CUADECO, 07/01/96, COMENTARIOS SOBRE TRES ESCRITOS DE NIETO ARTETA

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: José Félix Cataño

No 25

Frequency: Semi-annual


Date: 07/01/96

Profesor Asociado Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia.

Gracias a la investigación de Gonzalo Cataño sobre el pensamiento y la obra de Luis Eduardo Nieto Arteta (1913- 1956) se han recuperado tres escritos del importante pensador colombiano que merecen conocerse tanto por su contenido como por las indicaciones sobre la forma en que se introdujeron las teorías económicas generales en Colombia a finales de los años treinta.1

En primer lugar, está el pequeño ensayo Una teoría en torno al valor de cambio en el que Nieto Arteta intenta defender la tesis audaz (¡tanto hoy como en 1939!) según la cual para poseer una teoría adecuada del mercado sería conveniente lograr una síntesis entre la teoría marxista del valor y la teoría neoclásica de los precios. La sustentación de esta conclusión tiene como base la idea de que esas dos teorías son parciales e incompletas en sí mismas pero que pueden hacerse complementarias.

Nieto le atribuye a la teoría marxista la capacidad de determinar "el sentido de la variación de los precios", mientras le reprocha la ausencia de una explicación del "movimiento constituyente del valor", cuya tarea es dar cuenta de cómo el mercado forma el trabajo socialmente necesario igualando los trabajos concretos inicialmente disímiles. El autor concluye que, en razón de esta carencia, la teoría marxista adolece de "una mecanización y simplificación de las relaciones comerciales".

Respecto a la teoría neoclásica, Nieto le abona el uso de funciones matemáticas que relacionan la utilidad y los precios, y el hecho de ser capaz de explicar "aquellos precios exorbitantemente elevados, que surgen a través de una relación individual de cambio", aunque le reprocha su `eternización' de las realidades mercantiles y su incapacidad de incorporar un `sentido', una especie de referencia, al juego mercantil. En síntesis, Nieto Arteta afirma que los neoclásicos son buenos en explicar lo que pasa en el mercado pero no tienen una buena teoría del equilibrio, vacío que la teoría del valor de Marx podría llenar.

Esta posición de Nieto Arteta es al mismo tiempo admirable y criticable. Si nos olvidamos de los nombres de las teorías a las que el autor se refiere, podemos interpretar que en realidad lo que quiere decir es que una buena teoría del mercado es aquella que ofrece la explicación, en primer lugar, de los precios de equilibrio, y, en segundo lugar, del proceso mercantil de oferta y demanda que se ajusta a ese equilibrio. Desde Adam Smith hasta hoy esa ha sido la posición dominante en la ciencia económica y captarla como tal es un signo de la buena comprensión de los problemas científicos por parte del autor de Economía y cultura.

Tal vez la crítica a los neoclásicos sea injusta pero no pasa lo mismo con la dirigida a la teoría marxista, pues ella es fundamentalmente correcta y es hoy de gran actualidad. En verdad es un gran mérito de Nieto Arteta hacer ver en 1939, y todavía hoy, que si bien Marx propendía por una teoría del valor trabajo en la que el mercado es el que homogeniza los diversos trabajos de los productores de las mercancías, nunca fue capaz de ofrecer el mecanismo específico para que sucediera eso.

La ausencia de esa explicación en El Capital puede legitimar perfectamente la calificación que hace Nieto Arteta de la teoría del valor de Marx como `metafísica' y `mecanicista', y que pueda afirmar que dicha teoría del valor se asemeja paulatinamente a un caso de la teoría clásica de los precios de producción, borrándose la fuerza crítica que Marx representaba frente al ricardianismo.

Para medir exactamente el alcance de estas observaciones vale la pena citar un aparte de Miseria de la filosofía de Marx, texto al que se refiere el pensador colombiano:

Si el señor Proudhon admite que el valor de los productos se determina por el tiempo de trabajo, debe reconocer así mismo este movimiento oscilatorio, que es el que realmente hace del tiempo de trabajo la medida del valor. No existe una "relación de proporcionalidad" fija y ya constituida; existe tan sólo un movimiento constituyente [Marx y Engels 1988, 56].

Este `movimiento constituyente' ha tenido varias interpretaciones en teoría económica: la ortodoxa mencionada en la que las fuerzas del mercado `ajustan' la economía sobre una situación de equilibrio determinable independiente del proceso mismo. Neoclásicos y ricardianos han compartido este punto de vista esencial, pero se sabe que aunque hoy se tengan efectivamente teorías de los precios de equilibrio, se carece de teorías aceptables del proceso mercantil [Fisher 1990]; así, la ciencia económica ortodoxa sólo parece capaz de hablar racionalmente de situaciones de equilibrio, es decir, sigue siendo `metafísica'.

La segunda es una interpretación heterodoxa en la que el `movimiento constituyente del valor´ se toma como un proceso sin punto de llegada a priori, es decir, en la que lo importante es la dinámica del mercado en sí misma de acuerdo con las regulaciones institucionales y las restricciones personales a las que están sometidos los individuos y el sistema mismo.2

Concientes de la dificultad del problema planteado y del momento histórico en que se formula, lo criticable de la posición de Nieto Arteta pierde pertinencia. Evidentemente, hoy sabemos que no es verdad que en "la obra científica del economista sueco Gustavo Cassel, la teoría de la formación funcional de los precios ha obtenido adecuadamente una total realización", pues ni Cassel (como lo advierte el mismo Nieto en una de las reseñas que se publican en este número) logra solucionar los problemas del enfoque neoclásico (habrá que esperar aún para algunos de ellos los trabajos de Arrow y Debreu en la década de los cincuenta) ni, como lo enunciamos antes, tampoco existe hoy una teoría aceptable de la formación de precios en esta escuela.

Lo que importa, en síntesis, es saber que Nieto Arteta es tal vez el primero en Colombia en percatarse de la importancia científica de la Teoría del Equilibrio General Neoclásico, y quien piensa que la síntesis entre dos teorías, consideradas por otros como antagónicas, es lo que puede dar una respuesta al problema de la teoría del mercado. Sostener esta posición en 1939 es, sin duda, una manifestación de antidogmatismo y de inteligencia.

La segunda reseña corresponde a un texto que contiene las conferencias de Gustav Cassel en Londres en la década de los treinta. Este "profesor eficaz y sugestivo", como lo designó Schumpeter, luego de mostrar en el capítulo inicial el objeto científico de la economía de una manera más adecuada que en muchos de los textos actuales, desarrolla una exposición literaria (y todavía atractiva) de la teoría económica de Walras (precios, escasez y moneda) sin basarla en la utilidad y sin mencionar al maestro francés. Al respecto, Nieto Arteta hace comentarios interesantes:

En primer lugar, e igual que en el primer ensayo, alaba la capacidad de ofrecer un planteamiento formal sobre la conformación de los precios a partir de las funciones de oferta y de demanda, que le hace afirmar que "Cassel no puede ser desconocido. Representa la más pétrea posición científica y la más definitiva actitud teórica".

En segundo lugar, plantea dos críticas todavía válidas e importantes. La primera se refiere al formalismo de la teoría ("la teoría no puede transformarse en un análisis formal y puro de esas relaciones), lo que podemos asimilar no tanto a una crítica al grado de abstracción, como algunos apegados a lo concreto podrían pensar, sino a algunos de los vicios actuales de muchos modelos donde se presenta una solución matemática sin evaluar su correspondencia con una solución económica.

La segunda crítica se refiere a la posible existencia de un círculo vicioso en la explicación de los precios pues "quiere demostrarnos el [...] proceso por medio del cual se determinan los precios [...] y supone que un precio cualquiera está determinado de antemano".

Nieto Arteta apunta aquí a un problema aún presente en la teoría neoclásica. Sabemos que para ésta, "el precio determinado de antemano" (válido para todos) no es definido por los agentes, pues ellos sólo son "precio aceptantes" (dadas las condiciones de competencia perfecta y la imposibilidad del agente de actuar por fuera de los precios establecidos). Esta dificultad es aparentemente superada por la puesta en escena (inexplicable e inaceptable) del "subastador de precios" imaginado por Walras, sin el cual el proceso no se podría desarrollar y, por ende, no habría situación de equilibrio. Es justo pensar entonces, como lo insinúa Nieto, que afirmar que la teoría neoclásica supone lo que quiere demostrar es equivalente a decir que ella no nos ofrece una explicación aceptable de la formación de los precios en el mercado. De esta forma, igual que la teoría del valor de Marx, la teoría neoclásica también puede criticarse como `metafísica', y posiblemente la diferencia está en el hecho de que por lo menos autores como Walras y Cassel intentaron plantear una solución.

Sin embargo, existe un comentario de Nieto que nos parece equivocado e injusto con el autor sueco y que también es importante para las discusiones actuales. En el libro comentado, Cassel critica el pensamiento económico anterior porque pretendió hacer primero una teoría del valor (ya sea subjetiva u objetiva) antes de explicar los precios monetarios, como si se pudiera hablar del primero sin la magnitud monetaria, a pesar de que "el objeto de nuestra investigación es necesariamente una sociedad con dinero" [Cassel 1939, 56]. Nieto Arteta rechaza esta crítica diciendo que la teoría del valor "no es una teoría cuantitativa" sino la comprensión cualitativa de esas relaciones, y por ello quedaría justificada su presencia y su necesidad en la teoría económica.

Aquí aparece una confusión que impide aprovechar críticamente la interesante posición de Cassel. Los economistas sabemos que toda teoría del valor (aun la marxista) es por naturaleza cuantitativa pues lo que se desea representar es la magnitud del valor de cambio presente en las relaciones mercantiles. Nieto Arteta tiene absoluta razón al pensar que ésta no puede ser un puro número, pero Cassel no lo desconoce cuando afirma que "en nuestras investigaciones [debemos introducir] un mínimo de presunciones con respecto a la organización y a las instituciones de la sociedad" [Cassel 1939, 22].

Por lo tanto, nada impide que uno de los elementos de ese marco institucional sea el aspecto cualitativo (la existencia de una unidad de cuenta, por ejemplo) a partir del cual se forman los aspectos cuantitativos del mercado, es decir, que podemos explicar los precios sin necesidad de un `valor' previo. En ese sentido, Cassel está en lo cierto frente a Nieto, quien por este hecho revela que no percibe que el autor sueco ponga de presente uno de los defectos más importantes de las teorías económicas (ya denunciados por Marx): concebir el valor económico independiente del dinero o ,lo que es lo mismo, separar la teoría del dinero de la del valor.

Sin embargo, debe reconocerse que Cassel no es tan heterodoxo como aparenta en un comienzo, pues su noción de dinero no permite superar los defectos denunciados. En efecto, llamar dinero al numerario que el investigador escoge para expresar los precios relativos ("esto significa que los precios de los artículos están determinados excepto por un factor multiplicador que permanece indeterminado") no explica por qué los agentes de una sociedad mercantil obligatoriamente necesitan el dinero para actuar y hacer los pagos, sino el mero hecho de que el analista sólo pueda cerrar el modelo suprimiendo una incógnita. Como lo planteó Hicks,

el numerario no es dinero; no es ni siquiera dinero parcial; ni siquiera se supone que sea usado por los comerciantes como unidad de medida. De hecho, no es más que la unidad de medida que el economista usa para explicarse a sí mismo lo que los comerciantes están haciendo [1971, 17].3

No es, entonces, la ausencia del valor sino el descubrimiento de la simulación de la monetización de los precios (el hecho de asimilar el dinero a un numerario), unido a la crítica sobre la formación de los precios, lo que permite pensar que la teoría de Cassel es en verdad "una de las más artificiales y débiles". Pero sería completamente injusto pedirle a este insigne colombiano una conciencia de algo que ni siquiera se discutía en su momento y que es todavía un problema no resuelto por la profesión.

En el tercer escrito, Nieto Arteta reseña la obra de divulgación del colombiano Guillermo Torres García. Aquí nuestro autor no entra en polémicas sino más bien en elogios a la presentación de los temas. Sólo destaca, pero sin comentario especial, que en ella se defienda la tesis de que la moneda no es una mercancía y que John M. Keynes aprobara esta posición al conocer el texto del economista colombiano.

En verdad, nos hubiera gustado saber más sobre la reacción de Nieto sobre la posición `institucionalista' de Torres García, a sabiendas de que Marx no la compartió, aunque el sentido de su teoría no va en contra de ella. Tanto más nos sentimos en deuda cuanto conocemos los argumentos del autor de dichas Nociones.

En efecto, Torres García defiende su posición por medio de un método aún vigente: mostrar que las definiciones básicas que utilizan las teorías del valor (incluyendo la de Marx) para determinar si un objeto es mercancía no pueden aplicarse al caso del objeto monetario.

Anota, a propósito, que la moneda es distinta a las mercancías por poseer unos atributos que no se encuentran en las mercancías: sirve exclusivamente de intermediario, y por ende, "no se cambia" como sí lo hacen las mercancías; carece de valor de uso material para los individuos; no tiene la forma precio porque no hay dinero del dinero; su generación es estatal y no privada. El dinero es, por lo tanto, una convención que en algunos sistemas monetarios se liga a mercancías especiales (por ejemplo, oro y plata), y esta conexión, según Torres García, induce a los economistas al error de "contemplar en la moneda metálica únicamente su parte material, que es sin duda mercancía" [1942, 74], excluyendo los "elementos morales y jurídicos" propios del dinero. No debe extrañarnos que el gran economista de Cambridge haya bendecido esta interesante posición heterodoxa, pero sí que Nieto Arteta no se haya manifiestado al respecto.

A pesar de las insuficiencias anotadas, estos escritos de Luis Eduardo Nieto Arteta nos conducen a reiterar nuestra admiración por su conocimiento de la literatura económica de la época, por su suspicacia científica y por su peculiar interés por la teoría del equilibrio general walrasiano. Y todo ello haciendo uso de un ejemplar espíritu de síntesis que le sirve para contrastar las más diversas posiciones de la teoría económica en forma ejemplar, incluso en nuestros días.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Benetti, Carlo y Cartelier, Jean. 1995. Money, Form and Determination of Value, Conferencia Internacional de Economía, Bolonia.

Cassel, Gustavo. 1939. Pensamientos fundamentales en la economía, Fondo de Cultura Económica, México.

Hicks, John. 1971. Ensayos críticos sobre teoría monetaria, Ariel, Barcelona.

Fisher, Frank. 1990. "La formation de grandeurs économiques: desequilibre et instabilité", Jean Cartelier, editor, La formation de grandeurs économiques, PUF, París.

Marx, Carlos y Engels, Federico. 1988. "Miseria de la filosofía", Los grandes fundamentos, volumen II, Fondo de Cultura Económica, México.

Nieto Arteta, Luis Eduardo. 1983. Obras selectas, Cámara de Representantes, Imprenta Nacional, Bogotá.

Schumpeter, Joseph A. 1971. Historia del análisis económico, Ariel, Barcelona.

Torres García, Guillermo. 1942. Nociones de economía política, Editorial Librería Siglo XX, Bogotá.


(1)Las dos obras principales de Nieto Arteta llevan por título Economía y cultura en la historia de Colombia y El café en la sociedad colombiana. Una compilación de sus ensayos económicos, en la que sólo hacían falta los que ahora se publican aquí, fue realizada por Gonzalo Cataño y editada en Nieto Arteta [1983].

(2)Un modelo reciente es la formulación de una teoría monetaria de los precios y del mercado presentada en Benetti y Cartelier [1995].

(3)Recordemos también que Sraffa no pretende, como tampoco Arrow o Debreu, monetizar sus precios presentándolos en términos de un numerario.