JAHANBEGLOO: ¿Considera que su filosofía es práctica? Me refiero a si es posible
deducir de sus ideas una guía
política practicable.
BERLIN: En política, en efecto, tengo algunas ideas. No sé si leyó usted mi conferencia para la Fundación Agnelli. Una de mis convicciones, por ejemplo, es que hay valores morales, sociales y políticos que chocan entre sí. Me es imposible concebir un mundo en donde puedan reconciliarse cierto valores. Creo, en otras palabras, que algunos de los valores últimos según los cuales viven los hombres no pueden conciliarse ni combinarse, no ya por razones políticas sino en principio, conceptualmente. Nadie puede ser un planificador cuidadoso y al mismo tiempo totalmente espontáneo. No se puede combinar la libertad plena con la plena igualdad: la libertad plena para los lobos no puede combinarse con la libertad plena para las ovejas. También pueden chocar la justicia y la piedad, el conocimiento y la felicidad. Si eso es cierto, la idea de una solución perfecta a todo los problemas humanos --a cómo vivir-- es imposible de concebir con coherencia. No es que esa armonía perfecta no pueda crearse por dificultades prácticas; la idea misma es conceptualmente incoherente. Las soluciones utópicas son incoherentes e inimaginables por principio. Pretenden combinar lo incombinable. Ciertos valores humanos no pueden combinarse porque son incompatibles: de modo que hay que elegir. Elegir puede ser muy doloroso. Si usted elige A, le desespera perder B. Entre los valores humanos últimos, fines en sí mismos, no hay manera de evitar la elección. Por torturantes que sean, las elecciones son inevitables en cualquier mundo que pueda concebirse. Los valores incompatibles lo seguirán siendo en todos los mundos. Lo único que podemos hacer es procurar que las elecciones no sean demasiado dolorosas; lo cual significa que necesitamos un sistema que permita perseguir diversos valores, de modo que, en lo posible, no surjan situaciones que obliguen a los hombres a hacer cosas contrarias a sus convicciones morales más hondas. En una sociedad liberal de tipo pluralista no se pueden eludir los compromisos; hay que lograrlos; negociando es posible evitar lo peor. Tanto de esto por tanto de aquello. ¿Cuánta igualdad por cuánta libertad? ¿Cuánta justicia por cuánta compasión? ¿Cuánta benevolencia por cuánta verdad? El conocimiento y la felicidad no siempre pueden combinarse. A nadie la hace feliz saber que tiene cáncer. La ignorancia puede hacernos menos libres, pero más felices. Esto quiere decir que la idea de una solución definitiva a todos nuestros problemas es incoherente. Los que creen en la posibilidad de un mundo perfecto suelen acabar pensando que ningún sacrificio es excesivo para conquistarlo. No hay precio demasiado alto para la perfección. Si para crear la sociedad ideal hay que derramar sangre --piensan-- derramémosla, no importa cuánta o de quién. No se puede hacer esta tortilla suprema sin romper huevos. Pero cuando la gente se acostumbra a romper huevos no para; y luego se siguen rompiendo huevos y la tortilla nunca está hecha. Toda fe fanática en la posibilidad de una solución final, que debe alcanzarse de la manera que sea, n puede sino acarrear sufrimiento, desgracia, sangre y una terrible opresión.
Tomado de Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo, Anaya & Mario Muschnik, Madrid, 1993.