El mito de la modernidad, Héctor Fernando López A., Bogotá, Ediciones Horfe, 1997.
El mito de la modernidad es un libro excepcional para nuestro medio. Existen muchos escritos sobre la modernidad en Colombia pero son muy pocos los que se ocupan de los aspectos teóricos.
Su autor se ha ocupado de este tema en varios trabajos críticos sobre el caso colombiano: primero, como coautor del libro Colombia: el despertar de la modernidad, publicado en 1991 por Foro Nacional por Colombia, que desempeñó un importante papel en el debate acerca de la modernidad y la postmodernidad en el país. Luego, en una investigación de mayor amplitud teórica y empírica, titulada Modernidad, tributación y política fiscal en Colombia: 1860-1990, publicada por la DIAN en 1996 y comentada elogiosamente por los profesores Guillermo Hoyos y Salomón Kalmanovitz.
El propósito de este último trabajo es más ambicioso: presentar una síntesis de la crisis de la modernidad desde una perspectiva filosófica que incluye interpretaciones de crítica literaria, sociología, antropología y economía. En cada uno de los seis capítulos que conforman el libro se trata un aspecto del problema central que interesa al autor: la crisis espiritual que experimentó la sociedad occidental en el siglo XVIII y que se ha dado en llamar época moderna, la cual es, para el profesor López, un movimiento de `superación' de las cosmovisiones mágicas y religiosas de las sociedades de la tradición que desvirtúa sus modos de vida y sus valores humanos.
El análisis parte de la premisa de que la evolución de la especie humana depende, ante todo, del desarrollo espiritual e intenta mostrar que en la modernidad el hombre desciende de ideales espirituales a ideales puramente materiales. Así, la modernidad no es un progreso sino un regreso a formas primitivas y bárbaras de la existencia humana. La Ilustración asumió las características de una contrailustración, y la utopía, las de una contrautopía: los propósitos de emancipación se trocaron en esclavitud y muerte. Dostoievski profetizó: los hombres más ultracivilizados han sido los más sanguinarios.
Los cuatro primeros capítulos intentan describir el proceso de constitución de la modernidad, resaltando los efectos negativos del desarrollo de la ética protestante y de la racionalidad mercantil sobre los elementos vitales de la cultura popular y de la risa en la Edad Media y comentando las consecuencias de la tecnología y del confort sobre la capacidad de reflexión de las masas en la sociedad de hoy. Como marco de análisis, utiliza las obras de Bajtin, Dostoievsky, Marx y Habermas, cuya complejidad logra sintetizar en pocas y densas páginas con un estilo claro y personal poco habitual en nuestro ambiente académico.
El capítulo quinto, titulado "Orden-desorden", expone las nuevas visiones de la complejidad y contrasta la riqueza epistemológica de la física contemporánea con la simplicidad del positivismo lógico. Describe las limitaciones de un pensamiento unilateral y mutilante, expone los puntos de vista éticos de los físicos más importantes de este siglo y presenta reflexiones muy interesantes sobre la antropología y la economía contemporáneas.
El capítulo sexto, sobre la postmodernidad, sintetiza los principales trabajos de Gianni Vattimo, los cuales sirven de fundamento para defender la tesis central del trabajo: la crisis de la modernidad no está asociada únicamente a la experiencia negativa del siglo XX: dos guerras mundiales, el fascismo alemán y el estalinismo soviético, la amenaza nuclear, la guerra fría, la alienación de la población y el empobrecimiento estructural de los `países en desarrollo'. Está relacionada, quizá en forma más directa, con la propia dinámica de la estructura de la sociedad: la racionalización del mundo ha llegado a enfrentarse a la razón y a los fines de perfeccionamiento y emancipación. En consecuencia, la crisis contemporánea no obedece a simples errores lógicos: lo que está en cuestión es el mecanismo de racionalización.
El libro del profesor Héctor Fernando López muestra que el nihilismo contemporáneo no es una propuesta alternativa y tampoco una crítica a los ideales de la modernidad: es el resultado de su fracaso secular. El movimiento postmoderno intenta comprender este fracaso, pero no refuta la modernidad sino que se adapta a ella y la distorsiona.
Estas pocas líneas son insuficientes para mostrar la riqueza del trabajo que comentan. La investigación es profunda, el lenguaje es claro y terso, el estilo es sencillo y, pese a su densidad, el lector no especializado puede seguir la argumentación sin grandes dificultades. El autor revela una extraordinaria capacidad de síntesis y gran facilidad para relacionar temas tan aparentemente disímiles y ajenos como la economía, la crítica literaria, la antropología y la sociología. El mito de la modernidad es un verdadero aporte a la producción teórica en el país y es de esperar que sus lectores se lancen a la aventura de recorrer las fuentes originales y a reflexionar por sí mismos.