CUADECO, 07/01/96, TRES ESCRITOS OLVIDADOS

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

No 25

Frequency: Semi-annual


Date: 07/01/96

Expresamos nuestros agradecimientos a Gonzalo Cataño por la recuperación de estos escritos.

UNA TEORÍA EN TORNO AL VALOR DE CAMBIO1

Dos son las funciones de una teoría del valor de cambio: descubrirnos la ley fundamental que regule las variaciones de los precios, a través de las tensiones funcionales de la demanda y la oferta, y suministrarnos una dirección objetiva en orden al descubrimiento de la naturaleza social del vigente modo de producción.

Las relaciones de la demanda y la oferta no pueden explicar por sí mismas, las fluctuaciones de los precios. Es necesario analizar cuál es el sentido de dichas fluctuaciones, es decir, en torno a qué expresión cuantitativa, giran esas modificaciones de los precios. Explicar el precio por el precio mismo, o sea, por las relaciones de la demanda y la oferta, es incurrir en una tremenda equivocación. Tal es el erróneo planteamiento del problema que hace la Economía Política pura o neoclásica: explicar las variaciones de los precios por esas mismas variaciones. No son la demanda y la oferta las que pueden explicarnos el precio. Éste, gira en sus modificaciones en torno a cierta estable expresión cuantitativa.

Además, la teoría de valor de cambio cumple otra función: debe suministrarnos una dirección objetiva para descubrir la naturaleza social del modo de producción existente en determinado momento histórico. Modo de producción y teoría del valor están en una relación de condicionamiento genético. La mencionada teoría debe ser el supuesto científico de un análisis detallado y objetivo de la economía social. Debe permitirnos desentrañar su índole social, su naturaleza real.

La teoría marxista distingue el trabajo creador de valores de uso y el trabajo creador de valores de cambio. El primero es independiente de todo modo de producción, es decir, no sufre variaciones históricas. Siempre ha existido. En una economía socialista el trabajo producirá valores de uso. Por eso, una economía de esa índole puede definirse, una economía productora de objetos útiles pero no de mercancías. Por el contrario, el trabajo creador de valores de cambio sí está íntimamente unido al modo de producción existente en determinada jornada de la evolución histórica.

Todo valor es producido por el trabajo, pero el trabajo no tiene un valor especial. La expresión "valor del trabajo" es una expresión anticientífica. Carlos Marx la rechaza airadamente. Por eso, el salario no representa el valor del trabajo sino el valor de uso de la fuerza de trabajo. Esta distinción es muy valiosa para la comprensión de la teoría marxista. Todavía en la "Miseria de la Filosofía" Marx no distingue el trabajo y la fuerza de trabajo. Ello explica las aparentes obscuridades de las observaciones que se elaboran en la obra polémica citada.

El valor de cambio es creado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir el correspondiente artículo o mercancía. No todos los trabajos socialmente necesarios son idénticos. Hay trabajos simples y trabajos complejos o combinados. Pero en la inextricable red de las relaciones de cambio, el trabajo humano, creador de valores de cambio, queda reducido a un trabajo idéntico. Hay una reducción, o extinción de las diferencias cualitativas de los diversos trabajos a una sola. Carlos Marx polemizando con Proudhon y elaborando una crítica de la noción del "valor constituido" acuñada por el socialista francés, afirma que no hay un "valor constituido" sino un "movimiento constituyente del valor". Mas en ninguna obra ulterior el socialista alemán ha explicado el contenido y el sentido de ese "movimiento constituyente del valor". He ahí un lamentable vacío que tampoco ha sido eliminado por los discípulos del autor del "Capital".

Tal es, explicada a grandes líneas, la teoría marxista del valor de cambio. Indudablemente, ella representa el más afortunado esfuerzo científico por descubrir la naturaleza de la forma "valor" de las mercancías. Pero es susceptible de diversas críticas. Explica desde luego, y he ahí su mayor trascendencia teórica, el sentido de las variaciones de los precios. Estos no pueden explicarse por las relaciones funcionales de la demanda y la oferta. Carlos Marx supo comprender la inanidad de una explicación del precio por el precio mismo. La teoría por él acuñada es una teoría del valor, mas no una teoría del precio. Sin embargo la teoría que analizamos supone una sociedad extraordinariamente simplificada como advierte Jorge Sorel. El autor francés y definidor del anarco- sindicalismo, dice: "No hay en Marx una verdadera teoría del valor, en el sentido que comúnmente se adjudica a esta palabra sino una teoría del equilibrio económico, reducido al caso de una sociedad prodigiosamente simplificada. Se supone que todas las industrias son equivalentes y que los trabajadores se encierran en un tipo uniforme; una hora de trabajo de una cuadrilla de diez hombres producirá la misma cosa en todas partes; en una rama, cualquiera que ésta sea, de la humana actividad, creará la misma magnitud intensiva de una calidad determinada, que constituye lo que de comparable hay en las mercancías: el valor...".

Es decir, la teoría marxista del trabajo logifica, simplificándolas, las relaciones del cambio. Hay en ella una férrea tendencia hacia la mecanización y simplificación de las relaciones comerciales que se expresan en los precios inestables y variables de las mercancías. La misma afirmación de la existencia de un "movimiento constituyente del valor", que se formula en la "Miseria de la Filosofía", es la expresión afortunadamente de esa tendencia a la simplificación y a la mecanización. Hay por eso, en la teoría marxista, un extraño y recóndito sentido metafísico. Surge en ella la inclinación a la destrucción de las contradicciones. En efecto, ese "movimiento constituyente del valor" no es otra cosa que una extinción metafísica de las diferencias cualitativas, es decir, de las contradicciones que median entre los distintos trabajos humanos, los cuales quedan reducidos a un trabajo uniforme e idéntico, tipo ideal y esquemático de todos los posibles trabajos, eliminación de las variedades que presentan las relaciones entre los varios valores de cambio. La dialéctica a la inversa, elaborada por Carlos Marx, lo traiciona de nuevo en el problema del valor de cambio y lo lleva a afirmar la existencia de un movimiento que destruye las diferencias entre los varios trabajos humanos.

Justamente por eso, la teoría marxista del valor de cambio no permite comprender algunos fenómenos propios de una economía comercial y que destruyen el esquema rígido del "movimiento constituyente del valor". Hay precios que sólo pueden comprenderse dentro de una concepción diversa y opuesta. No se quiere que la teoría marxista que repito, es una teoría del valor y no del precio, explique todos los precios. Pero sí se puede exigir científicamente que permita comprender determinados fenómenos de cambio, que rompen la continuidad y la secuencia de ese fantástico "movimiento constituyente del valor".

La vieja economía política quiso explicar el valor de cambio por la utilidad. Mas al no establecer una adecuada relación entre la utilidad y la cantidad, aquellas clásicas escuelas económicas se hicieron a sí mismas incomprensibles, los reducidos precios de objetos que tenían una inmensa utilidad. Ahora bien, la economía política neoclásica ha señalado una determinada tensión funcional entre la utilidad y la cantidad, o más adecuadamente, entre la utilidad y la rareza. La utilidad existe en función de la rareza. Para precisar el contenido de las relaciones entre la utilidad y la cantidad, las escuelas neoclásicas contemporáneas han acuñado la noción de la utilidad final o marginal.

Para comprenderla, bastará analizar el proceso que se sigue en la satisfacción de cualquier necesidad humana. Los primeros productos industriales, extractivos o agrícolas consumidos, tienen una gran utilidad, justamente porque son los primeros que se consumen. Pero a medida que aumenta el número de objetos consumidos, se observa un decrecimiento de la necesidad. Existe, pues, una ley del decrecimiento o mejor de la satisfacción decreciente de las necesidades humanas. En esa escala de objetos consumidos se alcanzará un momento en el cual la necesidad será igual a cero. Se ha alcanzado la saciedad. Ahora bien, si en ese momento uno deseare desprenderse de alguno de los productos consumidos, indudablemente se desprendería del último, es decir, de aquel que se halla en el punto matemático de la saciedad. Será, pues, la utilidad de ese producto, la que fijará el precio. Como ese producto es el último, su utilidad puede denominarse final, pues es la del producto que reside en el momento final de la satisfacción de las necesidades. Puede también denominarse marginal, porque el producto que la lleva dentro de sí, es aquel que está al margen de la necesidad, porque es el producto en el cual se realiza la saciedad, está, pues, al margen de la necesidad.

La noción de la utilidad final debe ubicarse en ese conjunto de concepciones teóricas forjadas en torno a la moderna teoría de equilibrio funcional de los precios, la cual ha permitido que se desarrolle una rica floración de sutiles y agudas explicaciones científicas. En la obra científica del economista sueco Gustavo Cassel, la teoría de la formación funcional de los precios ha obtenido adecuadamente una total realización.

La función!... He ahí el contenido excelso de las nociones acuñadas por los movimientos científicos contemporáneos. La cultura fáustica es el triunfo intelectual más agotador de la función. Todo en ella es delicadamente funcional, sutilmente inestable e impreciso, graciosamente indefinido. La cultura fáustica es la expresión estética más perfecta de la noción de función. Y es esa noción la que suministra su contenido a las construcciones teóricas de las escuelas neoclásicas, a la Endocrinología, a la escuela anti-anatómica en los estudios que desarrolla la medicina moderna, etc. La función encierra cuantiosas posibilidades intelectuales y en las investigaciones económicas ha contribuido a la elaboración de nuevas explicaciones del equilibrio inestable de los precios. Y la noción de la utilidad final se coloca dentro de esa tendencia funcionalista, pues ella establece una relación, una tensión entre la utilidad y la cantidad.

Por consiguiente, ese sentido funcionalista de la noción de la utilidad marginal debe aceptarse. Representa una adquisición científica irrevocable e indubitable. Mas la susodicha noción encierra algunos supuestos ante los cuales sí cabe formular algunas observaciones críticas.

Ella representa una mecanización abstracta y metafísica del consumo, la cual intenta demostrar apologéticamente que en la presente economía capitalista se realiza la máxima utilidad final para todos los hombres. Es que en la moderna economía teórica neoclásica, de nuevo se ha expresado el ingenuo optimismo de aquellos mesurados pero arrebatados economistas clásicos que siguieron a Adam Smith. Además, la utilidad final, explicando el precio por un proceso independiente del modo de producción, quiere demostrar la necesaria y permanente existencia de la presente economía capitalista. El precio supone la apropiación individual de los productos, la cual los transforma en mercancías. Eternizándose el precio, y se eterniza en virtud de la unión que se establece entre él y un proceso simplemente fisiológico de satisfacción de las necesidades humanas, se eterniza igualmente la producción de mercancías, es decir, la actual economía capitalista de cambio.

Sin embargo, la noción de la utilidad final permite comprender algunos fenómenos de cambio y de precios que quedan al margen de la teoría del valor de cambio. Aquellos precios exorbitantemente elevados, que surgen a través de una relación individual de cambio, sólo pueden comprenderse mediante la explicación proporcionada por la utilidad final o marginal. Así quedan definitivamente eliminadas la simplificación y la mecanización de las relaciones de cambio, supuesto necesario y forzoso de la teoría marxista.

Por tanto la objetiva y científica posición ante el problema angustioso y tremendo del valor de cambio, es la indicada por una síntesis de las teorías marxistas y de la utilidad marginal. La primera es una teoría del valor y la segunda una teoría del precio. Y ambos, el precio y el valor de cambio, aun estando unidos por una relación cuantitativa, no siempre guardan entre sí, esa mencionada relación, Hay precios individuales y aun colectivos, que solamente pueden comprenderse en su formación, mediante la noción de la utilidad final.

Además, y en un estudio de las tensiones funcionales de la demanda y la oferta, es necesario utilizar las nociones de demanda rígida, demanda elástica, oferta rígida y oferta elástica, las cuales cumplen en la moderna economía política pura, una trascendental función. Son ellas las que han conducido a los economistas a una definición exacta del fenómeno de la renta. Y en la teoría de la formación de los precios, las aludidas nociones representan la más exacta dirección científica.

RESEÑA 2

Pensamientos Fundamentales en la Economía, Gustavo Cassel, Traducción de Salvador Novo, Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1939.

El economista sueco Gustavo Cassel, ha acuñado algunas teorías económicas originales que han suscitado en las universidades alemanas apasionados comentarios. Eje y sostén de tales teorías es la concepción científica de la formación funcional de los precios en torno a la cual se harán algunas observaciones en párrafos posteriores.

Es esta pequeña obra de Cassel una síntesis muy clara de sus teorías económicas, explicadas en un lenguaje simple sin muchas complicaciones terminológicas. En el economista sueco se observa una tendencia muy acentuada a la "pureza" teórica, a analizar los fenómenos económicos independientemente de toda regulación social de la moderna economía de cambio. Es lo que él denomina "el grado de necesidad de los fenómenos económicos". "El objeto de nuestra ciencia, dice, es la economía de una determinada unidad social. La naturaleza de esta economía está en cierta medida influida por el orden social bajo el cual se registra, pero también es, hasta cierto punto, independiente de este factor. Como he dicho ya, es tarea esencial de la ciencia económica esclarecer este grado de independencia y mostrar en cada etapa de sus investigaciones, cuál es la validez real de sus conclusiones". Siguiendo esa inclinación teórica, puede determinarse, afirma Cassel, "el grado en que las condiciones económicas son independientes de las reconstrucciones arbitrarias del orden social".

Desafortunadamente esa "pureza" en los estudios económicos no puede aceptarse. El fenómeno económico está siempre lleno de una materia social que no puede desligarse de la regulación social de las relaciones económicas. Una ciencia económica teóricamente pura sería una ciencia económica que habría abandonado su naturaleza misma que habría aniquilado su índole esencial, transformándose en una consideración formalista, abstracta, mecánica de los hechos económicos. Si como ha dicho Cassel, "semejante economía es siempre una organización social más o menos extendida, y en consecuencia, el objeto de la ciencia económica es siempre esencialmente un fenómeno social", es necesario concluir que la ciencia económica no puede desconocer la materia fluctuante de las relaciones económicas. No puede transformarse en un análisis formal y "puro" de esas relaciones.

Esta tendencia a la pureza recuerda aquella otra que afirmó en la Ciencia jurídica el maestro de Viena, profesor Hans Kelsen. Un paralelo de ambas sería muy rico en variadas sugerencias.

Intentando vanamente eliminar Cassel, toda relación entre determinadas condiciones sociales y ciertos fenómenos económicos, es natural que haya afirmado la necesidad de prescindir de la teoría del valor. En efecto, la mencionada teoría tiene una finalidad que puede denominarse eminentemente social: descubrir la índole de las relaciones de cambio en la moderna economía capitalista. Por eso, la teoría del valor siempre se sitúa en el análisis constante, permanente, exhaustivo de los hechos producidos o que se producen en las relaciones de cambio en el seno de aquella economía.

Cassel dice: "La idea de que sería posible representar las complicaciones de nuestra economía real en una forma más simple excluyendo el elemento de la moneda, ha inducido a la teoría económica a construir una teoría particular del valor que en los libros de texto usuales se considera como un preliminar de la teoría de los precios. Me propongo demostrar en el curso de estas conferencias que este modo de proceder no sólo es innecesario y por ende, una pérdida de tiempo, sino que también constituye un error, porque una teoría del valor en términos cuantitativos es siempre y necesariamente una teoría de los precios que presupone implícitamente la existencia de la moneda, al menos como unidad de cuenta.

En substitución de la abandonada teoría del valor expone y define el economista de Estocolmo una teoría de la formación de los precios.

El planteamiento que hace Cassel del rechazo de la teoría del valor no es muy exacto ni muy sagaz. La teoría del valor no es una teoría cuantitativa. Si ello fuera realmente así, la teoría de los precios se identificaría con la teoría del valor. Mas, ésta no es una explicación de las relaciones cuantitativas que existen en toda economía de cambio. Al contrario, es la comprensión no cuantitativa de esas relaciones. En tal virtud, se dijo antes que la teoría del valor quiere descubrir la índole de las relaciones de cambio que existen en la vigente economía capitalista.

La teoría de la formación de los precios es la más característica y valiosa en la obra científica de Gustavo Cassel. Pero es también una de las más artificiosas y débiles. Nuestro autor declara: "En nuestra primera exposición de la teoría económica general debemos suponer simplemente como fija e invariable una unidad monetaria. Si lo hacemos así estaremos en aptitud de construir una teoría de los precios, y el resultado de esta teoría es que, en un estado de equilibrio, los precios de todos los artículos están determinados. Sin embargo, como están determinados en una unidad que se deja sin determinar, es claro que los precios de los artículos sólo pueden determinarse, en la teoría general, relativamente entre sí. Esto significa que los precios de los artículos están determinados excepto por un factor multiplicador que permanece indeterminado. Este grado de indeterminación puede eliminarse fijando absolutamente un precio. Tan pronto como se ha hecho esto, todos los precios se fijan en su nivel absoluto".

Esta teoría de la formación de los precios va unida a la función que Cassel asigna a la escasez y al precio mismo. Para el economista sueco, y hay en ello un indiscutible fondo de verdad, el problema fundamental de toda economía es ajustar las necesidades a la escasez de los medios que las satisfacen, los productos todos, mediante los precios. Hay, por consiguiente, una relación muy especial entre el precio y la demanda. "... la función de los precios, afirma Cassel, es restringir la demanda de todas las líneas para conformarla con la oferta". La oferta se supone limitada y la función del precio es fijar una situación de equilibrio entre esa limitada oferta y la demanda. Recordemos la definición científica de la "ley de la oferta y la demanda", en la ciencia económica contemporánea.

La teoría de la formación de los precios conduce a un círculo vicioso: quiere demostrarnos, indicarnos el proceso en virtud del cual se determinan los precios en un estado de inestable equilibrio, y supone que un precio cualquiera está... determinado de antemano. Esta quiebra, este súbito desgonzamiento de la teoría acuñada por Cassel, son muy comprensibles. El estado de equilibrio, supuesto inevitable de la teoría de la formación de los precios, sólo puede afirmarse estableciendo de antemano la existencia de un precio determinado, en torno al cual girarán funcionalmente los otros. Mas en esa forma, la teoría de la formación de los precios pierde vigor y queda sin consistencia.

Otras muchas observaciones podrían hacerse respecto a las teorías que ha puesto en circulación el economista sueco. Ellas constituyen un gigantesco esfuerzo científico. Cassel no puede ser desconocido. Representa la más pétrea posición científica y la más definitiva actitud teórica.

RESEÑA 3

Nociones de Economía Política, Guillermo Torres García, segunda edición, Ediciones Librería Siglo XX, Bogotá y Medellín, 1942.

La Editorial "Librería Siglo XX", dirigida por el espíritu vigilante de Rafael Naranjo Villegas, ha publicado una segunda edición de la obra de Torres García, agotada desde hacia varios años.

Se distingue esta introducción al estudio de la ciencia económica, por su claridad, por su ordenada exposición, la metódica distribución de los capítulos y la objetividad de las observaciones que en ella se explican. Para las personas que deseen iniciarse en las investigaciones económicas, la obra de Torres García es de mucha utilidad. Encontrarán en ella una referencia a cada uno de los problemas teóricos que se analizan en tales investigaciones. Justamente por ser un manual introductorio, y ello no debe olvidarlo en ningún momento el lector, la obra que comentamos no podía ahondar la explicación de algunos de esos problemas. Tan sólo debía aludir a ellos. Ello permite comprender la razón de los vacíos que en la obra pueden o puedan encontrarse. Además, la referida circunstancia nos podría suministrar una justificación del contenido de la obra, la cual justificación también podría proporcionarla la misma índole de la obra, es decir, ser ella una introducción y no un tratado de Economía Política. En efecto, en la obra de Torres García se prohíjan las teorías tradicionales, lo cual, por otra parte, es muy explicable en un manual introductorio. Tal parece que el autor no hubiera querido atemorizar a los que se inician en las investigaciones económicas, presentándoles un análisis detenido de los más difíciles problemas, análisis que el autor habría podido hacer con gran despliegue de conocimientos, pues los posee en demasía.

Hay un capítulo que por su especial excelsitud teórica está un poco fuera de lugar en una introducción. Es el relativo a demostrar que la moneda no es una mercancía. Conocido el contenido de dicho capítulo por el economista inglés John Maynard Keynes, el eminente autor manifestó al señor Torres García que no disentía de las afirmaciones y consideraciones que en él se hacen.

El señor Torres García anuncia la preparación de un Tratado de Economía Política en dos tomos. Muy seguramente en ese Tratado el insigne economista tendrá oportunidad de referirse ampliamente a las teorías esbozadas en la introducción que comentamos. Será el mencionado Tratado una obra fundamental. El señor Torres García puede escribir la obra profunda y plena que todos anhelamos. Que ojalá pueda entregarse a esta tarea cuanto antes, para bien de la cultura nacional.


(1)Tomado de El Mes Económico y Financiero 29, septiembre de 1939, páginas 57-61.

(2)Tomada de El Mes Económico y Financiero 29, septiembre de 1939, páginas 129-131.

(3)Tomada de El Mes Económico y Financiero 62, julio de 1942, página 73.


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