Profesor Asistente de Economía en San Antonio College.
Tomado del Journal of Economic Issues XXX, 4, diciembre de 1996. Se reproduce con autorización de la Association for Evolutionary Economics, propietaria de los derechos de autor. Traducción de Alberto Supelano.
Igual que Parsifal, los economistas modernos vagan ingenuamente por la Tierra Baldía en búsqueda del Santo Grial. El cinismo y la desesperación reinan en la disciplina. Las diversas versiones de Parsifal comparten varios temas básicos que también están presentes, al menos en parte, en la profesión de los economistas.
Muchos estudiantes y economistas están insatisfechos con esa situación. Continuamos usando los enfoques estándar porque nos permiten publicar y tener éxito, aunque dudemos de la validez y del poder de los modelos. Muy a menudo, los economistas famosos, en los discursos presidenciales de su asociación respectiva o en los discursos de aceptación del Premio Nobel, critican el uso excesivo de las matemáticas aunque ellos mismos hayan logrado éxito abusando de ellas. ¿Por qué no podemos encaminar nuestra investigación hacia una visión del mundo más amplia, una visión que comprenda la historia, la sociología, la filosofía, al inicio de nuestra carrera? ¿Por qué no hacer las preguntas pertinentes desde el comienzo? Tal vez debido a la necesidad de publicar y al énfasis de nuestra sociedad en lo racional y cuantificable. El mito de Parsifal aporta una explicación psicológica.
El mito de Parsifal
Parsifal, un joven sencillo, pobre e ingenuo, queda deslumbrado por la visión de cinco caballeros. Ansía unirse a ellos y los sigue a la Corte del Rey Arturo contra los deseos de su madre. Le dicen que puede convertirse en caballero si mata al pérfido Caballero Rojo. Parsifal le da muerte y se calza su armadura. Pero muy pronto entiende que la caballería es ardua y sólo se obtiene después de probar su valor y realizar muchas acciones nobles. Debe aprender muchas cosas y dominar las artes caballerescas del combate, aprender a vivir bajo ciertas normas y rituales sociales, y aprender, como cuando era niño, a hacer muchas preguntas. Llega a ser un buen caballero derrotando a otros y enviándolos a servir al Rey Arturo. Un día entra al Castillo del Grial y encuentra herido al Rey Fisher, cuyo reino se ha convertido en una Tierra Baldía.
El ganado no se reproduce; las cosechas no prosperan; los caballeros son asesinados; los niños quedan huérfanos; las doncellas lloran; hay luto por todas partes porque el Rey Fisher yace herido [Johnson 1989, 1].
Parsifal se apoya en un escaño y advierte que el Rey Fisher está sentado frente al Santo Grial. Si Parsifal se atreve a preguntar `¿quién sirve al Grial?', el rey sanará y el reino volverá a florecer. Pero no hace la pregunta y es expulsado del castillo. Mata dragones y derrota a numerosos caballeros hasta que, finalmente, en su edad madura, gana de nuevo el derecho a entrar al Castillo del Grial y hacer la pregunta. En algunas versiones de la historia, hace la pregunta, el reino se recupera y toma el lugar del Rey Fisher como guardián del Santo Grial.
El Grial es símbolo de vida, espiritualidad, juventud, salud, alegría, pureza, creatividad, inconsciencia y capacidad generatriz [Jung y von Franz 1970, 114]. El Grial resuelve el conflicto entre opuestos: masculino y femenino, racionalidad y emoción, luz y oscuridad, bueno y malo [Jung y von Franz 1970, 194]. Parsifal debe descubrir esa polaridad conflictiva en su propia psique para que pueda volver al Castillo del Grial. Debe ampliar su conciencia y viajar, hablando en términos psicológicos, más allá de la locura ingenua, para encontrar el Castillo del Grial, descubrirse a sí mismo, tomar conciencia de los antagonismos que dividen su psique y reconciliarlos.
El Rey Fisher, o Rey del Grial, representa una conciencia limitada, una conciencia demasiado racional e incapaz de resolver los problemas que devastan su reino [Jung y von Franz 1970, 212]. Según la profecía, sería liberado por un loco totalmente inocente que haría una pregunta específica.
El mito dice que la parte ingenua del hombre curará y liberará al Rey Fisher. Sugiere que para que un hombre se cure debe encontrar por sí mismo a alguien de la misma edad y mentalidad que él tenía cuando recibió la herida [Johnson 1989, 11].
Aunque Parsifal debe superar su ingenuidad para volver a entrar al Castillo del Grial, su inocencia y su compasión serán las que lo inspiren para hacer la pregunta sanadora. Su largo viaje psicológico es, en realidad, un viaje para redescubrir su inocencia juvenil, que él reprimió cuando no se atrevió a hacer esa pregunta. La segunda vez que entre al Castillo del Grial sabrá que tiene algo de loco, pero no temerá ser tildado de loco porque se atreve a hacer preguntas.
Parsifal pasa de un nivel de conciencia inferior a otro superior. Poco a poco llega a advertir el conflicto de opuestos que existe dentro de sí mismo y sufre a causa de su bajo nivel de conciencia. Su búsqueda comienza con la codicia: envidia a los caballeros y desea ser como ellos; y finaliza con el hallazgo del Grial. El Caballero simboliza a un hombre con una conciencia mayor [Jung y von Franz 1970, 54]. Al dejar a su madre, da el primer paso hacia la toma de conciencia, una conciencia `masculina' de pensamiento racional y de hazañas externas que suele estar alienada del mundo natural [Jung y von Franz 1970, 45]. Esta conciencia domina la vida de Parsifal.
El Caballero Rojo representa la sombra de Parsifal, "el conjunto de emociones y sentimientos bárbaros que Parsifal debe superar antes de convertirse en un Caballero Cristiano" [Jung y von Franz 1970, 56]. La sombra "produce la energía para vivir como un ser humano" y "está constituida por aquellos elementos de su carácter que le pertenecen pero a los que no ha dado conscientemente un lugar en su vida" [Johnson 1991, 59]. Parsifal maduró dando muerte al Caballero Rojo [Jung y von Franz 1970, 57]. La armadura del Caballero Rojo se convierte en su persona, en su máscara [Jung y von Franz 1970, 59]. Parsifal ahora controla su sombra y puede utilizar su energía [Johnson 1991, 24].
Después del combate con el Caballero Rojo, Parsifal encuentra a Gournamond, su padre figurativo. Con él aprende más sobre la caballería, pero deja de ver a su madre. Viaja y llega a un castillo asediado por un caballero perverso. Lo derrota y se enamora de la dama, Blancaflor, símbolo del ánima de su psique, el principio animador que inspira su errar de caballero errante.
Se esperaba que en su calidad de caballero Parsifal ayudara a las mujeres en apuros. Y lo hace a menudo, pero sólo para compensar su excesiva conciencia masculina [Jung y von Franz 1970, 64]. Las mujeres de la historia representan diferentes aspectos del ánima de Parsifal, la parte creativa y sentimental de su psique. Parsifal suele abandonar a una mujer después de una estancia muy breve, y esto simboliza su dificultad para expandir su conciencia e incluir este aspecto de la vida [Jung y von Franz 1970, 270]. En vez de considerar a las mujeres como iguales y como fines en sí mismas, como seres que pueden aportarle y enseñarle, su conciencia es demasiado masculina para verlas como algo distinto de un trofeo que debe poseer [Jung y von Franz 1970, 184].
Su falta de conciencia le impidió hacer la pregunta esencial en el Castillo del Grial. No había integrado su ánima y no pudo hacer la pregunta compasiva y sanadora [Jung y von Franz 1970, 181]. Aún no comprende lo que pasa y, por tanto, no entiende por qué es expulsado del Castillo del Grial [Jung y von Franz 1970, 182]. Parsifal no se entiende a sí mismo y está aislado de su ser interno. Fracasa porque se preocupa demasiado por su reputación y teme ser puesto en ridículo por sus pares, y no se guía por su propio corazón [Campbell 1976, 454].
Más adelante, Parsifal comprende la naturaleza espiritual del Grial con ayuda de un ermitaño, más consagrado al mundo interior [Jung y von Franz 1970, 181]. El ermitaño le ayuda a expandir su conciencia y a integrar su ánima. Cerca de su edad madura, Parsifal coloca un vestido harapiento dentro de la armadura del Caballero Rojo (esto representa su complejo materno o su deseo de que el mundo cuide de él) y de nuevo puede entrar al Castillo para hacer la pregunta del Grial, una pregunta acerca de la expansión de la conciencia y de preocupación por algo más grande que él mismo [Jung y von Franz 1970, 292].
El economista y su semejanza con Parsifal
Cuando entramos al postgrado, queremos estudiar las preguntas esenciales de la economía y del pensamiento económico, preguntar cuál es el papel del gobierno y cómo lograr una sociedad sana que sea compatible con la naturaleza humana. Muy pronto debemos emprender un arduo estudio de las matemáticas y de la estadística, y nos alejamos de las preguntas que tanto nos interesaban. Igual que Parsifal, aprendemos muchas cosas y superamos grandes obstáculos (exámenes exhaustivos y defensa de la tesis). Nos subyugan los teoremas y las técnicas matemáticas y las ponemos al servicio de nuestras carreras. Nos dedicamos al trabajo adecuado la mitad de nuestras vidas, como Parsifal después de mostrarse incapaz para hacer la pregunta apropiada. En nuestra juventud, somos incapaces de hacer las preguntas pertinentes sobre el propósito de la economía y de la profesión.
En realidad, la formalización posterga el "proceso autorreflexivo que debe aclarar si la formalización ha ido demasiado lejos" [Wisman 1993, 3]. Éste es exactamente el problema que Parsifal enfrentó. Ocupado en obtener un éxito externo y mundano, tuvo poco tiempo para reflexionar sobre sí mismo y el significado de su vida. Hay, sin embargo, una "profunda necesidad humana que puede ser satisfecha por el formalismo" [Wisman 1993, 7]: la intolerancia frente a la ambigüedad [Wisman 1993, 8]. Parsifal es simplón y cree que todo es blanco o negro, correcto o incorrecto. Parte de la explicación del formalismo excesivo se encuentra en la sociología y en la psicología [Wisman 1993, 8]. Los mitos, como el de Parsifal, son portadores de mensajes psicológicos y sociológicos. Una de las razones sociológicas del formalismo excesivo es que los científicos no sólo buscan la verdad; también buscan la aprobación de otros científicos [Wisman 1993, 9]. Los buenos caballeros no hacen demasiadas preguntas.
La actitud de evitar la ambigüedad también afecta a la enseñanza. "Como a los economistas se les enseñan las técnicas y no las preguntas esenciales, la enseñanza de modelos es más fácil que la enseñanza de la complejidad y las ideas institucionales" [Wisman 1993, 12]. Con esta enseñanza, los estudiantes graduados dejan de ser creativos y pierden habilidades comunicativas [Wisman 1993, 14]. La semejanza fundamental es la falta de equilibrio; sabemos muy poco acerca de los sistemas económicos y de la historia económica [Wisman 1993, 25].
Finalmente, después de matar dragones imaginarios (matemáticas, difíciles proyectos de investigación), alcanzamos la cúspide la profesión y obtenemos de nuevo la oportunidad de preguntar cuál es el objetivo de la economía. ¿Por qué tanta tardanza? La respuesta, parcial, es que somos semejantes a Parsifal, y debemos retornar al Castillo del Grial. Para la profesión, el conocimiento y las teorías acumuladas equivalen al Grial: son el sostén de la profesión. Quizá los eminentes economistas mencionados al comienzo sientan ahora la obligación no sólo de hacer buena economía, de ser buenos caballeros, sino de vigilar y salvaguardar la disciplina para que pueda florecer en el futuro, como Parsifal, quien se convirtió en custodio del Grial.
La incapacidad de los economistas para hacer las preguntas esenciales al comienzo de la carrera crea muchos problemas: las empresas tienen menos interés en contratarnos; somos incapaces de dar buena asesoría a los gobiernos; los buenos estudiantes que disfrutan con la filosofía y la historia no entran a economía, entran los que saben matemáticas; y no entendemos cómo funcionan las instituciones [Wisman 1993, 18]. Además, "los estudiantes de postgrado experimentan una crisis de identidad, un conflicto entre su idea de lo que es un economista y la identidad que les impone su formación de postgrado" [Colander y Klamer 1990, 170]. Esto obedece en parte a la formalización, que no gusta a los estudiantes. Estos quieren más ideas, más pertinencia política [Colander y Klamer 1990, 170].
Los estudiantes se ven a sí mismos como el `Intelectual'. "Esta categoría se asocia a una búsqueda sincera de la verdad y al amor por las ideas" [Colander y Klamer 1990, 180]. Y los deslumbra, como los caballeros que Parsifal vio en su juventud. La búsqueda de la verdad y el amor por las ideas son retos excitantes para los jóvenes. Pero los estudios de postgrado desalientan esa búsqueda, no forman intelectuales, tampoco activistas sociales ni maestros [Colander y Klamer 1990, 180-181].
En cambio, se acepta y se permite que los estudiantes graduados desempeñen el papel de académico profesional. En este caso, "la profesión es una meta que sólo pueden alcanzar, después de un intenso entrenamiento, los individuos que ya hicieron la profesión de fe" [Colander y Klamer 1900, 182](Parsifal tuvo un largo y arduo entrenamiento). El académico profesional es un mercader que reprime su interés y su curiosidad por las preguntas esenciales y trata de no ofender a sus superiores [Colander y Klamer 1900, 182]. El resultado es el cinismo y la falta de esperanzas. Con la pérdida de vigor, la disciplina económica es una Tierra Baldía, casi yerma e incapaz de proporcionar sostén intelectual a sus habitantes.
Hay otras semejanzas: la primera es que los estudiantes de postgrado aprenden a no cuestionar los supuestos fundamentales. Parsifal aprendió que un buen caballero no hace demasiadas preguntas. La segunda es que al renunciar al papel de profesor, intelectual y activista social, y aceptar el de académico profesional, nos ponemos una máscara, como hizo Parsifal cuando se puso la armadura del Caballero Rojo. Perdemos parte de nuestra humanidad, y esto contribuye a que la tierra se torne baldía, aunque la terminación de la tesis, que se asemeja al combate con el Caballero Rojo, sea necesaria para la supervivencia y el trabajo futuros. La tercera se refiere a las heridas del Rey Fisher. Nuestra capacidad para sentir se ve lesionada porque somos demasiado racionales. En efecto, "en general, cuanto más inteligente y más educada es la persona, tanto peor es la lesión" [Johnson 1993, 27]. Debemos preguntarnos por qué vivimos y por qué hacemos economía. No existe una respuesta racional. La cuarta semejanza es que, al usar el traje raído tejido por su madre, Parsifal expresaba el deseo inmaduro de encontrar seguridad en el mundo. Quizá por esto preferimos la seguridad de nuestros modelos en vez de un pensamiento más holístico e integrado.
Igual que Parsifal, necesitamos expandir nuestra conciencia para superar el cinismo y la desesperación, y dar nuevo vigor a la disciplina. Deberíamos dejar de ser tan estrechos. Cuando escriben sobre el futuro, los economistas más destacados afirman que deberíamos ser más interdisciplinarios [Economic Journal 1991]. La vitalidad de nuestro reino está en cuestión.
Referencias bibliográficas
Campbell, Joseph. 1973. Myths to Live by, Bantham, Nueva York.
Campbell, Joseph. 1976. The Masks of God: Creative Mythology, Penguin, Nueva York.
Colander, David y Klamer, Arjo. 1990. The Making of an Economist, Westwiew, Boulder, Colorado.
Economic Journal. 1991. Edición especial en conmemoración del centésimo aniversario, enero.
Johnson, Robert A. 1989. He: Understanding Masculine Psychology, Harper & Row, Nueva York, edición revisada.
Johnson, Robert A. 1991. Transformation: Understanding the Three Nivels of Masculine Consciousness, Harper & Row, Nueva York.
Johnson, Robert A. 1993. The Fisher King and the Handless, Harper & Row, Nueva York.
Jung, Emma y von Franz, Marie-Louise, 1970. The Grial Legend, G. P. Putnam's and Sons, Nueva York.
Loomis, Laura Hibbard y Sherman Loomis, Roger. 1957. Medieval Romances, Modern Library, Nueva York.
Wisman, John D. 1993. "The Excesive Formalism Charge in Economics", artículo presentado en las reunión anual de la Society for the Advancement of Socio-Economics.