CUADECO, 07/01/96, AMÉRICA LATINA FRENTE EL HEMISFERIO OCCIDENTAL ¿Región o grupo de naciones?

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: José Manuel García de la Cruz

No 25

Frequency: Semi-annual


Date: 07/01/96

Profesor Titular de Estructura Económica, Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo, Universidad Autónoma de Madrid.

Ponencia presentada en el "V Encuentro de latinoamericanistas españoles", Sevilla, 30 de noviembre a 2 de diciembre de 1995.

INTRODUCCIÓN

Durante el último decenio se asiste en la economía internacional a un proceso de relanzamiento de la idea de la integración económica; concebida como instrumento de apoyo a los intentos de superar la situación de inestabilidad e incertidumbre generados por la tensión entre la dinámica de la globalización e internacionalización de los fenómenos económicos, de un lado, y de la conservación de la soberanía y la gravedad de los problemas nacionales, de otro.

En este relanzamiento de las propuestas de integración económica participan economías desarrolladas (Estados Unidos, Japón) y otras menos desarrolladas (México, Malasia, Singapur) que observan los movimientos de los países miembros de la Unión Europea con una combinación de temor, escepticismo y, también, de atracción.

Ahora bien, más allá de la mayor o menor dificultad de la traslación de experiencias nacionales e internacionales a otras geografías y tiempos, es preciso recordar algunos principios; si bien éstos no se han seguido fielmente en las trayectorias de integración más exitosas --en concreto, por la Unión Europea-- sí debieran servir de marco de reflexión en la consideración y evaluación de las diferentes opciones que, en un marco de relaciones internacionales más abierto, pueden afrontar las economías nacionales.

Es importante tener presente lo anterior máxime cuando, como en el caso de las economías latinoamericanas, se han conocido ambiciosos proyectos de integración cuya experiencia no puede admitirse como referente de cara al futuro y, además, cuando la reorganización de la economía mundial no tiene claramente definida una tendencia para los próximos años. Sigue pendiente el conflicto en la triada Estados Unidos, Alemania-Unión Europea y Japón, y la contradicción entre regionalismo y multilateralismo, por no citar el permanente problema de las relaciones Norte-Sur.

En las líneas que siguen no se pretende llegar a una propuesta definitiva. Se quiere, simplemente, proponer una reflexión sobre las dificultades y las oportunidades que para América Latina y sus economías más importantes tiene la opción de la integración comercial --actuación como bloque- - frente a alternativas de buena vecindad pero sin compromisos de integración económica --actuación como naciones independientes--, y no siempre en el exclusivo plano de las relaciones económicas.

LA TEORÍA DE LA INTEGRACIÓN COMERCIAL

Antes de seguir, conviene explicar por qué se insiste en el término integración comercial:

Primero, porque con excepción de la Comunidad Económica Europea y, en otro contexto, del Comecon, no existen experiencias de integración que hayan sobrepasado el estadio de la unión arancelaria y de la fijación de criterios comunes de política comercial, independientemente de que en algún caso se hayan logrado notables acuerdos en otros campos: por ejemplo, en el Pacto Andino y en su legislación sobre inversiones extranjeras, o, hasta fechas recientes, en la Comunidad Europea con la Política Agrícola Común.

Segundo, porque las experiencias que se iniciaron recientemente priorizan la creación de áreas comerciales sobre cualquier otro objetivo: Mercado Común del Sur (Mercosur), Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) o la Organización Económica del Pacífico (Apec).

Y, tercero, porque la propia teoría de la integración no ha avanzado mucho más allá del análisis de la creación de zonas de libre comercio y de uniones aduaneras.

¿Qué dice, entonces, la teoría económica sobre la integración comercial? Es preciso empezar reconociendo que la interpretación teórica se limita a explicar los efectos de la creación de áreas comerciales preferenciales, como las uniones aduaneras y las zonas de libre comercio, en tres aspectos: el impacto sobre la localización de los factores de producción y sobre la especialización, el grado de aprovechamiento de las economías de escala y el efecto sobre la evolución de los términos de intercambio.

Los aspectos macroeconómicos (por ejemplo, la contribución de este tipo de acuerdos comerciales al crecimiento económico, a la estabilidad o a la distribución de la renta) se consideran objeto de la política nacional. Será ésta la que preste atención a los efectos internos de la integración aunque en su definición y puesta en práctica no debe excluir las posibilidades que ofrece la coordinación de las políticas nacionales.

En principio, y siguiendo el esquema clásico de Viner de examinar los efectos positivos derivados de la creación de comercio y los negativos de la desviación de comercio, se establece que:

  1. La integración comercial regional es un subóptimo respecto de la liberalización general de los intercambios a escala internacional.

  2. El efecto de creación de comercio (positivo) será mayor que el de desviación de comercio (negativo); cuanto mayor sea el área de integración, mayores serán el número de consumidores y el número de economías incluidas.

  3. La generación de nuevo comercio es más probable cuanto más diversificadas y más competitivas sean las economías participantes. En tanto que la competitividad mantendrá los niveles de costos de producción similares, los intercambios se realizarán por criterios distintos, dinamizándose la especialización.

  4. Cuanto mayor sea la complementariedad entre las economías participantes más fácil será la desviación de comercio, lo que evita la relocalización de los recursos y, por tanto, congela la especialización productiva. Sin embargo, se abre la posibilidad de aprovechar la aparición de economías de escala.

  5. La valoración de los efectos sobre los términos de intercambio no es concluyente ya que dependen de la capacidad de negociación de la unión con los terceros países y de la armonización de los intereses de cada miembro con los participantes en el proceso de integración.

Al respecto, no hay que considerar necesariamente como beneficiosa la creación de comercio: hacerlo significaría admitir el desplazamiento que provocan las importaciones a la producción nacional pues no siempre existen alternativas al empleo de los factores liberados. Los resultados positivos serán más probables cuando se esté ante procesos de integración emprendidos por y entre economías desarrolladas y en épocas de expansión económica ya que, en estas circunstancias, las oportunidades de inversión son más amplias y variadas.

No obstante, es posible acordar políticamente un determinado proteccionismo y establecer cláusulas de salvaguardia para los sectores más sensibles de cada economía participante, sobre todo cuando la iniciativas son protagonizadas por economías de menor grado de desarrollo o dinamismo económico. De esta forma, en la fijación de las partidas arancelarias frente a terceros y en los intercambios interregionales se tendrán en cuenta, además de los intereses comunes, las dificultades específicas frente a la competencia de cada una de las economías participantes, mediante la aceptación de aranceles más altos para determinados productos esenciales en la industrialización de un país o el mantenimiento de contingentes a los intercambios entre los socios en el proceso de integración.

No hay que olvidar que cualquier restricción debida a motivos de costo particular de una economía o un sector disminuye las ventajas esperadas en el proceso; por ello, para que se admitan pueden darse tres situaciones de forma alternativa o complementaria:

  1. Que los participantes beneficiados con las medidas de discriminación compensen los costos del proteccionismo otorgado por los socios con los beneficios obtenidos para sí; por ejemplo, renunciando a determinadas áreas de especialización o concediendo mayor apertura en otros campos: el contenido de los cuadros de adhesión a la Comunidad Europea.

  2. Que se cree un mecanismo de transferencia financiera que compense las pérdidas de quienes acepten la discriminación proteccionista de actividades de los demás socios; de esa manera, las economías o sectores más débiles deben hacerse cargo de los costos que su situación genera al conjunto del proceso (caso del cheque británico por no participar plenamente de la Política Agrícola Común de la Unión Europea).

  3. Alternativamente, crear mecanismos de compensación de los eventuales efectos negativos que el proceso de integración pueda ocasionar a algunos de sus miembros (Fondos Estructurales), tal como lo muestra la propia experiencia europea.

Evidentemente, salvo que se acepte un esquema de funcionamiento económico semejante al de las economías mixtas para el proceso de integración, con otro tipo de derivaciones para el propio proceso -- nuevamente la Unión Europea puede servir de ejemplo--, estos mecanismos deben considerarse como transitorios hasta que haya condiciones para reconocer la libertad de circulación de mercancías que tratan de alcanzar tanto las zonas de libre cambio como las uniones aduaneras.

LA EXPERIENCIA DE INTEGRACIÓN COMERCIAL EN AMÉRICA LATINA

El pensamiento cepalino, concretamente la estrategia de desarrollo económico basado en la sustitución de importaciones, encontró en la integración de los mercados de las economías latinoamericanas una salida a la problemática derivada de la estrechez de los mercados nacionales.

La integración comercial se entendió como un instrumento a favor de la intensificación de la sustitución de importaciones dentro de un marco negociado en el que los intereses nacionales quedaban protegidos de la competencia internacional; un instrumento que además facilitaba una especialización ordenada del conjunto de las economías de la región y prolongaba la industrialización emprendida en algunos países durante la Segunda Guerra Mundial.

Con ese primer impulso, once naciones crearon la Asociación Latinoamericana del Libre Comercio (Alalc) en 1960 --que en 1980 se transformó en la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi)-- y otras cinco, el Mercado Común Centroamericano. Posteriormente, en 1969, Bolivia, Colombia, Chile, Perú y Ecuador constituyeron, dentro de la Alalc, el Grupo Andino --al que se sumó Venezuela en 1972 y que Chile dejó en 1976-- y en 1973, los países de habla inglesa del Caribe pusieron en marcha la Comunidad del Caribe (Caricom). El punto fundamental de todas estas iniciativas fue la liberalización comercial que generaba la expectativa de creación de zonas de libre comercio, primero, y de uniones aduaneras, posteriormente.

Las experiencias anteriores ofrecen un balance desigual y escasamente positivo. Pero incluso con limitaciones sirvieron para reorientar y compensar la intensa relación que cada una de las economías latinoamericanas mantenía con las más desarrolladas; sin embargo, la integración económica no fue suficiente para asegurar el éxito de la estrategia de sustitución de importaciones, no obstante haber participado prácticamente todos los países de la región.

La integración fue además insuficiente para evitar los resultados que en términos de inestabilidad económica, inflación y déficit conocieron las economías latinoamericanas durante los años setenta; tras la crisis de la deuda, esos resultados dieron paso a la década de los ochenta, denominada, de modo significativo, como la `década perdida'. A este respecto, también hay que incluir en el débito de las sucesivas estrategias de crecimiento --con o sin restricción externa-- que, a comienzos de los años noventa, el 10 por ciento de los hogares más ricos disfrutaba del 40 por ciento de la renta total mientras que el 20 por ciento más pobre solamente obtenía el 4 por ciento del ingreso, una distribución peor incluso que en los años sesenta.

Desde el punto de vista de las condiciones de la teoría de la integración comercial, expuestas sucintamente, es obvio que, como consecuencia del análisis cepalino de la inserción internacional de la economía latinoamericana, dentro del rechazo a la liberalización genérica de los intercambios, la integración comercial estuvo lejos de considerarse como un subóptimo y, por el contrario, se defendió como un instrumento optimizador de los logros de las estrategia de sustitución de importaciones.

Dicha valoración implicaba el hecho de que la amplia integración propuesta contaba con elementos que, desde el punto de vista teórico, auguraban un resultado favorable. Así, la magnitud de las iniciativas (desde el punto de vista del número de economías involucradas y de acuerdo con la importancia de la población que incorporaban, en especial la residente en núcleos urbanos y manufactureros, vinculada en forma directa y desde un primer momento) ofrecía argumentos esperanzadores en relación con los efectos positivos de la creación de comercio.

No obstante, la incapacidad del modelo de sustitución de importaciones para romper determinados patrones de consumo y, sobre todo, los limitados resultados con respecto al objetivo de diversificación y competitividad internacional de las economías mermaron las posibilidades de aprovechamiento real de las oportunidades de la integración.

Además, estaba el hecho de que la complementariedad entre las economías participantes se contraponía a las grandes diferencias existentes entre las mismas respecto a su capacidad económica y al grado de desarrollo relativo. Esto motivó la proliferación de acuerdos parciales de contenido bilateral y sectorial que limitaron la creación de mercados unificados desde el punto de vista aduanero con el pretexto de evitar la profundización y ampliación de las diferencias entre los participantes. La transformación de la Alalc en Aladi tuvo mucho que ver con este fenómeno.

Precisamente, dentro del esquema de la Aladi, en el que la concesión de la cláusula de nación más favorecida entre sus miembros es un componente fundamental para acelerar el proceso de integración de mercados, se han prodigado acuerdos sólo entre algunos de sus miembros. Estos acuerdos incluyen, además de los aspectos de liberalización controlada del comercio bilateral o multilateral entre los participantes, acciones de cooperación en áreas productivas (minería, siderurgia, energía) y en otras como la infraestructura de transporte o la liberalización de las inversiones. Son compromisos que incluyen en el marco de la cooperación aspectos diferentes a los del comercio dentro de los esquemas de integración no asimilables plenamente a las clásicas zonas de libre comercio o uniones aduaneras; además, tratan de controlar, especialmente, la asignación de recursos dentro de un esquema de dinamización de la especialización externa de las economías afectadas y de organizar la distribución de los costos y de los beneficios de tales acuerdos. El Grupo Andino explicitó estos objetivos en el Acuerdo de Cartagena.

Finalmente, en las economías latinoamericanas surgen nuevas iniciativas de integración: el Mercado Común del Sur (Mercosur) y el Acuerdo de Libre Comercio (Nafta) entre Canadá, Estados Unidos y México; han suscitado entre otros efectos un renovado interés por el Grupo Andino y por el Mercado Común Centroamericano. En ningún caso se contemplan mecanismos de redistribución de los efectos mediante políticas de integración positivas o intervencionistas.

El nuevo impulso de los esquemas de integración tiene una característica propia: ellos se inscriben dentro de procesos de reforma estructural que tienen por objetivos inmediatos mejorar la inserción de las economías latinoamericanas en el conjunto de la economía mundial, sanar las finanzas públicas, estabilizar el crecimiento económico y contribuir con una distribución del ingreso más equitativa en cada una de las economías nacionales, cuestiones que no estimularon las iniciativas de los años sesenta.

Tales objetivos se inscriben en lo que la Cepal ha llamado `transformación productiva con equidad´. Todos ellos vienen determinados por la situación de quiebra generalizada en el continente y por las nuevas directrices del Fondo Monetario Internacional, tradicional opositor de los esquemas de integración, sobre el manejo de la coyuntura.

ALTERNATIVAS DE INSERCIÓN INTERNACIONAL PARA AMÉRICA LATINA

Es notorio que los resultados del incremento del comercio dentro de cada esquema de integración fueron más favorable en los primeros años, mientras que las energías se debilitaron en los años sucesivos. Esto puede interpretarse como un agotamiento de las oportunidades abiertas por el propio proceso. Es preciso recordar, para entender mejor el freno a los impulsos iniciales, los ciclos políticos que han conocido las sociedades americanas y los propios límites que la distribución-concentración del poder y que la organización social han supuesto sobre la orientación de las políticas económicas nacionales.

En todo caso, la importancia de los intercambios dentro de cada esquema de integración sigue siendo muy reducida. Así por ejemplo, en 1993, los miembros del Grupo Andino realizaron entre sí solamente el 10 por ciento de sus ventas al exterior, mientras que en la Aladi, en el Mercosur y en el Mercado Común Centroamericano el porcentaje se duplica (20% aproximadamente). Sin embargo, en todos estos esquemas de integración, el comercio intrazonal ha tenido crecimientos muy notables en los últimos años.

Mientras tanto, se han producido importantes cambios a escala mundial en la distribución del protagonismo en los mercados internacionales.

La participación de las importaciones y las exportaciones de los países desarrollados de Oriente (incluido Japón) pasó del 8 por ciento en las primeras y del 8 por ciento en las segundas en 1970, al 14 por ciento y al 16 por ciento, respectivamente, en 1992 (cuadros 1 y 2). La Unión Europea mejoró ligeramente su participación entre esos años (37% y 39% para cada uno de los flujos) --aunque se ha producido un fortalecimiento de la posición de Alemania--; Norteamérica (Estados Unidos y Canadá) ha disminuido ligeramente su participación, sobre todo en las exportaciones (del 17% al 15% en el período de referencia). América Latina, en cambio, sí ha perdido protagonismo. Es decir, los intentos de integración han sido insuficientes para evitar un deterioro de la situación de Latinoamérica en el conjunto del comercio internacional.

En los años setenta tampoco se consiguió, según lo señalan las cifras, una mayor presencia latinoamericana en el comercio mundial. Ni como importadora ni como exportadora la región alcanzó un modesto 6 por ciento de participación en el comercio mundial. La situación es tanto más problemática cuando se observa que, en la actualidad, una ciudad-Estado como Singapur tiene en los mercados internacionales de mercancías una presencia semejante a la de toda la región latinoamericana (aproximadamente el 3.5% de las compras y de las ventas).

Tampoco está claro que la importancia de las relaciones de las economías más grandes de Iberoamérica con el grupo de economías más desarrolladas haya disminuido en el período 1983-1992 (cuadro 3); se ha producido, más bien, una redistribución de su intensidad entre cada uno de los componentes de la triada sin que se pueda generalizar una orientación, debido a la diferencia de los signos de cambio en cada país y en las importaciones y exportaciones.

No obstante, sí es evidente que mientras México mantiene una relación comercial predominante con Estados Unidos, Brasil y, en menor medida, Argentina se relacionan algo más con la Unión Europea; Venezuela sigue los pasos de México (aunque guardando distancia) y Chile incrementa sus relaciones con el Japón, país que, al menos como mercado de ventas chilenas supera ya en su importancia al de Estados Unidos.

La debilidad es la característica dominante en los intercambios entre las economías latinoamericanas. También sobresale el hecho de que solamente las relaciones entre Brasil y Argentina parecen haberse reforzado desde niveles próximos a los comunes intrarregionales hasta otros sensiblemente más elevados, cuatro o cinco veces superiores.

La pregunta es, por lo tanto: ¿merece la pena mantener la importancia concedida a las iniciativas de integración regional o subregional en el contexto de internacionalización y globalización de las relaciones económicas?

Vaya por delante la consideración de que el afianzamiento de las relaciones de toda índole entre los Estados nacionales latinoamericanos es políticamente oportuna; es una consecuencia de la necesidad de operar coordinadamente en un mundo en el que no solamente cuentan los Estados sino también las alianzas geográficas derivadas de otras experiencias(la Unión Europea o la Comunidad del Pacífico Oriental, con Japón como líder indiscutible, por ejemplo). Es decir, el juego entre la triada --que protagoniza el grueso de las exportaciones mundiales como se desprende de los cuadros 4 a 7-- no permite, o al menos dificulta, actuaciones individuales de los pequeños Estados o de economías débiles.

Ahora bien, la firma de los Acuerdos de la Ronda Uruguay ha supuesto un compromiso de liberalización de los intercambios mundiales ampliable a los servicios. También ha significado la sustitución de un mecanismo débil y demasiado sensible a los intereses de las potencias, como el GATT, por otro: la Organización del Comercio Mundial, en el que, sobre el papel, economías como las latinoamericanas tienen más oportunidades debido a las nuevas disposiciones organizativas y de participación de los miembros.

Esta nueva situación refuerza lo antes expuesto sobre la conveniencia de la cooperación política. Pero, ¿ésta exige la integración económica?

Nuevamente, la Cepal incorpora la integración como instrumento de apoyo a otros objetivos más amplios relacionados fundamentalmente con el ajuste y la reforma de las economías nacionales; sin embargo, se trata otra vez de introducir procesos de integración en economías que, sin entrar en el (bajo) grado de cohesión económica y social interna --quizá el punto de mayor coincidencia entre todas ellas-- muestran entre sí elevados grados de heterogeneidad.

Ya se mencionó la escasa importancia de los intercambios intrarregionales (solamente Brasil parece capaz de tener una presencia relativamente importante en las relaciones comerciales de los países considerados). Esto dificulta extremadamente cualquier intento de integración comercial y, sobre todo, de utilizarla como instrumento para otros objetivos. Pero no queda aquí la cuestión.

Las diferencias de renta per cápita entre las economías latinoamericanas (ver cuadro 8) son extremadamente altas; incluso entre las que comparten escenarios geográficos, las centroamericanas, las andinas o las del Cono Sur. Esta situación establece límites en el aprovechamiento de los mercados y afecta negativamente las posibilidades de especialización sobre productos competitivos.

Por otro lado, los resultados externos muestran un grado desigual de inserción en la economía internacional, las diferencias en apertura externa de esas economías y en los efectos del endeudamiento externo. Y reflejan, además, las diferencias en su capacidad de competencia, de mantener saldos positivos o negativos.

Con excepción de Panamá, República Dominicana, Guatemala, Paraguay y El Salvador, todas las demás economías de la región afrontan un servicio de la deuda superior al 20 por ciento de los ingresos de las exportaciones de bienes y servicios. Las situaciones más dramáticas son las de Bolivia (59.4%) y Perú (58.7%). Argentina no está lejos: tienen un servicio de deuda equivalente al 46 por ciento de sus exportaciones comerciales.

En todas las iniciativas de integración, tanto las clásicas de los años sesenta como en las de nueva generación, el objetivo proclamado es el apoyo que ofrecen a las políticas nacionales de superación del atraso y el subdesarrollo; sin embargo, exigen también algo más que la apertura de las fronteras a los productos de las economías asociadas: exigen estabilidad económica y un cierto grado de coordinación de las políticas económicas.

Aquí es donde aparecen las sombras en las posibilidades de éxito de las nuevas propuestas de integración. En tanto se mantengan las diferencias en los grados de desarrollo económico, en la presencia en los mercados internacionales y en los desequilibrios internos y externos, es imposible asegurar que las políticas nacionales no afectarán de manera desigual las importaciones y las exportaciones. Además, el grado de apertura y el ritmo de liberalización de las compras en el exterior tienen consecuencias en la competitividad de las exportaciones y, definitivamente, en la calidad y el ritmo del crecimiento del conjunto de la economía.

Sin embargo, no basta con asegurar la competitividad de las exportaciones, máxime cuando se consigue a través del incremento de la dependencia de los suministros externos; es preciso asegurar el logro de resultados positivos en la balanza comercial, única manera de aligerar el peso de la deuda externa. Ello exige la adecuación de las políticas presupuestarias y monetarias a los objetivos externos, para lo que es un instrumento básico la política de fijación y control de las modificaciones del tipo de cambio de las monedas nacionales.

La experiencia de los países que han abordado programas decididos de apertura externa (Chile, Bolivia o México) provee una elocuente lección al respecto; en especial, acerca de la dificultad de mantener a lo largo del tiempo directrices coherentes de apertura junto a un saneamiento de las finanzas públicas y a la distribución de ingreso en concordancia con los predicamentos de la Cepal. Lo que afecta la estabilidad de los tipos de cambio, exigencia prioritaria del FMI. El debate entre los objetivos-necesidades internas y los objetivos-obligaciones externas es, entonces, permanente.

En este sentido, la estabilidad cambiaria es una condición ineludible para mantener los compromisos de liberalización comercial dentro de un esquema de integración; parece lógico y recomendable, entonces, esperar los resultados de las políticas de reforma y ajuste económico antes de emprender proyectos de integración más ambiciosos.

Es decir, que las posibilidades de éxito de las políticas nacionales no deben limitarse por compromisos comerciales que, además, no ofrecen los atractivos suficientes como para sacrificar los objetivos de crecimiento y estabilidad a los que la soberanía nacional no debe renunciar. Sobre todo, cuando se trata de una región en la que el 46 por ciento de sus habitantes es pobre y una de cada cinco personas no puede asegurarse el sustento diario.

Quizá muchos gobiernos latinoamericanos empiezan a sentir algo de lo expuesto. Ellos no han esperado el momento del éxito de las nuevas propuestas de integración y se han lanzado, desde los años ochenta, a rápidos procesos de liberalización comercial; procesos con importantes reducciones arancelarias de carácter general y recortes en los niveles de protección más elevados. Casos significativos los ofrecen Chile, país pionero que ha reducido su arancel promedio del 94 por ciento, en 1973, al 10 por ciento en 1992; pero también otros como Perú (1990, 66%; 1992, 18%), Colombia (1990, 44%; 1992, 12%), Argentina (1989, 39%; 1992, 15%), Venezuela (1989, 35%; 1992, 10%) e incluso Brasil (1990, 32%; 1992, 21%).

Los resultados son, sin duda, desiguales, pero la vuelta atrás (como probablemente suceda en Colombia, en México y en Venezuela) se realizaría sin más responsabilidad que la derivada del ejercicio de la soberanía nacional. Además, no habrá otros damnificados distintos de aquellos que juegan con las mismas armas en las relaciones económicas internacionales, ni compromisos con socios que, todavía hoy, poco aportan a la solución de los problemas nacionales colectivos.

En vez de negar la importancia de unas mejores relaciones políticas e institucionales entre los diferentes Estados nacionales de Latinoamérica, se reconoce con lo dicho que existe un amplio abanico de temas en los que la cooperación intrarregional parece absolutamente necesaria: desde la reforma de Estado hasta el decidido esfuerzo contra la pobreza y la marginación social; y que incluye asuntos graves como los movimientos de población por motivos económicos y políticos, o la adopción de posturas de negociación frente a terceros en los foros internacionales a fin de que los intereses de la región se respeten debidamente.

Sin embargo, las diferencias entre los grupos hegemónicos no sólo no se suavizan en una perspectiva regional sino que frecuentemente se exacerban y multiplican, como lo muestran cada día la propia experiencia en el seno de Naciones Unidas y la de otros organismos multilaterales.

CUADRO 1
AMÉRICA LATINA Y CENTROS COMERCIALES MUNDIALES MÁS IMPORTANTES
Millones de dólares
Importaciones1 Exportaciones2
197019801992197019801992
Mundo 328503 2047668 3849400 313792 1993692 3721263
Norteamérica 56307 315843 657905 59587 288261 559730
EE.UU. 42806 256984 554023 43762 225722 448164
Canadá 13360 59226 122477 16119 65123 134223
Unión Europea 124160 765891 1514907 115684 680755 1442568
Alemania 29947 188001 408305 34228 192930 430272
Reino Unido 21870 115566 221658 19430 110115 190481
Francia 19114 135082 238911 17935 111114 231948
España 4716 34081 99766 2388 20721 64329
Oriente desarrollado 3 26356 210025 514578 24222 186436 599842
Japón 18883 140524 233548 19319 129812 340483
Corea del Sur 1984 22294 81775 835 17505 76332
Singapur 2905 22438 123428 2514 19743 119511
Hong-Kong 2584 24769 75827 1554 19376 63516
América Latina 18033 116354 153803 16635 104961 134701
Aladi 11640 83240 121851 12272 80722 116645
Mcca 1232 5979 8354 1105 4875 4663

1. Cif.
2. Fob.
3. Esta cifra corresponde a los países aquí mencionados.
Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 2
AMÉRICA LATINA Y CENTROS COMERCIALES MUNDIALES MÁS IMPORTANTES
Porcentajes
Importaciones1 Exportaciones2
19701980 19921970 19801992
Mundo 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00 100.00
Norteamérica 17.14 15.42 17.09 18.99 14.46 15.04
EE.UU. 13.03 12.55 14.39 13.95 11.32 12.04
Canadá 4.07 2.89 3.18 5.14 3.27 3.61
Unión Europea 37.80 37.40 39.35 36.87 34.15 38.77
Alemania 9.12 9.18 10.61 10.91 9.68 11.56
Reino Unido 6.66 5.64 5.76 6.19 5.52 5.12
Francia 5.82 6.60 6.21 5.72 5.57 6.23
España 1.44 1.66 2.59 0.76 1.04 1.73
Oriente desarrollado3 8.02 10.26 13.37 7.72 9.35 16.12
Japón 5.75 6.86 6.07 6.16 6.51 9.15
Corea del Sur 0.60 1.09 2.12 0.27 0.88 2.05
Singapur 0.88 1.10 3.21 0.80 0.99 3.21
Hong-Kong 0.79 1.21 1.97 0.50 0.97 1.71
América Latina 5.49 5.68 4.00 5.30 5.26 3.62
Aladi 3.54 4.07 3.17 3.91 4.05 3.13
Mcca 0.38 0.29 0.22 0.35 0.24 0.13

1. Cif.
2. Fob.
3. Esta cifra corresponde a los países aquí mencionados.
Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 3
IMPORTANCIA RELATIVA DEL COMERCIO CON LOS NÚCLEOS COMERCIALES PRINCIPALES ECONOMÍAS LATINOAMERICANAS
Porcentajes
de a EEUU UE Japón Aladi México Venezuela Argentina BrasilChile
México
M 8369.513.63.92.1- --1.4-
9262.514.96.34.2-- -2.3-
X 8362.916.46.24.0-- -2.7-
9268.711.83.35.0-- -1.6 -
Venezuela
M 8346.422.35.610.9- --6.0-
9247.620.56.513.4- --4.0 -
X 8332.621.42.87.1- --3.5-
9254.69.6 2.3 9.2---1.9-
Argentina
M 8321.927.26.832.1-- - 14.8 6.2
9221.724.44.733.5--- 22.5 3.4
X 839.923.84.813.1---4.64.2
9211.030.63.132.0- -- 13.7 7.4
Brasil
M 8316.512.9 3.9 13.6-- 2.2- -
9223.224.75.416.6- -7.8 --
X 8323.128.96.5 9.4- - 3.0- -
9219.729.66.4 21.1-- 8.5- -
Chile
M 8325.721.16.424.0-7.94.7 7.7-
9221.218.98.727.3-2.7 7.49.4-
X 8319.334.612.019.5- -- 8.6-
9214.831.319.414.8- --5.5-

M: importaciones Cif; X: exportaciones Fob; -: poco relevante.
Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 4
MATRIZ DE EXPORTACIONES
PRINCIPALES CENTROS COMERCIALES - AMÉRICA LATINA
Fob y millones de dólares
dea Mundo NorteaméricaEE.UU.UE Japón América Latina Aladi
Mundo
1980 2000947 291060 240320 744446 124484 126105 83358
1991 3438565 588053 475857 1372054 204417 150012 106091
Norteamérica
1980 216592 75285 41183 6641424300 41309 34064
1991 527746 174556 95501 107764 52354 63655 52422
EE.UU.
1980 216592 34102 - 57849 20574 38021 31668
1991 400984 79055 - 97514 46111 61326 50671
UE
1980 689597 43572 38619 384556 6672 22214 16875
1991 1367722 98910 87418 839691 27126 28328 19414
Japón
1980 129807 34184 31747 18120 - 8537 5923
1991 314525 993429209159557-122436791
América Latina
1980 107879 36974 34890 23954 4541 22985 11936
1991 136644 50626 48545 33813 7615 23139 15923
Aladi
1980 79610 25819 23389 19222 4154 18408 10982
1991 116698 43166 41557 30674 7137 19503 14995

Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 5
MATRIZ DE EXPORTACIONES
PRINCIPALES CENTROS COMERCIALES - AMÉRICA LATINA
Porcentajes
dea Mundo NorteaméricaEE.UU.UE Japón América LatinaAladi
Mundo
1980 100.00 14.55 12.01 37.20 6.22 6.30 4.17
1991 100.00 17.10 13.84 39.90 5.94 4.36 3.09
Norteamérica
1980 100.00 34.76 19.01 30.66 11.22 19.07 15.73
1991 100.00 33.08 18.10 20.42 9.92 12.06 9.93
EE.UU.
1980 100.00 15.74 - 26.71 9.50 17.55 14.62
1991 100.00 19.72 - 24.32 11.50 15.29 12.64
UE
1980 100.00 6.32 5.60 55.77 0.97 3.22 2.45
1991 100.00 7.23 6.39 61.39 1.98 2.07 1.42
Japón
1980 100.00 26.33 24.46 13.96 - 6.58 4.56
1991 100.00 31.58 29.28 18.94 - 3.89 2.16
América Latina
1980 100.00 34.27 32.34 22.20 4.21 21.31 11.06
1991 100.00 37.05 35.53 24.75 5.57 16.93 11.65
Aladi
1980 100.00 32.43 29.38 24.15 5.22 23.12 13.79
1991 100.00 36.99 35.61 26.28 6.12 16.71 12.85

Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 6
MATRIZ DE EXPORTACIONES
PRINCIPALES CENTROS COMERCIALES - AMÉRICA LATINA
Excluido el comercio intra-Unión Europea
FOB, millones de dólares
dea Mundo NorteaméricaEE.UU. UEJapón América LatinaAladi
Mundo
1980 1616391 291060 240320 359890 124484 126105 83358
1991 2598874 588053 475857 532363 204417 150012 106091
Norteamérica
1980 216592 75285 41183 66414 24300 41309 34064
1991 527746 174556 95501 107764 52354 63655 52422
EE.UU.
1980 216592 34102 - 57849 20574 38021 31668
1991 400984 79055 - 97514 46111 61326 50671
UE
1980 305041 43572 38619 - 6672 22214 16875
1991 528031 98910 87418 - 27126 28328 19414
Japón
1980 129807 34184 31747 18120 - 8537 5923
1991 314525 99342 92091 59557 - 12243 6791
América Latina
1980 107879 36974 34890 23954 4541 22985 11936
1991 136644 50626 48545 33813 7615 23139 15923
Aladi
1980 79610 25819 23389 19222 4154 18408 10982
1991 116698 43166 41557 30674 7137 19503 14995

Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 7
MATRIZ DE EXPORTACIONES
PRINCIPALES CENTROS COMERCIALES - AMÉRICA LATINA
Excluidas las exportaciones intra-Unión Europea
Porcentajes
dea Mundo NorteaméricaEE.UU.UE JapónAmérica LatinaAladi
Mundo
1980 100.00 18.01 14.87 22.27 7.70 7.80 5.16
1991 100.00 22.63 18.31 20.48 7.87 5.77 4.08
Norteamérica
1980 100.00 34.76 19.01 30.66 11.22 19.07 15.73
1991 100.00 33.08 18.10 20.42 9.92 12.06 9.93
EE.UU.
1980 100.00 15.74- 26.71 9.50 17.55 14.62
1991 100.00 19.72 - 24.32 11.50 15.29 12.64
UE
1980 100.00 14.28 12.66 - 2.19 7.28 5.53
1991 100.00 18.73 16.56- 5.14 5.36 3.68
Japón
1980 100.00 26.33 24.46 13.96 - 6.58 4.56
1991 100.00 31.58 29.28 18.94 - 3.89 2.16
América Latina
1980 100.00 34.27 32.34 22.20 4.21 21.31 11.06
1991 100.00 37.05 35.53 24.75 5.57 16.93 11.65
Aladi
1980 100.00 32.43 29.38 24.15 5.22 23.12 13.79
1991 100.00 36.99 35.61 26.28 6.12 16.71 12.85

Fuente: Naciones Unidas [1993].

CUADRO 8
INDICADORES DE AMÉRICA LATINA
1993
Población 1 Pib Pib/p.c3 X 2 M 2 Saldo 2 Tasa de cobertura Apertura X+M/Pib Deuda externaServicio D/xbys
Nicaragua 3 4.1 1800 439.02 266 727 -461 36.6 55.2 10445 29.1
Honduras 5.3 2867 540.94 814 1059 -245 76.9 65.3 3865 31.5
Bolivia3 7.1 5382 758.03 728 1206 -478 60.4 35.9 4213 59.4
Guatemala3 10.0 11309 1130.90 1340 2599 -1259 51.6 34.8 2954 13.2
Ecuador3 11.0 14421 1311.00 2904 2562 342 113.3 37.9 14110 25.7
República Dominicana3 7.5 9510 1268.00 555 2125 -1570 26.1 28.2 4633 12.1
El Salvador3 5.5 7625 1386.36 555 1919 -1364 28.9 32.4 2012 14.9
Colombia 35.7 54076 1514.73 7052 9841 -2789 71.7 31.2 17173 29.4
Perú 22.9 41061 1793.06 3463 3389 74 102.2 16.7 20328 58.7
Paraguay3 4.7 6825 1452.13695 1689 -994 41.1 34.9 1599 14.9
Costa Rica3 3.3 7577 2296.06 1999 2907 -908 68.8 64.7 3872 18.1
Panamá 2.5 6565 2626.00 553 2188 -1635 25.3 41.8 6802 3.1
Venezuela3 20.9 59995 2870.57 13239 10979 2260 120.6 40.4 37465 22.8
Brasil 156.5444205 2838.37 38597 25439 13158 151.7 14.4 132749 24.4
Chile3 13.8 43684 3165.51 9328 10596 -1268 88.0 45.6 20637 23.4
México3 90.0 343472 3816.36 30241 50147 - 19906 60.3 23.4 118028 31.5
Uruguay3 3.1 13144 4240.00 1645 2300 -665 71.5 30.0 7259 27.7
Argentina 33.8 255595 7561.98 13118 16784 -3666 78.2 11.7 74473 46.0

1. Millones de personas.
2. Millones de dólares.
3. Paridad de compra.
Fuente: Banco Mundial [1995].

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Autores varios. 1994. "América Latina: balance de una década", Información Comercial Española, agosto-septiembre, 732-733.

Banco Mundial. 1995. Informe sobre el desarrollo mundial, 1995, Oxford University Press.

Organización de Naciones Unidas. 1993. International Trade Statistics Yearbook 1992, División de Publicaciones, Nueva York.

Robson, P. 1988. The Economics of International Integration, tercera edición, Allen & Unwin, Londres.

Vilaseca i Requena, J. 1994.Los esfuerzos de Sísifo. La integración económica en América Latina y el Caribe, Los Libros de la Catarata, Madrid. Igual sucede con el África Subsahariana, región que tuvo la mayor pérdida pero que queda por fuera del alcance de este ensayo.