luis Guasch. "Labor Reform and Job Creation: The Unfinished Agenda in Latin American and Caribbean Countries". Ponencia presentada a la Segunda Conferencia Anual del Banco Mundial sobre Dearrollo de América Latina y el Caribe.

(4) Véase: Commander, Simon and Peek, Peter. "Oil Exports, Agrarian Change and the Rural Labor Process: The Ecuadorian Sierra in the 1970s." World Development, vol. 14, Nº 1 (1986): 79-96.

(5)Véase: Carlos Larrea. "Structural Adjustment, Income Distribution and Employment in Ecuador", en Albert Berry (ed.). Sources of Inequality and Poverty in Latin America: Crisis, Adjustment, Economic Reforms and Other Suspects. (En prensa).

(6)Véase: Alejandro Portes y Richard Schauffler. "The Informal Economy in Latin America: Definition, Measurement, and Policies". PCID Working Paper Series, The Johns Hopkins University, 1992; Aihwa Ong. "The Gender and Labor Politics of Postmodernity." Annual Review of Anthropology. 1991.