Versión revisada del informe elaborado por encargo de Colciencias.
Resumen
Jesús A. Bejarano. "La investigación económica en Colombia", Cuadernos de Economía, v. XVI, n. 27, Bogotá, 1977.
En este trabajo se hace un balance del 'estado del arte' de la investigación económica en Colombia. Su autor describe los aspectos institucionales que fomentan e inhiben la libre investigación en materia económica. Hace énfasis en la organización y la evolución de los núcleos y centros universitarios y en sus diferencias y desventajas con las entidades privadas o los grupos de investigación de entidades con grandes recursos como el Banco de la República. Pasa revista a los temas que interesan y han interesado a los investigadores en las últimas décadas y analiza el papel de las publicaciones especializadas más importantes del país. Sugiere que, aparte de la concentración de los fondos en la actividad de consultoría, el problema más grave es la inexistencia de una verdadera comunidad científica y de programas de investigación definidos e independientes. De modo que para fortalecer la investigación económica es indispensable superar esta debilidad estructural.
Abstract
Jesús A. Bejarano. "Economic research in Colombia", Cuadernos de Economía, v. XVI, n. 27, Bogotá, 1977.
This paper takes a balance of the "state of the art" of economic research in Colombia. The author describes the institutional factors which encourage or inhibit free investigation in economic matters. He emphasizes the organization and evolution of university centers and research groups, and their differences from and disadvantages with respect to private institutes or research groups from institutions with greater resources such as the Banco de la República. He reviews the topics which are and have been of interest to researchers in recent decades, and analyzes the role of the country's most important specialized journals. He suggests that, apart from the concentration of funds in the area of consulting, the most serious problem is the inexistence of a true scientific community and of well defined and independent research programs. Thus, in order to strengthen economic research it is essential that this structural weakness be overcome.
INTRODUCCIÓN
El siguiente artículo, producto de un informe entregado a Colciencias, señala algunas características el estado de la investigación económica en Colombia. Su perspectiva es contribuir en la precisión de orientaciones institucionales que ayuden a consolidar, ampliar y difundir los resultados provenientes de las universidades y de los centros de investigación no universitarios.
Su alcance es de índole preliminar: un examen más detallado requiere de balances de las distintas áreas de investigación y de profundizar en discusiones concernientes a las limitaciones institucionales, los bloqueos teóricos y las condiciones del entorno intelectual que obstaculiza el desarrollo de la investigación económica. De allí que las afirmaciones que se expresan sean hipótesis de trabajo que han de corroborarse con exploraciones más sistemáticas.
Por otra parte, las rápidas consultas realizadas para el informe mencionado, permitieron identificar discusiones relativamente intensas sobre la naturaleza, las prioridades y las limitaciones de la investigación en las facultades de ciencias económicas del país; también apreciar la creciente preocupación que existe por examinar las relaciones de complementariedad o de conflicto entre la investigación académica y la consultoría; este tema se ha convertido en centro de las inquietudes de los investigadores universitarios. Aquí se tratan sólo algunos aspectos generales de ese debate. Al respecto, un encuentro nacional de investigadores universitarios podría orientar la polémica.1
Se dejarán de lado aspectos puntuales sobre el estado de la investigación pues ello conduce a un balance puramente enumerativo, casuístico y sin duda disperso del tema. De otro modo, sólo interesan aspectos medulares de la investigación en tanto quehacer institucionalizado que orienta una política sobre la misma. En esta dirección, y después hacer un balance de las tendencias temáticas recientes, se explora la existencia de una comunidad académica de investigadores y de programas de investigación y su relación con las actividades de consultoría; además, los elementos que permiten juzgar la calidad y pertinencia de la investigación. Los tres últimos temas están en el centro de cualquier juicio sobre el estado de la investigación en Colombia. Finalmente, se señalan las limitaciones institucionales que tiene la actividad investigativa, en especial en los centros universitarios.
PERSPECTIVA HISTÓRICA SOBRE LA INVESTIGACIÓN
Conviene en primera instancia señalar dos períodos en el proceso de institucionalización de las ciencias económicas en las últimas tres décadas. Estas disciplinas se consolidan a lo largo de los años setenta; se amplía el número de facultades o departamentos de economía, se definen los perfiles de la profesión y se separan claramente otros dominios conexos del conocimiento: la administración de empresas y la contaduría. Pero el avance fundamental y más vigoroso se presenta en la investigación económica que tiene origen en las universidades; ésta supera en mucho las investigaciones de instituciones gubernamentales no universitarias.
Entre 1970 y 1985, tiempo en el que se consolidan de manera institucional la enseñanza y profesionalización de la ciencia económica, hubo en especial una relación estrecha entre la investigación universitaria y los `problemas nacionales', es decir, aquellos aspectos del modelo de desarrollo y de la configuración estructural de la economía. Un balance aún superficial señala que los temas dominantes en la investigación proveniente de las universidades eran en su orden los siguientes:
1. El desarrollo económico del país, su carácter y los determinantes externos e internos del mismo (entre ellos la teoría de la dependencia y el imperialismo);
2. La naturaleza de la estructura económica, en particular el carácter de la industrialización y sus problemas conexos (empleo, brecha externa y otros);
3. La cuestión agraria, referida en esencia al ámbito más amplio de las relaciones de producción y de trabajo en las áreas rurales; es el campo más dinámico de la investigación económica;
4. La historia económica que se configura, por su notable desarrollo, como un área autónoma que compromete buena parte de los esfuerzos de los investigadores universitarios en varias regiones del país; se apoya en especial en enfoques marxistas, dependentistas o cepalinos; y,
5. La política económica, sin duda un área relativamente secundaria en las investigaciones universitarias, por lo menos hasta comienzos de los años ochenta, aunque tuvo importancia en centros no universitarios (Fedesarrollo, el Departamento Nacional de Planeación, DNP, y el Banco de la República). A partir de mediados de los ochenta, se convierte en uno de los pilares de la investigación.
Por otra parte, algunos rasgos notables de la investigación de ese período son la escasa utilización de modelos formales, la precaria elaboración de `hechos estilizados' (inclusive, se carece de comparaciones internacionales) y la escasa preocupación por el desarrollo de la teoría pura y en general por la elaboración teórica. Estas características reflejan un ambiente de `intelectualización' (en el sentido de un diletantismo crítico) que se apoya en corrientes marxistas.
En la década del ochenta, en contraposición a la del setenta, son excesivas la especialización teórica y el formalismo en los métodos; desde el punto de vista de la teoría pura, el esfuerzo estaba en manos de algunos grupos de neokeynesianos de la Universidad de los Andes y de algunos neomarxistas o neorricardianos en algunas universidades públicas, en especial la Universidad Nacional, la de Antioquia y la del Valle.
A mediados de los años ochenta se observa un quiebre profundo en los intereses teóricos y, por tanto, en las tendencias de la investigación. A ello coadyuvaron la creciente atención por los ajustes de corto plazo propios de toda la década, la cualificación de la formación de los economistas, el declive del marxismo y un ambiente intelectual distinto, en esencia, al de las décadas de la posguerra.
Por una parte, resurgieron a nivel internacional las corrientes liberales en lo económico y conservadoras en lo político; con ello se fortaleció la corriente principal de la teoría neoclásica y se debilitaron las orientaciones keynesianas y neokeynesianas que, desde luego, acompañaron el declive del marxismo.
Por otra parte, lo más importante para el caso colombiano, decayeron las `grandes teorías' del desarrollo, en especial aquella que orientó las discusiones de los años setenta: la teoría de la dependencia [Menzel 1993].
Todo ello supuso que desde el punto de vista de las corrientes teóricas se produjera un profundo cambio de paradigma que naturalmente tenía que reorientar las prioridades teóricas y de investigación. El cambio alteró en forma significativa el quehacer de la comunidad académica, las reglas del debate y el sentido ideológico del mismo. Las consecuencias, decisivas incluso en términos generacionales, quedan por fuera de los propósitos de este informe.
En la base del quiebre de las tendencias temáticas están también el creciente interés por los ajustes de corto plazo de la economía y los temas referidos a la política económica de corto plazo. La economía experimenta, desde 1983-84, ajustes sucesivos de alguna significación que muestran el debilitamiento del modelo de sustitución de importaciones, estimulan la investigación en política económica y aceleran la decadencia de las `grandes teorías'.
Fue ostensible también el fortalecimiento de los recursos humanos en ciencias económicas: se elevó el nivel de calificación (creció el número de posgraduados en el exterior hasta sumar 80 PhD en economía)2 y se evidenció un fortalecimiento de las carreras como resultado de la formación de recursos humanos, lo que se reflejó naturalmente en una profesionalización y una especialización mayores y, en general, en un ambiente institucional más desarrollado que el de los años setenta.
Adicionalmente, se amplían y desarrollan de manera considerable la información disponible y las fuentes de datos (cuentas nacionales, encuestas industriales y urbanas), y es más sistemático el seguimiento de la coyuntura económica. Con ello se pueden abordar más fácilmente diversos temas, elaborar modelos y renovar métodos para tratar la política económica. Además, se acentúa el declive de los temas característicos de la década anterior (dependencia, estructura agraria, historia económica) desarrollados hasta ese entonces, por lo demás, sobre una débil base factual.
Finalmente, y de la mano de los cambios institucionales de comienzos de los años noventa (desmonte del Estado, descentralización, fortalecimiento de las finanzas regionales), abre campo de manera significativa la consultoría que, como se verá, altera los patrones de comportamiento de la investigación universitaria y en general el mapa de la investigación económica.
TENDENCIAS ACTUALES DE LA INVESTIGACIÓN
El giro de la investigación en la mitad de la década del ochenta se caracteriza porque:
1. Se producen importantes cambios en las orientaciones temáticas en favor de los aspectos macroeconómicos y de política de corto plazo en tanto decae notablemente el interés por temas como el desarrollo económico, la estructura económica, la historia económica y la agricultura;
2. Se recurre de manera creciente a modelos, hechos estilizados y constataciones empíricas que permiten contrastar de manera más precisa las teorías; por lo demás, éstas ya empezaban a naufragar (en términos de su constatación) en el abuso de la generalización, propia de los años setenta;
3. La especialización profesional y un acceso más fácil al estado internacional de la teoría estimularon el interés de los investigadores por la teoría pura.
Hoy son bien distintas las circunstancias del quehacer investigativo. Cualquier balance al respecto debe partir de reconocer que apenas si puede registrarse alguna investigación --mas allá de la consultoría-- en no más del 25% de los 47 programas o facultades de ciencias económicas del país (tres universidades privadas, además de la de los Andes y de la Javeriana, y tres universidades de provincia distintas a la del Valle y la de Antioquia).
En esas condiciones, la evaluación de las tendencias temáticas se circunscribe a unas pocas universidades, a unas dos o tres instituciones no universitarias y no gubernamentales y a dos instituciones del Gobierno (DNP y Banco de la República). La carencia de un paradigma dominante, la coexistencia de varias escuelas de pensamiento (que tienen un peso relativo similar) y, por supuesto, las notorias diferencias en el desarrollo institucional de los centros de investigación universitarios y no universitarios conducen una enorme dispersión en las líneas temáticas.
Se pueden percibir algunas tendencias generales en las temáticas de interés a través del examen de las cuatro principales revistas universitarias de economía entre 1980 y 1995.3 Según el inventario, de los 634 artículos publicados, 234 correspondieron a teoría económica (fundamentos de economía, microeconomía, macroeconomía, economía política, teoría del desarrollo económico y del crecimiento), 133 a política económica (monetaria, fiscal sector externo y políticas sectoriales) y 267 a estructura económica (sectorial, regional, sector externo, social, historia económica); de esa forma se constatan, grosso modo, los cambios señalados atrás: un mayor énfasis, en relación con el pasado, en la teoría pura (especialmente en la macroeconomía) y en la política económica.
Sin embargo, cuando se considera la distribución por universidades se encuentran perfiles más o menos definidos en el énfasis que se da a las áreas. En el 52.5 por ciento de los artículos publicados en la revista de la Universidad Nacional corresponde a teoría económica, el 20 por ciento de los mismos a política económica y el 26 por ciento a estructura económica; en el caso de la Universidad de los Andes esas proporciones son el 24.8 por ciento, el 34.4 por ciento y el 40.6 por ciento, respectivamente. A su vez, en las Universidades regionales, (del Valle y de Antioquia) tiene un peso relativo mucho menor la política económica (11.53% del total en el primer caso y 15.1% del total en el segundo caso) y sobresalen los artículos que abordan la estructura económica (que equivalen al 50% de los artículos en cada una de ellas) en especial los que se refieren a aspectos sociales del desarrollo y a la economía regional.
Desde luego, el quiebre con las tendencias del pasado en las universidades de provincia es más lento y tenue que el que registran las facultades de mayor prestigio. Esto tiene que ver, por supuesto, con la desigual distribución regional de recursos humanos calificados de la que se derivan desequilibrios de calidad y de orientaciones temáticas de la investigación.
Veamos ahora las líneas temáticas en cada una de las áreas. En teoría económica se enfatiza en economía política, teoría del desarrollo y macroeconomía; en política económica, el énfasis se hace en macroeconomía y en políticas económicas específicas, mientras que son escasos los trabajos sobre el sector externo y la política de desarrollo. Además, el interés por la historia económica entre 1986 y 1995 decayó (entre 1980 y 1985 se publicó un total de veinte artículos en las cuatro revistas mencionadas, mientras que entre 1986 y 1995 sólo se publicaron 14; en la revista de la Universidad de los Andes aparecieron diez trabajos en esta área entre 1980 y 1985, y ninguno entre 1985 y 1995; en la de la Universidad de Antioquia aparecieron 10 trabajos en el primer período y 8 en los diez años siguientes. Igual ocurrió con las publicaciones de las dos universidades restantes).
Naturalmente, cada una de las universidades tiene ámbitos de especialización, de suerte que en la Nacional, en el área de teoría económica, sobresalen los trabajos de economía política y desarrollo a lo largo del período; en las universidades de los Andes y de Antioquia, entre tanto, prima la macroeconomía, y en la del Valle, aunque se escribe también acerca de macroeconomía, son mucho más relevantes temas asociados con problemas de la economía regional, por lo demás dispersos.
Ahora bien, en la temática de estructura económica, la Universidad de los Andes prioriza el tratamiento de aspectos sectoriales y aquellos relacionados con la distribución de ingresos y las universidades de Antioquia y del Valle enfatizan en la estructura regional y en la historia económica sin ningún perfil particular; mientras, la Universidad Nacional deja de lado el tema excepto en los últimos cinco años en los que aparecen unos pocos trabajos sobre industria que, no obstante, son poco significativos en el conjunto.
Por otra parte, Fedesarrollo ha incursionado con fuerza en los últimos quince años en el ámbito investigativo, y en los últimos cinco, el Banco de la República. Las líneas temáticas principales de Fedesarrollo en el período 1970-1995 se concentraron en el desarrollo económico (alrededor del 15% del total en los últimos 15 años), en comercio internacional, en coyuntura internacional y en política social con oscilaciones en otros temas [Vallejo 1995]:4 las políticas fiscal y monetaria tienen un peso menor al igual que la de empleo o los temas regionales o agrarios; por su parte, la política social absorbió el 11.4 por ciento del total de investigaciones en el período 86-90 y el 16.7 por ciento entre el año 91 y el 95.
Con respecto al Banco de la República, sus ventajas relativas (amplia financiación, salarios adecuados que le permiten captar los recursos más calificados, presencia regional que facilita el acceso a información y el monopolio de áreas de información) le han permitido en los últimos años realizar destacada labor investigativa: por los temas que trabaja y la calidad de sus resultados pero además por sus contribuciones a la difusión de la frontera de la teoría económica.
El Banco contribuye en especial en tres aspectos: la generación y difusión de información económica cuyo acceso es en general amplio para los investigadores; los análisis sobre política económica que, aunque están vinculados por lo general a las decisiones de la junta directiva del Banco en materia de control monetario, se extienden en ocasiones a desarrollos analíticos de mayor alcance (sin duda, el monopolio de la investigación en política macroeconómica lo tiene esta institución y son muy escasos los aportes de otras entidades universitarias y no universitarias publicas y privadas); y en tercer lugar, la difusión de modelos, líneas teóricas y aplicaciones de las mismas que son fruto de la autonomía de los investigadores y no necesariamente de prioridades institucionales.5
Es notable en todo caso, la ausencia de análisis político en relación con los temas económicos en la mayoría de las universidades y por supuesto en Fedesarrollo, y la débil presencia de los temas de la agricultura, el medio ambiente y otros, relevantes en las circunstancias actuales del país. Por supuesto, algunas instituciones como el Centro de estudios ganaderos y agrícolas, Cega, o el Iica, desarrollan temas agrícolas en distintas direcciones pero no de manera secuencial ni sistemática, aunque en el conjunto representan una voz no despreciable.
Habría que señalar el surgimiento en los últimos años de algunas áreas asociadas en buena medida a temas propios de las acuciantes realidades nacionales: una que surge en entre la Universidad de los Andes y Fedesarrollo referida a los temas de la inseguridad, la violencia y la criminalidad en la que se destacan los trabajos de Mauricio Rubio y Armando Montenegro; otra en la que se refuerzan los temas de distribución del ingreso también proveniente de la Universidad de los Andes, y una tercera un poco más débil que trata temas sobre desarrollo industrial y desarrollo agrícola en la Universidad Nacional.
Finalmente, son incipientes algunas líneas de investigación en varias universidades regionales, en particular las de la Costa Atlántica. Un trabajo reciente de Félix Alvarez [1995]6 insinúa incursiones de la Universidad del Atlántico en temas del mercado laboral, de las relaciones económicas internacionales, de los planes de desarrollo municipales y por supuesto de los la economía regional; a su vez, en la Universidad de Cartagena se perciben líneas de investigación acerca del desarrollo de las regiones, el empleo y en general la economía regional; por su parte, en la Universidad del Magdalena predominan los estudios socioeconómicos relacionados con la agricultura y la ganadería, el comercio interior y aspectos de la economía campesina (hecho quizás derivado del desprendimiento de la Facultad de Economía de la antigua Facultad de Economía agrícola), al tiempo que se enfatiza poco en la política económica y en la teoría pura.
Sin embargo, como se advertirá más adelante, la falta de fluidez en la comunicación entre las universidades más desarrolladas (las de Bogotá, Valle y Antioquia) y las regionales menos desarrolladas, provoca un desequilibrio manifiesto no sólo en las orientaciones de la investigación y en la calidad de las mismas: también afecta el alcance de la aplicación de teorías y métodos, de suerte que ya es visible un mayor alejamiento de la frontera del conocimiento en algunas universidades de provincia.
En resumen, los rasgos de las tendencias temáticas recientes son los siguientes:
1. Dispersión de líneas temáticas y monopolio de temas relevantes en manos de algunas instituciones, tendencias que acarrean riesgos en la formación de la opinión pública en materia económica;
2. Desequilibrios temáticos entre las universidades regionales que son fruto, además de la inexistencia de un paradigma dominante, de los desequilibrios en recursos financieros y humanos; esta situación puede conducir en el futuro próximo a una segmentación radical del estado del conocimiento;
3. Predominio, a diferencia de las orientaciones `estructuralistas' del pasado, de análisis de corto plazo (macroeconomía y política económica) sin que se vislumbre un interés por construir escenarios futuros (salvo algunos limitados modelos de simulación) o, mucho menos, ideas sobre la construcción de futuro;
4. Alta especialización de la investigación económica y pocos contactos con otras disciplinas (la política está ausente en el análisis económico, se recurre poco a la historia económica o a los vínculos con las investigaciones sociológicas). No parece ser ésa, en todo caso, la tendencia internacional en la que se atraviesa una fase de fusiones e hibridaciones entre la economía y otras disciplinas;
5. Notable decadencia de algunas áreas (economía agraria, historia económica, desarrollo económico); con ello se crea un vacío tan considerable como riesgoso en términos de la atención de problemas analíticos importantes --la relación entre historia económica y desarrollo, por ejemplo, es todavía relevante--, y porque se descuidan los fundamentos analíticos de algunas políticas sectoriales que debieran atenderse (el caso de la economía agraria que quedó en manos de los sociólogos).
LA COMUNIDAD DE INVESTIGADORES
El aspecto nodal de la investigación en cualquier área del conocimiento es el conjunto de condiciones en que opera la comunidad científica. Sería caprichoso enunciar juicios sobre la calidad de la investigación o su pertinencia frente a un ámbito de problemas de la realidad, sobre su contribución al conocimiento en un determinado campo, sobre la manera como se expresan las influencias de grupos dominantes o de sus líneas de investigación acerca de necesidades de formación académica si prescindimos de unos criterios mínimos en torno de la manera como funciona la comunidad de científicos. En esta sección se considerará la (in)existencia de una comunidad académica y la influencia relativa de los grupos de investigación. En la siguiente, los juicios de calidad.
Más que examinar en detalle los elementos del concepto, se trata de señalar por ahora que una comunidad académica consiste en un grupo de estudiosos que tiene un consenso mínimo sobre una orientación analítica (más precisamente, comparte un paradigma) y desarrolla soluciones para un conjunto de enigmas definido por ella misma. Tiene, por supuesto, un modus operandi que se expresa en sus debates científicos y en las formas de difusión de los resultados de la investigación. En particular, la comunidad de científicos define los criterios de autoridad (instituciones, personas, publicaciones) con los que se juzgan la orientación de las soluciones, los criterios de aprobación o rechazo de métodos y resultados, y el valor de una determinada solución por su contribución al conocimiento.7
En términos del modus operandi, la comunidad científica trabaja a partir de un paradigma simple o de un conjunto de paradigmas estrechamente relacionados y de un programa de investigación científica, en el que se encajan los puzzles o enigmas que constituyen el quehacer de la `investigación normal'. De hecho, los programas de investigación científica permiten reunir las piezas de información separadas en los documentos originales. Éstos necesitan unirse, fusionarse, moldearse en una coherente máquina intelectual que puede usarse en su totalidad en busca de beneficios materiales o de nuevas exploraciones científicas.
Cuando se mira de ese modo, no es infundada la hipótesis de la inexistencia total de comunidad académica.8 Lo que parece haber es un cierto número de investigadores agrupados en centros de investigación que no se comunican entre sí, no debaten entre sí, no intercambian resultados salvo los publicados, no contrastan los resultados, no se critican; en fin, grupos que operan en virtual aislamiento y cuyos resultados científicos por lo tanto no tienen el carácter acumulativo propio del progreso científico.
La situación puede constatarse a través de métodos de citaciones (un forma utilizada por varios estudiosos, entre ellos Stigler, para identificar la influencia que ejercen algunos economistas y escuelas): investigaciones preliminares de la Universidad Externado de Colombia orientadas a un proyecto presentado a Colciencias [Universidad Externado 1996] evidencian la casi nula comunicación entre los científicos en el caso de la economía. El análisis de las referencias bibliográficas en la revista Cuadernos de Economía de la Universidad Nacional, en los artículos publicados entre 1984 y 1994, muestra que las citas de los autores de la Facultad de Ciencias Económicas tienen el siguiente peso relativo: en los escritos sobre teoría económica sólo representan, incluidas las autocitas, el 1.48 por ciento de las citas --si se eliminan las autocitas en el conteo, el porcentaje desciende a 0.45 por ciento--, mientras que el 70 por ciento de las mismas proviene de la literatura internacional; en los trabajos sobre política económicas, el 2.3 por ciento, y en estructura económica, el 7.8 por ciento.9
Aunque no se hace el mismo ejercicio con otras universidades, se percibe algo similar a través de las consultas. Eso testimonia la precariedad de los procesos de construcción de comunidad académica e invita a realizar un esfuerzo sistemático para fortalecer las redes y los grupos a través de la comunicación, el intercambio y los debates públicos sobre los resultados de la investigación.10
Una explicación de la inexistencia de comunidades debe empezar quizá por reconocer que no hay en Colombia la carrera académica propiamente dicha; hay ciclos de vida de algunos académicos que por diversas razones no persisten en sus programas de investigación. Además, se carece de incentivos para la competencia entre los académicos, y de una cultura del debate que puedan estimular los usuarios de los resultados (por ejemplo, alrededor de las diferencias de posición entre escuelas), como ocurrió en efecto hasta mediados de los años ochenta.
En comunidades académicas de los Estados Unidos o Inglaterra es fácil identificar el orden jerárquico, desde el punto de vista de su influencia y del de la percepción de su calidad, de las instituciones académicas. Ese no es el caso en Colombia. Las consultas realizadas para este informe muestran una cierta jerarquía que no es generalizada; así, el grupo de investigadores del Banco de la República registra una influencia importante en la difusión de la teoría económica, con sus paradigmas, formas de ver los fenómenos económicos y de aproximarse, en general, al análisis económico. Esa influencia, sin embargo, recae sobre las universidades regionales de mayor desarrollo relativo (la del Valle o la de Antioquia) pero no sobre otras de menor desarrollo relativo (universidades de Cartagena, del Atlántico, del Magdalena, de Tunja); aquí el influjo procede de la Universidad Nacional la que, a su vez no parece incidir en las temáticas, en los métodos o en las orientaciones de la investigación de las universidades del Valle y de Antioquia.
A la vez, no obstante su relativa importancia académica, parece ser que la Universidad de los Andes no ejerce mayor influencia sobre ningún grupo universitario de investigadores ni tampoco en términos de investigaciones, métodos o paradigmas dominantes. En cambio, en el ámbito de las discusiones de política, tiene intercambios fluidos con Fedesarrollo, centro que influye de modo importante en todo el sistema universitario en materia de discusión de la teoría macroeconómica y de las políticas económicas, del uso de modelos y de la contrastación de teorías.
Ahora bien, de hecho las influencias académicas se desplazaron de las universidades a centros del talante del Banco de la República y Fedesarrollo. Los Borradores de economía y otras publicaciones del Banco se destacan mucho más que las publicaciones universitarias en los programas de estudio. Las consecuencias de este cambio son altamente peligrosas para el desarrollo científico y para la independencia académica, por cuanto comprometen la autonomía en la selección de temas, problemas y orientaciones de investigación) la que parece ser subsidiaria de los procedimientos y fuentes de financiación.
Quizás la pobre influencia de la Universidad Nacional (que cuenta aún con recursos humanos calificados) se deba a la pérdida de ventajas comparativas en algunas áreas en las que fue muy destacada a finales de los setenta y hasta mediados de los ochenta (economía agraria, historia económica, teoría de la dependencia, teoría del desarrollo), y a que no tiene consolidada hoy ningún área precisa con la que influir en situación de equilibrio con las otras universidades de mayor desarrollo relativo.
Por otra parte, la falta de programas o líneas de investigación sistemáticas y bien especificadas en la Universidad de los Andes, no obstante la indudable calidad de sus investigadores, pueden estar reflejando, además del peso de la consultoría y de la orientación de las investigaciones en función del mercado, la misma dispersión de las áreas temáticas.
La débil presencia de la comunidad académica universitaria en la vida pública, la falta de fluidez en la comunicación entre grupos de estudiosos, la pérdida de relevancia del sistema universitario sobre las orientaciones, prioridades, métodos y resultados del quehacer económico son materia de urgente investigación y de un tratamiento de políticas que conduzcan a la conformación de una comunidad académica como tal. Este punto, en relación con las ciencias económicas, debe ser de la mayor prioridad si se quieren preservar la independencia científica y el sentido crítico de los investigadores. Este asunto se resuelve, como se verá después, con algo más que recursos financieros: se requiere de estímulos, incentivos y mecanismos institucionales que fortalezcan la carrera académica.
CALIDAD Y PERTINENCIA DE LA INVESTIGACIÓN
Se ha dicho que sería por lo menos caprichoso enunciar juicios sobre la calidad de la investigación en ausencia de una comunidad académica cuyo papel es, entre otros, el de proferir tales juicios por distintas vías. Por lo pronto, hay acuerdo en que la calidad de los economistas colombianos se puede comparar de manera favorable con el nivel internacional y que es fácil constatar una cierta escala de la calidad de las investigaciones; también, que esto último genera círculos viciosos en la distribución de los recursos de investigación y de oportunidades de formación de investigadores.11
Fuera de tales constataciones, es difícil juzgar de manera objetiva la excelencia de las investigaciones (en sí mismas y en relación con los estándares internacionales) de los centros más prestigiosos, justamente por la carencia de controles de calidad que en general provienen de las comunidades académicas. La carencia de una academia de ciencias económicas que refleje realmente las virtudes y estándares del estado de los conocimientos y que opere como mecanismo de control de calidad (en Colombia, la Academia existente carece de esa función), de un colegio de economistas o de un debate intenso entre centros académicos acerca de los resultados de las investigaciones, imposibilita los contrastes y los juicios sobre la calidad de las mismas.
Aun sin la posibilidad de juzgar, el hecho es que los economistas colombianos están ausentes en las publicaciones internacionales de calidad (aunque sí participan en organismos de otras latitudes).12 Esto no es, en sí mismo, un síntoma de falta de calidad. Tal vez exprese un cierto aislamiento del ambiente académico mundial y un enclaustramiento, situaciones que pueden resolverse con incentivos y a través de canales institucionales.
Subsisten otras dudas que se surgen de las consultas. Se señala que los investigadores del Banco de la República se limitan a replicar modelos publicados en algunas revistas especializadas, que faltan desarrollos propios; además, que la información disponible o los mecanismos de evaluación de los resultados son insuficientes para juzgar la calidad teórica de los modelos y sus aportes para la comprensión de una determinada realidad.13 Esto es, por supuesto, una hipótesis; sin embargo, sugiere que la calidad debe dejar de ser un juicio caprichoso sobre una cuestión que sólo se resuelve a través de la generación de mecanismos de control de calidad académica, tipo colegio o tipo debate permanente en la misma comunidad de investigadores.
Existen también la incertidumbre sobre la calidad de la investigación en comparación con el nivel internacional. Se dice de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, que
tiene un bajísimo perfil a nivel internacional, sus
profesores no
atienden las conferencias más
prestigiosas y sus investigaciones no se conocen por fuera del país, los
seminarios internacionales que se realizan en
Colombia son organizados por Fedesarrollo o por instituciones gubernamentales,
la Facultad y el Cede, su brazo de
investigación, no tienen mayor figuración.
14
Si esto se opina de una facultad reconocida en el país, que concentra los mejores recursos, ¿con qué rasero pueden juzgarse otras como la de Universidad Nacional, la del Valle, la de Antioquia, y más aún, facultades como de la Universidad del Atlántico, la del Magdalena, la Universidad de Tunja o de la mayoría de las universidades privadas de Bogotá o de provincia?
Elevar y mejorar la presencia internacional de la comunidad académica es un objetivo prioritario; también lo es allegar criterios objetivos para comparar la investigación nacional con las de nivel internacional. Es decir, la calidad en la formación y en la investigación universitaria deben descansar en aspectos distintos a los juicios de funcionarios o exfuncionarios,15 o a presunciones arrogantes, de académicos, que surgen de cuando en cuando.
La pertinencia de la investigación es, por su parte, una discusión interminable. Existe una relación estrecha entre el desenvolvimiento de los estudios en las universidades regionales y los problemas de las regiones, mientras en las universidades de Bogotá, la orientación hacia la consultoría en temas de mayor alcance (de política económica, por ejemplo) haría de suyo pertinente la investigación. De otro lado, es en apariencia obvio que instituciones como Fedesarrollo, el Centro de estudios de desarrollo Económico, Cede, de la Universidad de los Andes, o el Centro para la investigación y el Desarrollo, Cid, de la Universidad Nacional, realizan investigaciones pertinentes puesto que se orientan al mercado y están en función de los servicios al cliente.
La palabra pertinencia en economía tiene, sin embargo, un significado ambiguo al que conviene referirse pues predomina un cierto pragmatismo que subestima algunos campos de investigación científicamente relevantes aunque no necesariamente pertinentes; y porque ese pragmatismo sobredimensiona la utilidad de la consultoría.
Los desarrollos de la investigación en teoría pura son por su propia naturaleza, y por razones que se dejan de lado en este examen, impertinentes respecto de la realidad, e incluso de los problemas teóricos no resueltos en teoría económica (los economistas suelen escoger enigmas cuya resolución sea en el ámbito metodológico o matemático, o en ambos, atractiva, aunque no sean fundamentales para la teoría). Es esa la manera como funciona la comunidad académica internacional.
Por su parte, la pertinencia de la investigación aplicada (es decir, directamente relacionada con algún aspecto de la realidad) depende tanto de la naturaleza de los resultados (orientados a la opinión económica, a las implicaciones de política o a las decisiones de los usuarios) como de la posición del usuario frente a los mismos. Los argumentos en favor de la consultoría universitaria suelen basarse en la presunta relación entre la universidad y los problemas nacionales o en los beneficios del aprendizaje; tales razones encubren, por lo general, el hecho fundamental de que la consultoría es, principalmente, un mecanismo de financiación.16 Interesa, no obstante señalar que se carece de indicios sobre el papel de la consultoría económica en el desarrollo científico de la disciplina, y que una evaluación al respecto debe resolver al menos las siguientes inquietudes:
1. El grado de clientelización de la consultoría. En la consultoría universitaria y mucho más en la consultoría privada, suele suceder que el acceso al poder o a las fuentes de financiamiento publico son más importantes que la pertinencia o que la calidad de los consultores;
2. El grado en que las decisiones --al menos las del sector publico-- se apoyan en trabajos de consultoría solicitados para ese efecto. Es frecuente encontrar en las actividades de consultoría que los resultados no se consultan y que, sin embargo, algunas veces comprometen ingentes recursos, sobre todo del sector público;
3. El grado en que se implementan los resultados de la consultoría contratados por el gobierno. La hipótesis al respecto es obvia;
4. El grado en que el énfasis en la consultoría como mecanismo de financiación genera un `efecto Mateo' que incide con peligro en las universidades regionales, carentes de condiciones de competencia en ese mercado;
5. El grado en que la consultoría se incorpora a programas de investigación científica y a la acumulación de conocimientos.
En cualquier caso, definir la pertinencia de la investigación y hacer un juicio sobre ella implicarían diferenciar la investigación pura de la investigación aplicada (que en el caso de la economía significa, por lo común, orientar decisiones) y precisar las relaciones entre la investigación, las fuentes de poder de la institución que investiga y la capacidad de influir en esas decisiones. Además, este tema de la pertinencia, con más interrogantes que respuestas, amerita una evaluación sistemática.
Por ahora no se cuenta con elementos de juicio sobre la pertinencia de las investigaciones en términos de aplicación, de decisión o de generación de fenómenos de opinión económica. Sin ello, lo único que puede afirmarse es que se dilapidan muchos recursos públicos que tendrían mejor destino si se crearan mecanismos de control sobre la calidad y la pertinencia de la consultoría económica y si se distribuyeran de manera más equitativa entre los ámbitos privado y públicos y en términos regionales.
PROGRAMAS DE INVESTIGACIÓN
El juicio al estado de la investigación en su conjunto es sencillo si se considera con más atención la existencia (o inexistencia), y su carácter, de programas de investigación. En el sentido de Lakatos, estos programas se entienden por la existencia de un conjunto de enigmas o cuestiones surgidos de la comunidad académica (no del mercado) que comprometen de manera sistemática y acumulativa los esfuerzos de esa comunidad o parte de ella.17
En esa perspectiva, un programa de investigación se compone de un conjunto de indagaciones parciales que apuntan al objetivo compartido de resolver esos enigmas, y que buscan articular en un conjunto ordenado y coherente las informaciones que resultan de la investigación.
Visto así, es evidente la falta de programas de investigación en la comunidad académica en Colombia. Hay, más bien, algunas líneas temáticas que, de persistir, pueden ir configurando lentamente programas de investigación.
En particular, César Vallejo anota:
el mapa temático muestra temas en los que se ha producido un cierto grado de concentración de investigaciones y publicaciones que en sentido propio representan los temas donde Fedesarrollo ha conseguido una mayor ventaja comparativa, pero en la mayoría de los casos, esta concentración no significa acumulación o avance sistemático del conocimiento sobre un determinado tema, debido principalmente a los condicionamientos procedentes de la coyuntura (determinante de la orientación de los estudios) y de las posibilidades de financiación [Vallejo 1995, 244]
Por otra parte, en un trabajo sobre los estudios del CID, se examinaron las 63 investigaciones realizadas por este centro entre 1992 y 1995. Siete de ellas, en las que se tratan temas de economía agraria, carecen de propuestas de un modelo general que propicie un estudio conceptual o práctico, o ambos; tampoco hacen una evaluación global de las políticas o procedimientos: sólo lo que exige el cliente de uno u otro momento: censos cafeteros, sistemas de información, confección de planes técnicos, cálculos estadísticos y técnicos.
El mismo examen encontró 28 trabajos con temas de gestión y finanzas cuyos resultados son manuales de procedimiento. Esta fue el área que tuvo más peso relativo, hecho que puede interpretarse como la consecuencia de considerar y ofrecer al CID en calidad de consultor calificado en ese mercado. Por otra parte, en materia de desarrollo territorial se realizan seis estudios dirigidos a la aplicación técnica de convenios intermunicipales y a la actualización de estatutos. Hubo también seis investigaciones sobre economía ambiental; en ellas, los intereses de los estudiosos se orientan a la aplicación de técnicas particulares.
Causó particular asombro el tratamiento al área de teoría y política económica en la que hubo cuatro estudios; aquí se llegó a considerar como objeto de estudio de la teoría económica, "la sistematización y clasificación de la obra de Lauchlin Currie", un proceso de edición que tiene, desde luego, importancia pero que no puede clasificarse como un estudio de teoría económica. Por último, se encontró el área de política social y desarrollo con ocho trabajos generales que se ocuparon, en lo fundamental, de la elaboración de estudios sobre prefactibilidad técnica y financiera de un programa de medicina de una facultad de otra universidad [Riaga 1995].18
Quizá una situación similar se registre en la mayoría de las universidades; y difícilmente puede argüirse que la consultoría contribuye en algún sentido no financiero al desarrollo del conocimiento científico. Para minimizar los efectos de esa dispersión, la Universidad del Valle definió como prioridad los estudios de la coyuntura socioeconómica regional y la incorporación de nuevos desarrollos de teoría económica; otras de sus investigaciones también han abordado la temática de los mercados de trabajo y, en tiempos más recientes, las de la economía ambiental y los modelos de crecimiento endógeno; por distintas razones, la concreción de esos programas de investigación en la universidad chocan con problemas de financiación y de dedicación de los profesores; sin embargo, es clara la decisión de la Universidad de renunciar a estudios sistemáticos de política macroeconómica y de otros temas.
Así pues, más que a programas de investigación, la dedicación se enfila a algunas líneas de trabajo académico. En la Universidad Nacional, estas líneas se concentran en los problemas del Estado y de la economía colombiana; en la de Antioquia, están alrededor de la coyuntura económica y los estudios laborales; en la Javeriana. en torno a la economía agraria y al desarrollo rural; entre tanto, la Universidad de los Andes está dispersa y los temas puntuales que aborda son en realidad investigaciones contratadas y no programas de investigación coherentes.
Tampoco es favorable la situación desde el punto de vista de los programas de los investigadores considerados de manera individual. Además de que se carece de programas a este nivel, falta secuencia en los estudios y las líneas de investigación son inestables [Salazar 1997]. Se identificaron catorce casos de investigadores o grupos de investigadores que han mantenido el interés, aunque con debilidades, por temas específicos (Lauchlin Currie por la teoría del crecimiento, Alberto Corchuelo y Hugo López por los temas laborales, Absalón Machado por la economía agraria son algunos ejemplos). Pero, de conjunto, la investigación que se realiza hoy en Colombia se liga a problemas de política económica y su secuencia se altera en función de las fuentes de financiamiento.
En definitiva, la inexistencia de comunidades académicas y de programas de investigación, y la falta de continuidad de las líneas temáticas son rasgos relevantes del estado de la investigación económica y determinantes de la persistencia y de la orientación final de los resultados.
Una observación final: es previsible el agotamiento de algunas de esas líneas de investigación y, por tanto, necesario prepararse para afrontar líneas y programas nuevos que se vislumbran aunque todavía sin fuerza: suele ocurrir que cuando los investigadores se concentran en ciertas cuestiones, se presenta un `efecto saturación' y con él la dificultad para contribuir a la solución de enigmas. En esos momentos, los mas jóvenes se desplazan hacia áreas que se califican de periféricas.
Al respecto, es probable que decaigan la macroeconomía y la política económica en las universidades y que surjan la economía institucional, la nueva economía política, la organización industrial (mercados y teoría de la firma); también que resurja la historia económica con nuevos métodos (la historia cuantitativa). El inusitado interés que despiertan tales áreas en los estudiantes de algunas universidades, insinúa un remozamiento de las líneas de investigación que, por lo demás, debieran estimularse por la vía de trabajos de largo aliento y de la generación de ventajas comparativas en algunas instancias que tienen una tradición conexa con esos temas (facultades de derecho, de ciencia política); con ello se propiciaría una apertura de la economía hacia otras disciplinas.
PROBLEMAS INSTITUCIONALES
La organización institucional de la investigación universitaria en economía y los aspectos señalados, permiten precisar algunos bloqueos en el desenvolvimiento de la investigación, el mejoramiento de la calidad de la misma y su utilidad social. Ellos parten de la carencia de tres elementos ya mencionados:
1. Una carrera académica específica; de manera alternativa, se presentan ciclos de vida de los investigadores que rompen la continuidad de los ciclos investigativos;
2. Una comunidad académica que como tal mantenga un intercambio permanente y acumulativo de resultados para resolver enigmas dentro de paradigmas compartidos; esto impide el debate, los incentivos y los estímulos que surgen de él;
3. Programas de investigación (en el sentido de Lakatos), es decir, líneas persistentes, secuenciales y continuadas de resolución de enigmas, con rasgos acumulativos en términos de resultados; al lado de esta carencia se presentan programas individuales que chocan con la falta de secuencia y de persistencia.
Es apenas obvio, entonces, que para ampliar la investigación, mejorar su calidad y lograr su pertinencia haya que resolver los bloqueos señalados. Es preciso articular algunas políticas que conduzcan a:
1. Una mayor independencia de la investigación con respecto a las fuentes de financiación provenientes del mercado (léase, consultoría). Aun cuando es obvio que la universidad moderna depende en buena medida (desde el punto de vista de los recursos de financiamiento) de las realidades del mercado, suele ocurrir (no es el caso de Colombia) que la consultoría se inserta en los programas de investigación definidos con autonomía por la comunidad académica. Delimitar las actividades de consultoría bajo este criterio, permitiría que ella colaborara, con información y experiencia, con el desarrollo de la investigación científica en vez de conducirla a la dispersión, tal como sucede en la actualidad.
Para conseguir lo anterior, se requiere fortalecer la investigación básica; de ese modo, la consultoría se vuelve una fuente complementaria de recursos y una oportunidad para obtener información y propiciar reflexiones que alimenten los resultados investigativos. De hecho, ocurre lo contrario: la investigación básica es subsidiaria del excedente de recursos de la consultoría;
2. Fortalecer la carrera académica y premiar el trabajo de largo plazo. Los sistemas de puntaje actuales alimentan formas fraudulentas de presencia académica (en algunas universidades, los profesores se dedican a hacer reseñas para acumular puntos que acrecienten sus salarios, actividad que no significa un esfuerzo científico); además, privilegian la publicación de artículos cortos, más remunerativos que un trabajo con resultados a largo plazo (un libro, por ejemplo) que puede demorar cinco o seis años en culminarse. Es preciso revisar a fondo la actual estructura de incentivos;
3. Mejorar la difusión. Todos los investigadores consultados concuerdan en decir que los mecanismos de difusión son muy deficientes. Son escasas las revistas de calidad o de prestigio y muchas las dificultades que tienen para acceder a ellas en especial los académicos de provincia. Así pues, una de las recomendaciones más persistentes, además del fortalecimiento de las publicaciones regionales y de los mecanismos de difusión en general, es la creación de una revista de carácter nacional de alta calidad que refleje el estado real de la investigación, que propicie el debate y que sirva de instrumento de control de calidad del trabajo de los investigadores, y de autoridad para orientar debates;
4. Ampliar el intercambio entre investigadores. La mayor parte de los científicos adquiere los conocimientos de frontera de una disciplina más en las conferencias, en los intercambios, en los seminarios y en los simposios que en las revistas o en los libros. Al respecto, muchos investigadores señalan su imposibilidad para cubrir los costos de los múltiples seminarios que se realizan en Bogotá, y la falta de encuentros periódicos de investigadores o de intercambios de experiencias de investigación con una carácter sistemático; esto conduciría a una confrontación entre académicos mucho más positiva;
5. Mejorar los incentivos y enfrentar la competencia desleal entre centros de investigación. Un reclamo central de los investigadores es que sus universidades, además de que son incapaces de competir en términos de remuneración con el mercado de consultoría (lo que poco a poco va llevando los mejores recursos humanos al mercado de consultoría), tampoco lo pueden hacer en términos de salarios con las principales entidades del sector público; así, el DNP, el Banco de la República y Fedesarrollo emplean a los investigadores más calificados mientras que se desintegran los grupos de investigación universitaria, efecto que es mucho más visible en las universidades de provincia;
6. Resolver inequidades y sesgos desde el punto de vista de los criterios de prestigio asociados con campos específicos. Este aspecto tiene a su vez relación con el acceso al poder. Los mecanismos de poder y las modas suelen determinar la relevancia de los temas. Así, los medios de comunicación son, y no la comunidad académica, las entidades que valoran, además de la pertinencia de los temas, la valía de los investigadores;
7. Resolver los efectos adversos del centralismo, la concentración de recursos en Bogotá y la nula fluidez de esos recursos hacia algunas universidades regionales.19 La solución es sencilla si se aplican programas de intercambio mucho más fuertes con el auspicio de Colciencias; se trataría de ampliar el radio de acción para que participaran en ellos, además de las universidades más grandes, centros de investigación y universidades de provincia;
8. Resolver los efectos del monopolio de la consultoría y la generación de círculos viciosos en esa materia. Es frecuente encontrar que algunos centros de investigación de la Costa Atlántica y de Bogotá, por lo demás nada prestigiosos, compiten en igualdad de condiciones con centros de investigación universitarios por razones clientelistas; al tiempo, entidades como el Cede, Fedesarrollo o el Cega crean una competencia inconveniente para el desarrollo de la investigación y la consultoría en las universidades regionales;
9. Generar incentivos y premios de reconocimiento académico, valorando, en especial, la presencia internacional. Se dice con frecuencia aun cuando la investigación académica en Colombia es de buena calidad, los mecanismos de lobby frente a las revistas extranjeras y en general el escaso cultivo de relaciones internacionales de la comunidad académica colombiana no facilitan su acceso a las publicaciones de fuera.
Al respecto, es necesario cualificar las relaciones públicas a través de Colciencias o de programas especiales para que los investigadores participen en los comités de redacción de las revistas principales y para incentivar mediante premios o bonificaciones a quienes lo hagan;
10. Superar la incapacidad para obtener recursos. Un aspecto muy llamativo de algunas universidades es que la destreza gerencial de quienes orientan los centros de investigación es mucho más relevante que la experiencia y calidad de los investigadores los que son subcontratados por gerentes eficaces. Es útil estimular esas capacidades en las universidades para manejar con criterios de gerencia los centros de investigación y de consultoría.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Alvarez, F. 1995. "El estado actual de la investigación de las ciencias económicas en la Costa Atlántica 1993-94", Ensayos de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad del Atlántico, Barranquilla.
Bejarano, J. 1996. "Sobre la investigación y la consultoría económica: fragmentos de un proyecto", Innovar 8, Departamento de Gestión y Finanzas, Universidad Nacional, julio-diciembre.
Cante, F. 1996. "Tendencias de las publicaciones universitarias", Universidad Externado de Colombia, Bogotá, mimeo.
Hagstrom, W. 1975. The Scientific Community, Basic Books, Nueva York.
Lakatos, I. 1978. "The Methodology of Scientific Research Programs", J. Worrall y G. Currie, editores, Philosophical Papers 1 y 2, Cambridge University Press.
Lakatos, I., Musgrave, A. editores. 1970. Criticism and the Growth of Knowledge, Cambridge University Press, Cambridge.
Latsis, S. 1976. "A Research Program in Economics", S. J. Latsis, editor, Method and Appraisal in Economics, Cambridge University Press, Cambridge.
Menzel, Ulrich. 1993. "El final del tercer mundo y el fracaso de la gran teoría", Debates 45, septiembre.
Riaga, Sergio. 1996. "Evaluación de las investigaciones del CID", trabajo presentado en el Seminario de Epistemología Económica, Universidad Nacional.
Salazar, Boris. 1997. Universidad del Valle, comunicación personal con el autor.
Universidad Externado de Colombia. 1996. "Evaluación del estado de las disciplinas económicas - Un enfoque institucional", Facultad de ciencias Económicas, Bogotá, agosto.
Vallejo, César. 1995. "Fedesarrollo y la política económica y social", Economía y opinión pública, Hernando Gómez Buendía, editor, Fedesarrollo, Tercer Mundo Editores, Colciencias, Bogotá.
(*)Profesor Titular de la Universidad Externado de Colombia y Profesor Asociado de la Universidad Nacional. Versión revisada del informe elaborado por encargo de Colciencias.
(1)La elaboración de este informe contó con el apoyo de la Universidad Externado de Colombia y de algunos decanos de facultades de economía, de profesores investigadores universitarios y de investigadores del Banco de la República que de manera desprevenida intercambiaron opiniones sobre el tema. Aunque las opiniones del documento son de estricta responsabilidad del autor, pretenden transmitir la percepción que tienen los investigadores sobre el estado del problema.
(2)Dato suministrado por Juan Luis Londoño en comunicación personal.
(3)Este ejercicio preliminar fue realizado por el profesor Freddy Cante [1996] en la Universidad Externado de Colombia. Las publicaciones analizadas fueron Revista Desarrollo y Sociedad de la Universidad de los Andes, el Boletín socioeconómico del CIDSE de la Universidad del Valle, Revista Lecturas de Economía de la Universidad de Antioquia y Cuadernos de Economía de la Universidad Nacional.
(4)Adviértase que los criterios de clasificación entre este ejercicio de Vallejo y el anterior de Freddy Cante no son comparables.
(5)Dejamos de lado las contribuciones del DNP que aunque significativas requieren un tratamiento distinto asociado a las cambiantes prioridades de política.
(6)Agradecemos la el intercambio de opiniones sobre el tema con los profesores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Atlántico.
(7)Hagstrom [1975] utiliza de forma indistinta los conceptos de comunidad científica y comunidad académica.
(8)La Misión de Ciencia y Tecnología, que desarrolló sus tareas entre 1989 y 1990, estableció de manera parcial el perfil de algunas comunidades académicas. Sin embargo, su aproximación es muy simplificada: la Misión trata las `comunidades' como un inventario de recursos (profesores, programas) de modo que es poco lo que puede obtenerse de allí. En esta oportunidad, y aunque su director era un economista, se dejó de lado el caso de la economía.
(9)Téngase en cuenta que en esta reflexión no se incluye la escasa presencia de los autores de la misma universidad en la bibliografía entregada a los estudiantes en los programas de los cursos.
(10)Incluso en aquellos equipos como el de Fedesarrollo y el del Banco de la República, que tienen por norma la discusión abierta y regular de sus trabajos, se reporta que no es costumbre el debate escrito, procedimiento propio de las comunidades académicas.
(11)El llamado `efecto Mateo' (expresión con la que Merton alude a que en investigación al que tiene se le dará más) es con claridad resentido por las universidades de provincia.
(12)Sólo se registraron cinco casos de publicaciones de colombianos en revistas internacionales.
(13)La réplica de modelos es una costumbre más o menos usual en países en desarrollo y sirve para difundir, además de la teoría, formas de resolución de problemas locales. La crítica se remite más bien a ciertas pretensiones de originalidad y no a la pertinencia de esos procedimientos.
(14)Jaramillo, Carlos Felipe, El Espectador, domingo 31 de marzo de 1996. La apreciación de Jaramillo refleja los resultados de una evaluación realizada por el profesor Guillermo Cano de la Universidad de Maryland sobre la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.
(15)Se alude aquí a la carta de un número de funcionarios de la administración Gaviria al entonces decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes; en esa carta se planteaban problemas como los que se señalan.
(16)Es necesario propiciar un debate amplio sobre las relaciones entre la investigación y la consultoría -- cuyos efectos están siendo desastrosos sobre la comunidad académica y sobre el desarrollo científico-- que supere los términos en que se ha formulado esta relación. Acerca del tema ver Bejarano [1996].
(17)Para profundndizar en este concepto de programa de investigación ver Lakatos [1978]. También consultar Lakatos y Musgrave [1970] y Latsis [1976].
(18)Sergio Riaga, estudiante de la Universidad Nacional, realizó su investigación para un seminario en la Facultad de Ciencias Económicas de la misma institución.
(19)Los recursos de investigación se concentran en particular en algunas universidades privadas, no tanto porque ellas tengan ventajas de calidad sino por razones `políticas'. Ese es un tema que requerirá de mejores evaluaciones.